15733 (27-03-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15733  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

APROBADO ACTA No. 50  

Bogotá,  D. C., veintisiete (27) de marzo de  dos mil uno (2001).   

VISTOS  

              Resuelve  la Corte el recurso de  casación  interpuesto por el defensor de ADOLFO VARGAS  JIMÉNEZ contra la sentencia proferida por el Tribunal  Superior  de  Bogotá el 6 de noviembre de 1998, en la que condenó a éste a la  pena  principal de 46 me­ses  de  prisión  por  los  delitos  de falsedad material de particular en documento  público    agravada    por   el   uso,   fraude   procesal   y   es­tafa.   

HECHOS  

          Mediante  escritura pública número 1407 otorgada el 29 de marzo de  1984  ante  la  Notaría  27  de  Bogotá, quien se presentó como JAIRO MONTOYA  GARCÍA   y   exhibió   la   cédula   de   ciudadanía  número  4’276.662  de  Medellín – cupo asignado  en  el  antiguo  sis­tema de  cedulación  vigente  hasta que entró a regir la Ley 39 de 1961 a nombre de esa  persona  pero  expedido  en  el  nuevo  (de  cédula  laminada)  a JOSÉ GUSTAVO  MARTÍNEZ   LÓPEZ   el   11   de   ju­nio  de 1985 – confirió poder general a RAFAEL CERQUERA MUÑOZ para  que,  entre otras gestiones, enajenara la hacienda “El Porvenir”, ubicada en  el municipio anexo de Bosa.   

          En  ejercicio  del  mandato,  CERQUERA MUÑOZ vendió a ADOLFO  VARGAS  JIMÉNEZ  una porción del  mencionado  predio, compraventa que se efectuó por escritura pública 5.677 del  30  de  agosto  de  1985  de  la Notaría 27 de esta ciudad, la que se registró  debidamente    en    la    correspondiente    oficina    de   instru­mentos públicos.   

          Posteriormente  VARGAS JIMÉNEZ  inició  un  proceso de en­trega  contra  MONTOYA  GARCÍA  quien,  representado  por  CERQUERA  MUÑOZ  con  el poder general que tenía, se allanó a la demanda, de manera que  el  Juzgado  Décimo  Civil  del Circuito de Bogotá dictó sentencia a favor de  aquél.   Al   ejecutar   la  decisión,  varios  ocupantes  del  predio  fueron  desalojados    y    otros    que   pre­sentaron  oposición  permanecieron, pues por haberse admitido ésta  fue   suspendida  la  diligencia.  También  ante  el  juzgado  pros­peró    la   oposición,   pero   la  providencia  que  tal  cosa  disponía  fue revocada por el Tribunal Superior de  Bogotá el 20 de marzo de 1991.   

          Blanca  Susana  González  de  Escobar,  quien había celebrado once  años  atrás  un  contrato  de  promesa  de compraventa con JESÚS MARÍA NEUTA  GARIBELLO  sobre  un  lote  del mismo terreno, en el que construyó su vivienda,  formuló      denuncia      contra      MONTOYA,      CERQUERA,     VARGAS   y   el  abogado  OSCAR  BURBANO,  apoderado  de éste en el proceso civil. Al declarar abierta la instrucción, el  Juzgado  103  de  Instrucción  Criminal  de  Bogotá  dispuso  en el mismo auto  oficiar  al  juzgado civil para que suspendiera la restitución de los inmuebles  que  aun  no  se  habían  devuelto,  hasta  tanto  se  aclarara  la  situación  denunciada.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Presentada  la  denuncia en el mes de noviembre de 1991 (fl. 1 C. 1)  por  los  delitos  de falsedad, fraude procesal y estafa y después de agregar a  las  diligencias  otra  formulada  por  JESÚS ALFREDO TORRES BARRERA contra las  mismas   personas  y  por  los  mismos  hechos  (fl.  42),  el  Juzgado  103  de  Instrucción  Criminal,  por auto de 9 de abril de 1992, dispuso la apertura del  proceso,  la suspensión del desalojo de quienes aun continuaban ocu­pando  los  inmuebles y la vinculación  mediante  indagatoria de los imputados (fl. 102), lo que se cumplió respecto de  OSCAR  BURBANO PÉREZ el 18 de mayo de 1992 y 16 de septiembre de 1994 (fls. 115  C.    1   y   72   C.   6)   y   de   ADOLFO   VARGAS  JIMÉNEZ  el  15  y  21  de  abril  de 1993 y el 15 de  septiembre  de  1994  (fls. 83 y 104 C. 2 y 63 C. 6). RAFAEL CERQUERA MUÑOZ fue  emplazado  el  26  de octubre de 1996 (fl. 66 C. 4) y declarado ausente el 19 de  noviembre  del  mismo  año  (fl.  153  ib.). No se procedió de igual forma con  JAIRO  MONTOYA,  no  obstante  que  por  resolución del 7 de octubre de 1993 se  había ordenado su emplazamiento.   

