15881(24-01-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15881  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado acta No. 06   

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     FERNANDO    E.    ARBOLEDA  RIPOLL   

Bogotá, D. C., veinticuatro de enero del dos  mil dos.   

Resuelve la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto contra la sentencia de 16 de septiembre de 1998, mediante  la  cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín condenó, entre  otros  acusados,  a  JAMER OJEDA GARCIA ó JAMAEL JOSE  RUMBO  NIEVES  a  la  pena  principal  privativa de la  libertad  de 80 meses de prisión como autor responsable de los delitos de hurto  calificado  agravado,  determinador  de falsedad en documento público, falsedad  en  documento  privado,  uso  de  documento  público  falso,  y  concierto para  delinquir;  y  MYRIAM LUZ ESCARRAGA MEDINA a   la   pena  principal  de  66  meses  de  prisión,  como  autora  responsable  de  los  delitos  de  falsedad  material de particular en documento  público  en  concurso homogéneo, concierto para delinquir, y cohecho por dar u  ofrecer.   

Hechos  y  actuación  procesal:   

Los  primeros, los resumió el Tribunal de la  siguiente manera:   

“Una investigación  conjunta  del  Cuerpo  Técnico  de  la  Fiscalía  y  Decypol  de  esta  ciudad  (Medellín,  aclara  la  Sala),  reveló  que  una  gran  cantidad de vehículos  hurtados  en  esta  ciudad  eran enviados a la costa norte de nuestro país para  ser  comercializados  tanto  en forma completa como en el mercado de autopartes,  pues  además  del  conocimiento  que  de tal acontecer se tenía por fuentes de  inteligencia  policial,  así lo revelaron con lujo de detalles algunos miembros  de las llamadas bandas de jaladores de nuestra ciudad.   

“Lo informado por  los  señores  Jairo  Alejandro  Parra  Urrego y Walter de Jesús Molina Arango,  acusados  ambos  en  otros  procesos  como  ejecutores directos de los hurtos de  vehículos,  permitió  conocer  que la compleja labor de comercialización, que  incluía  la  falsificación  de  documentos  de  propiedad  e  importación  de  automotores,  el  regrabamiento de sus sistemas de identificación, el camuflaje  externo  de  los  mismos  y  la entronización de una muy ampliamente difuminada  corruptela  en  entes  públicos  como  los  Tránsitos Municipales y la DIAN de  distintos   entes   territoriales  del  ya  citado  litoral,  era  obra  de  una  concertación  criminal  entre  múltiples  personas,  entre las que descollaban  Isidro  Anteliz  Bayona,  algunos  de  sus parientes y otros terceros como Jaime  Miguel  Villazón  Sánchez, Omar Rivera Lastra, Guilermo Builes, Robert Fuentes  y  muchos  otros  más, por lo que se procedió entonces a la interceptación de  algunas  líneas  telefónicas  de  propiedad  de los implicados, en especial de  Anteliz   Bayona,  mecanismo  que  permitió  corroborar  la  seriedad  de  esas  delaciones,  pues  se  supo  por  tal  medio  de  múltiples  contactos de claro  contenido  ilícito  entre  el  último  y  una  gran  variedad  de terceros que  coadyuvaban  a la existencia de esa bien montada empresa delincuencial desde las  distintas  vertientes  necesarias  para la culminación exitosa del objeto de la  misma”.   

La investigación por estos hechos la inició  la  Fiscalía  103 Seccional de la Unidad Quinta de Delitos contra el patrimonio  Económico  de Medellín el 13 de diciembre de 1995 (fls.80/1), y en el curso de  la  misma  fueron  vinculados  mediante  indagatoria,  entre otros, Myriam  Luz  Escárraga Medina (fls.16, 216  cuaderno  Santa  Marta)) y Jamer Ojeda García ó Jamel  José   Rumbo   Nieves   (fls.18  cuaderno  No.  6  de  Valledupar),  a  quienes  se  definió  la  situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención  preventiva  mediante  proveídos  de  28  de  abril  y  11  de  agosto  de 1996,  respectivamente  (fls.40  cuaderno  Santa  Marta  y  1º  del cuaderno No.3). La  primera,   sindicada   de   intervenir   en  el  proceso  de  obtención  de  la  documentación   espuria   que   acreditaba  la  legítima  procedencia  de  los  automotores;  y  el  segundo,  de  participar en la adulteración del sistema de  identificación,  y  utilizar  documentos  personales  falsos.      

La  investigación fue objeto de tres cierres  parciales  y  sendas  calificaciones. La primera, de fecha  9 de octubre de  1996,    comprendió    26   procesados,   entre   ellos   a   Myriam  Luz  Escárraga  Medina, quien fue  acusada  como  coautora  de  los  delitos  de  concierto  para  delinquir, hurto  calificado   agravado,   falsedad   documental  y  cohecho  por  dar  u  ofrecer  (fls.1-47/5).   La  segunda,  de  fecha  30  de  octubre  siguiente,  cobijó  a  Elizabeth  María Bruges Guerra y Tulia Paulina Barros  Atencio,     funcionarias    de    la    DIAN    de  Riohacha  (fls.1-47, 277/5),  quienes  fueron  acusadas  por  el  delito  de  Hurto calificado agravado,   único  respecto  del cual no se acogieron a sentencia anticipada (fls.277-282/5  y  216/6  del  cuaderno de Valledupar). Ambos pronunciamientos fueron apelados y  confirmados  con  algunas  modificaciones  por  la  Fiscalía  Delegada  ante el  Tribunal el 18 de marzo de 1997 (fls.323-404/5).   

