16453(24-07-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16453  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

      SALA    DE    CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS   

Aprobado Acta No. 084  

Bogotá  D.C.  veinticuatro (24) de julio de  dos mil tres (2003).   

Decide la Corte la casación interpuesta por  el    defensor   de   NELSON   DE   JESÚS   PINILLA  MATALLANA, contra la sentencia condenatoria de segunda  instancia  del  21  de  abril  de  1999  proferida  por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  que  confirmó  con  modificaciones  el  fallo  del   14 de diciembre de 1998 del Juzgado Veintiocho Penal del Circuito con  sede en esta capital.   

El     ad  quem    condenó    al    procesado    PINILLA  MATALLANA   a  13  años de  prisión  como responsable de homicidio cometido en estado de ira y porte ilegal  de  arma  de  fuego  de  uso  civil, confirmando las decisiones del a  quo  en  cuanto  a la interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso  de  10 años y el pago de los  perjuicios  ocasionados  con  la  muerte de JOSÉ ANTONIO ABELINO HURTADO. En la  sentencia  de  primer  grado  se  había  proferido  condena  por los delitos de  homicidio  simple  en  concurso  con el porte ilegal de arma de fuego de defensa  personal.   

HECHOS  

El  19 de mayo de 1993, en la tienda ubicada  en   calle   50B   número   11   A   –    05    del   barrio   ‘El  Playón  –  La   Playita’   de   la  localidad  de Tunjuelito de esta ciudad, JOSÉ ANTONIO ABELINO HURTADO departía  con  unos  amigos,  a  quienes la propietaria del establecimiento les exigió el  pago  de  la  cuenta  por  haberse  percatado que ABELINO HURTADO cogió algunas  botellas  de  cerveza  de  la  bodega y las colocó en la canasta de donde ellos  estaban sacando para consumir el licor.   

El incidente generó una  discusión en  la      que      intervino      NELSON  PINILLA  MATALLANA,  quien estaba  conversando  con JAVIER GIOVANNY BELTRÁN  MEDINA y la señora FLOR SALINAS  o  WILCHES  (la  tendera), increpando el comportamiento de JOSÉ ANTONIO ABELINO  HURTADO,  hecho  que generó un intercambio de agresiones verbales, involucrando  en  ellas  a  las  personas  que  acompañaban  a  éste último.  Ante las  ofensas  recibidas, PINILLA  MATALLANA  sacó un revolver  e  hizo  un  disparo  al  piso,  por  lo que ABELINO HURTADO le insistió que lo  hiciera  sonar otra vez, haciendo aquel una detonación más que dirigió contra  su  cuerpo,  penetrando la bala por el costado derecho, a la altura de la línea  media  anterior del epigastrio, lesionando tejido celular, músculos, peritoneo,  aorta  abdominal  y  vena  renal  izquierda, ocasionándose la muerte por anemia  aguda.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

La Fiscalía General de la Nación, a través  de  la  Fiscalía  39  Seccional  de  la  Unidad  de  Vida  con sede en Bogotá,  adelantó  diligencias  preliminares,  en la que se recibieron las declaraciones  de  JOSÉ JAVIER RUIZ CORREA, JOSÉ ARTURO CASTAÑEDA LEMUS, RAÚL MOJICA GÓMEZ  y  GUSTAVO  VARGAS,  amigos  del  occiso, quienes uniformemente admitieron haber  ingerido   cerveza   y   que   JOSÉ  ANTONIO  ABELINO  HURTADO  cogió  en  dos  oportunidades  cerveza  de la bodega de la tienda, presentándose una discusión  en  la  que  le  decía  a  quien le disparó que hiciera sonar el revólver que  había   sacado.   En  esta  fase  de  la  investigación  rindieron  igualmente  testimonio  CUSTODIA  BEJARANO  MOYA  (propietaria del local donde funcionaba el  establecimiento  en  el  que ocurrieron lo hechos) y PEDRO JULIO MORA (departía  con   el   occiso   pero   no  estuvo  presente  en  el  momento  del  desenlace  fatal).   

Las características comunes con las que los  declarantes  describen  al  autor  del hecho corresponden a un hombre trigueño,  crespo, con bigote, a quien ninguno conocía.   

