16187(09-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16187  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 39  

Bogotá,  D.C,  nueve  de  abril  de  dos mil  dos.   

V I S T O S  

En relación con la sentencia del 21 de abril  de  1999  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Manizales, el defensor del  procesado   ADRIAN   SALAZAR   CASTILLO  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación, como quiera que  el  acusado  fue condenado a la pena principal de veinticinco años y seis meses  de  prisión,   como  autor responsable de los delitos de homicidio y porte  ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

          De  conformidad  con  los  artículos  207  y  212  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (correspondientes al 220 y 225 del estatuto procesal penal  vigente  para  cuando  se  interpuso  la  casación),  la  Corte  analizará  la  admisibilidad formal de la demanda.   

H   E  C  H  O  S   Y   ACTUACION  PROCESAL   

Cuando a avanzada hora de la noche del 26 de  diciembre  de 1997 se hallaba dialogando con su novia y un amigo en el bar Chepe  de  la  calle  19 N° 17-19 de Manizales,  Pedro Darío Ochoa Daza recibió  en  la  cabeza  un proyectil de arma de fuego que de inmediato le segó la vida.   

Como   autor  del  disparo  fue  señalado  ADRIAN   SALAZAR  CASTILLO,  quien   poco   después  fue  aprehendido  en  posesión  de  una  pistola  9.65  m.m.   

Una  vez  oído  en  indagatoria   y   perfeccionada  la  investigación,  mediante  resolución  de fecha abril 16 de 1998 se lo acusó formalmente por su  presunta  responsabilidad  en  los  delitos  de porte ilegal de arma de fuego de  defensa  personal  y el homicidio agravado de que resultó víctima Pedro  Darío Ochoa Daza, proveído que fue  confirmado  por  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Manizales el  22 de mayo del mismo año.   

Agotada  la  etapa  del  juicio,  mediante  sentencia  de  enero  29  de 1999 el Juzgado 7° Penal del Circuito de Manizales  impuso      al     procesado     ADRIAN     SALAZAR  CASTILLO   la   pena   principal   señalada   en  el  introito  de esta providencia  y  la  accesoria  de  interdicción  en  el  ejercicio  de  derechos y funciones  públicas durante diez años.   

Impugnado  el  anterior  fallo,  el Tribunal  Superior  de  Manizales,  le  impartió  integral  confirmación a través de la  sentencia   de   segundo   grado   contra   la  cual  se  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación.   

SINTESIS DE LA DEMANDA  

          Un  solo  cargo formula al censor al amparo del cuerpo segundo de la  causal  primera de casación, prevista en el artículo 220 del estatuto procesal  penal  vigente  para  cuando  se  impugnó  el  fallo (art. 207 de la ley 600 de  2000),   “por  cuanto  se  infringieron  por  la  vía  indirecta preceptos sustanciales de la normatividad  penal”.   

Previo un capítulo que intitula “Introducción   al   cargo”,   el  libelista  se  adentra  en  la  fundamentación  precisando  que  a la vulneración mediata de la ley sustancial  se  llegó  por  errores  de  hecho  por  falsos  juicios de identidad porque en  relación   con   algunas   pruebas   “se   omitió   analizar   y   tener   en   consideración   aspectos  relevantes”,  amén de que  se    desconoció    lo    que   la   “ciencia     psiquiátrica” enseña.   

A tales errores en la valoración probatoria  se refiere de manera particular, así:   

1.-   Del   testimonio   de   María  Margarita  Marín Pineda predica un  error  de  hecho  por  falso juicio de identidad porque se le negó el valor que  tiene   al   apreciarlo   parcialmente,   esto  es,  con  omisión  de  aspectos  relevantes.   

