16140abr

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16140  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                Magistrado Ponente   

                                DR. CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                                Aprobado Acta No.051   

Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  tres (3)  de  abril de dos mil (2.000).   

          VISTOS:   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor de JOSÉ DE LA  CRUZ   MONTENEGRO  MARTÍNEZ  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  fechada el 23 de marzo de 1.999, mediante la cual revocó el fallo  absolutorio  de primera instancia proferido por el Juzgado Penal del Circuito de  Chocontá  el  7  de  diciembre  de 1.998, para en su lugar condenarlo a la pena  principal  de  8 años de prisión, como responsable del delito de acceso carnal  violento.   

          HECHOS:   

Fueron sintetizados por el Tribunal Superior  en la sentencia, en los siguientes términos:   

         “Fueron  denunciados  por  la  señora  NA  DELFINA  LEURO MARTÍN,  residente  en  la  vereda  Fuguntá,  de  la comprensión municipal de Tibirita,  quien  da  cuenta  que  el  12  de septiembre de 1.997, en horas de la noche, su  esposo  JOSE  DE  LA  CRIUZ  MONTENEGRO  MARTÍNEZ,  llevado  por los celos y la  embriaguez,  procedió  a  propinarle  puños,  la  arrastró  de los cabellos y  comenzó  a asestarle planazos con una peinilla, lesiones frente a las cuales se  le  determinó  una  incapacidad  de 25 días, con posibles secuelas psíquicas,  violencia  que  fue seguida de un atropello de tipo sexual, con introducción de  una  botella  de ‘tutifruti’ por la vagina, el cual culminó con ayuntamiento de  naturaleza sexual, en tres ocasiones”.   

         LA DEMANDA:   

Un  solo  cargo  propone  el  defensor  de  MONTENEGRO  MARTÍNEZ  contra  el  fallo,  con amparo en el cuerpo segundo de la  primera  causal del artículo 220 del C. de P.P., por violación indirecta de la  ley  sustancial,  por  errores  en la apreciación de las pruebas, acusando como  normas  sustanciales vulneradas los artículos 29.4, 30 y 298 del Código Penal,  46,  249,  254,  294,  304  y  445 del Código de Procedimiento Penal y 29 de la  Constitución Política.   

Bajo el entendido que constituyen errores del  sentenciador,  afirma como tales “dar por demostrado, sin estarlo” que el acceso  carnal  se  produjo  no  mediando el consentimiento de la quejosa, como también  que  fue  fruto  de la violencia, concluyendo así que existió certeza sobre la  responsabilidad  del  procesado y sobre la entidad ilícita de su proceder; como  también  “no  dar  por  demostrado  estándolo”,  que  con  posterioridad  a la  agresión el acto sexual fue consentido.   

Sentadas  estas premisas, elabora un listado  de  pruebas “defectuosamente” apreciadas, otro de “no apreciadas” y uno final de  aquellas  “no  practicadas”, advirtiendo a renglón seguido que tanto en primera  instancia  como  en  salvamento  de  voto  de  la  Magistrada  doctora López de  Salamanca,  se enfatiza sobre la existencia de la duda, que el también reconoce  en  las diligencias, fundándose el yerro “en la estimación probatoria”, debido  básicamente  a  que  no  se  analizaron en su conjunto ni bajo las reglas de la  sana crítica.   

Cuestiona  enseguida,  que  el  Tribunal  le  hubiera  dado  “pleno valor probatorio al texto inicial de la denuncia formulada  por  ANA  DELFINA  LEURO  MARTÍN”  y  en cambio, restara toda credibilidad a la  posterior  ampliación  de  ella,  pese  a  que  en  esta última oportunidad la  quejosa  ya  no  tenía  la  presión  familiar  y  había  superado  “su sed de  venganza”.   

Refiere entonces que también habría errado  el  ad  quem  “al  centrar  su  valoración  probatoria  exclusivamente,  en  la  extracción   de  los   apartes  de uno y otro  medio probatorio”  con    el    único    propósito   de  establecer  la   responsabilidad  del   procesado,  como  sucedió  con los dictámenes  de    psiquiatría  forense,  pese  a  contener  algunos  aspectos  que  le  resultaban  favorables, conforme sucede con el hecho de evidenciar que la pareja  mantenían  una  relación  tormentosa  y matizada por actos fuera de lo común,  pero que resultaban normales para ellos.   

Acto  seguido,  vuelve  sobre  las distintas  versiones  de  la  quejosa, para censurar de nuevo el valor que a ellas diera el  Tribunal,  pues  olvida  el sentenciador “la fragilidad de la testigo de cargo y  la  forma  como  paulatinamente  va  modificando  su dicho, aduciendo aquél que  actúa  así  la  testimoniante,  por  la  necesidad de convivir con su esposo”,  incurriendo  en  el mismo error destacado, con la única finalidad de establecer  la  responsabilidad  del  procesado,  olvidando  “que  conforme  a los criterios  legales  que  la estimación del testimonio rigen (sic), aunados a las reglas de  la  sana  crítica,  estas  pruebas no pueden servir de fundamento para edificar  una sentencia con el grado de condena”.   

