15970dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15970  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 203  

          Bogotá, D. C., cuatro de diciembre de dos mil.   

VISTOS  

          El  desaparecido  Tribunal Nacional, por medio de sentencia del 8 de  octubre  de 1998, condenó finalmente al procesado JAIRO ENRIQUE POLO VIDES a la  pena  principal de cuarenta y un (41) años de prisión, como coautor del delito  de   HOMICIDIO   AGRAVADO  cometido  en  la  persona  de  JOSÉ  MANUEL  GARCÍA  LANDAZÁBAL.   

          De  conformidad  con  los  artículos  220  y  225  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  la Corte examinará los requisitos formales de la demanda  de casación instaurada por el defensor.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  episodio  de sangre ocurrió a las 11:50 horas de la noche del 7  de  mayo de 1995, en el municipio de El Copey del departamento del Cesar, frente  a  las instalaciones de la Federación de Algodoneros de dicha población, lugar  en   el   cual  fue  sorprendido  a  balazos  el  señor  JOSÉ  MANUEL  GARCÍA  LANDAZÁBAL,   entonces   jefe  de  la  Unidad  Local  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  de  la Fiscalía General de la Nación.  Posteriormente fue  capturado  y  legalmente  vinculado  al  proceso el individuo JAIRO ENRIQUE POLO  VIDES, como uno de los presuntos responsables del homicidio.   

          Culminada  la  instrucción,  la  Fiscalía Regional de Barranquilla  calificó  su  mérito  y  dictó resolución acusatoria en contra del procesado  POLO  VIDES,  el  19  de  enero  de  1996, como responsable del hecho punible de  “homicidio  con  fines terroristas”, previsto en el artículo 29 del Decreto  180  de  1988,  adoptado  como  legislación permanente por el artículo 4° del  Decreto  2266  de 1991.  Dicha providencia fue confirmada integralmente por  la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Nacional, tras despachar un recurso de  apelación en la resolución del 27 de marzo del mismo año.   

          Dentro  de  la  fase del juicio, la defensa solicitó la nulidad por  estimar  que  no  se  configuraba  un  homicidio con fines terroristas y, por lo  tanto,  el  conocimiento  incumbía  a los jueces comunes, pero la solicitud fue  desestimada  en  auto del 13 de junio de 1996, proferido por el Juzgado Regional  de  Barranquilla.   Atendida  la  subsiguiente  apelación,  el Tribunal se  pronunció  por  medio de auto fechado el 30 de septiembre del mismo año, en el  cual   confirma  las  razones  del  a  quo  para  no  decretar  la  nulidad, no obstante lo cual la ordenó de  oficio,  en  vista  de  que  la  acusación se hizo con base en una legislación  derogada,  pues,  a la fecha de los hechos, ya estaba vigente el artículo 30 de  la  ley  40  de  1993  que  había  subrogado el artículo 29 del Decreto 180 de  1988.   Por  tal  razón,  el  Tribunal dispuso la invalidez a partir de la  providencia  calificatoria  de segunda instancia, con el fin de que se enmendara  el mencionado yerro de efectos sustanciales.   

          Acatada  la decisión del Tribunal, la Fiscalía Delegada de segunda  instancia  calificó  de  nuevo  el sumario en la resolución del 25 de marzo de  1997,  por  medio  de  la  cual  acusó  al procesado por el delito de HOMICIDIO  AGRAVADO,  conforme  con  los  artículos  29  y 30, numeral 8° de la Ley 40 de  1993.   

          El  Juzgado  Regional  de Barranquilla dictó sentencia condenatoria  el  13  de marzo de 1998, por medio de la cual impuso al procesado POLO VIDES la  pena  principal de 42 años de prisión, entre otras consecuencias, sanción que  se   modificó   por   el  Tribunal  en  segunda  instancia  como  antes  se  ha  indicado.   

CONTENIDO DE LA DEMANDA  

          Con  base  en  la  causal  tercera  de  casación,  prevista  en  el  artículo  220  del Código de Procedimiento Penal, el demandante anuncia que el  fallo  ha  incurrido en los motivos de nulidad señalados en los numerales 1° y  2° del artículo 304 del Código de Procedimiento Penal.   

          Explica   que  el  Tribunal  adoptó  una  decisión  que  viola  la  estructura  básica  del  proceso  penal,  en  la medida en que, conforme con el  artículo  305  del  Código  de  Procedimiento Penal, la nulidad de oficio debe  decretarse    “desde    que    se   presentó   la  causal”.   De  modo que si la irregularidad fue  advertida  por un error cometido en la calificación de primera instancia, desde  entonces  debió  ordenarse  la  nulidad  y  no  a partir de la calificación de  segunda    instancia    solamente,    como    equivocadamente    lo    hizo   el  Tribunal.   

