15806nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15806  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

          SALA DE CASACIÓN PENAL   

Magistrado Ponente  

Dr.   JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

Aprobado acta N° 190  

(8-11-2000)  

Bogotá D.C.,  diez (10) de noviembre de  dos mil (2000).   

          V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  LUIS ENRIQUE ORTIZ MONTOYA.   

          A N T E C E D E N T E S   

1.-   Entre  las  familias  Ortíz  y  Rodríguez,  quienes  residían  en  el  barrio  Pablo  Neruda  del municipio de  Soacha,  se  desató  una  serie  de  desavenencias  a raíz de que Luis Enrique  Ortíz,  integrante  de  la primera familia, y Lucía Rodríguez, de la segunda,  se  unieron  en  vida marital, situación que llevó a que el 24 de noviembre de  1996  se  terciaran  en  franca  riña, en la que particularmente se enfrentaron  Luis  Enrique  y  su  hermano  Luis  Alfonso,  contra  Arnulfo Rodríguez, quien  perdió  la  vida  como consecuencia de las heridas que le fueron propinadas con  arma cortopunzante.   

2.-   El Juzgado 1° Penal del Circuito  de  Soacha,  mediante  sentencia  del  3  de  septiembre  de  1998,  condenó  a  Luis  Enrique  Ortíz a la  pena  principal  de  25  años  de  prisión  y  a las accesorias de rigor, como  coautor del delito de homicidio simple.   

3.-  Apelado  el  fallo  por el defensor del  acusado,  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  mediante sentencia del 3 de  diciembre de 1998, lo confirmó en su integridad.   

Contra  esta sentencia su defensor interpuso  el recurso extraordinario de casación.   

         LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Al  amparo  del  cuerpo segundo de la causal  primera  de  que  trata  el artículo 220 del C. de P.P., el defensor formula un  único  cargo  contra la sentencia del Tribunal. Sus argumentos se sintetizan de  la siguiente manera:   

Sostiene  que  las  decisiones  de primera y  segunda   instancia   están   plagadas   de   apreciaciones   “subjetivas   y  abstractas”,  frente  a las cuales se hace necesario “auscultar la posición  familiar  de los declarantes, su interés en acomodar los hechos en cuanto ellos  fueron   coprotagonistas   de   los  mismos”,  pero,  especialmente,  se  debe  establecer  “de  qué  lado  de  los  contendientes  partió  la agresión que  provocó la reacción”.   

En  este  aspecto, señala el demandante, la  labor  del  instructor,  que  terminó  con  una  resolución de acusación, fue  deficiente   con  relación  a  la  “apreciación  y  ponderación”  de  los  testimonios  de  Héctor Balcázar Rodríguez, Rosa Tulia Marín Gómez, Gustavo  Cantor Dimaté y demás deponentes de la familia Rodríguez.   

A   renglón  seguido  relata  que  en  la  diligencia  de  audiencia  pública se practicaron testimonios que aclararon que  la  intención  de  los  amigos y familiares tanto de los Rodríguez como de los  Ortíz  fue  acomodar  los  hechos conforme a su conveniencia personal y que fue  “interesante”  la  posición del fiscal cuando  concluyó que la prueba  conducía  a  la  inocencia  de Luis Enrique Ortíz porque la prueba no arrojaba  certeza sobre su responsabilidad.   

Agrega   que   desde  el  comienzo  de  la  investigación  los  hermanos  del  occiso fueron contestes en afirmar que quien  dio  muerte  a  Arnulfo  Rodríguez  fue  Luis  Alfonso Ortíz Montoya y no Luis  Enrique  “porque era el que tenía el arma y podía matar a su hermano ….”   

Luego  se  pregunta  de  quién  provino  la  agresión,  para  contestarse que de los Rodríguez quienes se decían ofendidos  porque Luis Enrique se había sacado a vivir a su hermana.   

Culmina  demandando  el  “amparo” de que  trata   el   numeral  4°  del  artículo  29  del  C.P.,  pues  considera  que,  “establecido   el   origen   de  la  agresión”,  se  genera  la  causal  de  justificación  allí  contemplada, pues no le cabe duda alguna que el procesado  actuó  impulsado por la agresión injusta grave y actual de la que era víctima  su    hermano    y    proveniente    de    los   integrantes   de   la   familia  Rodríguez.   

Por  último,  advierte  que  si  la  Sala  encuentra  la  posibilidad  de  “auscultar”  la  presencia  de la diminuente  punitiva de la “ira o el intenso dolor”, así se reconozca.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia recurrida y absolver al procesado.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  presentada  por el defensor del  sentenciado,  no  reúne los requisitos de claridad y precisión que estatuye el  numeral  3°  del  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento Penal para su  admisión.   

En  efecto,  debe  recordarse  que  la   demanda  de casación no es un alegato de instancia, en la que de manera libre y  caprichosa  se  pueden  hacer toda clase de cuestionamientos a una sentencia que  por  ser  la  culminación  de  todo  un  proceso,  viene  amparada por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  sino  que debe ser un escrito lógico y  sistemático  que  busca  restaurar  la  legalidad  del  fallo, por lo cual debe  denunciar  los  errores  cometidos  en  la  sentencia,  al tenor de las causales  expresa  y  taxativamente  señalados  en  la  ley, demostrarlos y evidenciar su  trascendencia.   

Estos  requisitos no fueron cumplidos por el  libelista  quien  aunque  opta  por  acusar  la  violación  indirecta de la ley  sustancial,  no  indica  cuál  fue  la  norma de esa índole quebrantada, ni su  sentido, esto es, falta de aplicación o aplicación indebida.   

Así   mismo,   aunque   expresa  que  esa  vulneración  proviene  de  error  en la apreciación de las pruebas, no señala  cuál  es  la  naturaleza  del  yerro  cometido, si de hecho o de derecho, ni el  falso  juicio  que  lo  determinó,  si  de  existencia,  identidad, legalidad o  convicción,  o si se está en presencia de un equivocado raciocinio que condujo  a vulnerar los postulados de la sana crítica.   

A cambio, se dedica, al estilo de un alegato  de  instancia,  a cuestionar el mérito otorgado a los testigos que señalaron a  Luis  Enrique  como  autor  del  homicidio  y  negado  a quienes sindicaron a su  hermano, Alfonso Ortíz.   

Por  otra  parte,  viola  el principio de no  contradicción,  pues  al  mismo tiempo acepta y niega la autoría del hecho por  parte  del procesado, cuando primero asevera que no fue el autor del homicidio y  luego  que  si, pero que actuó en legítima defensa. También, cuando rechaza y  afirma  la  responsabilidad,  pues  no puede sostenerse, dentro del mismo cargo,  que  se  actuó  en  legítima  defensa, pero que se “ausculte” si se dio la  aminorante de la ira.   

Finalmente, olvida que la casación no es un  medio  oficioso  de  control  de  legalidad  de  las  instancias, sino que es un  instituto  jurídico excepcional y rogado, donde la senda a seguir la señala el  demandante,  por  lo  que resulta totalmente improcedente su petición de que la  Corte indague si se configuró un estado de ira.   

Frente a los anotados yerros de la demanda y  dado  que a la Corte no le es permitido, en virtud del principio de limitación,  corregirlos,  se impone su rechazo, de acuerdo con lo dispuesto por el artículo  226 del Código de Procedimiento Penal.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

RECHAZAR IN LIMINE  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  LUIS    ENRIQUE   ORTIZ   MONTOYA.   En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso (art. 197 del C. de P.P.).   

Devuélvase al Tribunal de origen.  

Comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE                            JORGE    ANIBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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