16216(21-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16216  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No.24  

Bogotá,  D.C.,  veintiuno (21) de febrero de  dos mil dos (2002).   

          Decide  la  Sala  el  recurso de casación interpuesto en defensa de  HÉCTOR VIANED POVEDA CHÁVEZ  contra  la  sentencia  de  fecha  marzo 24 de 1999, mediante la cual el Tribunal  Superior  de  Villavicencio  confirmó el fallo proferido por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito de esa misma ciudad, que condenó al citado procesado a las  penas  principales  de  cuatro  (4)  años de prisión y multa de cincuenta (50)  salarios    mínimos    legales    mensuales,   como   autor   del   delito   de  concusión.   

HECHOS  

          Dan cuenta los autos que en la noche del  10  de  octubre  de  1996,  en  el  parqueadero Servigruas de Villavicencio, fue  capturado  el  agente  de  tránsito  municipal HÉCTOR  VIANED   POVEDA   CHÁVEZ  por   detectives  del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  (DAS),  cuando  recibía la suma de  cuarenta  mil  pesos  que  previamente  les  había  solicitado a los ciudadanos  Miller  Antonio Mojica y Fernando Franco Casallas, a cambio de la devolución de  una  motocicleta  inmovilizada  el  día  anterior  por  estar involucrada en la  colisión  con  un  automóvil, carecer su conductor de la licencia respectiva y  portar este último el seguro obligatorio vencido.   

ACTUACION PROCESAL  

          1.   La  Fiscalía  6ª  Seccional  de  Villavicencio abrió la  correspondiente  investigación,  vinculó  mediante  indagatoria al aprehendido  POVEDA  CHÁVEZ y definió su  situación   jurídica  el  22  de  octubre  de  1996  imponiéndole  detención  preventiva  por  el  delito  de  concusión.   En esta misma providencia le  concedió la detención domiciliaria.   

          Concluida  la  investigación  y surtido el traslado de rigor, el 20  de   febrero   de  1997  el  instructor  calificó  su  mérito  probatorio  con  resolución  acusatoria, en la que le dedujo al sindicado la autoría del delito  contra  la  administración  pública  imputado  en  la  medida de aseguramiento  (fls.152 y ss., cd.1).   

          2.    El  Juzgado  2º  Penal  del  Circuito  de  Villavicencio  celebró  la audiencia pública y concluyó la primera instancia con el fallo de  fecha    septiembre   10  de  1997,  en  el  que  condenó  al  incriminado  POVEDA    CHÁVEZ,    en  consonancia  con el pliego de cargos, a las penas principales atrás precisadas,  confirmado  el  24 de marzo de 1999 por el Tribunal Superior de esa misma ciudad  al desatar la apelación interpuesta por el defensor.   

          LA  DEMANDA   

          Primer cargo.   

          El  recurrente invoca la causal tercera de casación, prevista en el  artículo  220  del  estatuto procesal penal (Decreto 2700 de 1991), para acusar  que  el  fallo impugnado fue proferido en un juicio inválido por violación del  derecho de defensa.    

          En  el  desarrollo del reparo aduce que cuando se omite la práctica  de  elementos de juicio relevantes para la defensa, por inercia o desidia de los  funcionarios  judiciales,  se  configura  una  causal  de  nulidad;  premisa que  traslada  luego  al  caso  examinado  invocando  el  principio de investigación  integral  recogido en los artículos 333 ibídem  y 250 de la Constitución  Política,   para   sostener  que  la  actuación  realizada  en  las  presentes  diligencias  se  orientó exclusivamente a obtener la prueba de incriminación y  de responsabilidad penal.   

          Plantea  además  que  al sustentarse la  apelación  contra  el  fallo  del  a  quo,  el apoderado de entonces anexó los  documentos   alusivos  al  accidente  de  tránsito  que  originó  la  presente  actuación,  de  prescindido  análisis en la decisión recurrida dictada por el  Tribunal  no obstante que habrían cambiado el sentido de la sentencia de primer  grado al comprobar la inocencia del procesado.   