La  tercera,  de  fecha  27 de enero de 1997,  comprendió  a   Massiel  Karina  Anteliz  Uribe,  Rubén  Francisco Móvil  Guerrrero,  Roberto  Luis  Fuentes  Daza  y Jamer Ojeda  García  ó Jamel José Rumbo Nieves, quien fue acusado  por  los  delitos  de  concierto  para  delinquir,  hurto  calificado agravado y  falsedad    documental    (fls.107-117/2).   Esta   decisión   fue   notificada  personalmente  a  las partes los días 31 de enero y 5 de febrero siguiente, sin  que  en  su  contra  hubiesen  sido  interpuestos  recursos  (fls.159,  182/7 de  Valledupar y 425/5).   

Tramitado  el juicio, el Juzgado 17 Penal del  Circuito  de Medellín, mediante sentencia de 10 de marzo de 1998 (fls.1-199 del  cuaderno  No.6),  condenó  a  Jamer  Ojeda García ó  Jamel  José Rumbo Nieves a la pena principal privativa  de  la libertad de 80 meses de prisión, como coautor responsable de los delitos  imputados  en  la  resolución  de  acusación  (apartado trigésimo de la parte  resolutiva  del  fallo); y Myriam Luz Escárraga Medina  a  la  pena  principal  privativa de la libertad de 72  meses  de  prisión,  como coautora responsable de los delitos de concierto para  delinquir,  falsedad  material  en  documento  público,  y  cohecho  por  dar u  ofrecer,  siendo  absuelta  por  el  de  hurto  calificado  agravado  (apartados  trigésimo  cuarto  y  trigésimo  séptimo de la parte resolutiva).     

Apelado  este  fallo  por  sus defensores, el  Tribunal  Superior  de  Medellín, mediante el suyo de 16 de septiembre de 1998,  que  ahora  recurren  en  casación los mismos sujetos procesales, se abstuvo de  pronunciarse  sobre  la impugnación interpuesta por el defensor de Ojeda  García, por motivación deficiente,  y  confirmó  la  condena  en  relación con Myriam Luz  Escárraga  Medina,  modificándola en el sentido fijar  en  66 meses de prisión la pena que debía purgar por los delitos  por los  cuales fue declarada responsable (fls.528-589/6).    

Las       demandas:   

    

1. A    nombre    de    Myriam    Luz   Escárraga   Medina.     

Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  casación,  la  demandante acusa la sentencia impugnada de haber sido dictada en  un  juicio  viciado  de nulidad, por inobservancia del artículo 442 del Código  de    Procedimiento    Penal    (Decreto    2700    de    1991),    “que  impone  al funcionario judicial la  obligación      de      motivar     el     pliego     de     cargos”,  y consiguiente violación del debido  proceso y el derecho de defensa.   

Después  de  transcribir  los  principales  apartes  de  la  resolución  de  9  de  octubre  de  1996,  mediante la cual la  Fiscalía    acusó    a    Myriam   Luz   Escárraga  Medina  por  los  delitos de concierto para delinquir,  hurto  calificado  agravado,  falsedad  documental  y cohecho por dar u ofrecer,  sostiene    que    “la  providencia  en  cuestión  adolece  absolutamente  de  razonamiento  lógico  y  jurídico  que  informó  (sic)  el conocimiento del instructor para llegar a la  convicción  sobre la probable responsabilidad de la procesada en los delitos en  los    cuales    estaba   siendo    convocada   a   responder   en   juicio  criminal”.   

Argumenta  que  aunque  en  el resumen de los  hechos  pareciera  insinuarse  su  participación  en  la  comercialización  de  vehículos  hurtados,  en  la parte considerativa el Fiscal se limita a precisar  que    sus   contactos   con   Anteliz   constituyen  prueba  del  concierto, sin relacionar los elementos de  juicio  que  sirven  para alimentar su conocimiento, ni analizar el contenido de  las  conversaciones  telefónicas  sostenidas  por ellos, y que fueron objeto de  interceptación.      

    

Solo realiza una enunciación esquemática de  los  medios  de  prueba  que obran en la actuación, sin indicar los motivos por  los   cuales  se  deduce  de  ellos  la  participación  y  responsabilidad  que  eventualmente  pudiera  caberle  a  la  acusada en los delitos de concierto para  delinquir,  hurto  calificado  agravado, falsedad documental y cohecho por dar u  ofrecer,  dejando inédito su pensamiento en el juicio lógico que efectuó para  llegar  a tales conclusiones, pues la providencia no expresa qué demuestran los  medios  de  convicción,  ni  cómo  lo  prueban,  ni  hace  un  análisis de la  antijuridicidad y la culpabilidad.   

El   deber   de   motivar  las  resolución  judiciales,  aunque  no  quedó previsto en la Constitución de 1991, se infiere  de   la   interpretación  sistemática  de  los  artículos  29  y  230  de  la  Constitución  Nacional; 1º, 180.4.5.6, 181, 389.2.2 y 442.2.3.4 del Código de  Procedimiento  Penal,  normas  de  las  que  se  sigue  que  la  resolución  de  acusación  no  es  de  libre  formación,  porque  siendo  el  marco del debate  contradictorio,   debe   relacionar   y  evaluar  las  pruebas  aportadas  a  la  investigación.   

Ilustra    sus    argumentaciones    con  transcripciones  de  doctrina  y  jurisprudencia  de  la Corte sobre el punto, y  explica  que, en el caso sub judice, la ausencia de valoración de los medios de  prueba  obstaculizó  ostensiblemente  el derecho de defensa, porque le impidió  controvertir   de  manera  precisa  el  pensamiento  del  calificador.  Esto  se  presentó  no  solo  en  relación con las transcripciones de las conversaciones  telefónicas,  sino  también  frente a las declaraciones de importación, y los  permisos  de  circulación  restringida  que  son  citados  en la resolución de  acusación,  documentos  respecto de los cuales no se indicó por qué motivo en  su   confección   fraudulenta   se   deducía   responsabilidad  a  la  señora  Escárraga  Medina, ni cuál  la relación de esos medios de prueba con la empresa criminal.   