Mediante resoluciones de fecha 1° y  30  de  junio  de  1993  la  Fiscalía  dispuso  oficiar al C.T.I. y al DAS para que  colaboraran   en   el   esclarecimiento  de  los  hechos,  especialmente  en  la  identificación       del      autor,      señalado      como      ‘PEDRO’, quien había residido en la calle 50  número 11 A 35 Sur.   

El  C.T.I rindió el informe número 752 del  31  de  agosto  de  1993   (fl.  49),  señalando la poca colaboración del  vecindario  para  suministrar  datos  sobre los hechos, que la propietaria de la  tienda  se  marchó  del  lugar  y el local de la calle 50 B número 11 A 05 Sur  donde   funcionaba   el  negocio  estaba  desocupado.  Lograron  establecer  los  investigadores  que  los  habitantes del inmueble ubicado en la calle 50 número  11  A 35 Sur conocen al homicida, a quien le tuvieron arrendada una habitación.  La  señora CUSTODIA BEJARANO, residente en la planta superior del citado local,  señaló  a  los  investigadores  que el día de los hechos oyó ruidos, gritos,  rotura  de  vidrios,   disparos, y que la persona que disparó vivió en el  sector y había entrado a la tienda por dos o tres veces.   

El DAS rindió el informe 25321 de fecha 9 de  diciembre  de  1993  (fl.  60  a  64). Los agentes entrevistaron al menor JAVIER  GIOVANNY  MEDINA  BELTRÁN,  a  quien  le  recibieron  declaración (quien ya lo  había  hecho  ante  el  instructor),  diligencia  en  la que admitió conocer a  “Pedro”,     su     esposa     ‘LINA’  y  sus  hijos,  por  haber  vivido  en  la  casa de sus padres, lugar de donde se fueron  luego  de   los  hechos,  señalando  que  había trabajado como celador en  ‘VICOL  LTDA’.  Los investigadores se trasladaron a  la  citada  empresa en compañía de MEDINA BELTRÁN y JAVIER RUIZ MEDINA, donde  después  de  revisar  las  hojas  de  vida  de los que habían estado laborando  señalaron  la  que  correspondía  a NELSON DE JESÚS  PINILLA  MATALLANA como la de quien dio muerte a JOSÉ  ANTONIO  ABELINO  HURTADO. El Representante legal de la entidad de celaduría en  mención    les    informó    que     PINILLA  MATALLANA había sido retirado por un problema con una  compañera  y  que tenía un revólver sin salvoconducto. Se anexó fotocopia de  la  hoja  de  vida,  una  fotografía del imputado y la declaración recibida al  citado menor.   

Mediante  providencia del 7 de enero de 1994  la  Fiscalía  39  Seccional  abrió  la  correspondiente  investigación penal,  vinculando  al  proceso  a  NELSON  DE JESÚS PINILLA  MATALLANA  por  el  procedimiento  de  declaratoria de  persona  ausente,  a  quien  le  resolvió situación jurídica, luego cerró la  investigación  y  el  6  de diciembre de 1995 calificó el sumario, acusándolo  por  los  delitos  de homicidio simple y porte ilegal de arma de fuego. La causa  correspondió  al  Juzgado  15  Penal  del  Circuito,  despacho  que después de  realizar  la  audiencia pública, el 8 de octubre de 1996 declaró la nulidad de  lo  actuado a partir la resolución de fecha 13 de octubre de 1995 (fl. 98), por  violación al derecho de defensa técnica.   

Reasignada  la  actuación a la Fiscalía 32  Seccional  de  la  Unidad  de Vida para subsanar las irregularidades que habían  dado  lugar  a  la  invalidación  referida en el párrafo anterior, procedió a  oír  en  indagatoria  a  NELSON  DE  JESÚS  PINILLA  MATALLANA  (fl. 202), quien había sido capturado el 9  de  marzo  de 1998. El 12 de marzo siguiente le impuso detención preventiva por  los  delitos  de  homicidio  simple  y  porte ilegal de arma de fuego de defensa  personal.  Practicadas  algunas pruebas, declaró cerrada la investigación y el  17  de junio de 1998 formuló resolución de acusación en contra de     PINILLA    MATALLANA  por  los delitos atribuidos al momento de resolvérsele situación  jurídica.  La calificación del sumario fue notificada por estado el 6 de julio  de 1998 y quedó ejecutoriada el 9 de julio siguiente.   

