15868(15-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No  15868  

                       CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

                SALA      DE      CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO PONENTE:  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

APROBADO ACTA No. 055  

  Bogotá, D.C., quince (15) de mayo de  dos mil tres (2003).   

               El  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Sogamoso  profirió sentencia anticipada condenando a EDGAR    MAURICIO   TORRES   BELLÓN   y   CARLOS   AUGUSTO   BERNAL  BARRERA  como coautores de los delitos de peculado por  apropiación   y   falsedad   ideológica   en   documento  público.   Al   primero,   le  impuso  una  pena  de  41  meses  y 10 días de  prisión  y  multa  de $1.000.000 y, al segundo, 44 meses de prisión y multa de  $1.279.432.  Los  condenó  igualmente  a  interdicción de derechos y funciones  públicas por tres años.   

          El  Tribunal  Superior  de  Santa  Rosa  de  Viterbo, al resolver el  recurso   de   apelación   interpuesto   únicamente   por   el  procesado  CARLOS   AUGUSTO   BERNAL    BARRERA  y  el  defensor  de EDGAR MAURICIO TORRES  BELLÓN,  el  7  de  octubre  de  1998  confirmó  la  providencia  impugnada, modificando las penas, en el sentido de imponerle a cada  uno  de  los  incriminados  40  meses  de  prisión,   multa  de $500.000 a  TORRES  BELLÓN  y  de   $250.000  a  BERNAL  BARRERA,  así  como la interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo lapso  de la pena privativa de la libertad.   

               Los  defensores  de MAURICIO  TORRES  BELLÓN  y  CARLOS     AUGUSTO     BERNAL    BARRERA  interpusieron  recurso  de  casación  y  presentaron sendas demandas, sobre las  cuales se pronuncia ahora la Sala.   

        HECHOS   

                La  Contraloría  Municipal  de  Sogamoso   detectó   la  ausencia  de  soportes  contables  respecto  de  actos  administrativos  que disponían la cancelación de dietas de algunos concejales.  Los  pagos  se  justificaron  mediante el cambio de la primera hoja de las actas  números  22,  23,  24,  26,  29  y  30  de  las sesiones del Cabildo y mediante  certificaciones  elaboradas para hacer constar la asistencia de algunos ediles a  las  sesiones,  conducta  que  se  repitió  en  la elaboración de las nóminas  correspondientes.   

                   Se   estableció   en   la  investigación  que  el  Secretario  del Concejo CARLOS  AUGUSTO  BERNAL  BARRERA  y  el  Pagador  EDGAR    MAURICIO   TORRES   BELLÓN   se  apropiaron  del dinero asignado para pagar los honorarios de algunos concejales,  que  se  excusaron de asistir a las sesiones, sumas correspondientes a los meses  de  marzo,  abril,  mayo  y  junio  de  1996.  Del  total  apropiado $4.548.864,  TORRES  BELLÓN  reintegró  $2.000.000,  en  tanto  que  BERNAL BARRERA restituyó $2.558.864.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          La  investigación penal fue asumida por  la  Fiscalía Cuarta Seccional de la Unidad de Delitos contra la Administración  Pública  con  sede  en  Sogamoso,  vinculando  con  indagatoria, entre otros, a  EDGAR     MAURICIO    TORRES    BELLÓN    y    a    CARLOS   AUGUSTO   BERNAL  BARRERA,   a  quienes  les  resolvió  la  situación  jurídica  mediante  resoluciones  de fecha 26 de febrero y 10 de marzo de 1998,  imponiéndoles  detención preventiva por los delitos de falsedad ideológica en  documento público y peculado por apropiación.   

          Practicadas  algunas pruebas a petición  de  los procesados, se dispuso la celebración de audiencia para la formulación  de  cargos  para  sentencia anticipada, diligencia que se llevó a cabo el 18 de  junio    de    1998   con   EDGAR   MAURICIO   TORRES  BELLÓN  y  el  30 de junio siguiente con CARLOS  AUGUSTO  BERNAL BARRERA, diligencia  en  la  que se imputó a los inculpados responsabilidad penal por los delitos de  falsedad  ideológica en documento público y peculado por apropiación atenuado  por la cuantía, en concurso homogéneo y heterogéneo.   

          El  1°  de  julio  de 1998 la Fiscalía  declaró  la  ruptura  de la unidad procesal, expidiendo copia para continuar la  investigación  contra  los  demás  procesados.  La causa por el  trámite  abreviado  correspondió  al  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Sogamoso,  desatándose  la  apelación  contra  la  sentencia  de primera instancia por el  Tribunal  con sede en Santa Rosa de Viterbo, en los términos dados a conocer en  el  primer capítulo de esta providencia. La sentencia de segundo grado es ahora  objeto  de  examen  en  razón  al  recurso  de  casación  interpuesto  por los  defensores de los procesados.   

         LAS  DEMANDAS   

          Demanda  a  nombre  de  MAURICIO  TORRES  BELLÓN.   

          Primer cargo.   

          Al  amparo  de  la  causal  primera  del  artículo   220   del   C.P.P.   sostiene  el  recurrente  que  el  ad   quem   violó  directamente  la  ley  sustancial  por  falta  de aplicación de los artículos 31 de la C.N., 17 y 217  del C.P.P.   

                   El   Tribunal   varió   la  dosificación   de   la   pena   hecha   por   el   a  quo,  determinando  para  el  caso  de  la falsedad en  documento  público  48  meses  de  prisión, tasación que supera en 6 meses la  fijada  por  el  fallo de primera instancia, que impuso 42 meses de prisión. Si  bien   el  cómputo  final  del  ad  quem  es  ligeramente  inferior  a la sentencia apelada, la sanción del  delito   base   para   el   concurso  viola  el  principio  de  la  reformatio  in  pejus, pues la alteración  de  ese  guarismo  repercute  finalmente en la pena a imponer y en la condena de  ejecución condicional, que fue denegada por el factor objetivo.   

