16471(11-10-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16471  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

Dr.   EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO   

Aprobado Acta No. 165  

Bogotá,  D.  C., once (11) de octubre de dos  mil uno (2001)   

Decide  la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  en  defensa  de OSWALDO BARRERA  PÉREZ   y   JAIME   TOVAR  OCHOA  contra  la  sentencia de fecha junio 2 de 1998,  mediante  la cual el entonces Tribunal Nacional confirmó el fallo proferido por  un  Juzgado  Regional de Cúcuta el 5 de diciembre de 1997, en el que condenó a  los  procesados  EDWIN SABOGAL MUÑOZ, OSWALDO BARRERA  PÉREZ,  JULIO  CÉSAR  YUSTI  BARRETO  y MANUEL   RICARDO   CASTILLO  a  las  penas  principales  de  treinta  y cuatro (34) años de prisión y multa en cuantía de  cien    (100)    salarios    mínimos    legales   mensuales;   a   OSCAR  FABIÁN OSSA LONDOÑO y JAIME  TOVAR  NIÑO  a  las de veintiséis  (26)  años  de  prisión e idéntica sanción pecuniaria, como coautores de los  delitos  de  porte  ilegal de armas de defensa personal y secuestro extorsivo en  Oscar  Arciniegas  Niño,  agravado  para  los  primeros  de  conformidad con la  circunstancia del artículo 3º-5 de la Ley 40 de 1993.   

HECHOS  

En la mañana del 30 de junio de 1995, cuando  los  hermanos Orlando y Oscar Arciniegas Niño se encontraban en el supermercado  El    Cristal,     ubicado   en   la   calle   31   No.   23   –   33   del   perímetro   urbano   de  Bucaramanga,  advirtieron  que  en  frente del local parquearon dos automóviles  con  varias  personas  en  su  interior  en  actitud sospechosa, por tal motivo,  informaron  en  forma  telefónica  la  presencia de tales sujetos a los agentes  adscritos al CAI de Cañaveral.   

Los  individuos  luego  de  merodear  por el  sector  se  apearon de los vehículos e ingresaron al mencionado establecimiento  aduciendo  pertenecer  a la Fiscalía y a la Policía Metropolitana. Preguntaron  por  Oscar  Arciniegas  Niño  y  luego de identificarlo le indicaron que debía  acompañarlos  para  localizar  a su hermano Fredy quien les adeudaba un suma de  dinero,  cuya  cancelación pretendían, después lo obligaron a salir del lugar  y    a    abordar    el    Chevrolet    Sprint   de   placa   CHU   –  424  en el que emprendieron la marcha  por  la  autopista  en  dirección  a  Bogotá,  escoltados  de  cerca por otros  delincuentes en el Mazda Matsuri de placa BFG 933.   

Los familiares de la víctima denunciaron lo  ocurrido,  de manera que dispuesto el operativo correspondiente, en la estación  de   Policía  ubicada  en  inmediaciones  de  la  población  de  Aratoca,  las  autoridades  inmovilizaron  el  Mazda  atrás  descrito,  rescataron al plagiado  Arciniegas  Niño  y  capturaron  a  JULIO CESAR YUSTI  BARRETO,    JAIME    TOVAR   OCHOA   y   JORGE  ALBERTO  ARDILA  NAVIA, ocupantes de  dicho automotor, el primero de ellos en posesión de un revólver.   

Posteriormente,  en el parqueadero Brigadier  en  jurisdicción del municipio de Curití, uniformados adscritos a la Estación  de   Policía  de  San  Gil  ubicaron  el  Sprint,  retuvieron  al  conductor  y  propietario   de  dicho  vehículo,  el  agente  EDWIN  SABOGAL  MUÑOZ,  así  como  a sus ocupantes, el cabo  segundo  OSWALDO  BARRERA  PÉREZ,  OSCAR FABIÁN OSSA  LONDOÑO  y  MANUEL  RICARDO  CASTILLO,  a  quienes  les decomisaron varias armas de  fuego.   

Los  dos  miembros  de  la Policía Nacional  atrás   mencionados   manifestaron   pertenecer  a  la  SIJIN  de  la  Policía  Metropolitana de Bogotá.   

ACTUACION PROCESAL  

          1.   Con  fundamento  en  la  denuncia  y los informes sobre la  captura  de  los  implicados,  la incautación de las armas y la liberación del  secuestrado  Arciniegas  Niño,  la  Fiscalía  Delegada  ante el Grupo Unase de  Bucaramanga  abrió  la  investigación  y   vinculó  en indagatoria a los  retenidos  OSCAR  FABIÁN OSSA LONDOÑO, JORGE ALBERTO  ARDILA  NAVIA,  EDWIN  SABOGAL MUÑOZ, OSWALDO BARRERA PÉREZ, JULIO CESAR YUSTI  BARRETO,    JAIME    TOVAR   OCHOA   y   MANUEL          RICARDO         CASTILLO         MONTERO.   

          La  Fiscalía  Regional de Cúcuta resolvió la situación jurídica  de  los  sindicados  el  22  de agosto de 1995, a quienes afectó con detención  preventiva  por  los  delitos  de  secuestro extorsivo, porte ilegal de armas de  defensa personal y concierto para secuestrar.   

          2.   Cerrada  la  investigación  y  agotado  el  traslado para  alegar,  la  mencionada Fiscalía calificó su mérito probatorio en providencia  del  18  de  junio  de  1996.  Elevó acusación contra los procesados como  coautores  del  delito de secuestro extorsivo, agravado por la circunstancia del  artículo  3º,  numeral  5º  de la Ley 40 de 1993 respecto de los incriminados  YUSTI    BARRETO,    CASTILLO    MONTERO,    SABOGAL  MUÑOZ     y    BARRERA  PÉREZ,  en  concurso  con el porte ilegal de armas de  defensa  personal  (fs.  351  y s.s., cdno. 2).             

          La  Fiscalía  ante el Tribunal Nacional  confirmó  la  resolución acusatoria el 11 de octubre siguiente, al resolver el  recurso   de   apelación   presentado   por   el   defensor   de   SABOGAL MUÑOZ.   

          3.   Un  Juzgado  Regional  de  Cúcuta dirigió la etapa de la  causa  y  dictó  la sentencia condenatoria en los términos atrás consignados,  confirmada  por  el Tribunal Nacional al pronunciarse sobre las impugnaciones de  los  procesados  y  sus  defensores,  a  través  de  fallo  que  recurrieron  y  sustentaron  en  casación  los  apoderados  de OSWALDO  BARRERA  PÉREZ y JAIME TOVAR  OCHOA.   

LAS DEMANDAS  

1.   DEMANDA EN DEFENSA DE BARRERA PÉREZ.   

La casacionista eleva un solo cargo contra la  sentencia  de  segundo  grado  al  amparo  de  la  causal  3ª  de casación del  artículo  220  del  Código  de Procedimiento Penal (Decreto 2700 de 1991), por  haber sido proferida en un juicio viciado de nulidad.   

En la sustentación del reparo indica que el  denunciante  Orlando Arciniegas Niño no identificó a su defendido BARRERA  PÉREZ,  motivo  por  el  cual la  defensa  solicitó la práctica del reconocimiento en fila de personas con dicho  testigo,  diligencia  negada  durante  la  fase instructiva en primera y segunda  instancia.    Plantea   asimismo,   que   aquél  y  la  supuesta  víctima  únicamente  incriminaron  de  manera  directa  a JORGE  ALBERTO  ARDILA NAVIA, a quien señalaron como amigo de  su  hermano  Fredy Arciniegas Niño, condenado en el extranjero por el delito de  narcotráfico, según precisa la demandante.   

Afirma  que  los  hechos  fueron calificados  arbitrariamente  por los agentes del UNASE como un secuestro extorsivo, desatino  en   el   que  persistió  el  Fiscal  instructor,  quien  derivó  además  una  circunstancia  agravante.  Por  ese  delito  prosiguió  la  investigación y el  juzgamiento  para  concluir  en  un  fallo  condenatorio que menoscaba el debido  proceso  y el derecho de defensa por error en la calificación jurídica, porque  la  conducta cometida no admite reproche penal pues configuró la contravención  especial   del   ejercicio   arbitrario   de  las  propias  razones.   

