16755(11-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16755  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 40  

Bogotá, D.C., 11 de abril de 2002  

VISTOS  

A  la Corte ha llegado el proceso adelantado  contra  HARBEY SOSA SÁNCHEZ,  a  quien  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Bogotá condenó a la  pena  de  30  años de prisión en calidad de coautor responsable de los delitos  de  homicidio,  homicidio  en  tentativa  y  porte  ilegal  de armas de fuego de  defensa  personal, mediante sentencia de 15 de julio de 1999, confirmatoria, con  ciertas  modificaciones,  de la proferida en primera instancia por el Juzgado 37  Penal  del  Circuito de la misma ciudad, con el fin de evaluar si la demanda que  sustenta  el  recurso  extraordinario de casación interpuesto contra la primera  decisión,  reúne  las exigencias señaladas en el artículo 212 del Código de  Procedimiento Penal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Hacia  las nueve de la noche del 27 de abril  de  1997,  Jhon Alexander Salazar Poveda, su    compañera   Ana   Beatriz   López  Castiblanco  y  dos  hijos  menores  de  la pareja, se  acercaban  a  su casa de habitación situada en la transversal 20 D con calle 71  sur  de esta ciudad, cuando la mujer vio a un individuo en la esquina en actitud  vigilante, razón por la que apuraron la marcha.   

Llegando  a  la residencia, un individuo los  alcanzó    y    después    de    decirle   a   Jhon  Alexander      que     era     el     “sapo”,  le  apuntó  con  un arma de fuego,  ante  lo  cual  éste  trataba de explicar que no era él; no obstante el hombre  empezó  a disparar al aire, momento que aprovechó Ana  Beatriz  para  guarecerse  con  sus  hijos en la casa,  lugar  desde  donde escuchó otras detonaciones, correspondientes a los disparos  que  hicieron  blanco  en  glúteo  y tórax de Salazar  Poveda,  que le causaron heridas determinantes de  su posterior deceso.   

Enterada la madre del hoy occiso del ataque,  vecina  como  era  de  la  casa  de  éste, se dirigió presurosa hacia donde se  produjo  el  evento,  seguida  de  su  compañero Julio  César  Flórez, quien le preguntó a un hombre con el  que  se  cruzó  por lo que ocurría, recibiendo como respuesta que le disparara  varias  veces,  dejándole lesiones en su mano derecha las cuales merecieron que  le fijaran 37 días de incapacidad médico legal.   

Con  base  en  el  acta  de  inspección  de  cadáver,  las  averiguaciones preliminares y la diligencia de allanamiento para  dar  con  el  paradero de la persona que era señalada como autora de la muerte,  la  Fiscalía  297  de  la  Unidad de Reacción Inmediata ordenó la apertura de  instrucción  el  28  de  abril de 1997. El día 29 de los mismos mes y año, el  órgano  instructor  escuchó  la indagatoria de HARBEY  SOSA  SÁNCHEZ, a quien le impuso medida de detención  por   el   delito   de   homicidio,  al  momento  de  resolverle  la  situación  jurídica.   

Clausurada  la  investigación, se llegó la  fase  de  calificarla,  a lo que procedió la fiscalía con resolución del 9 de  julio  de  1997  mediante  la cual acusó a HARBEY SOSA  SÁNCHEZ  por  el  delito de homicidio en concurso con  tentativa  de  homicidio  y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal,  decisión  confirmada  en  todas  sus partes por la Unidad de Fiscalía Delegada  ante  los  Tribunales Superiores de Distrito Judicial de Bogotá y Cundinamarca,  con su providencia del 3 de septiembre del mismo año.   

La  etapa  de  la  causa  estuvo a cargo del  Juzgado  37  Penal  del  Circuito  de  Bogotá, despacho que después de superar  algunas  incidencias  procesales  y  de  presidir  la  correspondiente audiencia  pública,  profirió  sentencia  de  primer  grado  en  la  que  se  le declaró  responsable   como   autor  del  mencionado  concurso  delictual,  la  cual  fue  confirmada,  con la modificación de que obró como coautor, en la que es objeto  de casación.   