           Para  el  demandante,  la  “decisión   proferida  por  el  Juzgador  de  Primera  Instancia  respecto  de  la  determinación  de la pena a imponer por el delito de falsedad  ideológica  y  que  señaló  en 42 meses de prisión debió conservarse por el  Tribunal que conoció del recurso de apelación”.   

             Segundo cargo.   

           Al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  primero,  el  fallo  de  segunda  instancia  es  atacado por  interpretación errónea de los artículos 61, 64, 66 y 67 del C.P.   

          El  Tribunal admitió la concurrencia de  las  circunstancias genéricas de atenuación relacionadas en los numerales 1°,  7°  y  8°  del  artículo  64  del  C.P. pero aduce que no se puede partir del  mínimo  de  pena  previsto en la ley, por incidir las circunstancias genéricas  de  agravación  establecidas en los numerales 12 y 15 del artículo 66 ibídem.   

          En este caso se tomó como circunstancia  de  agravación y como elemento constitutivo del delito de peculado, el hecho de  haber  recaído  la  conducta sobre bienes del Estado. Igualmente es inaplicable  la  agravante  del  numeral  12 del artículo 66 del C.P. porque está reprimida  con  la  aplicación  del  artículo  26  id.,  esto  es,  está  incluida en el  incremento derivado del concurso.   

          Se  interpretó  de  manera  equivocada  el  artículo  64 del C.P.,  porque  habiéndose  admitido  la  procedencia  de las causales previstas en los  numerales  1°, 7° y 8°, al hacerse referencia a  la falsedad ideológica  se  afirma  que  no  concurre  atenuante  alguno. En consecuencia se tuvieron en  cuenta  agravantes  que  no  tienen  la  condición  de tales y se desconocieron  atenuantes reconocidas por el propio Tribunal.   

          Tercer cargo.   

               La sentencia del 7 de octubre de  1998  del  Tribunal  de  Santa  Rosa  de  Viterbo  violó  directamente  la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea  de  los artículos 26, 133 y 139 del  C.P.   

          La sentencia del Tribunal “no establece  de  manera  precisa  la  forma  en  que tasó la pena para el caso del delito de  peculado”,  limitándose a fijarla en 20 meses, dosificación que no se ajusta  a  los  parámetros  legales,  pues  el  valor  de lo apropiado no supera los 50  salarios  mínimos legales mensuales y sobre esta disminución ha debido hacerse  los    descuentos   por   confesión   y   reintegro.  El  error de interpretación radicó en haberse tenido  en  cuenta  circunstancias  de  agravación  que  no podían tenerse como tales.  Estos    desaciertos   incidieron   en   la   aplicación   del   principio   de  proporcionalidad  al  momento  de  determinar  el aumento del mínimo que debía  imponerse.    

                Como  para  el  recurrente  el  quebranto  de  las  disposiciones  en  mención  conllevó a la vulneración del  artículo  68 del C.P., solicita casar la sentencia impugnada, ajustando la pena  a  la  que  legalmente  corresponda  y  otorgando  al  procesado  la  condena de  ejecución condicional.   

Demanda  a  nombre  de CARLOS AUGUSTO BERNAL  BARRERA.   

           La   sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  de  Santa  Rosa  de  Viterbo  es acusada de violar  directamente  la ley sustancial, dado que al dosificar la pena para el delito de  peculado  solamente  redujo la mitad, cuando ha debido hacerlo en la proporción  de  las  tres  cuartas partes, por lo que el marco punitivo de dicho ilícito es  de  9  a  18  meses,  como  se  advirtió  en  la  sentencia  de  primer  grado.   

          Si se tiene en cuenta que el procesado no  derivó  efectivamente  provecho  alguno,  su  conducta anterior, el hecho de no  ocupar  cargo de ejemplo ante la sociedad, que reintegró el objeto del delito y  se  acogió  a  sentencia anticipada, se le debe hacer el máximo descuento, por  lo  que  la  pena  del peculado debe ser de 9 meses. En estas circunstancias, la  situación  jurídica  del inculpado se agravó con respecto a dicho ilícito al  tasar la pena en el concurso.   

          Para el censor la aplicación indebida de  las  disposiciones  en  mención  viola  el  debido  proceso,  en  consecuencia,  solicita  casar la sentencia recurrida para que se le imponga al incriminado una  pena  de  34  meses  de  prisión  y  para  que se le otorgue el subrogado de la  condena de ejecución condicional.   

          CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO   

               La Procuraduría Primera Delegada  ante  la  Corporación  sugiere  no  casar  el  fallo recurrido, con base en los  siguientes argumentos:   

          Demanda a nombre de EDGAR MAURICIO TORRES  BELLÓN.   

               

          Primer  cargo.  Falta  de  aplicación  del  artículo 31 de la C.N.   

          La decisión recurrida no incurrió en el  quebranto  denunciado,  puesto  que  la  pena  impuesta no agravó la situación  jurídica de los apelantes únicos.   

          La  pena  tasada en primera instancia no  fue  tenida  en  cuenta  por  el  Tribunal  por  contrariar  lo  dispuesto en el  artículo  26  del  C.P.  por  haber efectuado  una suma aritmética de las  penas  previstas  para los delitos imputados, debiéndose hacer las correcciones  correspondientes  conforme al sistema de la acumulación jurídica de penas para  preservar así el principio de legalidad.   

