15988(18-09-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 15988  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 143  

          Bogotá, D. C., dieciocho de septiembre de dos mil uno.   

VISTOS  

          Por  medio  de  sentencia  fechada  el  1° de diciembre de 1999, el  Tribunal  Superior de Armenia confirmó la condena impuesta en primera instancia  a  los  procesados ALBA STELLA BUITRAGO PÉREZ y EULISES RAMÍREZ ARBOLEDA, como  autores  de  violación a la Ley 66 de 1968, modificada  por  el  Decreto  Legislativo  2610  de 1979, decisión  proferida   dentro  de  las  causas  acumuladas  que  se  relacionaron  con  las  urbanizaciones  denominadas  “Villa Carolina o Rojas  Pinilla  III  etapa”  de  la  ciudad  de  Armenia  y  “Guaduales    III    y    IV    etapa”   del   municipio   de   Calarcá   en   el   departamento   del  Quindío.   

          En  relación  con  el  mencionado  fallo  de  segunda instancia, ha  interpuesto  y sustentado casación el defensor común de ambos acusados y, como  quiera  que  cuenta  el  concepto previo del Procurador Segundo Delegado para la  Casación (E), la Corte resolverá lo pertinente.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Por  tratarse  de  causas  acumuladas, se hará una reseña separada  para mayor claridad.  Así:   

          I.     CASO    “VILLA    CAROLINA   O   ROJAS   PINILLA   III  ETAPA”   

          En  el  mes  de  mayo  del año de 1994, los ciudadanos Henry   Roncancio   Echeverry,  Sara  Violeta  Santa  Parra,  Nelson  Restrepo  Salazar,  Rocío  Valencia,  Aimer  Osorio,  Gustavo Contreras y José  Duván   Arce   Pineda,   por   sentirse   afectados,  denunciaron  que  en  el año de 1989 la señora ALBA STELLA BUITRAGO PÉREZ, en  su  condición de directora del movimiento político ANAPO y representante legal  de  FUNDESQUIN  (Fundación  de  Desempleados  del  Quindío),  convocó  a  sus  seguidores   para  que  se  inscribieran  en  el  plan  de  vivienda  denominado  “Urbanización  Villa  Carolina  o Rojas Pinilla III  etapa”,  efecto  para  el cual cada aspirante debía  consignar  una cuota inicial de doscientos mil pesos ($ 200.000.oo) en la cuenta  bancaria  que  la  entidad  tenía  en  UCONAL, conseguir diez (10) personas que  votaran  por los candidatos del movimiento, recibir fichas de control, asistir a  las  reuniones  semanales y aportar trabajo durante varios días de la semana en  los  terrenos  donde se construiría el complejo habitacional, todo lo cual hizo  la  sindicada  sin  el  previo registro y permiso de la autoridad administrativa  competente.   Según la promesa hecha a los aspirantes, además de la cuota  inicial  consignada  por  cada  interesado,  se  conseguiría  un  subsidio de $  600.000.oo  para  cada  uno  con el INURBE, y por otra parte, la fundación o el  señor  Mario Gómez Ramírez,  en  caso  de  que resultara elegido como gobernador del departamento, harían un  aporte de $ 400.000.oo para cada beneficiario.   

          No  obstante  lo  pactado,  y  a pesar de que el candidato señalado  ganó  las elecciones a la gobernación, pasados cuatro años y medio a la fecha  de   la   denuncia,   ni  les  habían  entregado  lote,  vivienda  o  escritura  alguna.   

          A  partir  del  año  de  1992,  el señor EULISES RAMÍREZ ARBOLEDA  fungió  como  representante legal de la fundación y también desde entonces la  cuota   inicial   señalada   fue   elevada   a   trescientos   mil   pesos   ($  300.000.oo).   

          1.   Dispuesta inicialmente una investigación previa, después  quedó  formalizada  la  apertura  de  instrucción y fueron vinculados mediante  indagatoria  ALBA  STELLA  BUITRAGO  PÉREZ  y  EULISES RAMÍREZ ARBOLEDA, en su  condición  de gestores de la entidad, pero sólo en relación con la primera se  produjo  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  como  autora de  violación  a  la  Ley  66  de  1968,  modificada  por  el  Decreto 2610 de 1989  (Cuaderno 4, f. 1283 y Cuaderno 5, f. 1520).   

          2.   De  acuerdo  con resolución del 14 de septiembre de 1995,  la  Fiscalía acusó a la procesada BUITRAGO PÉREZ por la infracción señalada  en  la  situación  jurídica,  pero  precluyó  la  investigación  a  su favor  respecto  de  la hipótesis de falsedad en documentos.  En relación con el  sindicado  RAMÍREZ  ARBOLEDA,  dentro  de  la misma decisión, fue precluida la  instrucción por todos los cargos previstos (C. 5, f. 1743).   

          3.   El  defensor de la acusada inicialmente propuso el recurso  de  apelación,  pero el 10 de octubre siguiente renunció a la impugnación (C.  5, fs. 1790 y 1792).   

          4.   Asumido  el  conocimiento  para  el  juicio por el Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito de Armenia, el funcionario decretó algunas pruebas  y  se  negaron  otras,  pero después ordenó la acumulación del proceso con la  causa  que  se  adelantaba  en  relación  con los mismos acusados en el Juzgado  Primero Penal del Circuito de la misma ciudad (f. 1896).   

          II.  CASO “GUADUALES III Y IV ETAPA”   

          Desde  el año de 1990, la entidad FUNDESQUIN, entonces representada  legalmente  por la señora ALBA STELLA BUITRAGO PÉREZ, sin el previo registro y  permiso  de  la  autoridad,  anunció al público el plan de vivienda denominado  “GUADUALES  III  y  IV  ETAPA”,  proyectado  en  el  municipio  de  Calarcá  (Quindío),  y  a partir de entonces se dedicó a recaudar dineros de quienes se  afiliaron  al programa y por ello debían consignar en una cuenta abierta por la  institución  en  UCONAL.   Estas  actividades  fueron  realizadas  por  la  señora  BUITRAGO  PÉREZ  hasta el mes de febrero de 1992, fecha en la cual fue  sustituida  en  el  cargo  por  el  ciudadano  EULISES  RAMÍREZ ARBOLEDA, quien  continuó  la  misma  tarea,  a  pesar  del  desconocimiento  de  las exigencias  legales.   

          1.     En   principio,   la   Fiscalía   cumplió   actos   de  investigación  previa,  pero posteriormente abrió formalmente la averiguación  para  vincular,  por  medio  de  indagatoria,  a los imputados BUITRAGO PÉREZ y  RAMÍREZ  ARBOLEDA,  a  quienes  también afectó con medida de aseguramiento de  detención    preventiva,    como    autores    del   delito   de   “captación    ilegal    de   fondos”  señalado  en la Ley 66 de 1968 y el Decreto 2610 de 1979 (C. 6, fs. 1907, 2093,  2224, 2234 y C. 7, f. 2298).   

          2.   Por  medio  de  resolución  del  7  de  marzo de 1996, la  Fiscalía  instructora  amplió  la  cobertura  de la medida de aseguramiento al  delito  de  estafa (C. 7, f.  2379).   

          3.   Llevada  a  cabo  una  conciliación  para  el pago de los  perjuicios  derivados  del  hecho  punible  de  estafa,  y cumplida en el tiempo  otorgado  los  términos  de la misma, la Fiscalía precluyó anticipadamente la  investigación  por dicha infracción, según resolución del 6 de junio de 1996  (C. 7, f. 2565 y C. 8, f. 2635).   

          4.    Debidamente  sustanciada  la  providencia  de  cierre  de  investigación,   el  instructor  calificó  su  mérito  y  dictó  resolución  acusatoria  en  contra  de ambos vinculados, fechada el 3 de septiembre de 1996,  como  autores de la “conducta consistente en anunciar  y  desarrollar  las actividades de que trata la ley 66 de 1968 y el decreto 2610  de   1979,  sin  tener  el  registro  ni  el  permiso  para  ello…”,  decisión  que  quedó  ejecutoriada  el  23 de septiembre del  mismo año (C. 8, fs. 2666 y 2680vto.).   

          5.   Avocó  el  conocimiento  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de Armenia, pero después remitió el expediente al Juzgado Tercero de  la   misma   categoría   para  efectos  de  acumulación  (C.  8,  fs.  2687  y  2692).   

          6.   Cumplida  la  audiencia  pública  ya dentro de las causas  acumuladas,  el juez dictó sentencia de primer grado el 22 de mayo de 1998, por  medio  de  la cual condenó a los acusados ALBA STELLA BUITRAGO PÉREZ y EULISES  RAMÍREZ  ARBOLEDA  a las penas principales de treinta y dos (32) y veinticuatro  (24)  meses  de prisión, respectivamente, la primera como autora de un concurso  de  hechos  punibles  de  violación  a  la  ley  66  de 1968, y el segundo como  responsable  de  un  delito  de  la misma naturaleza, cometidos en perjuicio del  orden  económico  y  social.  De igual manera, ambos procesados recibieron  la  sanción  accesoria  de  interdicción de derechos y funciones públicas por  igual   tiempo   y   fueron   beneficiados   con   la   condena   de  ejecución  condicional.   En  cuanto  a la señora BUITRAGO PÉREZ, adicionalmente fue  condenada  al  pago  de  los perjuicios en cuantía equivalente a 267.9689 UPAC,  los  de  orden  material,  y  a  15  gramos  de  oro,  los  morales  (C.  8,  f.  2870).   