La  causa  fue  adelantada por el Juzgado 28  Penal  del  Circuito  con sede en esta capital, profiriendo sentencia de primera  instancia,  confirmada  y   modificada luego por el Tribunal de Bogotá, en  los términos  ya indicados.   

El  defensor del procesado interpuso recurso  de   casación,  el  que  procede  a  resolver  la  Sala  en  esta  oportunidad.   

LA  DEMANDA   

Cargo único.  

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo  del  artículo  220  del  C.P.P.  anterior, el demandante atribuye a la  sentencia  proferida  en  segunda  instancia por el Tribunal Superior de Bogotá  haber  incurrido en error de derecho por falso juicio de legalidad, al otorgarle  mérito  al  informativo  del DAS (fls. 60 a 63 del cd. 1) cuando no reunía los  requisitos exigidos por el precepto que establece su rito.   

La  base  fundamental  de  los  fallos  de  instancia  fue  el  informe  del  DAS,  el  que  se  construyó  a  partir de un  “RECONOCIMIENTO  FOTOGRÁFICO”  practicado a las hojas de vida de la empresa  de  vigilancia  “VICOL  LTDA”,  mediante un procedimiento que desconoció el  artículo  369  del  C.P.P. Con base en los resultados obtenidos a través de la  actuación  irregular  señalada,  el  DAS indicó como autor del homicidio y el  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  a NELSON DE JESÚS  PINILLA   MATALLANA,  quien  estuvo  desprotegido  de  defensa  en  la  diligencia  de  reconocimiento  a  que  se  ha  hecho mención.   

Al  informe  del  DAS  y  el  reconocimiento  fotográfico  se  le  dio “la fuerza probatoria que la ley le niega por violar  expresamente   la  norma  reguladora  del  procedimiento  de  reconocimiento  de  las  fotografías”.    

Con  posterioridad  al  fallo  de  segunda  instancia,  el  artículo  50  de la ley 504 de 1999, que modificó el artículo  133   del   C.P.P.,  le  restó  todo  valor  probatorio  al  informe  del  DAS,  disposición  que  por  su  contenido  favorable  a  la situación jurídica del  inculpado,   tiene  aplicación  en  el  asunto  sub  judice  para  los  efectos  demandados.   

Sin  la  prueba irregularmente practicada el  fallo  hubiese sido absolutorio, el mismo Tribunal transcribe la versión de los  testigos  que al unísono dicen no reconocer a PINILLA  MATALLANA  como el autor de  los hechos por los cuales fue condenado.   

Denuncia como normas violadas los artículos  26,  323,  29  de  la  ley  40  de  1993, 1° del decreto 3664 de 1986 y 369 del  C.P.P.   

Solicita  casar  el  fallo  impugnado  para  absolver al procesado de los delitos por cuales fue condenado.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

En  concepto del Procurador Segundo Delegado  en  lo  Penal, no se debe casar la sentencia impugnada, por las  siguientes  razones:   

1. La investigación estuvo orientada por la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  comisionando  al  C.T.I.  y al DAS para la  identificación  e  individualización  del  autor  de los hechos, a quien se le  conocía  como  “Pedro”  y  que  vivió  en  la  casa ubicada en la calle 50  número 11 A 35 Sur.   

2.  Los  organismos  de  policía  judicial  cumplieron  sus  actuaciones  conforme  a las normas vigentes en ese entonces, y  sus  informes  no  fueron los únicos que suministraron datos sobre el homicida.  La  Fiscalía  y  los  fallos  de  instancia  además  de  apreciar  las pruebas  practicadas  por  dichos  organismos, dentro sus facultades, antes de la ley 504  de  1999, halló en las declaraciones recibidas, la fotocopia de la hoja de vida  de    PINILLA   MATALLANA  y  su  fotografía,  la  prueba necesaria para obtener  certeza sobre la responsabilidad penal del incriminado.   

3. El censor confunde el señalamiento hecho  por  el menor con la prueba de reconocimiento. Hasta ese momento no existía una  persona  identificada  ni individualizada como autora del hecho, luego mal puede  exigirse  en  esas circunstancias la presencia de un abogado y el agotamiento de  los    presupuestos    establecidos    por   el   artículo   369   del   C.P.P.  anterior.   

4. El fundamento de la sentencia proferida en  contra  de PINILLA MATALLANA  no  fue  el  informe  de  Policía  Judicial  sino las  pruebas  legítimamente  practicadas por el DAS, la Fiscalía y el Juzgado en la  causa,  por  lo  que  el  censor  no logró con el cargo propuesto desquiciar la  legalidad de la providencia acusada.   

