14305(20-06-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso N° 14305  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Nilson Pinilla Pinilla  

Aprobado Acta N° 088  

         Bogotá,  D.C.,   veinte  (20)  de  junio de dos mil uno (2001).   

ASUNTO  

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  en  defensa  de  Manuel  Dionicio  Mosquera  Cabrera,  contra  la  sentencia de fecha septiembre 24 de 1997,  mediante  la  cual  el Tribunal Superior de Bogotá confirmó la condena dictada  el  26  de  junio  de  1997 por el Juzgado Treinta y Siete Penal del Circuito de  esta  ciudad,  imponiéndole 36 meses de prisión y de interdicción de derechos  y  funciones  públicas,  multa  en  cuantía  de  $5.000  y  suspensión  en la  conducción  de  automotores  durante  un  año,  además  de  la obligación de  indemnizar  los  correspondientes perjuicios, como autor del delito de homicidio  culposo.   

         

HECHOS  

          El  15  de  octubre de 1995 Gisela Rivas Hinestroza,  Haminton  Urrutia  Mendoza,  Maribel  Rivas  Salcedo,  Sigifredo  Rivas  Hinestroza, Jairo  Hernández    Palacios,    Carmen   Nisa   Rivas   Hinestroza   y   Manuel    Dionicio   Mosquera   Cabrera  departían  e  ingerían licor en la discoteca “Noches de Rumba”, situada en  el  centro  de  Bogotá.  Pasadas las once y treinta de la noche los mencionados  decidieron  trasladarse  a  una  taberna ubicada en la avenida Caracas con calle  74.   Mosquera Cabrera  y  Carmen  Nisa  Rivas  Hinestroza iniciaron el desplazamiento en la motocicleta  conducida  por  el  primero,  mientras  que los demás contertulios abordaron el  taxi  guiado  por  Yimy Alexander Vergara Castañeda, quien por instrucciones de  sus pasajeros seguía a los ocupantes de la moto.   

          A  la altura de la citada avenida con calle 39, cuando Mosquera  Cabrera  pretendió ocupar los  carriles  centrales  golpeó  el  separador  de la vía y perdió el control del  automotor,  chocándose  contra  el  muro  de  la  troncal  de la Caracas. En el  impacto  fue  expulsada la joven Rivas Hinestroza y al caer al pavimento sufrió  lesiones  que  determinaron  su inmediato deceso. El conductor de la motocicleta  fue   internado  en  la  Clínica  de  la  Policía,  donde  recibió  atención  médica.   

ACTUACION  PROCESAL   

          La  Fiscalía  dispuso  la apertura de la investigación y vinculó  mediante  indagatoria  a  Mosquera Cabrera,  a  quien  el  24  de  octubre  de  1995  afectó  con detención  preventiva  por  el delito de homicidio culposo (fs. 40 y Ss. cd. 1). Cerrada la  investigación,  calificó  su  mérito  con  resolución  acusatoria  contra el  mencionado  sindicado,  en  calidad  de  autor  del  homicidio culposo, agravado  conforme  a  la  circunstancia  prevista en el numeral 1º del artículo 330 del  Código  Penal,  decisión confirmada el 28 de junio de 1996 por la fiscalía de  segunda  instancia,  al  desatar la alzada interpuesta con carácter subsidiario  por el defensor (fs. 5 y Ss. cd. respectivo).   

         Correspondió  al  Juzgado 37 Penal del  Circuito  de  Bogotá  adelantar  el  juicio y, celebrada la audiencia pública,  dictó   el  fallo  condenatorio  en  armonía  con  el  cargo  deducido  en  la  acusación,  en  la  forma señalada en el acápite inicial de esta providencia.  El  Tribunal  Superior  de  Bogotá confirmó tal sentencia en su integridad, al  pronunciarse  sobre  la  apelación incoada por la defensa, que así mismo acude  en casación.   

         

LA DEMANDA  

          Primer cargo.   