Sin  embargo, en posterior acápite advierte  que  la adecuación típica de los sucesos varió en la fase del juicio debido a  la  prueba  sobreviniente  a  la  calificación; en consecuencia, al a quo no le  quedaba  alternativa distinta a la de absolver por el delito imputado y así las  cosas,  al proferir el fallo de condena vulneró “el  debido   proceso   y  de  contera  el  postulado  universal  del  in  dubio  pro  reo”.   

          Insiste   luego   en   el   carácter  atípico  del  comportamiento  investigado;  critica  la intervención del Fiscal en la audiencia pública pues  fundamentó  el  pedido  de  condena  en “falsedades  para  endilgar  responsabilidad  a los procesados” al  atribuirles  una  confesión  inexistente, error también cometido por el Agente  del  Ministerio  Público al perder de vista que la prueba de cargo “quedó  desvirtuada  con relación a los elementos estructurales  del delito de secuestro extorsivo”.   

Precisa  que  mayor  inquietud le suscita la  ratificación  de  las  falacias del Fiscal en el fallo del a quo, que incurrió  en  falsa  motivación al mutilar y modificar la prueba testimonial “cabalgando    en    suposiciones   y   conjeturas”,  decisión  impugnada  sin eco en la segunda instancia llegándose  entonces     a     una    condena    injusta    y    arbitraria,    “infectada   de   una   incurable   y  reprochable  irregularidad  procesal”.   

Asegura la violación del derecho de defensa  porque  no  se  le creyó a asistido, por lo tanto, no se verificaron sus citas,  se  prescindió  de  la  prueba de alcoholemia así como de su reconocimiento en  fila  de  personas;  y  finalmente,  alude  al  carácter inconstitucional de la  justicia  regional, “sobre la cual se han comprobado  muchos  errores  en  su  accionar,  incluso  reconocidos  pro  los mismos Jueces  Regionales,  en  los  que se pone de presente la violación del debido proceso y  otros derechos fundamentales”.   

La  censora  bajo el título de “petición”   invoca  con  carácter  subsidiario  “la  existencia  de un error de hecho,  manifestatorio   y   caracterizante  de  un  yerro  de  identidad”  que  hace  consistir  en  la  distorsión  de las declaraciones de  Ivonne  Castillo,  Mario  Granados  y  Edgar  Cuadros,  a quienes se les otorgó  credibilidad  sin  razonamiento  alguno  para  edificar  sobre  ellas  el  fallo  condenatorio atacado.   

Con  tales  fundamentes  solicita a la Sala,  entonces,  que  decrete la nulidad sin precisar el momento procesal a partir del  cual se estructuró el vicio acusado.   

          2.   DEMANDA  EN  DEFENSA  DE  TOVAR  OCHOA.   

En  el  capítulo  inicial  del  libelo  el  defensor   del   implicado   TOVAR  OCHOA  propone  cuatro  cargos  contra  la  sentencia  de  segundo  grado  proferida   por   el   Tribunal,   con   carácter   principal   y  subsidiario,  respectivamente,  al  amparo  de la causal primera de casación, cuerpo segundo,  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  desaciertos que finalmente  concreta en los términos a continuación reseñados.   

          Primer cargo.   

         

          Acusa el error de hecho, por falso juicio  de  identidad, cometido por el Juzgador cuando a la luz de las reglas de la sana  crítica  efectuó  una  apreciación  fraccionada del testimonio rendido por la  víctima    Oscar    Arciniegas    Niño,   reconociéndole   valor   probatorio  exclusivamente  a  los aspectos incriminatorios de su dicho y desdeñando los de  descargo.   

          En  el  desarrollo  de  la  censura  indica  que  el desatino de los  falladores  se  derivó  al  concederle mérito a la primera retractación de la  víctima  del delito, rendida mucho tiempo después de lo ocurrido, “descalificando     la     segunda     retractación    que    es  desincriminatoria”,   pero   principalmente,   por  desconocer  por  completo  “la  existencia  de  una  primera  versión  en  la  que  no  existe  incriminación alguna”.   

          Reseña  el  contenido  de  las  plurales  declaraciones  del citado  Arciniegas  Niño.  En  la  primera,  rendida  en  las dependencias del Gaula de  Bucaramanga,  no  ante  el  Cuerpo  Técnico  de  la  Fiscalía como aseguró el  Tribunal,  el  impugnante  advierte  que en manera alguna denunció una conducta  delictiva  de los sujetos que acudieron a su establecimiento, a quienes refirió  haber  acompañado  en  forma  voluntaria.   En  la  segunda,  influido muy  seguramente  por  otras  personas,  le imprimió “un  velado   giro   de   incriminación   conjetural   o  imaginativa”  a  los  hechos, sin suministrar explicación sobre dicho cambio ni  respecto  de  las  contradicciones  incurridas  en  relación  con  el  recuento  original;  y  por último, destaca el casacionista, en el testimonio ofrecido en  la  etapa  de  juzgamiento,  la víctima retoma el dicho primigenio para excluir  aquí también la comisión de cualquier delito.   

          No   obstante   lo   anterior,  afirma  el  libelista,  el  Tribunal  descalifica   esta   declaración  postrera  al  calificarla  de  retractación,  perdiendo  de  vista, de una parte, que tal calidad debía pregonarla del relato  al  cual  le concedió mérito; de la otra, que de acuerdo con los postulados de  la  sana  crítica, ante una desarmonía inconciliable del testigo, se prueba la  falsedad de una o la de todas sus afirmaciones.   

          Advierte  que  la única versión influenciada por factores externos  es  aquella  en  la  cual  denunció  la perpetración del secuestro, rendida en  presencia  de  las autoridades de la Policía y la Fiscalía, sin convocar a los  demás  sujetos procesales como en rigor se imponía para rodear la práctica de  la  prueba de las garantías del debido proceso y del derecho de defensa, por lo  tanto,   las   imputaciones   contenidas   en   ella   debieron   rechazarse   o  inadmitirse.     

          De   todas  maneras,  asegura  el  demandante,  en  la  declaración  atendida  por  los  Juzgadores  para  edificar  el  fallo de condena el presunto  ofendido  tan  sólo  sugirió  la naturaleza violenta de los hechos y, así las  cosas,   le   otorgaron   entonces   un   “alcance  necesariamente   incriminatorio,  haciendo  una  interpretación  restrictiva  o  cuando  menos  subjetiva”  de tal versión.  En  contraste,  sus  restantes intervenciones en autos, mediante las cuales excluyó  la  consumación del secuestro, se ofrecen espontáneas y corroborados a través  de  las  otras  pruebas  acopiadas,  máxime  que  carecería  de sentido que la  víctima    de    tal    delito    pretendiera   proteger   o   ayudar   a   sus  captores.   

          Encuentra  que  el  Tribunal  también  cercenó  el  testimonio  de  Arciniegas  Niño  que  brinda  fundamento  a la condena, pues le atribuyó como  propia  la  siguiente afirmación: “ellos me sacaron  del  supermercado  y me subieron al carro”, cuando la  víctima  indicó “que se enteró de que ello había  sido así el periódico” (sic).   

Plantea, por otra  parte,  que los falladores transgredieron los postulados de la sana critica pues  omitieron    valorar    equilibradamente    las    pruebas.    “Por   ello   se  hace  necesario  analizar  las  dos  posiciones  contradictorias…para  concluir  en favor de cuál de las opciones probables se  inclina  de  manera  determinante y por consiguiente el fiel del a balanza de la  justicia”.   

          Bajo  el  epígrafe  de  “La violación  indirecta,  el  libelista reitera que la decisión del  Tribunal   quebranta   en   forma   mediata   la  ley  sustancial,  “como  quiera  que se da a una de las versiones del testimonio de  Oscar    Arciniegas    un   alcance   y   un   grado   de   certeza   del   cual  carece”,   concretamente,  al  segundo  relato  del  mencionado  que  es  el más contradictorio y aparece redactado en términos que  coinciden  sospechosamente de manera casi textual con la noticia publicada días  antes sobre dicho episodio en los periódicos locales.   

         

          En  este  orden  de  ideas,  asegura  el  demandante,  el  Tribunal  debió  revocar la sentencia de primera instancia por  falta de certeza.    

          Invoca  la infracción del artículo 2º  del  Código  Penal, por falta de aplicación, así como de los artículos 1º y  3º  de  la  Ley 40 de 1993 por aplicación indebida; y advierte finalmente, que  el  error  acusado  es  fundamental porque recayó sobre el medio probatorio que  sirvió de sustento a la condena.   