Con  fundamento  en  estas  consideraciones,  solicita  a  la  Corte decretar la nulidad de la actuación desde la resolución  de acusación inclusive (fls.672-691 del cuaderno No.6).   

    

1. A   nombre   de   Jamer   Ojeda   García   ó  Jamael  José  Rumbo  Nieves:     

En esta segunda demanda el casacionista acusa  también  la  sentencia  impugnada de haber sido dictada en un juicio viciado de  nulidad,  por  violación  del debido proceso, por ausencia de motivación de la  resolución    acusatoria,    providencia    en    la   cual   se   “echa    por    la   borda”  el  cabal  contenido  de  los  cuatro  numerales  que  integran el artículo 442 del Código de Procedimiento Penal, en  especial  cuando  se  los confronta con la genuina realidad de los hechos, y las  pruebas aportadas al informativo.   

La  secuencia  argumentativa  de  la  citada  providencia,  analizada frente a  cada uno de los hechos punibles imputados  al  procesado  (hurto calificado agravado, concierto para delinquir y falsedad),  y  las  exigencias  del  artículo  442  del estatuto procesal penal, muestra lo  siguiente:   

1.  Hurto  calificado  agravado:  Por  lo  que a este ilícito respecta, la decisión en referencia  no  dice  qué  rol  jugó  Ojeda  García   en   la  sustracción,  o  comercialización  de  los  vehículos  involucrados,  ni  cómo,  cuándo,  o  en  qué forma lo hizo. Se le endilga el  decomiso   de   la   camioneta   Toyota  Hi  Lux,  pero  no  son  definidas  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y lugar en las cuales desplegó una actividad  dolosa  orientada a apropiarse o comercializar dicho automotor. En síntesis, no  se  dio  cumplimiento  a lo ordenado en el numeral 1º del citado artículo 442.   

En  lo  que  concierne  con  la  “indicación   y   evaluación  de  las  pruebas    allegadas    al    proceso”   (numeral   2º),   la   providencia   adolece   de   “clásica  anemia  en  tal sentido, pues  suple  con  la  elucubración,  con  la  suspicacia,  con la imaginación en una  palabra,  lo  que  jamás ha podido descubrir en los genuinos hechos aportados a  las  sumarias”. Un ejemplo  del  exceso  imaginativo  del  funcionario acusador, se advierte en el siguiente  aparte:  “A Jamer Ojeda lo  señalan  como  uno  de  los  expertos  en  adulteración  de  los  sistemas  de  identificación   y   transformación  de  chasis  y  cabinas  para  ocultar  el  antecedente  judicial  que  recaía  sobre  el  bien,  de esta manera lo pudimos  corroborar  con el diálogo sostenido entre éste y Carmela e Isidro para que le  entregaran   unas   plaquetas   que   había   mandado   a  fabricar”.   

Pero  es  que  acaso  del  diálogo surge que  Ojeda   García   hubiera  realmente  encargado unas plaquetas? Y se ha probado para qué vehículo estaban  destinadas?  Y  en  el evento de haberlo sido, se demostró que hiciera parte de  los    involucrados    en    las   actividades   del   denominado   “Cartel    de    la   Lata”?  Aunque  sobran  más comentarios, no  sobra  destacar  “que  por  esquicio  (sic)  alguno  de la actuación en que se basó esa providencia consta  que  Walter  Molina  Arango,  o  Jairo  Alejandro Parra, indiquen de qué manera  específica   negociaron   siquiera   un   solo   automóvil,   y   mucho  menos  identificándolo  debidamente, con Jamer Ojeda García.  Es  notorio  el  hecho  de  que  Walter Molina Arango,  ansioso  de vincular a cuanto prójimo captó en su anticipada lectura, previa a  la  indagatoria, de las copias de la actuación, para así sacar provecho de una  sentencia  anticipada  por  delación,  apenas  pudo  aludir  a Jamer Ojeda como  ‘N.N. Jamer, un señor que  vive  en  Valledupar’,  lo  cual  constituye  de  entrada  una  mentira  que  bien  pude derrumbar el resto,  considerando  que  Jamer Ojeda vivía a la sazón en San Juan del Cesar, y allí  fue      capturado”.   

En  lo  atinente a la calificación jurídica  provisional  (numeral  3º),  la  providencia  hizo  caso  omiso  de  indicar el  “Capítulo   dentro  del  Título        correspondiente        al        Código        Penal”, lo que equivale a la transgresión de  una  formalidad  necesaria  en  la  calificación  del sumario. Y respecto de lo  establecido  en  el  numeral  4º,  mal podía la funcionaria darle aplicación,  “pues  se  apresuró a tal  cometido  de tal forma que no le dio ni físico tiempo a los defensores para que  prepararan   y   presentaran  alegatos  precalificatorios,  como  ellos  mismos,  incluido  el  suscrito,  lo han expuesto”.   

2.  Concierto  para  delinquir:  Las  circunstancias  de  modo,  tiempo  y lugar no afloran por parte  alguna     “en    la  investigación”, pues, como  lo  tienen  sentado  la  doctrina  y la jurisprudencia, para que este punible se  tipifique  es  necesario  que las actividades de los implicados sea de carácter  permanente,  aspecto  que  correlacionándolo  con  el  factor tiempo, jamás ha  podido  predicarse  en este proceso. Ni Walter Molina, ni Jairo Alejandro Parra,  los  hurtadores  materiales  o  directos  de  los  automotores en Medellín, han  podido  señalar  en  sus  intervenciones  el  definido papel cumplido por Ojeda  García  en el “Cartel de la  Lata”,  ni qué vehículos  negociaron   con   él,   ni   mucho   menos   que   hubiese   sido   en   forma  permanente.   

