15856(14-11-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  15856   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

Dr. JORGE CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 143  

Bogotá D. C., catorce (14) de noviembre de  dos mil dos (2002).   

         V I S T O S   

Procede  la  Corte  a  resolver  el recurso  extraordinario   de   casación  interpuesto  por  la  defensora  del  procesado  SIGIFREDO  ORTÍZ  PINEDA  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de  Pereira,  proferida el 13 de  noviembre  de  1998,  por  medio  de  la  cual lo declaró inimputable y, en esa  condición,  responsable  de  los  delitos  de homicidio en grado de tentativa y  porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal, absteniéndose de imponerle  medida de seguridad.   

         

H E C H O S  

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El catorce de  septiembre  del año inmediatamente anterior (1997), en la hacienda ‘La   Balsilla,   ubicada   en   zona  semiurbana  del  municipio  de  La  Virginia,  la  señora María Gabiola Ortíz  recibió  disparo  de  arma de fuego que le causó grave lesión en la glándula  mamaria  derecha,  que  obligó  a  su  inmediata  internación  en un centro de  salud.               ’.   

“La ejecución  de  dicha  conducta,  se  atribuye  a  Sigifredo  Ortíz Pineda, la que realizó  además   con   arma   de   fuego   que   carecía   de  salvoconducto  para  su  porte”.   

         

ACTUACIÓN  PROCESAL  

Con base en un informe rendido por miembros  de  la  Policía  Nacional,  la  Fiscalía  Veintisiete Delegada ante el Juzgado  Único  Promiscuo  del  Circuito de La Virginia (Risaralda), profirió, el 15 de  septiembre de 1997, resolución de apertura de la instrucción.   

Practicadas  unas  pruebas  y  escuchado en  indagatoria  Sigifredo  Ortíz  Pineda,  se le resolvió la situación jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  por  los delitos de  homicidio  en  grado  de  tentativa   y  porte  ilegal de armas de fuego de  defensa personal.   

Allegados otros medios de convicción, el 22  de  diciembre  de 1997 se cerró la investigación y, el 20 de enero de 1998, se  calificó  el  mérito  del  sumario con resolución de acusación en contra del  citado  procesado,  por  lo delitos anteriormente mencionados, decisión que por  razón  del  recurso de apelación interpuesto por la defensora del acusado, fue  confirmada,  el  6 de marzo siguiente, por la Fiscalía Primera Delegada ante el  Tribunal Superior de Pereira.   

El   diligenciamiento  pasó  al  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  La  Virginia  que, luego de correr el traslado que  ordenaba  el artículo 446 del Decreto 2700 de 1991, de ordenar la aclaración y  ampliación  del dictamen psiquiátrico realizado al procesado, según solicitud  hecha  por  el  Ministerio  Público  y  la  defensora,  de  otorgar la libertad  provisional  al acusado y de celebrar la audiencia pública, dictó sentencia de  primera  instancia,  el 15 de septiembre de 1998, en la que tomó las siguientes  determinaciones:   

“PRIMERO:  DECLARAR  a  SIGIFREDO  ORTÍZ  PINEDA, de condiciones  civiles  y  personales  conocidas  en  este  proceso, como autor responsable del  delito  de  ‘Tentativa de  Homicidio’, en perjuicio  de  la  vida  e  integridad personal de María Fabiola  Ortíz   Díaz,   en   concurso  con  el  delito  de  ‘Porte Ilegal de Armas de  Fuego’, donde es ofendida  La        Seguridad        Pública.   

“SEGUNDO:  DECLARAR      INIMPUTABLE      a     SIGIFREDO  ORTÍZ  PINEDA, por cuanto al  momento  de  cometer  las  conductas  ya  descritas padecía de trastorno mental  transitorio  y,  por  consiguiente,  abstenerse  de  proferirse  (sic) medida de  seguridad  en  contra  del  mismo,  por  lo  expuesto en la parte motiva de esta  sentencia.  Deberá  sí  someterse  a tratamiento psiquiátrico ambulatorio con  hospitalizaciones  en  los  períodos  de crisis por un tiempo no inferior a dos  años  y concurrir al anexo psiquiátrico del Hospital San Jorge de Pereira cada  veinte    días    para    ser    valorado    por    dicho    galeno”.   