          Segundo cargo.   

          También  al amparo de la causal primera  de  casación,  cuerpo  segundo y en forma subsidiaria, el demandante afirma que  la  sentencia  del  Tribunal  es  violatoria  del  derecho  sustancial, en forma  mediata,  debido  al  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad cometido  “al  desconocer  y  restar  todo valor probatorio a  unos  documentos,  legal  y  oportunamente aportados como pruebas”,  que  por  si  solas  resultaban  determinantes  para demostrar la  inocencia   de   los   procesados   respecto  del  delito  por  el  cual  fueron  condenados.   

          Alude  el libelista específicamente, a la correspondencia mantenida  luego   de   los   hechos   investigados   entre   el   sindicado   JORGE  ARDILA  NAVIA  y  Fredy  Arciniegas  Niño,  entre  éste  último  y  su  hermano Oscar, así como al testimonio del  segundo  de  los  citados,  medios  de  persuasión  a  través de los cuales se  establece  que respecto de la presunta víctima no se consumó un secuestro sino  el  inadecuado  procedimiento  para  el  cobro  de  una  deuda  a cargo de Fredy  Arciniegas y a favor de Jorge Ardila Navia.   

          Más  adelante  agrega  que el desatino del Tribunal se concretó en  dos  aspectos.   En  primer término, al descartar la credibilidad de tales  elementos  de  juicio  aduciendo  que  no  se ajustaban a la realidad procesal a  pesar  de  contribuir  a  configurarla, esto es, únicamente por su carácter de  descargo.   De  otra  parte, pues supuso sin ningún soporte probatorio que  existía  entre ARDILA NAVIA y  Fredy  Arciniegas  un  acuerdo posterior a la comisión del delito imputado para  negar  su  existencia; en fin, por partir de un prejuicio inaceptable de acuerdo  con las reglas de la sana crítica.   

          A  continuación  anota  que  el  juzgador  incurrió  en el dislate  denunciado  cuando  le  restó  todo  valor probatorio a la prueba de inocencia,  porque  al descartarla por inverosímil tergiversó su contenido fáctico.   Advierte  también  sobre  la  naturaleza  fundamental de dicho yerro por cuanto  recae  sobre la prueba que corrobora el dicho de los implicados, coincidente con  la  primera  versión  de  la víctima, quien manifestó no haber sido objeto de  violencia   y   relató   que   en   forma  voluntaria  emprendió  el  viaje  a  Bogotá.   

          Cita  como  normas  medio transgredidas los artículos 254 y 247 del  Código  de  Procedimiento Penal, reiterados en el 81-2º de la Ley 190 de 1995;  e  invoca  la  violación indirecta, por aplicación indebida, de los artículos  1º  y  3º  de  la  Ley  40  de 1993, en relación con el 2º del Código Penal  (Decreto 100 de 1980).   

          En  el capítulo titulado “Lo que debió  hacer  el  H.  Tribunal”, el libelista afirma que al  fallador  le  correspondía apreciar las pruebas “en  todo  su  sentido,  contenido  y  alcance…en vista de que no existían razones  fundadas  para  descalificarlas  como sospechosas…”  y,  así  las  cosas,  el  insoslayable principio de la presunción de inocencia  imponía     la     revocatoria    del    fallo    condenatorio    de    primera  instancia.   

          Tercer cargo.   

          Al  amparo  de  la  causal  primera del artículo 220 del Código de  Procedimiento  Penal  (Decreto  2700  de  1991),  el  defensor  acusa  el  fallo  impugnado  de  incurrir  en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial como  consecuencia  de  un  error  de hecho por falso juicio de identidad “al  suponer que unos testimonios rendidos solamente sobre uno de  los  elementos  constitutivos de los hechos son determinantes y suficientes para  servir   de   plena   prueba  de  la  totalidad  de  los  sucesos”.   

          En  la  sustentación  del reproche reseña los testimonios de Edgar  Hernán  Cuadros  Romero,  Mario  Granados  Flórez  e  Iovanna  Castillo Gómez  Romero.   Asegura  que  los  fundamentos  fácticos  de  la  condena son de  carácter  circunstancial.   Divide  los  acontecimientos para “su   adecuada   valoración   y   análisis   en  tres  momentos  distintos”:    antecedentes,   desencadenantes   y  consecuenciales,  e indica que el Tribunal se centró en los segundos para darle  un  excesivo  valor a las declaraciones de quienes presenciaron la irrupción de  los  sindicados en el establecimiento del plagiado, en detrimento de las pruebas  referidas a esos otros momentos de la conducta investigada.   

          Arguye  que  de  la  apreciación  subjetiva de los tres declarantes  atrás  relacionados,  cuando atestiguaron que Oscar Arciniegas Niño fue sacado  violentamente  de  su  lugar  de  trabajo,  no puede deducirse necesariamente la  realidad  del  secuestro.   Por lo tanto, el Tribunal erró al considerarlo  de  ese  modo,  así  como  al  otorgarles  el  valor de plena prueba de todo el  acontecer fáctico cuando sólo percibieron ese único episodio.   

          Insiste  en  que  el error de hecho por falso juicio de identidad se  estructuró  porque  las  declaraciones  de  Cuadros  Romero, Granados Flórez y  Gómez  Romero  no  tienen  la  credibilidad que el fallador les concedió, pues  ninguno  de  tales  deponentes  aporta  datos  sobre  los  móviles  del suceso,  respecto  de  la  responsabilidad de sus autores, en relación con el propósito  que  determinaba a los implicados o sobre el dolo de su actuar, pues simplemente  relatan  que  personas  desconocidas  al  parecer  portando  armas  y en actitud  amenazante   irrumpieron  en  el  negocio  para  llevarse  a  Oscar  Arciniegas.   

En  punto  de la trascendencia del yerro, el  actor   plantea   que  resulta  fundamental  pues  de  restringirse  el  alcance  probatorio  de  dichos  testimonios  a  lo  que realmente probaban, la sentencia  impugnada habría sido absolutoria.   

         

          Invoca  también  aquí la violación de  los  artículos  254  y  247  del  Código  de  Procedimiento Penal, y la de los  artículos   1º   y   3º   de   la   Ley   40   de   1993,   por   aplicación  indebida.   

          Cuarto cargo.   

          Acusa  el  recurrente  la  violación indirecta de la ley sustancial  por   desconocimiento   del   principio   in   dubio   por   reo,   “como  quiera  que no se logró demostrar la plena e indiscutible  responsabilidad”  de  su asistido, por el contrario,  “concurrieron  al  proceso  pruebas  que  tienden a  demostrar  su  inocencia  y  que  no  fueron  debidamente apreciadas”.   

          El  yerro  del  sentenciador,  plantea  el demandante, consistió en  confirmar   la   condena   sin   existir   certeza   probatoria  para  condenar,  desconociendo  con  ello  los  artículos  247  del estatuto procesal penal y en  forma  mediata,  por  errónea aplicación de los artículos 1º y 3º de la Ley  40  de 1993, con la correlativa falta de aplicación de los artículos 2º, 3º,  4º, 5º y 23 del Código Penal, y 81 de la Ley 190 de 1995.   

          Indica  que  la  prueba  sobre  la  cual  se  sustenta  la decisión  recurrida  se reduce a dos testimonios con reserva de identidad y a los informes  de  inteligencia,  pruebas que contienen unos señalamientos generalizados sobre  los   presuntos   vínculos  de  su  asistido  “con  actividades    de    narcotráfico    y   auxilio   y   patrocinio   de   grupos  subversivos”   y  añade  seguidamente,  que el  Juzgador  ad  quem  inexplicablemente convalida las pruebas que incriminan a los  procesados  y  descalifica  las de descargo, perdiendo de vista que un análisis  integral de las mismas conduciría a la ausencia de certeza.   

          En  el  capítulo titulado “el yerro del  H.  Tribunal  se  concreta”, el censor insiste en que  se   dio  a  las  pruebas  de  cargo  un  valor  probatorio  del  cual  carecen,  restándoselo  de  paso  a  las desincriminativas.  Transcribe el análisis  del  Tribunal  sobre  las  varias  declaraciones  de Oscar Arciniegas Niño para  afirmar  que  surge  errado,  pues  descalifica  su  versión  en  el juicio por  tratarse  de  una  retractación,  cuando  tal  carácter se predica también de  aquella  a la cual le concede mérito.  Presenta las razones por las cuales  la  ampliación  en  la  fase  de  la causa resulta verosímil y concluye que el  desatino  del  ad  quem  se configuró por no haber analizado el conjunto de sus  testimonios  sopesándolo  “en  su verdadero y real  valor,  alcance  y  contenido  fáctico  para  deducir de allí los elementos de  imputación  cierta,  los  de  desincriminación  o  los  de duda”.   

