15912nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15912  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado   Acta   No.  201   

          Bogotá,  D.  C.,  veintinueve  (29)  de noviembre del año dos mil  (2.000).   

VISTOS  

         Procede  la  Corte a resolver si la demanda de casación presentada  a     nombre     del     señor     CRISANTO    ARCE  BETANCOURT,   satisface   las   exigencias  formales  señaladas   en   el   artículo  225  y  normas  concordantes  del  Código  de  Procedimiento penal.   

         

HECHOS  

          Sucedieron  en  Guadalajara de Buga (Valle del Cauca) el día 31 de  julio  de  1997, en horas de la tarde, cuando el menor JHON EDWARD ARCE JIMENEZ,  de  13 años de edad, quien se encontraba en el taller de mecánica de su padre,  CRISANTO  ARCE  BETANCOURT,  fue  convidado  por  éste a donde su tío Pedro a conseguir un dinero. Luego de  recorrer  cierta  distancia,  su  progenitor  detuvo  el  vehículo en un paraje  solitario  a  orillas  del  río  Cauca  y  le  dijo  que  el  carro  se  estaba  recalentando  y  necesitaba  agua,  por  lo  que  debía ir al arroyo a traerla.   

         En  el  momento  en  que  el  infante estaba agachado recogiendo el  líquido,   su   padre   lo   atacó   por  la  espalda  con  un  cu­chillo,  con  el  que la causó cuatro  heridas.  Como  consecuencia de los golpes, el niño cayó al lecho, su papá lo  siguió  armado  con una guadua, con la que intentó golpearlo y hundirlo en las  aguas.  El  menor  logró salvar su vida gracias a los esfuerzos realizados para  alejarse  de don CRISANTO y a  la  oportuna  intervención  del señor LUIS EDUARDO SANCHEZ, quien, al escuchar  las  voces  de auxilio del párvulo, lo ayudó a salir del torrente y evitó que  se ahogara.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

         Adelantadas  las  diligencias habituales, la fiscalía calificó el  mérito  del  sumario  con  resolución  acusatoria proferida el 2 de octubre de  1997, por el delito de homicidio agravado, en grado de tentativa.   

         Mas  adelante,  el 20 de octubre de 1998, el Juzgado 1º. Penal del  Circuito    de    Guadalajara    de    Buga    condenó   al   proce­sado   a   20   años   de  prisión,  interdicción  del  ejercicio de derechos y funciones públicas durante el mismo  lapso  y  a  la  suspensión  de  la  patria  potestad por 15 años.     

           Impugnada  la determinación por la defensa, el Tribunal Superior  de Buga la confirmó en su integridad el 28 de enero de 1999.   

LA  DEMANDA   

         El  casacionista  imputa a la sentencia violación indi­recta  de  la ley sustancial por error  de  hecho  en  la apreciación de las pruebas, con fundamento en el numeral 1º.  del artículo 220 del Código de Procedimiento Penal.   

         Para  desarrollar  el  cargo,  entra  directamente  a cuestionar la  decisión  de  los jueces de instancia, por darle al procesado un tratamiento de  persona  imputable,  cuando  el abundante caudal probatorio refleja que el hecho  típico  y  antiju­rídico  realizado    fue    derivación   de   una   inimputabilidad   conse­cuencia  de  su  insania  mental en el  momento de ejecutar el acto criminal.   

                    Enseguida  hace  un análisis de los testimonios de RUBEN DARIO ARENAS RAMIREZ, cuñado del  incriminado,  CRISANTO ARCE VIERA, su padre, y de HELMER CASTRILLON, quienes dan  cuenta  que  el  procesado durante los días anteriores a los hechos mostraba un  comportamiento  poco  normal, “pues se veía como cuando uno está preocupado,  corrido,      loco      o      desvi­rolado”.   

         Señala  que tanto en el fallo de primer grado, como en el dictamen  forense,  se  hace  referencia  a  dicha  situación  de anormalidad, pues en el  primero  se  dice  que  “No  cabe  duda  de  que el procesado sufría un grave  deterioro  emocional…”,  y  en  el  segundo  se hace mención a “un cuadro  mental  de  origen  orgánico  debido  a  posible  daño anatómico en su tejido  cerebral”.      

         Por  lo anterior, tilda los fallos de instancia de inco­herentes, undívagos, anfibológicos y  difusos.  Le  reprocha  a  los  servidores  de la justicia no haber analizado la  prueba   en   su   conjunto,   por  haberse  basado  únicamente  en  la  prueba  cientí­fica,    sin  percatarse  que  ésta  era desvirtuada por los testigos que han declarado sobre  el comportamiento anormal del procesado.    