          7.   Interpuesto  el  recurso  de apelación por el defensor de  ambos  procesados, alega, en primer lugar, que si bien admite la tipicidad de la  conducta,  le  parece  que  ella  no  es  materialmente  antijurídica,  porque,  atendido  que  el  bien  jurídico  tutelado es el orden económico y social, la  insignificancia  jurídica  del comportamiento resulta visible porque los planes  de  vivienda  finalmente fueron realizados; mientras que la culpabilidad tampoco  se  vislumbra  porque  los acusados siempre actuaron de buena fe, convencidos de  que  obraban  dentro  del  marco legal, por medio de manifestaciones de voluntad  siempre     dirigidas     a     ejecutar     y     cumplir     los     programas  habitacionales.   

          En  segundo  lugar, el apelante planteó la nulidad de la actuación  por  falta  de  competencia,  dado  que con la vigencia de la ley 308 de 1996 el  delito  pasó  a  ser  querellable  y,  por  ende, de conocimiento de los jueces  municipales.   En  virtud de este fenómeno, habría que considerar que los  afectados  presentaron la querella un año después, en contravía del artículo  32  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991,  lo cual significaría que  operada  la  caducidad  se imponía la cesación de procedimiento a favor de sus  representados.   

          8.   El  Tribunal  Superior  de  Armenia  dictó  sentencia  de  segundo  grado  el  1°  de  diciembre  de  1998,  por  medio del cual confirmó  integralmente   el   fallo  de  primera  instancia,  dado  que  la  conducta  de  enajenación,  traducida  en  el  recaudo  de dineros para ofrecer soluciones de  vivienda  sin  el  cumplimiento de los requisitos legales, no quedó contemplada  en  la  ley  308  de  1996,   y en tal sentido ésta no habría derogado lo  pertinente  de  la ley 66 de 1968 y el decreto 2610 de 1979.  En este orden  de  ideas, la acción imputada a los procesados no es querellable y sigue siendo  de competencia de los jueces de circuito (C. 9, f. 3099).   

CONTENIDO DE LAS DEMANDAS  

          El  defensor  de  ambos  sentenciados  presentó  sendas demandas de  casación,  pero  fácil  es advertir que los libelos tienen idéntico contenido  y,  en  razón  de  ello,  la Corte hará una única recensión y también será  único el estudio de las mismas.   

          Con  base  en  la  causal  tercera  de casación, prevista hoy en el  numeral  3° del artículo 207 del Nuevo Código de Procedimiento Penal (Ley 600  de  2000),  el demandante arguye que se ha dictado sentencia dentro de un juicio  viciado  de nulidad, en vista de que, a partir del 5 de agosto de 1996, fecha de  vigencia  de  la  Ley  308  de  1996,  la  competencia  para  instruir  el  caso  correspondía  a  los  fiscales  locales  y  el juzgamiento a los jueces penales  municipales,  dado  que la mencionada ley introdujo el artículo 367A como nueva  norma   del   Código   Penal   de  1980,  relacionada  con  el  “Urbanizador   ilegal”,   y   así,   de  conformidad  con  el  artículo  369  del  mismo  estatuto,  el delito resultaba  querellable  y  cambiaba entonces la competencia del nivel del circuito al nivel  municipal,  como lo disponía el artículo 73 del Código de Procedimiento Penal  de 1991.   

          Aporta    en    sustento    de    la    censura    los    siguientes  argumentos:   

          1.   En  materia  de  tipificación  de  conductas  objetivas o  externas,  verbos  rectores  y  penalidad, la ley 308 de 1996 subrogó todas las  disposiciones  dispersas,  concretamente  el  artículo 11 de la Ley 66 de 1968,  modificado  por  el artículo 6° del Decreto 2610 de 1979, aunque otras normas,  como    la    del    artículo   2°   de   la   mencionada   ley   –reformado  por  el  mismo  decreto-, no  sufrieron el efecto modificador de la ley 308.   

          2.    La   Corte   Constitucional   aporta  un  ingrediente  de  interpretación  de  la  nueva  norma  cuando en la sentencia C-157 de 1997, que  revisó  la  constitucionalidad  de  los  artículos  1° y 2° de la ley 308 de  1996,  expone  que  el  nuevo  delito  atinente  al  urbanizador ilegal tiene su  fundamento  en  la  necesidad  de  protección  de  la  comunidad,  tantas veces  afectada  por conductas de personas inescrupulosas que, so pretexto de adelantar  programas   de   vivienda,   recaudan   dineros   sin   control   y   de  manera  masiva.   

          3.    Dentro  de  dicho  proceso  de  hermenéutica,  la  Corte  Constitucional,  al  revisar  la  constitucionalidad de la exigencia de querella  para  promover  la  acción  penal  en el delito de urbanizador ilegal, también  señaló  que  en  esa infracción estaba comprometido el interés estatal en la  planeación  urbanística y la regulación del suelo, así como en la vigilancia  y  control  de  las actividades relacionadas con la construcción y enajenación  de inmuebles destinados a vivienda (sentencia C-658 de 1997).   

          4.   Constituye  una  vía de hecho la activación de una norma  evidentemente  inaplicable  en  este  caso,  porque  había  sido  modificado el  artículo  6°  del  decreto 2610 de 1979 (defecto sustantivo), y además porque  la  entrada  en  vigor  de  la  ley  308  de  1996,  en lugar de aquel precepto,  significaba  que  la  sentencia  la  dictó  un  órgano  judicial absolutamente  incompetente (defecto orgánico).   

          5.   No  obstante  que  el  artículo 2° de la ley 308 de 1996  consagra  una  pena  más  severa  que  la del artículo 6° del decreto 2610 de  1979,  lo  cierto  es que resultaba más favorable por la posibilidad de aplicar  retroactivamente  el  artículo  369  del  Código  Penal de 1980, relativo a la  querella,  así como por haber operado la caducidad de la misma, en vista de que  los afectados la habrían presentado extemporáneamente.   

          6.   El  Tribunal  ha  declarado  que  no son incompatibles las  normas  pertinentes de la Ley 66 de 1968 y el Decreto 2610 de 1979 con las de la  Ley  308  de  1996,  porque las primeras tutelan el interés económico y social  del  Estado  para  gobernar lo relacionado con las normas de urbanismo, mientras  que  la  segunda  lo hace frente al patrimonio económico.  Sin embargo, el  censor  estima  que  la  Corporación  ha interpretado restrictivamente la nueva  normatividad,  en  la  medida  en  que  no  tuvo en cuenta el segundo aparte del  artículo  2°  que  alude a “su construcción sin el  lleno  de  los  requisitos legales”; amén de todo lo  postulado en los mencionados fallos de constitucionalidad.   

          7.   Seguidamente,  el  actor hace un estudio de los principios  que  orientan  las  nulidades,  conforme  con  el  artículo  308 del Código de  Procedimiento  Penal  de 1991, para señalar que la incompetencia constituye una  irregularidad  insubsanable; que la falta de aplicación de las nuevas normas no  le  permitió  a  sus  defendidos  acceder  a  la  figura  de  la  caducidad por  aplicación  retroactiva  favorable;  que  el  yerro  no  puede  imputarse a los  procesados  ni  al defensor, supuesto que fue alegada en su momento y además se  carecía  de  un  desarrollo  jurisprudencial sobre la materia; que no ha habido  consentimiento  expreso  de  los  acusados  para  convalidar  la irregularidad y  tampoco  sería posible hacerlo en relación con la falta de competencia; que la  casación  se  erige en el único recurso que le queda para rogar la corrección  de  la  irregularidad;  y,  finalmente,  que  la  anomalía  está  expresamente  prevista  como causal de nulidad en el numeral 1° del artículo 304 del Código  de Procedimiento Penal de 1991.   

          Como  conclusión,  el  actor  pide  que  la  Corte  case  el  fallo  recurrido  y,  en  su lugar, que anule la actuación a partir del 5 de agosto de  1996,  mediante  la  indicación  del  estado  en  el cual queda el proceso y la  disposición del envío al competente.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR  

          1.   El  Procurador  Delegado  plantea, en primer lugar, que la  acción   está  prescrita  en  el  caso  de  la  urbanización  “Villa    Carolina    o    Rojas    Pinilla   III   Etapa”.   Explica  que  la Fiscalía calificó el mérito sumarial  en  dicho  proceso el 14 de septiembre de 1995, el defensor interpuso el recurso  de  apelación y, no obstante que el 10 de octubre del mismo año el profesional  renunció  a  la  impugnación,  el fiscal no hizo pronunciamiento formal alguno  sobre  la  última  manifestación,  y sólo mediante constancia secretarial fue  enviado   el   expediente   a   los   jueces   del   circuito   de  Armenia  por  competencia.   