           Más   adelante  precisa  que  no  fue  verificada  la  inspección  judicial  a  los libros y registros del parqueadero  donde  fue  inmovilizada  la  motocicleta,  a  través  de  la  cual  se habría  establecido  en  qué  calidad  fue  recibida,  si  el  acusado reportaba algún  beneficio  por  la  retención  de  la  misma  y  el  eventual compromiso de los  encargados   del   parqueadero   en  el  comportamiento  delictivo  imputado  al  acusado.   

          También   echa   de  menos  el  testimonio  del  administrador  del  parqueadero,  de  utilidad  para  esclarecer los aspectos atrás reseñados, los  soportes   documentales  exhibidos  en  su  momento  para  el  depósito  de  la  motocicleta,  el nombre del agente que requirió el servicio de estacionamiento,  si  existía  interés  o  no del sindicado en retener el automotor, y si logró  observar  a  los  denunciantes  en  dicho  lugar;  en fin, afirma el actor, para  clarificar  los hechos que habrían confirmado la veracidad de las explicaciones  del     sindicado     POVEDA    SÁNCHEZ,  apoyadas  en  todo  caso  en  la  versión  del  testigo  Germán  Valencia.   

          Similar  deficiencia  predica frente a la inspección judicial a los  archivos  de  la  Inspección  de Tránsito Municipal, que en momento alguno fue  dispuesta  a  pesar  de  resultar  necesaria para verificar cuando se radicó el  informe  de  tránsito  con  el respectivo comparendo, constatación que habría  corroborado,  aduce  el libelista, que el procesado entregó esos documentos una  vez  retuvo  la  motocicleta  y,  por  lo  tanto, que ningún motivo tenía para  exigir dinero a los denunciantes.   

          Por  último,  echa  de  menos  la  posibilidad  para  la defensa de  controvertir  la  declaración  de  Juan  Carlos  Suárez  Forero,  por entonces  Secretario   de  Tránsito,  quien  evadió  las  citaciones  libradas  para  la  ampliación   de   su   versión   mediante   pueriles  excusas  y  sin  que  la  administración    de   justicia   hiciera   nada   por   obtener   su   forzada  comparecencia.   

          Con  los  anteriores fundamentos concluye que la Corte debe declarar  la  nulidad  de  todo  lo  actuado  a  partir  de la resolución de clausura del  instructivo.   

         Segundo cargo.   

           Al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación,  el  demandante  acusa la sentencia impugnada de haber sido proferida  en  una  actuación  viciada  de  nulidad, cuya declaratoria pretende también a  partir  del  cierre  de la investigación por violación del derecho de defensa.   

          En  la  fundamentación  del  ataque  conceptúa  sobre  el  alcance  doctrinal  concedido  al  referido derecho, que no se satisface con la presencia  puramente    formal    del   defensor,   sino   también   cuando   “se   puede   probar  que  ha  debido  plantear    estrategias    diferentes”,  como  acontece  en  la  presente  actuación  donde  el sindicado  “fue  despojado”    de   la  posibilidad  de  probar  su  inocencia mediante la práctica de las “pruebas  indispensables  para  ello,  como  quiera  que las diligencias de inspecciones judiciales, la exposición del  encargado  del parqueadero Servigruas y el no poder controvertir la declaración  del  Secretario  de  Tránsito  Juan  Carlos  Suárez Forero, (las tres primeras  nunca  fueron pedidas en su defensa) se pide ahora la nulidad por ausencia total  de      la     defensa     técnica”.   

          Bajo    el   epígrafe   “Síntesis    del   cargo”  el  demandante  aborda  “el      contenido      integral      del     expediente”,  a  partir  del cual concluye que su  asistido   POVEDA  SÁNCHEZ  “en   ningún  momento  indujo,    exigió    o    efectuó   exigencia   dineraria   alguna   por   sus  labores”, como se prueba a  través  del  informe  que  rindió  oportunamente  sobre  el  accidente, que no  habría  presentado  de  haber  tenido un propósito delictivo al inmovilizar la  motocicleta en la que se desplazaban los denunciantes.   

          Agrega   por   último,  que  el  anterior  mandatario  judicial  no  solicitó  pruebas  ni  planteó  nulidades,  por  lo tanto, que actuó en forma  negligente con quebrantamiento  del derecho de defensa.   

