18600(05-12-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18600  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

                                     Aprobado Acta Nro. 153   

          Bogotá D. C., cinco de diciembre de dos mil dos.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  acerca de la admisibilidad de la demanda de  casación    formulada    por    el    defensor   del   procesado   GERARDO  ALBERTO  MADRID  PARDO, contra la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior de Armenia el 6 de marzo de 2001 que  confirmó   íntegramente  la  proferida  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad,  mediante  la  cual  se  impuso  al citado  procesado  la  pena  principal  de  doce  (12)  años de prisión y multa por el  equivalente  a  doscientos  (200)  salarios mínimos mensuales, por infringir la  ley 30 de 1986.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Mediante  llamada  telefónica  a  la  línea  de  solidaridad de la  Sijin,  se  puso  en  conocimiento  de las autoridades la sospechosa detonación  regular   de   armas   de  fuego  en  la  finca  “La  Secreta”,  ubicada  en  jurisdicción  de  la vereda  Santa  Rita  del municipio de Montenegro, sitio hasta donde se dispuso el envío  de  una  patrulla el 27 de enero de 1998. Registrada una de las habitaciones del  inmueble  con  la  anuencia  del  administrador  Luis Alfredo Vargas Vaquero, se  encontró  plural  número  de  armas de fuego de defensa personal y municiones,  sobre  las cuales se estableció su legítima tenencia. No obstante se sospechó  de  la existencia de otras armas en una habitación adyacente que se hallaba con  las  debidas  seguridades y cuyas llaves de acceso se afirmó que se encontraban  en  poder  del  propietario  del inmueble, GERARDO ALBERTO MADRID PRADO, a quien  fueron  a  buscar hasta su residencia. Finalmente, después de una larga espera,  el  último  permitió  el acceso a la habitación, donde se hallaron, debajo de  una  cama  doble,  dos  estopas plásticas contentivas de nueve y once paquetes,  respectivamente,  de  una  sustancia  pulverulenta  que  fue  individualizada  a  través  de  la  prueba  de  campo  como  cocaína  base  en  cantidad de 24.317  gramos.   

Por  tales  hechos  se  vinculó  al proceso  mediante  indagatoria  al  citado  GERARDO ALBERTO MADRID PRADO, contra quien se  profirió  resolución  de acusación el 26 de junio de 1998 como presunto autor  responsable  del  delito  tipificado  en el artículo 33-1 de la ley 30 de 1986,  agravado  por  la  circunstancia  prevista  en  el  numeral 3º del artículo 38  idem.   

          Realizada   la  audiencia  pública,  el  Juez  Penal  del  Circuito  Especializado  de Armenia, en sentencia del 14 de diciembre de 2000, condenó al  procesado  MADRID  PARDO  a la pena principal arriba especificada, decisión que  impugnada  por  el defensor fue objeto de confirmación integral por el Tribunal  Superior  de  Armenia  en  el  fallo que es ahora objeto del presente recurso de  casación.   

LA     DEMANDA   

          Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo segundo, el defensor de  GERARDO  ALBERTO  MADRID PARDO, formula dos cargos contra la sentencia impugnada  por  errores  en  la  valoración  de  las pruebas, que sustenta de la siguiente  manera:   

          Primer cargo   

          Arguye   el   demandante   que   la   sentencia   violó  de  manera  “directa”  el  artículo  296  del anterior Código de Procedimiento Penal, por falso juicio de legalidad,  pues  se  tuvieron  como  indicio  grave  de  la  responsabilidad  en contra del  procesado  las afirmaciones que se dicen hechas por el mismo a los agentes de la  Policía  en  el  momento  del  registro  aceptando  ser  el  propietario  de la  sustancia  incautada,   cuando de conformidad con el referido precepto, las  mismas   no  podían  ser  consideradas  como  confesión  extrajudicial  al  no  concurrir  los  requisitos  exigidos para ello, esto es que haya sido hecha ante  un  funcionario  judicial, que la persona esté asistida por su defensor y se le  haya  informado  del  derecho a  no declarar contra sí misma y que se haga  en forma consciente y libre.   

            Solicita  que  se tenga como prueba de este primer cargo, el hecho  de   que   las   supuestas   afirmaciones   quedaron   plasmadas   en   el   “acta    de    diligencia    policial”,  sin la presencia de un abogado y sin que conste que se le hizo  saber su derecho a no declarar contra sí mismo.   