          Con  todo,  ante  la  falta  de  decisión  judicial que aceptara la  renuncia  al  recurso  de  apelación,  el  Procurador estima que la resolución  acusatoria  quedó  ejecutoriada  en la fecha en que el defensor desistió de la  impugnación,  esto  es,  el  10  de  octubre  de 1995.  De modo que, en la  indicada  fecha,  quedó interrumpida la prescripción conforme con el artículo  84  del  Código Penal de 1980 y, como quiera que la ley 66 de 1968 y el decreto  2610  de 1979 contemplan una pena máxima de seis (6) años, empezó a correr un  nuevo  término  de  prescripción  igual  a la mitad (3 años), en todo caso no  inferior a 5 años.   

          Así  las  cosas,  desde el 10 de octubre de 1995 hasta ahora ya han  corrido  más  de  cinco  (5)  años  y  resulta  imperativa  la declaratoria de  prescripción.   Por otra parte, tampoco pueden aplicarse los postulados de  la  ley  553 de 2000, por medio de la cual fue reformada la casación, porque en  razón  de  la  favorabilidad  se  impone la aplicación de la norma anterior y,  además,  el  artículo  18  transitorio de la mencionada ley prevé que ella se  aplicará  a  los  procesos  en  que  la  casación se interponga a partir de su  vigencia y ésta fue fijada el 15 de enero de 2000.   

          Aunque  se  concediera  razón al casacionista, en el sentido de que  rige  la ley 308 de 1996 y no las normas anteriores, de todas maneras la acción  estaría  prescrita  porque  el estatuto invocado prevé una sanción máxima de  siete  (7)  años  de  prisión  y,  en  ese  orden  de  ideas,  interrumpida la  prescripción comenzaría a correr por cinco (5) años.   

          2.   En cuanto al cargo de nulidad relativo a la segunda causa,  única  que  pervive jurídicamente, el Procurador advierte que para entonces se  echaban  de  menos  pronunciamientos  de  la  Corte Constitucional o de la Corte  Suprema  sobre  la vigencia simultánea o la derogatoria tácita producida entre  la  ley 66 de 1968 y el decreto 2610 de 1979, por un lado, y la ley 308 de 1979,  que  introdujo  el artículo 367A en el Código Penal de 1980, por el otro, pues  sólo  eran  conocidas  las  sentencias C-157 y C-658 de 1997, la primera de las  cuales  aduce  que  era exequible la introducción del delito de “Urbanizador  Ilegal”,  mientras  que  la  segunda  determina  que  no afecta la Carta Fundamental el hecho de que el nuevo  hecho  punible  haya  quedado  como querellable.  Sin embargo, en el primer  fallo   de   constitucionalidad   quedó   establecido  que  cualquier  supuesta  contradicción,  derogatoria  expresa  o  tácita  entre las leyes sucesivas, no  podía  definirse  en  un  proceso  de  constitucionalidad  sino  que  incumbía  definirla  a  los  operadores  jurídicos encargados de interpretar y aplicar la  ley.   

         2.1   De todas maneras, ocurre que la sentencia de casación de  18  de  febrero  de  2000,  adoptada  con  ponencia  del magistrado Fernando  Arboleda Ripoll, había declarado  la  posibilidad  del  concurso material entre el delito previsto en el artículo  11  de  la  ley  66 de 1968 (modificado por el artículo 6° del decreto 2610 de  1979)  y  el  hecho punible de estafa tipificado en el artículo 356 del Código  Penal  de  1980, manifestación que, según el criterio del Ministerio Público,  tácitamente avalaba la vigencia de las primeras normas.   

         2.2   Aunque  el  artículo  367A  del  Código  Penal  de 1980  utiliza   la   expresión   “sin  el  lleno  de  los  requisitos  de  ley”,  que comprendería la falta de  registro  y de permiso plasmadas en la ley 66 de 1968 y el decreto 2610 de 1979,  lo  cierto es que entre los diez (10) verbos rectores de la primera disposición  no  quedó  incluida  la  conducta de anunciar o desarrollar la transferencia de  dominio,  la  celebración  de  promesas  de  venta  o el recibo de anticipos de  dinero  sin  el  debido  registro  y permiso, cuando las unidades habitacionales  fueren  cinco  o más.  En efecto, la nueva norma se ocupó de otros verbos  rectores  frente  a la división, parcelación, urbanización y construcción de  inmuebles,  mas  en  el  mundo  de  lo  real  sería  posible que se presentaren  anuncios  de  transferencia  de  dominio,  promesas de compraventa o recaudos de  dinero  para tales fines, sin que materialmente los responsables hayan llegado a  la división, parcelación, urbanización o construcción.   

         2.3   Si el propósito de la ley 308 de 1996 hubiera sido el de  subrogar  o  abrogar integralmente la legislación precedente, sin duda describe  todas  las  posibilidades  comportamentales  verificables, lo que no sucedió de  cara  a conductas como la de enajenación, transferencia de dominio o recepción  de  anticipos  de  dinero,  cuando  no  haya  actos materiales de construcción,  división,  parcelación o urbanización, que entonces siguieron reguladas en la  ley  anterior.   De  modo  que,  según  lo piensa el Procurador, cuando el  imputado  anuncia  o  desarrolla  la  enajenación  de  unidades habitacionales,  siempre  que  éstas  sean  cinco  o  más,  o haya celebrado promesas de venta,  reciba  anticipos  o  emplee  cualquier  otro sistema que implique recepción de  dineros,  sin  interesar  que  lleguen  a  realizarse  los  actos  materiales de  construcción,  urbanización,  división  o  parcelación, tienen aplicabilidad  plena  la  ley  66  y  su decreto modificatorio, pues dichas conductas no fueron  contempladas en el artículo 2° de la ley 308 de 1996.   

         2.4   En  el  caso del proyecto urbanístico “Guaduales III y  IV”,  único  en  el  que  está vigente la acción penal, a los procesados se  reprocha  la  conducta  consistente  en  que,  como  representantes  legales  de  FUNDESQUIN,  anunciaron  el  plan de vivienda y recibieron anticipos de dineros,  sin   contar   con  los  requisitos  de  registro  y  permiso  de  la  autoridad  competente.   Como  las  soluciones  habitacionales no se habían puesto en  marcha  hasta  llegar  a  una  real  división,  parcelación,  urbanización  o  construcción  de  terrenos,  sin importar que más adelante se hayan ejecutado,  el  Procurador  considera  que  la  conducta no está tipificada en el artículo  367A  sino  que  continúa  en  la ley 66 de 1968 y el decreto de modificación,  pues  el  objeto  jurídico  no  es  el  de  proteger  simplemente el patrimonio  económico,  como  en  el  primer  precepto,  sino  que  preserva las eventuales  puestas  en  peligro  del  orden  económico y social, que se ve afectado cuando  comienzan  esas  actividades  sin  el  cumplimiento  de  los requisitos legales,  razón  por  la  cual  para  nada  interfiere que el proyecto finalmente se haya  cumplido o los perjuicios hubiesen sido resarcidos.   

         2.5   Ahora  bien,  si la conducta reprochada fuera la de haber  realizado  las  unidades  habitacionales  al  momento de la comisión del hecho,  mediante  la  división,  parcelación,  construcción o urbanización, la norma  llamada  a  regular  la  materia  sería  la  de  la  ley  308 y entonces debía  aplicarse  retroactivamente  por  favorabilidad,  dado  que  el  delito  resulta  querellable,  la  querella  habría  sido  interpuesta por fuera del término de  legal  y  entonces  quedaría  configurada la caducidad, todo lo cual generaría  eventualmente  una  causal de nulidad absoluta, que no habilita ni siquiera para  abrir investigación.   

         2.6   Como  no  es esta última la situación configurada en el  caso,  el  Procurador propone a la Corte que desestime el cargo propuesto en las  demandas,  sin  embargo de lo cual pide casar parcialmente el fallo respecto del  proceso    adelantado   con   motivo   de   la   urbanización   “Villa     Carolina    o    Rojas  Pinilla  III  Etapa”, evento en el  cual  debe  procederse  a  decretar  la cesación de procedimiento a favor de la  ALBA  STELLA  BUITRAGO  PÉREZ,  en  razón  de  la  prescripción de la acción  penal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.    Prescripción  de  la  acción  penal.    En   el   caso   de  la  urbanización  “Villa    Carolina   o  Rojas  Pinilla  III Etapa”,  en  verdad se ha consumado el fenómeno de la prescripción de la acción penal,  porque   de  conformidad  con  el  artículo  80  del  anterior  Código  Penal,  correspondiente  al artículo 83 del vigente, el término de prescripción será  igual  al  máximo  de  la  pena fijada en la ley y, ejecutoriada la resolución  acusatoria,  dicho lapso se interrumpe y comienza a correr por tiempo igual a la  mitad  del  inicial,  en  todo caso no inferior a cinco (5) años, acorde con el  artículo   84   del   estatuto   derogado   o   el   artículo   86  del  nuevo  ordenamiento.   