Apelado  el  fallo  por  la  defensora  del  procesado,   el  Tribunal  Superior  de  Pereira,  al  desatar  el  recurso,  lo  confirmó, el 13 de noviembre de 1998.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

La  defensora  del procesado, al amparo del  cuerpo  primero  de  la  causal primera de casación, acusa al Tribunal de haber  violado,  de  manera directa, la ley sustancial, por interpretación errónea de  los  artículos  33,  inciso  2°,  y  93  del C. Penal, 230 de la Constitución  Política y 4° y 6° del C. de P. Penal.   

Luego de transcribir la parte pertinente del  artículo   33   del   C.   Penal,  recuerda  que  en  una  de  las  experticias  psiquiátricas  practicadas  a su procurado, se concluyó que el mismo presentó  trastorno  mental  transitorio  sin  secuelas  al momento de la comisión de las  conductas  punibles.  Igualmente,  que el médico forense recomendó tratamiento  psiquiátrico  ambulatorio,  con  hospitalizaciones  en los períodos de crisis,  por un tiempo no inferior a dos o tres años.   

Manifiesta  que  el  sentenciador de primer  grado,  con  apoyo  en  dicha  experticia,  declaró inimputable a su defendido,  motivo  por el cual se abstuvo de proferir medida de seguridad en su contra. Sin  embargo,  dispuso  que  Ortíz Pineda debía someterse a tratamiento ambulatorio  tal  como  lo conceptuó el perito, recomendación que si bien no constituye una  medida  de  seguridad,  “pues  exactamente no está  descrita  dentro  de  normas  sustanciales, sí es un reemplazo de una medida de  seguridad”.   

Afirma  que  el  inciso  segundo del citado  artículo  33,  es  claro  en  consagrar que no habrá lugar a la imposición de  medidas  de  seguridad  cuando  la  persona  haya  padecido  un trastorno mental  transitorio.   

Anota:  

“Ha considerado  el   Honorable   Tribunal   en   la   sentencia   recurrida   que:  ‘…pues el que Sigifredo Ortíz deba  someterse  al  tratamiento psiquiátrico en los términos indicados por el Juez,  no  constituye medida de seguridad, y no podría ello  hacerse  sin  violar  el  principio  de  legalidad  para este tipo de correctivo  penal,  sino  que  el  funcionario  judicial  lo  ha  insinuado…’.   Es  aquí,  donde  según  concepto  del  fallador  de  segunda  instancia  se está  reconociendo  en  forma  expresa  la  violación directa de la ley sustancial y,  concretamente,  los  artículos  33  del  Código  Penal, en concordancia con el  artículo   93   de   la  misma  obra,  porque  en  primer  lugar,  la  aparente  recomendación  no  la  contempla  el  precitado  artículo  93  como  medida de  seguridad    y    porque   mi   representado   es   un   inimputable”.   

En  esas  condiciones,  advierte que dicha  recomendación  limita a su procurado su libertad personal, toda vez que si bien  el  Estado  puede  poner  a disposición de los ciudadanos las instituciones que  prestan  servicios  de salud, de todos modos no puede coartar la libertad de una  persona  que sufrió un trastorno mental sin secuelas al momento de la comisión  del  hecho,  “a  que  se someta, durante un tiempo  determinado,  a  un tratamiento psiquiátrico cuando esta decisión es puramente  personal,  familiar  y  hace  parte  de  su fuero íntimo; y considerando que el  fallo  debe  hacerlo  para reprimir o castigar una conducta ilícita o tomar las  medidas  de  seguridad  si  a  ello  hubiere  lugar,  pero  no  es el caso de mi  defendido,  por  cuanto  para  el  caso  del  trastorno mental transitorio no se  impone medida de seguridad alguna”.   

Asevera que la sentencia tiene un carácter  de  orden público y, consecuentemente, obligatorio. Así mismo, sostiene que la  ley  señala  los alcances y los límites de dicha decisión, motivo por el cual  el  Estado no puede penetrar en las esferas de la intimidad y de la vida privada  de    las   personas,   ya   que   los   derechos   humanos   le   imponen   ese  lindero.   