          La  crítica a los fundamentos del fallo  acerca  de  la  gravedad  del  hecho y la forma de culpabilidad, se aparta de la  naturaleza  de  la  causal  invocada,  lo que no obsta para señalar que en este  caso   la   tasación   obedeció   a  los  parámetros  legales  vigentes,  sin  desconocerse    la    garantía    de    la    prohibición    de   la   reforma  peyorativa.   

         Cargo segundo.   

              El contenido de la argumentación  se   orienta   a   señalar  que  se  vulneró  el  principio  del  non  bis  in  ídem  al considerarse como  causales  de  agravación  genéricas  circunstancias  que  hacen  parte  de  la  descripción del delito.   

              El censor incurrió en irreparable  error  de  técnica puesto que concluyó finalmente que existió interpretación  errónea  del  artículo 66 del C.P., yerro que no demostró, aunque en realidad  ha  debido  reclamar “la nulidad” por violación de la norma que consagra el  principio   del   non   bis   in   ídem.   

          De todas formas, aunque el supuesto error  fue  indebidamente  planteado,  lo cierto es que la circunstancia prevista en el  numeral  15 del artículo 66, referida a bienes de propiedad de entidad oficial,  significó  en la adecuación de la conducta un elemento del delito de peculado,  contrariándose   el   principio   del   non  bis  in  ídem.  Pero,  como  la  sentencia  impugnada  no hace  distinción  en  relación  con el aumento punitivo que corresponde  a cada  circunstancia  de  agravación, subsiste la del numeral 12 del citado artículo,  por  lo  que la motivación para no partir del mínimo no se derriba, y en estas  condiciones  no  logra  demostrar el censor la incidencia del error en el fallo.   

Demanda  presentada  a  nombre  de  CARLOS  AUGUSTO  BERNAL  y  tercer cargo de la demanda de EDGAR MAURICIO TORRES BELLÓN.   

              El cargo se soporta en el hecho de  que  el  término de 20 meses por el concurso para el delito de peculado resulta  inadecuado.   

               La pretensión resulta desatinada  porque  el  juzgador  al  tasar la pena por el delito indicado tuvo en cuenta la  cuantía,  pero  como  la  base  punitiva  lo  fue  el  ilícito  de falsedad en  documento  público  y  no  el  peculado, no estaba obligado el fallador a hacer  más  precisiones,  quien  podía adicionar hasta otro tanto los 40 meses de los  que  partió  para  el  delito contra la fe pública, incremento que únicamente  hizo en 20 meses.   

         Resulta  reprochable la propuesta de los  censores,  quienes pretenden que se haga una tasación por el sistema de suma de  penas,  cuando  la impuesta se adecuó a los postulados de los artículos 26, 61  y 67 del C.P.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

                                       

         I. Generalidades.   

                    

         Resulta  indispensable  precisar  las  reglas de dosificación de la  pena  a tenor de lo dispuesto en la ley vigente al momento de la comisión de la  conducta   punible,   esto  es  el   Decreto  –  Ley   100  de  1980,  con  el  fin  de examinar los  cargos   formulados   contra   la  sentencia  del  Tribunal  de  Santa  Rosa  de  Viterbo.   

         La  autoridad  judicial  al concretar la  pena  del  imputable,  debe  hacer  una  selección  completa  de las normas que  comprenden    el   comportamiento   delictivo,   tipos   básicos,   especiales,  subordinados  y  los  relacionados  con  las  circunstancias  de  agravación  o  atenuación  que  correspondan  al  asunto sub judice, procedimiento que permite  establecer  los topes mínimos y máximos entre los cuales podrá dosificarse la  pena   en   la   sentencia.  Agotados  estos  presupuestos,  la  punibilidad  se  individualizará  entre  sus  extremos, acudiéndose al grado de movilidad   que  con  discrecionalidad  reglada  le  otorga el legislador al juez, movilidad  determinada  por los criterios consagrados en el artículo 61 del Código Penal,  entonces vigente.   

         En  la tarea de dosificar la pena, entre  otras, el funcionario tiene las siguientes limitantes:   

         En  la  aplicación  del  precepto  y la  sanción,  el juzgador debe preferir los hechos que corresponden a los elementos  estructurales  del  delito, razón suficiente para impedir que, a la vez, puedan  obrar  como  circunstancias  específicas  o genéricas de agravación. Así por  ejemplo,  si   una  circunstancia  genérica  de agravación es a la vez un  elemento   estructural  del  delito,  no  debe  aplicarse  la  mayor  intensidad  punitiva;  ahora  bien,  si  la  coincidencia  ocurre entre circunstancias   genéricas  y  específicas  de  agravación, se debe aumentar la proporción de  ésta  última,  soluciones  a las que se arriba considerando que la imputación  simultánea  de  tales   supuestos  normativos,  vulnera  el  principio del  non bis ibídem.   

                De  otra  parte,  sólo  podrá  imponerse  el  máximo de la pena cuando concurran únicamente circunstancias de  agravación  punitiva  (artículo  67 del C.P.). Se aplica el mínimo de la pena  cuando  concurran  exclusivamente circunstancias de atenuación, a condición de  que  los  criterios establecidos en el artículo 61, ibídem, no  conduzcan  a incrementar el extremo inferior.   