         1.1   Pues  bien, la Fiscalía dictó resolución de acusación  en  contra  de  ALBA  STELLA  BUITRAGO  PÉREZ el día 14 de septiembre de 1995,  sólo  por el delito de violación a la Ley 66 de 1968 y el Decreto 2610 de 1979  (C.  5.,  f.  1743).   Inicialmente,  el  defensor de la acusada propuso el  recurso  de  apelación  y,  por  medio  de memorial fechado el 10 de octubre de  1995,  renunció  a  la  impugnación (idem, fs. 1790 y 1792).   

         1.2   Entre  las  normas  que  han  regulado  sucesivamente  la  cuestión  sustancial en el curso de este proceso, la del artículo 11 de la Ley  66  de  1968, reformada por el artículo 6° del Decreto 2610 de 1979, realmente  no  sólo  es  la  ley previa sino la más favorable, porque prevé en el inciso  primero  una  pena  máxima de prisión de seis (6) años, dado que la procesada  no  sólo  carecía  de  permiso  sino también de registro para anunciarse como  urbanizadora  y  recolectar dineros entre el público; mientras que el artículo  2°  de la Ley 308 de 1996 estipula un máximo de sanción de siete (7) años de  prisión,  posteriormente  reiterado  por  el  artículo  318  de  la Ley 599 de  2000.   Significa  entonces  que la prescripción correría de nuevo por el  término  de  tres  (3)  años,  pero  legalmente  no puede ser inferior a cinco  (5).   

         1.3   Ahora  bien,  ante  el  fenómeno  del  desistimiento del  recurso   de   apelación,   la   Fiscalía   debió   dictar   una  providencia  interlocutoria  que  lo  evaluara  respecto  de su legitimación y oportunidad y  consecuentemente  lo aceptara para declarar ejecutoriada la acusación, conforme  con  el  artículo 212 del Código de Procedimiento Penal de 1991 o como dispone  hoy  el  artículo  199  de  la  Ley 600 de 2000 (nuevo Código de Procedimiento  Penal),  que  provee  en igual sentido.  Sin embargo, como así no se hizo,  la  única fecha cierta para contar el nuevo término de prescripción sería la  del  desistimiento  de la impugnación (10 de octubre de 1995), momento a partir  del  cual  se  registró  el  curso de cinco (5) años hasta el 10 de octubre de  2000,   cuando  el  asunto  se  hallaba  en  Procuraduría  para  el  respectivo  concepto.   

         Para  nada  en  el  caso  incide  la vigencia de la Ley 553 de 2000,  conforme  con la cual la sentencia de segundo grado se entendía ejecutoriada al  proponerse  la  casación (art. 1°) y ella se aplicaba a los procesos en lo que  se  interpusiera  la casación a partir del 15 de enero del mismo año, fecha de  su  vigor  (art.  18  transitorio).  Aparte de que no puede aplicarse ahora  ninguno   de   los  preceptos  mencionados,  en  vista  de  la  declaratoria  de  inexequibilidad  de  ambos (sentencia C-252 de 2001), debe tenerse en cuenta que  el  fallo  de  segunda instancia fue dictado y la casación iniciada antes de la  vigencia  de  la  referida  ley, razón por la cual correspondía al gobierno de  las  normas  anteriores (Decreto 2700/91), que no contemplaban la ejecutoria del  fallo  antes  de  resolver  el  recurso  extraordinario, conforme con las pautas  trazadas en el artículo 40 de ley 153 de 1887.   

         2.     Nulidad    por   falta   de  competencia.   En  ambas demandas el cargo único  de  nulidad  parte  del  supuesto  de  que  la  ley  308  de  1996  subrogó las  disposiciones   dispersas   e   innominadas   que   regían  la  materia  de  la  urbanización  legal,  en cuanto tiene que ver con la tipificación de conductas  externas  u  objetivas,  verbos rectores y penalidad, concretamente el artículo  11  de  la  ley  66 de 1968, modificado por el artículo 6° del decreto 2610 de  1979.  Se verá la realidad de este reproche:   

         2.1     El    problema    de    la  derogatoria.   La Corte en sentencia de casación  fechada  el 2 de mayo del año en curso (radicado N° 13.548), dentro de un caso  por  conducta  similar  a  la  que  ahora se examina, resolvió negativamente la  inquietud  de  derogatoria  planteada  por  el censor y respecto del alcance del  artículo 6° del decreto 2610 de 1979 explicó:   

“En  otros  términos,  la  norma  que  modificó  el  artículo  11 de la Ley 66 de 1.968, tiene por verbo rector el de  enajenar      inmuebles,      entendiéndose      por      tal      ‘la   transferencia   del  dominio  a  título  oneroso  de  las  unidades  resultantes  de  toda división material de  predios;  la  transferencia  del  dominio  a  título  oneroso  de  las unidades  resultantes  de  la  adecuación de terrenos para la construcción de viviendas;  la  transferencia  del  dominio a título oneroso de las unidades resultantes de  la  edificación  o  construcción de viviendas en unidades independientes o por  el  sistema  de  propiedad  horizontal;  la  transferencia del dominio a título  oneroso  de  viviendas  en  unidades  independientes  o sometidas al régimen de  propiedad  horizontal  y  la  celebración  de  promesas  de venta, el recibo de  anticipos  de  dinero  o  cualquier  otro sistema que implique recepción de los  mismos,  con  la  finalidad  de  transferir el dominio de inmuebles destinados a  vivienda’   y   como  ingrediente   normativo  jurídico  la  carencia  del  registro  o  del  permiso  señalados, respectivamente, en sus artículos 3° y 4°.   

“Por  su  parte  el  artículo  367A del  Código  Penal,  creado  por la mencionada Ley 308, aunque tiene por ingrediente  normativo  jurídico  la  expresión  ‘sin    el    lleno    de    los   requisitos   de   ley’,  formula  sus  verbos  rectores  en  términos  de  adelantar,  promover,  patrocinar, inducir, financiar, facilitar,  tolerar,  colaborar  o  permitir  la  división,  parcelación, urbanización de  inmuebles  o  su construcción, con lo que, evidentemente, no se incluye en modo  alguno  la  conducta  de  aquél,  que  como se dijo es la de enajenar, bajo las  cinco acepciones que establece el artículo 2°.   

“…”  

“Por  eso  mismo, no puede haber lugar a  hesitación  que la Ley 66 de 1.968 y su Decreto modificatorio, regulan aspectos  diferentes  de  una misma actividad o de un mismo problema, a los regidos por la  Ley  308  de  1.996,  como  que  por  aquellos  se legisla sobre la actividad de  enajenación  de inmuebles, mientras que por ésta, aunque referida en términos  generales  al problema de la vivienda, se refiere a otro momento del mismo, no a  la  enajenación,  sino a la división, parcelación, urbanización de inmuebles  o su construcción.   

“Siendo  ello  así,  precisado  que  en  efecto   ambas  normas  regulan  aspectos  diversos  de  la  misma  actividad  o  problemática,  la  conclusión  no  puede  ser  otra  que  la extractada por la  Delegada:   ‘estamos  frente    a    dos    tipos    penales   complementarios   distintos’,  por  manera  que  no  es  posible  afirmarse  incompatibilidad  entre  dichas normas o que la anterior contraría a  la  nueva para que de ese modo aquella se entendiera tácitamente derogada, pues  indudablemente,  a  pesar  de  algunos  elementos  en común, el Decreto 2610 de  1.979  mantiene  en  vigencia  un  tipo  especial aplicable a las actividades de  enajenación  y  no a las de división, parcelación, urbanización de inmuebles  o  su  construcción  a  que  hace  referencia  el  artículo  367A  del Código  Penal.   

“En   esas   circunstancias   como  la  procesada,  ejecutó recurrentemente la actividad de enajenación prevista en el  numeral  5°  del  artículo  2°  del Decreto 2.610 de 1.979, esto es, recibió  anticipos  de  dinero  con  la  finalidad  de transferir el dominio de inmuebles  destinados  a  vivienda,  sin  que  entonces  hubiere  hecho  el  registro a que  obligaba  el  artículo  3° del mismo Decreto, el que además se constituía en  requisito  para  obtener  el  permiso  de  la  autoridad  municipal  respectiva,  establecido  en  el  artículo  4°,  y  tal  conducta no fue regulada, en manea  alguna,  por  el  precepto 367A del Código de las Penas, que dejó así vigente  esa  especial  disposición,  no  cabía  posibilidad  distinta  que  la  de  su  aplicación,  por  ende, arribando a la conclusión contraria a la que llegó el  extraordinario   recurrente,  el  fallador  no  incurrió  en  falso  juicio  de  existencia  de  la  norma,  pues, tal como se dejó anotado, aplicó un precepto  que,  sin  duda, se encontraba y se encuentra vigente, lo que además fue cierta  y  tácitamente  afirmado  por  la  Corte en providencia de febrero 18 de 2.000,  siendo   ponente   el   Magistrado   Fernando   Arboleda   Ripoll”.   