          El  28  de diciembre de 1994 se dictó medida de asegura­miento  de detención preventiva contra  RAFAEL  CERQUERA  MUÑOZ  por  los delitos de falsedad material de particular en  do­cumento    público  agravada por el uso, estafa y fraude procesal (fl. 83 C. 7).   

          Con  la  creación  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  el  pro­ceso fue asignado el 18  de  septiembre  de 1992 a la Fiscalía 168 (fl. 144 C. 1), que el 29 de enero de  1993  admitió  la  demanda  de parte civil presentada por JESÚS ALFREDO TORRES  BARRERA  (fl.  239  C.  1).  Posteriormente  otros  procesos  que por los mismos  he­chos   se  impulsaban  contra  las mismas personas en las Fiscalías 187, 190, 198, 205, 211, 220 y 223  fueron  agregados  a  éste  y asignado su conocimiento a la Fiscalía 168 (fls.  158  y  179  C.  4). También dentro de ellos fueron admitidas demandas de parte  civil,  como  la  de  LUIS  ALBERTO  GARIBELLO (fl. 79 C. 1 de la in­vestigación impulsada por la Fiscalía  211),    de    manera    que    final­mente,    representando    a   diferentes   perjudicados,   actuaron  den­tro  del  proceso  3  apoderados de los ofendidos.   

          El   14  de  febrero  de  1994  se  precluyó  la  investigación  a  fa­vor  del  doctor  OSCAR  BURBANO  PÉREZ (fl. 183 C. 4), decisión que se repuso el 28 de abril siguiente  (fl. 280 ib.).   

          El  2  de  agosto  de  1995  la  Fiscalía 139, ocupada por la misma  funcionaria  que antes fungía como fiscal 168, clausuró la investigación (fl.  7  C.  10),  que  fue  calificada  el  2  de  febrero de 1996 con resolución de  acusación  contra  RAFAEL  CERQUERA  MUÑOZ  y  ADOLFO  VARGAS  JIMÉNEZ,  a quien además le dictó medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin beneficio de excarcelación, como  coautores  de los delitos de falsedad ma­terial  de  particular  en  documento  público agravada por el uso,  fraude  procesal  y  estafa agravada; así mismo, precluyó la inves­tigación  a  favor  de  OSCAR  BURBANO  PÉREZ (fls. 166 y ss. C. 10).   

          Interpuesto  recurso  de apelación contra la preclusión por dos de  los  tres apoderados de la parte civil y contra la acusación por el defensor de  VARGAS  JIMÉNEZ,  un Fiscal  Delegado  ante  los Tribunales Superiores de Bogotá y Cundinamarca confirmó la  providencia  en  resolución  del 27 de marzo de 1996 (fls. 16 y ss. cuaderno de  segunda    instancia),    en    la    que    hizo   algunas   aclara­ciones.   

          El   Juzgado   32   Penal   del  Circuito  de  Bogotá,  al  que  le  co­rrespondió tramitar la  etapa  del  juicio,  absolvió  a los procesados en sentencia del 17 de abril de  1998  y  ordenó  compulsar  copias para que se investigara la conducta de JAIRO  MONTOYA GARCÍA (fls. 195 y ss. C. 12).   

          Apelada  la decisión, por providencia del 6 de noviembre de 1998 el  Tribunal   Superior   de   Bogotá   revocó   la  sentencia  y  con­denó  a  RAFAEL  CERQUERA  MUÑOZ  y a  ADOLFO  VARGAS  JIMÉNEZ  a  penas  de 50 y 46 meses de prisión, en su orden, por los delitos por los cuales  fueron convocados a juicio (fls. 15 y ss. cuaderno del Tribunal).   

          Contra   esta   sentencia   el   defensor  del  señor  VARGAS  JIMÉNEZ  presentó  oportunamente  demanda de casación (fls. 107 y ss. ibídem).   

LA  DEMANDA   

          Primer Cargo.   