          Segundo cargo   

          Acusa   la   violación   indirecta   de   la   ley  sustancial  por  inaplicación  del  artículo  445  del  Código  de  Procedimiento Penal, al no  reconocerse   la   existencia   de   las  dudas  que  favorecían  al  procesado  “a  pesar de haberlas plasmado en mis escritos desde  entonces   y  hasta  la  sustentación  del  recurso  de  apelación”.   

          En  orden  a  la  demostración  de  la  existencia  “de  errores  de  hecho  o de derecho” que  pudieron  conducir  al desconocimiento de la realidad dubitativa, dice que no se  discute  la  existencia  del  alcaloide  bajo  la cama del procesado en la finca  “La  Secreta”,  pero  se  pregunta  cómo  llegó la sustancia a dicho lugar y si en verdad su propietario  era  el  aquí  procesado,  cuando  el  mismo  aseveró  en  su  injurada que la  responsabilidad  del  hecho  recaía  en  Javier  Hoyos  Rodríguez,  quien  fue  condenado   por  haber  confesado  su  ilicitud  y  señalarse  como  el  único  responsable.   

          Las   contradicciones   destacadas   por  los  falladores  entre  el  procesado  GERARDO  y  los  esposos  Luis  Alfredo Vargas y Alix Aurora Ortiz de  Vargas,  quedaron  despejadas  en  posteriores  declaraciones  vertidas  por los  testigos,  pero  los  falladores  insisten  en  darle  plena  credibilidad a las  primeras  versiones, “olvidando que las declaraciones  judiciales        priman       sobre       las       administrativas”.   

          Se  configuró así un error de hecho por falso juicio de existencia  al  desconocerse hechos respecto de los cuales obran pruebas en el proceso tales  como  la  presencia  de  Javier  Sonia  y Paola. El error también recayó sobre  “la   prueba   de  misión  de  trabajo”  que  no  fue  tenida  en  cuenta  para  acreditar  el dicho del  procesado   y   la   presencia   de   los  citados  testigos  en  la  finca  del  procesado.   

         

          Otro  error  por  falso  juicio de existencia se consolidó al tener  como  ciertos  unos  hechos no probados, según los cuales uno de los agentes de  policía  conocía  de  años  atrás  a  GERARDO  ALBERTO  MADRID  PARDO cuando  traficaba  con  cocaína y que incluso en cierta oportunidad lo dejó ir a pesar  de  haberle  hallado  unas  papeletas  de  estupefaciente,  situación que no se  compadece  con  la  actitud  de  la  autoridad  que está llamada a prevenir los  ilícitos.   

          El  Tribunal  incurrió  en  un  error  de hecho por falso juicio de  identidad  cuando tergiversó “sutilmente”  el  testimonio  vertido por el joven Luis Alfredo Vargas Ortiz,  en  cuanto  le  atribuye  contradicciones  al  confundirlo con el rendido por su  padre  Luis  Alfredo  Vargas Vaquero. Igualmente lo cercenó, pues dejó de lado  todas  las  demás  manifestaciones  hechas  sobre  las circunstancias de modo y  lugar   como   se   presentaron   los   hechos,   prueba   que   era   de   gran  importancia.   

          Concluye     solicitando     que     se     case     la    sentencia  impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Ninguna  aptitud  para permitir el estudio de fondo de la Sala tiene  el  libelo  que  a  nombre  de  GERARDO ALBERTO MADRID  PARDO  presentó  su  defensor,  pues  las preceptivas  mínimas  que  establece la ley para la demanda de casación (artículos 225 del  anterior  Código de Procedimiento Penal y 212 del actual), no fueron observadas  por el impugnante.   

          Así,   en   el  primer  cargo  la  argumentación  tendiente  a  la  demostración  del  vicio  argüido  resulta  precaria,  por  cuanto se limita a  enunciar  que  el Tribunal dio valor de confesión extrajudicial a lo consignado  en  un informe de policía sin que se reunieran los requisitos del artículo 296  del  estatuto procesal vigente a la sazón, pero ni siquiera trae a colación la  valoración  que  en  el fallo impugnado se hizo de tal prueba, olvidando que la  impugnación  no  quedaba  satisfecha  con  la  mera enunciación del cargo y el  señalamiento  del medio de convicción censurado, sino que le era indispensable  acreditar  que  el juzgador en el examen probatorio le dio validez a un elemento  de  convicción  allegado  al  proceso  sin  el cumplimiento de las formalidades  legales,  cometido  para  el  cual  por lo menos debió empezar por destacar las  reflexiones del fallador.   