         Como  podrá  verificarse,  en  términos  similares  se expresó el  Procurador  Segundo  Delegado  Encargado  en  su concepto, no obstante que, debe  reconocerse,  a  la  fecha  de  su  intervención escrita aún no se conocía el  reseñado fallo de la Corte.   

         Pues  bien, en vista de la vigencia del nuevo Código Penal (Ley 599  de  2000),  cuyo  artículo  318  prácticamente  reproduce  la disposición del  artículo  2° de la Ley 308 de 1996, con la sola diferencia de que en el inciso  2°  retoma  un  apartado del artículo 6° del Decreto 2610 de 1979, relativo a  la  responsabilidad penal que asumen los representantes legales y miembros de la  junta  directiva  de  la persona jurídica que haya participado en la decisión,  la  Corte  esta  vez  volverá  sobre  el tema, con el propósito de profundizar  algunas referencias anteriores.   

         2.1.1   Así  entonces,  debe recordarse que, de acuerdo con el  artículo  3°  de  la Ley 153 de 1887, la derogatoria  de    normas   se   entiende   en   los   siguientes  términos:   

“Estímase insubsistente una disposición  legal  por  declaración  expresa  del  legislador,  o  por incompatibilidad con  disposiciones  especiales  posteriores,  o  por existir una nueva ley que regule  íntegramente    la   materia   a   la   que   la   anterior   disposición   se  refería”.   

         El  concepto de derogación también se presenta por el artículo 71  del Código Civil de la siguiente manera:   

“La  derogación  de las leyes puede ser  expresa o tácita.   

“Es         expresa,   cuando  la  nueva  ley  dice  expresamente que deroga la antigua.   

“Es         tácita,  cuando  la  nueva ley contiene  disposiciones que no pueden conciliarse con las de la ley anterior.   

“La  derogación  de  una  ley puede ser  total  o  parcial”  (lo  destacado  es  original del  texto).   

         Y el artículo 72 del mismo ordenamiento dispone:   

“La  derogación tácita deja vigente en  las  leyes anteriores, aunque versen sobre la misma materia, todo aquello que no  pugna     con    las    disposiciones    de    la    nueva    ley”.   

         2.1.2   Ocurre que, conforme con el artículo 3° de la Ley 308  de  1996  (agosto  5), ella regía a partir de su publicación y “deroga  todas  las  disposiciones que le sean contrarias”.   Es  decir,  a  tono  con  las definiciones invocadas, la  hipótesis  que  debe  examinarse  es la de la derogación tácita y no la de la  derogatoria  expresa,  porque la ley citada no dijo explícitamente que derogaba  las  normas pertinentes de la Ley 66 de 1968 y el Decreto 2610 de 1979 que antes  había modificado ésta.   

         2.1.3    Sin   embargo,   para   efectos   de  la  derogatoria   tácita,   será  necesario  buscar  las  incompatibilidades,  las contrariedades o expresiones que no puedan  conciliarse  en  ambas  leyes  sucesivas, o la regulación diferente de la misma  materia  en  la  ley  nueva,  todo  lo cual supone lógicamente una comparación  cuidadosa de sus contenidos normativos previamente reconocidos.   

         Se  exige  entonces  una  rigurosa  comparación  de  los materiales  normativos   de   uno   y   otro  régimen  de  la  urbanización  ilegal.   Así:   

         El  artículo  11  de  la Ley 66 de 1968, reformado por el artículo  6° del Decreto 2610 de 1979, determina:   

“Incurren  en prisión de dos (2) a seis  (6)  años,  quienes  sin  hallarse registrados ante el Superintendente Bancario  anuncien  o  desarrollen  actividades de que trata la  Ley   66  y  el  presente  Decreto,  además  de  las  sanciones  que les corresponda por la comisión de otros delitos contemplados en  el Código Penal.   

“La  sanción  será de uno (1) a cuatro  (4)  años,  cuando  existiendo  el  correspondiente registro se desarrollen las  actividades  de que trata la Ley 66 de 1968 o el presente Decreto sin el permiso  prescrito en el artículo 4° de este Decreto.   

“Cuando  se trate de personas jurídicas  incurrirán   en   las   sanciones  previstas  en  los  incisos  anteriores  sus  representantes  legales  y  los  miembros  de  la  Junta Directiva, cuando hayan  participado  en  la  decisión que trae como consecuencia la conducta infractora  descrita.   

“Cuando  se presenten las circunstancias  de  los  incisos  anteriores  la Superintendencia Bancaria o cualquier ciudadano  que  tenga  conocimiento  de  estos hechos dará cuenta al Juez Penal competente  para  que por sí mismo o mediante comisión a un funcionario de instrucción le  dé  curso al proceso pudiendo solicitar de la Superintendencia Bancaria toda la  información  y documentación que estime pertinente”  (se ha subrayado).   

         Por  otro  lado, tanto la mencionada ley 66 como el decreto 2610, se  refieren         a         las         actividades        de        enajenación, urbanización, construcción  y  otorgamiento  de  crédito  para  la  adquisición  de inmuebles destinados a  vivienda  (encabezamiento  y  artículo  1°),  la  primera de las cuales quedó  definida    en    el    artículo    2°   del   decreto   en   los   siguientes  términos:   

“El  artículo  2° de la ley 66 de 1968  quedará así:   

“Entiéndese    por   actividad   de  enajenación de inmuebles:   

“1.  La transferencia del dominio a  título  oneroso  de  las  unidades  resultantes  de  toda división material de  predios.   

“2.  La transferencia del dominio a  título  oneroso  de las unidades resultantes de la adecuación de terrenos para  la construcción de viviendas.   

“3.  La transferencia del dominio a  título  oneroso  de las unidades resultantes de la edificación o construcción  de   viviendas  en  unidades  independientes  o  por  el  sistema  de  propiedad  horizontal.   

“4.  La transferencia del dominio a  título  oneroso  de vivienda en unidades independientes o sometidas al régimen  de propiedad horizontal.   

“5.  La celebración de promesas de  venta,  el  recibo  de anticipos de dinero o cualquier otro sistema que implique  recepción  de  los  mismos,  con  la  finalidad  de  transferir  el  dominio de  inmuebles destinados a vivienda.   

“PARÁGRAFO.    La  actividad  de  enajenación  de  inmuebles  a  que se refiere el presente artículo se entiende  desarrollada  cuando  las  unidades habitacionales proyectadas o autorizadas por  las  autoridades  metropolitanas,  distritales  o  municipales, sean cinco (5) o  más”.   

         El   anuncio  o  desarrollo  de  las  actividades  de  enajenación,  urbanización,  construcción  y  crédito,  de acuerdo con los artículos 3° y  5°  de  la ley 66 de 1968 (modificados por los artículos 3° y 4° del Decreto  2610  de  1979),  estaban supeditados al registro del anunciante o promotor ante  la   Superintencia   Bancaria  y  la  obtención  de  un  permiso  de  la  misma  entidad.   Sin  embargo,  posteriormente el Decreto Legislativo 078 de 1987  (15  de  enero)  y su Decreto Reglamentario 1555 de 1988, dejaron la función de  registro  y  permiso  para  los  indicados menesteres en el Distrito Especial de  Bogotá y los demás municipios del país.   

         2.1.4   Como  se  ve, el tipo penal sanciona alternativamente y  con   la   misma  pena  las  conductas  de  “anunciar”  o  “desarrollar”  actividades  de  enajenación  legalmente  definidas,  así  la segunda conducta  (desarrollar)  comporte  un  resultado  material  y la primera (anunciar) apenas  cree  el  riesgo  de  que  se  produzca,  porque se propuso el legislador atacar  eficaz  e integralmente el fenómeno de las urbanizaciones ilegales, mediante la  conminación   de   todos   los   segmentos   comportamentales   de  quienes  la  practican.   De  modo  que  la  conducta  no sólo quedaba consumada con el  cumplimiento  (“desarrollo”)  de  una transferencia del dominio de inmuebles  resultantes  de  la división de predios, adecuación de terrenos para construir  vivienda,  edificación  de la misma o negociación de la ya existente, sino que  también  se  anticipaba  jurídicamente  el  resultado  por  el hecho de que la  persona  “se  anunciara”  y  estableciera  relaciones  intersubjetivas  como  urbanizador,  con  el  fin  de transferir el dominio de unidades habitacionales,  sin  haber  obtenido  previamente  el  registro  y  permiso  de  las autoridades  municipales  correspondientes.   Adicionalmente,  debe notarse que la norma  ataca  todos los sectores en los que se desenvuelve la actividad ilegal, de modo  que  el anuncio o desarrollo de transferencias de dominio o de promesas de venta  o  recaudo  de dineros o cualquier otra conducta que comporte recibirlos, pueden  hacerse  para  la  división material de predios o la adecuación de los mismos,  para   construir   viviendas,   la   edificación  de  las  mismas  en  unidades  independientes  o  mediante el régimen de propiedad horizontal, o si ya existen  éstas,   simplemente   para   negociarlas   o  entregarlas  siempre  a  título  oneroso.   