          Como  conclusión  señala  que  el  juez colegiado vul­neró en forma directa el artículo 31  del   Código   Penal,   “a   contra­pelo  con  el derecho constitucional fundamental del DEBIDO PROCESO  que    se   encuentra   ínsito   en   el   canon   29   de   la   Codificación  Superior”.  Solicita  se  case  el  fallo  de  segunda  instancia  y  se  dicte  en  su  lugar el que debe  sustituirlo, esto es, el que imponga medida de seguridad.   

         

CONSIDERACIONES   

La demanda estudiada no es viable técnico –  for­malmente y, por tanto,  se  impone  su rechazo. Estas son las ra­zones:   

1.  De  la  simple  lectura  del escrito se  concluye  que  equivale a un trabajo admisible quizás en las instancias pero no  en  este  momento  porque  en  vez  de centrar el cuidado en el señalamiento de  errores  graves  predicables  del  juez,  se  ciñe a plasmar el pensamiento del  actor  sobre  el  proceso, como para tratar de establecer un debate entre juez y  defensor,  tal  vez  con  el  ánimo  de  que  la  Sala  escoja  una  de las dos  conclusiones.   Esta   labor,  sin  embargo,  no  puede  ser  afrontada  por  la  Corporación,  pues que este recurso extraordinario significa, ante todo, juicio  de  legalidad,  de  puro  derecho, a la sentencia, y no nuevo juicio con base en  otro  estudio  y  valoración del material probatorio. Por ello se ha dicho, con  fre­cuencia, que la Corte  en casación no constituye tercera instancia.   

Agréguese  a  lo  anterior que cobijada la  sentencia  objeto del recurso con la presunción de acierto y legalidad, resulta  insuficiente  la  mera  oposición  argumentativa  que,  una  vez  más, quieran  hacerle  los  sujetos  procesales. Es indefectible, entonces, actuar más allá,  esto  es,  demostrar  que,  con objetividad, la justicia ha incurrido en errores  graves, trascendentes, fácilmente perceptibles.     

         

2.  Del  casacionista  se  espera  siempre  claridad   y  precisión,  tanto  en  la  formulación  del  cargo  como  en  su  desarrollo,  expectativa  que  se diluye cuando un defensor inicia su acusación  con  el título “Cargo Unico”: “Este reproche se fundamenta al auspicio de  la   causal   1a.)  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  concretamente,  por VIOLACION INDIRECTA DE LA LEY SUSTANCIAL, por error de hecho  en  la  apreciación  de las pruebas…” (Fls. 13 y 14 de la demanda), y luego  concluye  que  si se hubiera observado bien la prueba se habría impuesto medida  de  seguridad  en  lugar  de  pena  “…conforme  a las claras directrices del  artículo   31   del   C.   Penal,   que   se   vio  vulnerado  en  forma     directa    por    el    juez  colegiado…” (Fl. 19 de la misma) (bastardillas de la Corte).   

Respecto   del  mismo  objeto,  o  existe  violación   di­recta  o  violación  indirecta, pero no las dos. La falta de lógica y de tino, entonces,  es manifiesta.   

3. El casacionista invocó la causal acabada  de  mencionar  -infracción indirecta de la ley sustancial-. Sin embargo, cuando  quiso   desarrollar   la   propuesta,   dentro   del  mismo  y  único  discurso  argumentativo,    desvió   su   actividad   hacia   otros   horizon­tes,  pues  afirmó  que  los  jueces  habían    incurrido    en   desconoci­miento    del    “…   derecho  constitucional  fundamental  del  debido  proceso  que  se  encuentra  ínsito  en  el canon 29 de la Codificación Superior”, con lo cual  fusionó   temas   diversos   con   la   pretensión   de   que  sean  resueltos  simultáneamente,  solicitud  inapropiada, como emana del No. 4o. del inciso 1o.  del artículo 225 del C. de P. P.    

4. El demandante propuso, como se ha dicho,  la  in­fracción indirecta  de  la  ley  sustantiva por error de hecho en la apreciación de la prueba, pero  se  quedó  en  el  enunciado  pues  no  expuso  con  exactitud  y sin sombra de  incertidumbre  sobre  la  regla  o  reglas conculcadas ni sobre los elementos de  convicción que mencionara.    