Erró, pues, el fallador en la “apreciación  de  las  pruebas”,  ya  que  de  haber  acertado en ella, necesariamente habría  llegado  a  la  conclusión de que se gestaba una insalvable duda que favorecía  la  situación  del procesado, razón por la cual solicita aceptar el reproche y  proceder   acorde   con  lo  dispuesto  por  el  artículo  29  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

         CONSIDERACIONES:   

1. Es ostensible,  en  este  caso,  el  divorcio  existente  entre  la  formulación,  esto  es, el  señalamiento  de  la concreta causal esgrimida y el desarrollo del único cargo  que  contra  la  sentencia  ha  presentado el defensor del procesado JOSÉ DE LA  CRUZ  MONTENEGRO  MARTÍNEZ, constituyéndose este desatino en motivo suficiente  para    que    inexorablemente    deba   declararse   la   inadmisión   de   la  demanda.   

2.   Así,  no  obstante  que  en  principio  no  existe  discusión en cuanto a que el actor ha  acudido  a  la  primera  causal  del  artículo 220 del Estatuto Procesal Penal,  acusando  el  fallo  del Tribunal de ser violatorio por vía indirecta de la ley  sustancial  y  más precisamente imputando al sentenciador manifestos errores de  hecho  en  la  apreciación  probatoria,  ninguna  relación  existe  entre este  específico  señalamiento  y  los  argumentos  que  a continuación se expresan  orientados a su demostración.   

   

3. En efecto, bajo  las  fórmulas  de “dar por demostrado, sin estarlo” o la opuesta de “no dar por  demostrado,  estándolo”,  enmarca por anticipado el demandante las conclusiones  a  que  debería llegar a través de los yerros fácticos acusados. Sin embargo,  el  procedimiento  que  a  continuación  emplea resulta también ajeno al   marco  de  ataque  inicialmente  esbozado; refiere en distintos listados pruebas  presuntamente  tergiversadas  y  omitidas, pero en relación con las cuales y en  el  falso  juicio acusado no se ocupa en manera alguna a lo largo del escrito de  demanda.   

Es  que además, de otra parte, alude dentro  del  mismo  ámbito del error de hecho, a pruebas “no practicadas”, aseveración  esta  última  que  coadyuva  a la confusión general del libelo, pues a lo sumo  podría  en  principio  estar  referida a la vulneración del derecho de defensa  compatible  con la causal tercera del artículo 220 en cita y no con la primera.   

4.  Detrás de la  afirmada  concurrencia  de  errores  de  hecho  en  las  modalidades  que se han  señalado,  en estricto sentido trátase de manifestar por vía de casación una  muy  personal  discrepancia  sobre  el  valor  que  el  Tribunal  otorgó  en la  sentencia  a  las pruebas. Así, se dice de una parte, que no podía el fallador  darle  “pleno  valor” a la versión inicial que de los hechos rindiera la propia  víctima,  toda  vez que, ella se ve atemperada en sus posteriores ampliaciones,  que   debieron,   por   tanto,  merecer  mayor  credibilidad,  pues,  según  el  demandante,  para  dicha  época  la quejosa ya no tenía la presión familiar y  había superado “su sed de venganza”.   

5. La otra prueba a  que  en  concreto  alude,  pero sin evidenciar su pretermisión y mucho menos su  tergiversación,  es  a  los dictámenes psiquiátricos practicados a la señora  Ana  Delfina  Leuro  Martín  y a MONTENEGRO MARTÍNEZ, de los cuales deduce que  las  prácticas  sexuales  que  al  parecer  consentían  permiten  descartar la  existencia   del  delito  de  acceso  carnal  violento  y  por  consiguiente  la  responsabilidad del procesado.   

Apenas  compatible  con  la  cita  de  los  preceptos  sustanciales  presuntamente  vulnerados que en principio refiriera el  demandante,  es  el alegato de instancia expuesto; así, aludió para comenzar a  los  artículos  29  y  30  del  Código  Penal,  sobre  las  circunstancias  de  justificación  del  hecho,  sin  dedicarse  en  manera alguna a ellas, también  citó  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política de manera ciertamente  impertinente  dada  la índole de la causal escogida pero más aún, y dando por  demostrada  la duda con simplemente afirmar su existencia, pues ningún esfuerzo  empleó  en  probarla, citó también como precepto en cuya falta de aplicación  incurriera   el   Tribunal,  el  artículo  445  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Siendo  protuberante  la  ausencia  de  los  requisitos  exigidos  para  la  demanda  por  el  artículo  225  del Código de  Procedimiento  Penal,  se impone su rechazo y consecuentemente declarar desierto  el recurso.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, en SALA DE CASACION PENAL,   

         RESUELVE:   

1.  INADMITIR   la  demanda  presentada  por    el    defensor    del    procesado    JOSÉ   DE   LA   CRUZ   MONTENEGRO  MARTÍNEZ.   

2.  DECLARAR  como consecuencia DESIERTO   el   recurso  extraordinario  interpuesto ante el Tribunal Superior de Cundinamarca.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso alguno, de conformidad con el art. 197 del C. de P.P.   

Cópiese,   cúmplase  y  devuélvase  el  expediente al Tribunal de orígen.   

          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE  ENRIQUE CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS       AUGUSTO      GÁLVEZ  ARGOTE           JORGE   ANíBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES              CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO       ORLANDO       PÉREZ  PINZÓN               NILSON PINILLA PINILLA    

        TERESA RUíZ NÚÑEZ   

        Secretaria     

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