CONSIDERACIONES DE  LA CORTE   

                           I. Aspectos de  técnica.   

                            1. Autonomía  de los motivos de casación.   

                                                 El  recurrente  atacó  la  sentencia  proferida  por el Tribunal de  Bogotá  atribuyéndole falso juicio de legalidad, radicando el origen del yerro  en  la  apreciación  del  informe  rendido  por  el  DAS  y en la diligencia de  reconocimiento  fotográfico  que  los agentes de Policía Judicial practicaron,  sin cumplir las exigencias del artículo 369 del C.P.P. anterior.   

                                                 Al  invocar  el censor, para la apreciación del informe del DAS, la  aplicabilidad  por favorabilidad del artículo 50 de la ley 504 de 1999, el cual  niega  valor  probatorio  en  los procesos penales a los informes de la policía  judicial  y  las  versiones  de los informantes, no está haciendo otra cosa que  aducir  un  argumento de prueba tarifada, el que solamente es dable reclamar por  la  vía del falso juicio de convicción, por lo que la referida fundamentación  resulta  ajena  al  falso  juicio  de  legalidad  atribuido  al fallo de segundo  grado.   

                             Aduce el impugnante en el desarrollo del  reproche,  como  fundamento de su petición de absolución del procesado, que su  inocencia  se  soporta en los testigos transcritos en la decisión del Tribunal,  quienes      no     reconocieron     a     PINILLA  MATALLANA  como el autor del homicidio por el cual fue  condenado,   argumentación   que  de  haberse  persistido  en  mantenerla  como  fundamento  de  la pretensión, ha debido hacerse a través del error de hecho y  no  como  se  postuló en este caso como un argumento para demostrar un error de  derecho.   

                                  En  la  propuesta,   desde   luego,  el  demandante  involucra  críticas  que  dada  su  naturaleza  corresponden  a  un  error de derecho por falso juicio de legalidad,  pues   censura   la  práctica  e  incorporación  de  una  supuesta  prueba  de  reconocimiento  fotográfico  en  la  que intervino como testigo el menor JAVIER  GIOVANNY BELTRÁN MEDINA.   

La autonomía de los motivos de casación es  principio  de  imperiosa  observancia  en  la  demanda por parte del censor, por  cuanto  que  la  naturaleza diferente de aquellos impone un desarrollo y alcance  específico   en   cada   caso   en   particular,  resultado  ilógico  y  hasta  contradictorio,   intentar  demostrar  el  cargo  aducido  con  fundamentos  que  corresponden a un error diverso al anunciado.    

Es   evidente   que  al  falso  juicio  de  convicción   y  al  falso  juicio  de  legalidad,  así  planteados,  como  las  referencias  que  corresponden  al  error  de  hecho,  el  demandante les da una  configuración  tal  que  los refunde en uno solo, argumentación incomprensible  en un recurso preciso y coherente como es el de casación.   

                             2.  Cargo  incompleto   

                                               El  reproche a la decisión del Tribunal con base en la apreciación  del  informe  rendido por el DAS, parte de un supuesto equivocado. No es cierto,  en  efecto,  que el fundamento probatorio de la sentencia fuese ese trabajo  investigativo  de  los agentes de la policía judicial, pues de él se derivaron  elementos  de  juicio  que  se  sumaron a otros determinando la orientación del  fallo  de  condena,  a  los  cuales  hicieron  alusión,  tanto  el a     quo    como    el    ad  quem,  decisiones que en esta materia  se  integran  en  virtud  del principio de unidad jurídica. Esta conclusión se  deduce  de las referencias contenidas en las citadas providencias y a las cuales  se hace alusión en los párrafos siguientes.   