          Con  apoyo  en  el  artículo  220-1º del Código de Procedimiento  Penal,  el  censor  acusa  la  sentencia  impugnada, por violar el artículo 445  ibídem  como  consecuencia  de  errores  de  derecho  en la apreciación de las  pruebas a continuación reseñadas:   

          1.  El  testimonio  de  Yimy  Alexander  Vergara,  que  reclama sea  valorado  en  forma rigurosa, pues presenta incongruencias con las declaraciones  de  Sigifredo  Rivas  Hinestroza,  Gisela  Rivas  Hinestroza,  Haminton  Urrutia  Mendoza,   Juan   Guillermo  Mena  Palacios,  Maribel  Rivas,  Argidio  Córdoba  Asprilla,    Jairo    Hernández   Palacios   y   del   sindicado   Mosquera  Cabrera, máxime que si bien el  deponente  aludido  transitaba  en  inmediaciones  del  lugar  de los hechos, su  percepción  de  lo  acontecido  se  realizó desde una distancia superior a los  cien metros.   

          2.  Las  declaraciones  de  los  citados  Vergara  y Maribel Rivas,  quienes  sin explicación alguna no comparecieron a rendir la ampliación de sus  dichos,      a     pesar     “que     resultaban  coyunturales”      para      esclarecer      lo  sucedido.   

          3.   El examen de alcoholemia practicado por el Instituto para  la  seguridad  social  y  bienestar  de  la  Policía  Nacional  (Inssponal), de  resultado  positivo  para  la  presencia  de  alcohol en la sangre del procesado  Mosquera     Cabrera,  cuestionado  en  la  demanda  por  dos  aspectos. En primer término, pues dicho  dictamen  nunca  fue ratificado y surge contrario a la prueba llevada a cabo por  los  especialistas  forenses  adscritos  a Medicina Legal; de otra parte, porque  inexplicablemente  no  fue  efectuado  en  los  laboratorios  de  ésta  última  institución,  a  pesar que en la misma fecha se obtuvieron muestras sometidas a  análisis en dicha dependencia.   

          Cuestiona   la  eficacia  del  examen  de  alcoholemia  que  estima  desvirtuado  a  través  de  la  peritación  de  Medicina Legal; echa de menos,  asimismo,   su  idoneidad  probatoria,  por  cuanto  no  reúne  los  requisitos  contemplados  en  los  artículos  264,  267  y  270 del C. de P. P., más aún,  cuando  se trató de una prueba de laboratorio practicada por la institución de  bienestar  citada  “como requisito interno para sus  afiliados”,  ineficaz  para establecer el estado de  ebriedad del sindicado.   

          Así    las    cosas,    concluye    el    defensor,   “se       ha       institucionalizado       la       ‘duda’   acerca   de   la   veracidad  del  hecho”,  desechada  por los juzgadores con desmedro  del  principio de imparcialidad previsto en el artículo 249 ejusdem, que impele  a  una  investigación integral, esto es, comprensiva de los aspectos favorables  y desfavorables al implicado.   

          Segundo cargo.   

          Invocando   también  la  causal  primera  del  artículo  220  del  estatuto  procesal  penal,  la  defensa  ataca la sentencia del Tribunal por ser  violatoria  de  la  ley  sustancial;  y  en  la precisión del desatino acusado,  indica  simplemente que de acuerdo con el recaudo probatorio está demostrada la  tipicidad,   la   antijuridicidad   y   el  actuar  del  sindicado  Mosquera  Cabrera  bajo la circunstancia  de  inculpabilidad del artículo 40-1º del Código Penal, esto es, “ante  un  hecho  fortuito y sobreviniente al aparecerse en forma  abrupta  la  trompa  de  un  taxi  invadiendo  intempestivamente  su  carril  de  correría”,  conducta  que por ende no “resulta sancionable”.   

          Apunta  luego  que “el error manifiesto  de  hecho,  se estructura en la apreciación” de los  siguientes elementos de juicio:   

          1.    Al    tenerse    como   “prueba  eminente”  la  versión de Yimy Vergara a pesar que  su  relato  fue desvirtuado con las declaraciones de Sigifredo Rivas Hinestroza,  Gisela   Rivas   Hinestroza,  Haminton  Urrutia  Mendoza,  Juan  Guillermo  Mena  Palacios,  Maribel Rivas, Argidio Córdoba Asprilla, Jairo Hernández Palacios y  del    sindicado    Mosquera    Cabrera.   

          En   otro   aparte   del   libelo   le   atribuye  al  fallador  la  tergiversación  del  relato  brindado por el mencionado Vergara, incurriendo en  errores  de  hecho “por falsos juicios de existencia  y  de  identidad”, y reitera a renglón seguido, que  los   restantes   testimonios   enunciados   demuestran  que  el  procesado  conducía  en forma prudente y que el citado Vergara, por encontrarse distraído  al momento del accidente, deformó la realidad.   