          Invocando  la  causal  tercera  de  casación,  el  censor  acusa la  sentencia  por  considerar  que se dictó en un juicio viciado de nu­lidad   en   razón  de  la  falta  de  competencia  del  Ad quem, pues la acción penal respecto del delito de falsedad  se  hallaba  prescrita  desde  la  fecha  en  que se confirmó la resolución de  acusación,  porque  “las aclaraciones introducidas en este proveído” a que  alude    su   parte   resolutiva   variaron   “la   adecuación   típica   en  bene­ficio de Adolfo Vargas  Jiménez,  para  excluir  la  de  falsedad  de  la cédula y su uso –que  había  impedido la prescripción  anterior­mente,  precisamente  por  la  agravante  del  uso por quien falsifica, a. 220 y 222 del  c.p.-,    y    reemplazarla    por    una    adecuación    de   fal­sedad  material  de  documento público  (la   escritura  5677  de  ago.30/85),  sin  agravante  alguna”.   

          Y   aunque  la  sentencia  de  segunda  instancia,  excediendo  esta  calificación,  tuvo  en  cuenta  el  uso  de  la  escritura 5677 por haber sido  presentada  para  su  inscripción  a la Oficina de Catastro, ya no podía hacer  pronunciamiento  al  respecto  porque  el  término  de prescripción opera ipso  facto   y,   a   partir  de  su  verifi­cación,  se pierde toda competencia para tomar decisión distinta a  la de declarar la ocurrencia de ese fenómeno.   

          En   consecuencia,  solicita  que  se  case  parcialmente  el  fallo  impugnado  y  en su lugar se declare la nulidad y se absuelva a su defendido por  ese  hecho, lo que conducirá a redosificar la pena descontando los 30 meses que  por  este  concepto  le impuso el Ad quem y lo que proporcionalmente corresponda  respecto  de  la  condena  al  pago de perjuicios. Pide también que se suspenda  condicionalmente  la  ejecución  de  la  sentencia por cumplirse los requisitos  previstos en el artículo 68 del Código Penal.   

Segundo Cargo.  

          Igualmente  de  manera  principal  y  con  fundamento  en  la causal  primera  de  casación,  el  recurrente  ataca la sentencia por violar de manera  indirecta  la  ley sustancial porque al no tener en cuenta las reglas de la sana  crítica  en  la  valoración  integral  de  la  prueba,  conforme lo dispone el  artículo  254  del  Código de Procedimiento Penal, incurrió en error de hecho  que   determinó   la   indebida  aplicación  del  artículo  182  del  Código  Penal.   

          Afirma  que  de  acuerdo con las resoluciones de acusación y con la  sentencia   del  Tribunal,  el  delito  de  fraude  procesal  se  co­metió   cuando   el   señor   VARGAS  presentó  la escritura 5677 para demandar la entrega del bien que mediante ella  se  enajenó,  lo  cual  evidencia  que  el sentenciador concluyó, frente a los  hechos  y  a  las  pruebas  del proceso, que esa  escritura de venta fue el  medio     fraudulento     utilizado    por    VARGAS  JIMÉNEZ  para  inducir  en  error  al  juez  civil de  circuito.   Este   razonamiento  supone,  desde  luego,  que  el  procesado  era  consciente que utilizaba un instrumento espurio.   

          Sin  embargo,  VARGAS JIMÉNEZ  actuó  de  buena  fe,  “como lo reconoce la sentencia al decir:  “RAFAEL  CERQUERA con poder en mano se contacta con Adolfo Vargas Jiménez, le  propone   la   venta  de  la  última  parte  del  predio  de  mayor  extensión  denomi­nada    “El  Porvenir”  …  este  lo  ve  (se  refiere  a  Vargas,  agrego),  lle­gan a un  acuerdo,  elevan  el negocio a escritura pública 5677  del  30 de agosto de 1985…” (ver f. 71 C. sentencia trib.)”; de lo cual se  deduce  que  no  existe  connivencia  delictiva  entre  CERQUERA  y VARGAS.   

          Agrega   el   demandante   que   “La   afirmación   del  Tribunal  so­bre como ocurrieron los  hechos,  según  lo  probado,  es  correcta solo le falta incluir en el párrafo  indicado  el  que  el  contacto solo ocurrió año y cinco meses después de que  Cerquera  obtuviera  el  poder  falso,  y que no había una relación directa de  conocimiento   personal   entre   Vargas   y   Cerquera,  ya  que  ellos  fueron  presenta­dos  por  Aquiles  Echeona,  como  refiere  la  misma  sentencia.  De  donde  era  evidente  que la  sentencia  debió  concluir  en estricta lógica, derivada de su apreciación de  los  hechos  probados, que no podía exigir CONNIVENCIA DE QUIEN NO SE CONOCE EN  EL  MOMENTO  EN  QUE  SE  FRAGUA  EL  ARDID,  Y  CON  EL CUAL ACCIDENTALMENTE SE  RELACIONA POR UN AMIGO COMÚN, UN AÑO Y CINCO MESES DESPUÉS”.   