               La punibilidad en el concurso de  delitos  (artículo  26  ídem)  parte  de la pena para el delito base que no es  otro  que  el  más  grave desde el punto de vista de la sanción, aspecto éste  que  no se establece examinando simplemente el factor cuantitativo y cualitativo  de  los  extremos  punitivos  mínimo  y  máximo  previstos en abstracto en los  respectivos  tipos  penales,  sino mediante la individualización concreta de la  que   ha  de  aplicarse  en  cada  uno  de  los  delitos  en  concurso,  por  el  procedimiento   referido  en  los  párrafos  anteriores.  Las  penas  para  las  conductas  punibles  concurrentes  se  confrontan  para  optarse por la de mayor  intensidad.  Es con relación a ésta pena considerada como la más grave, sobre  la  que  opera  el  incremento  “hasta  en  otro  tanto”  autorizado  por el  artículo   26  del  Código  Penal,  con  las  limitantes  que  en  seguida  se  señalarán.   

               El  “otro  tanto” autorizado  como  pena  en  el  concurso  delictual  no  se  calcula  con base en el extremo  punitivo  mayor  previsto  en  el  tipo  penal  aplicado  como  delito base, ese  ‘tanto’ corresponde a la pena individualizada  en  el  caso  particular  mediante el procedimiento indicado para el delito más  grave.  Esta es la sanción que se incrementa habida consideración  de las  modalidades  específicas,  gravedad  y número de delitos concursantes, sin que  pueda  exceder  el  doble, ni resultar superior a la suma aritmética de las que  corresponderían   si   el  juzgamiento  se  realizara  separadamente  para  las  distintas  infracciones,  ni  superar  los  40 años de prisión de que trata el  inciso segundo del artículo 31 de la Ley 599 de 2000.    

         Valga   aclarar  que  la  expresión  suma  aritmética  mencionada  en  el  artículo 28 del C.P.  (hoy  artículo  31) es una limitante del “tanto” en que puede aumentarse la  pena  por  el  número  plural homogéneo o heterogéneo de conductas delictivas  que  simultáneamente  en  una  actuación procesal deban sancionarse, pero nada  tiene    que   ver   esa   suma   con   el   sistema   denominado   ‘acumulación  aritmética’, el cual corresponde a la aplicación  del   principio   ‘tot  delicia,  tot poena’, y que  significa  agregar  materialmente  las  penas  de  todos  los reatos consumados,  siendo  su  resultado  la  sanción a imponerse. El legislador colombiano, en el  código  de  1980  como  en  de  año 2000, acogió en los artículos 26 y 31 en  mención,  el  sistema  de  la  adición  jurídica  de  penas,  que consiste en  acumularlas  por debajo de la suma aritmética, sobresaliendo el hecho de que el  aumento  punitivo se toma a partir de la sanción individualizada para el delito  base,  sin  importar  la  naturaleza  y  especie  de  la  pena  de  los  delitos  concurrentes,  a  condición de que en éstos prime la menor intensidad punitiva  en  relación  con  la  del  básico  y,  en   los  eventos  en que prevean  adicionalmente  una consecuencia jurídica distinta a la prevista en ésta, como  lo  dicen  las  normas  citadas,  se  tendrá  en  cuenta, a efectos de hacer la  tasación correspondiente.   

         Bajo  estas  premisas  y  algunos  aspectos  técnicos  del  recurso  extraordinario  se  resolverán  las  demandas  de  casación  y se adoptará la  decisión  de casar oficiosamente la sentencia proferida en segunda instancia en  este asunto por el Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo.   

II.  Demanda  a  nombre  de  EDGAR MAURICIO  TORRES BELLÓN   

         

             Primer cargo.   

         

               1.  Se  aduce  falta de aplicación de los artículos 31 de la C.N., 17 y 217 del C.P.P.  porque  el  Tribunal consideró una pena de 48 meses para el delito contra la fe  pública,  guarismo  que  supera  en  6  meses  la fijada en el fallo de primera  instancia   para   ese   ilícito,  violándose  así  el  principio  de  la  no  reformatio   in   pejus,  quebranto  que  repercutió  en  la  denegación  de  la  condena  de ejecución  condicional.  Para  el  demandante,  la  “decisión  proferida  por el Juzgador de Primera Instancia respecto de la determinación de  la  pena  a  imponer  por el delito de falsedad ideológica y que señaló en 42  meses  de  prisión  debió conservarse por el Tribunal que conoció del recurso  de apelación”.   

El  censor,  al  comparar objetivamente los  resultados  finales  de  los  fallos de instancia de la dosificación de la pena  para  el  delito  de  falsedad  ideológica,  expresa  que  la  impuesta  por el  ad   quem   agravó   los  intereses  de  los procesados que acudían a la segunda instancia como apelantes  únicos,  afirmaciones  a  las  que,  sin embargo,  no agregó, como era su  deber,  la demostración de la legalidad de la pena impuesta por el a  quo,  dejando  el cargo sin el soporte  completo que su desarrollo demandaba.   

               El  a  quo  fijó  en  42  meses  de prisión la pena para el  delito  de  falsedad,  pero  esa sanción no podía acogerla en su integridad el  ad quem, como lo insinúa el  recurrente,  porque  en  el  proceso  de individualización de la punibilidad, involucró  elementos que  legalmente  no corresponden a la concreción de cada conducta  delictiva en  particular  para  establecer  el  delito  base  de mayor gravedad, como antes se  precisó,  pues  computó,  para  esos  efectos,  seis  meses de prisión por el  concurso  homogéneo,  supuesto  éste  que solamente podía incidir en el marco  punitivo  del artículo 26 del C.P., en relación con el concurso, más no en la  fijación   de   los   extremos   punitivos  de  cada  ilícito  en  particular.   

         El  censor  no  tiene interés jurídico  para  reclamar en casación, como lo hace en el cargo examinado, que se mantenga  por  la  Corte  la  pena  impuesta  en  el  fallo  de primera instancia, pues el  ad  quo partió de una pena  base  de  42  meses  de  prisión  para  el  delito  de  falsedad ideológica en  documento  público,   cuando lo ajustado a derecho, según se examinara en  el  acápite  de la casación oficiosa, es que se parta de 36 meses de prisión.  En  estas  condiciones  la  pretensión  del  apoderado  resulta  gravosa  a los  intereses de su poderdante.    

