14740(09-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 14740  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 51  

          Bogotá D.C., nueve (9) de mayo de dos mil dos (2002).   

          Decide  la  Sala  el recurso extraordinario de casación interpuesto  en  defensa de CARLOS ALBERTO EUSSE GIRALDO  y  JUNIFER ECHEVERRY CEBALLOS  contra la sentencia de fecha enero 30 de 1998, mediante la cual el  Tribunal  Superior de Medellín confirmó la dictada por el Juzgado 23 Penal del  Circuito  de  esa misma ciudad, despacho que condenó a los citados procesados a  las  penas  principales  de  noventa  y  seis  (96)  meses  de  prisión y multa  equivalente  a  cien  (100)  salarios  mínimos legales mensuales, en calidad de  coautores  de los delitos de hurto calificado agravado, secuestro simple y porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

          HECHOS   

En la noche del 11 de diciembre de 1996, los  estudiantes  de  comunicación  social de la Universidad Pontificia Bolivariana,  Natalia  Orozco  Rojas,  Olga  Lucía  Díaz  Osorio y Alejandro Cock Peláez se  desplazaban  en  dos  automóviles  por  la  vía  que  de  Medellín conduce al  corregimiento   de  Santa  Elena.   En  el  sitio  denominado  “La  Huesera”  se  detuvieron  con el  propósito  de  tomar  algunas  fotografías  panorámicas de la ciudad, pero en  este  momento  irrumpieron  en el lugar cinco individuos, dos de ellos con armas  de  fuego, quienes los despojaron de sus pertenencias, entre ellas, las cámaras  fotográficas    y    las   tarjetas   débito   cuyas   claves   tuvieron   que  suministrar.   Luego  los  obligaron  a abordar uno de los vehículos, pues  del  restante no encontraron las llaves del encendido, en el que recorrieron los  contornos  escoltados  por  los  demás  asaltantes  en un automotor de servicio  público.   

Los jóvenes fueron internados finalmente en  un  paraje  boscoso  y  atados  a  un  árbol, del que logran desasirse una hora  después.   

Entre  tanto,  los  antisociales  abordo del  vehículo  hurtado  a  los  mencionados  estudiantes arribaron a la estación de  servicio  “La Catalana”,  donde  intimidaron  con  armas  de  fuego al despachador Carlos Mario Zapata y a  quienes  se  hallaban  en  el  lugar,  apoderándose seguidamente del dinero que  tenían  en  efectivo  el expendedor de combustibles y otra persona que allí se  encontraba.   

Con   fundamento   en   la   información  suministrada  en  forma oportuna a la Policía Aeroportuaria por el empleado del  local  asaltado,  las autoridades capturaron poco después y sobre la misma vía  a     los     individuos     JUNIFER     ECHEVERRY  CEBALLOS  y  CARLOS ALBERTO  EUSSE  GIRALDO  cuando  se transportaban en el taxi de  placa  TIT  100, momentos después de abandonar durante la persecución policial  el  vehículo  del  que  se  habían  apoderado  ilícitamente  en  los primeros  acontecimientos  narrados.   Los  uniformados  incautaron  en  poder de los  retenidos  algunos  de  los  bienes  hurtados a los estudiantes de comunicación  social,    y    otros    los    hallaron    en    el    automóvil    finalmente  recuperado.   

Los aprehendidos fueron identificados por las  víctimas  del  primer hurto en las dependencias de la Policía Aeroportuaria, a  donde  fueron  inicialmente  conducidos  por  los  agentes  de  la  Policía que  participaron en el operativo.   

ACTUACION PROCESAL  

1.   En  resolución de diciembre 13 de  1996,  la  Fiscalía  171  Seccional  de  Medellín  abrió  la  investigación,  escuchó  en indagatoria a los aprehendidos y ordenó remitir el expediente a la  oficina  de  asignaciones,  de  manera  que  el  control del sumario fue asumido  finalmente   por  la  Fiscalía  75  Seccional  de  esa  misma  ciudad,  que  en  providencia  del 20 de diciembre siguiente afectó a los sindicados ECHEVERRY    CEBALLOS   y   EUSSE  GIRALDO con medida de aseguramiento  de   detención  preventiva  por  los  delitos  de  hurto  calificado  agravado,  secuestro  simple  y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal  (fs.     42     a     49,    cd.    1).   