          2.  Insiste  en  la  omitida  comparencia de Yimy Vergara y Maribel  Rivas  a  ampliar  sus  dichos,  así  como  en la importancia que tenían tales  diligencias.   

         Tercer cargo.   

         También  al  amparo  de la causal primera de casación, el censor  acusa  el  fallo  impugnado  de  violar la ley sustancial, ataque derivado en el  farragoso  escrito  de  demanda,  en  últimas, del error de derecho cometido al  asignársele  la  entidad  de  prueba al examen de alcoholemia practicado por el  Instituto  para  la  seguridad  y  bienestar  de  la  Policía  Nacional, que en  criterio  del  casacionista  estaba  despojado  de esa connotación “por    vicios    en    la    aducción   dentro   del   proceso  penal”.   

         En  el  desarrollo  del reproche, aduce que la entidad referida no  estaba  habilitada  para  emitir  dictámenes con idoneidad probatoria, pues tal  competencia  es  privativa  del  Instituto de Medicina Legal; y arguye, de igual  modo,  que  el contenido de dicho examen resulta abiertamente contradictorio con  el  obtenido de Medicina Legal, aspecto por completo ignorado en el análisis de  los juzgadores.   

         Plantea  que  el  examen de alcoholemia efectuado por el Instituto  para  la  seguridad  y  bienestar  de  la Policía Nacional, fue tergiversado en  “su      contenido     fáctico”  al asignársele un valor  diverso del estatuido por la ley;  critica  el  envío  de  las  muestras  de sangre y orina tomadas al sindicado a  diversas  entidades,  para  su  correspondiente  estudio;  señala  que  en  los  análisis  de laboratorio de Medicina Legal se excluyó la presencia de residuos  de    alcohol    en    la    orina    de   Mosquera  Cabrera;  resalta  que  en  la historia clínica del  implicado  ninguna  anotación existe sobre signos de embriaguez o intoxicación  exógena;  asegura  que por los motivos anteriores se debilita la eficacia   de  la prueba de alcoholemia, en la que echa de menos los requisitos consagrados  en  los  artículos  264,  267  y 270 del C. de P. P.; y colige, por último, la  existencia  de  una  “incertidumbre dubitativa que  por  mandato  legal ha debido considerar el juzgador de instancia”.   

         Con  apoyo  en  los cargos reseñados, el demandante solicita a la  Corte  que  case  el  fallo  impugnado  y, en su lugar, profiera la sentencia de  sustitución que en derecho corresponda.   

         

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

         Al primer cargo.   

         La  Procuradora  Cuarta  Delegada  destaca  que  el  demandante no  precisó  el  concepto  de  la  violación acusada, ni la específica naturaleza  del   error de apreciación probatoria que determinó tal infracción, y si  bien  del libelo puede extraerse el propósito de desarrollar el desconocimiento  mediato  de  la  ley sustancial, la sustentación del reproche se muestra difusa  por excelencia.   

          Así   propuso  el  impugnante,  con  evidente  impropiedad  técnica, una duda, por la confrontación de los testigos  de  cargo  y  descargo;  de igual modo, omitió explicar sobre cuál aspecto del  delito  debía  reconocerse la incertidumbre predicada, esto es, si en relación  con  la  responsabilidad, tratándose de una causal de inculpabilidad o respecto  a  la  circunstancia agravante del artículo 330-1º del Código Penal, a la que  dedicó buena parte de sus argumentaciones.   

         La  representante del Ministerio Público encuentra además que el  impugnante  enunció las declaraciones que respaldan la versión del acriminado,  pero  sin señalar cómo se soslayaron los parámetros de la sana crítica en su  apreciación;  criticó  en  forma  infundada  la  capacidad de observación del  deponente   Vergara,   a   través   de  simples  especulaciones;  extrañó  la  ampliación  de  unos  testimonios,  mediante  un  alegato  propio  de la causal  tercera,  al  invocar  el  menoscabo  del  principio de investigación integral;  planteó  en  forma  simultánea  errores  incompatibles  respecto del examen de  alcoholemia  practicado al sindicado, incluso, sin ponderar los análisis de los  juzgadores  en  torno  a  dicha  prueba  y  perdiendo  de vista que el estado de  ebriedad    de    Mosquera   Cabrera   se  dedujo  también  con  apoyo  en  otros  elementos  de  juicio  incorporados  en el expediente y no rebatidos en el libelo, por lo tanto, aunque  se  haga  abstracción del resultado de la alcoholemia, se mantiene incólume la  conclusión  del  ad  quem  sobre  la  embriaguez  del  acusado en el momento de  comisión del delito.   