La  funcionaria  tampoco  atinó  a indicar y  evaluar   de   manera  satisfactoria,  “las    pruebas    idóneas   para   predicar   el   concierto   para  delinquir”  (numeral 2º).  De  veras,  no logró establecer con los medios allegados al proceso que hubiese  existido  concertación  con  Isidro  Anteliz,  menos aún de manera permanente,  para  cometer  delitos.  Todo  lo  que  se  saca  en claro de la interceptación  telefónica,  es  que “Jamer  le   mandó   a  hacer  unas  plaquetas”.  De  igual  manera, omitió señalar el Capítulo y el Título del  Código  Penal donde se encasillaba el delito, y ya se indicaron los motivos por  los   cuales   no   fueron  controvertidas  las  alegaciones  de  los  Fiscales.   

3.  Falsedad:  En  relación  con  este  delito la Fiscal tampoco dio cumplimiento a las exigencias  del  artículo  442,  en especial a lo establecido en su numeral 3º, puesto que  no   ubicó   la   calificación   jurídica  en  capítulos  y  títulos.  Esta  “anemia  jurídica” se convirtió en  “legítima  leucemia ídem  en     los     fallos     de    primera    y    segunda    instancia”,  porque  el  Juez  Penal del Circuito  “despachó, prácticamente  con  los  mismos  argumentos  de  la  Fiscalía,  los  tres delitos imputados al  acusado,    “en   cinco  apretadas  páginas  de  amplias  márgenes  y  espacios  interlineados, sin que  hubiese  una adecuada motivación, una argumentación convincente e hilvanada de  las  circunstancias  de tiempo, modo y lugar dentro de las cuales mi recomendado  efectivamente  participó  en  los  punibles  materia la acusación. Y bajo esta  tónica  entonces  el  señor  Juez  de  primer  grado, por carencia de adecuada  motivación,  también violó el debido proceso a que se refiere el artículo 29  de    la    Constitución    Nacional”.   

Y  por  lo  que  a la actuación del Tribunal  respecta,  “a pesar de que  esta  venerable  Corporación  no  tuvo  empacho en ratificar el fallo de primer  grado    en    lo    atinente    al   ‘quantum’ de la  pena  por los delitos referenciados, denegó legítima justicia al no motivar la  confirmación  del  fallo en esos aspectos. Esta actitud, fundamentada dizque en  la  inidoneidad  del  suscrito  defensor  para  sustentar  la  apelación,   constituye  una  conducta omisiva y antojadiza, que no tiene por qué afrontarla  el  sindicado,  a  quien de esta forma se le vulneran las garantías procesales,  además del derecho de igualdad.     

Apoyado en estos planteamientos solicita a la  Corte  decretar la nulidad de lo actuado a partir inclusive de la resolución de  acusación (fls.708-715 del cuaderno No.6).   

Concepto  del Ministerio Público:   

El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita a la Corte desestimar los cargos formulados contra la  sentencia impugnada, por las siguientes razones:      

1.  Demanda  a   nombre  de  Myriam  Luz  Escárraga   Medina:  Dice  compartir  plenamente  las  afirmaciones  de la casacionista cuando insiste en la importancia que reviste la  motivación  de  las providencias judiciales, y en especial el pliego de cargos,  por  constituir el referente y marco de desarrollo del juicio y la sentencia. De  ahí  que  su  desconocimiento  no solo redunde en menoscabo del debido proceso,  sino  en  detrimento  del  derecho  de defensa, habida cuenta que solo frente al  conocimiento  de  las  razones de orden probatorio y jurídico que lo sustentan,  resulta posible rebatir los argumentos expuestos.   

Considera,  sin  embargo, que un ataque de la  naturaleza  del  propuesto  debe  refulgir en forma cristalina, de suerte que la  ausencia  de  motivación  surja evidente, y que dicha situación haya producido  un  perjuicio de cara a las garantías fundamentales del procesado, como ha sido  posición  uniforme  de  la  Corte,  presupuestos  que  no se cumplen en el caso  analizado.    

En cuanto al primero, la censura afirma que la  Fiscalía  omitió  fundamentar probatoriamente la decisión, y que lo realizado  no   fue   más  que  “una  enunciación   esquemática   de   los   medios   de  prueba  que  obran  en  la  actuación”,  sin precisar  las  razones  relacionadas  con  la  comisión  de  los delitos imputados. Estas  afirmaciones  no  son  ciertas. Aunque la decisión, debido a la complejidad del  asunto,  y el número de vinculados, no resulta ser el mejor ejemplo, ni la más  ortodoxa  a  seguir  en materia de motivación, en su concepción se advierte el  empeño  de  la  funcionaria  de  exponer,  con  una  metodología  particular y  concreta,   discriminado   delitos   y   procesados  (26  en  total),   los  fundamentos en que se basó para proferir convocatoria a juicio.   