Previa  trascripción  de  apartes  de  la  mencionada  prueba,  el libelista concluye que lo que allí se pone en evidencia  es  una actitud conciliadora de su procurado quien, por tanto, careció  de  motivo  para  accionar  su  arma, el cual tampoco fue demostrado en autos. Yerra  entonces  el  Tribunal  al  pretender  explicar  la  conducta del procesado como  reacción  a  un incidente protagonizado por el occiso y el testigo Gómez  Castrillón,  hipótesis ésta que  contraría  las  más elementales normas de la lógica. Y también al afirmar la  existencia  de un altercado entre el occiso y quien le hacía compañía, porque  fue  precisamente  esta  contienda  la  que  evitó su procurado con su conducta  conciliadora.   

Pero  el  error  más  evidente,  según  el  libelista,  consiste  en  sostener  que  este  último  incidente  afectó  a su  defendido,  porque  él  no  actuó  como  parte  en  tal  situación, ya que su  intervención  se  limitó  a  impedir  que el incidente trascendiera a mayores,  porque  el  antecedente  que  el  Tribunal  tiene como móvil determinante de la  conducta    para    nada   afectó   ni   directa   ni   indirectamente   a   su  patrocinado.   

En síntesis, se incurrió en error de hecho  originado  en  falso  juicio  de  identidad  porque  al  testimonio de la citada  Marín  Pineda se le negó el  valor   que  tiene,  ya  que  mediante  el  mismo  se  demostró  un  hecho  que  “por     inferencia  lógica”  conducía  a  la  conclusión  de  ausencia  de  motivo  de parte de su procurado para accionar el  arma  de  fuego y que al hacerlo careció de capacidad de comprender su ilicitud  o  de  determinarse  de  acuerdo  con  esa  comprensión  por  trastorno  mental  transitorio.   

          2.-  En  cuanto  al  testimonio  de  Jorge  Enrique  Gómez  Castrillón  anuncia un error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia porque según el casacionista dicha prueba se  “mutiló”  al valorarla  con omisión de sus aspectos relevantes.   

Siguiendo   la   anterior   metodología,  transcribe  apartes  de dicha deponencia para concluir que de ella se establecen  hechos  que  fueron  menospreciados  por  el  ad  quem  a   pesar  de  constituir  elementos  de  juicio  que  “por vía de la inferencia  lógica”,  contribuían  a  demostrar  que  su  procurado  al  accionar  el arma, carecía de capacidad para  comprender   su   ilicitud  y  determinarse  de  acuerdo  con  esa  comprensión  “por  estar  padeciendo un  trastorno     mental     transitorio”; hechos tales como:   

a.-  Coincidiendo  en  lo  sustancial con la  testigo  Marín  Pineda este  deponente  da  cuenta de la conducta conciliadora del procesado y de ausencia de  comportamiento  indicativo  de animadversión hacia el occiso, lo cual contrasta  con   la  actitud  que  posteriormente  asumió,  todo  lo  cual  conduce  a  la  inequívoca   conclusión   de   que   “el  cambio  brusco,  caracterizado  por  su intensidad, obedeció al  trastorno    mental    transitorio    causado    por   la   llamada   embriaguez  patológica”, porque nadie  en  circunstancias  normales,  sin  motivo  alguno, da un giro tan abrupto en su  comportamiento.   

b.- De este testimonio también se establece  que  el  procesado  se  durmió  en  la  mesa  y  al despertar intempestivamente  abandonó  el  bar,  hecho  que  menospreciado por el a quo conduce “por   inferencia   lógica”  a establecer que para el procesado se  había  iniciado el proceso de perturbación síquica que lo llevó al trastorno  mental   transitorio,   hecho  además  confirmado  por  la  única  testigo  de  cargo.   

3.-  Respecto del testimonio del Subteniente  de  la  Policía  Alexander  Caicedo Rojas,  señala un error de hecho por falso juicio de identidad  por  tergiversación  de  su  contenido,  en  tanto  que  esta  prueba se mutiló por  omisión de uno de sus aspectos relevantes.   