         Por  los  motivos  anteriores,  sugiere  la desestimación de este  primer cargo.   

         Al segundo cargo.   

         La  Delegada señala que el demandante  sustentó  el  error  de  hecho  acusado,  mediante la simple crítica del valor  conferido  por  el  juzgador  a los testimonios acopiados, realizada además sin  apego al contenido del fallo impugnado.     

         Excluye el caso fortuito argüido por el  actor  al  encontrar  que  el  accidente  tuvo  sus  causas  en  la ebriedad del  sindicado  y  en  el  cambio  imprudente  de  carril,  que se demostró en autos  mediante  pruebas  que,  ante la carencia de fundamento de la censura, conservan  su eficacia.   

         Indica que el reproche consistente en la  omisión  de  las  ampliaciones  de  Maribeth  Rivas  Salcedo  y Yimmy Alexander  Vergara  Castañeda,  debió  formularse  con  apoyo  en  la  causal tercera por  violación  del  principio  de  investigación  integral, acreditando además la  trascendencia  de  la  prueba prescindida; y finalmente, anota que el impugnante  tampoco  demostró los falsos juicios de identidad y existencia demandados, pues  se  limitó  a enunciar los testimonios favorables a la situación del sindicado  Mosquera              Cabrera.   

         Así   las  cosas,  también  solicita  la  desestimación  de  la  censura.   

         Al cargo tercero.   

         El   recurrente   omitió   precisar   las   normas   sustanciales  infringidas,  así  como  el  concepto  de  su  violación,  y  si  bien  en las  postrimerías  del  reproche  alegó  marginalmente  la  existencia  de la duda,  ningún  esfuerzo  desplegó  con  miras  a  acreditar  su desconocimiento en la  sentencia impugnada.   

         Por  otra  parte,  mezcló  de  manera  indebida  los  errores  de  hecho  y  de  derecho  en relación con el examen de  alcoholemia;  no  tuvo  en  cuenta, en el desatino imputado al fallador sobre el  análisis  de  dicho  elemento  de  juicio,  que  al tenor del artículo 257 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  armonizado  con el artículo 160 del Decreto  2699  de  1991,  para la producción de la prueba técnica pueden utilizarse los  servicios  de  entidades  oficiales  y  privadas; de igual modo, que el Juzgador  dedujo  la  ebriedad del sindicado con apoyo en otros medios de persuasión, por  lo  tanto,  que  aún  de  aceptarse  la  ilegalidad  del  referido  examen,  se  mantendrían incólumes las conclusiones de la sentencia.   

         El  reproche  a  la legalidad del examen de alcoholemia se desvió  después  hacia  la  crítica  de  su  alcance  probatorio;  advierte  que no se  distribuyeron  en  forma caprichosa las muestras de sangre y orina del sindicado  para  su  estudio, pues fueron recolectadas y utilizadas para fines distintos, y  tampoco  aprecia  su  alegada  contradicción  con los resultados de laboratorio  obtenidos  de  Medicina  Legal.  En  este  orden  de  ideas,  no se debilitan la  agravante  del  numeral  1º  del artículo 330 del C. P., ni la responsabilidad  del procesado cimentada, en parte, en esta circunstancia.   

         Ante  la  inobservancia de las reglas de la casación, pasando por  la  carencia  de  fundamento en las críticas formuladas, así como en virtud de  la  absoluta  intrascendencia  del  ataque,  el  Ministerio  Público depreca su  desestimación en esta sede.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Primer cargo.   

         Si  bien  el  impugnante  no mencionó la forma como se produjo la  denunciada  infracción  de la ley sustancial, ni el sentido de dicho quebranto,  del  desarrollo  argumentativo  del  reproche  se rescata el planteamiento de la  violación  indirecta  del  artículo  445  del  C.  de  P.  P.,  por  falta  de  aplicación,  a  causa  de  errores  de  derecho,  cuya  existencia e influjo el  demandante   no   logró  demostrar,  ante  una  evidente  confusión  sobre  la  naturaleza  y  alcances  de  tal  desacierto en la apreciación probatoria, así  como   respecto   a   las   exigencias   técnicas  que  rigen  la  impugnación  extraordinaria.   