         2.1.5   Por  su  parte, el artículo 2° de la Ley 308 de 1996,  que   introdujo   el   nuevo  artículo  367A  en  el  Código  Penal  de  1980,  dispuso:   

“Del  Urbanizador    Ilegal:    El   que   adelante,  desarrolle,  promueva,  patrocine, induzca, financie, facilite, tolere, colabore  o   permita  la  división,  parcelación,  urbanización  de  inmuebles,  o  su  construcción  sin  el lleno de los requisitos de ley, incurrirá por este sólo  hecho  en  prisión de tres (3) a siete (7) años y en multa de doscientos (200)  a cuatrocientos (400) salarios mínimos legales vigentes.   

“La  pena  señalada  anteriormente  se  aumentará   hasta   en   la  mitad  cuando  la  parcelación,  urbanización  o  construcción  de  viviendas  se  efectúen en terrenos o zonas de preservación  ambiental  y ecológica, de reserva para la construcción de obras públicas, en  zonas    de    contaminación   ambiental,   de   alto   riesgo   o   en   zonas  rurales.   

“Parágrafo.  El servidor público o  trabajador  oficial  que dentro de territorio de su jurisdicción y en razón de  su  competencia,  con  su  acción u omisión diere lugar a la ejecución de los  hechos   señalados   en   el  inciso  1°  de  este  artículo,  incurrirá  en  interdicción  de  derechos y funciones públicas de tres (3) a cinco (5) años,  sin  perjuicio  de  las  demás  sanciones  penales  a  que hubiere lugar por el  desarrollo de su conducta”.   

         Se  trata  de  una  ley  bastante  discutida  en  el  Congreso, cuyo  trámite  se inició en el año de 1994 y apenas fue aprobada definitivamente en  el  año  de  1996,  pues  no  era  poca  la preocupación del legislador por la  abundancia   de  proyectos  de  urbanización  ilegal  desplegados  por  sujetos  inescrupulosos  que  abusaban  de  una  de  las  necesidades y aspiraciones más  sentidas  de  una  inmensa  y  desprotegida  masa  de  la  población colombiana  (vivienda  digna),  con el fin de trocarlas por egoístas réditos económicos o  políticos  de  sus  promotores,  o  que  evadían  los  controles  legales para  establecer  viviendas en condiciones de seguridad, o que burlaban las exigencias  o  planes estatales para racionalizar y distribuir equitativamente el uso de los  servicios  públicos  básicos;  y,  en  fin,  que  podrían  llegar a defraudar  dramáticamente  la  esperanza  de  incautos aspirantes y hasta poner en peligro  sus   vidas   y   las   de   su   familia   por  conducirlos  a  zonas  de  alto  riesgo.   

         Así  se  evidenció, verbigracia, cuando en la ponencia para primer  debate    en    la    Cámara    de   Representantes,   se   afirmó   por   los  ponentes:   

“Bien  sabido  es  que  la  conducta del  urbanizador  ilegal  no  sólo  afecta el patrimonio de tantos ingenuos e ilusos  ciudadanos,  sino  que  con  las urbanizaciones fuera de ley se hacen nugatorios  todos  los  planes  y  proyectos de las autoridades de planeación, creándose y  manteniéndose    un    verdadero    caos    urbanístico,    y   de   servicios  públicos”  (Gaceta  del Congreso N° 405, jueves 16  de noviembre de 1995, pág.8).   

         Por  ello,  el  designio  latente  y  diseminado  en el curso de las  discusiones   parlamentarias   fue   la   regulación  integral  del  delito  de  “urbanizador ilegal” o de  la       “urbanización      ilegal”,  como  lo  dice  más  técnicamente el artículo 318 del nuevo  Código  Penal,  aunque  ciertamente  sólo en cuanto a mandatos y prohibiciones  penales  y no en todos los aspectos administrativos que sirven a la integración  de  la  conducta  o los colaterales al fenómeno de la urbanización ilegal, que  continúan  regidos  en  las  normas  matrices de la Ley 66 de 1968 y el Decreto  2610 de 1979, a los que sin duda habrá que remitirse.   

         2.1.6   Pero  en  lo  que  atañe  a  la  configuración de las  conductas  rectoras,  no  hay  duda  de  que  fueron  recogidas las anteriores y  también  notoriamente ampliadas en el nuevo texto, pues se pasó de simplemente  “anunciar  o  desarrollar” a las de “adelantar, desarrollar, promover (que  en   cierta  acepción  significa  anunciar),  patrocinar,  inducir,  financiar,  facilitar, tolerar, colaborar o permitir”.   

         2.1.7    Ahora  bien,  la  frase  rectora  completa  es  la  de  adelantar,    desarrollar,    promover…    “la    división,   parcelación,  urbanización  de  inmuebles,  o su construcción sin el lleno de los requisitos  de  ley”.   Esto  significa,  por  ejemplo,  que  promover  la división,  parcelación,  urbanización  o  su  construcción de inmuebles, sin el lleno de  los  requisitos  de ley, describe un tipo penal recortado de dos actos, portador  de  un  elemento  subjetivo  distinto  del  dolo,  traducido en el segundo verbo  alternativo  (dividir,  parcelar,  urbanizar  o construir), porque la intención  del  sujeto  al  realizar  el acto de promover se dirige trascendentemente a una  actividad  posterior de dividir, parcelar, urbanizar o construir inmuebles, así  esta  última  no  se  materialice.   Otras  acciones  típicas  como la de  “desarrollar”,  sí  resultan semántica y materialmente inseparables de las  actividades de dividir, parcelar, urbanizar o construir inmuebles.   

         Lo   dicho   es   exactamente   igual  a  lo  que  ocurría  con  la  interpretación  del  artículo  6°  del  Decreto  2610  de 1979, pues la frase  rectora  era  la de “anunciar o desarrollar la transferencia del dominio” de  inmuebles  resultantes  de  la división de terrenos, adecuación de los mismos,  construcción  de  viviendas  o  la  negociación  a  título  oneroso de los ya  existentes,  pertenecientes  al  sistema  individual  o al régimen de propiedad  horizontal,  sólo  que  la disposición de la ley 308 extiende la protección a  otras  ocho  (8)  acciones  rectoras iniciales y se refiere más adecuadamente a  “inmuebles”,  para  no tocar casuísticamente los predios y viviendas.   De   igual   manera,   la   nueva  ley  incluye  las  conductas  posteriores  de  “parcelar”  y  “urbanizar”,  en  cuyo  contenido se comprenden todas las  hipótesis  del  artículo  6°  (adecuar  terrenos  o fragmentar inmuebles para  transferir  a  título oneroso en cantidades no inferiores a cinco (5) unidades,  por ejemplo).   

         2.1.8   Por otro lado, la celebración de promesas de venta, el  recibo  de  anticipos  de  dinero o la recepción de otras especies valoradas en  efectivo,  con  la  finalidad de transferir el dominio de inmuebles destinados a  vivienda  (en  número  no  inferior  a  cinco), no son más que manifestaciones  ostensibles,  externas  y materiales de la conducta de promover la urbanización  ilegal,  con dirección a dividir, parcelar, urbanizar o construir inmuebles sin  el  lleno  de  los  requisitos  legales,  porque la promoción no significa nada  diferente  de  iniciar, hacer que principie cierta acción o darle impulso a una  cosa o proyecto.   

         2.1.9   De  modo  que  el  artículo  2° de la Ley 308 de 1996  contiene  un  dispositivo  complejo,  que  involucra  y  equipara  punitivamente  conductas   de   resultado  material,  como  la  de  desarrollar  la  división,  parcelación,  urbanización  o  construcción  de inmuebles; o de mera conducta  como  las  de  promover  o  inducir  las  mismas  actividades  posteriores  y de  tendencia  anímica  de  dividir,  parcelar,  urbanizar  o  construir inmuebles,  siempre  sin  el  lleno de los requisitos legales.  Por ello, con el fin de  indicar  la  construcción  en parte de un delito de simple conducta peligro, la  norma   señala   que   se   incurrirá  en  la  pena  prevista  “por este solo hecho”.   

         2.1.10   Debe  concluirse entonces que, en materia de conductas  prohibidas  y  sanciones,  la  ley 308 hizo una nueva regulación integral de la  materia  y,  en  razón  de  ello,  se  entiende  que  derogó  tácitamente las  pertinentes  disposiciones de la Ley 66 de 1968 y el Decreto 2610 de 1979.   De  estas  últimas, obviamente quedan vigentes el referente de cinco (5) o más  unidades  habitacionales  proyectadas  o  que  deben  ser  autorizadas  por  las  autoridades  municipales,  como  lo  indica  el  parágrafo  del  artículo 2°,  además   de  otras  exigencias  o  definiciones  de  orden  administrativo  que  facilitan  la  integración  del  tipo  penal,  pues  la  mayoría de los verbos  rectores  trascendentes  de  la  nueva  norma  siempre suponen en su esencia una  pluralidad    mínima    que    ella    no   definió   (dividir,   parcelar   o  urbanizar).   