Con   referencia  al  fragmento  de  dicho  testimonio,  que  incluye  a continuación de la enunciación del cargo, señala  el  demandante que el hecho que surge de él es que el procesado se “mostró   absolutamente   ajeno  a  la  occisión”,   lo   que  “por     inferencia  lógica”, demuestra que no  tuvo  conciencia  de  la  ejecución  del  acto y que no lo grabó en su memoria  “por  haber  sufrido  de  amnesia”  que,  como  lo  enseña la psiquiatría, es síntoma de embriaguez patológica.   

Además, como el mismo deponente da cuenta de  la     “tranquilidad  admirable”  del procesado,  que  no  se  compadece  con  la conducta de quien acaba de cometer un delito tan  grave    como    el    que    se    investiga,    ello   también   “por   inferencia   lógica”  lleva  a  concluir  que  el procesado  careció  de  la capacidad para comprender su ilicitud o determinarse de acuerdo  con esa comprensión.   

          4.-  Del dictamen rendido por el Instituto de Medicina Legal  y  Ciencias  Forenses  predica  falso  juicio  de  identidad  porque se le negó el  alcance   que   tiene   pues   allí   se   planteó   una   duda   “imposible       de       resolver  racionalmente”    que,  además, se resolvió en contra y no  a favor de su procurado.   

          A  continuación  el  libelista  transcribe  textual e íntegramente  tanto  la  solicitud  del  examen psiquiátrico como la experticia, así como el  análisis  de  alcoholemia  practicado el mismo día de los hechos al procesado,  para pasar a precisar:   

a.-  Que  en  torno  a  esta  última prueba  afortunadamente  el  Tribunal  rechazó  la  errada  postura  de la fiscalía al  afirmar  que  el  procesado no había ingerido bebidas embriagantes antes de los  hechos,  al  concluir  que  por  entonces sí se hallaba en estado de embriaguez  como  lo  evidenciaba  la  constancia  dejada  por  el  fiscal  que practicó el  levantamiento del cadáver.   

Como  a  lo  señalado  por  el ad  quem puede añadirse lo referido por la  testigo  Marín  Pineda  para  dar  por  demostrado  que  el  occiso  estuvo  ingiriendo  bebidas  embriagantes  momentos  previos al hecho, ello en sentir del libelista constituye “base     imprescindible”  para  demostrar  la  existencia de un  estado   de   “embriaguez  patológica”,  que  puede  presentarse sin consideración a la cantidad de licor ingerido.   

b.-  Que  del  examen  psiquiátrico reviste  especial  importancia  la conclusión, en tanto que al experto no le fue posible  otorgar  una  concreta  respuesta sobre si el procesado al momento de los hechos  sufrió  trastorno  mental  que  le  hubiera  impedido  comprender su ilicitud o  determinarse  de  acuerdo  con  esa comprensión, dejando planteada una duda que  según    la    misma    experticia   “no      es     posible     resolver     científicamente”,  de  una  parte  por  el error que se  cometió  en  el  examen  de  alcoholemia  y  de  otra  por la ausencia de datos  relacionados         con         “anomalías      síquicas      previas      al     hecho”.   

Agrega  que  la  última  de  las  razones  señaladas   no   tiene  ninguna  influencia  para  negar  el  trastorno  mental  transitorio  porque  éste  puede  darse  en  persona  que  antes  del estado de  embriaguez     patológica     hubiera    dado    muestras    de    “normalidad      mental”,   por  lo  que  también  carece  de  importancia  la  cita  referida  a  la  “embriaguez     voluntaria”  que  se  incluyó  en el dictamen, toda vez que ella es totalmente  diferente  a la “patológica  o  anormal” que es la que se  aduce  para  pregonar  la  inimputabilidad  de  su  procurado y porque lo que se  estudia    en    este   asunto   es   “un   trastorno   mental   transitorio  y  no  permanente”.   

Los  juzgadores  de  instancia  erraron  al  resolver  la duda que se plantea en la experticia médica en contra y no a favor  del  procesado  como  correspondía,  de  acuerdo  al principio del “in    dubio    pro    reo”  que  el  artículo  29  de  la  Carta  Política  consagra  y  el  artículo  445  del estatuto procesal penal derogado  desarrolla.   