Sostiene    que   la   “aparente” recomendación impuesta en  el  fallo  tiene  en  apariencia un matiz humanista, pero va en contravía de lo  estipulado  en  el  artículo  33 del C. Penal, ya que se trata de un castigo no  previsto  en  la  ley,  “cuando en realidad es una  decisión  personal  de  Sigifredo,  libre  y  voluntaria,  de  someterse o no a  tratamiento  aun en un tiempo donde esté atravesando por una crisis”,  vulnerándose el derecho a la intimidad, al libre desarrollo  de la personalidad y el principio de legalidad.   

Estima   que   el  Tribunal  interpretó  erradamente  la  norma,  “cuando sutilmente agrega  que  el  fallo  no  contempla una medida de seguridad, sino una sugerencia, para  tratar  de  ocultar  su verdadera naturaleza; cuando la Sala debió corregir ese  acto    irregular”,   habida   cuenta   que   las  recomendaciones se pueden hacer en la parte motiva del fallo.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar  parcialmente  la  sentencia  impugnada y, en su lugar, modificarla en el sentido  de  suprimir  la  parte  final  del  numeral  segundo  de dicha decisión.    

            CONCEPTO   DE   LA  PROCURADURIA PRIMERA    

        DELEGADA        PARA       LA       CASACIÓN   PENAL   

Manifiesta  que la enunciación del cargo,  en  lo  relativo  a la interpretación errónea del inciso segundo del artículo  33  del  C.  Penal, es correcta, lo que no ocurre con las demás normas que cita  como  vulneradas,  ya  que  las  mismas  no  fueron  tenidas  en  cuenta por los  sentenciadores,  motivo  por  el  cual  no  se puede predicar su interpretación  errónea.   

Ahora  bien,  en lo relativo a la errónea  interpretación  del  inciso  segundo  del  artículo  33 del C. Penal, luego de  referirse  al  numeral segundo de la parte resolutiva de la sentencia impugnada,  sostiene  que  el  Tribunal  se equivocó “al creer  que  es  posible  indicar  las  recomendaciones  aludidas,  como  derivadas  del  contenido  de  la  norma citada, cuando lo que ha ocurrido es que se le atribuye  al  inciso  segundo  del  artículo  33  unas consecuencias que de ninguna forma  pueden  derivarse  de  su  contenido,  es  decir,  le  son extrañas”.   

Acota:  

“No  podría  ser  otra  conclusión  la  de  los  falladores, que la de abstenerse de imponer  medida  de  seguridad, en coherencia con los fundamentos que la orientaron; otra  situación  habría  sido  si las decisiones argumentaran que la inimputabilidad  no    provino    exclusivamente    del   trastorno  mental,  (destaca  la  Delegada), porque entonces en  ese  caso,  si era ajustado a la normatividad, el señalamiento de una medida de  seguridad.   

“Ahora bien,  los  funcionarios  judiciales  en  las  dos  instancias  no comprendieron que se  trataba  de  una recomendación adicional  y  decidieron  imponerle  al inimputable una medida de seguridad  especial  y  particular diversa de las especies consagradas taxativamente por el  artículo  93  del  Decreto  Ley  100 de 1980, que no deja dudas que con ella se  impuso  una  carga  al  incriminado,  de  obligatorio  cumplimiento, pero sin la  posibilidad  de  su  control  como  lo  disponía  el  artículo  98”.   

Luego  de  conceptualizar  sobre  el  tema  apoyada  en  un  doctrinante,  reitera  que  la recomendación o la insinuación  hecha  por el juez de primera instancia, pasó de serlo, para convertirse en una  medida restrictiva de la libertad del procesado.   

Comenta que en un Estado social de derecho,  éste  se  encuentra obligado a ejercer política de previsión, rehabilitación  e  integración  social para los disminuidos físicos y psíquicos, al tenor del  artículo  47  de la Constitución Política, “pero  el  escenario propio para ello no era el de la sentencia como culminación de un  proceso  penal  en  el que ya se había determinado la presencia de un trastorno  transitorio  sin secuelas”, sino una determinación  administrativa ajena a aquel proceso.   