         La   propuesta   del   recurrente,  al  insistir  en  que  se  acoja  integralmente  la  sanción dosificada para el delito de falsedad ideológica en  documento   público,    por   las   razones   anotadas,  resulta  entonces  inaceptable,  dado  que  la  pena  del  delito  base se determinó con elementos  ajenos  a  la  normatividad vigente, amén de que no acumuló jurídicamente las  penas,  aspectos  estos  que  serán  analizados  por  la  Sala  con  mayor  detenimiento, en el aparte dedicado a la casación oficiosa.   

         Se desestima el cargo.   

         Segundo cargo.   

               La violación directa alegada, se  sustenta  en  la  interpretación  errónea  de  la  ley sustancial porque no se  partió  del mínimo de la pena al considerar que concurrían las circunstancias  genéricas  de  agravación  previstas en los numerales 12 y 15 del artículo 66  del  C.P.,  está  última,  en  este  caso, elemento constitutivo del delito de  peculado.  Agrega  que  la  agravante del numeral 12 es inaplicable porque está  reprimida con el incremento derivado del concurso delictivo.   

         La  Sala comparte el criterio de la Delegada en el sentido de que el  censor  no  demostró  el  yerro atribuido al fallo recurrido. Si bien es cierto  que  en  la violación directa se deben admitir los hechos que declaró probados  la  sentencia  recurrida,  también  lo  es, que con un raciocinio estrictamente  jurídico  se  debe  enfrentar  el  contenido de la decisión, para demostrar el  quebranto de la ley sustancial en la modalidad alegada.   

         No  basta,  entonces, que se hagan en el  reparo  afirmaciones  que  correspondan  a un texto legal, pues es indispensable  que  se  entre  al  examen de la providencia en los términos ya indicados, para  precisar  la  existencia  del error, tarea que el censor no cumplió en el cargo  analizado.   Esta   omisión   igualmente   le   impidió    demostrar   la  trascendencia del ataque en relación con la sentencia.   

         El  propósito  expresado  en la demanda  implicaba  para  el  recurrente  un análisis concreto de la dosificación de la  pena  hecha  por el ad quem y  la  formulación  específica  de  las  correcciones  que  a su juicio deberían  hacerse,  proponiendo  a  la  Sala  la  sanción  que, según su argumentación,  debía  ser  impuesta,  labor  que  estuvo  ausente  en el escrito de demanda de  casación presentada a nombre de TORRES BELLÓN.   

         El cargo no prospera.             

         

Demanda  presentada  a  nombre  de  CARLOS  AUGUSTO         BERNAL  y  tercer cargo de la  demanda de EDGAR MAURICIO TORRES BELLÓN.   

                Las  demandas  de  CARLOS   AUGUSTO   BERNAL  y  EDGAR  MAURICIO  TORRES  BELLÓN cuestionan  el   incremento   de   20   meses  de  prisión  por  el  concurso  de  delitos,  atribuyéndole  al Tribunal interpretación errónea al dosificar la pena por el  delito  de  peculado,  por  razón  de  la  cuantía,  pues siendo inferior a 50  salarios  mínimos legales mensuales, ha debido disminuirse el mínimo, no en la  mitad  sino en las tres cuartas partes, aplicando luego las disminuciones por el  reintegro y la confesión.   

         Si,  como se ha señalado en esta providencia, la pena a imponer por  razón   del  concurso  está  limitada  a  que  no  desborde  el  doble  de  la  individualizada  para  el  delito base, ni supere la suma aritmética de las que  correspondan  a  cada uno de los respectivos hechos punibles, ni los 40 años de  prisión,  el  ataque,  en  virtud  de  lo  expuesto,  resulta infundado por las  razones que se expresan a continuación:   

               El  inciso inicial del artículo  133  del  C.P.  que  tipifica el peculado, modificado por el 19 de la ley 190 de  1995,  fija  como sanciones para el servidor público que incurra en la conducta  allí  descrita,  de  6  a  15  años  de  prisión, interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  un  lapso  igual  y  multa equivalente al valor de lo  apropiado.  El  inciso  segundo  establece  que si lo apropiado no supera los 50  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  la  pena se disminuirá de la  mitad  (½)  a  las  tres  cuartas  (¾)  partes.  Los  extremos punitivos allí  previstos   se   reducen  en  las  porciones  indicadas,  aplicando  la  máxima  disminución  (¾)  al  mínimo  de  6  años  y la mínima (½) al máximo de15  años,   como   lo  venía  precisando  en  vigencia  del  anterior  código  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  y ahora lo establece el artículo 60-5 del actual  Código  Penal,  obteniendo  como  parámetros  de  sanción  para  el  peculado  atenuado  por  la  cuantía,  entre  18  meses  y  7  ½  años  de  prisión  e  interdicción de derechos y funciones públicas.   

               Los  ilícitos  de  peculado por  apropiación  en  cuantía  inferior  de  50 salarios mínimos legales vigentes,  consumados  por  los  inculpados  en  marzo, abril, mayo y junio de 1996, habida  consideración  de su número, cuantía, reintegro, y confesión, (ésta última  circunstancia  operó  únicamente  para EDGAR MAURICIO  TORRES  BELLÓN),  conllevan  a  una pena mínima que,  sumada  aritméticamente,  supera  los  20  meses  de  prisión.  De otra parte,  adviértase  que  no  les  asiste  razón a los recurrentes cuando sostienen que  dicho  guarismo  corresponde  únicamente  al  delito  contra la administración  pública,  pues  la  sentencia del ad quem    involucró    en    ese   incremento   punitivo   el    concurso      homogéneo     de     las     falsedades   consumadas   en  las  actas  del  Concejo Municipal, las certificaciones de  asistencia de los ediles a las sesiones y las nóminas de pago.   