El  juez  de  primera instancia se equivocó  porque  para  desconocer el trastorno mental transitorio sólo tuvo en cuenta la  conclusión  del  peritazgo  con  base  en la cual concluyó que el procesado no  padecía  “trastorno mental  alguno”,  cuando  ningún  interés  aportaba  para  la  certera  definición  del  proceso las condiciones  normales   en  que  se  lo  encontró,  toda  vez  que  lo  acreditado  mediante  “prueba eficaz”  fue  su radical cambio de conducta de  “persona  conciliatoria  y  cordial    a   violenta   y   agresiva”.   

Además,  el  a quo  incurre  en  el  error  adicional  de  señalar que la  prueba  testimonial  refuerza la conclusión del legista, en tanto que apreciada  aquélla  de  conformidad  con  las  pautas  señaladas  en el artículo 254 del  estatuto  procesal penal anterior, lo que queda en claro es que el procesado dio  muestras   de   haber   iniciado   un  “proceso    de    deterioro”    determinante    del   “trastorno    mental    transitorio   causado   por   la   embriaguez  anormal”.   

Y    el    ad  quem  yerra  también  al  descartar  la  “embriaguez    patológica”   con   el  argumento   de   que   “el  alicoramiento  no  había llegado a niveles de tal magnitud que le impidieran al  individuo    comprender    y   guiarse   conforme   a   su   sentido”,  cuando  la  ciencia  psiquiátrica  enseña  que  una  tal clase de embriaguez puede incluso  producirse con ingestión mínima de alcohol.   

Tampoco acepta el demandante las razones que  el  juzgador  de  segundo  grado  señaló  para  descartar  al trastorno mental  padecido  por  su  procurado, porque la embriaguez patológica convierte a quien  la  padece  en  autómata,  que si bien pierde conciencia de sus actos, igual no  acontece  con  las  facultades  físicas  de  desplazamiento  como  lo  hizo  el  procesado    y    de    realización   de   actos   aparentemente   normales   o  anormales.   

Como  colofón  de  lo  atrás señalado, el  demandante   concluye   que  los  juzgadores  de  primera  y  segunda  instancia  incurrieron     en     falso    juicio    de    identidad    por    “mutilación    probatoria”  al  omitir la valoración de aspectos  relevantes  de los testimonios referidos en los correspondientes acápites, y en  el  mismo  yerro  por  tergiversación  de  la  experticia  psiquiátrica que no  obstante  plantear una duda imposible de resolver racionalmente, fue definida en  contra del procesado y no en su favor.   

En  capítulo  especial  señala  las normas  sustanciales  violadas,  así:  del estatuto procesal penal vigente a la sazón,  en  su  orden,  los  artículos  254,  273, 445, 249 y 247. Del Código Penal de  1980,  el  artículo 323 modificado por el 29 de la Ley 40 de 1993, por indebida  aplicación,  y  de la Ley 43 de 1982 el artículo 1° por falta de aplicación.  Finalmente,  el  artículo  29  de  la  Carta Política, por cuanto se profirió  sentencia  sin  que “hubiera  sufrido   menoscabo”  la  presunción de inocencia que ampara al procesado.   

Por todo lo anterior solicita la revocatoria  del  fallo impugnado para que se dicte el que deba reemplazarlo, que a su juicio  debe   declarar   la   inimputabilidad   del   procesado  por  trastorno  mental  transitorio, con la consecuente orden de libertad.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Ha sido reiteradamente precisado por la Sala  que  los  errores  de  hecho  en  la  apreciación  probatoria  que  dan lugar a  configurar  la  causal  primera  de casación por violación indirecta de la ley  sustancial,  ocurren  cuando el juzgador se equivoca al contemplar materialmente  la  unidad  de  investigación, sea porque omite apreciar una prueba que obra en  el  proceso  o  porque  la  supone  existente  sin  estarlo  (falsos  juicios de  existencia),  o cuando al fijar su contenido la tergiversa, distorsiona, cercena  o  adiciona en su expresión fáctica, haciéndole decir lo que objetivamente no  se  desprende  de  ella  (falsos  juicios  de identidad), o, en tercer término,  porque  sin  cometer  ninguno  de  los  anteriores  desaciertos, al asignarle su  mérito  persuasivo  transgrede  los  principios  que  orientan  la  lógica, la  ciencia,  la  experiencia  o  el sentido común, es decir, las reglas de la sana  crítica como método legalmente establecido para su valoración.   