                                                 El  Tribunal  cuestionó  las  declaraciones  de  JOSÉ  JAVIER RUIZ  CORREA,  JOSÉ  ARTURO  CASTAÑEDA  LEMUS, RAÚL MOJICA GÓMEZ y GUSTAVO VARGAS,  entendiendo  que  su  versión  fue  “producto  del  acuerdo”,  pues  fueron  renuentes  en  suministrar  la  información necesaria para identificar al autor  del  hecho.  Las razones de su comportamiento procesal las encuentra en el hecho  de  omitir  referencias  o  negar  situaciones  relacionadas  con el suceso, por  ejemplo  CASTAÑEDA  LEMUS  negó la reyerta previa a los disparos, la dueña de  la  tienda  desapareció del lugar, al igual que el homicida, su esposa e hijos.  Aún  el  testigo  principal,  JAVIER  GIOVANNY  BELTRÁN MEDINA en un principio  viajó  a Chinauta. Además explicó el Juzgado Penal del Circuito que resultaba  entendible  que quienes departieron con el occiso no hubiesen identificado en la  causa   al  procesado,  pues  lo  hechos  habían  ocurrido  en 1993 y solo  volvieron  a  tener  contacto  con  él   el  26 de noviembre de 1998 en la  audiencia pública.   

                              Sostiene el  Tribunal  que  el  círculo  indiciario  y  de  pruebas  de  cargo en contra del  procesado, se cierra con las siguientes apreciaciones:   

                                                 JOSÉ  JAVIER RUIZ CORREA en la audiencia pública sostuvo que nunca  admitió  haber  estado  en capacidad de reconocer a quien disparó en contra de  ABELINO  HURTADO,  sin  embargo JAVIER GIOVANNY BELTRÁN MEDINA  aceptó en  declaración  rendida  bajo  juramento  en  el  debate  oral (fl. 41) que estuvo  reconociendo  en  fotografía  al homicida con otra persona que se encontraba en  la  tienda  la  noche de los hechos, lo cual coincide con el informe del DAS, en  el sentido de que ese otro acompañante era RUIZ CORREA.   

                                                 La  prueba  testimonial permitió conocer que el autor del homicidio  estaba  acompañado  por  un joven, siendo éste identificado por la propietaria  del  inmueble  CUSTODIA  BEJARANO  (fl.  35  y  ss  y 80 y ss), agregando que el  homicida  vivió  en  la  casa  de  los padres del menor JAVIER YOVANNY BELTRÁN  MEDINA.  Éste  fue  ubicado  en  su residencia de la calle 50 No. 11 A  35  Sur,  quién al declarar en una primera oportunidad nombra a “PEDRO” como el  responsable  del  hecho,  callando  el  hecho  de  haber  compartido  la morada.   

                                                 El  DAS  al  entrevistar nuevamente a JAVIER YOVANNY MEDINA BELTRÁN  obtiene  su  colaboración,  así  como  la  de  JAVIER RUIZ CORREA, logrando la  identidad  de  PINILLA  MATALLANA a través de una hoja de vida en la empresa de  celaduría  donde  había  trabajado  éste, la cual fue aportada al expediente,  así  como  una fotografía y la declaración de MEDINA BELTRÁN  en la que  ratificó  sustancialmente  los  datos suministrados en el informe, relacionados  con el autor del crimen.   

                                                 El   menor   suministró  el  nombre  de  LINA  como  la  esposa  de  ‘PEDRO’,  nombre con el que cual el procesado  admite se conoce a su cónyuge DERNINA BERNAL (fl.35 y 36).   

                                                 El        sujeto        identificado        como        ‘PEDRO’  por  los  testigos  fue el mismo que  trabajó    en   ‘Vicol  Ltda’,   hecho  que  en  principio  no  admitió el incriminado, suministrando el nombre de otra empresa,  y    que    finalmente   se   constató   que   se   trataba   de   NELSON   DE   JESÚS  PINILLA  MATALLANA,  según   los datos suministrados por JAVIER YOVANNY MEDINA, persona aquella  que  CUSTODIA  BEJARANO  vio  en  la  tienda  con  el arma en la mano y de quien  señaló  la casa en donde vivió con su esposa y sus hijos. Aunque el procesado  no  aparece  con  bigote en la fotografía aportada por el DAS, en su cédula de  ciudadanía  aparece  así,  con  estatura de 1.66, color trigueño y natural de  Pauna ( Boyacá ).   