          Se  suma  a  lo  anterior el hecho de que el Fiscal Delegado ante el  Tribunal   Nacional,   una   vez   proferida   la  decisión  que  confirmó  el  calificatorio  de primera instancia (27 de marzo de 1996), agotó su competencia  y  carecía  de  ella  para  hacer  un  nuevo pronunciamiento, de acuerdo con el  artículo  124,  numeral 2° del Código de Procedimiento Penal, en armonía con  el  artículo  35, numeral 4° del Decreto 2699 de 1999, máxime que el Tribunal  también  carecía  de  facultades  para  otorgarle  de  nuevo  competencia a la  Fiscalía Delegada ante dicha Corporación.   

          Concluye   que  debe  retrotraerse  la  actuación  procesal  y,  en  consecuencia,  ordenar  la  libertad  provisional  del  acusado  con  base en el  artículo 415, numeral 4° del Código de Procedimiento Penal.   

ANÁLISIS FORMAL DE LA DEMANDA  

          A  pesar  de que lo invocado sea la nulidad del proceso, la Corte ha  sostenido  que  de todas maneras ha de acudirse a la causal tercera de casación  y,  en  tal  sentido,  la  demanda  no  está exenta de la demostración clara y  precisa  del motivo, como exigencia indiscriminada que hace el artículo 225 del  Código    de    Procedimiento    Penal    para    todas    las    causales   de  casación.   

          En  este  orden  de  ideas,  la  demostración del fundamento de las  causales  de  nulidad, según relación que hace el artículo 304 del Código de  Procedimiento    Penal,   debe   hacerse   de   cara   a   los   “principios  que  orientan  la  declaratoria  de  las  nulidades y su  convalidación”,  pues  algunas  de estas reglas dan  para  reconocer la existencia de la irregularidad, pero, merced a la magnitud de  su  fuerza  interna,  su  trascendencia,  actitudes  posteriores  de los sujetos  procesales  o  a la existencia de alternativas menos perjudiciales, se matiza de  tal   manera   que  no  habría  lugar  a  la  nulidad  (art.  308  idem).   

          Pues  bien, el actor ha planteado la supuesta irregularidad cometida  por  no  haber  decretado  la  nulidad  a  partir de la calificación de primera  instancia,  a  sabiendas  de que el vicio se advierte desde entonces, pero no ha  hecho  ninguna  referencia a los principios regulativos de las nulidades, con el  fin   de   establecer   si  la  anomalía  soporta  los  filtros  de  entidad  o  trascendencia  legalmente  allí  establecidos.  Por ello, la presentación  del cargo carece de razones suficientes.   

          En  efecto,  sólo  a manera de ejemplo, el censor debió encarar el  contenido   del  principio  del  carácter  extremo  y  alternativo  de  la nulidad, previsto en el numeral 5°  del  artículo  308  citado,  según  el  cual,  en  primer lugar, ella no puede  decretarse  cuando existan otros remedios menos drásticos que el de regresar la  actuación  procesal  y,  en  segundo  lugar,  si  de  todas  maneras  resultare  imperativa  la  nulidad,  sus efectos deben proyectarse con miras a preservar el  máximo  posible  de la actuación procesal ya cumplida, siempre que se respeten  los derechos y garantías constitucionales (C. P. P., art. 13).   

          Así  pues,  a  la  luz  del  principio del  carácter  alternativo  y  extremo de las nulidades, no  obstante  que  la  calificación  ilegal

(hecha con  base  en un precepto ya derogado), se produjo desde la resolución acusatoria de  primera  instancia,  el  actor debió demostrar porqué la corrección no podía  implementarse  con  la  sola  repetición de los actos desde el calificatorio de  segunda  instancia, conforme con las potestades conferidas al superior funcional  en el examen de una providencia interlocutoria (C. P. P., art. 217)   

          De  igual  manera,  la  afirmación  de  que  el  fiscal  de segunda  instancia  carecía  de  competencia  para  resolver  de  nuevo  el  recurso  de  apelación  y,  a su vez, que el Tribunal no tenía poder para devolverle dichas  facultades,  se  basa en una resistencia a la nulidad decretada por esta última  corporación;  lo  cual  significa  que  el  argumento  del  demandante asume la  especie  de  la petición de principio, precisamente porque, como se explicó en  la   primera   parte,   no   ha   demostrado   que  el  Tribunal  haya  ordenado  arbitrariamente la invalidación de los actos procesales.   

          Aunque  el censor anunció menoscabos con base en las causales 1 y 2  de  nulidad,  al  final su inconformidad siempre se circunscribió a la segunda,  esto es, la supuesta violación al debido proceso.   

          Por  falta  de  argumentación  suficiente,  la Corte inadmitirá la  demanda.   

          Por  lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          No admitir la demanda analizada.   

          Cópiese, comuníquese y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                  JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                  CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         NILSON PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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