En  estos  eventos y en los que se denuncian  errores  de  derecho, es deber del demandante señalar las normas procesales que  regulan  los  medios  de  prueba, acreditar cómo se produjo su transgresión, y  demostrar  en  forma  lógica, ordenada y completa, cómo por haber incurrido el  juzgador   en  estos  desaciertos  dejó  de  aplicar  o  aplicó  indebidamente  determinado   precepto   sustancial   y   que   de  no  haber  incurrido  en  el  desatino,   el  sentido  del fallo habría sido sustancialmente distinto al  impugnado y en todo caso favorable al procesado.   

Atendidos  los  reparos  formulados  bajo un  único  cargo,  de  entrada  se  observa  que  en  cuanto dice relación con los  posibles  errores  de  hecho  por  falsos juicios de identidad que predica de la  valoración  de  los  testimonios  de  María Margarita  Marín  Pineda  y el  subteniente  de  la  Policía Alexander  Caicedo  Rojas,  así  como del dictamen psiquiátrico  rendido  por  el  Instituto  de  Medicina  Legal, el demandante incurre en grave  deficiencia  técnica  que  los  despoja  de  virtud  para concitar el juicio de  casación.   

En  efecto,  si bien el censor acierta en la  individualización  de los medios de prueba que en su sentir habrían podido ser  desfigurados  por  el  sentenciador,  antes  que demostrar en qué consistió la  perversión  de  su  sentido  confrontando  lo que objetivamente demuestran y la  deducción  que  de  su contenido real realizó el Tribunal, que sería la forma  adecuada  de  evidenciar  el desacierto de la conclusión en relación con tales  medios,  se  da  a  la  tarea de presentar sus personales apreciaciones sobre el  mérito  persuasivo  de la prueba, pues no a conclusión distinta puede llegarse  si  se  da en considerar las reiteradas manifestaciones de que a partir de tales  medios   “por  inferencia  lógica”   se      acreditaban,      entre      otras,      las      siguientes  circunstancias:   

Que  su  procurado  no  intervino  como  “parte” en el incidente previo al desenlace de  los  hechos, que careció de móvil para actuar, que al momento de su ocurrencia  por  la  ingesta de bebidas espirituosas acusaba un trastorno mental transitorio  bajo   cuyo  efecto  disparó  el  arma,  y  que  del  resultado  del  peritazgo  psiquiátrico  no podía concluirse cosa distinta a una duda sobre su condición  de  imputabilidad  pues  contrariando  preceptos  constitucionales y legales los  falladores resolvieron en  contra y no a favor del procesado.   

El  demandante  no  hace  cosa  distinta  de  abandonar  la  demostración  del  error  de  juicio  inicialmente  anunciado en  relación  con  las  referidas  unidades  de  investigación para ubicarse en un  presunto  error  de hecho por falso raciocinio, pero sin llegar a hacer evidente  que  hubieran  sido  desconocidos por los juzgadores de instancia los principios  de  la  lógica,  la  experiencia  o el sentido común, y si bien en cuanto a la  experticia  médico  legal  incluye referencias tangenciales sobre postulados de  la   ciencia   psiquiátrica   que  hubieran  podido  ser  desconocidos  por  el  fallador,   la  censura  se  queda  en  el nudo enunciado, pues se omite la  necesaria  confrontación  del medio probatorio con la conclusión del Tribunal,  para  ver  de  demostrar  en  qué forma se pudo haber incurrido en el pregonado  desacierto.   