         1.  En  efecto,  el  error de derecho encuentra sus expresiones en  los  falsos  juicios  de  legalidad y, remotamente, de convicción, cada uno con  ámbitos  diferentes.  El  falso juicio de legalidad se vincula directamente con  la  norma sobre la aducción de la prueba al proceso, por lo tanto, se configura  cuando  se  valora aquélla ilegalmente incorporada al mismo, o se toma como tal  la  que ha sido válidamente allegada; en cambio, el de convicción se relaciona  con  el  precepto  que  le fija su mérito legal, en consecuencia, se estructura  cuando  el  sentenciador  le  da a la prueba un valor diferente al que la ley le  atribuye  o  le  niega  el  que  ésta  le asigna, de ahí que sea propio de los  sistemas  tarifados  y  extraño  al  de  la  persuasión  racional  que rige en  Colombia.   

         En  el  presente  caso  el  impugnante acusó un error de derecho,  reitera  la  Sala,  pero  la  sustentación  de la censura, sin relación con la  específica  naturaleza  de  dicho  dislate, se desenvolvió con desapego de los  contenidos  referidos  para  las  manifestaciones  de  esa  modalidad de yerro a  través  de  una  estimación  personal, subjetiva e interesada de los medios de  prueba  acopiados,  que  implícitamente opone al análisis de los juzgadores al  argüir   una   duda   sobre   “la  veracidad  del  hecho”,  desechada en los fallos de instancia, según asevera.   

         Así,  el  censor reseña en primer término el testimonio de Yimy  Alexander  Vergara  Castañeda,  presencial  del  suceso,  y  sin  atribuirle al  Tribunal  error  alguno en la estimación de dicha prueba, pues ninguna crítica  eleva  a  las  razones  por  las cuales se le confirió mérito para cimentar la  responsabilidad  del procesado, simplemente aduce de manera escueta la necesidad  de    su   valoración   “rigurosa”,  ante las  incongruencias   que   dice   evidenciar  frente  a  las  declaraciones  de  los  contertulios  del  sindicado  y  la  víctima,  como  también,  por  cuanto  su  percepción  de  los  hechos se realizó desde una distancia superior a los cien  metros.   

          2.  El  casacionista  plantea después, que no fueron ampliadas las  declaraciones  de  Yimy Alexander Vergara Castañeda y Maribel Rivas Hinestroza,  a  pesar “que resultaban coyunturales”  para  esclarecer  lo  acontecido,  insinuando  en contra vía del  error  in  iudicando, alegado al enunciar el reproche, la existencia de un vicio  de  actividad  que,  como  advierte la Delegada, ha debido formular al amparo de  una  causal  diferente y con la separación debida, en observancia del principio  de autonomía de los motivos de casación.   

         3.  El  defensor  se  refiere  finalmente al examen de alcoholemia  practicado  al  sindicado  por  un bacteriólogo del Instituto para la seguridad  social  y  bienestar  de  la  Policía  Nacional,  entremezclando el ataque a la  legalidad  de dicha prueba con la crítica a la credibilidad que le fue otorgada  para    el    discernimiento   del   compromiso   del   procesado   Mosquera  Cabrera, crítica natural en  los   debates   de  instancia  pero  ajena  a  la  impugnación  extraordinaria,  partiéndose  además  en este antitécnico desarrollo argumentativo de premisas  adversas    a    la   realidad   constatada   de   la   simple   revisión   del  expediente.   

         Ciertamente,  el  censor  apunta  de  antemano  que  tal examen es  contradictorio  a  la  prueba  técnica  obtenida de Medicina Legal, y que dicho  aspecto      fue     ignorado     “en     forma  olímpica”  por  los  Juzgadores de instancia; sin  embargo,  esto  es  alejado  de  la  verdad,  pues  en  relación  con esa misma  controversia   esbozada  en  la  alzada  por  el  apoderado,  el  ad  quem   afirmó:   

“Por  otra  parte, tampoco tiene razón la  defensa  cuando  afirma  que  de  los exámenes realizados en Medicina Legal, se  concluye  que  el acusado no estaba alicorado, porque el objeto de dicha pericia  fue  detectar  sustancias  estupefacientes como la marihuana y la cocaína, nada  más.  El resultado fue negativo.”   