          Aduce  la ocurrencia de idéntico yerro con las restantes pruebas de  cargo  y con las recaudadas durante el juicio, que fueron analizadas someramente  y  en  forma  aislada,  de  manera  que  se  perdieron  de  vista los siguientes  aspectos:   

          –  la inexistencia de prueba para condenar.  Conceptúa en este  punto  sobre  el  testimonio  y  los  parámetros  para su valoración; sobre la  necesidad  de  distinguir  en  la  denuncia  los  hechos de las conclusiones, de  manera  que  la confirmación de aquellos no supone la realidad del delito,  como  se  afirmó  de  manera  equivocada en el fallo tratándose del secuestro,  pues   el  ingreso  violento  de  unas  personas  al  establecimiento  de  Oscar  Arciniegas  Niño  y  la  salida  de  este  al  parecer  contra  su voluntad, no  significa necesariamente que lo estuvieran secuestrando.   

          –   La  certeza  para  condenar  y  el  in dubio pro reo.   Discurre   bajo   este   epígrafe  sobre  la  presunción  de  inocencia  y  su  infirmación,  plantea  las  exigencias  probatoria  para  el  fallo de condena,  reseña  los  límites  del  sistema  de  la sana crítica y los fundamentos del  principio  in dubio pro reo, para concluir que los fallos judiciales, cuando son  condenatorios,  no  pueden  ser  cosa  distinta  del  producto  de una íntima y  fundada  convicción respecto a la responsabilidad del inculpado, verificable en  las pruebas que la sustentan.   

          En  el  caso  de  autos,  arguye  el  demandante, el Tribunal debió  desestimar  la  decisión  del  a  quo  y  decretar  la absolución de todos los  acusados,  en  especial,  de  TOVAR  OCHOA.   

          Quinto cargo.   

          Con   carácter  subsidiario,  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el recurrente acusa la indebida aplicación de los artículos 1º y  3º  de  la  Ley  40  de  1993  y  la  falta  de  aplicación  del artículo 183  ibídem.   

          El   desatino   del   ad   quem   consiste,   afirma,   “en  que  toma  como  base para el análisis y valoración de los  hechos,  la  calificación  formulada  por la Fiscalía, sin entrar a establecer  con  claridad y adecuación, si realmente esa es la norma aplicar”.   

          Seguidamente  transcribe  las  razones  por  las  cuales el Tribunal  estimó  improcedente  adecuar  el  comportamiento  investigado en la figura del  ejercicio   arbitrario  de  las  propias  razones,  y  concluye  que  confundió  “la  demostración  de la ocurrencia de los hechos,  con  la  demostración de los particulares elementos de juicio que puedan servir  de  fundamento para realizar la adecuación típica”,  pues  aquellos  no  determinan  forzosamente  la  configuración  de  un  delito  determinado.   

          Agrega  que  la aparente privación arbitraria de la libertad de una  persona  “depende  de  una  serie  de  factores  de  carácter  objetivo  y circunstancial, pero también de carácter subjetivo…de  la  perspectiva  tanto  de los autores como de la propia víctima”.  Así  las cosas, resulta cuestionable imputar un secuestro cuando  el  ofendido lo excluye para asegurar que acompañó a los presuntos captores de  manera   voluntaria   y,  más  aún,  la  deducción  del  dolo  tan  sólo  de  “los  puros  presupuestos fácticos constitutivos a  penas  (sic)  de  una  posible  infracción  de  la  ley,  pero que no se aduzca  argumento  alguno  para  demostrar  que,  en  efecto  en los hechos investigados  existía   realmente   dolo  de  secuestro  y  no  de  otra  cosa”.   

          Pregona  que  lo  pretendido  por el sindicado era lograr el pago de  una  suma de dinero por parte de Fredy Arciniegas Niño a favor de Ardila Navia,  por  lo  tanto,  no  cabe deducir un presunto dolo de secuestro.  En fin, a  juicio  del libelista, se configuró un procedimiento irregular para el cobro de  una  obligación  pecuniaria  existente,  en  la que concurren los elementos del  hecho típico descrito en el artículo 183 del Código Penal.   

          Con  fundamento en los anteriores cargos el demandante solicita a la  Corte   que   case   la   sentencia   impugnada   y   absuelva   a  TOVAR  OCHA  de  todos los delitos por los  cuales se le condenó.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

          1.   DEMANDA  EN DEFENSA DE BARRERA  PÉREZ.   

          El  Procurador  Tercero Delegado destaca  que  la  demanda  adolece  de  protuberantes  deficiencias  que  la  destinan al  fracaso,  pues se propone la ruptura de la sentencia por la causal tercera, pero  en   la   pretendida  sustentación  del  reproche  se  consigna  una  serie  de  divagaciones  generales  e  incoherentes que traducen, a lo sumo, el descontento  con el fallo.   

          Así,  el censor plantea en forma ilógica y simultáneamente que la  conducta  imputada  al  procesado es típica y atípica.  Quebranta además  las  reglas  de  técnica  al  atribuir  en esta censura errores de apreciación  probatoria   y  al  cuestionar  la  credibilidad  concedida  a  la  prueba,  que  constituyen  aspectos  ajenos  a  la  impugnación extraordinaria por vía de la  nulidad.   

          Por  otra  parte,  el  libelista  sugiere  la  violación del debido  proceso  y  del  derecho  de  defensa  por  diversos motivos, esto es, debido al  quebrantamiento  del  principio de investigación integral, como consecuencia de  una  errada calificación, ante la omisión de pruebas y porque se desatendieron  las  sobrevinientes  a  la  calificación,  temas  que exigían una postulación  independiente  por  cuanto unos envuelven errores in iudicando y otros yerros in  procedendo.   

          No  obstante  esos  garrafales  vacíos advertidos en la demanda, el  Procurador  señala  que  ninguna  irregularidad  se  observa  en el proceso que  socave su estructura.   

          2.  DEMANDA EN DEFENSA DE TOVAR OCHOA.   

          1.    En  opinión  del  Delegado los cargos primero a cuarto tienen un mismo fundamento y  su  desarrollo  descansa  en  la apreciación indebida de las pruebas.  Por  esta razón es posible su respuesta unificada.   

          1.1   Refiriéndose  a  los  errores  de hecho argüidos por el  casacionista,   el   Procurador   encuentra   que  se  hacen  consistir  en  las  divergencias  sobre  la  credibilidad  que  el  juzgador  le concedió a algunas  pruebas  que  a su juicio no eran dignas de tal consideración, sin demostrar la  aducida tergiversación de las mismas.   

          Así  ocurre  con las críticas al análisis del testimonio de Oscar  Arciniegas  Niño,  en  las  que reiteradamente cuestiona el mérito concedido a  una  parte  de  la  prueba  con detrimento de la restante, sin considerar que la  labor  del  juzgador  es  precisamente  depurar  el  medio probatorio; reparos a  través  de  los  cuales no logra demostrar un error alegable en casación, pues  simplemente opone su valoración a la de los falladores.   

          A  la situación anterior se suma que el demandante cita en su apoyo  una  declaración  en  la que si bien el ofendido no calificó jurídicamente la  conducta,  dejó  en  claro  la realidad del secuestro; supuso que en la segunda  intervención  en  autos  dicho  testigo  estuvo  influido  por presiones que lo  determinaron  a acusar a los procesados de la comisión de tal delito; y omitió  confrontar   sus   afirmaciones   con  los  demás  medios  de  persuasión  que  fundamentaron la condena.   

          2.   Tampoco comparte el libelista los criterios de valoración  aplicados  por  los juzgadores tratándose de los testimonios de Hernán Cuadros  Romero,  Mario  Granados  Flórez  e  Iovanna  Castillo Gómez, pretendiendo tan  sólo imponer los suyos.    