Una  tal  demostración no puede tenerse por  cumplida  con  las  insulares  referencias  del  demandante,  no ya sobre lo que  concluyó  el Tribunal, sino sobre lo que se precisó en el peritazgo de marras,  según  las  cuales carecía de importancia que allí se hablara de “embriaguez    voluntaria”,  situación  totalmente    diferente    a    la    “patológica    o   anormal”  que  es  la  que  pretende  se  tenga  en cuenta como causal de la  inimputabilidad que para su patrocinado reclama.   

Como   sin   demostrar  error  alguno  las  anteriores  apreciaciones  se  presentan con la finalidad única de oponerlas al  criterio  valorativo  del  fallador  de  segundo  grado  en  relación  con  los  referidos  medios  de  prueba,  es  claro  que  una  tal  argumentación resulta  inadmisible  en  sede  de  casación, dada la relativa libertad de que gozan los  juzgadores  para  apreciar  las  pruebas  y  asignarles  su  mérito persuasivo,  limitada sólo por las reglas de la sana crítica.   

Similar  crítica de orden técnico debe  formularse  al  reparo  sobre  la  valoración  del  testimonio  de Jorge  Enrique  Gómez  Castrillón, porque  no  obstante  anunciar el demandante  un error de hecho por falso juicio de  existencia,  porque  esta  prueba  se  “mutiló”  al  haber   sido   apreciada  con  omisión  de  sus  aspectos  relevantes,  termina  igualmente  desviando  la  censura  hacia  una  distinta  modalidad del error de  hecho,  esto  es, hacia el falso raciocinio al afirmar que de una tal deponencia  lo  que  se  demostraba “por  vía    de   la   inferencia   lógica”  era  la condición de inimputabilidad de  su    patrocinado    al    momento    de    disparar   el   arma,   “por   estar  padeciendo  un  trastorno  mental    transitorio”,  sin   demostrar   en  este  último  evento  siquiera  mínimamente  cómo  pudieron  haber  sido  transgredidas  las reglas de la sana  crítica en la apreciación de este testimonio.   

Resulta  evidente entonces que el demandante  en  vez  de  demostrar los aludidos falsos juicios de identidad y existencia, lo  que  en  esencia  persigue  es  obtener  de  la  Corte  la  revaloración de los  referidos  medios  de  prueba,  a  guisa  de tercera instancia, olvidando que el  juicio  feneció  con  el  proferimiento  del  fallo de segundo grado cuya doble  presunción  de  acierto y legalidad no puede desconocerse sino a expensas de la  comprobación  de  que  los  razonamientos  del  sentenciador están fundados en  errores de hecho o de derecho en la apreciación probatoria.   

Así, ante los insalvables defectos de orden  técnico  y de fundamentación, a los que se suma un inadecuado señalamiento de  las  normas violadas en tanto se involucran como sustanciales algunas que apenas  ostentan  rango  de  instrumentales (artículos 247, 249, 254 y 273 del C. de P.  P.  anterior), falencias que la Corte no puede enmendar por virtud del principio  de  limitación  que  gobierna  la  casación,  se  inadmitirá  la demanda y se  declarará  desierto  el  recurso, de conformidad con la previsión contenida en  el  artículo  226  del  estatuto  procesal  penal vigente para el momento de la  presentación de la demanda, y del 213 de la actual codificación.   

Por  lo  expuesto,  LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R E S U E L V E  

Inadmitir la demanda de casación presentada  por   el   defensor   del   procesado  ADRIAN  SALAZAR  CASTILLO,  por  las  razones  expuestas en la anterior  motivación,  y en consecuencia, declarar desierto el recurso interpuesto por el  mismo.   

Contra   este   auto  no  procede  ningún  recurso.   

Cópiese, cúmplase y devuélvase al Tribunal  de origen.   

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL              JORGE   E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS           CARLOS  A. GÁLVEZ  ARGOTE                

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO            EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO               

CARLOS        E.        MEJÍA  ESCOBAR                         NILSON  PINILLA  PINILLA                     

TERESA RUIZ NUÑEZ  

SECRETARIA  

    

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