          CONCEPTO DE LA PROCURADURIA   

          Al primer cargo.   

          El Procurador Segundo Delegado opina que  la    censura    contiene    una    serie    de   falencias   que   impiden   su  prosperidad.    En  primer  término, porque al aducir que el Tribunal  no  tuvo  en cuenta los documentos aportados con la apelación presentada contra  el  fallo  del  a  quo  desconoció el principio de unidad temática, al sugerir  dentro  del  reparo  de  nulidad  un  posible error de hecho por falso juicio de  existencia,  que  en  todo  caso,  de  haber  sido planteado debidamente tampoco  tendría  vocación  de  éxito,  en  la medida que sólo puede ser apreciada la  prueba allegada al proceso en forma oportuna.   

          Encuentra  también  que  al  acusar  en forma simultánea y bajo el  mismo  reparo  la  vulneración  del  postulado de investigación integral y del  derecho   de   contradicción,   el  demandante  se  apartó  del  principio  de  autonomía,  pues  tratándose  del  primero  se  debe acreditar la conducencia,  pertinencia  y  utilidad  de  las  pruebas  dejadas  de  practicar, así como la  incidencia  de  las  mismas  frente  al  fallo impugnado, mientras que cuando se  esgrime  el  menoscabo  del  segundo el actor debe comprobar la forma como se le  impidió la controversia de la prueba.   

          Por  otra parte, el impugnante tampoco acreditó la trascendencia de  los  medios  de  persuasión  omitidos,  que  a  juicio  del Delegado resultaban  superfluos.     

           Así,   las   inspecciones  judiciales  extrañadas  por el casacionista surgían innecesarias, pues el propio sindicado  refirió  los hechos que  afirma se habrían demostrado a través de ellas;  sobre  los  aspectos  de  asegurado  esclarecimiento  mediante el testimonio del  encargado  del  parqueadero  declararon los denunciantes Miller Antonio Mojica y  Fernando  Franco Casallas, al igual que el agente William Ricardo Pinzón Pinto;  y  finalmente,  en lo que respecta a la controversia echada de menos frente a la  versión  de  Juan  Carlos Suárez Forero, el actor no determinó los resultados  benéficos  para  la situación jurídica del sindicado que se habrían derivado  de  la ampliación de su dicho, pasando por alto además la declaración rendida  por   aquél  en  autos,  que  los  sujetos  procesales  conocieron  y  tuvieron  oportunidad de cuestionar.   

          Por  las  razones  anteriores estima que el cargo no está llamado a  prosperar.   

          Al segundo cargo.   

          En  este  reproche  el censor se limita a criticar la estrategia del  defensor  mencionando  las  inspecciones  y  las declaraciones que se dejaron de  practicar,   pero  sin  explicar  cuál  era  la  finalidad  pretendida  con  su  realización.   

          Adicionalmente,  la  circunstancia  de  que  el defensor no solicite  pruebas  o  prescinda  de  controvertir algunas de las obrantes en el proceso no  conduce  a  la invalidación del trámite, pues en muchos casos la mejor defensa  es  dejar  que  el  Estado  asuma  la carga de la prueba, como lo ha admitido la  jurisprudencia de esta Sala.   

          De  todas  maneras,  la Procuraduría no vislumbra en este asunto la  carencia  formal  ni material de defensa técnica, como demuestra con la reseña  de  las actuaciones del apoderado de entonces, a partir de las cuales colige que  el  sindicado jamás estuvo desprovisto de asistencia y  sin que le resulte  viable  a  la  Corte controvertir la estrategia defensiva, pues cada profesional  del derecho es autónomo al enfocarla.   

          Así  las cosas, concluye el Ministerio Público, se impone declarar  la improsperidad del cargo.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

               Primer       cargo.   

         

          1.   Resulta  acertada  la  critica  elevada  por  el  Ministerio  Público cuando advierte que dentro de este primer  reparo  de  nulidad,  mediante  el  cual  se  adujo la violación del derecho de  defensa  como  consecuencia  del desconocimiento del principio de investigación  integral,  el  censor  incurrió  en  la  impropiedad  técnica  de entremezclar  argumentos  que  corresponden  a  un  motivo de impugnación del todo diferente,  concretamente,  que  caen  dentro del ámbito de la violación mediata de la ley  sustancial  por  falso  juicio  de  existencia, sustrayendo a la propuesta de la  exigencia     de     claridad     y     precisión    inherente    al    recurso  extraordinario.   