         Con  idéntica  orientación  argumentativa el demandante criticó  el  valor  concedido  al  examen  de  alcoholemia, aduciendo que las muestras de  sangre   y  orina  de  Mosquera  Cabrera,  obtenidas  en  la  misma fecha, arbitrariamente se remitieron a  diversas  instituciones  para  su  consecuente  análisis,  por  no  haber  sido  detectada  la presencia de alcohol en las pruebas de laboratorio llevadas a cabo  en  el  Instituto  de Medicina Legal, y no constatar en la historia clínica del  implicado  anotación  alguna  sobre  signos de embriaguez; afirmaciones con las  cuales,  además  de  desviarse de la realidad procesal, insiste en anteponer su  particular  perspectiva al análisis efectuado por los falladores con apego a la  sana crítica.   

           

          En   efecto,   los   resultados   de  laboratorio  aludidos  tuvieron origen y alcance demostrativo diversos. Así, la  Fiscalía  que  efectuó  el  levantamiento del cadáver ordenó al Instituto de  Medicina  Legal  la  práctica de exámenes de alcoholemia y sicofármacos sobre  el  conductor  de la motocicleta, dependencia que informó no haber realizado el  primer   análisis   referido   “dado  el  tiempo  transcurrido”,    limitándose    al    estudio  farmacológico,   con   dictamen   negativo   para  metabolitos  de  cocaína  y  cannabinoides,   exclusivamente.   El  examen  de  alcoholemia  aportado  a  las  diligencias  corresponde,  entonces, al dispuesto en el centro asistencial de la  Policía   Nacional,  donde  el  implicado  Mosquera  Cabrera  recibió  atención  por  pertenecer  a  la  Fuerza Pública (fs. 15, 29, 112, 114 y 106 cd. 1).   

         El  recurrente  también adujo la ilegalidad del aludido examen de  alcoholemia,  por dos motivos. En primer término, porque no fue ordenado en las  diligencias  y  la  Institución  de seguridad social y bienestar de la Policía  Nacional  lo  realizó  por  iniciativa  propia;  y, segundo, por carecer de los  requisitos  señalados  en  los  artículos  264,  267  y  270  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

         En  lo  atinente  a  la  primera  objeción, el impugnante omitió  señalar  el  precepto  que  establece el requisito echado de menos en la prueba  cuestionada,  como  resultaba  ineludible  para  la  completa formalización del  ataque,  y  perdió de vista que el comentado análisis de laboratorio obedeció  a  una  solicitud  del galeno que atendió a Mosquera  Cabrera   con  ocasión  de  las  lesiones  por  él  sufridas   en   el  accidente.  Siendo  obvio,  entonces,  que  no  hubo  previa  ordenación  judicial,  su  incorporación  al proceso con fines probatorios fue  dispuesta  por  la  Fiscalía  durante  la  inspección  efectuada a la historia  clínica del acusado (fs. 29 y 39 cd. 1).   

         

         El  segundo  cuestionamiento  quedó reducido al simple enunciado,  pues   el   censor  se  conformó  con  citar  las  normas  medio  presuntamente  infringidas,  sin  señalar  de  qué  forma  fueron  soslayados  los requisitos  establecidos  en  ellas  para  la  procedencia  de la pericia, tratándose de la  estructura  del  dictamen,  así  como  para  la controversia de ese específico  medio de prueba.   

         4.  Además  de las impropiedades anteriores y afianzando la falta  de  vocación  de  éxito  del  cargo,  se  tiene  que  establecido el error, al  casacionista  le  corresponde demostrar su influjo en las conclusiones del fallo  impugnado,  exigencia  incumplida en el evento que se examina, donde el defensor  se    limitó    a    argüir,    de    manera    genérica,   la   “institucionalización”     de  “la    duda   acerca   de   la   veracidad   del  hecho”,  sin al menos indicar si tal incertidumbre  se  configuraba  en  relación con la materialidad del hecho punible, o sobre la  responsabilidad  del  acusado, o en lo atinente a la circunstancia agravante del  influjo de bebidas embriagantes.   

         Adicionalmente,  con absoluta falta de técnica, alegó a renglón  seguido  el  desconocimiento  del  principio  de  investigación  integral, pues  afirmó  que  los  funcionarios  judiciales  no  obraron con imparcialidad en la  práctica  de  la  prueba,  esto  es,  investigando  tanto  lo favorable como lo  desfavorable  para  el  imputado, reproche que debió plantear en forma separada  y  dentro de la causal tercera de casación.   

         En estas condiciones, la primera censura no prospera.   

         Segundo cargo.   