La etapa investigativa se clausuró el 11 de  marzo  de  1997,  y  vencido  el  traslado  para alegar, el instructor dictó la  resolución  acusatoria  de  fecha  abril  4  siguiente, en la que imputó a los  procesados      ECHEVERRY     CEBALLOS  y EUSSE GIRALDO  la  coautoría  de  los  delitos de hurto calificado y agravado (artículos 349,  350-1º  y  2º, 351-6º, 9º y 10º, 372-1º del Código Penal anterior), porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal (artículo 1º del Decreto 3664 de  1986,  convertido  en  legislación  permanente  por  el Decreto 2266 de 1991) y  secuestro  simple  (artículo  269  del Código Penal anterior, subrogado por el  artículo 2º de la Ley 40 de 1993).   

La decisión enjuiciatoria fue confirmada el  13  de  mayo  del mismo año por la Fiscalía 14 Delegada ante los Tribunales de  Medellín   y  Antioquia,  al  resolver  las  apelaciones  presentadas  por  los  procesados  y los defensores (fs. 155 a 169, 192 a 204  cd. 1).   

El Juzgado 23 Penal del Circuito de Medellín  celebró  la  audiencia pública y en fallo del 20 de noviembre de 1997 condenó  a  los acriminados, en congruencia con la resolución de acusación, a las penas  principales   señaladas   en   el   acápite   inicial   de  esta  providencia,  pronunciamiento  que  el Tribunal Superior de Medellín confirmó el 30 de enero  de  1998,  al  desatar  la  alzada  incoada  por los sindicados y sus apoderados  (fs. 251 a 264, 283 a 291, cd. 1).   

Inconforme  la mandataria judicial común de  los  acusados  con  la sentencia de segundo grado, en forma oportuna interpuso y  sustentó el recurso extraordinario que decide ahora la Corte.   

LAS DEMANDAS  

En  defensa  de  los sindicados EUSSE     GIRALDO    y    ECHEVERRY  CEBALLOS se presentaron sendos  libelos  en  los que la censura formulada y su desarrollo argumentativo muestran  absoluta  coincidencia.   Por  lo  tanto,  resulta  viable  su reseña y la  respuesta conjunta.   

          Cargo único.   

Al amparo de la causal tercera de casación,  prevista  en  el  artículo  220 del anterior Código de Procedimiento Penal, la  demandante  eleva  un  único  cargo  contra  la  sentencia de segundo grado, al  considerar   que   fue   proferida  en  un  juicio  viciado  de  nulidad  porque  “…tiene  su  basamento  en  pruebas  ilegalmente  producidas   y   en   la   violación   al   derecho  de  defensa”.   

En la fundamentación de la irregularidad de  la  cual  deriva el reproche erigido en tales términos, la censora advierte que  los  principios  rectores  del  derecho  penal,  entre ellos el de legalidad, de  arraigo constitucional, son de inexcusable acatamiento.   

Seguidamente plantea que el artículo 2º de  la  Carta  Política  define los objetivos del Estado, en tanto que el artículo  29  ibídem consagra el debido proceso para toda clase de actuaciones judiciales  o   administrativas,  “cuyo  punto  central  es  el  derecho  de  defensa”;  asimismo,  que  el  estatuto  procesal        penal        “concreta       y  particularizada  (sic)  el  exigente   principio  de  legalidad  procedimental”,  impone  la  prevalencia de las normas rectoras sobre cualquier otra disposición  y  en  el  artículo  247  señala  los  presupuestos  probatorios  del fallo de  condena,  de  obligada producción “de conformidad a  lo      ordenado     por     el     artículo     246     ibídem”.   

