15926nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15926  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 196  

          Bogotá, D. C., veintiuno de noviembre de dos mil.   

VISTOS  

          Por  medio  de sentencia fechada el 12 de enero de 1999, el Tribunal  Superior  de  Pereira  confirmó  la  condena  impuesta  en primera instancia al  procesado  LUIS  ALBEIRO  RAMÍREZ  CORREA, como autor de los hechos punibles de  homicidio  agravado,  en el grado de tentativa, hurto agravado y porte ilegal de  arma  de  fuego  de  defensa  personal, según hechos en los cuales se atacó la  vida   y   el   patrimonio   económico   del   ciudadano   LUIS  EMILIO  OCAMPO  GARZÓN.   

          Como  quiera  que  el  defensor  ha intentado la casación, la Corte  examinará las formas de la respectiva demanda.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  día  31 de octubre del año de 1997, aproximadamente a las 8 de  la  noche,  LUIS  EMILIO  OCAMPO  GARZÓN  compartía algunas copas de licor con  ILDEBRANDO  GARCÍA  RAMÍREZ  en  el bar “El Golfo”, situado en la calle 72  con  carrera  24  (barrio Cuba) de la ciudad de Pereira y, cuando se disponía a  pagar  la  cuenta,  fue  sorprendido por el sujeto LUIS ALBEIRO RAMÍREZ CORREA,  quien  lo  enfocó  con  un  arma de fuego, quiso arrebatarle el bolso en el que  llevaba   ciento   cincuenta  mil  pesos  ($  150.000.oo)  y,  en  vista  de  su  resistencia,  le  descerrajó  un  disparo  en  el  cuello.   Privado de la  libertad  el  imputado,  se  halló en sus ropas un revólver marca “llama”,  calibre 38 largo, y sin salvoconducto a su nombre.   

          Realizada   la   investigación,  la  Fiscalía  dictó  resolución  acusatoria  en  contra  del  procesado  RAMÍREZ  CORREA,  por los delitos antes  indicados,  el  17  de  febrero de 1998 (fs. 107).  El 29 de septiembre del  mismo  año,  el  Juzgado  Quinto  Penal del Circuito de Pereira dictó fallo de  primer  grado,  por  medio  del  cual  le impuso al acusado la pena principal de  veintidós  (22)  años  de  prisión, decisión confirmada por el Tribunal (fs.  164).   

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  en la causal tercera de la casación, el demandante  aduce  como  único cargo el haber dictado sentencia dentro de un juicio viciado  de  nulidad,  supuesto  que  el  procesado  careció  de  defensa  tanto  en  la  instrucción como en el juzgamiento.   

          Expone  que al procesado se le designó un defensor de oficio que lo  asistió  en la indagatoria y la ampliación de la misma y, justo el día en que  venció  el término de traslado para alegatos precalificatorios, fue reconocido  otro  abogado de confianza provisto por aquél.  De modo que ni uno ni otro  defensor  desplegaron actividades concretas a favor del procesado y, no obstante  la  advertencia  de  éste de que el día de los hechos ingería licor y que con  frecuencia  perdía  el sentido en la ingesta, tampoco la Fiscalía se preocupó  por  hacer  una  investigación  integral,  mediante la práctica de una pericia  médica que permitiera establecer un eventual trastorno mental.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  elección  de la nulidad como causal de casación no exime de su  presentación  clara y precisa, pues, conforme con el artículo 308, numeral 2°  del   Código  de  Procedimiento  Penal,  el  proponente  deberá  demostrar  la  afectación   de   la   garantía  fundamental  o  el  trastorno  de  las  bases  fundamentales del juzgamiento.   

          Así  pues,  admitido  por  el  mismo  demandante  que  el procesado  siempre  tuvo la asistencia de un defensor técnico, a partir de la indagatoria,  ya  lo  que el profesional hizo o dejó de hacer como actos de representación o  de  defensa,  es  algo  que  debe  evaluarse  con  el  conjunto  de la actividad  probatoria  adelantada  por  el  instructor,  pues  sólo  de tal manera podría  establecerse  la  trascendencia  de  la omisión del defensor.  El actor se  limita  a  señalar  que  la Fiscalía no decretó el examen sobre la condición  psíquica  del  procesado, como consecuencia de una presunta embriaguez, pero no  cita  los  razonamientos  de  la instancia sobre el resto de la prueba o el tema  específico, si es que se hicieron.   

          El  censor  manifiesta  que  al sentenciador le bastó el testimonio  del  agente  LUIS  JAVIER  GARCÍA  MARTÍNEZ  para concluir que el procesado no  estaba  ebrio,  pero aduce que con prueba testimonial no es posible demostrar la  embriaguez  o  su  ausencia.   Sin  embargo,  si el demandante estimaba que  algunas  circunstancias  evidentes  en el comportamiento del sujeto (distintas a  las  que  percibieron algunos testigos), ameritaban la valoración médico legal  y  el  examen  clínico, así debió señalarlo concretamente, pues sólo de tal  manera sería ostensible el vacío en la investigación integral.   

          Ahora  bien,  como el impugnante no ha demostrado la necesidad de la  prueba   médica  en  este  proceso,  también  queda  sin  probar  la  supuesta  precariedad  de la defensa en el juicio, pues él mismo la supeditó al hecho de  que  daba por establecida una deficiencia probatoria en la instrucción que, por  razón    del    paso    del    tiempo,    ya   no   podía   colmarse   en   el  juzgamiento.   

          Desatendidas   las   exigencias  formales  mínimas  para  abrir  la  casación, la Corte rechazará la demanda.   

          Por  lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          No  admitir  la  demanda de casación examinada.  No ha lugar a  recursos.   

          Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                  JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                  CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         NILSON PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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