          De  este  talante, entonces, la crítica inicial del demandante a la  sentencia   del   Tribunal  por  haber  omitido  el  análisis  de  las  pruebas  documentales  aportadas  junto  con  la  sustentación  de la alzada interpuesta  contra  el  fallo  condenatorio  del  a  quo,  que afirma esclarecen la conducta  investigada  y  a  los  cuales  les  atribuye  tal  trascendencia  que  habrían  modificado  el  sentido  del  mismo  al  comprobar  la inocencia de POVEDA   SÁNCHEZ;  razonamiento  que  no  constituye  remotamente  siquiera un desarrollo del error de actividad enunciado  al  presentar  la  censura,  pues  se  endilga  al  juzgador a través de él la  desatinada  apreciación de la prueba, obviamente y así no se mencione en forma  expresa,    con   repercusión   en   la   infracción   mediata   de   la   ley  sustancial.   

          2.   No comparte la Sala, en cambio, la opinión del Procurador  Delegado  cuando  atisba  en  la  fundamentación  del  reparo la violación del  principio de autonomía de los cargos.    

          En   primer término, porque si bien tratándose del testimonio  de  Juan  Carlos  Suárez  Forero  el  actor  arguyó,  entre otros aspectos, la  imposibilidad  que  tuvo  para  controvertirlo, en manera resulta cierto que con  dicho  argumento  haya erigido un reproche diferente del enunciado por menoscabo  del   principio   de  investigación  integral,  máxime  que  la  irregularidad  finalmente  acusada  en  relación con tal elemento de persuasión se tradujo en  la  prescindida  ampliación  de  su  dicho  a  pesar  de  que  los funcionarios  judiciales    disponían   de   los   mecanismos   para   obtener   su   forzada  comparecencia.   En  otros términos, se queja aquí, como lo hizo frente a  los  demás  medios  de  prueba  relacionados,  que  los funcionarios judiciales  omitieron  el acopio de un medio de persuasión calificado de trascendental para  hacer variar la decisión a favor del sindicado.   

          Por  otra  parte y de manera primordial, por cuanto la transgresión  del  referido postulado se configura cuando se plantean y desarrollan  bajo  una  misma  censura  cuestionamientos que por sí solos tienen la virtualidad de  desquiciar  en  forma  total o parcial el fallo impugnado, entidad que en manera  alguna  le  atribuye el libelista a la prescindida ampliación del testimonio en  comento.   

          3.   En  todo  caso, desvaneciendo también cualquier atisbo de  prosperidad  en  este  reproche  formulado  a  la legalidad del juicio, téngase  presente   que  repetidamente  ha  sostenido  la  Sala  que  tratándose  de  la  violación  del  debido  proceso  o del derecho de defensa como consecuencia del  menoscabo  del principio de investigación integral, aspecto al cual se contrae,  no  basta con relacionar las pruebas omitidas o dejadas de practicar y lo que se  habría  podido  demostrar  a  través  de ellas en el evento de ser recaudadas,  pues  es  necesario  que  de  manera  fundada  y  razonable,  no  a  través  de  especulaciones  desconectadas  del acervo probatorio que sustenta la condena, se  establezca  que con su aporte al proceso otra y favorable al sindicado sería la  naturaleza  de  la  sentencia, al punto de mostrarse ineludible la invalidación  de  lo  actuado  para permitir la práctica de los medios de persuasión echados  de menos.   