Más  adelante  cita  el  artículo  304-3º  ejusdem,  que  consagra  como  causal  de nulidad la violación del derecho a la  defensa,  garantía  que  la  casacionista  afirma  conculcada  respecto  de sus  asistidos  ECHEVERRY CEBALLOS  y   EUSSE  GIRALDO  porque  fueron   sometidos  al  reconocimiento  de  las  víctimas  del  delito  en  las  instalaciones  de  la  Policía  Aeroportuaria, “sin  competencia  y  sin  el  procedimiento  de  ley  (sin  defensor,  sin ministerio  público,  sin  las  otras  personas  que exige la norma en fila)”,  más  aún,  indicándole  a  los  denunciantes,  según  arguye,  “que  reconocieran  a los retenidos pues ellos eran  los   autores   de   las   tropelías   y  que  los  habían  lesionado  en  sus  bienes”.   

Admite que la Fiscalía instructora efectuó  después  las  diligencias de reconocimiento con satisfacción de las exigencias  legales,  pero  asegura  que los sindicados habían sido vistos con anterioridad  por  los  testigos  en las dependencias de las Policía Nacional del aeropuerto.  Así   las   cosas,   concluye   la   actora,  “los  señalamientos  hechos  en  tales diligencias no lo fueron de los autores de los  hechos  criminales  sino  de  las  personas  que  antes, la policía, les había  señalado como autores de los delitos”.   

Destaca que quien le precedió en la defensa  del    procesado    ECHEVERRY   CEBALLOS  alegó  sin  éxito  la nulidad de la actuación y, de otra parte,  que  cuando  se solicitó la absolución de sus representados por la ausencia de  la  prueba  exigida para sustentar el fallo de condena, el Tribunal “bien  pudo  proceder  de conformidad, o decretando la nulidad de  oficio…o    absolviendo    por    falta    de    prueba   legal”.   

Con  apoyo en las consideraciones reseñadas  solicita  a  la  Corte  que  case  la  sentencia impugnada, y en su lugar ordene  “en  qué  estado  queda el proceso, disponiendo su  remisión  al  funcionario  competente para que proceda de acuerdo a lo resuelto  por la Corte”.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

El Procurador Tercero Delegado (E.) recuerda  que  en  materia  de  nulidades  al  casacionista  le  corresponde  demostrar la  trascendencia  de  la  irregularidad acusada, deber que en el presente asunto se  abstuvo  de  satisfacer  la  demandante,  quien  se  conformó  con  enunciar la  actividad  de  los  miembros  de  la  Policía  Judicial  de  la  cual deriva la  vulneración   de   los   derechos  de  defensa  y  al  debido  proceso  de  los  sindicados.   

Advierte  que  dentro  del  ámbito  de  sus  atribuciones  legales, la Unidad Investigativa de Policía Judicial de Antioquia  podía  realizar  todas  las  diligencias  tendientes  al esclarecimiento de los  hechos  y  a  individualizar  o  identificar a los responsables de las conductas  punibles,  en  tanto  que  la afirmación consignada en el informe oficial de la  maniobra,  en  el  sentido que las víctimas habían reconocido a los capturados  no  significa que tales autoridades hubiesen llevado a cabo un reconocimiento en  fila   de   personas,   simplemente   traduce  “las  manifestaciones  de  los  hechos que las víctimas hicieron a los miembros de la  Policía  Judicial  ante  la  presencia,  accidental o provocada, de los sujetos  aprehendidos  durante  los  operativos emprendidos para lograr la captura de los  responsables de los múltiples delitos”.   

A  partir del criterio esbozado por la Corte  en  el  fallo  de  julio  6  de 1994, M.P. Dr. Guillermo Duque Ruiz, el Delegado  precisa  que tal circunstancia en manera alguna afecta la validez del testimonio  rendido  por  los  afectados,  máxime  que  con  posterioridad  confirmaron  su  versión  inicial  dentro de las diligencias de reconocimiento efectuadas por la  Fiscalía  con cabal observancia de las formalidades establecidas en el estatuto  procesal penal.   