En  primer  lugar,  determinó los hechos que  estimó  probados,  dentro  de  los  cuales  vinculó  a  la  procesada  con  la  organización  dedicada  a  la  comercialización  de  vehículos hurtados en la  ciudad  de  Medellín,  que  encabezaba  Isidro  Anteliz.  A  partir  de  allí,  impartió  la  calificación,  dirigiendo sus esfuerzos en concretar las pruebas  que  en  contra  de  los  procesados  obraban en el sumario. Después sentó las  bases  de  la vasta organización criminal que operaba en el país con una clara  distribución  funcional  entre  sus integrantes, entre quienes se encontraba la  señora     Escárraga   Medina,   a  quien  se  sindicó, de manera clara, de participar en el proceso  de  importación  ilegal  de  los  vehículos hurtados y adulterados para darles  visos   de  transparencia,  y  permitir  de  esa  manera  su  comercialización.  Finalmente  se  establecieron  las bases probatorias,   y se imputaron  los  delitos, a título de coautoría impropia, habiendo sido acusada la señora  Escárraga   Medina  de  la  totalidad   de   las   conductas  que  en  desarrollo  del  propósito  criminal  desarrollaron  sus  integrantes, sin importar que materialmente no hubieran sido  cometidos  por  ella,  en  la  medida  que todos hicieron parte de un propósito  común,  para cuya obtención era indispensable la repartición o asignación de  roles diversos.      

En tales condiciones no era necesario, como lo  pretende   el   casacionista,    que   los   medios   de   convicción  que  específicamente  relacionaban  a  la  acusada  con  la comisión de los delitos  imputados,  en  especial  el  hurto  y  el  cohecho,  que  fueron  materialmente  cometidos  por  otros  miembros  de  la  organización, fuesen individualizados,  porque  la  circunstancia  de  pertenecer  a  ella hacían que todos los delitos  cometidos  para  el  logro  de los fines comunes le fuesen atribuidos, bastando,  por  tanto,   para  una adecuada imputación, la reseña y análisis de los  medios  probatorios  que  daban cuenta del aporte específico de cada uno de los  miembros de la banda.   

Y    en    el    caso   de   Escárraga   Medina,  la  providencia  fue  clara  en  indicar que su aporte consistía en facilitar la comercialización de  los  vehículos,  haciéndolos  pasar  como  legalmente importados, para la cual  presentaba   documentación   adulterada   ante   la   DIAN,   aprovechando   el  reconocimiento  de  que  gozaba  en  el  medio,  ya  que  se  desempeñaba  como  tramitadora  de  una agencia de importación, conclusión a la que se llegó con  fundamento  en  dos  pruebas  que  daban cuenta de su participación en la gesta  criminal:  la  interceptación  telefónica  al abonado de la familia Anteliz, y  los  documentos  obtenidos  en  la  diligencia  de  allanamiento a la sede de la  empresa      “Libre  Sport” (sic).   

Otro aspecto en el que se soporta la prédica  del  libelista, estriba en que la resolución no fijó el alcance de las pruebas  en  orden  a  la antijuridicidad y culpabilidad. Esta apreciación no es exacta,  pues  aunque  resulta cierto que en dicho proveído las referidas categorías no  fueron   estudiadas  en  forma  separada,  del  análisis  probatorio  emana  su  correlación  con  ellas,  tanto respecto de las conductas endilgadas por virtud  del  fenómeno  de  la coautoría, como las que lo fueron en virtud de su aporte  individual.   

Lo dicho permite concluir que la irregularidad  denunciada  no  afectó  el debido proceso ni el derecho de defensa. Lo primero,  porque  no  es  cierto  que  la decisión adolezca de ausencia de motivación, o  motivación  deficiente.  Lo  segundo,  porque el conocimiento que de ella surge  impide  concluir  que las posibilidades defensivas hubiesen sido afectadas, como  de manera genérica lo plantea la recurrente.   

2. Demanda a nombre de Jamer Ojeda García ó  Jamael  José  Rumbo  Nieves: Después de sostener, con  fundamento  en  doctrina  de  la  Corte  (Casación  de  3  de  marzo  del 2000,  Magistrado  Ponente  Dr. Córdoba Poveda), que el incumplimiento de la exigencia  prevista  en  el  numeral  4º  del artículo 442 del estatuto procesal penal no  comporta  nulidad  de  la actuación, afirma que el actor, al analizar los otros  requerimientos  de  la  norma,  se  trenza  en una aguda polémica en torno a la  apreciación  probatoria  realizada  por  los juzgadores, por considerar que los  elementos  de  juicio  tenidos  en cuenta resultaban insuficientes para proferir  resolución  de  acusación,  procurando  revivir,  de esta manera, un debate ya  agotado,  para cuyo adelantamiento contó con oportunidades procesales precisas,  que resolvió dejar vencer sin hacer réplica alguna.   

Sostiene, adicionalmente, que en relación con  el  primero  de  los  requisitos expresados en la norma procesal (indicación de  las  circunstancias de tiempo, modo y lugar), no dimana ninguna duda en cuanto a  su  acatamiento,  puesto que en el acápite destinado para ello se expusieron de  manera  clara  los  supuestos  fácticos  de  las  infracciones,  con  todas las  circunstancias  de  esta  índole,  siendo  una  de  ellas, la relativa a que la  organización  criminal  adulteraba  los  sistemas  de  identificación  de  los  automotores  hurtados, y obtenía nueva documentación, y su rematriculación en  las  oficinas  de  Tránsito, para después venderlos. Y en lo que respecta a la  actividad   concreta   de   Ojeda  García,  se dijo que colaboraba con la empresa criminal participando en la  adulteración de los sistemas de identificación.   

En  cuanto al tercer requisito, cierto es que  en  el  cuerpo  de  la  providencia  no  se  relacionaron  de  manera  clara los  capítulos  y  títulos  de  las  infracciones  imputadas,  pero  en  cambio  se  determinaron  los   comportamientos típicos realizados por cada uno de los  procesados,  siendo  ello  suficiente  para establecer la imputación jurídica,  por  lo  que dicha falencia, aunque debe evitarse, no conduce a la nulidad, como  quiera   que  lo  verdaderamente  esencial  es  que  el  procesado  pueda  tener  conocimiento del cargo deducido.   