LA DEMANDA  

Como  el  sentenciador  desfiguró la prueba  testimonial  de cargo, por cuanto con el fin de deducir la responsabilidad penal  del  procesado,  agregó  algo  que  los  testigos  no  expresaron,  con lo cual  incurrió  en  un  evidente  error  de  hecho determinado por un falso juicio de  identidad,  el  demandante  lo  invoca de conformidad con el artículo 220-1 del  derogado Código de Procedimiento Penal, 207-1 del vigente.   

A  pesar  de  que  las  únicas personas que  vieron  los sucesos, Gladys Duque Giraldo y Ana Beatriz  López,  en  sus testimonios hicieron cargos concretos  contra  el  autor  material  del  homicidio,  el  tribunal las distorsionó para  hacerlas     aparecer     como     referidas     al    procesado    SOSA,  circunstancia que repercutió en la  imposición de una pena desmedida.   

Dedica  un corto espacio a la transcripción  de  unos  segmentos  inconexos de la sentencia demandada, para entrar a concluir  que  Gladys Duque no avaló lo  afirmado    por    Ana   Beatriz   López  en su manifestación de que fuera el mismo individuo percibido por  la  primera  realizando  un  comportamiento  que lo hiciera tener como autor. La  juez  a  quo  les  atribuyó  a  las  testigos  de manera inexplicable, el haber  indicado  al  procesado  como  el  autor  del  homicidio, cuando ellas en verdad  aluden   a   “un  autor  material        no       aclarado”.   

Esas   declarantes   hacen   referencia  a  “un       tipo  discriminadamente”, a que  el  mismo  individuo  que  intimidó  al obitado y su compañera es el mismo que  disparó  contra  el primero; que el mencionado por Ana  Beatriz   le   hizo   tres  disparos  a  Jhon  Alexander,  al aire, porque no da en  el   cuerpo   de   éste.   Ana   Beatriz    da    cuenta    de    la    presencia    de    un   “boyaco     o    gilacho”  cuyo  nombre  sabe  es  “Arbey”,   el  cual  vestía con jean azul claro, camisa azul o verde clara, sin chaqueta, pero  que     no     sabe     si    es    “Arbey”,  pero  le  hizo tres disparos a Jhon,  pudiendo   observar  al  agresor  a  un  metro  y  medio,  lo  que  Gladys      vio     por     encontrarse  afuera.   

Entre  esas  versiones  no  existe  armonía  alguna,  porque  tampoco  hay  señalamiento  en  el sentido de que HARBEY  fue  el  autor  de  la  muerte  de  Jhon Alexander  y porque  Gladys no lo ubica realizando  ningún  acto  material.  La  distorsión está en la circunstancia de que en la  sentencia  de  primera  instancia  se  sostenga  que esas versiones se respaldan  entre  sí.  El  hallazgo de un arma en la casa que habitaba el inculpado, puede  tenerse   como   que  éste  incurrió  en  encubrimiento  de  porte  ilegal  de  armas.   

Elizabeth  Poveda  de  Salazar  tampoco  incrimina  al  procesado,  afirmación  que  respalda  el  demandante  con  la  copia  de  un  aparte  de  la declaración respectiva, para  sostener   que   al   declararse   que   HARBEY  SOSA  SÁNCHEZ   fue la persona que ejecutó la acción  homicida,  es agregarle a la prueba algo indebido, porque se exagera la versión  del testigo.   

También  se tergiversaron las declaraciones  de  Julio  César  Flórez  y  Frank  Heiber Salazar Poveda,  por  las  discordancias  con  los  demás declarantes, porque estos vieron a dos  personas  diferentes  al  procesado,  tan  es  así,  que el primero dijo que el  hombre  que  le disparó era de una edad entre 25 y 30 años, y vestía con ropa  clara,   mientras   que   el   segundo   dijo   que  se  traba  de  Harbey,  quien  tenía  un pantalón y una  camisa con franjas a colores.   

El    testimonio    de    Hernán  Humberto  Salazar  Poveda también  se  distorsionó,  al  agregársele  circunstancias de responsabilidad en contra  del  procesado,  lo que se refleja en el análisis que sobre ese contenido dejó  sentado  el funcionario judicial, del cual extracta un segmento, lo mismo que de  pasajes   de   las   declaraciones  de  aquél  y  de  la  señora  Ana Beatriz.   