           Por   otra   parte,   con   insalvable  deficiencia  técnica  fundamentó  la  alegada tergiversación de tales pruebas  arguyendo  que no se compaginaron con las versiones de los procesados; fracciona  las  pruebas con el fin de acomodar su análisis y sostener en contra vía de la  realidad  que los juzgadores no analizaron en conjunto las evidencias allegadas;  finalmente,  acusa  el desconocimiento de los postulados de la sana crítica sin  mencionar  de  qué  manera  resultaron  quebrantados.   

          3.   La  referencia  a la violación del principio in dubio pro  reo  constituye  otro  vano  esfuerzo  del  impugnante  por  enfrentar su propio  criterio  al  de  los  falladores,  en  el  que  omite  precisar  incluso  si su  trasgresión  se  produjo  por  errores  de  hecho  o  de  derecho.            

          En  suma,  por  los  aspectos comentados, los reparos surgen ineptos  para socavar los fundamentos de la sentencia demandada.   

          4.   En  el  cargo de violación directa el demandante se aleja  de  los hechos que se tuvieron por demostrados para exponer que, a su juicio, lo  único  ocurrido  fue  la  presión  ejercida  sobre Oscar Arciniegas Niño para  suplantar  a  la  justicia  en los requerimientos de pago.  Así las cosas,  presenta  un  suceso  por  completo diverso al que hallaron los juzgadores, para  quienes  se  avasalló  la  libertad individual del citado con la pretensión de  obtener  provecho.  En este orden de ideas, el cargo debe ser desestimado y  con  fundamento  en las consideraciones expuestas sugiere a la Corte no casar el  fallo recurrido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          1.   DEMANDA  EN  DEFENSA  DE BARRERA  PÉREZ.   

Le  asiste  razón  al  Procurador  Tercero  Delegado,  cuando  manifiesta  que  la  censura  a la cual se contrae la demanda  presentada   en   defensa   del   sindicado   BARRERA  PÉREZ   no   está  llamada  a  prosperar,  pues  al  desarrollarla,  vulnerando  de  manera ostensible los principios de autonomía y  no  contradicción, la libelista mezcla en forma antitécnica varios ataques que  corresponden  a  los  diferentes  motivos  del  recurso  extraordinario, dejados  además   en  simples  enunciados,  imprimiéndole  entonces  a  su  escrito  el  carácter de una alegación de instancia.   

          En  efecto,  al  amparo  de  la  casual  tercera  de  casación,  la  defensora  censura  que  se  haya  proferido  el  fallo  en un juicio viciado de  nulidad,  para  presentar  luego una serie de reparos a la sentencia impugnada y  al  trámite  del proceso, que lejos está de obedecer, con logicidad y orden, a  un  fundamento  serio  del  yerro  in  procedendo  anunciado  a  través  de  la  postulación del cargo.   

          1.1   En el primero de los reproches esbozados destaca entonces  la  insuficiencia  de  la prueba sobre la cual se edificó la condena, porque el  denunciante  no  identificó  a  su  asistido  BARRERA  PÉREZ y no se llevó a cabo con él un reconocimiento  en  fila de personas; apreciación reiterada a renglón seguido al advertir, con  idéntica  orientación  argumentativa, que tal deponente y la supuesta víctima  del   delito   únicamente   sindicaron   al   también  implicado  ARDILA ÁVILA.   

          En  este  orden  de  ideas,  si la impugnante con miras a quebrar el  fallo  pretendía  demostrar  la existencia de errores en la apreciación de las  pruebas  aportadas  al  proceso, o que se produjo el desconocimiento de la norma  sustancial  que  consagra  el  principio  del  in  dubio  pro  reo, conforme fue  sugerido  en  posterior acápite, la vía de nulidad no era la adecuada para una  propuesta  de  este  talante,  sino  la  de la causal primera de casación, pues  desaciertos  de  esta  naturaleza no constituyen vicios de procedimiento sino de  juicio,  que  encuentran  en este último motivo referido la forma adecuada para  ser  denunciados,  en  el cual se tiene como premisa, incluso, la aceptación de  la legalidad de lo actuado.   

          1.2   La  recurrente  plantea después la violación del debido  proceso  y  del  derecho  de  defensa  por  el  supuesto  error  cometido  en la  calificación  jurídica  al haberse adecuado el comportamiento investigado a la  figura   del   secuestro   extorsivo,   cuando  en  su  opinión  configuró  la  contravención  especial  del  ejercicio  arbitrario de las propias razones; sin  embargo,   nada   hizo   por   sustentar   el   dislate   imputado   en   dichos  términos.   

          Ciertamente,  la  equivocada calificación jurídica de la conducta,  cuando  implica  el  cambio  de  género  o  el  desplazamiento  a  otra especie  delictiva  con  modificación  en  la  competencia,  a  pesar  de  su procedente  alegación  al  amparo  de la nulidad, como puede derivarse de yerros de lógica  jurídica  en  la  aplicación  del  derecho  al  caso concreto o de desaciertos  cometidos  en  el  análisis  probatorio,  en  cuanto  a  su  constatación debe  desenvolverse  conforme  a  la  técnica  que  gobierna  la  causal  primera  de  casación.   De  ahí  que  frente  a  un  reparo  de  esta  naturaleza  al  demandante  le  corresponda especificar y demostrar la forma cómo se produjo la  transgresión  de  la  ley  sustancial,  esto  es,  si  lo fue por su violación  directa  o  indirecta,  debiendo acreditar, además, la incidencia de este error  in iudicando en la estructura del proceso.   

          A   ninguna   de   estas   dos  posibles  proposiciones  acudió  la  recurrente,  quien se limitó a criticar la adecuación de la conducta juzgada a  la   norma   descriptiva  del  secuestro  extorsivo,  introduciendo  además  la  confusión  a  la  propuesta pues en forma simultánea y escueta arguyó, de una  parte,   el  carácter  atípico  del  comportamiento,  pero  también,  que  la  variación  de  la  calificación  jurídica  fue  consecuencia  de  las pruebas  aportadas  en  la etapa del juicio, en virtud de las cuales se determinó que se  trataba  del  simple  ejercicio arbitrario de las propias razones, imponiéndose  por  ende  la  absolución  del  procesado;  es  decir,  formuló planteamientos  excluyentes  que  impiden  la  exacta  intelección  del  reparo y lo finalmente  pretendido con su postulación.   

          1.3  En un tercer punto criticó las  intervenciones  de  la  Fiscalía  y  del  Ministerio  Público  en la audiencia  pública,  aduciendo desde su personal perspectiva que no advirtieron que en las  diligencias   quedó   desvirtuada  la  prueba  del  secuestro  extorsivo.   Después,  a  renglón  seguido,  plantea  que  el  fallo  impugnado  adolece de  “falsa  motivación” por  mutilar   y  modificar  la  prueba  testimonial,  desembocando  en  una  condena  injusta.   

         

          La  defensora  inmersa  en  una  gran confusión conceptual abandona  entonces   el  reparo  de  nulidad  formulado  al  presentar  la  censura,  para  incursionar  en  el  campo  del  error  de  hecho por falso juicio de identidad,  olvidando  que  si  alguna objeción le ameritaba la contemplación material que  los  juzgadores  hicieron de la prueba, para elevarla, debía acudir a la causal  primera de casación, cuerpo segundo.   

          De  todas  maneras,  la inconformidad de la recurrente no pasa aquí  de  una  crítica  abstracta  y  genérica  al  fallo recurrido, por cuanto nada  concretó en relación con el dislate denunciado.   

          1.4   En  otro de los apartes del libelo, la impugnante afirmó  que   los   funcionarios  judiciales  desestimaron  la  versión  del  procesado  BARRERA   PÉREZ,  que  no  creyeron  sus  explicaciones,  planteamiento  que  traduce una vacua y genérica  inconformidad  con  la  sentencia  de  condena,  ajeno  por  demás  al error de  procedimiento  anunciado  al  elevar  la  censura  con  fundamento  en la causal  tercera de casación.   

           1.5    Pero   no  son  sólo  las  anteriores  falencias  las  que  sirven  para  descalificar  por antitécnica la  demanda.   En  efecto,  acusó  también  que  los  funcionarios judiciales  omitieron  verificar  las  citas efectuadas por el sindicado en la indagatoria y  practicar  la  prueba  de  alcoholemia, así como el reconocimiento de aquél en  fila  de  personas,  para  concluir  que  por  ello  se  conculcó el derecho de  defensa;  sin  embargo, nunca señaló cuáles fueron las citas cuya evacuación  fue  soslayada  en  las  presentes  diligencias  y  tampoco precisó respecto de  aquellas  o  de  las pruebas echadas de menos, como en rigor se imponía para la  adecuada  formulación  del reproche, lo que habrían demostrado tales elementos  de  persuasión  de  ser  allegados  al proceso y, menos aún, la incidencia que  revestían para variar el sentido del fallo impugnado.   