          Adicionalmente,  el  Ministerio  Público  destaca  la existencia en  autos  de otros medios probatorios a partir de los cuales el sentenciador dedujo  la   responsabilidad   de   los  implicados.   Por  lo  tanto,  desde  esta  perspectiva  no  resultaría  en  todo  caso acertado sostener la violación del  artículo   247   del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  del  derecho  a  la  defensa.   

          De  lo anterior deduce la falta de prosperidad del coincidente cargo  de  nulidad  elevado  en  los  libelos  presentados en defensa de los sindicados  EUSSE  GIRALDO y ECHEVERY  CEBALLOS,  motivo  por  el  cual  solicita  a  la  Corte  su  desestimación y que se mantenga el fallo de segunda  instancia impugnado.   

          CONSIDERACIONES DE LA SALA   

          En  las demandas cuya respuesta conjunta se aborda ante la identidad  en  el  cargo  y  su  pretendida  sustentación,  la  Corte advierte insalvables  deficiencias   que   dan   al  traste  con  la  prosperidad  del  único  reparo  formulado.   

           1.    En   primer   término,  la  impugnante  acusa la sentencia del Tribunal de haber sido proferida en un juicio  viciado  de  nulidad por encontrarse hincada en pruebas ilegalmente producidas y  en  la  violación  del  derecho de defensa, enunciado con el cual transgrede el  principio  de  autonomía pues dentro de la misma censura involucró ataques que  corresponden  a  varios motivos de impugnación extraordinaria, pasando por alto  que  cada  uno  obedece  a  modalidades  diversas  del  error susceptible de ser  cometido  por  el  juzgador  en  la aplicación del derecho al caso concreto, en  cuya  postulación  y desarrollo deben observarse diferentes reglas técnicas de  demostración,  y  que de ser demostrados en su realidad y trascendencia derivan  disímiles efectos jurídicos.   

          Ciertamente,  la apreciación de los elementos de juicio inválidos,  esto  es, de aquellos aducidos con desconocimiento de las formalidades previstas  en  la  ley,  que es el reparo inicial de la actora, se traduce en la violación  mediata  de la ley sustancial, acusable dentro del ámbito de la causal primera,  cuerpo  segundo.   En  cambio,  el  menoscabo  del  derecho  a  la defensa,  material  o  técnica,  que fue planteado de manera indiscriminada y simultánea  en  ambas  demandas,  comporta  a  no  dudarlo un error de actividad de obligada  postulación al amparo de la nulidad.   

          2.   La  confusión  revelada  por la censora en esta imprecisa  presentación  del reproche se extendió también a su desarrollo argumentativo,  donde  afianzó  al extremo la falta de claridad en la fundamentación del cargo  al  discurrir  insulsa  y escuetamente sobre los principios rectores del derecho  penal,  respecto  de su estricto e ineludible acatamiento y en relación con los  fines  del  Estado,  al  tenor  del  artículo  2º  de la Carta Política, pero  primordialmente,  al entremezclar la alegación del debido proceso y del derecho  de  defensa,  perdiendo de vista que si bien este último se deriva del primero,  como  involucran  vicios de estructura y de garantía, respectivamente, se exige  su  postulación y desarrollo separados, desde luego, sin descartarse la posible  existencia  de  irregularidades  que  afectan  a  la  par estos dos derechos, en  situación que la libelista no intentó siquiera acreditar.   