         Finalmente,  es  claro  que  la  sentencia  del Tribunal no calculó  indebidamente  la  pena  con  base en el artículo 26 del Código Penal de 1980,  puesto  que  consideró como delito más grave, no al peculado por apropiación,  sino  la falsedad ideológica en documento público, decisión acertada, lo cual  significa  que  la  punibilidad para efectos del concurso se dosificaba con base  en  otro  tanto  de  la  sanción  individualizada  para  el delito contra la fe  pública,  según  el  sistema de la acumulación jurídica, conforme al cual se  impone  que el incremento, en relación con la pena del delito base, que en este  caso  no  lo fue, se repite, el peculado por apropiación en cuantía inferior a  50  salarios  mínimos  legales  mensuales.  De otra parte,  el juez plural  sustentó  la  proyección  punitiva  haciendo  un  incremento  de  20  meses de  prisión  por  las conductas ilícitas homogéneas y heterogéneas de falsedades  y   peculados  por  apropiación,  adición  que  está  dentro  de  los  marcos  legalmente  autorizados para dosificar la pena en el concurso de delitos, motivo  por  el  cual  no  le  asiste  razón al censor en el reproche que le formula al  fallo de segundo grado.   

               El  cargo  por  intrascendente e  infundado no prospera.   

            Casación    oficiosa.   

         Un    análisis   al    procedimiento    agotado   en   la  dosificación  de  la pena por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Sogamoso  en  la  sentencia  proferida  el  24  de julio de 1998 permite determinar que la  decisión  del  Tribunal  de  Santa  Rosa  de  Viterbo  del 7 de octubre de 1998  desconoció  la  garantía fundamental establecida en el artículo 31 de la C.N,  desarrollada  en  los   artículos  17 y 217 del C.P.P. (artículo 34 de la  ley  81  de  1993),   que  prohíbe agravar la pena impuesta cuando el  condenado  sea  apelante  único,  quebranto  que  la  Sala  oficiosamente  debe  reconocer  con  base  en lo dispuesto en el artículo 216 de la ley 599 de 2000.   

         1. La sentencia  de  primer  grado  individualizó  la  sanción  para  el  delito  de peculado y  falsedad  ideológica  en  documento  público,  proceso  en  el  que además de  considerar  las particularidades de la conducta, incluyó seis meses de pena por  el  concurso  homogéneo,  aspecto  éste  que  sumó  como  un  elemento  más,  determinador de la pena a imponer por cada ilícito imputado.   

         En consecuencia, para cada delito contra  la  fe  pública  imputado  a  EDGAR  MAURICIO  TORRES  BELLÓN  y  CARLOS  AUGUSTO  BERNAL  BARRERA,   partió  de  la pena mínima 3  años,  incrementándola en 6 meses por el concurso homogéneo, para un total de  42 meses de prisión.   

                 En  los  ilícitos  contra  la  administración  pública,  para  EDGAR MAURICIO TORRES  BELLÓN,  partió  del  mínimo  de pena (tres años),  redujo  la  mitad  por  la  cuantía del reato y otro tanto por el reintegro, la  sexta  parte  por  confesión,  e incrementó la pena en 6 meses por el concurso  homogéneo  para  fijar la pena finalmente en 20 meses de prisión. En tanto que  para   CARLOS   AUGUSTO   BERNAL  BARRERA   los tres años de la pena menor los redujo por la cuantía y  el  reintegro  y  los  incrementó en 6 meses por el concurso homogéneo para un  total de 24 meses de prisión.   

          Obsérvese   cómo   el   a   quo,   a   pesar  de  señalar  como  directrices  para  dosificar  la  pena  los artículos 61 y 67 del C.P., al  materializar  los  cómputos, no consideró los supuestos de tales disposiciones  para  incrementar el mínimo punitivo, como por ejemplo la naturaleza del hecho,  su  gravedad,  modalidades,  la  forma  de  culpabilidad,  el haber consumado un  delito  para  ejecutar  otro  y  la  realización  de  la  conducta sobre bienes  pertenecientes  a  entidad  oficial.  El  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de  Sogamoso  partió del mínimo de pena previsto (fl. 337 y 338, cd. 1) en el tipo  básico (falsedad y peculado por apropiación).   

               Para los efectos del artículo 26  del  C.P.  ese guarismo así obtenido para los delitos contra la administración  pública  y  la  fe  pública  los  sumó  aritméticamente,  haciendo  luego la  disminución  punitiva  correspondiente,  por  el  sometimiento  de TORRES     BELLÓN    y    BERNAL  BARRERA a  la terminación anticipada del proceso.   

               El  a  quo  tasó  en  42  meses  de prisión la pena para el  delito  de falsedad ideológica en documento público imputado a los procesados,  pero  en esa sanción involucró, equivocadamente, un elemento que legalmente no  corresponde  a  la  concreción  de  cada  conducta delictiva en particular para  establecer  el  delito  base  de mayor gravedad, pues computó para esos efectos  seis  meses de prisión por el concurso homogéneo, supuesto éste que solamente  podía  incidir  en  el  marco  punitivo  del  artículo  26  del C.P., sobre el  concurso,  más no en la fijación de los extremos punitivos de cada ilícito en  particular.   

