16723ago

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nºº 16723  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

Aprobado Acta No. 141  

          Bogotá,  D.  C.,  veintitrés  (23)  de  agosto  del  año  dos mil  (2.000).   

VISTOS  

         

          Se  pronuncia  la  Corte  sobre  las  peticiones  formuladas  por el  defensor    del    señor    CARLOS   DAVID   BARRERA  GARCES, en los memoriales que anteceden.   

         

ANTECEDENTES   

          El  3  de  diciembre de 1999,  el señor Ministro de Justicia y  del  Derecho  le comunica a  esta Corporación, con oficio No. 0793, que el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América, a través de su Embajada   en   Colombia,   por   Nota   Verbal  No. 1067 del 7 de  octubre  de  1999, solicitó la detención provisional con fines de extradición  del    ciudadano   CARLOS   DAVID   BARRERA   GARCES,  para  cuyo  cumplimiento  la  Fiscalía  General de la  Nación  libró  la  respectiva orden de captura, mediante resolución del 11 de  octubre  de  1999, que  se hizo efectiva el 13 siguiente por miembros de la  Dirección de la Policía Judicial.   

          Señala,  así  mismo,  que  la  Embajada  de  los Estados Unidos de  América  formalizó la solicitud de extradición, mediante Nota Verbal No. 1216  del  1º.  de  diciembre  de  1999,  en  la  que  hizo  llegar la documentación  debidamente   traducida  y  autenticada,  y  que  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,    con   oficio   No.   OJ.   E.   35392  de  la  misma  fecha,  conceptuó   

             “…  que  por  no  existir  Convenio aplicable al caso es  procedente  obrar  de  conformidad  con  las  normas  pertinentes del Código de  Procedimiento Penal Colombiano”.   

          Por  lo  anterior, y para los fines establecidos en el artículo 555  del  Estatuto  Procedimental penal, remite a esta Corporación la documentación  presentada por la Embajada de los Estados Unidos de América,   

            “debidamente  legalizada,  teniendo  en cuenta que se encuentran  reunidos   los   requisitos  formales  exigidos  en  las  normas  aplicables  al  caso”.   

         

          Recibidas  las  diligencias,  se  dio el traslado de rigor al señor  BARRERA  GARCES  y  al  letrado que lo representa, al tenor de lo previsto en el  artículo 556 del Código de Procedimiento Penal.   

         

          El  señor  apoderado solicita a la Sala se ordene la devolución de  las  diligencias   al Ministerio de Justicia, para que por su intermedio se  haga  llegar  al  Ministerio  de  Relaciones Exteriores, con la finalidad de que  éste  despacho le dé cabal cumplimiento a lo ordenado por el artículo 552 del  Código  de Procedimiento  Penal.   

         

          Indica  que  dada  la  importancia  del  concepto que debe rendir el  Ministerio  de  Relaciones  exteriores y la imposibilidad de procurar su control  mediante  el  ejercicio  de acción alguna de tipo jurisdiccional, resulta claro  que  esta  fase  del  procedimiento  es la única oportunidad que  tiene la  persona  cuya  entrega  se  solicita   para  poder  ejercitar una actividad  procesal.   

          Por   ello,   pide   a   la   Corte   que  demande  a  los  órganos  administrativos  el  ejercicio  correcto  de  sus competencias, pues no puede la  Corporación  legitimar la actividad espuria de tales órganos, cuando éstos no  se  han  ajustado  a los precisos y estrictos términos de la Constitución y la  leyes,  como  sucede  con  el  concepto  emitido por el Ministerio de Relaciones  Exteriores,  el  cual  se resiente de dos importantes defectos. Uno, la falta de  competencia   del  señor  Jefe  de  la  Oficina  Jurídica  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores para emitir el concepto   previsto en el citado  artículo  552  del  C.  de  P.  P.,  razón  por la cual no puede ser tenido en  cuenta,  so  pena  de incurrir en violación al debido proceso; y el otro, falta  de  motivación  del  mismo;  considera  que  tal  omisión conduce incluso a la  declaratoria de nulidad de dicho acto administrativo.   

          Estima  que la debida motivación del concepto se tornaba imperiosa,  habida  cuenta  que  el  propio  titular del Ministerio de Relaciones Exteriores  reconoció,  mediante  oficio del 6 de diciembre de 1999, dirigido al Secretario  General  de  la Comisión Segunda del Senado de la República, que el tratado de  extradición   de   1979,  suscrito   entre   los   Estados   Unidos       de       América       y    la    República   de Colombia, se encuentra vigente a nivel  internacional,  aspecto  sobre el cual también se pronunció el Consejo de  Estado  el  31  de  marzo  de  1987;  además,  considera  que de acuerdo con el  artículo  224  de  la  Constitución  Política, “el hecho que se suspenda la  aplicación  de  un  tratado  internacional,  no  implica su inexistencia, ni da  lugar  a excluirlo o a inferir que tal suspensión implica per se la aplicación  de  la  ley  ordinaria”,  posición  que,  según el defensor, ha reiterado la  Corte Constitucional en varias sentencias.   