          En  el caso examinado el demandante precisó los elementos de juicio  de  prescindido  acopio,  según  atesta,  ante  el  afán  de  los funcionarios  judiciales  de  procurar tan sólo la demostración de la existencia del hecho y  la  responsabilidad  del  incriminado  prescindiendo de los aspectos que le eran  favorables   a  este  último.   También  señaló  la  temática  a  cuyo  esclarecimiento  supuestamente  contribuían  dichos  medios de persuasión; sin  embargo,  no  confrontó  estos  hipotéticos contenidos con los fundamentos del  fallo  recurrido,  desde  luego, integrado en unidad jurídica con el de primera  instancia  por  su carácter confirmatorio, como en rigor le era ineludible para  acreditar  la  potencialidad  de  la  prueba  echada  de menos y hacer variar el  sentido  del  fallo,  cotejo  que  relega, muy seguramente, porque de realizarlo  habría advertido su intrascendencia.   

         

          En  efecto,  ninguna utilidad se atisba en la inspección judicial a  los  libros  y  registros  de  parqueadero Servigruas donde quedó depositada la  motocicleta,  ni en el testimonio del administrador o de los encargados de dicho  local,   pues   sin   cuestionar   las   circunstancias   que   determinaron  la  inmovilización  del  automotor, la calidad en virtud de la cual fue recibido en  dicho  estacionamiento  o  los  documentos exhibidos por el sindicado para dicho  efecto,  aspectos  que  se  dice habrían quedado dilucidados con estas pruebas,  los   falladores   discernieron   el  compromiso  del  sindicado  en  el  delito  investigado  a partir de las serias acusaciones de los denunciantes, de afirmado  respaldo  en  las  propias  manifestaciones  de  POVEDA  SÁNCHEZ  cuando  admitió  la  retención  de la moto  “sin   elaborar   el  documento  público  de  su  competencia,  destinado  a  legitimar  y  abrir  la  investigación   administrativa   sobre   la   violación   a   las   normas  de  tránsito”.   

          De todas maneras, no puede pasarse   por  alto,  de una parte y como advierte la Procuraduría, que las versiones del  sindicado  y  de  su  compañero  William  Ricardo  Pinzón  resultaron bastante  detalladas  sobre los tópicos de asegurada comprobación a través de la prueba  echada  de menos, evidenciándose entonces al extremo el carácter superfluo que  ostentan;  de  otra, que en nada se desvirtuaría la responsabilidad del acusado  POVEDA   SÁNCHEZ  ante  la  circunstancia  de  haber  tenido  cómplices  en  el  parqueadero para su actuar  delictivo,   temática   también  atribuida  en  el  libelo  a  los  medios  de  persuasión  omitidos,  máxime  ante su sorprendimiento en flagrancia, esto es,  cuando  recibía el dinero exigido a los denunciantes a cambio de la devolución  irregular  de la motocicleta inmovilizada, situación de evidencia que  los  juzgadores   estructuraron  con  sustento  en  las   declaraciones  de  los  detectives del DAS que efectuaron la captura.   

          En lo atinente a la inspección judicial  a  los  archivos  de la Inspección de Tránsito Municipal, que se atesta tenía  la   virtualidad  de   establecer  en  que  momento  fue  radicado  en  tal  dependencia  el  informe  del accidente con la respectiva orden de comparendo al  conductor  de  la  moto, la Sala arriba a idéntica conclusión.  En primer  termino  porque  no  es  cierto,  como lo afirma el demandante, que el procesado  hubiese  atestado  la entrega de estos documentos una vez retuvo la motocicleta;  pero   además,   porque  excluyendo  el  hecho  que  supuestamente  se  habría  acreditado   con  dicha  prueba,  los  juzgadores  adujeron  la  indagatoria  de  POVEDA SÁNCHEZ, así como el  testimonio   de   Rosa   del   Pilar   Márquez  Sarmiento,  Inspectora  2ª  de  Tránsito.   

          Finalmente,  tratándose  de la ampliación del dicho de Juan Carlos  Suárez  Forero,  el libelista se duele simplemente de su prescindida práctica,  sin   indicar   qué   aspectos  quedaron  sumidos  en  la  oscuridad  o  en  la  incongruencia  en  la  exposición  que rindió en la fase instructiva, esto es,  nada  clarificó  sobre  su  trascendencia para modificar de manera favorable el  sentido del fallo.   

          En  síntesis,  el casacionista no demostró que las pruebas dejadas  de  practicar tenían aptitud suficiente para derruir las conclusiones del fallo  o  atenuar  sus efectos y, así las cosas resulta evidente que el yerro argüido  careció  de  configuración  determinando entonces improsperidad de este primer  cargo.   