         Por  otra  parte,  en  la  Comisión  Primera  del Senado, cuando se  tramitaba   el   proyecto   de   ley   número   151  de  1994,  “por   medio  del  cual  de  tipifica  la  conducta  del  Urbanizador  Ilegal”,   se   había   aprobado   el   siguiente  texto:   

“Artículo  1°.   El que promueva,  patrocine,  financie, induzca, facilite o permita la construcción de soluciones  de  vivienda  o  de  actos  tendientes  a  urbanizar  o  parcelar,  jurídica  o  materialmente,  terrenos con esos mismos fines, con el  propósito   de   transferir   el   dominio,  posesión  o  tenencia,  sin el previo cumplimiento de los requisitos legales, incurrirá  en  prisión  de  cinco (5) a diez (10) años y multa de cien (100) a doscientos  salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes”  (Gaceta  del  Congreso  N° 33, martes 13 de febrero de 1996, pág. 51.  Se  ha resaltado).   

         Después,  en  el  curso  de  los intensos debates, fue suprimida la  expresión  “con  el  propósito  de  transferir  el  dominio,   posesión   o   tenencia”,   porque  las  promociones  de  urbanizaciones  ilegales habían arreciado de tal manera, que a  veces  se  hacían  o  se recaudaban indiscriminadamente dineros entre la gente,  sin  tener  siquiera  el ánimo de transferencia de los inmuebles, razón por la  cual  se  quería  evitar  que  la exigencia de este elemento subjetivo especial  malograra la prueba de la tipicidad.   

         2.1.11   La  misma  apreciación  de  derogatoria  tácita  por  regulación  integral  de  la  materia  y  de  inclusión  en la nueva ley de la  conducta  de  recaudar  dineros  para  fines de urbanización, dejó entrever la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia C-157 de 1997, en orden a justificar la  exequibilidad   de   la   figura   del  “urbanizador  ilegal”, cuando señaló:   

“En  lo  que  concierne  al  otro delito  consagrado,  el de urbanización ilegal, encuentra su fundamento en la necesidad  de  protección  de  la  comunidad,  que puede ser afectada, como en incontables  ocasiones  lo ha sido, por personas inescrupulosas que, so pretexto de adelantar  programas  de  vivienda  o  construcción  en  poblados y ciudades, recaudan  sin  ningún control y de manera masiva, grandes sumas de  dinero,  generalmente  aportadas por personas de escasos recursos que pretenden,  de buena fe, solucionar así sus necesidades de habitación.   

“En   no   pocas   oportunidades,  los  aportantes  de  cuotas  para  los  expresados  fines  resultan  defraudados y se  encuentran   impotentes   para  reclamar  el  cumplimiento  o  para  obtener  la  devolución  de  sus  recursos  económicos,  dada  la inexistencia de registros  oficiales   sobre   las  personas  responsables  de  la  actividad  urbanizadora  prometida  y  las  inmensas dificultades para su localización, precisamente por  no  haber  cumplido  ellas  los  requisitos de ley, que habría hecho posible la  vigilancia     y     el     control     estatal     sobre    su    gestión    y  responsabilidades” (énfasis agregado).   

         2.1.12  Igual  propósito  de regulación integral debieron advertir  los  redactores  del  nuevo  Código  Penal  (Ley  599  de  2000),  porque ellos  simplemente  reprodujeron el artículo 2° de la Ley 308 de 1996 en el artículo  318  del estatuto, con el agregado del inciso 2° referente a las condiciones de  responsabilidad   de   los   directores  o  gestores  de  la  persona  jurídica  comprometidos  en  las  actividades de urbanización ilegal, pero éste a su vez  no  es  más  que  una  transliteración  del  inciso  3° del artículo 6° del  Decreto  2610  de 1979.  En esta forma de proceder, los hacedores del nuevo  ordenamiento   sustantivo   reflejaron  el  propósito  de  unificación  de  la  legislación  dispersa,  de  tal manera que llegara a tener cumplida vigencia la  norma  del  artículo  474, según la cual quedaba derogado “el Decreto 100 de  1980  y  demás  normas que lo modifican y complementan, en lo que tiene que ver  con la consagración de prohibiciones y mandatos penales”.   

         3.     Querella,   competencia   y  favorabilidad.   Aunque  el actor tiene razón en  cuanto  a  que  hubo una nueva e integral regulación punitiva de la conducta de  “urbanización  ilegal”,  en  cambio no le asiste la misma justificación en relación con los efectos que  pretende.  Se verá:   

         3.1   El  delito  de  “Urbanización  Ilegal”,  por  disposición  del artículo 2° de la  Ley  308  de  1996,  fue situado en el Capítulo VII del Título XIV del Código  Penal  de  1980,  pero  existen  razones  políticocriminales e históricas para  afirmar  que  el  propósito legislativo directo no era el de volver querellable  (aunque  así quedó en realidad por su ubicación sistemática) una conducta de  especial  alarma que siempre había sido de acción oficiosa, desde su creación  mediante  la  ley  66 de 1968, ni tampoco someterlo a competencia diferente a la  que  hasta  entonces  tenía  asignada  expresamente  en  el  inciso  final  del  artículo  11 de la misma  (juez de circuito).  En efecto, el proyecto  de    ley    N°    151   de   1994   –Senado-,  presentado  por  el  senador Juan  Martín   Caicedo  Ferrer,  únicamente  encabezaba  y  desarrollaba  el  designio  “por  medio  del cual se  tipifica    penalmente    la   conducta   del   urbanizador   ilegal”,  pero ni siquiera se insinuó en su texto ni en los prolíficos  debates  la  posibilidad  de  sujetarlo  a  la querella, pues, por el contrario,  siempre  estuvo  de  presente en primer orden la afrenta que la conducta produce  al  orden  socioeconómico  y  apenas  colateralmente  al  patrimonio económico  particular  (Gaceta  del  Congreso N° 255 de 1995, páginas 3 y 4).  Sólo  que,  como  en  el desarrollo de las discusiones se decidió incluir en el mismo  proyecto   una   reforma   al  artículo  367  del  mencionado  estatuto  penal,  relacionado  con el delito de “invasión de tierras o  edificaciones”, entonces finalmente el artículo 1°  de  la  resultante ley 308 de 1996 contempló dicha modificación y el artículo  2°   previó   la  incorporación  al  Código  Penal  del  renovado  tipo  del  “Urbanizador   Ilegal”,  imponiéndole  una  nomenclatura  sucesiva  (367A),  y  de  ahí  la correlativa  sujeción  a  la  querella por la comprensión dentro del ámbito de aplicación  del artículo 369 del mencionado ordenamiento.   

         De  todas  maneras,  sería  ineficaz  el  resultado propuesto de la  pretendida  nulidad, ante la realidad de que la casación que hoy se resuelve no  podría  ignorar  en tal eventualidad, a la hora de ordenar la reposición de lo  anulado,  la  reciente vigencia de los artículos 318 de la Ley 599 de 2000 y 35  de  la  Ley  600  del  mismo  año,  según los cuales el delito de urbanización   ilegal   es   de  acción  oficiosa  y  no querellable, razón por la cual el conocimiento obligatoriamente  habría  que  asignárselo  al  juez  de circuito (el mismo que decidió en este  caso),  en  vista  del  efecto  general  inmediato  de  las  nuevas reglas sobre  competencia.   Ante  tal  hipótesis, tampoco podría menospreciarse que el  nuevo   Estatuto   Procesal   Penal   creó   la   figura   de  la  prórroga  de  la competencia, precisamente  para  precaver  nulidades  y  permitir  que  un juez de circuito continúe en el  conocimiento  de  un  asunto que asumió y supuestamente correspondería al juez  municipal,   siempre   por   ser   aquél  de  mayor  jerarquía  (arts.  401  y  405).   

         3.2   Ahora  bien,  si  se  supone  un  efecto  favorable de la  querella,  no  hay duda de que, en el caso “Guaduales  III  y IV Etapa” (único que se debate en casación),  resultaría  más  favorable  a los intereses de los procesados el artículo 2°  de   la   Ley   308  de  1996,  norma  que,  por  haber  introducido  la  figura  “del  Urbanizador Ilegal”  con  el  artículo 367A en el Capítulo VII del Título XIV del Código Penal de  1980,  sería  una ley intermedia más favorable al sujetarla al requisito de la  querella  previsto  en  el  artículo  369  del  mismo  estatuto,  porque  dicho  requisito  de  procesabilidad  no  estaba  contemplado en la Ley 66 de 1968 y el  Decreto  2610  de  1979,  ni  tampoco  aparece  hoy en el artículo 35 del nuevo  Código de Procedimiento Penal.   

         3.3   Sin  embargo,  no  puede olvidarse que en este caso se ha  declarado     la     existencia     de     un    fenómeno    de    derogatoria  de  los  artículos 11 de la  Ley  66  de  1968  y 6° del Decreto 2610 de 1979 por la regulación diversa del  artículo   2°   de   la   Ley   308   de  1996,  y  entonces  la  derogación  incide  en  la  vigencia   de   la   norma  y  no  en  su  validez.   Se  entiende  por  vigencia  de la norma su  capacidad  regulativa o aptitud para ser aplicada a ciertas situaciones que caen  bajo  su  órbita, limitada por el tiempo de regencia cuando aparece otra que la  deroga;    mientras    que    la    validez   de   la  norma   comporta   un   juicio   de  valor  sobre  el  cumplimiento   de   las   reglas  de  competencia,  procedimiento  y  jerarquía  preestablecidas para su nacimiento.   