          Sostiene   que   las   reglas  de  la  experiencia  indican  que  si  VARGAS  y  CERQUERA hubieran  actuado   en   connivencia,   la  escri­tura  de  venta  se  hubiera  otorgado tan pronto se obtuvo el poder  falso  y  el  comprador  no hubiese ido a ver el lote ni habrían te­nido  que  llegar a un acuerdo sobre el  negocio,  como lo reconoce el Tribunal. Y aunque de aquí sería forzoso colegir  que  VARGAS fue una víctima  más    de    CERQUERA,    el    fallador    llega   a   la   conclu­sión opuesta y en la página siguiente  de  la  providencia  acusada,  sin  prueba  que  lo  corrobore, afirma que ambos  “actuaron  en connivencia” (fl. 72) y que “todo estaba planeado para hacer  la  escritura  5677”  (fl.  73),  sin  que  entonces  tenga  sentido que se le  mostrara  el  lote  y se llegara a un acuerdo con quien ya se había planeado el  apoderamiento del terreno.   

          Para   sostener   la   contradicción,  dice  el  fallo  que  en  la  com­praventa  no  había  cuerpo  cierto  para  negociar  desconociendo  que tal expresión alude a que se  vende  lo visto, no por cabida, lo cual explica que CERQUERA le hubiera mostrado  el       terreno       a       VARGAS.   

          Tampoco  es  admisible  que se afirme que éste no podía comprar de  buena    fe   en   1985   porque   para   esa   fecha   ya   se   co­nocía  que  el  derecho  de dominio se  discutía  en un proceso de prescripción adquisitiva, de lo que se notificó al  supuesto  Montoya  el  10  de  mayo  de  1993,  situación  que  se calló en la  es­critura para apoderarse  del  predio  (fl.  73),  porque  la  notificación  se  le hizo a Montoya y no a  VARGAS, quien para esa fecha  no  conocía  a  CERQUERA, de manera que quien podía saber de la existencia del  proceso    era    éste   y   no   aquél.   Lo   mismo   puede   de­cirse  en lo que se refiere a la compra  del  terreno  que  en  1983  el  matrimonio  ROJAS hizo al real o supuesto JAIRO  MONTOYA,  a  pe­sar de haber  adquirido  antes la posesión del mismo, pues esta situación nada tiene que ver  con    el    señor    VARGAS   JIMÉNEZ.   

          Concluye  que  no  se  usaron  las  reglas de la sana crítica en el  estudio   fáctico   del  proceso  y  su  prueba,  lo  que  de  acuerdo  con  la  jurisprudencia  de  la  Sala constituye violación indirecta por error de hecho.  Solicita  se  case  el fallo y en su lugar se absuelva al procesado porque “no  conoció     ni     quiso     crear     un     artificio    de    en­gaño  ni  usarlo  en  detrimento de la  administración de justicia”.   

          Tercer cargo.   

          Semejante  al  anterior, pero referido a la indebida aplicación del  artículo  356  del  Código  Penal,  el  demandante  censura la sen­tencia  por  violación indirecta de la  ley  derivado  de  un  error  sobre  la  falta de valoración de la prueba en su  conjunto  de  acuerdo  con  las  reglas  de  la  sana  crítica como lo manda el  artículo  254 del Código de Procedimiento Penal, lo que ha llevado al fallador  a     in­currir    en  contradicciones ostensibles.   

          Señala  que,  sin  tener en cuenta que del estudio probatorio el Ad  quem  ha  concluido  que  VARGAS  JIMÉNEZ  actuó  de  buena  fe,  le reprochó haber incurrido en la acción  típica  de  estafa  por tratar de obtener la entrega del inmueble comprado, con  lo  que  persigue  un  provecho  patrimonial  en perjuicio de los poseedores del  terreno,  para  lo  cual induce en error al juez civil por medio de artificios o  engaños.   

          Sostiene  que  la sustentación del cargo es semejante a la expuesta  en   el   anterior,   dada   la   coincidencia   de   elementos   es­tructurales del tipo penal de la estafa  con   el   del   fraude   procesal   –la  utilización  de  medios  fraudulentos y la inducción en error-  aunque   el   primero  ofende  al  patrimonio  económico  y  el  segundo  a  la  administración  de  justicia,  y  reitera  los  argumentos que ya se reseñaron  sobre   el   conocimiento  entre  VARGAS  y  CERQUERA  mucho  después de haber obtenido éste el poder falso,  la  nego­ciación que hacen  sobre   el   predio   y   la   visita   que   al   mismo  realizó  VARGAS.   