                              Se trajo al  proceso  la  declaración de ODILIO  CASTELLANOS PEÑA, quién afirma haber  conocido           a          ‘PEDRO’  y  su  esposa  que  se llama CARLINA o CAROLINA, quienes vivían en la ‘Playita’  en la casa de un señor ‘ALVARO’,  estableciéndose  en el proceso que  éste  es  el  padre  de JAVIER YOVANNY BELTRÁN MEDINA (fl.57). En la audiencia  pública  el  testigo negó que aquéllos coincidan con NELSON DE JESÚS PINILLA  y  su  esposa.  Refiere  el  declarante  que  nació en Pauna (Boyacá) y que no  conoce  al  procesado,  ignorando la identidad de quien le entregó la boleta de  citación  para  concurrir a declarar. El Tribunal con base en esta información  y  el  testimonio de la esposa del sindicado, señala que ésta última es quien  termina  dando  los  supuestos reales para dimensionar la declaración de ODILIO  CASTELLANOS,  en cuanto al montaje para proteger al procesado, pues ella afirmó  en  su  declaración  haber  ido  hasta  el  lugar  donde  trabajaba ODILIO para  averiguarle    acerca    de   la   casa   donde   había   vivido   ‘PEDRO’,  habiéndole  confirmado  aquél  el  sitio donde residió la persona señalada como autor del hecho.   

                                                 La  anterior  apreciación  probatoria  que no fue cuestionada en la  censura  y  que  por  tal  motivo no pueden ser ahora examinados, dados tanto la  naturaleza  rogada  del  recurso  como  el  principio de limitación que rige la  competencia  de  la  Sala  en  estos  casos, torna la demanda de casación en un  escrito  incompleto,  toda  vez  que  limita  el  reparo  a  uno  de  los medios  recaudados  y  deja  en  pie  los demás elementos de juicio que hacen parte del  caudal  probatorio examinado por el Tribunal, los que por su contenido y alcance  son  suficientes para mantener incólume el compromiso de carácter penal que se  le ha atribuido al procesado en el fallo recurrido.   

                                                 En  tales  condiciones, era elemental que la censura comprendiera en  su  totalidad  el conjunto probatorio que indujo al ad  quem  a  optar por la decisión cuestionada. Un ataque  así  formulado  resulta  inocuo  en  la  medida en que la solidez de los demás  factores  que  incidieron  en  el  fallo  impiden que éste se rompa legalmente.   

La  falta  de  objetividad  al  asumir  el  recurrente  el  contenido  de  los fallos de instancia y el ataque, convierte el  fundamento  del  cargo en otra perspectiva en la valoración de las pruebas, con  la  que  se  critica  simplemente la realizada por el juzgador, pasando por alto  que  el  juicio  que  se hace en casación es a la sentencia y jamás constituye  una  prolongación  del  debate  sostenido  en  las  instancias.  Este  tipo  de  argumentación,  al  que  se  acudió  en  la  demanda,  carece  de entidad para  estructurar  error  sobre  el  cual  se pueda edificar el reproche en casación,  porque  el  análisis  realizado  por  el  fallador corresponde al ejercicio del  poder   discrecional   conferido   a  él  por  la  ley,  en  consecuencia,  sus  conclusiones  probatorias  prevalecen,  por  llegar  la  sentencia  a  esta sede  amparada por la doble presunción de acierto y legalidad.   

         

                             3. Decisión  ajustada a derecho.   

                                               Las   situaciones   objetivas  que  se  dieron  a  conocer  por  los  investigadores  del DAS se sustentaron en las informaciones suministradas por el  joven  JAVIER  GIOVANNY BELTRÁN MEDINA, quien había declarado en el proceso en  diligencia  realizada el 20 de octubre de 1993, misión que fue cumplida por los  agentes  con  previa orden y dirección del Fiscal instructor. Valga aclarar que  los   hechos   que  dio  por  demostrados  el  fallador  no  se  sustentaron  en  indagaciones   con   terceros   indeterminados,   ni   en  conjeturas,  sino  en  circunstancias  materialmente  idóneas,  fundadas en pruebas circunstanciales y  directas,  como  el  testimonio  del citado menor, las declaraciones de CUSTODIA  BEJARANO  MOYA,  ODILIO  CASTELLANOS  PEÑA, la esposa del procesado, la hoja de  vida  del  incriminado,  la recriminación a la versión de los contertulios que  departieron  con  la  víctima  la noche de los hechos y la indagatoria, pruebas  que  fueron  examinadas en su conjunto, de manera articulada, mediante un juicio  ajustado  a  las  reglas  de  la  sana crítica y que permitió a los falladores  concluir   con  certeza  acerca  de  la  autoría  y  responsabilidad  penal  de  PINILLA   MATALLANA  en  la  muerte de JOSÉ ANTONIO ABELINO HURTADO.    