Luego  sostiene  el  censor  que  el ad quem  también  alteró  la prueba, pues después de confrontar las narraciones de los  testigos  de  cargo,  estimó  que  coincidían  en  que  vieron  acercarse a un  extraño   que   provenía   de   la   casa  de  Jhon,  lo   mismo   que  en  relación  con  la  vestimenta,  características    que    por   el   sector   correspondían   a   Harbey.   

Destaca  que  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  se  entiende  que el tribunal consideró que eran dos o más personas  las   que   vigilaban  a  la  víctima  y  que  Gladys  pudo   observar   mejor   lo   que   sucedió  porque  Ana    Beatriz    entró  apresuradamente  a  su casa; así mismo, que hubo división de trabajo criminal,  por  lo  que  es  correcto  considerar  a SOSA SÁNCHEZ  como  coautor, por manera que con esas conclusiones se  altera  la  prueba  testimonial, lo mismo que los argumentos relacionados con la  forma  de  participación, deducida a partir de las versiones que hablaban de la  comisión de los delitos por varias personas.   

Contrario  a  eso, evocando las dicciones de  Ana  Beatriz  López,  Julio  César Flórez Padilla y  Franck  Heiber,  aduce el libelista que la conclusión  mencionada  discrepa  con la prueba que se allegó al proceso, circunstancia que  fluye  en  la  vulneración  de  los principios de responsabilidad, causalidad y  culpabilidad,  previstos  en  los  artículos  5,  21  y 35 del anterior Código  Penal, 12, 21 y 25 del nuevo Código Punitivo.   

El  punto  del  móvil tiene, así mismo, un  componente  moral,  apoyado  en  conjeturas,  y soportado en los propios errores  hipotéticos  de los declarantes. Este tópico, que se demostró en la audiencia  pública,  pone  de  presente que pudo haber sido otra persona la que determinó  la muerte de Jhon Salazar.   

Respecto  de  la  prueba de balística, hace  énfasis  en  que  no se pudo establecer si fue con el arma incautada en la casa  donde  se  realizó  el allanamiento que se dispararon los proyectiles remitidos  para estudio.   

Las  normas  probatorias  vulneradas son los  artículos   247   y   294  del  Código  de  Procedimiento  Penal.  Las  normas  sustanciales  ya  mencionadas se conculcaron por su falta de aplicación, porque  de    haberlo    sido,    no    se    habría    sancionado    a    Harbey  por  una conducta que no cometió;  no  se  hubiera  declarado con certeza su responsabilidad, ni el dolo se hubiese  supuesto.   

Culmina el libelo con la solicitud de que se  case  la  sentencia  demandada,  para  que  se  ordene  el envío del proceso al  juzgado  de  conocimiento  a fin de que disponga la vinculación de Hernando  Oviedo Sierra y se practiquen las  demás pruebas decretadas.   

En un escrito adicional, propone la presencia  de  un  error  manifiesto  en  la  construcción  del  indicio  de presencia del  procesado  en  el  lugar  de  los  hechos,  el  cual  se  configuró  porque los  juzgadores  tergiversaron  el  contenido  de  la prueba testimonial origen de la  indirecta,  porque  esa  presencia  no está demostrada, pues los declarantes de  cargo,     quienes     conocían     con     anterioridad     a     Harbey, no dicen de manera concreta que lo  hubieran  visto  en  esa  oportunidad, para lo cual transcribe breves pasajes de  los testimonios correspondientes.   

Dedúcese  de  lo anterior, que del mismo se  dejó  de  apreciar  la  prueba  que favorece al procesado, la que construye los  contraindicios,  que  determinarían  la  inocencia  de  éste  y, por tanto, su  absolución.   

Afirma  que  se  presenta  una  nulidad  por  violación  del  principio rector de lealtad procesal, contenido en el artículo  18  del  Decreto  2700  de  1991,  17  de la Ley 600 de 2000, el cual se quebró  porque  el  padrastro  del  occiso  dijo  que  el hermano de éste, Hernán  Humberto  Salazar  Poveda,  quien  había  señalado  a  Harbey  como  el  autor de los disparos contra aquél y cuya presencia se reclamó en la  audiencia  pública,  dijo  que también lo habían matado, lo que no es cierto,  pues la fiscalía informa de unos proceso seguidos en su contra.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De  manera  repetida,  pero  también  sin  descanso,  la  Sala  viene  diciendo  que  la  demanda  por  medio de la cual se  sustenta  el  recurso  de  casación, no es un escrito de libre elaboración. Al  tratarse   de   un  extraordinario  medio  de  impugnación  cuyo  carácter  es  esencialmente  rogado,  sobre el contenido del respectivo libelo, a sus razones,  se enfoca la atención de la Corte.   