          Insiste  en que el razonamiento expuesto por el Tribunal descarta el  acuerdo    delictuoso    previo    y    la    participación    cons­ciente       de       VARGAS  en  el ilícito, pero no obstante,  de  manera  con­tradictoria,  concluye    el    mismo   fallador   que   éste   y   CERQUERA   ac­tuaron  en connivencia, conclusión que  se    apoya    en    los    tres    as­pectos  que  ya había señalado en el anterior cargo, es decir, que  no  existía  cuerpo cierto qué comprar, que existía un proceso de pertenencia  desde  1993  y  que  todo  estaba planeado porque el matrimonio Rojas compró la  propiedad  sobre  un  terreno  cuya  po­sesión había adquirido años antes.   

          “La     contradicción     que     se     destaca     –afirma-  no  emana  de la prueba misma  sino  de  un  análisis  equivocado de sentencia, que contradice lo inicialmente  concluido,  para establecer un supuesto equivocado: la connivencia no demostrada  de  Vargas  en el fraude y en la estafa”, error que dio lugar a la aplicación  indebida de los artículos 356 y 36 del Código Penal.   

          Solicita  que  se  case  la  sentencia  impugnada  y  en su lugar se  absuelva al procesado por el delito de estafa.   

                            LOS NO RECURRENTES   

          Dos  de  los apoderados de la parte civil, al hacer uso del traslado  que  se  les  concedió  a los no recurrentes, presentaron en tiempo oportuno un  alegato  conjunto  en  el que se oponen a la demanda por las siguientes razones:   

             

          1. Con relación al primer cargo:   

              a.  La  resolución de acusación de segunda instancia  sí  im­puta al procesado el  uso  de la escritura pública 5.677, el cual se materializa al inscribirla en el  Registro  de  Instrumentos  Públicos  y  al  presentarla  con  la demanda en el  Juzgado  10º  Civil del Circuito y con la reconvención en el Juzgado 24. A esa  utilización  se re­fiere el  fiscal  Ad  quem  al  tratar  el  tema  de las prescripciones, al referirse a su  propia  providencia  del 9 de noviembre de 1994 y en las páginas 10 literal c y  13 de la resolución.   

              Tan  cierto es que le dedujo el uso, que lo acusó por  el  fraude  procesal  cometido  ante  el  Juzgado 10º Civil del Circuito y ello  sólo podría hacerlo si le imputa la utilización del instrumento.   

              b. Las aclaraciones que se expresan en esa providencia  se   refieren   a   la   no  intervención  de  VARGAS  JIMÉNEZ       en       la       con­fección  de  la cédula falsa ni en la  de la escritura 1.407.   

              c.  El  concurso  de hechos punibles aumenta la pena y  por  tanto  amplía  el  plazo  de  la prescripción, para cuyo cálculo se debe  tener  en  cuenta  lo  dispuesto  por  el artículo 26 del Código Penal que, en  armonía  con  los  artículos 80 y 220, permite fijar el término máximo en 16  años;  de  manera que el aludido fenómeno de la acción no se presentó ni aun  admitiendo que la agravante del uso no se hubiera imputado.   

          2. Con relación al segundo cargo:   

              a.  El recurrente pretende oponer su criterio personal  al  del  fallador, lo que es inadmisible en casación. No alega si la violación  indirecta   de   la   ley  proviene  de  la  apreciación  de  deter­minada   prueba   ni  demuestra  cómo  incidió el error en la decisión.   

              b.  El  Tribunal examinó las pruebas que desvirtuaban  la   buena   fe   de   ADOLFO   VARGAS   para   concluir   que  él  sí  sabía  que  no  eran  ciertas  las  afirmaciones hechas en la escritura.   

          3.   Respecto   del   tercer   cargo,   dicen   que   también  debe  de­sestimarse porque de la  frase  “llegan a un acuerdo”, expresada por el Tribunal, no se puede deducir  como  lo hace el demandante que se hubiera aceptado la buena fe en la actuación  del    proce­sado.   En  realidad,   el   Ad   quem   concluyó   que  las  afirmaciones  con­tenidas  en  la escritura, relacionadas  con  precio,  linderos,  objeto  de  la venta, plazo para la entrega, etc., eran  falsas.      Agregan      que      la     connivencia     entre     VARGAS  y  CERQUERA  la deriva el Tribunal  del   resumen   de   la   prueba   contenido   en  las  páginas  13  a  39  del  fallo.   