         3.4   De  modo  que,  por  regla  general,  los  efectos  de la  derogación  son  ex  nunc  o  pro  futuro,  porque  deben respetarse las situaciones que se hayan consolidado  al  amparo  de  la norma derogada, supuesto que no se juzga la validez de ésta,  salvo    el    efecto    constitucional    y   legal   de   la   ley   posterior  favorable.   

         3.5    De   acuerdo   con   el  artículo  29  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991,  vigente  para  la  época  de  los hechos, y el  artículo  31  del  actual  estatuto  procesal penal, la querella y la petición  especial  son  requisitos de procesabilidad de la acción penal, de modo que sin  ellas   no  puede  iniciarse  ésta,  pero  basta  que  quien  tiene  derecho  a  formularlas  presente  la  respectiva  denuncia bajo la gravedad del juramento y  con  las  demás  formalidades y facultades exigidas en la ley.  De ahí en  adelante,    el    proceso   se   desenvuelve   como   si   fuera   de   acción  oficiosa.   

         3.6    Así  las  cosas,  no  se  ve  cuál  sería  el  efecto  retroactivo  favorable  de  la querella, como para desconocer todos los actos de  investigación,  de  prueba  y de decisión cumplidos cuando la acción penal no  era  querellable, de modo que sería irrazonable exigir ahora a los afectados la  consecuencia  de  una querella y caducidad que la ley entonces no les requería,  cuando  el  proceso  ya  estaba  en  curso  y  casi  culminado, menos aún si se  determina  que  la querella sí existió porque hubo una denuncia instaurada por  los afectados con la urbanización ilegal.   

         3.7   Cosa  distinta  ocurre  si  en su momento, a partir de la  vigencia  de  la  ley  308  de  1996 (5 de agosto), los afectados desisten o las  partes  hubiesen solicitado la conciliación, conforme con los artículos 34, 35  y  38  del Código de Procedimiento Penal anterior, pues ello habría dado lugar  a  la terminación del proceso legalmente iniciado por atenderse preferentemente  la  favorabilidad.   Mas  si  se  reparara ahora la falta de una actuación  oficiosa  de  la  judicatura  en  materia  de  conciliación,  de acuerdo con el  artículo  38  citado  (modificado  por  el  6°  de  la Ley 81 de 1993), sería  necesario  declarar  que  el  mismo precepto autorizaba a los sujetos procesales  para  pedir  la  diligencia  y, ante su silencio, ellos habrían coadyuvado a la  irregularidad  y  carecen  entonces de legitimidad para propugnar por la nulidad  del  proceso,  de  acuerdo  con  el  numeral  3°  del  artículo  308 del mismo  ordenamiento   (principio  de  protección).   

         3.8   Al  respecto,  según  sentencia  de  casación del 13 de  junio  del  año  en  curso,  la Corte hizo la discriminación entre los efectos  simplemente  procesales  y  los  sustanciales  de  la  querella,  con  el fin de  determinar  que  los  primeros  eran  irremovibles  por  haber  sido agotados en  vigencia  de  la  ley  anterior  válida,  pero que respecto de los últimos era  aplicable   de   manera  inmediata  la  ley  posterior  más  favorable  (M.  P.  Herman       Galán       Castellanos).   De  igual manera, lo discrimina el artículo 6° del nuevo  Código de Procedimiento Penal.   

         4.     Modificaciones   al   fallo  demandado.   En  vista de que habrá necesidad de  decretar  la  cesación  de  procedimiento por el hecho punible de urbanización  ilegal  relacionado con el conjunto “Villa Carolina o  Rojas  Pinilla  III  Etapa”,  no  por  casación del  mismo,  consecuentemente  debe  readecuarse la pena impuesta a la procesada ALBA  STELLA  BUITRAGO  PÉREZ.  En efecto, previa declaración de que la acusada  era  juzgada  por  un  concurso  homogéneo  de  hechos  punibles previsto en el  artículo  6° del Decreto 2610 de 1979, en razón de la acumulación de causas,  el  juez  de  primera instancia partió del mínimo de dos (2) años de prisión  previsto  en  la  norma  violada,  en  vista  de  que  no aparecían comprobadas  circunstancias  de  agravación,  y  después discrecionalmente le aumentó ocho  (8)  meses  por  el  delito  similar concurrente, acorde con el artículo 26 del  Código Penal de 1980.   

         Pues  bien,  como  quiera  que  el  concurso es homogéneo, la Corte  fijará  la  pena  en  dos  (2)  años de prisión, de acuerdo con la respetable  contemplación   que   hizo   el   a  quo  para  partir  del  mínimo, y solamente se detraerán los ocho (8)  meses  que  el  mismo  funcionario  había  determinado como el “otro tanto”  correspondiente  a  la  infracción  concurrente.   En  la misma medida, se  reducirá  la  sanción  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones  públicas.   

         Conforme  con  las  nuevas  reglas de medición judicial de la pena,  establecido  que la pena más benigna sería la prevista en el artículo 6° del  Decreto  2610  de  1979  y oscila entre dos (2) y seis (6) años de prisión, el  sentenciador  podría  moverse dentro del cuarto mínimo, esto es, entre 24 y 36  meses  de  prisión,  porque  no  se  han discutido circunstancias atenuantes ni  agravantes,  de  modo que resultaría indiferente la aplicación del nuevo o del  anterior método de determinación concreta de la sanción.   

         En  relación  con  los  perjuicios  materiales  y morales, dado que  éstos   sólo  fueron  decretados  dentro  de  la  causa  de  la  urbanización  “Villa    Carolina    o    Rojas    Pinilla    III  Etapa”, será revocada la imposición en vista de la  anunciada orden de cesación de procedimiento.   

         En  cuanto  a la situación del procesado EULISES RAMÍREZ ARBOLEDA,  permanece   igual  porque  él  solamente  fue  condenado  dentro  de  la  causa  “Guaduales    III    y    IV    Etapa”,  y  en  relación  con  ésta  no  prosperan  las  censuras  de  nulidad.   

         Finalmente,  como  la  cesación  de  procedimiento se dicta por una  causal  eminentemente objetiva (prescripción de la acción penal), la sentencia  queda  en  firme  en  la misma fecha de su adopción, porque el fallo de segunda  instancia  no  se  sustituye  o  reemplaza,  conforme  con  la  literalidad  del  artículo  187,  inciso  2° de la Ley 600 de 2000, que en tal sentido compagina  con  el artículo 197 del anterior Código de Procedimiento Penal, sin perjuicio  de  la  notificación  para  dar a conocer la primera determinación adoptada en  esta  decisión  compleja.   Así  lo ha decido la Sala en varios fallos de  casación,  entre  ellos  el  del  31  de  mayo del año en curso, cuya ponencia  correspondió  al  magistrado  Alvaro  Orlando  Pérez  Pinzón (radicado 15.566).   

         Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  ley,   

RESUELVE:  

         1.   En  relación  con  el juicio adelantado por el caso de la  urbanización  “Villa  Carolina  o Rojas Pinilla III  Etapa”, se declara que ha prescrito la acción penal  y  por  estos  hechos se ordena cesar procedimiento a favor de la procesada ALBA  STELLA BUITRAGO PÉREZ.   

         2.  En  consecuencia,  en  relación con el caso de la urbanización  “Guaduales    III    y    IV    Etapa”,  la  procesada  BUITRAGO  PÉREZ  queda  condenada  a  la  pena  principal  de veinticuatro (24) meses de prisión, en lugar de los treinta y dos  (32)  meses  que  se  le  habían  impuesto en las instancias.  En la misma  cantidad  queda  situada  la  sanción  accesoria de interdicción de derechos y  funciones públicas.   

         3.  Revocar  el numeral quinto de la sentencia de primera instancia,  en  cuanto  obligaba  a  la  procesada BUITRAGO PÉREZ a pagar a cada uno de los  denunciantes  el  equivalente a 267.9689 unidades de UPAC y a quince (15) gramos  de  oro,  por  concepto  de perjuicios materiales y morales, respectivamente. Lo  anterior,  por  haber  prescrito  la acción penal que había dado lugar a dicha  condena.   

         4.  NO  CASAR  la  sentencia  proferida  contra ALBA STELLA BUITRAGO  PÉREZ   y   EULISES   RAMÍREZ  ARBOLEDA,  en  relación  con  el  caso  de  la  urbanización  “Guaduales III y IV Etapa”.   

         5.   Esta  sentencia  queda  ejecutoriada  en  la  fecha  de su  firma.   

         Cópiese, notifíquese y devuélvase.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE      ENRIQUE      CÓRDOBA  POVEDA           

HERMAN            GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS      A.      GALVEZ  ARGOTE                        

Aclaración de voto  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                     EDGAR               LOMBANA  TRUJILLO              

ALVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                        NILSON                     PINILLA  PINILLA                     

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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