         Este ataque es formulado por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  que el demandante insinúa recayó sobre el  artículo  40-1º  del  Código  Penal  en cuanto describe el caso fortuito como  causal  de  inculpabilidad,  infracción  derivada  de  errores  de  hecho en la  apreciación  de  la  prueba,  según  afirma.  Pero por sus defectos técnicos,  también fluye carente de prosperidad.   

         1.  En  efecto  el  censor, perdiendo de vista que la casación no  constituye  una tercera instancia, se limitó a postular, en primer término, su  apreciación  personal sobre los testimonios recaudados en el curso del proceso,  a  través  de  la  cual  pretende  que  la  Corte le conceda preeminencia a las  declaraciones  rendidas  por  Haminton  Urrutia  Mendoza,  Juan  Guillermo  Mena  Palacios,  Maribel  Rivas, Argidio Córdoba Asprilla, Jairo Hernández Palacios,  Sigifredo  y  Gisela  Rivas Hinestroza, al igual que a las ampliaciones, quienes  apoyan  el  relato  exculpante del sindicado Mosquera  Cabrera,  frente  a  la  versión  acusadora de Yimy  Alexander  Vergara Castañeda, descalificada en la demanda de manera escueta por  su  contrariedad  con los testigos enunciados, atendiendo las circunstancias que  mediaron en la percepción del suceso investigado.   

         En  este  alegato,  que  desde ninguna  óptica   resultaba   viable   en   la   impugnación  extraordinaria,  pues  el  quebrantamiento  de  la  sentencia  de  segunda instancia, amparada por la doble  presunción   de  legalidad  y  acierto,  sólo  es  posible  a  través  de  la  demostración  de  errores  trascendentes, que el demandante no intenta siquiera  plantear  en  este  punto.  Perdió  además  de  vista  que  la responsabilidad  predicada    de   Mosquera   Cabrera   en  el  homicidio  culposo, no se fundamentó exclusivamente en la  declaración  del  citado  Vergara Castañeda, cuya credibilidad cuestiona, sino  también  en  las  versiones  iniciales  de  los  mencionados  testigos,  en  el  resultado  del  examen  de  alcoholemia  y  en  el  dictamen  pericial  sobre la  velocidad a que se desplazaba la motocicleta del acusado.   

          2.    En   otro  aparte  de  la  formalización   del  reproche,   el  censor  invocó  indistintamente  las  distintas  modalidades del error de hecho sobre unas mismas pruebas, incurriendo  por  ende en contradicciones insalvables. Adujo así que el sentenciador ignoró  las  declaraciones que desvirtuaban el relato acusador de Vergara Castañeda, no  diversas  de  las  relacionadas  atrás,  orientando  de  este  modo el desatino  endilgado  hacia  el  falso  juicio  de existencia; sin embargo, a continuación  admite   que  tales  testimonios  fueron  estimados  por  los  juzgadores,  pero  tergiversando  la  significación  probatoria  que  objetivamente concitan, para  acusar  entonces  de  manera  simultánea  e  incompatible  un  falso  juicio de  identidad, en manera alguna desarrollado.   

         En  todo  caso,  el defensor tampoco demostró la trascendencia de  estos  supuestos  desatinos,  como se exige para una fundamentación completa de  la  propuesta, al conformarse con esbozar su particular e interesada tesis sobre  la  forma  como  ocurrieron  los  hechos,  pero  sin intentar la valoración del  acervo  probatorio  incorporado al expediente soslayando los supuestos dislates,  para  evidenciar  por  esta vía el influjo que tuvieron frente a la resolución  de justicia contenida en el fallo impugnado.   

         3.   Los   desatinos  en  la  sustentación  del  reproche  no  se  restringen  a  las  deficiencias  técnicas  atrás   comentadas,  pues  se  reflejan  también,  con  no menor evidencia, al sugerir bajo esta misma censura  un  cargo  que  resulta excluyente, esto es, el vicio de actividad supuestamente  configurado  ante  la  omitida  ampliación  de  las  declaraciones  de  Vergara  Castañeda  y  Maribel  Rivas,  de  las cuales arguyó únicamente su pretendida  importancia para esclarecer lo acontecido.   

         Así  las  cosas,  tampoco  prospera  el  cargo,  por incompleto y  deficiente.   

         Tercer cargo.   

         La  censura final del demandante, elevada también al amparo de la  causal  primera  de  casación,  adolece  de  similares  deficiencias en materia  técnica.   