                                     Las  garantías  procesales  en  cuanto  al rito  relacionado  con  el  decreto,  práctica y aducción de las pruebas, directas e  indirectas,  que sirvieron de fundamento a los fallos de instancia para condenar  a  NELSON  DE  JESÚS  PINILLA  MATALLANA,  fueron  acatadas  por  los funcionarios judiciales que conocieron  del  la  actuación  penal.  La  prueba documental, testimonial e indiciaria fue  conocida   y   los   sujetos   procesales  gozaron  de  las  oportunidades  para  controvertirla,   como   efectivamente   lo   hicieron   el   procesado   y   su  defensor.     

                                                 En  consecuencia la presunción de inocencia a favor de PINILLA  MATALLANA  en  este  proceso fue  desvirtuada  con  pruebas  legal y regularmente aportadas al proceso, diferentes  al  informe  del  DAS,  como  se  colige  de  las  referencias hechas al soporte  probatorio de los fallos de instancia.   

                              II.  El  reconocimiento  fotográfico.   

                             

                                                 No  le asiste razón al actor en cuanto a la ilegalidad del supuesto  reconocimiento  fotográfico, que sostiene fue practicado por los investigadores  del  DAS  con  la  intervención  de los testigos JAVIER GIOVANNY MEDINA y JOSÉ  JAVIER  RUIZ  CORREA,  actuación  que  se  cumplió  en  las  instalaciones del  ‘VICOL  LTDA  sobre  las  hojas de vida de quienes habían laborado en dicha entidad.   

                                     La  reclamación  del  casacionista  ninguna  trascendencia  tiene,  pues  el DAS no  practicó  ninguna prueba de reconocimiento a través de fotografías, otra cosa  es  que, como con acierto lo señala la Delegada, en la labor de investigación,  los  testigos  hubiesen  hecho  ante los agentes el señalamiento de una persona  vinculada  con  una  de las hojas de vida que se les puso de presente, hecho que  solo  hasta  ese  momento orientó a las autoridades judiciales y sus auxiliares  acerca  del nombre, apellidos, documento de identidad, características físicas  y  demás  datos  que  determinaban concretamente al imputado, lo cual permitió  proferir luego resolución de apertura de investigación.   

                                                 La  actuación cumplida por el DAS con los testigos, en realidad, no  es  un reconocimiento fotográfico en los términos del medio de prueba regulado  por  el  artículo  369  del  estatuto  procesal  penal  anterior, fue apenas un  procedimiento  de  constatación para verificar la información suministrada por  JAVIER  GIOVANNY  MEDINA en el sentido de si la persona citada como ‘PEDRO’,    más    no    identificada   ni  individualizada  en  la fase preliminar del proceso, había estado trabajando en  VICOL  LTDA.   

                                                Entonces,   si  los  investigadores  pretendían  individualizar  al  imputado,  cuya  identidad  se  desconocía,  no  les  era  posible  cumplir las  exigencias  que  el  demandante  extraña, en cuanto al número de fotografías,  semejanza  de  los rasgos, presencia del Ministerio Público, requisitos que sí  han  de  observarse  cuando  se  incrimina  a  una  persona  determinada, que es  supuesto  obligado  para  el  reconocimiento en fila de personas y fotográfico,  regulados  en  los  artículos 367, 368 y 369 ibídem. Tampoco resultaba lógico  nombrar  defensor,  pues tal designación en abstracto no puede hacerse, dada la  falta   de  certeza  a  ese  momento  acerca  de  la  persona  que  ejecutó  el  delito.   

                                                 Hay  que  subrayar  que  la Policía Judicial actuó precedida de la  orden  y  coordinación  del Fiscal instructor, despacho éste que los autorizó  para  identificar  al  autor  de la conducta punible investigada, delegación en  desarrollo  de  la  cual obtuvieron la hoja de vida, una foto del procesado y la  declaración  del  menor  JAVIER  GIOVANNY,  actuación que no está comprendida  dentro  de las excepciones enunciadas en el inciso segundo del artículo 313 del  C.P.P.,  referidas  a  las “capturas, allanamientos,  interceptación  de  comunicaciones, actividades que atenten contra el derecho a  la  intimidad,  o  vinculación de imputados mediante indagatoria o declaratoria  de   persona  ausente”,  reservadas  éstas  sí  al  respectivo fiscal.   