Tampoco le asiste razón al demandante cuando  sostiene   que   los  fallos   carecieron  también  de  motivación,  pues  opuestamente  a  lo  que  expone,  en  la  sentencia  de primer grado se hizo un  análisis  meticuloso  de  las  pruebas  en  las que se soportó la decisión de  condena,  y  en  el  de  segunda  instancia  dejó  de  hacerse  mención no por  omisión,  sino  por falta de sustentación adecuada del recurso, y porque el ad  quem,  ante  dicha  situación,  se  abstuvo  de  pronunciarse  sobre  el mismo.   

Consecuente con sus argumentaciones, solicita  a la Corte no casar la sentencia impugnada.   

SE        CONSIDERA:   

    

1. Demanda   a  nombre  de  Myriam  Luz  Escárraga  Medina:     

Cargo único: Nulidad del proceso por falta de  motivación de la resolución acusatoria.   

Reiteradamente  la  Corte ha sostenido que no  toda  deficiencia  argumentativa en la fundamentación de una decisión judicial  es  de  suyo  suficiente  para  viciar de nulidad el acto respectivo, y que solo  cuando   materialmente  no  existe  motivación,  o  cuando  existiendo  es  deficiente,  equívoca  o ambivalente, siendo necesaria para el aseguramiento de  las  garantías  fundamentales  del  debido  proceso  o  el  derecho de defensa,  resulta  posible  su  estructuración. Esto implica para el demandante tener que  demostrar  tres  aspectos:   (1)  Que  el funcionario judicial estaba en la  obligación  de motivar la decisión; (2) Que a pesar de ello, no lo hizo, o que  la  realizada  resulta  ininteligible por deficiente o anfibológica; (3) Que la  irregularidad  afectó  las garantías fundamentales del debido proceso,  o  el   derecho   de  defensa.  Separadamente  la  Corte  estudiará  cada  uno  de  ellos.   

1. Necesidad de motivación de la resolución  de   acusación  Este  primer  presupuesto  no  admite  discusiones,  pues  el  artículo 442 del Código de Procedimiento Penal de 1991  (hoy  398  del  nuevo  estatuto),  cuya  inobservancia la casacionista denuncia,  ordena   que   la  resolución  acusatoria  cumpla  determinados  requisitos  de  contenido,  con  el  fin  de  que  los  sujetos  procesales  puedan  conocer sus  fundamentos,  y  ejercer  un  adecuado  control  sobre  ella  mediante  actos de  contradicción  o  impugnación,  dadas  sus  implicaciones en el desarrollo del  proceso   y   las   funciones   que   allí  está  llamada  a  cumplir.  Dichos  requerimientos  son  cuatro:   (1)  Narración de los hechos investigados e  indicación  de  las  circunstancias que los especifican (imputación fáctica);  (2)  Señalamiento  y evaluación de las pruebas allegadas al proceso (análisis  probatorio);  (3)  calificación típica de la conducta (imputación jurídica);  y (4) Respuesta a las alegaciones de las partes.    

2.  Ausencia  de  motivación:  La  inconformidad de la casacionista en punto a la motivación de la  decisión  se  centra  principalmente  en el segundo requerimiento del artículo  442  (análisis probatorio), pues afirma que la providencia se limita a realizar  una  enunciación  esquemática de los medios de prueba, sin indicar los motivos  por  los cuales son  imputados a la procesada los delitos de concierto para  delinquir,   hurto  calificado  agravado,  falsedad  documental  y  cohecho,  ni  expresar  qué  acreditan  los  elementos de juicio en los cuales se sustenta la  decisión,  ni  cómo  dichos elementos prueban su participación en los hechos.   

Esta  afirmación  no  es  exacta.  Aunque la  resolución  de  acusación,  como  lo  sostiene  el  Procurador  Delegado en su  concepto,  no  es un modelo a seguir en materia argumentativa, tampoco puede ser  sostenido  que  sea una decisión carente de fundamentación, o que la contenida  en  ella no permita a las partes conocer su sentido, o los argumentos fácticos,  probatorios  y  jurídicos en los cuales descansa. Del análisis de su contexto,  se   establece  que  estructuralmente  comprende  cuatro  acápites,  claramente  diferenciados:   

Uno  fáctico, donde se hace un pormenorizado  relato  del modus operandi de la organización delictiva, con indicación de las  distintas  fases  del acontecer criminal (hurto de vehículos, adulteración del  sistema  de identificación, proceso de legalización y comercialización), y de  las  personas que hacían parte de ella (fls.2-6/5).  Uno probatorio, donde  separadamente  se   relacionan las pruebas más importantes que comprometen  la  responsabilidad en los hechos investigados de cada uno de los 26 procesados,  entre  ellos  Myriam Luz Escárraga Medina  (fls.6-23/5).  Uno jurídico, donde son analizados cada uno de los  delitos  cometidos:  hurto,  concierto  para  delinquir,  falsedad  documental y  cohecho  (fls.23-27/5).  Y, uno conclusivo, donde son precisados, separadamente,  los  cargos  por  los  cuales  deberán  responder  en  juicio  cada  uno de los  procesados (fls.29-43/5).        

Respecto     de      Myriam  Luz  Escárraga  Medina se dijo, en  concreto,   que   participaba  con Isidro Anteliz Bayona en el proceso  de  nacionalización  ilegal  de los automotores hurtados, y se relacionaron, de  manera  expresa,  como  pruebas principales que comprometían su responsabilidad  en  los hechos, las conversaciones interceptadas en el abonado telefónico de la  familia  Anteliz  Uribe,  en las cuales aparece  concertando con Isidro los  montos  a  pagar  por la legalización de algunos vehículos; y la diligencia de  allanamiento   y   registro   realizada   en   las   oficinas   de  “Librexport       Ltda”,  de la cual era Gerente, donde fueron  halladas  declaraciones  de  importación y permisos de circulación restringida  espurios (fls.20 y 21/5).   

También,  que  debía responder en juicio en  calidad   de  coautora  de  los  delitos  de  concierto  para  delinquir,  hurto  calificado  agravado,  falsedad  documental  y  cohecho por dar u ofrecer,   todos  a  título de dolo, según surge del contenido del siguiente aparte de la  providencia:  “De  acuerdo  con  el material recepcionado se profiere resolución de acusación en su contra  por  haber  participado  en calidad de coautora en los delitos de concierto para  delinquir,  hurto calificado y agravado, falsedad documental y cohecho por dar o  ofrecer,      en     la     modalidad     concursal     y     dolosa” (fls.37/5).   

Cierto    es   que   en   los   acápites  correspondientes  al  análisis  de  la  situación  jurídica  de la acusada el  Fiscal  no  estudia  en  detalle  las  pruebas,  ni  las  categorías del delito  (tipicidad,   antijuridicidad   y  culpabilidad,  por  ejemplo),  pero  ello  no  significa  que la providencia, en cuanto dice relación con los cargos imputados  a  ella, carezca de motivación. Si la decisión es estudiada en su contexto, se  advierte,  sin  mayor  esfuerzo,  que  ya  en  otros apartes de la misma el ente  acusador   había   hecho  mención  a  estos  aspectos,  indicando,  de  manera  claramente  comprensible,  en qué consistían los hechos investigados; el modus  operandi  de  la  organización criminal; la actividad cumplida por la procesada  dentro  de  la  misma;  la calificación jurídica provisional de las conductas;  las  razones  por  las  cuales  se  configuraban  los  delitos de concierto para  delinquir,  hurto  calificado  agravado,  falsedad  en  documentos y cohecho; la  forma  de  participación  de  los  distintos  procesados, los bienes jurídicos  vulnerados, y la forma de culpabilidad.   

En suma, no es verdad que la decisión carezca  de  motivación,  ni que la que contiene impida conocer los fundamentos de orden  fáctico,  probatorio  y  jurídico que le sirven de sustento. Basta una lectura  integral  y  desprevenida  de  su contenido para concluir que el pronunciamiento  cumple  los  presupuestos estructurales mínimos requeridos por el artículo 442  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  y  que  la  censura, por tanto, resulta  infundada.  Y  no es dable sostener que hubiese sido pretermitida la obligación  contenida  en  el  numeral  4º  de  la  referida norma, porque la defensa ni la  procesada   presentaron  oportunamente  alegatos  precalificatorios.     

3.  Trascendencia  del  vicio:  Una  razón  adicional  para desestimar la censura, lo constituye el  hecho   de   que  la  casacionista  no  demuestra  la  trascendencia  del  vicio  denunciado,  labor  que implicaba acreditar que la falta de motivación impidió  a  la  defensa  conocer  el verdadero alcance de la acusación,  y que esta  situación  se  reflejó  en  su  ejercicio durante la fase del juicio (período  probatorio  y  audiencia),  haciéndose  evidente  en  la sentencia, donde se la  sorprende  con  argumentaciones  distintas  de  que  equivocadamente  consideró  constituían  los  fundamentos  fácticos, probatorios o jurídicos de la misma,  lo cual en manera alguna cumple la impugnante.    

Sus   argumentaciones   en  este  punto  se  circunscriben    a    la    genérica    afirmación    de    que   “la  ausencia  de  valoración  de  los  medios  de  prueba  enunciados  por  la  Fiscalía  Delegada como soporte de los  delitos  imputados…,  obstaculizó el derecho de defensa, habida cuenta de que  se  desconocían  los  motivos  por  los  cuales,  dichos medios de convicción,  condujeron   a   la   conclusión   de   la   responsabilidad   probable  de  la  procesada”,  y  que  esto  impidió  controvertir  en  la  etapa del juicio el pensamiento del “juzgador”  (sic),  sin  precisar cómo o de qué  manera  el  alegado vicio desorientó la defensa, incidiendo negativamente en su  gestión,  ni  cómo influyó en la declaración de responsabilidad por cada uno  de  los  delitos  imputados en la resolución acusatoria, y que fueron objeto de  condena:  concierto  para  delinquir, falsedad en documentos y cohecho por dar o  ofrecer.  Respecto  del  hurto  no le era dado alegar falta de motivación de la  acusación  en  procura  de  obtener  la  anulación  del  fallo, por carecer de  interés  jurídico para hacerlo, pues en relación con  dicho ilícito los  juzgadores profirieron decisión absolutoria.    

Se desestima la censura.  

    

1. Demanda  a  nombre  de  Jamer  Ojeda  García  ó Jamael José Rumbo  Nieves:     

Cargo único: Nulidad del proceso por falta de  motivación    de   la   resolución   de   acusación   y   de   la   sentencia  impugnada.   

Al  igual  que en la demanda que viene de ser  analizada,  el  ataque  se  sustenta  en la consideración de que la resolución  acusatoria  omitió  dar  cumplimiento  a lo establecido en el artículo 442 del  estatuto  procesal  penal,  principalmente  al mandato contenido en sus primeros  tres   numerales   (motivación   fáctica,   motivación   probatoria,   y  calificación  jurídica con indicación del capítulo y título respectivos del  Código  Penal),  y  adicionalmente,  que  la  sentencia  del  Tribunal  omitió  sustentar      “la  confirmación” del fallo de  primer grado.   