          3.   En  las  argumentaciones  restantes  la  actora insiste en  distanciarse  en  forma  ostensible  y  antitécnica  de  la  censura de nulidad  planteada  y con la cual pretende quebrar el fallo de segunda instancia, pues le  atribuye  al  juzgador  ad  quem,  no la incursión en vicios de estructura o de  garantía  con  entidad  para propiciar el efecto invalidante  reclamado en  ambos  libelos,  sino  desaciertos en la estimación de las pruebas que soportan  la  sentencia  condenatoria  atacada,  esto  es,  errores in iudicando ajenos al  ámbito   del  motivo  de  impugnación  seleccionado.              En síntesis,  con  indebido  desvío  a  una  causal  de  casación  del  todo  diferente,  la  impugnante  vincula  el  atestado  menoscabo  del  derecho  a  la  defensa  a la  estimación  que  afirma  hizo  el  Tribunal  de  los  elementos  de persuasión  incorporados  en forma ilegal al expediente; asimismo, a la inconformidad que le  asiste  con  el  valor  concedido a otros de ellos al forjar la certeza sobre la  responsabilidad    de    los    sindicados    en    las    conductas    punibles  investigadas.   

          En  este  sentido  alega de antemano que la irregularidad consistió  en  el  reconocimiento  que  de  los  procesados efectuaron las víctimas en las  instalaciones  de  la  Policía  Aeroportuaria,  esto  es,  por  autoridades sin  competencia  y  con  omisión  de  las  formalidades señaladas en la ley.   Frente  a  tal  reparo,  sea lo primero indicar, que la nulidad en manera alguna  constituye  la  vía para denunciar los vicios en la formación de la prueba por  cuanto  no  trascienden  a  la  actuación posterior.  En tales eventos, es  decir,  cuando  el  medio inválido ha sido valorado por el juzgador al proferir  la  sentencia,  tal  yerro  debe  alegarse  con  apoyo  en  la causal primera de  casación  por  violación  indirecta  de la ley sustancial derivada de un falso  juicio  de  legalidad,  desacierto  que  de  aparecer  constatado  en  autos  se  soluciona  a  través  un  nuevo  análisis  del  acervo probatorio en el que se  excluya el elemento de persuasión viciado.   

La  censora,  más adelante y con apego a la  realidad  procesal,  deja  entrever que en esa oportunidad no se llevaron a cabo  en  realidad  diligencias  de  reconocimiento  en  fila  de  personas,  sino  un  señalamiento  informal  que  de  los  capturados  hicieron los ofendidos por su  coincidente  comparecencia  en  las  dependencias  de  la  Policía Nacional del  aeropuerto,  para  centrar el ataque entonces y persistiendo en el desvío de la  censura,   en   la   crítica  al  mérito  probatorio  concedido  por  los  juzgadores  de instancia a las diligencias efectuadas en el  proceso  por  la Fiscalía instructora con cabal observancia de las formalidades  legales,  quedando descubierto de esta forma una inconsistencia adicional de las  demandas.   

4.   Abundando  en  consideraciones, la  propuesta  de  nulidad  se muestra incompleta y deficiente, pues si en gracia de  discusión  se  prescindiera  de  las impropiedades destacadas en precedencia se  tendría,  en todo caso, que la demandante se conformó con enunciar la supuesta  irregularidad  y alegar la vulneración del derecho de defensa pero sin indicar,  como  era  su  deber,  de  qué  manera  se vulneró dicha garantía, el momento  procesal  a  partir del cual debe decretarse la invalidación de lo actuado y el  funcionario  al que habría de remitirse el proceso y, menos aún, la incidencia  de   la   anomalía   denunciada   en   la   conformación   de   la   sentencia  impugnada.   

En   resumen,   por   las  inconsistencias  advertidas  tanto  en  la  vía escogida como en la fundamentación, el cargo de  nulidad  formulado  en las demandas no prospera.  En consecuencia, el fallo  impugnado no se casará.   

          Contra  esta  providencia  no procede ningún recurso de conformidad  con el artículo 187 del actual Código de Procedimiento Penal.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la Ley,   

          RESUELVE   

          NO       CASAR      la      sentencia  impugnada.   

          Comuníquese,  cópiese  y  devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase,   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                       JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                                          CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                                        ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

No hay firma  

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                             NILSON  E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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