         Los errores en que incurrió el fallo de  primera  instancia y que atentan contra el principio de legalidad, consistieron,  primero,  en  el  hecho  de haber considerado, para  individualizar la pena  del   delito  base  de  mayor  gravedad,  el  concurso  homogéneo  y,  segundo,  haber   sumado  aritméticamente  las  penas  de  los delitos de falsedad y  peculado  por  apropiación.  Como  puede  observarse, los citados yerros fueron  estructurales  pues  desbordaron  la  legalidad  de  la pena, por cuanto que, de  acuerdo  con  los  criterios ya expresados en esta providencia, se determinó la  pena  del  delito  base  con argumentos ajenos a la normatividad vigente y no se  acumularon  jurídicamente  las penas para el concurso, desatinos que en aras de  preservar  la  garantía  en  mención  el  Tribunal  oficiosamente  contaba con  facultades  para  corregir  y ajustar a la legalidad la sentencia recurrida, eso  sí,  bajo  el  presupuesto  de  no  agravar  la  situación  jurídica  de  los  procesados, por ser únicos apelantes.   

         2. La sentencia  de   segundo   grado,   al   individualizar   la   sanción   para  EDGAR   MAURICIO  TORRES  BELLÓN  por  la  falsedad  ideológica en documento público como delito de mayor gravedad, cuyos  extremos  punitivos  oscilan  entre  36  y 120 meses de prisión, incrementó el  mínimo  en  12  meses,  por  la  gravedad  del hecho y la forma de culpabilidad  (artículo  61  del  C.P.),  por  lo  que  partió  de 48 meses de prisión como  sanción  del  delito  base, reconociendo por confesión una rebaja de una sexta  parte,   quedando  la  sanción  individualizada  por el cargo imputado con  base  en  el  artículo  219  del  C.P. en 40 meses. Por tratarse de un concurso  homogéneo  y  heterogéneo  con  el  delito  de  peculado  por  apropiación en  cuantía  inferior  a  50  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, reatos  contra  la  administración  pública  que  fueron confesados por el procesado y  respecto  de  los  cuales  hizo  reintegro  antes  de  la  sentencia  de primera  instancia,  la  pena se incrementó para efectos del artículo 26 del C.P. en 20  meses  de  prisión,  para  un  total  de  60  meses,  de  los  cuales dedujo la  disminución  por  sentencia anticipada, quedando la punibilidad a imponer en 40  meses de prisión y una multa de $500.000.   

            En     cuanto    a    CARLOS  AUGUSTO  BERNAL  BARRERA consideró  que  no  operaba  para el  delito  de  falsedad ideológica en documento público la confesión, por lo que  partió  de  48  meses  de  prisión.  Por el concurso homogéneo y heterogéneo  sucesivo  con  el  delito  de  peculado (en las circunstancias del artículo 132  –2  y  139  del C.P) y en  razón  a  que no obtuvo lucro alguno con los ilícitos, incrementó la pena por  el  concurso  en  12 meses, para un total de pena de 60 meses de prisión, de la  que  dedujo  el  descuento por sentencia anticipada, para imponer finalmente una  pena de 40 meses.    

               3.  El  Tribunal,  al  individualizar  la  pena para cada uno de los delitos imputados a  los  procesados,  corrigió  los  errores  cometidos  en la sentencia de primera  instancia,  pero  adicionó  el  procedimiento  de  dosificación de la pena con  supuestos  que,  estando legalmente previstos, no fueron tenidos en cuenta en el  fallo  de primera instancia y que por razón de su naturaleza peyorativa para la  situación   jurídica   de  los  procesados,  el  ad  quem  no  podía  estimarlos,  dado que los procesados  fueron  apelantes únicos. El Tribunal igualmente desconoció la legalidad de la  pena  al  hacer  la  disminución por confesión, pues aplicó el descuento para  determinar  los  extremos  punitivos mínimo y máximo, cuando ha debido hacerse  residualmente  de  la  sanción  que  correspondía  por  la condena1,   como  se  procede  para  la  sentencia  anticipada,  por  lo  que  la  Sala corregirá ese  desacierto  conforme  a  la  legalidad,  yerro  que  se cometió únicamente con  respecto   al   procesado  TORRES  BELLÓN.   

               En  la  selección  del  extremo  punitivo,  del  cual  debía  partirse  para  individualizar  la punibilidad que  correspondía  a  los  delitos  contra  la  fe  pública  y  la  administración  pública,  el  a quo partió  de  los  mínimos,  no  imputó  circunstancias  específicas  ni  genéricas de  agravación  y  aunque  citó  los  artículos  61 y 67 del C.P. no aplicó  ninguno  de  sus criterios para modificar el mínimo de la pena prevista para el  delito  imputado, proceder que no atenta contra la estructura del proceso ni las  garantías fundamentales de los sujetos procesales.   

               De ahí que, por haber optado el  fallo  de  primer  grado  por  la  pena  menor de tres años de prisión para el  delito   de   falsedad   ideológica   en   documento  público  (artículo  219  ibídem)    en   las   condiciones   indicadas,  y  siendo  los  inculpados  recurrentes   únicos,   no   le   era  dable  al  ad  quem, aducir circunstancias genéricas de agravación,  como  la  gravedad  del  hecho  y la forma de culpabilidad, para adicionar en 12  meses  la  pena  menor  y partir de una básica de 48 meses de prisión, pues la  situación  del  fallo  recurrido  no infringía el principio de legalidad de la  pena.  Por este error, la Sala está obligada a corregir el fallo impugnado para  subsanar  el  desconocimiento de la reforma peyorativa en la que se incurrió en  la  decisión  de  segundo  grado, el cual tuvo incidencia en la pena finalmente  impuesta.   