Esta   censura   tampoco  está  llamada  a  prosperar.  Del  estudio  de  la  resolución  de acusación se concluye que las  afirmaciones  del  casacionista sobre la ausencia de motivación fáctica no son  ciertas,  y  que  la providencia, contrario a lo expuesto por éste, contiene no  solo  un  recuento  claro  de  las  actividades  cumplidas  por la organización  delictiva,   con  indicación  del papel desempeñado dentro de ella por el  procesado,  sino el señalamiento, en capítulos separados, de los hechos que en  concreto   daban   lugar   a  la  tipificación  de  cada  uno  de  los  delitos  investigados,  y  que  fueron  objeto  de imputación: concierto para delinquir,  hurto calificado agravado, y falsedad documental.    

En el acápite dedicado al estudio del primero  de  ellos  se  dijo,  por ejemplo, que derivaba de la circunstancia de haber los  miembros  de  la organización delictiva concertado sus voluntades  para la  sustracción  de  vehículos, adulteración de sus sistemas de identificación y  legalización  ilícita  (fls.110  y  111/2). En el análisis correspondiente al  delito  de hurto calificado agravado se dejó precisado que surgía del efectivo  apoderamiento  de  varios  automotores  en la ciudad de Medellín, con violencia  sobre   las  personas,  para  ser  sometidos  a  proceso  de   regrabación  (fls.112/2).  Y,  en cuanto a la falsedad, se dijo que su configuración típica  resultaba  de  la adulteración del sistema de identificación de los vehículos  hurtados,    en    cuya    actividad   participaba   directamente   Ojeda    García;    de    su   ilícita  rematriculación;  y, de la falsificación por parte del procesado de la cédula  de  ciudadanía  No.77.023.817  para  ocultar  su  identidad, y la obtención, a  través     de     ella,    de    otros    documentos    falsos    (fls.112    y  113/2).      

Tampoco le asiste razón al demandante cuanto  sostiene  que  la  decisión carece de motivación probatoria, porque en ella se  hace  también  una  relación  de los medios que comprometen la responsabilidad  del  procesado en los hechos, y se analiza su contenido y fuerza incriminatoria.  Tan  cierto es esto que el demandante, en lugar de entrar a demostrar la alegada  ausencia  de  motivación  probatoria,  se  dedica  a controvertir in extenso la  valoración  que  en  dicho  sentido  realizó  la  Fiscalía,  por considerarla  equivocada,  reconociendo,  de  esta  manera, que la motivación existe; que las  argumentaciones  expuestas  por  el  ente  acusador  son inteligibles; y, que su  inconformidad  deriva  no de la falta de fundamentación, sino de los argumentos  que informan su contenido.       

Esto  deja  sin  piso  las  afirmaciones  del  impugnante,  y  evidencia  la  incorrección técnica de la propuesta de ataque,  pues  los  errores  de  apreciación  probatoria  cometidos  en  la  resolución  acusatoria,  no  son  susceptibles  de  ser alegados en casación. En esta sede,  solo  pueden  serlo  los que se originan en la sentencia, debiendo ser el ataque  dirigido  por la vía de la causal primera, con indicación de la clase de error  cometido  (si  de existencia, identidad, raciocinio, legalidad o convicción), y  de       su       incidencia      en      la      parte      conclusiva      del  fallo.        

Sostiene   igualmente   el  censor  que  la  providencia  acusatoria omitió mencionar de manera expresa los capítulos y los  títulos  del  Código  Penal que recogían las descripciones típicas imputadas  al  procesado,  inobservando  de  esta manera el mandato contenido en el numeral  3º  de  la  norma  en  comento. Esta apreciación es cierta, pero ello no es de  suyo  suficiente  para  comprometer  la  validez  del  acto, ni de la actuación  subsiguiente,  pues  dicha  irregularidad  no  afecta  la estructura básica del  proceso,  y  el  libelista  no demuestra que hubiese comprometido sus garantías  fundamentales.  Las  especies  delictivas  por las cuales se acusó al procesado  quedaron  claramente  definidas  en la providencia calificatoria, y ello bastaba  para  comprender  el  alcance  de  la  acusación,  y enfrentar adecuadamente la  defensa.   

En  un  último  esfuerzo  por  obtener  una  declaración  rescisoria  de  la  actuación,  el casacionista acusa el fallo de  segunda  instancia  de  adolecer  también  de  falta  de  motivación,  con  el  argumento  que el ad quem omitió sustentar la confirmación del de primer grado  en  relación  con  el procesado. Este reproche, además de no haber sido objeto  de  desarrollo,  resulta  también  sin  fundamento, puesto que la decisión del  Tribunal   respecto   de  Ojeda  García  fue  de  inhibición  por  deficiente  motivación  de la apelación  interpuesta  por  el hoy casacionista contra la sentencia de primer grado, no de  mérito,  y dicho pronunciamiento se encuentra debidamente sustentado (fls. 20 y  21 del fallo).      

Estas consideraciones, y las expuestas por el  Procurador  Segundo  Delegado  en  su  concepto,  que la Sala comparte, resultan  suficientes  para  desestimar  la  censura. En consecuencia, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre de la  república y por autoridad de la ley,   

R    E    SU    E   L   V   E:   

NO CASAR la sentencia  impugnada.   

Devuélvase  al Tribunal de origen. CUMPLASE.   

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                JORGE CORDOBA POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS                   CARLOS                              A.                              GALVEZ   ARGOTE                          

JORGE         A.         GOMEZ  GALLEGO                           EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS         E.        MEJIA  ESCOBAR.                             NILSON PINILLA PINILLA   

No hay firma  

                                                    Teresa Ruiz  Nuñez   

                                                         SECRETARIA     

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