          En  fin,  la  censora  no  desarrolla  ni  sustenta  en  forma   adecuada  este reparo, pues prescinde de demostrar su viabilidad e implicaciones  en  las  conclusiones  de  la  sentencia, sin que sobre indicar, además, que la  prueba  de  alcoholemia y el reconocimiento en fila de personas fueron rehusados  por  el  a  quo  en  ejercicio  de  la  facultad  concedida  a  los funcionarios  judiciales  en  la  normatividad  procedimental  para  evaluar  la  conducencia,  pertinencia   y   utilidad   de   la   prueba   pretendida   por   los   sujetos  procesales.   

          Así,   en   auto   del  17  de  abril  de  1997,  como  resalta  la  Procuraduría,   sin   reparo  del  sindicado  o  de  su  defensor,  quienes  se  abstuvieron  de  impugnar la providencia, el Juzgado Regional estimó que por el  transcurso   del  tiempo  desde  la  comisión  de  los  hechos,  el  examen  de  alcoholemia    no    resultaba   idóneo   para   determinar   si   BARRERA  PÉREZ se encontraba embriagado o  no  para  dicho  momento  y, por otra parte, que igualmente ningún beneficio se  obtenía  con someterlo a reconocimiento en fila de personas, pues además de la  captura   en   flagrancia   aceptó   haber   intervenido   en   los   episodios  investigados.   

          1.6   La  confusión  y la falta de lógica de la demandante es  tal,  que  no  cesan  ahí  los evidentes desaciertos técnicos en el desarrollo  argumentativo  de  la  censura,  pues  en los apartes finales del libelo una vez  más  abandona  los  cauces del motivo de invalidación alegado para irrumpir en  forma  inconsecuente,  otra  vez,  más  en  el  ámbito de la casual primera de  casación,   al   imputar   a  los  juzgadores  “la  existencia  de un error de hecho, manifestatorio y caracterizante de un yerro de  identidad”,   que  como  destaca  el  Ministerio Público en su concepto, dejó en el mero enunciado pues  ninguna precisión consignó en torno a dicho desatino.   

         Por  lo  argumentado,  esto  es, porque  adolece   de   defectos   en  su  fundamentación,  este  cargo  de  nulidad  no  prospera.   

2.    DEMANDA  EN  DEFENSA  DE  TOVAR   

Cargos  primero  a tercero:  violación  indirecta.   

La  Sala  debe precisar de antemano, que los  tres  cargos  iniciales de la demanda, planteados por el defensor con fundamento  en  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  por errores de hecho generados en la  apreciación  de  las  pruebas,  relacionados  entre sí y referidos a una misma  materia,   esto   es,  a  la  inexistencia  del  secuestro  extorsivo  imputado,  orientados  todos  a  obtener  la absolución del sindicado por dicho motivo, en  realidad  constituyen  una sola censura que permite su respuesta unificada, como  lo plantea el Ministerio Público.   

1.   Así,  tratándose  del denominado  primer  cargo,  el  demandante  denuncia  el  falso  juicio  de  identidad en la  apreciación  del  testimonio  de  la  víctima Oscar Arciniegas Niño, pero con  ostensible  impropiedad  no  deriva  tal  desatino  de  la  tergiversación, del  cercenamiento  o  de  la  adición  del  contenido  material  de  dicha  prueba,  supuestos  en  los  cuales se configura, sino de la inconformidad con el mérito  que le asignaron los juzgadores.   

Más  aún,  si bien en otros de los apartes  del  libelo  arguye que en la sentencia atacada no se sometió a una valoración  conforme  a  las  reglas  de  la  sana crítica, sugiriendo con ello el error de  hecho  por falso raciocinio, tampoco en la sustentación de este reparo acierta,  pues   tal   conclusión   la   extrae   de   la  personal  estimación  de  esa  prueba.   

Ciertamente, el defensor en el transcurso de  la  prolija  y  repetitiva  fundamentación  del  reparo, simplemente muestra su  disentimiento  con  la  credibilidad  que  le  merecieron  a  los falladores las  versiones  en  las  cuales  la  víctima  afirmó  la ocurrencia del delito, con  desestimación  paralela  de  aquella  rendida  en la etapa del juicio en la que  sugirió  haber acompañado en forma voluntaria a los sujetos que irrumpieron en  su  negocio,  pero  sin  intentar  demostrar  que al proceder así, se apartaron  caprichosa  o  groseramente  de  los  postulados  que  rigen  el  sistema  de la  persuasión racional.   

Ahora  bien,  no puede perderse de vista que  las  contradicciones  entre  las  varias  versiones  rendidas por un determinado  testigo  no  son suficientes para restarle todo mérito, como destaca incluso el  propio  recurrente,  pues  en  tales eventos el sentenciador goza de la facultad  para  determinar,  con  sujeción  a los parámetros de la sana crítica, si son  verosímiles  en  parte,  o  que todas son increíbles o que alguna o algunas de  ellas  tienen  aptitud para revelar la verdad de lo acontecido, criterios dentro  de   los   cuales  fueron  valoradas  las  plurales  declaración  del  ofendido  Arciniegas Niño.   

En efecto, los juzgadores parten de reconocer  que  aunque  en principio sus versiones no guardan una correspondencia absoluta,  si  lo son en lo sustancial, particularmente, en el inequívoco señalamiento de  haber  sido  compelido  a  retirarse  del  local  donde  laboraba y a abordar el  vehículo  en  el  cual se desplazaban sus captores con la finalidad de ubicar a  su  hermano  Fredy.  Sobre este aspecto, al examinar la ampliación rendida  por la víctima en la fase del juicio el a quo sostuvo:   

“Ahora,   si   bien  es  cierto,  OSCAR  ARCINIEGAS  NIÑO  quien fuese víctima de los hechos que originaron la presente  investigación,  expone  en  su  ampliación  de declaración jurada, que no fue  amenazado  por  las  personas que entraron al establecimiento preguntando por su  hermano  FREDY  y,  en  razón  a  las  malas  palabras  y  atropellos que se le  proferían,  decidió  acompañarlos a buscar a su consanguíneo, también lo es  que  a  juzgar  por  la  manera como se desarrollaron los hechos y las versiones  iniciales,  tanto  de  OSCAR y ORLANDO ARCINIEGAS NIÑO, determinan con claridad  que  esta  última versión no se compadece con lo investigado menos aún cuando  al   ser   interrogado  por  la  abogada  OSORIO  PACHECO  sobre  si  se  subió  voluntariamente  al  Sprint  y descendió del mismo de igual forma, dice que con  todo  respeto  esa  pregunta  ya  la  contesté  en diligencias anteriores, esta  respuesta  está  indicando que realmente no subió voluntariamente al vehículo  Sprint,  pues  su  inicial  versión  en  clara  (sic) en afirmar que él subió  obligado   al   carro,  dándose  credibilidad  a  las  primeras  versiones  por  corresponder  a la realidad procesal” (f. 536, cdno.  3).   

Sobre  dicho  punto vuelve el Tribunal en la  decisión  impugnada,  en  la  que  además  descarta  la veracidad del recuento  vertido  por  la  víctima  en  el período probatorio de la causa, no sólo con  remisión   a   sus  versiones  anteriores,  sino  también,  a  partir  de  las  “atestaciones  de  los  particulares  EDGAR HERNÁN  CUADROS  ROMERO,  MARIO  GRANADOS FLÓREZ e IOVANNA CASTILLO GÓMEZ, quienes con  solidez  e  imparcialidad  dieron  cuenta  de  la  violencia  con  que OSCAR fue  arrebatado  e  introducido  a  un automóvil…” (f.  30, cdno. Tribunal).   

Por las anteriores razones los sentenciadores  consideraron  que  en  definitiva  a  los  testimonios  iniciales  del  ofendido  se   les  debía  otorgar  credibilidad  en  lo  atinente a la realidad del  secuestro extorsivo perpetrado.   