         1.  En primer término, la postura con la cual se pretende quebrar  la  legalidad  del  fallo  surge a todas luces incompleta, pues omitió señalar  las  normas  sustanciales  que habrían resultado infringidas de manera mediata,  así como el sentido de su quebranto.   

          2.   En   el  pretendido  desarrollo  argumentativo  del  reproche, con desmedro de la claridad y precisión exigidas,  el  defensor  dejó  traslucir  una  vez  más la confusión conceptual sobre el  ámbito  de  cada  una  de  las  diversas modalidades del error acusable en esta  sede,   para   plantear  simple  y  llanamente  una  serie  de  deshilvanadas  e  incongruentes   críticas  al  examen  de  alcoholemia  efectuado  al  sindicado  Mosquera             Cabrera.   

                El  censor  invocó el  error  de  derecho en la apreciación de tal prueba técnica, orientado hacia el  falso  juicio  de  convicción  por  cuanto  adujo  que se le confirió un valor  diverso  del  estatuido por la ley, pero que finalmente refundió con una de las  expresiones  del error de hecho, concretamente con el falso juicio de identidad,  al  alegar la tergiversación de su contenido material. Perdió de vista con tal  planteamiento,  además,  que  en  materia  penal no existe un sistema tarifado,  donde  la ley le asigne a las pruebas un valor determinado, sino que se rige por  la  apreciación  racional,  de  ahí  que  no  señalara  la disposición medio  supuestamente   infringida.               

         3. En otro aparte de la argumentación,  el  impugnante cuestiona la legalidad de la prueba de alcoholemia, por cuanto no  fue  ratificada por el bacteriólogo que la efectuó, sin señalar aquí tampoco  la  norma  que contempla la formalidad echada de menos en este reparo, en manera  alguna  establecida  para la aducción o formación de la pericia; de igual modo  y  acrecentando  el  total  abandono de la técnica que gobierna la impugnación  extraordinaria,  en  forma  paralela  se  traslada  a  la  controversia sobre la  credibilidad  concedida  en  los  fallos  de  instancia  al aludido resultado de  laboratorio,  cuya  eficacia  descalifica  por  la  fantasiosa contrariedad, que  trata  de  hacer  aparecer  frente a los análisis efectuados en el Instituto de  Medicina Legal.   

         4.  Por otra parte, insiste en afirmar, sin ningún rigor técnico  y  contrariando  la  realidad  constatada  en  las  diligencias, como se puso de  presente  al  responder  los  ataques  formulados  en idénticos términos en el  primer  cargo  de  la  demanda, que las muestras de sangre y orina del procesado  fueron   enviadas   en   forma   arbitraria   a   diversas   entidades  para  su  correspondiente  análisis;  de  igual  modo,  que los juzgadores no tuvieron en  cuenta  la  infirmación  de ese resultado positivo para la presencia de alcohol  en  la sangre del acriminado a través de las pruebas de Medicina Legal y con la  historia  clínica  de  Mosquera Cabrera;  así  como  la  ausencia  en  el  dictamen  cuestionado  de los  requisitos  contemplados  en  los  artículos  264,  267  y  270  del Código de  Procedimiento Penal, y su realización sin previa orden judicial.   

         5.   Finalmente,  diluyendo  aún  más  toda  posibilidad de  éxito  en  el  ataque  elevado,  el  censor  no  acreditó la incidencia de los  desaciertos  denunciados  en la apreciación del antedicho examen de alcoholemia  frente  a  la  responsabilidad  declarada  en  la sentencia impugnada, que en el  presente  caso no se fundamentó en la ebriedad del acusado exclusivamente, sino  también  en  las  demás  circunstancias  en  las  que conducía la motocicleta  accidentada,  a  partir  de  las cuales se estructuró el comportamiento culposo  reprochado.   

         Por  lo  anotado,  este  otro  cargo  tampoco  prospera,  y como a  conclusión  idéntica arribó la Sala tratándose de las restantes censuras, la  sentencia recurrida no se casará.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:   

         NO       CASAR       el      fallo  impugnado.   

         Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

Cúmplase.  

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL              JORGE   E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                      CARLOS                       AUGUSTO                       GÁLVEZ  ARGOTE           

JORGE     ANÏBAL      GÓMEZ  GALLEGO            ÉDGAR   LOMBANA  TRUJILLO   

No hay firma  

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN            NILSON   PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *