11938mar1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 11938  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                          Magistrado Ponente:   

                                          DR.MARIO MANTILLA NOUGUÉS   

                                          Aprobado Acta No.027-II-25/00   

                                          Santafé   de   Bogotá,   D.C.,   marzo   tres   (3)  de  dos  mil  (2000).   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el  defensor  público  de ALVARO DE JESUS MUÑOZ  CANO  contra  la  sentencia  de noviembre 29 de 1995,  dictada  en  procesos  acumulados, por medio de la cual el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Pereira condenó a dicho procesado a 49 años de prisión  como  autor  de  homicidio  agravado  de  Luis Eduardo  Villegas y coautor de los delitos de hurto agravado y  porte ilegal de arma de defensa personal.   

          ANTECEDENTES   

          1.-   Primer  Proceso:  La noche del 3 de julio de 1994 José Nodin  Marín  Muñóz conducía un taxi por el municipio de Dosquebradas (Risaralda) y  fue  abordado  por  Alvaro  de  Jesús  Muñóz  Cano  y  otro  sujeto,  quienes  amenazándolo  con  revólver  procedieron  a hurtarle sus pertenencias y algún  dinero.  Momentos  después  el referido conductor buscó la solidaridad de unos  compañeros  y  finalmente los delincuentes fueron aprehendidos en sus viviendas  en    posesión   de   los   objetos   hurtados   e   incluso   del   mencionado  revólver.   

          En  esta  investigación  se estableció que los autores del actuar  delictivo  responden  a  los nombres e ALVARO DE JESUS  MUÑOZ  CANO  y   DAGOBERTO   QUICENO   PUERTA,  contra  quienes  la  Fiscalía  profirió  medida  de  aseguramiento de  detención  preventiva  y  acopiadas  otras  pruebas,  se cerró investigación,  siendo  acusados  por  la Fiscalía 30 de Santa Rosa de Cabal por el concurso de  delitos  de  hurto  y  porte  ilegal  de arma de defensa personal (fl.287-1). La  defensa  apeló  y  el proveído fue confirmado por medio del fechado en marzo 8  de 1995 (fl.319-1)   

          2.-  Segundo  Proceso:  También  en  el  referido  municipio  de  Dosquebradas  pero con fecha 16 de octubre de 1994, los  familiares  Luis  Eduardo  Villegas  Castrillón  y  Omar  Alberto  Ayala fueron  asaltados  y  sus  pertenencias hurtadas; como el primero de ellos reaccionara y  persiguiera  a  los  delincuentes,  el mismo mencionado Alvaro de Jesús Muñóz  Cano le disparó y lo mató.   

          –  Abierta  la  investigación  (fl.41  cdno.2),  se dio captura al  procesado  (fl.56),  quien  era  conocido  de  barrio  por  las  víctimas y sus  acompañantes,  y  en  su indagatoria (fl.59) negó totalmente la participación  del hecho.   

          –  Decidida  la  detención  preventiva de Muñóz Cano (fl.78), se  cerró  investigación  y  ésta  se calificó con acusación por los delitos de  homicidio    y    hurto,    según    resolución    de   marzo   27   de   1995  (fl.179-2).   

          3.-  El  Juzgado  Penal  del Circuito de  Dosquebradas  acumuló  dichas  causas  provenientes  de  las Fiscalías 30 y 25  (fl.208-2),  celebró audiencia pública (fl.216) y dictó sentencia de julio 26  de  1995  (fl.225),  por  medio  de  la  cual, en concordancia con las referidas  acusaciones,  condenó  a  Muñóz  Cano  a 50 años de prisión, sentencia que,  apelada,  por  el procesado y su defensor (fls.   ) fue confirmada con  la  modificación  de  condenar  a  Muñóz  Cano  a 49 años de prisión (fl. 3  cdno.2),  y éste es el fallo que es objeto del recurso extraordinario por parte  de la defensa.   

          LA DEMANDA   

          Dice el casacionista que:   

                   “el Tribunal  Superior  de  Pereira,  Sala  de Decisión Penal incurre en la causal de nulidad  por  haberse  proferido  sentencia en juicio viciado de nulidad (numeral 3o. del  artículo  220  del  C.P.P.) por violación al Derecho a la Defensa Técnica, al  no  haber  contado  el  procesado  con  un  defensor  idóneo  al  momento de la  indagatoria,  conforme  a  lo  proclamado  por  el  art.29  de  la Constitución  Nacional,  más  a lo largo de todo el proceso se violó el derecho a la defensa  como  se  observa  en  la  diligencia  de reconocimiento en fila de personas, no  presentó  alegatos  de  conclusión,  no  se notificó personalmente de ninguna  diligencia,  ni  interpuso  recurso  alguno  contra  ellas  y durante el acto de  audiencia  pública emuló a la señora Fiscal, solicitando condenada (sic) para  su  patrocinado,  mientras  éste  pedía absolución y proclamaba su inocencia.  Sentencia que tampoco recurrió” (fls.58 infra y 59 cdno.Tribunal).   

         –  Argumenta  que  en la indagatoria que el procesado rindió el 5  de  diciembre  del  94  en  la  Fiscalía  25  de  Dosquebradas,  careció de la  asistencia  de  un  abogado,  pues  al  efecto le fueron nombradas “dos personas  honorables” (dado que la primera apoderada tuvo que ausentarse).   

         –  Relaciona  el  censor  las  diferentes actuaciones y decisiones  cumplidas  en  el proceso, así como los diversos apoderados que coyunturalmente  le    fueron    designados    al   acusado   MUÑOZ  CANO  y  que  se  mostraron totalmente pasivos en la  labor  encomendada  y  agrega  que el defensor no asistió a ninguna diligencia,  por  omisión de la Fiscalía o propia, a excepción de la audiencia pública en  la  cual  solicitó  condena  para su patrocinado, no pidió  pruebas en el  juicio;   nio   presentó   alegatos   de   conclusión;  tampoco  se  notificó  personalmente  de  algunas  de las providencias, ni las impugnó,  omisión  que, anota, continuó hasta la sentencia.   

         –  Sostiene  que  luego  del  fallo  de segunda instancia el mismo  Tribunal  de Pereira tuteló el derecho de defensa  al procesado,  que  por  vía  de  la  nulida  declarada,  tiene  ahora  la  posibilidad  del recuso  extraordinario.   

         –  Recuerda  cómo  el defensor en la audiencia pública pidió la  condena,  “pero  con  benevolencia” (fl.61 infra) y que los “abogados titulares”  fueron  “desplazados”  sin  ninguna  razón  a  medida  que  se  fue haciéndose  necesaria  la  presencia  del  defensor, queriéndose así “dar la sensación de  formulismo” (fl.62).   

         Resalta  que  el  citado  municipio de Dosquebradas “es la segunda  ciudad  más  populosa  o habitadas del Departamento de Risaralda” y que queda a  pocos  minutos  de  Pereira y cita una decisión de la Sala Constitucional en la  cual  se  afirma  que en ningún caso se puede prescindir de la asistencia de un  defensor calificado.   

         Solicita,  pues,  que se case la sentencia recurrida “a partir del  momento de la indagatoria” (fl.66).   

         LOS  NO  RECURRENTES  –  EL PROCURADOR JUDICIAL EN LO                                                           PENAL 152 DE PEREIRA   

         Estima  este  funcionario  que  la  demanda  de casación ni   siquiera  reúne  los  requisitos  formales  y  que  era  obligación  del actor  referirse,  por  separado,  a  las dos causas adelantadas contra el procesado, y  anota  que  el  censor se limita a hacer un recuento de lo ocurrido “en una sola  causa” (fl.71).   

         Opina que:   

                        “el  defensor  no tiene obligación de irrespetar a las partes alegando una inocencia  que  figura  totalmente  desvirtuada por prueba de dimensión catedralicia. Y si  aquí,  con  la  flagrancia,  con  la confesión y con testimonios de excepción  quedó  como  evidencia  la autoría y la personalidad perversa y despiadada del  procesado,  al  defensor  no  le  quedaba  más  que  solicitar  un  tratamiento  favorable en caso de fallo adverso”. (fl.72).   

         Concluye  que  el  actor  no  demostró  irregularidad  sustancial  alguna  y que aquí “se otorgó suficiente oportunidad de defensa, legalidad que  el  demandante  trata  de  desconocer  en  un  escrito  de demanda que no cumple  exigencias  y está plagado de errores ortográficos. Además, sus apreciaciones  desbordan  la realidad y se muestran artificiosas y exageradas. Se trata más de  un   implicar  enfermizo  y  caprichoso  que  pretende  aminorar  lo  legalmente  establecido”  (fl.74).  Solicita  en  suma,  “resolver en forma desfavorable las  pretensiones del demandante”.   

         EL MINISTERIO PUBLICO   

         Para  el  señor  Procurador Primero Delegado en lo Penal resultan  “incontrovertibles”  las  razones  expuestas por el casacionista, y al efecto da  los siguientes argumentos:   

         1.-  Para la diligencia de indagatoria  identificada  por  el  actor  se  le  designó  como  apoderado  a  una “persona  honorable”,  y  que  si bien es cierto para entonces aún no se había declarado  la inexequibilidad del artículo 148 -inc.1-   

del Código de Procedimiento Penal (febrero  8  de  1996, fecha del fallo correspondiente), también lo es que “no se aprecia  razón  alguna  para  que la Fiscalía en una ciudad como Dosquebradas, cabecera  de  Circuito judicial, sede de buen número de profesionales del Derecho y, como  bien  lo  anota  el  censor,  población  muy  cercana  a  la ciudad de Pereira,  procediera  a  practicar  una  indagatoria  sin  la colaboración de un abogado”  (fl.5).   

         Cita  en  ese  sentido  una  decisión  de esta Sala y reafirma la  violación al derecho de defensa.   

         2.-  Dice  que  también  se dio dicha  violación  “por la inactividad del defensor de oficio”, quien, de otro lado, en  la  audiencia  pública “prácticamente se allanó a la petición de condena que  hiciera la Fiscalía (fl.7 supra).   

         Dice  que, p. e., la defensa hubiera podido acudir “a la sentencia  anticipada”  (fl.cit.)  y  hacer  ver  que  en  el  trámite  de  la  apelación  interpuesta  contra  el  fallo  de  primer  grado,  fue  la intervención de los  abogados  de  la  Defensoría  Pública  la  que  conjuró  la equivocación del  juzgador  de  negarle  al  acusado tal recurso por falta de sustentación, “toda  vez  que  la  defensa  podía sustentarlo de manera oral” (fl.7), situación tal  que  se  corrigió  por  virtud  de  una  acción de tutela promovida por dichos  abogados.   

         Ante  “el  desamparo  técnico  en  que  estuvo el recurrente a lo  largo  del  proceso”, conceptúa que la sentencia debe ser casada y “declarar la  nulidad  de  lo  actuado  a partir de la indagatoria de Alvaro de Jesús Muñóz  Cano, inclusive” (fl.8).   

         CONSIDERACIONES   

         El  casacionista  no  dice  en  qué  proceso,  de  los dos que se  acumularon,  se  cumplió  la  omisión en la defensa del procesado ALVARO  DE  JESUS MUÑOZ CANO, cosa que  obliga a la Corte a hacerlo:   

         1.-  En  el  proceso  que  inició  la  Fiscalía  30  de Santa Rosa de Cabal por los delitos de hurto y porte ilegal de  arma  de  fuego  de  defensa  personal, según hechos cometidos el 4 de julio de  1994,  el acusado en mención tuvo permanentemente y desde su indagatoria (fl.11  cdno.1)   defensa   técnica,   e   incluso  el  defensor  aportó  “escrito  de  indemnización  de  perjuicios”  (fl.  189) y consiguió la libertad provisional  del  procesado (fl.196). No se vislumbra en esta fase de la actuación quebranto  alguno al derecho de defensa del recurrente.   

         Conviene   anotar   además,  que  el  acusado  fue  capturado  en  situación  de  flagrancia,  ya  que luego de llevada a cabo la delincuencia, la  Policía  lo capturó y halló en su poder la mayoría de los objetos hurtados a  Nodín   de   Jesús   Marín   Osorio,   como   también   el   arma  usada  al  efecto.   

         2.- En el proceso que inició  la  Fiscalía  25  de  la misma población y que encierra los delitos de homicidio y  hurto,  por  hechos  ejecutados  el  16  de  octubre de 1994, es cierto que para  asistirlo  en  la  indagatoria  al  procesado  MUÑOZ  CANO  se  le  designó  como defensor a “una persona  honorable”  no profesional en la disciplina del Derecho (fl. 59 cdno.2), pero al  día  siguiente  (6  de  diciembre  de 1994), la Fiscal profirió resolución de  este tenor:   

                   “En vista  de  que el señor ALVARO DE JESUS MUÑOZ CANO manifestó la carencia de recursos  económicos  para  contratar  los  servicios  de un apoderado que represente sus  intereses  y  haberlo  asistido  en  la  diligencia  de  indagatoria una persona  honorable,    ante   la   imposibilidad  de conseguir la colaboración de un profesional del derecho, con  el    fin    de    garantizar    su   derecho   de  defensa se solicitará cooperación a la Defensoría  del  Pueblo  para  que  se  le  designe uno de oficio que lo represente hasta la  culminación del proceso” (fl.64 se subraya).   

         Como  la  Defensoría  del  Pueblo  no  diera  respuesta  a  dicha  solicitud,  la Fiscalía le designó defensor (fl.89-90), y en una diligencia de  reconocimiento  en  fila  de personas -con Gloria Patricia Velásquez- (fl.108),  ante  la  no comparecencia de dicho abogado oficioso, procedió a designarle una  persona honorable.   

         Es  de  advertir que el defensor oficioso designado recibió   su   comunicación  el  22  de  diciembre  (fls.  119,  116-118), pero para  entonces,  el 19 de diciembre, ya el procesado  había otorgado  poder  a  otro  defensor  público,  el  doctor  Silvio  Pinzón   Cardona   (fl.  113-113v.),  a  quien  se  notificó  de la resolución definitoria de la situación jurídica (fl. 114), y  aunque   no   la   impugnó  ni  sustentó  la  apelación  interpuesta  por  el  procesado,    sí  se  observa  que  asumió  activamente  el  mandato,  al  solicitar  practicar una  prueba testimonial de acuerdo a la cita hecha por  el   sindicado   en  la  indagatoria  (fl.  124),  cuya  importancia,  de  haber  corroborado  al  acusado  habría  sido  decisiva en su favor.  También es  relevante  que  para  la práctica del reconocimiento en fila de personas con el  testigo  Omar  Olaya,  decretada el 19 de enero de 1995 y para el mismo día, la  Fiscalía  le nombró como defensor de oficio a un profesional del derecho (fls.  133-134).   

         Preciso  es  destacar  que para la fecha de la indagatoria rendida  por  el  procesado   -5  de diciembre de 1994-, se hallaba aún en vigor el  inciso   primero   del   artículo  148  del  C.  de  P.P.,  que  autorizaba  el  nombramiento   de  una  persona  honorable  que no fuese servidor público,  para  asistir  al  sindicado  en  la  indagatoria  cuando  no  fuera  posible la  presencia  de  un abogado, pues la inexequibilidad de ese precepto fue declarada  apenas  y  el  8  de  febrero de 1996 por la Corte Constitucional; y de la dicha  imposibilidad,  ya  se  dijo,  dejó  constancia  la  Fiscalía,  sin  que  esta  aserción   del   funcionario   instructor  merezca  por  parte  de  esta  Sala,  cuestionamiento  alguno en cuanto a su veracidad, más aún, si se repara en que  la  diligencia  comenzó  en avanzada hora  de la tarde -4:00 p.m.-, lo que  fundadamente  hace  presumir  dificultad  en  hallar  un abogado disponible para  asesorar   oficiosamente  con  la  urgencia  requerida   -había  sido  puesto a disposición de la Fiscalía el 2 de diciembre (fl.56)-.   

         Al  aplicar  el funcionario instructor la opción autorizada en el  mandato  procesal  vigente,  de designar defensor del sindicado en la injurada a  una  persona  honorable  carente  de  la  calidad  de abogado, en condiciones de  imposibilidad  para  acudir  a  un  profesional,  lo  que  hizo  fue obedecer un  imperativo  legal,  es  decir,  no  infligió quebranto a su derecho de defensa;  así  lo  ha  reconocido  y  reiterado  muchas  veces  la jurisprudencia de esta  Sala.   

         La  designación  de  defensores de oficio  -uno no abogado y  el  otro  sí-  para  las  diligencias de reconocimiento en fila de personas con  Gloria  Velásquez  y  Omar Olaya respectivamente, tampoco derivó en agravio al  derecho  de  defensa,  pues  esa  clase de nombramientos está autorizada por el  artículo  368  del C. de P.P.  ante la ausencia del defensor titular, y de  las  actas  de  las  diligencias,  lo  que  se  deduce es que las circunstancias  procesales   compelieron   al  funcionario judicial  a aplicar el  anotado mandamiento legal.   

         Aunque  el  defensor  del  acusado  no hubiera ejercido una plural  y    exhaustiva  actividad  en  el  desempeño  de  su  función,   es  innegable   que   cuando   ingresó   al  proceso,  la   asumió   con  responsabilidad;    prueba  de  ello es que tomando la cita registrada  en  la  indagatoria  por  aquél,  del  individuo en cuya finca supuestamente se  hallaba  el  día del homicidio,  solicitó la recepción de ese testimonio  que  se vislumbraba como gran posibilidad defensiva (fl.l 124); además, como se  ha  visto,  para  el  recaudo  de  pruebas cruciales en las que la presencia del  defensor  era  imperativa,  el instructor le procuró la defensa en los téminos  de  la  ley,  quedando a salvo la garantía, que no puede tenerse como vulnerada  porque  no  haya  demandado  la práctica de numerosas pruebas, o porque no haya  objetado  las  decisiones  distintas  de  la  sentencia,  tomadas  en el decurso  procesal.   

         Con   relación  a  la  sentencia,  el  demandante  refiere  y  la  actuación  lo  demuestra,  que habiendo interpuesto apelación el procesado, el  recurso  no  se  le concedió por inadvertencia de su interposición de parte de  los  falladores,  pero  esta irregularidad fue enmendada a través de la acción  de  tutela  incoada  por  funcionarios  de la Defensoría Pública distintos del  defensor  designado  (fls.280  y ss.) concedida por la Sala Laboral del Tribunal  de  Pereira, al no, por lo menos estar atento a la protesta de su cliente frente  a  la  condena que él mismo había solicitado coreando a la Fiscalía pero este  nuevo  desconocimiento  de  la defensa técnica queda incurso y ha enmendarse en  la   nulidad   que  habrá  de  declararse  por  la  Corte  desde  la  audiencia  pública.   

         Fue  en  la  audiencia pública en donde se originó y desde donde  dimana  con  trascendencia  definitiva, la violación al derecho a la defensa, y  específicamente  a la defensa técnica.  En esta diligencia el defensor no  desplegó  esfuerzo  dialéctico  alguno  que  hiciera   patente  su interés en defender los intereses de su poderdante, sino que redujo  su  intervención  prácticamente  a prohijar la  petición condenatoria de  la  Fiscalía, como bien lo anota la Procuraduría Delegada, ya que, aunque hizo  una  completa relación de la prueba allegada, ningún análisis adelantó de la  misma,  ni de las circunstancias del actuar delictivo, ni de la subjetividad del  procesado,  que  insinuara,  independientemente  del  resultado a lograr, alguna  posibilidad  de  menor  compromiso,  distinta  a la mera de deprecar una pena de  menor  severidad.   Esta  enervante  pasividad evidencia más un reprobable  facilismo que una expresión defensiva.   

         Y  esto  es así, si se tiene en cuenta que ante el ningún efecto  favorable  de  la prueba testimonial que solicitó practicar (fl. 124) basado en  la  mención  hecha  por  el  acusado  en su indagatoria de un ciudadano en cuya  finca  supuestamente  se hallaba para el día de los hechos referidos al proceso  por  el  homicidio  de  Luis  Eduardo Villegas y hurto (fl. 59) y quien habiendo  comparecido  desmintió  categóricamente  la  coartada negando la presencia del  implicado  en su predio por esa  época (fl. 149), nada hizo el abogado por  conrtrarrestar  o  disminuir  la gravedad de las imputaciones imprimiendo algún  esfuerzo  dialéctico  a  su  gestión,  sino que la materializó en un simple e  íntegro allanarse a la acusación fiscal.   

         Esta  actitud  del  defensor no es característisca de una genuina  labor  defensiva  por  parte  de  un  profesional  del  derecho  y le acarrea la  expedición  de  copias  de  lo  pertinente  para eventual investigación ético  disciplinaria.   