En  síntesis,  sin ninguna relación con el  dislate  alegado, la fundamentación del reproche se desarrolló a través de la  oposición  a la estimación del dicho incriminativo del ofendido, reclamando de  paso  un valor preeminente para la versión rendida por aquél en la etapa de la  causa,   donde  no  sostuvo  con  idéntico  énfasis  el  arrebatamiento  y  la  privación  de  la  libertad  de  la  cual fue objeto, yerro técnico que por si  sólo  da al traste con el reparo, pues la simple discrepancia entre el fallador  y  el  censor  sobre  la  fuerza  persuasiva de la prueba no constituye vicio de  ninguna  naturaleza,  como  quiera  que  el  criterio  del primero prevalece por  arribar  la sentencia a la sede extraordinaria amparada por la doble presunción  de acierto y legalidad.   

Arguye  el  demandante  además,  que  los  juzgadores  en  ese  análisis  del testimonio de Arciniegas Niño prescindieron  por  completo del relato primigenio de la víctima, obtenido poco después de su  rescate,  por  ende,  más cercano a la verdad, en el que cual también refirió  que  acompañó  en  forma  voluntaria a los procesados, sin embargo, ninguno de  tales  extremos  consulta  la realidad.  Ciertamente, en el fallo del a quo  que  con  el  impugnado  integra  unidad  jurídica, tratándose de esa versión  inicial del plagiado se precisó con apego a su contenido:   

“Testimonio rendido por el ofendido OSCAR  ARCINIEGAS   NIÑO  en  el  que  dice que encontrándose en el supermercado  denominado  EL  CRISTAL  en  compañía  de  sus  empleados  y  algunos clientes  aparecieron     unos     señores    que    le    dijeron    que    tenía que acompañarlos, lo subieron al  carro  y  le  dijeron  que  no  se  preocupara que necesitaban por su intermedio  localizar  a  su  hermano  FREDY  en  Bogotá  el  cual  les  estaba debiendo un  dinero..” (f. 510, cdno. 3).   

En conclusión, lo que claramente se aprecia  es  que  el  impugnante  pretende  anteponer  su  valoración personal sobre las  distintas  intervenciones  de  la  víctima en autos, al análisis efectuado por  los  falladores,  alegación  que  si bien es propia de las instancias, no tiene  ningún recibo en casación.   

Finalmente,  en el único punto en el que se  aproxima  al  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  argüido,  el  demandante        plantea        que        el       Tribunal       “cercenó” el testimonio del ofendido  Arciniegas  Niño, pues le atribuyó como propio el relato de un suceso respecto  de  la  cual,  según  dice, el declarante indicó haberse impuesto a través de  los  medios  de  comunicación;  sin  embargo,  tal  reparo  no corresponde a la  realidad,  como  quiera  que  el  juzgador ad quem tratándose de la ampliación  rendida  por  el citado el 13 de septiembre, se limitó a transcribir con entera  fidelidad algunas de las manifestaciones de la víctima.   

Es el impugnante entonces quien las retira de  su  contexto  para asignarles ese sentido que por ninguna parte les atribuyó el  plagiado.   En  efecto,  preguntado  Arciniegas  Niño si los individuos le  indicaron  en  algún  momento  que  se  trataba  de un secuestro y acerca de su  conocimiento   sobre   los  móviles  de  los  hechos,  ciertamente  respondió:  “No  nada, no sé a qué se le pueda llamar con que  se  cojan  unos tipos que van conmigo y que yo no conozco, al otro día de haber  sucedido  las  cosas nos enteramos por los periódicos que les encontraron armas  sin   salvoconducto,   que   algunos  pertenecían  a  una  Institución  de  la  Policía…”,  para  después agregar, como vivencia  personal  y  reiterando  lo que había expuesto en forma reiterada y precedente,  que  “yo  no  me  subí  por consentimiento propio,  ellos  me  sacaron  del  supermercado  y  me  subieron  al  carro” (f. 46, cdno. 2).   

2.  Por otra parte, el demandante afirma  haberse  incurrido  en  falso  juicio  de identidad porque a los documentos y al  testimonio  aportados en la fase de la causa se les restó todo valor probatorio  no  obstante  demostrar  la  inocencia de su asistido. Alude concretamente, a la  correspondencia  cruzada  luego  de  los hechos investigados, entre el sindicado  JORGE  ARDILA  NAVIA y Fredy  Arciniegas  Niño,  entre  éste  último  y  su  hermano  Oscar, así como a la  declaración    rendida    en    el   extranjero   por   el   segundo   de   los  citados.   

En  relación  con tal reparo adviértase de  antemano,  que  el  error  de  hecho  por falso juicio de identidad se configura  cuando  se tergiversa o falsea el contenido material de la prueba, obteniéndose  de  ella  conclusiones que no se derivan de su contexto.  Se trata entonces  de  un  desatino  de  carácter  eminentemente  objetivo – contemplativo, que se  demuestra  confrontando  la  prueba  indebidamente  apreciada,  en su expresión  objetiva,   con  el  contenido  fáctico  que  los  juzgadores  le  atribuyeron.   

En  el caso examinado el recurrente alega un  dislate  de  esta  naturaleza,  que  abandona  de  inmediato  para  sustentar el  reproche  a  través  de  la  inconformidad  con  los  criterios que rigieron el  análisis   de   los  juzgadores  respecto  de  la  prueba  atrás  relacionada;  desarrollo  argumentativo  mediante  el  cual  el  impugnante cae además en una  contradicción  insalvable,  pues parte de admitir el cabal entendimiento de los  falladores  en  la  estimación  objetiva  de  dichos  elementos de juicio, para  disentir  simplemente  de  la  falta  de credibilidad colegida para demeritar la  prueba de cargo.   

En este ataque el demandante incurre en otro  desacierto  técnico,  al  refundir  la  modalidad de error atrás comentada, es  decir,  el  falso juicio de identidad, con el surgido del desconocimiento de las  reglas  de  la sana crítica, que si bien constituye otra de las expresiones del  error de hecho, tiene una naturaleza totalmente diversa.   

En  todo caso, el impugnante dejó sumido el  reproche  en  el mero enunciado, pues se limita a asegurar que en la estimación  de  esas evidencias aportadas en el período probatorio del juicio se soslayaron  los  parámetros que rigen el sistema de persuasión racional, pero sin intentar  demostrar  siquiera  qué regla de la ciencia, de la lógica o de la experiencia  común  resultó  quebrantada  al  restarles  todo  valor  probatorio.  Tal  conclusión  la deriva, entonces, simplemente porque no coincide el Tribunal con  la apreciación que postula para ellas.   

En síntesis, la sustentación del reparo se  divorcia  por  completo  de  su enunciado para convertirse en un alegato, que en  lugar  de   encaminarse  a  demostrar  los  acusados errores de hecho en el  análisis   probatorio,   se   desarrolla   exclusivamente   a   través  de  la  confrontación   de   la  valoración  personal  del  demandante  a  la  de  los  juzgadores,  para  la  cual  pretende  que  la  Corte  le  conceda  prevalencia,  desconociendo  que  un  debate  de esta naturaleza es propio de las instancias y  ajeno  a la sede extraordinaria, donde la sentencia arriba amparada por la doble  presunción  de acierto y legalidad, motivo por el cual el criterio del fallador  predomina.   

3.  Finalmente, por la incursión en el  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  el  defensor cuestiona los  testimonios  rendidos  por  Hernán  Cuadros  Romero,  Iovanna Castillo Gómez y  Mario   Granados   Flórez,  únicas  pruebas  de  cargo  en  detrimento  de  su  representado,  yerro  consistido  en  el  mérito  que  les  fue  concedido para  demostrar  la  totalidad de los sucesos investigados, no empece aludir solamente  a uno de los momentos del episodio delictivo.   

También aquí surge evidente que a pesar de  denunciar  el  censor  la  mencionada  modalidad  de desatino, inmediatamente la  abandona,  pues  la  sustentación  brindada  no  se  orienta a comprobar que se  distorsionó,   cercenó   o   adicionó   el   contenido   fáctico   de  tales  declaraciones.   Por  el  contrario,  parte  de  admitir  que  los  citados  testigos  refirieron  exclusivamente  la  irrupción  de  los  sindicados  en el  establecimiento  de  la  víctima  y las circunstancias que rodearon el abandono  que  Oscar Arciniegas Niño hizo del local junto con esos individuos, sentido en  el  cual  fueron  asumidos  exacta y cabalmente en los fallos de instancia, para  radicar  su  inconformidad en la credibilidad que le merecieron a los juzgadores  al  colegir  la  privación ilícita de la libertad de aquél, no obstante estar  imposibilitados   para   reconstruir   el   propósito  que  determinaba  a  los  sindicados,  sus  actividades  precedentes  y  las  posteriores  a la salida del  negocio.   