          Segundo cargo.   

          El  último  cargo  formulado  en  la  demanda se apoya en la causal  tercera  de  casación, al estimarla el impugnante proferida dentro de un juicio  viciado  de  nulidad  por  violación  del derecho a la defensa técnica; ataque  encaminado  a que la Corte declare la nulidad del proceso a partir del cierre de  la investigación, inclusive.   

          1.   Sin  embargo, la sustentación del reparo no se orientó a  acreditar  que  en  la actuación seguida contra POVEDA  SÁNCHEZ,  en  algunas de sus etapas o durante todo el  trámite,  el sindicado careció de asistencia profesional o que la presencia de  este  último  fue  puramente formal reduciendo en el caso concreto la garantía  invocada,  de  indiscutible  arraigo  superior,  a  un  mero  enunciado teórico  desprovisto de contenido de realidad.   

          Más  aún,  en la pretendida demostración de la censura si bien el  actor  discurre  en  forma  atinada  sobre  el  alcance  y la significación del  derecho  a  la  defensa técnica, cuyo ejercicio debe aparecer efectivo y cierto  en  la actuación respectiva, a renglón seguido se aparta de estos irrebatibles  derroteros  conceptuales  para  afirmar que su vulneración se presenta no sólo  en  las  hipótesis  de  abandono o ausencia de defensa, sino también cuando se  puede  demostrar  que  el  abogado  que  asumió la representación judicial del  incriminado  “ha  debido  plantear    estrategias    diferentes”,     apreciación    esta    última    que    surge    del    todo  desatinada.   

          Ciertamente, de acuerdo con el pacífico  entendimiento  de  la  Sala,  el  reproche  de  nulidad  por ausencia de defensa  técnica,  como  fue  erigido  aquí por el demandante respecto del fallo del ad  quem,   en   manera   alguna  puede  fundamentarse  en  el  juicio  posterior  y  especulativo  de  la  labor defensiva, en el señalamiento de lo que entiende el  actor   desde  su  particular perspectiva debió ser y no fue realizado con  miras      a      obtener      mejores     resultados,     pues     “en   derecho   penal   puede   haber  estrategias  diversas  y  razonables  y  no siempre existe un exclusiva y única  forma  de  ejercer  la defensa de un procesado, fácil es concluir que la simple  diversidad  de  criterios no logra constituir fuerza suficiente para censurar un  proceso    con   base   en   la   ausencia   de   defensa   técnica”.   

            Ahora  bien, al partir de esa equivocada  premisa  el  libelista  estructura  la  alegada  vulneración  de  la mencionada  garantía  del  procesado  través  de  una  crítica genérica a la gestión de  quienes  le  precedieron  en  la  representación  judicial de los intereses del  acusado,  en  la que después sólo enuncia una serie de pruebas respecto de las  cuales    asegura    de    manera   escueta   que   resultaban   indispensables,  específicamente,  inspecciones  judiciales,  la  exposición  del  encargado de  parqueadero  y  la ampliación del entonces Secretario de Tránsito, pero que al  no    haberse    solicitado,    según   afirma,   despojaron   a   POVEDA   SÁNCHEZ  de  la  posibilidad  de  demostrar  su  inocencia;  sin  embargo, nada concretó el casacionista sobre lo  que  habría quedado establecido a través de tales elementos de juicio y, menos  aún,  la  incidencia  individual  o  conjunta  de  los  mismos  para mejorar la  situación  jurídica del incriminado, esto es, para hacer variar el sentido del  fallo   atacado,  como  le  resultaba  ineludible  con  miras  a  constatar  una  inactividad  con  potencialidad   en  verdad  para  socavar el derecho a la  defensa.   

          Con  idéntica  deficiencia  argumentativa le reprocha a los pasados  defensores  el  no haber reclamado la anulación del trámite, pero prescinde de  señalar  qué  irregularidades  se  configuraron  en  el curso del proceso, las  normas  infringidas  y  las garantías quebrantadas a través de ellas, respecto  de  las  cuales  los  togados  observaron  absoluta  indiferencia, sin que sobre  añadir  en  todo caso, que de persistir tales vicios en sus efectos anulatorios  bien  podría  haberlos  invocado  en esta sede, desde luego, con sujeción a la  técnica que gobierna el recurso extraordinario.   