              En consecuencia, para EDGAR  MAURICIO  TORRES  BELLÓN  dada la individualización de la pena  por  el  delito  de  falsedad ideológica en documento pública, ésta sería de  tres   años   de   prisión   (mínimo   que   el  a  quo  consideró  como  sanción básica), quedando una  pena   para  el  delito  más  grave  de  36  meses  de  prisión. Se   mantiene,  por  resultar ajustado a derecho, la adición de 20 meses de prisión  hecha  por el fallo de segundo grado por el concurso de delitos.  Por   tanto,  de  los  56  meses  que  se  obtienen  como  resultado de los anteriores  guarismos,  se  deduce la disminución por confesión y sentencia anticipada, la  que  autorizó  el ad quem en  una  sexta  y  tercera  parte,  respectivamente,  y  que equivalen en este caso,  conforme  a  los  parámetros  señalados, a nueve (9) meses y diez (10) días y  quince  (15)  meses  y dieciséis (16) días, por lo que la pena privativa de la  libertad  a  imponer  es  de  31  meses  y  4  días  de prisión. La multa y la  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  impuestas  en el fallo del  Tribunal no se modifican.   

                       Para     CARLOS  AUGUSTO BERNAL BARRERA, la pena por  el  delito de falsedad ideológica en documento público quedaría en tres años  de   prisión   (mínimo  que  el  a  quo  consideró  como  sanción  básica).  Se  mantiene,  por resultar  ajustado  a  derecho,  la adición de 12 meses de prisión hecha por el fallo de  segundo  grado  por  el  concurso  de delitos. Por tanto, de los 48 meses que se  obtienen  como  resultado de los anteriores guarismos, se deduce la disminución  por  la  sentencia  anticipada, la que autorizó el ad  quem  en  una  tercera  parte, y que equivalen en este  caso,  conforme  a  los  parámetros  señalados  a 16 meses, por lo que la pena  privativa  de  la libertad a imponer es de 32 meses. La multa y la interdicción  de  derechos  y funciones públicas corresponden a las impuestas en el fallo del  Tribunal   

         

                 Ahora  bien, la Corte mediante  proveído  de fecha 21 de septiembre de 1999, con base en el numeral segundo del  artículo  55  de  la ley 81 de 1993, que modificó el artículo 415 del C.P.P.,  otorgó  a  EDGAR  MAURICIO TORRES BELLÓN     y     CARLOS    AUGUSTO    BERNAL  BARRERA  la excarcelación,  al  considerar  que  se  reunían  los  requisitos  exigidos  para otorgarles la  libertad  condicional,  por haber cumplido en detención efectiva y acumular una  rebaja  de  pena por trabajo y estudio equivalente a 27 meses y 23 días  y  28  meses  y  11  días  de  prisión,  respectivamente,  además  de satisfacer  positivamente  el  factor  subjetivo,  luego  de  hacer  una  evaluación  de su  personalidad  y  un diagnóstico favorable para su reintegro a la sociedad. Como  los  supuestos  que  estimó  la  Sala  para  liberar  a  los  procesados  en la  providencia  referida  satisfacen  a cabalidad las exigencias establecidas en el  articulo  63 de la ley 599 de 2000, se les concede a los procesados el subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena, pues amén de no  registrar  antecedentes  penales,  su  conducta  en  el centro de reclusión fue  calificada  como  ejemplar  y  su  trabajo  satisfactorio,  vinculándose  a las  actividades  programadas  en  el  centro penitenciario, además de reintegrar lo  apropiado,  confesaron  y  se  acogieron  a  sentencia  anticipada, todo lo cual  constituyen  factores  que  conducen a señalar que es innecesaria la ejecución  de  la  pena  faltante,  lo  cual amerita el otorgamiento del sustituto penal en  mención.   

         La  pena  se  suspenderá  por  un  lapso  de  dos  años,  debiendo  suscribir   diligencia  de  compromiso  con  las  obligaciones  señalas  en  el  artículo  65  del  C.P.P.   Como  caución  es  admisible la que prestaron  mediante  depósito  judicial  visible a los folios 103 y 106 del cuaderno de la  Corte.   

En mérito de lo expuesto la Corte Suprema  de  Justicia, en Sala de Casación Penal, administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

                                                                              RESUELVE   

                                       1.      Desestimar   la   demanda   de  casación  presentada  a  nombre  de los procesados EDGAR MAURICIO  TORRES   BELLÓN  y  CARLOS  AUGUSTO BERNAL BARRERA.   

                                2.  CASAR  parcialmente la sentencia proferida el 7 de octubre de 1998 por el  Tribunal  Superior  de Santa Rosa de Viterbo,  en  el  sentido de  imponer  como pena privativa de la libertad  31 meses y 4 días de prisión  a    EDGAR   MAURICIO   TORRES   BELLÓN     y     32     meses    de    prisión    a     CARLOS   AUGUSTO  BERNAL BARRERA y por  un  lapso igual hacer extensiva la pena accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas,  otorgándoles la suspensión condicional de la ejecución  de  la pena, en los términos señalados en la parte motiva de esta providencia,  confirmando en todo lo demás la citada providencia.   

                                  Cópiese,     notifíquese,    cúmplase    y  devuélvase.   

                                                                        YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

  FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                           HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS              

            Excusa justificada   

  CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE                                      JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO               

  EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                                            ALVARO  O.  PÉREZ   PINZÓN                                           Comisión    de  servicio   

  MARINA   PULIDO  DE  BARON                                            JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS   

                     TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                                                                 Secretaria   

           

    

1 Sent.  Cas.  Rdo.  15.562  del  24  de  octubre  de  2002.  Mag.  Pon.  HERMÁN  GALÁN  CASTELLANOS.     

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