Así las cosas, claramente se aprecia que el  impugnante  pretende  enfrentar  su criterio personal e interesado en torno a la  valoración  de  las pruebas, sobre el análisis efectuado por los funcionarios,  para   otorgarle   mérito   a   la  prueba  de  descargo  y  restársela  a  la  incriminativa,  perdiendo  de  vista con tal planteamientos que es al juzgador a  quien  le  corresponde  determinar el valor de los medios probatorios de acuerdo  con  los postulados de la sana crítica y si su conclusión, que arriba amparada  de  la  doble presunción de acierto y legalidad, desentona con lo planteado por  el  defensor,  no  puede  derivarse de esa simple discrepancia razón suficiente  para   endilgarle  la  incursión  en  un  error  acusable  en  la  impugnación  extraordinaria.   

Por lo anteriormente expuesto, estos cargos  no prosperan.   

Cuarto   cargo:    in   dubio   pro  reo.   

La  inobservancia de las reglas de técnica  que  rigen  el  recurso extraordinario interpuesto, se confabulan aquí también  contra  la  prosperidad  de  este otro reproche enunciado al amparo de la causal  primera  de  casación  por la infracción mediata del artículo 445 del Código  de  Procedimiento  Penal  (Decreto  2700 de 1991), que impele a los funcionarios  judiciales a resolver toda duda a favor del procesado.   

Ciertamente,  el  impugnante  se  sustrajo  ostensiblemente  al  deber de señalar si los errores de apreciación probatoria  a  través  de  los  cuales  los falladores llegaron a la denunciada infracción  mediata  de  la  ley  sustancial fueron de hecho o de derecho, como también, de  indicar  sus específicas manifestaciones. En el primer caso, si los desaciertos  fueron  consecuencia de la preterición de algún elemento de juicio incorporado  materialmente  al  expediente,  de  la  suposición  de  uno  inexistente, de la  distorsión  del  contenido fáctico de los que fueron apreciados o del desapego  de  las  reglas de la sana critica (falsos juicios de identidad, de existencia o  falso  raciocinio);  o si por el contrario y tratándose de la segunda modalidad  atrás  enunciada,  si los desaciertos de los juzgadores consistieron en admitir  como  legales  los medios de persuasión afectados de vicios en su producción o  aducción,  o  en  asignarles  un  valor  que  la ley no permite o no habérselo  conferido  cuando  la ley dispone uno determinado (falsos juicios de legalidad o  de convicción).   

Por el contrario, toda la sustentación del  reparo  se  desarrolló  a  través  de  una  abstracta  y  genérica critica al  análisis  probatorio consignado en la sentencia recurrida, en el que se partió  de  la  vacua  acusación  de  haber  sido confirmada la sentencia del a quo, no  obstante  que  al  tenor  del  artículo  247  ibídem  (Decreto  2700 de 1991),  resultaban  insuficientes los medios de persuasión allegados al expediente para  forjar  la  certeza  sobre  la  realidad del secuestro extorsivo imputado.    

Más  aún,  el  censor  incurrió  en  la  impropiedad  adicional  de presentar argumentos que ninguna relación tienen con  el  fundamento probatorio del fallo atacado, acrecentando entonces la confusión  en  su  planteamiento.  Adujo así con referencia al parecer a otro proceso  y  distanciándose de manera evidente del contenido de la providencia impugnada,  que  la  condena  se  sustentó en dos testimonios con reserva de identidad y en  unos  informes  de  inteligencia, para admitir en los posteriores acápites, que  otros   y  muy  diversos  fueron  los  medios  probatorios  que  cimentaron  las  conclusiones de los falladores.   

En  síntesis, las críticas que eleva a la  credibilidad  concedida  por  el  Tribunal  a  la  prueba  incriminativa  y a la  desestimación  de  la de descargo recaudada en la etapa del juicio, a lo que se  redujo   la  sustentación  de la censura, refleja ni más ni menos, que la  indebida  aspiración  de  reabrir en esta sede el debate probatorio ya agotado,  en  la que obviamente soslayó el deber de plantear y demostrar la existencia de  errores  trascendentes  en la valoración de las pruebas. En otros términos, el  desarrollo   argumentativo  se  muestra  como  el  enfrentamiento  del  criterio  personal   del   demandante   sobre   la  estimación  del  material  probatorio  incorporado  a  las  diligencias,  al  de  los  falladores, para el cual reclama  prevalencia a la manera de un alegato de instancia.   

Por    lo    anotado,   el   cargo   no  prospera.   

Quinto     cargo:     violación  directa.   

Con  carácter  subsidiario, por violación  directa  de  la  ley  sustancial, el recurrente acusa la indebida aplicación de  los  artículos  1º  y  3º  de la Ley 40 de 1993 y la falta de aplicación del  artículo  183  ibídem, pues en su opinión, los hechos demostrados en autos no  configuran  el delito de secuestro extorsivo sino la contravención especial del  ejercicio arbitrario de las propias razones.   

Tratándose de tal reparo surgen ostensibles  también   los  desaciertos  técnicos,  como  advierte  el  Procurador  Tercero  Delegado,  pues  el  demandante dejó entrever una palmaria confusión sobre las  formas  posibles de quebrantar el derecho, esto es, de manera directa o mediata,  que  a  pesar  de  constituir  expresiones  del  error  in  iudicando tienen una  formulación y métodos propios de demostración.   

En  efecto,  el  casacionista  formuló  la  censura  con  apego  a  la violación directa, sin embargo, lejos de orientar la  sustentación  de  la  misma  hacia  el  debate  estrictamente  jurídico que es  inherente  a  esta  modalidad  de  ataque  a  la  legalidad del fallo de segunda  instancia,  en  el  desarrollo  argumentativo  desbordó  dicho  parámetro para  plantear  una  controversia  sobre  los  fundamentos  fácticos de la sentencia,  propia  de la vía indirecta, donde a la trasgresión de ley sustancial se llega  a través de los desaciertos en la apreciación probatoria.   

Ciertamente, mientras los falladores parten  de  encontrar  demostrado  en  autos que se produjo la privación ilícita de la  libertad  de Oscar Arciniegas Niño, quien obligado por los sindicados abandonó  el  local  comercial  donde  se encontraba, abordó uno de los vehículos en los  cual  se  desplazaban  aquellos y bajo intimidación emprendió el recorrido con  destino  a  Bogotá,  el  libelista  en  sus  consideraciones sienta una premisa  totalmente  diversa,  esto es, la de haber mediado la voluntad de la víctima en  esas   exteriorizaciones,   para   afirmar  entonces  la  existencia,  simple  y  llanamente,  de  un  irregular  procedimiento para el cobro de una deuda a cargo  del hermano del ofendido.   

Esta  incoherencia  en la sustentación del  reparo,  encontró  una  deficiencia  adicional,  pues  el recurrente radicó la  inconformidad  con  el  fallo  impugnado,  en  últimas,  en  el  supuesto error  incurrido  en  la calificación jurídica de uno de los delitos imputados, que a  su  juicio  no configuró el secuestro extorsivo sino el ejercicio arbitrario de  las  propias  razones  y,  así  las  cosas,  le  atribuyó a los juzgadores, en  esencia,  un  yerro  de  subsunción  que  afecta  el  nomen  iuris de ese hecho  punible.   

En  este  orden  de  ideas,  conforme  al  reiterado  criterio de la Sala, un desacierto de dicho talante debió demandarse  por la vía de la causal tercera.   

Resultan suficientes los motivos anteriores  entonces,   para   concluir   que   este   otro   cargo   también  deberá  ser  desestimado.     En    consecuencia,    no    se   casará   la   sentencia  impugnada.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

           NO  CASAR  la  sentencia recurrida.   

          Contra esta providencia no cabe recurso alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS                                 A.                                GÁLVEZ  ARGOTE             

JORGE   A.   GÓMEZ   GALLEGO                                                 EDGAR      LOMBANA     TRUJILLO           

ÁLVARO        O.        PÉREZ  PINZÓN                             NILSON E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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