          2.   En  cambio, para nada repara el impugnante en los plurales  y   sucesivos  actos  positivos  de  gestión  que  en  el  curso  del  trámite  desplegaron  los  defensores  del  incriminado,  como tampoco en las constancias  indicativas  de  su continuo seguimiento del trámite que, en conjunto, permiten  excluir  la posibilidad de un abandono de la gestión encomendada y, colegir por  lo  tanto, contrario a lo atestado en la demanda, que la garantía del derecho a  la    asistencia   técnica   se   mantuvo   incólume   dentro   del   presente  juicio.   

          Efectivamente,    el   capturado   POVEDA  SÁNCHEZ  rindió  indagatoria  en  los  albores  del  instructivo  asistido de un profesional del derecho, quien fue relevado por otro  abogado  de  confianza  después  de  tal  actuación  y  con  precedencia  a la  definición  de  la situación jurídica (fs. 15, 27, cd. 1).  Este último  se  notificó  personalmente de la medida de aseguramiento, solicitó y recibió  copias  de lo actuado y peticionó varias pruebas testimoniales a cuya práctica  accedió  el director del sumario; más aún, compareció a la recepción de las  versiones  de  Germán  Velandia  Mutis  y  José  Ulises Beltrán García, pero  además,  fallida una de las diligencias ordenadas, estuvo pendiente de reclamar  el  nuevo  señalamiento  de  fecha para su evacuación (fs. 51, 52, 70, 72, 93,  104,  115  cd.  1).   Posteriormente,  se  impuso  de  manera directa de la  resolución  de  clausura  del instructivo, deprecó una vez más la expedición  de  copias  del  expediente,  alegó antes de la calificación del mérito de lo  actuado  y   se  notificó  en  forma personal de la resolución acusatoria  (fs. 133, 136, 141, 152, 164, 165).   

          En  la etapa del juicio el mencionado defensor fue desplazado por un  tercer   abogado,   que   tras  el  decreto  oficioso  de  pruebas  deprecó  el  señalamiento  de  fecha  para  la  audiencia pública, compareció a la misma y  actuó  hasta  la constitución de un nuevo apoderado luego del fallo de primera  instancia,  momento  en  el  cual  asumió  la  representación  de POVEDA  SÁNCHEZ quien sustentó la alzada  e  impugnó  en  casación  la sentencia condenatoria de segundo grado (fs. 173,  185, 195, 224, 250, cd. 1)   

          Así  las  cosas,  lo  que  se  observa  en  el caso examinado es la  continua  y  permanente  asistencia  técnica  del  sindicado, que a no dudarlo,  descarta  la  realidad  del  fundamento  de  hecho de la causal de invalidación  aducida en este reproche.   

          3.   En  los  restantes  argumentos que sustentan la censura el  actor  claramente  se  aparta  de la nulidad invocada para presentar simplemente  sus   conclusiones   probatorias,   esto   es,  que  el  sindicado  POVEDA  SÁNCHEZ en ningún momento exigió  dinero  por  omitir  el  estricto  cumplimiento  de  sus  labores  como servidor  público,  que  a  la  manera  de  un alegato de instancia enfrenta a las de los  juzgadores,  incluso,  sin  atribuirles siquiera error alguno en la apreciación  de   las   pruebas;   alegación   que   por  lo  anotado,  no  concita  mayores  réplicas.   

          Son  suficientes  las razones anteriores para concluir que este otro  cargo   tampoco   prospera,  en  consecuencia,  la  sentencia  impugnada  no  se  casará.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

          En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

           NO  CASAR  el  fallo impugnado.   

          Cópiese,  comuníquese,  devuélvase al  Tribunal de origen y cúmplase,   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS               CARLOS    A.    GÁLVEZ   ARGOTE           

JORGE  A.   GÓMEZ  GALLEGO                              ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS       E.        MEJÍA  ESCOBAR                                  NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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