          EL    MINISTERIO  PÚBLICO   

          El  Procurador  Tercero  Delegado  en  lo Penal solicita no casar la  sentencia recurrida. Sobre los cargos formulados, expone:   

          Primer cargo.   

          En  realidad  se  trata  de  un  cargo  principal,  referente  a  la  prescripción  de  la  acción penal, y otros subsidiarios que depen­den   directamente  de  él,  como  la  incompetencia  del Tribunal, la reducción de la pena, la disminución del monto  de  la  indemniza­ción y el  derecho  a  la  condena de ejecución condicional. Por eso, aborda el examen del  primero  y,  después  de  transcribir  algunos  apartes  de  la providencia que  confirma   la   resolución   de  acusa­ción,  concluye  que  sin duda en ella se mantiene la imputación a  VARGAS   JIMÉNEZ   de  la  falsedad  material de particular en docu­mento  público  agravada  por  el uso, pues las aclaraciones que en  aquella  decisión  se hacen no tuvieron por objeto eliminar esa cir­cunstancia         de         la  utilización.   

          Entonces,  si  la  máxima  pena  prevista  en  el artículo 220 del  Código  Penal  es  de  8  años  y  se  debe aumentar en 4 según lo dispone el  artículo  222,  el  término  de  prescripción  es  de  12 años, el que no ha  transcurrido     ni    siquiera    si    se    contara    incorrecta­mente  desde  agosto  de 1985, fecha de  elaboración     de     la     escri­tura,  pues  la  resolución de acusación quedó ejecutoriada el 27  de marzo de 1996.   

Claro  que en realidad el plazo prescriptivo  corre  desde  la fecha en que se utilizó por última vez el documento o, cuando  menos,  desde  la  oportunidad  en  que  el  procesado presentó la escritura al  juzgado    donde    pretendía    obtener    la   decisión   favora­ble,  es decir, el 16 de enero de 1986.   

          Por   lo   tanto,   el   cargo   principal   no   debe  prosperar  y  obvia­mente  tampoco  los  demás por depender de éste.   

          Segundo cargo.   

          No   se   planteó   correctamente,   porque   si   se   discute  la  ade­cuación típica de la  conducta  al  delito  de  fraude  procesal  por el desconocimiento del procesado  acerca  de  la  falsedad  de  la  escri­tura   pública   5677,   era   también   necesario  cuestionar  la  adecua­ción     del  comportamiento  que  se  calificó  como  falsedad  material  de  particular  en  documento     público,    agravada    por    el    uso,    y    ata­car  la  forma como el Tribunal asumió  el   contenido  de  las  pruebas  para  declarar  la  responsabilidad  por  este  delito.   

Por  el  contrario,  el  libelista  eludió  cuestionar    las    pruebas    en   concreto   y   afirmó   que   VARGAS   JIMÉNEZ  fue  embaucado  con  la  confección  de la mencionada escritura, lo que presenta como un dogma en el que  sustenta  la  conclusión  de que no pudo engañar al juez porque desconocía el  carácter fraudulento del medio.   

          Precisamente    porque    partió    del    supuesto   de   que   el  proce­sado actuó de buena  fe,  el demandante evitó atacar la sentencia por haber incurrido el fallador en  un  error  en el examen concreto de una o varias pruebas y, en su lugar, sostuvo  que  el  yerro se presentó sobre el conjunto de ellas, haciéndolo consistir en  que  del  hecho  probado de la buena fe el Tribunal dedujo el conoci­miento  anterior  de  la  falsedad  del  documento    utilizado    para    rea­lizar  el  fraude  procesal,  ignorando  así  las reglas de la sana  crí­tica.   

          Añade  que,  contrario  a  lo  dicho  por el demandante, el Ad quem  precisó  que  la  dificultad  existente  en  un  principio  para es­tablecer    la   responsabilidad   de  VARGAS  en la falsedad de la  es­critura   5677   fue  superada  no  sólo al verificar las condiciones de la negociación –como  lo  irrisorio  del  precio,  el  descuido  del expe­rimentado  comprador  para  constatar  los  linderos,  el  supuesto  pago  del precio- sino  también  porque  el  allanamiento  de Cerquera a las pretensiones de la demanda  presentada  por VARGAS ante el  Juzgado    10º    Civil    del   Circuito   para   lograr   un   re­sultado  favorable  a  éste,  como  en  efecto  se  consiguió,  permitía  deducir  la  existencia de una concertación  entre  ambos  desde  el momento de elaboración de la escritura, conclusión que  se  forta­leció al analizar  la  actuación  en  la oposición a la última entrega de quien resultó ser una  empleada  del  procesado,  encargada  de  la administración del parqueadero que  funcionaba en el lote.   

