16434dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16434  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.   JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

Aprobado acta N° 213  

Bogotá D.C., diecinueve (19) de diciembre de  dos mil (2000).   

          V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  OMAR ENRIQUE ARBOLEDA SERNA.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.-   Fueron resumidos por el Tribunal,  de la siguiente manera:   

“El  día 19 de febrero de 1997, a eso de  la  una y treinta de la tarde, varias personas se dedicaban a la venta callejera  de  cuadros  en el barrio La Camila de la municipalidad de Bello (Ant.). Tocaron  la  puerta  de  la  familia  Gómez  Osorio, demarcada con el Nro. 42 E 13 de la  Avenida  36  BB.  Acudió al llamado Juan Fernando Gómez Osorio. En ese preciso  instante  un  sujeto  hizo  algunos  disparos,  siendo  alcanzado Juan Fernando,  razón  por  la  cual  fue  recogido  por  su hermana Claudia Patricia, quien lo  trasladó  a  un centro asistencial en procura de atención médica, pero llegó  sin vida.”.   

2.-   El Juzgado 3° Penal del Circuito  de   Bello,  mediante  sentencia  del  17  de  noviembre  de  1998,  condenó  a  OMAR    ENRIQUE    ARBOLEDA    SERNA   a  la  pena  principal  de  45  años y 6 meses de prisión y a las  accesorias  de  rigor,  como  autor de los delitos de homicidio agravado y porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

Apelado el fallo por el defensor, el Tribunal  Superior  de  Medellín,  mediante  sentencia  del  1°  de  junio  de  1999, lo  confirmó en su integridad.   

Contra  esta sentencia su defensor interpuso  el recurso extraordinario de casación.   

         LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Un  único  cargo  formula  el  demandante,  amparado  en  la  causal  tercera  de que trata el artículo 220 del C. de P.P.,  invocando  la  “inobservancia”  del  debido  proceso  y  del  derecho  a  la  defensa.   

Cuestiona  a  los  falladores  de  primera y  segunda  instancia  por  no  haber “asegurado” ni “garantizado”, por los  medios  que la ley otorga, la práctica de un reconocimiento en fila de personas  solicitado  por  el procesado, con lo que, en su criterio, se hubiera demostrado  su inocencia.   

Considera que a los testigos que efectuarían  el  reconocimiento  no  se  les  prestó  la  protección policial o aseguró su  conducción, para lograr que se llevara a cabo la diligencia.   

Con esto, sostiene el libelista, se violó el  preámbulo  y  el  artículo 29 de la Constitución Política, situación que es  “reconocida”  por  el  fiscal  acusador  y el juzgador de primera instancia,  haciéndose  a  un  lado  el inciso quinto de esta disposición que contempla la  inexistencia  de  la  prueba  cuando  para  su  práctica  se  viola  el  debido  proceso.   

Por  lo  anterior,  solicita  se  case  la  sentencia     y    se    decrete    la    nulidad    a    partir    –inclusive-  del  auto  que  cierra la  investigación  para  que  se  practique el reconocimiento en fila de personas y  “COETÁNEAMENTE” se conceda la libertad provisional.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  presentada  por  el defensor no  reúne  los  requisitos de claridad y precisión que estatuye el numeral 3° del  artículo 225 del Código de Procedimiento Penal para su admisión.   

En efecto, entre los desatinos en que incurre  y  que  impiden  un  estudio  de  fondo, se destaca que confunde los derechos al  debido  proceso  y  a  la  defensa,  sin  percatarse  que  han  sido  claramente  diferenciados  por  la  ley y la jurisprudencia, pues en el primer caso se está  en  presencia  de  un  vicio  de  estructura  y  en el segundo de garantía, sin  desconocer  que  hay  eventos  excepcionales  en  que  con  la  irregularidad se  quebrantan   los   dos,  sin  que  el  censor  evidencie  que  ello  aquí  haya  ocurrido.   

Así  mismo, no muestra de qué manera el no  haberse  practicado  la  prueba  que  echa  de  menos, socavó la estructura del  proceso  o  afectó  las garantías del procesado, limitando la argumentación a  afirmar,  simplemente,  que  no  se  llevó  a cabo por omisión imputable a los  funcionarios judiciales que participaron del proceso.   

Así  mismo,  no  señala  en qué medios de  convicción  se  sustentó  la  sentencia  impugnada  ni,  por lo tanto, de qué  manera  la  práctica  de la prueba que extraña hubiera cambiado el sentido del  fallo.   

Ante estos desatinos, es preciso reiterar que  aunque  los  cargos  aducidos  con  base  en  la  causal tercera permiten alguna  amplitud  para su proposición y desarrollo, el escrito en que se postulan no es  de  libre  formulación  sino  que, como en las demás causales, deben cumplirse  unos  insoslayables  requisitos,  cuya  inobservancia  impide la admisión de la  demanda,   sin  que  la  Corte  pueda  suplirlos  en  virtud  del  principio  de  limitación  que rige la casación, por lo que el rechazo de la misma se impone,  al tenor del artículo 226 del C. de P. Penal.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

RECHAZAR IN LIMINE  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  OMAR   ENRIQUE   ARBOLEDA   SERNA.   En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso (art. 197 del C. de P.P.).   

Devuélvase al Tribunal de origen.  

Comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA  RIPOLL                                            JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE                             JORGE    ANIBAL    GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                          CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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