Tal rasgo distintivo le asigna al recurrente  una  carga  que no puede eludir. Si aspira a que esta Corporación se sumerja en  la  confrontación  de  los motivos de censura con la estructura del fallo, para  establecer  si  éste tiene apoyo o no en la Constitución y en la ley, tiene la  obligación  de  confeccionar  el libelo con apego irrestricto a unos requisitos  mínimos de forma.   

Esos  parámetros  están  contenidos  en el  artículo  212  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  225  del  anterior.  La  satisfacción  plena  de  los  mismos  allana  el  camino para que se realice el  juicio de legalidad que se demanda.   

Por  eso  se  constituye en un hito de vital  importancia  el  señalamiento  claro  y  preciso  tanto  de la formulación del  cargo,  de  la  enunciación  de la causal, como de los fundamentos y las normas  que  estima  infringidas,  según  el  requerimiento del numeral 3, común a las  normas  antes citadas, en cuanto que la coherencia del discurso, la logicidad de  los  argumentos  y  la concreción de las premisas son los supuestos básicos de  la demanda en forma.   

El  libelo  acata  apenas  una  parte de las  exigencias  en  cuestión,  la  que  dice  de  la enunciación de la causal y la  formulación  del  cargo,  pues  invoca  el  demandante  el  motivo  primero del  artículo  220  del  anterior Código de Procedimiento Penal, 207 del nuevo, con  base  en el cual pregona la violación de la ley sustancial merced a un error de  hecho determinado por un falso juicio de identidad.   

A partir de allí, la censura pierde el cauce  esperado.    La    mención   reiterada   de   expresiones   como   “tergiversación       de       la  prueba”,    otorgar  “un      sentido  fáctico”  diferente  al  contenido  de  un  medio  probatorio,  u otras análogas, son hueras mientras no  sean  fruto adecuado de la correcta proposición del ataque. En verdad, el error  de  hecho  proveniente  de  un  falso juicio de identidad se configura porque al  momento   de   contemplar   la   materialidad  de  un  específico  elemento  de  convicción,  el  juzgador  altera  por  completo  su  literalidad  fáctica, su  contenido  específico,  de  manera  tan  grotesca  que el dislate se advierte a  simple vista.   

Pero  el ejercicio demostrativo del error no  se  agota con manifestar que el contenido de la prueba fue alterado, desfigurado  o  distorsionado.  La  tarea  se  cumple  paso a paso, así: en primer lugar, el  censor  debe  confrontar  la  expresión  objetiva  incorporada  en  el elemento  probatorio,  con  la que el ad quem le puso a decir en la sentencia; luego ha de  indicar  que  ésta  no  guarda  correspondencia  con  aquélla, esto es, que en  efecto  por  intervención  del  juzgador  la  prueba  mutó  drásticamente  su  contenido;  enseguida,  tiene  que  demostrar  que  por  esa falla la estructura  analítica  de  la  sentencia queda sin el debido apoyo y, por último, señalar  la  manera  como  se  quebrantaron  las disposiciones de derecho sustancial y el  sentido de la decisión de reemplazo.   

El  actor  no  sigue  ese  sendero.  La nota  sobresaliente  de  la  demanda  es  que  dedica  toda  la energía a realzar las  contradicciones  que  encuentra  entre  los diversos dictados de los testigos de  cargo,  para  agregar que no obstante esos enfrentamientos, el tribunal declaró  al  procesado como coautor responsable de las especies delictivas por las que se  le condenó.   

Sucumbió  a  la  tentación  de  oponer  su  personal  perspectiva  valorativa  en relación con las pruebas, a la fijada por  el  tribunal,  procedimiento vedado en la sustentación de esta forma de ataque,  pues  en tanto no se demuestre determinante yerro de apreciación, los criterios  judiciales  serán  preferidos  por cobijarlos la doble presunción de acierto y  legalidad.   