Después  de  reiterar  lo  expuesto  y de  copiar  una  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional  relacionada  con  el  principio  de  legalidad,  la  que,  a su juicio, tiene vigencia y aplicabilidad  respecto  de las medidas de seguridad, solicita a la Corte casar parcialmente la  sentencia   impugnada   y,   en   su   lugar,   abstenerse   de  “hacer  las  indicaciones a modo de medida de seguridad, contenidas  en  el  numeral  segundo  de  la  sentencia  de  primera  instancia,  que al ser  confirmada  por  la de segunda instancia, forman unidad inescindible”.   

En  el acápite que llamó “OTRAS   CONSIDERACIONES”,  argumenta  que  el  sentenciador  de  primer  grado  presenta  posiciones excluyentes en el  fallo, esto es, entre la parte motiva y la resolutiva.   

Igualmente, estima que los tres dictámenes  psiquiátricos  practicados al procesado también son contradictorios, ya que el  primero  concluyó  que Ortíz Pineda no presentaba trastorno mental o inmadurez  psicológica,  mientras  que el segundo determinó la existencia de un trastorno  mental  permanente  y, finalmente, el tercero, dictaminó que padecía trastorno  mental   transitorio   sin   secuelas,   para  lo  cual  recomendó,  de  manera  contradictoria, el tratamiento que fue acogido por las instancias.   

Por   lo   anterior,   considera   que  “se  hace  evidente, entonces, la dificultad en la  interpretación  de los dictámenes psiquiátricos y psicológicos, pues ninguna  de  las  pericias permite afrontar con claridad un fallo que refleje la realidad  de   la   situación  mental  del  señor  Sigifredo  Ortíz  Pineda”.     

Concluye:  

“Una eventual  nulidad  de  la  sentencia  implicaría  de  todas  maneras  dejar  vigentes los  experticios   que   sirvieron   de  fundamento  y  que  pudieron  llevar  a  los  funcionarios  judiciales a incurrir en pronunciamientos contradictorios. Pero si  se  llegase a considerar la posibilidad de retrotraer la actuación a la primera  intervención  del  médico  psiquiatra,  ya  para  esta época han transcurrido  cuatro  años  que  haría inane un examen psiquiátrico o psicológico sobre el  estado  mental  y la personalidad de quien cometió el hecho punible”.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  La  demandante  acusa  al Tribunal de  haber  violado,  de  manera  directa,  la  ley  sustancial,  por interpretación  errónea  de  los  artículos  33, inciso segundo, y 93 del Decreto 100 de 1980,  que  a  la  sazón  regía,  230  de  la Constitución Política y 4° y 6° del  Decreto  2700  de  1991,  vigente  para  la época, toda vez que el sentenciador  habiendo  manifestado  que  se  abstenía  de  imponer  medida de seguridad, por  tratarse  de  un  inimputable  por trastorno mental transitorio sin secuelas, de  todos  modos  le  impuso la obligación de someterse a tratamiento psiquiátrico  ambulatorio,    con   hospitalizaciones   periódicas,   no   previsto   en   la  ley.   

2. El cargo adolece de desatinos técnicos  que lo condenan al fracaso, así:   

2.1.    Para   que   pueda   acusarse  interpretación  errónea  de  la  norma sustancial, es necesario que ésta haya  sido  aplicada,   siendo  la  que  regulaba  el caso concreto, es decir, se  acertó  en  su  selección,  pero  se  le dio un sentido o alcance que no   tiene,  de  lo que se infiere que la censora yerra en la formulación del cargo,  como  quiera  que  no  sólo  no  explica  que  las  que menciona, diferentes al  artículo  33  del C. P. de 1980, sean sustanciales, sino que no se entiende que  alegue     su      interpretación     errónea,     cuando    no    fueron  aplicadas.   

2.2.  En  lo  atinente  al  artículo 33,  citado,  que  sí  es precepto sustancial, no demuestra el error que alega, esto  es,  cuál  fue  el  desatino  de  hermenéutica  jurídica  en que incurrió el  Tribunal  al  aplicarlo, cuando, por el contrario, en la sentencia  acusada  claramente  se  expresó,  conforme al sentido del precepto, que por tratarse de  un  inimputable  por  trastorno  mental transitorio sin secuelas, no se imponía  medida    de    seguridad,    al    tenor    del   inciso   2°   del   referido  artículo.   