         Si  bien  es  cierto  que  hizo alusión al artículo 31 del C. P.,  también   lo   es  que,  recuérdese,  dedujo  que  tal  precepto  había  sido  desconocido  “directamente”,  con lo cual desdibujó sus planteamientos pues  -como      también      se      dijo-,      una     misma     dispo­sición no puede ser, a la vez, objeto  de    violación    directa   e   indi­recta.   

              5. Tampoco se ocupó el censor de  la  especie de error de hecho que habría afectado la sentencia. Por ejemplo, no  dijo  si  se trataba de falso juicio de identidad, de falso juicio de existencia  o  de falso raciocinio, con lo cual dejó en la orfandad su anuncio. Igualmente,  omitió   establecer   la  relación  de  fundamento  a  consecuencia  entre  la  infracción  respecto de la prueba y la violación de la normatividad sustantiva  pues   no   expresó  si  aquella  había  conducido  a  falta  de  aplicación,  utilización indebida o errónea interpretación de esta.   

                    6. Como el  demandante  no  dijo  que  los yerros del juzgador recayeron sobre la existencia  jurídico  material  de  la prueba, ni sobre su contenido o identidad, ni que se  hubieran   aportado   al   proceso   de   manera  irregular  por  falta  de  las  formali­dades  que la ley  exige  para su aducción, cabría entender – así lo sugiere en forma por demás  confusa-  que  los  “errores”  en  la  apreciación  de las pruebas tuvieron  ocurrencia  en  el proceso de valoración de los dictámenes psiquiátricos y de  los   testimonios   que   hacen   relación   a   la  presunta  anormalidad  del  procesado.   

                     

No  obstante, aún admitido lo anterior, se  impone  tener  en cuenta que la sola formulación de criterios personales acerca  de  la  forma  como  han debido ser valoradas las pruebas, así como la singular  manera  de  afirmar  in genere la incidencia del supuesto error en la sentencia,  no  tienen  rango  suficiente  para hacer sucumbir el fallo impugnado en sede de  casación.  Requiérese la comprobación de yerros manifiestos en el fallo y, en  este  caso,  con  la  hipótesis  de  admisión atrás indicada, le habría sido  imprescindible  al  actor demostrar el alejamiento de los componentes de la sana  crítica,  es  decir,  de  las leyes científicas, los principios lógicos y las  reglas  de la experiencia. Y luego de ello, le habría sido exigible afirmar las  leyes,  principios  o reglas aplicables al asunto concreto. Nada de ello hizo el  censor.   

7. Y la juridicidad del escrito se resiente  aún más cuando, al final, el casacionista afirma:   

“En  conclusión,  con soporte en todo lo  anterior­mente  expuesto,  con  el  debido  respeto reitero a la H. CORTE SUPREMA DE JUSTICIA EN SU SALA DE  CASACION  PENAL, que al resolver el recurso sustentado ahora se CASE el fallo de  segunda  instancia…,  y  se  dicte,  en  su  lugar,  el que deba sustituirlo o  reemplazarlo,  que no podría ser otro que el de IMPONER MEDIDAS DE SEGURIDAD al  sentenciado  CRISANTO  ARCE  BETANCOURT,  para  que  se  conserve  incólume  el  PRINCIPIO  DE  LEGALIDAD  DE  LA  PENA  y  se  garantice,  sobre todo, el DERECHO  AL  DEBIDO  PROCESO  dentro  de  un adecuado marco de  juzgamiento…” (Fl. 20, demanda) (bastardillas de la Corte).   

   

Crasos  errores  y  afirmaciones totalmente  desvincu­ladas   de  la  propuesta original.   

          Incumplidos   los   requisitos   técnico   –  formales  que  deben  acompañar    a    toda    demanda    de   casación,   resulta   imperioso   su  rechazo.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

1º.  Rechazar  la  demanda  de  casación  presentada    a   nombre   de   don   CRISANTO   ARCE  BETANCOURT,     contra     la     sen­tencia  de segunda instancia proferida  el  28  de enero de 1999 por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga.   

2º. Declarar desierto el recurso y devolver  el  pro­ceso al Tribunal de  origen.   

         3º.  De  conformidad  con lo dispuesto por el artículo 197 del C.  de   P.   P.,   contra   esta   decisión   no  procede  recurso  al­guno.   

         Comuníquese  y  cúmplase.            

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA.   

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE                              JORGE     A.    GÓMEZ  GALLEGO                        

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR                        

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                                      

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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