Ese  defecto  técnico  se  aprecia  en  la  siguiente sección de la demanda:   

“La fuente sobre  el   móvil   exclusivo   de  los  delitos  investigador  (sic)  (Animadversión  ‘que el procesado sentía  por  el  hoy  occiso JHON por hechos que presuntamente había visto cometer JHON  ALEXANDER    y    su    grupo,   lo   cual   le   costó   la   vida’,    también   fueron   exageradas  consideradas  sobre  soportes  errores  hipotéticos  de  los deponentes y al no  estar  demostrado  es  un  móvil  moral;  relegado  al campo de la conjetura en  razón  a  que no tiene conocimiento cuál sería el motivo de su muerte, ya que  de  ellos  ningún  miembro  de  la  familia ha tenido problemas con HARBEY SOSA  SANCHEZ”.   

Al momento de explicar el modo de violación  de  la  ley  sustancial,  tampoco  lo  hace  con corrección, pues aduce que los  artículos  5,  21  y 35 del Código Penal de 1980 fueron quebrantados por falta  de  aplicación,  cuando es evidente que al proferirse sentencia condenatoria se  declaró  responsabilidad  por  unos  hechos  punibles,  atribuidos a la acción  dolosa   del  procesado,  de  manera  que  debía  desarrollar,  en  cambio,  la  aplicación indebida de esos preceptos.   

Acaba  por  desquiciar  la  pretensión  del  libelo,  el  pedimento  exótico  a  la  naturaleza de la causal por infracción  directa  de  la  ley,  pues  a  la  par  del  clamor por la anulación del fallo  demandado,  solicita  la  remisión  de  las  diligencias al juez a quo para que  proceda  a  la  vinculación  de  otra persona así como a la práctica de otras  pruebas,   cuando   de  conformidad  con  el  artículo  217-1  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  229-1  del  derogado,  de  aceptarse  los  motivos  de la  demanda,    la    Corte   casaría   el   fallo   y   emitiría   sentencia   de  reemplazo.   

Esa  inconsistencia puede tener explicación  en  que  el  casacionista  también  tenía  en la mira formular un reproche por  nulidad,  el  cual  alcanza a insinuar en el escrito complementario, pero de una  manera  tan  absolutamente  informal, que no pasa de la enunciación de daño al  principio  de  lealtad,  sin identificar el acto que le dio origen al quebranto,  si  el  vicio  es  de  trámite  o  de  garantía,  la incidencia que tuvo en la  estructura  del  proceso  o  el sentido de la decisión, si cumplió o no el fin  procesal  para  el  que  está concebido, si pudo ser convalidado, ni informar a  partir   de   qué   estadio   de   la   actuación   se   debe   introducir  el  remedio.   

En ese libelo adicional, además, postula un  error  de  hecho en la construcción del indicio, pero no indica el falso juicio  que  lo  origina  ni el elemento de la prueba indirecta sobre el que recae, pues  tiene  dicho  la  Sala  que si se trata de la prueba del hecho indicante, pueden  consolidarse  falsos  juicios  de  identidad,  de  existencia o falso raciocinio  (además  de  falso  juicio  de legalidad si se estructura un error de derecho),  mientras  que  respecto  de  la  inferencia  lógica  sólo  es posible un falso  raciocinio,   debido   al   grosero  apartamiento  de  las  reglas  de  la  sana  crítica.   

De  darse  paso  una  demanda  con  tales  defectos,  la  Sala  tendría  que  desbrozar  todos  los  elementos procesales,  probatorios   y   argumentales,   para   tratar  de  encontrar  fallas,  vicios,  inconsistencias,  labor  que,  desde  luego,  no  le corresponde porque no puede  enmendar,  ampliar  o  adicionar  las  deficiencias  de aquélla, por virtud del  principio de limitación.   

Como   las   reglas   mínimas   para  su  procedibilidad no fueron observadas, la demanda será inadmitida.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

No  admitir  la  demanda  de  casación  presentada  en nombre de HARBEY  SOSA SÁNCHEZ.   

En  relación  con  esta  providencia,  no  procede  recurso  alguno  de conformidad con lo previsto en los artículos 226 y  197 del Código de Procedimiento Penal de 1991, aplicable al caso.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Despacho de origen.   

Cúmplase  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL             JORGE      E.     CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS           CARLOS  A. GÁLVEZ  ARGOTE                 

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                 EDGAR         LOMBANA  TRUJILLO                   

CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR                                                        NILSON            PINILLA  PINILLA                          

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.  

    

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