          Como  todo  ese  material  probatorio  que  le permitió al Tribunal  entender  que  VARGAS JIMÉNEZ  conocía  la  falsedad  del documento no fue rebatido por el casacionista, quien  convirtió  su  escrito  en un alegato de instancia en el que pretende anteponer  su  criterio  al que se consigna en el fallo, el cargo no tiene voca­ción de éxito.   

          Tercer cargo.   

          Encuentra  la  Delegada  que  el  demandante también partió de una  premisa  equivocada  en  el  desarrollo  de  este  cargo:  que  para  el Ad quem  VARGAS  JIMÉNEZ  actuó  de  buena  fe,  enga­ñado por  CERQUERA.   

Si  tal  hubiera  sido  la  conclusión  del  Tribunal,  obviamente  la  acusación  tendría  que  haberse  sustentado  en la  violación  directa  de  una  norma  de  derecho  sustancial  y  no tendría que  discutir  los  hechos probados, sino únicamente el proceso de adecuación de la  conducta.   

          Deforma   el   recurrente   el  contenido  del  fallo,  en  el  que,  con­trario al entendimiento  del      demandante,      claramente      se      dice      que     VARGAS  participó en la falsificación de  la  escritura  5677  lo cual descarta, es obvio, el supuesto engaño de CERQUERA  en la venta del lote que por ese instrumento se hizo.   

          Sobre  los tres aspectos que, según el libelista, tuvo en cuenta el  Ad   quem   para   apoyar   la   conclusión   de   connivencia   en­tre    CERQUERA    y    VARGAS, dice la Delegada que lo relativo a  la  existencia  del  proceso de pertenencia no se tuvo en cuenta para deducir la  responsabilidad  penal  del  procesado;  la  compra  por  cabida del inmueble no  eximía  al  interesado,  con  experiencia en negociaciones de esta clase, de la  necesidad    de   revisar   la   situa­ción  legal  del  predio  y,  por  último,  que en realidad no son  creí­bles los testimonios  de  los  esposos  ROJAS porque no aparece razonable la intervención de CERQUERA  cuando        hicieron        nego­ciación  con  MONTOYA  en 1983, si ellos vivían allí desde 1974 y  le compraron la posesión a LEONOR GONZÁLEZ.   

          Solicita, por lo dicho, que el cargo no sea acogido.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Primer cargo.   

          Si  bien  en  la  resolución de acusación dictada por la Fiscalía  Seccional  139  de  Bogotá (fls. 166 a 186 C. 10) no existe una ní­tida separación de los comportamientos  atribuidos     a     los     coproce­sados,  no  hay duda de que la convocatoria a juicio de ADOLFO  VARGAS  JIMÉNEZ  tuvo  que ver de  manera    específica   con   la   fal­sedad  de  la  escritura pública 5677 del 30 de agosto de 1985 y su  posterior  uso al ser aducida como prueba en el proceso de entrega que promovió  ante  el Juzgado Décimo Civil del Circuito, lo cual indujo en error al juez que  dictó  sentencia  favorable  a  sus  pretensiones  y  le  reportó  un ilícito  provecho  patrimonial.  Por  eso,  la  acusación se formuló por los delitos de  falsedad  material  de particular en documento público (art. 220 C.P.) agravada  por   el   uso  (art.  222  ib.),  fraude  procesal  (art.  182  ib.)  y  estafa  agra­vada  (arts.  356  y  372-1 ib.).   

          Ese  tratamiento global del comportamiento delictivo de VARGAS  JIMÉNEZ  fue  lo  que determinó,  precisamente,  que el fiscal de segunda instancia, al revisar por apelación esa  provi­dencia, aclarara que  la  intervención  de  aquél  se  había limitado a la falsedad de la escritura  5677  y  no  a  la  de  la  1407,  mediante la cual el supuesto JAIRO MONTOYA le  otorgó  poder  general  a  CERQUERA  MUÑOZ,  y  que este instrumento fue usado  después  para crear el otro, de manera que la ilicitud quedaba cobijada por los  artículos  220  y  222  del  Código  Penal  (hoja  11  de  la reso­lución).   

          No  es  verdad,  entonces,  como  lo entendió el demandante, que se  hubiera  suprimido  la  acusación  por  el  uso  de  la escritura 5.677. Por el  contrario,  expresamente  afirmó  el Ad quem que “la connotación falsaria”  de  ella  “quedará adecuada en las normas citadas” (hoja 13), es decir, las  que   dos   páginas  antes  había  in­dicado: los artículos 220 y 222 del Código Penal.   