          Pero  además,  le  era  necesario  comprobar  la  trascendencia del  error,  pues,  por  recaer  la supuesta anomalía en un medio de convicción, no  podía  olvidarse  que  el  examen  de  éstos se hace primero individualmente y  después  en  conjunto,  de  modo  que si mentalmente suprimida la prueba que se  tacha  de  ilegal,  no queda fundamento probatorio loable para sostener el fallo  condenatorio, sin duda debe cambiarse su sentido.   

Como  nada de esto hizo el demandante,   la censura se torna inidónea para concitar su análisis de fondo.   

         Y   en  el  segundo  cargo,  nótese  cómo  empieza  anunciando  la  ocurrencia  de un falso juicio de existencia por preterición de los testimonios  rendidos  por  los  esposos  Luis  Alfredo Vargas y Alix Aurora Ortiz de Vargas,  pero  al  renglón  seguido  la  crítica  se concreta en la credibilidad que el  fallador  le  dio  a sus primeras versiones donde se contradicen con la coartada  del   procesado,  reclamando  credibilidad  para  las  rendidas  posteriormente,  en posición inadmisible en esta sede por la libertad  relativa  de  que gozan los juzgadores para estimar el mérito persuasivo de los  medios,  limitada  solo por las reglas de la sana crítica cuya transgresión no  solamente omite enunciar sino que no se desentraña del libelo.   

Y  en  cuanto  a  la mención que hace de la  “prueba    de   misión   de   trabajo”  que dice omitida, ni siquiera menciona cuál es el contenido de  la  prueba  y  menos  cumple  con  su  deber  de  exponer cómo de no haber sido  omitida,  otro  hubiera  sido  el sentido de la sentencia, lo que sólo se logra  confrontando  los medios echados de menos con los que tuvo en cuenta el juzgador  para  proferir  el  fallo  controvertido,  ejercicio a través del cual puede la  Corte  descubrir  la  real  transcendencia  del error -en caso de haber existido  realmente  éste-  y  por  ende si la sentencia es o no legal.      

   

La  censura orientada por el falso juicio de  existencia  por  suposición  de prueba, carece por completo de fundamentación,  pues  de  entrada lo que critica es la credibilidad que el fallador le dio a las  manifestaciones  de  un  supuesto  agente  de  Policía que no identifica, quien  habría   aseverado  conocer  al  procesado  como  persona  que  “traficaba  con  cocaina”,  sin concretar  siquiera  cuál o cuáles fueron los medios de prueba supuestos por el fallador.   

Finalmente, frente al pretendido falso juicio  de  identidad  que  dice  recayó  sobre  el testimonio vertido por Luis Alfredo  Vargas  Ortiz,  el  casacionista  omitió  indicar expresamente qué en concreto  dice  el medio probatorio, qué exactamente dijo de él el juzgador, cómo se le  tergiversó,   cercenó   o   adicionó   haciéndole   producir   efectos   que  objetivamente  no  se  establecen  de él, y lo más importante, la repercusión  definitiva  del  desacierto en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva del fallo.   

Así las cosas,  porque  el  rigor  técnico  está  ausente del libelo que apenas se ofrece como  memorial  contentivo  de  ideas  de choque con el criterio del juzgador, deviene  inepto  para  los  fines  de  la casación, razón suficiente para inadmitirlo y  declarar la consiguiente deserción del recurso interpuesto.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         

         R E S U E L V E:   

         INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre   del   procesado      GERARDO     ALBERTO     MADRID  PARDO,  y  en consecuencia  DECLARAR  DESIERTO  el  recurso,  por  lo  anotado  en  la  motivación  de este  proveído.     

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

          Cópiese,  comuníquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de  origen.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS      A.      GALVEZ  ARGOTE                         

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                 YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

Teresa Ruíz Núñez  

Secretaria  

               

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