          Por  todo  lo  anterior, reitera a la Corte se ordene la devolución  del  expediente  en  los términos señalados, con el propósito de que se emita  un  verdadero  concepto  que  comporte  la  juridicidad  debida, y en el cual se  realice  un  estudio  profundo  y  detallado  de  la  existencia de instrumentos  internacionales  suscritos por los Estados Unidos de América y la República de  Colombia,  y en el que se indiquen, de persistir en su tesis, los fundamentos de  orden  fáctico  y  jurídico que lo llevan a desconocer los pronunciamientos de  la  Corte  Constitucional  y  de un amplio sector de la doctrina que reafirma la  existencia  y  vigencia a nivel internacional de varios tratados que regulan tal  materia.   

          Posteriormente,   ya   vencido   el   término   de    traslado  correspondiente,  según  constancia  de  la  secretaría  de la Sala, el señor  apoderado  presenta  un  nuevo memorial en el que impetra el decreto y práctica  de diversas pruebas.   

         

         

CONSIDERACIONES   

         

          El  instituto  de  la  extradición  ha  sido  considerado  como  un  mecanismo  de cooperación internacional, un instrumento de asistencia jurídica  y  solidaridad  entre los Estados para la lucha eficaz contra el delito. De  ahí  que  su trámite se cumpla fundamentalmente por el Gobierno Nacional, pues  de  acuerdo con el mandato constitucional le corresponde a la Rama Ejecutiva del  poder  público  la  dirección de las relaciones internacionales (Constitución  Política, artículo 189, numeral 2).   

          En  relación  con  las  solicitudes de extradición presentadas por  los  Estados Unidos de América, la Corte ha precisado que debido a que no está  vigente  ninguna  ley  aprobatoria  de  convenio con dicho país en tal materia,  la   procedencia  y tramitación de las peticiones se deben guiar  por  las  normas  contenidas  en  el  Capítulo  III, del Título I, del Libro V. del  Código  de Procedimiento Penal Colombiano ( por ejemplo, decisiones del 9, 24 y  30  de  noviembre  de  1999,  radicaciones  números  15.349,  15.824  y 16.515,  respectivamente ).   

          Nuestro   ordenamiento  jurídico  prevé  que el ofrecimiento,  concesión  o  negación  de  la  extradición  corresponde y es facultativa del  Gobierno  y  que  lo  hace  al  final  del trámite por medio de una resolución  administrativa,  aunque previamente requiere del concepto de la Corte Suprema de  Justicia,   que   sólo   es  vinculante  si  se  produce  en  sentido  negativo  (artículo  547 y siguientes del C. de P. P.).   

          Es   decir,   como   lo   ha  reiterado  esta  Corporación,  en  la  normatividad   interna   se   contempla   un   trámite   de   naturaleza  mixta  (administrativo-jurisdiccional)  que  compete  esencialmente  al Ejecutivo, pero  condicionado  en  sus  aspectos técnicos de derecho penal, de procedimiento, de  derechos  fundamentales y de privación de la libertad, a la intervención de la  Fiscalía  General  de  la  Nación  y de la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia.   No  obstante,  la  tarea  de  esta Corporación en  ningún  momento  puede  variar  la  naturaleza  de  la  actuación del Gobierno  Nacional,   que  debe  calificarse  como  administrativa  y  sujeta  al  control  jurisdiccional  correspondiente,  conforme  con  las  normas  generales sobre la  materia.   

          Como lo ha explicado la Sala en decisión reciente,   

          “regulada  la  demanda  de  extradición  por  el Código Procesal  Penal,  es  incontrastable  que el trámite de extradición pasiva comporta tres  fases,  una  inicial  de  carácter  preliminar  a cargo de la administración a  través  de  los  Ministerios  de  Relaciones  Exteriores  y  de  Justicia y del  Derecho,  a  quienes  concierne,  en  su orden, conceptuar sobre el ordenamiento  jurídico  que  debe  aplicarse a la petición, y perfeccionar el expediente con  miras  a  que  la Corte Suprema de justicia rinda su concepto; la segunda etapa,  con  la  cual se inicia el trámite formal de la extradición a cargo de la Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, que prevé el traslado a la  persona  requerida  o  a  su  defensor  por  el  término  de 10 días, luego un  período  de práctica de pruebas por el mismo lapso, y después permanecerá el  expediente  por  cinco  días en Secretaría para alegatos, culminando esta fase  con  la  emisión del concepto con arreglo a lo prescrito por los artículos 557  y   58   del   mismo   ordenamiento  jurídico;  y  la  última  etapa  también  administrativa  a  cargo  del Gobierno Nacional, que concluye el rito expidiendo  la resolución que concede o deniega la extradición”.   