Como se desprende de la simple lectura de  los  fallos de instancia, en estos no se hizo ningún análisis sobre el alcance  del  precepto,  ni  se dijo que de éste se desprendía que al  inimputable  por  trastorno  mental  transitorio  sin  secuelas  se  le  podía, no obstante,  someter  a tratamiento psiquiátrico ambulatorio por un tiempo no inferior a dos  años,  sino  que  se  impuso  acogiendo lo señalado en el examen psiquiátrico  forense fechado el 13 de julio de 1998, en el que se conceptuó:   

“El  señor  SIGIFREDO   ORTIZ   PINEDA  presentó   trastorno  mental  transitorio  sin  secuelas   al   momento   de   los  hechos  punibles.  Requiere  de  tratamiento  psiquiátrico  ambulatorio, con hospitalizaciones en los períodos de crisis por  un   tiempo   no   inferior   a   2   ó   3  años  preferiblemente”.   

En    consecuencia,   el   cargo   no  prospera.   

  Casación  oficiosa   

La Sala casará parcial y oficiosamente el  fallo,  al  haberse desconocido el principio de legalidad de la sanción, que es  garantía    fundamental    en    un    Estado    social   y   democrático   de  derecho.   

En  efecto,  en  el  fallo  de  primera  instancia,  confirmado  en  su  integridad  por el de segunda, se dispuso que el  procesado  debía  “someterse  a  tratamiento  psiquiátrico  ambulatorio  con  hospitalizaciones  en  los  periodos  de  crisis por un tiempo no inferior a dos  años  y concurrir al anexo psiquiátrico del Hospital San Jorge de Pereira cada  veinte  días  para  ser  valorado…”,  con  lo que no sólo se le condenó a  soportar  un particular tratamiento que no se podía imponer, pues se partió de  que  al  ejecutar  el hecho era inimputable por trastorno mental transitorio sin  secuelas,  sino  que  tal medida no estaba prevista en el artículo 93 del C. P.  de 1980, que a la sazón regía.   

Aunque  el  Tribunal  se  percató que al  ordenar  dicho  tratamiento,  no  previsto en la ley, se violaba el principio de  legalidad,  erróneamente  estimó  que no se trataba de una medida de seguridad  obligatoria,   sino   de  una  mera  insinuación  “siguiendo  recomendaciones  del    forense   en  el  mismo  dictamen  …  para  bienestar  del  propio  afectado”,criterio  que  no  comparte  la  Sala,  pues  como  acertadamente lo  conceptuó  la Procuradora Delegada, no se trata de una simple insinuación, que  bien  pudo haberse hecho en la parte motiva, sino de una obligación, “deberá  sí  someterse  a tratamiento psiquiátrico”, se dijo, señalándose el lugar,  las circunstancias y la duración.   

Al  haberse  impuesto  al  condenado  la  obligación  de  soportar  un tratamiento psiquiátrico ambulatorio, semejante a  una  medida  de  seguridad  no  prevista  en  la ley, y, por ende, desconocer el  principio  de  legalidad  de la sanción, consagrado en el artículo 29 de la C.  P.,  que debe ser restablecido, la Sala casará oficiosamente la parte del fallo  en  que  así lo ordenó, como expresamente  se lo autorizan los artículos  216  y 217.1 del C. de P. Penal, y dispondrá que el procesado no está obligado  a someterse a tal procedimiento médico.   

Finalmente,  en  cuanto  a  la acotación  hecha  por  la  representante  del  Ministerio Público, según la cual, existen  contradicciones  en  la  sentencia  de  primera  instancia  y en las experticias  médico  psiquiátricas  practicadas al procesado, la Corte se abstiene de hacer  algún  pronunciamiento, pues se trata de meras observaciones, sin consecuencias  en sede de casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

1.  Desestimar la demanda.   

2.   Casar   parcialmente  y  de  manera  oficiosa  la  sentencia  impugnada, por lo que el  procesado  Sigifredo  Ortiz Pineda no estará obligado a someterse a tratamiento  psiquiátrico, conforme a lo expuesto en la parte motiva.   

3. En lo demás  el fallo no se modifica.   

Contra esta providencia no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y devuélvase al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

FERNANDO   ARBOLEDA  RIPOLL                            JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

Aclaración de voto  

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                           CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ GALLEGO             EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

MARINA  PULIDO  DE  BARÓN                  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                        

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria     

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