         Y  no  puede decirse que la contundencia de la prueba justifica la  ausencia  de defensa técnica en el debate público considerándola innecesaria,  pues  ya  lo  ha  dicho  la  Corte,  ello  equivaldría  a legitimar la falta de  asistencia   profesional  cuando  aparezca  prueba  extrema  que  comprometa  al  procesado,   con  desconocimiento  del  carácter  absoluto  de  esta  garantía  procesal,  y  a presumir, sin fundamento, que en casos tales es la mejor defensa  la  inactividad.  Aceptar  este  criterio sería ni más ni menos que desconocer  las  características básicas del proceso, que como tales, no admiten este tipo  de   diferenciaciones.    En   este   sentido   ya  se  ha  pronunciado  la  jurisprudencia   de   esta  Sala.  (véase  fallo  22  de  septiembre  de  1998,  M.P.Dr.Arboleda Ripoll).   

         Por  lo  demás, importante es advertir que no puede interpretarse  que  la  determinación  de  investigar disciplinariamente al abogado negligente  suple  los vacíos  defensivos de su desatención y convalida la actuación  procesal,  no  solo  por las razones que se han expuesto,  sino porque ello  está   en  oposición  con  el  principio  de  autonomía  del  proceso  penal.   

                                                             

         Significa  lo  expuesto  que prospera en parte la demanda, pues la  nulidad  a decretar no es desde la indagatoria como lo pretenden el casacionista  y  el  Procurador  Delegado,  sino  desde  la  actuación viciada, que lo fue la  audiencia pública.   

         Se   casará  entonces  la  sentencia  declarando  la  invalidez  de  lo  actuado  desde  la  audiencia  pública  y se  concederá  en consecuencia la libertad provisional a MUÑOZ CANO de conformidad  con  el  numeral  5� del  art.415  del  C.  de  P.P.  por  haber  transcurrido más de seis meses desde la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación pero aunque esta diligencia y el  fallo  acusado cobijan también a DAGOBERTO QUICENO PUERTA, acusado junto con el  recurrente  MUÑOZ  CANO  por  los  delitos  de porte ilegal de arma de fuego de  defensa  personal  y  hurto  calificado  y  agravado  en  el  proceso  acumulado  distinguido  con  el  número  uno  (1),  a  éste no lo involucra esta orden de  libertad  porque  habiéndole  concedido  el  Juzgado la libertad provisional no  volvió  a comparecer (fls. 208, 263 y 284 Cd.1) y en consecuencia se dispondrá  la   libertad   provisional   de  MUÑOZ  CANO  con  fundamento  en  el  numeral  5� del artículo 425 del  C.  de  P.P.  por  haber transcrurrido más de seis meses desde la ejecutoria de  las  resoluciones  de  acusación sin haberse realizado la audiencia pública, a  la  que accederá previa prestación de caución prendaria por valor equivalente  a  veinte  (20) salarios mínimos legales mensuales y suscripción de diligencia  de  compromiso  de  acuerdo al artículo 419 ibídem.  Este monto se estima  razonable  para  garantizar  su comparescencia dada la gravedad de los delitos y  su  reiteración,  por  el derecho que asiste a la sociedad a que se esclarezcan  los hechos delictivos.   

            

         En   mérito,   la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA   en   SALA   DE  CASACION  PENAL,  acogido  parcialmente  el  concepto  del  Ministerio  Público, administrando Justicia en  nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

         R E S U E L V E   

         1o.-   CASAR  LA  SENTENCIA  IMPUGNADA,  en  el  sentido  de   DECLARAR  LA  NULIDAD  de  lo  actuado  desde inclusive la diligencia de audiencia pública.   

                 2o.-        CONCEDER  la  libertad  provisional al  procesado  ALVARO  DE JESUS MUÑOZ CANO,  previa  la prestación de caución prendaria por el quivalente a  veinte  (20) salarios mínimos legales mensuales y suscripción de diligencia de  compromiso    conforme   al  artículo  419  del  C.  de  P.P..     

         3o.-  Por  la Secretaría de la Sala y  con  destino  a la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Seccional de la  Judicatura   de   Risaralda,   ENVÍENSE  copias  de  esta  providencia  y  de  la diligencia de audiencia  pública,   para   que   si   fuere   del   caso,   se  investigue  la  conducta  ético-disciplinaria   del   abogado  doctor  Silvio  Pinzón Cardona.   

         DEVUÉLVASE  el proceso al Tribunal de  origen.   

         CÓPIESE, NOTIFÍQUESE, CÚMPLASE.   

                                        EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

No     hay  firma   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                             JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                        JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON                                         NILSON PINILLA PINILLA   

                                       TERESA   RUIZ   NUÑEZ              

                                                                                     Secretaria     

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