                                               En  síntesis,  el alegado falso  juicio  de  ilegalidad  resulta  infundado, dado que los funcionarios del DAS no  practicaron  prueba  de  reconocimiento  fotográfico,  por  lo  que no es dable  exigir  en  su  actuación las solemnidades que la ley establece en el artículo  369 del C.P.P. para la válida aducción de la prueba comentada.   

III.      Prescripción.    

                                  La  legislación  penal  vigente  al  momento de la consumación del delito (Decreto  100  de  1980), establece que la acción penal prescribe en un término igual al  máximo  de  la  pena  fijada  en  la ley como privativa de la libertad, pero no  puede  ser  inferior  en  ningún  caso  a  cinco  años  ni  exceder de veinte.   

El  delito de porte ilegal de armas de fuego  imputado  al  procesado  está  previsto  en el artículo 201 del C.P. anterior,  modificado  por  el  D.L.  3664  de  1986,  que prevé una sanción de uno (1) a  cuatro (4) años de prisión.   

Los  hechos  ocurrieron  el  19  de  mayo  de 1993. La investigación fue calificada el 17 de  junio  de  1998  (fl. 254), providencia que quedó ejecutoriada el 9 de julio de  1998  (fl.  261v),  sin  que  la  actuación  registre  en  la etapa del sumario  situación  que  permita  considerar la suspensión del término prescriptivo de  la acción.   

                                          Corolario  de  lo  dicho,  es que desde la fecha de la consumación  del  delito de porte ilegal de arma de fuego de defensa personal y la ejecutoria  de  la  resolución  de acusación, transcurrieron cinco (5) años, un (1)   mes   y  29  días, por lo que la potestad punitiva del Estado en el asunto  relacionado  con  el  citado  delito  de  peligro común imputado a PINILLA  MATALLANA se había extinguido,  por  prescripción de la acción en la fase sumarial. Así lo declarará la Sala  ordenando cesar el procedimiento en favor del acusado.   

                                                    Como  consecuencia  de  la  prescripción  a  que  se viene  haciendo  referencia,  se deducirá de la pena el monto que el Tribunal aumentó  por  razón  del  concurso heterogéneo con el delito de porte ilegal de arma de  fuego  de  defeca  personal,  la  que  fue de 6 meses de prisión, por lo que la  sanción  privativa  de la libertad impuesta se reduce de 13 años de prisión a  doce  (12) años y seis (6) meses, manteniéndose en firme las demás decisiones  adoptadas.    

Los ajustes punitivos que pudieren derivarse  de  la  aplicación  por  favorabilidad  de los preceptos de la ley 599 de 2000,  deben  ser  considerados  por  el  correspondiente Juez de Ejecución de Penas y  Medidas de Seguridad (artículo 79-7 L. 600 de 2000).   

La  presente  providencia  no admite recurso  alguno  y  como  no  sustituye  la  sentencia  recurrida,  de conformidad con el  artículo  187  del  actual  código  de  procedimiento penal (197 del anterior)  queda  ejecutoriada  el  día  en que la suscriban los magistrados de la Sala de  Casación Penal.   

En mérito de lo expuesto la Corte Suprema de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Penal, administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

                                RESUELVE   

                            1.  Declarar  prescrita  la  acción penal  dentro  del  proceso  que por el delito de porte ilegal de arma de fuego de  defensa   personal   se   venía   adelantando   en   contra   de   NELSON  DE  JESÚS  PINILLA MATALLANA, de  conformidad  con  lo expuesto en la parte motiva de esta providencia, por lo que  se   ordena   cesar   el   procedimiento   a  favor  de  aquél  por  el  citado  ilícito.   

En  consecuencia,  la pena privativa de la  libertad  por  el  delito contra la vida impuesta en el fallo proferido el 21 de  abril  de  1999  por el Tribunal de Bogotá corresponde a doce (12) años y seis  (6) meses de prisión.   

2.  No  casar la sentencia impugnada, de fecha,  origen y contenido consignados en esta providencia.   

Cópiese,   comuníquese,  devuélvase  y  cúmplase    

  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS   

Comisión    de  servicio   

  HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE            

  JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO               

  ALVARO O. PÉREZ PINZÓN               MARINA   PULIDO  DE  BARÓN            Aclaración   de  voto   

  JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS             MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

           

           

    

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