          “Atendiendo  la  naturaleza  del  procedimiento,  es evidente que el  control  de la actuación surtida en las etapas previa y definitiva compete a la  administración  o  a  la jurisdicción de lo contencioso administrativo, y no a  esta  Sala  de  la  Corte a quien obviamente le pertenece de manera exclusiva el  control  de  la  legalidad  de  la actuación judicial. Importa insistir, en que  como  atrás  se  vio,  la  etapa  previa acorde con la reglamentación legal no  admite  controversia, empero, si alguna inconformidad subsiste en el reclamado o  su  apoderado,  pueden  plantearlas  a  través de los recursos y/o las acciones  pertinentes  ante  la  administración  y  la  jurisdicción  de  lo contencioso  administrativo,  una  vez expedida la resolución que decide el procedimiento” (  auto   del   24  de  noviembre  de  1999,  M.  P.  Dr.  Edgar  Lombana  Trujillo  ).   

          En  este  orden  de  ideas,  resulta evidente la improcedencia de la  petición  del  señor  defensor.  El  control  que  demanda sobre la actuación  cumplida  en  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  no  le compete a esta  Corporación.   Además,  el  concepto  emitido  por  el  citado  Ministerio  no  suscita   duda  alguna  acerca  de  la  normatividad  aplicable  al caso en  estudio,  y  por  lo  tanto  no requiere de aclaración o complementación   de   ninguna   índole,  máximo si se tiene en cuenta   que  la  Corte participa de la tesis según la cual no existe en Colombia una ley que  haga  regir  convenio alguno en materia de extradición con el Estados Unidos de  América.   

          Si  tiene razón el memorialista en cuanto la etapa previa no admite  controversias,  ello  en  manera  legitima  la intervención de la Corporación,  como  lo  pretende o sugiere. Además, se reitera, lo anterior no es óbice para  que  de  subsistir  alguna discrepancia en la persona reclamada o en su defensor  respecto  a  las  actuaciones  allí  cumplidas,  pueda  exponerla  mediante los  recursos  o  las acciones respectivas ante la administración y la jurisdicción  de  lo  contencioso  administrativo,  una  vez  el  Ejecutivo  decida  sobre  la  solicitud de extradición.     

          Cabe  resaltar, tal como la Sala lo ha repetido, que los parámetros  que  debe  tener en cuenta la Corte al emitir el concepto, de conformidad con lo  normado  en  el artículo 558 del Estatuto de Procedimiento Penal, no le impiden   

          “ejercer  la  facultad  oficiosa  de  devolver  el  expediente  al  Gobierno  Nacional en aras de su perfeccionamiento, cuando encuentre la ausencia  de  piezas  sustanciales  en él, conforme se establece de lo previsto por   el  artículo  553 del Código de Procedimiento Penal; o cuando considere que el  Concepto  emitido  por  el  Ministerio  de  Relaciones Exteriores sobre el marco  jurídico   en  que  ha  de  desenvolverse  el  asunto,  no  corresponde  a  los  instrumentos   internacionales   vigentes   para  Colombia,  porque  los  mismos  contrarían   la  Carta  Política,  o  que  en  cumplimiento  de  las  aludidas  disposiciones  la Corte carecería de competencia para intervenir en el trámite  que  de  ella  se demanda, entre otras eventualidades posibles de presentarse”  (auto del 30 de noviembre de 1999, radicación número 16.515).   

          Sin  embargo, como es evidente, ninguna de esas situaciones concurre  en el asunto que se estudia.   

             

          Como  resultado  obvio  de lo anterior, la respuesta a las petición  del señor defensor será negativa.   

          Así  mismo,  es  improcedente contestar  afirmativamente  a la solicitud de suspensión del término probatorio formulada  por  el  representante  del  señor  BARRERA  GARCES. En virtud del principio de  perentoriedad  de  los  lapsos  procesales,  las actuaciones de las partes   deben  ser  cumplidas  durante los tiempos y oportunidades señaladas en la ley,  circunstancias  que  el  defensor  tuvo  a  su  haber  pues el hecho que hubiera  solicitado  devolución  de  las diligencias no le impedía anunciar y solicitar  pruebas, si es que las consideraba necesarias.   

          Finalmente,  dígase  que  la  ocasión  que  tuvo  el defensor para  impetrar  pruebas  precluyó sin que lo hubiera aprovechado y que, por tanto, el  memorial   que   presentó   con  tal  finalidad  fuera  de  tiempo,  se  reputa  extemporáneo y, por ello, no puede ser atendido.   

En  consecuencia,  por  no  ser  legalmente  admisibles   las   peticiones   propuestas   por  el  representante  del  señor  BARRERA   GARCES,   la  Corte  las  denegará  y  dispondrá la continuación de los pasos que siguen en  desarrollo del trámite de extradición.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

          1.  Negar  las  pretensiones  del  defensor  del señor CARLOS DAVID BARRERA GARCES.   

            2. En firme esta decisión, proseguir el trámite conforme con los  mandatos  del  C.  de. P. P.  En consecuencia, dejar el expediente  en  Secretaría  de  la Sala  por cinco días para que las partes presenten sus  estudios,  de  conformidad  con lo previsto en el inciso final del artículo 556  del Código de Procedimiento Penal.   

                   Notifíquese y  cúmplase.   

       

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                            JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA   No   hay  firma   

CARLOS  A.   GALVEZ ARGOTE                                          JORGE  A. GOMEZ  GALLEGO                         

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                           CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                     

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON            NILSON  E.  PINILLA     PINILLA                                              

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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