          Que   el   Fiscal   Delegado   ante  los  Tribunales  de  Bogotá  y  Cundinamarca  tuvo  siempre  en  cuenta  la  circunstancia  de  agra­vación que se dedujo en la resolución  de  primera  instancia,  lo  demuestra  igualmente la cita que hizo de su propia  providencia  del  9  de  noviembre  de  1994,  en  la que al referirse al fraude  pro­cesal dijo que “esta  conducta     se     tiene     por    realizada    por    la    utili­zación  de  las  Escrituras  Públicas  1407  y  5677,  en  el proceso de entrega tramitado en el Juzgado 10º Civil del  Circuito de esta ciudad” (hoja 9).   

          Examinado    el    punto    desde    otra   perspectiva,   bastaría  seña­lar  que  si  en  la  resolución  de  primera  instancia  se acusó a VARGAS  JIMÉNEZ   por  el  delito  de  falsedad  material  de  particular  en  documento  público agravada por el uso y en la de segunda no se  suprimió  expresamente  esa  circunstancia  del  artículo  222,  obviamente la  confirmación    que    se    le   impartió   comprende   la   tota­lidad   de   la  calificación  de  la  conducta.   

          Hecha  esta  precisión,  resulta  evidente que la acción penal por  este  delito  no  había  prescrito  cuando se produjo el pliego de cargos, pues  siguiendo  las  pautas  trazadas  por  el  artículo 80 del Código Penal, los 8  años    que    como    máximo   de   la   pena   fija   el   artí­culo  220 ib. se incrementan en otros 4  según  lo  previsto en el segundo inciso del artículo 222, para un total de 12  años,  tér­mino que no se  había   superado   el  día  en  que  alcanzó  ejecutoria  la  resolución  de  acusación,  es  decir,  el  27  de  marzo  de 1996, porque para entonces apenas  habían  transcurrido un poco más de 10 años y 2 meses contados a partir de la  fecha  en  que  se  presentó  el documento falso ante el Juzgado 10º Civil del  Circuito  de  Bogotá,  esto es, el 16 de enero de 1986 (fl. 27 vto. cuaderno de  anexos del proceso de entrega).   

          Resultado  obvio  de  la anterior respuesta negativa, es que aparece  como   superfluo   cualquier   análisis   en   torno  a  las  conse­cuencias   que   dimanarían   de   la  pretensión  básica  del actor, es decir, lo relacionado con la redosificación  de     la     pena     para     dismi­nuirla,  la  reducción del monto indemnizatario y el reconocimiento  de la condena de ejecución condicional.   

          En  consecuencia,  no  prospera  el  cargo,  negación  para la cual  sería  suficiente observar de nuevo la imposible solicitud consistente en pedir  a la vez, por el mismo respecto, anulación y absolución.   

          Sin   embargo,   frente  a  los  argumentos  expuestos  por  los  no  recurrentes  en  el sentido de que el término de prescripción se debe calcular  teniendo  como  referencia  la  punibilidad prevista por el artículo 26 Código  Penal  para  el  concurso,  la  Sala  estima oportuno recordar que en virtud del  artículo  85  del  Código Penal en esta materia los términos de prescripción  de  la acción corren separadamente, es decir, se observa cada uno de los hechos  punibles  autónomamente.  También  quiere  reiterar el criterio ex­puesto  por la Corte en providencia del  18  de  agosto  de  1977  (M.P.  Dr.  Julio  Salgado Vásquez), que auncuando se  refería  a la anterior legislación tiene perfecta cabida en la actualidad dada  la  similitud  normativa.  Dijo  la  corporación:  “…la prescripción de la  acción  se  refiere  a  las  infracciones,  tal  como aparecen descritas en las  respectivas  normas,  sin  que tenga repercusión en dicho fenómeno el concurso  ni  la  continuidad  de  los delitos, porque esos institutos se tienen en cuenta  para  la imposición de la pena, pero no para calcular el tiempo en que se opera  la  pres­cripción  de las  acciones.    Cuando    al    procesado    se    le   acusa   de   va­rios  delitos, las respectivas acciones  prescriben  por  separado,  sin  que  sea  lícito  al  juzgador  recurrir a los  cálculos      de      pena      im­ponible  con  ocasión  de  los  fenómenos  del  concurso  o  de la  conti­nuidad   de   los  delitos,  porque para la prescripción de la acción sólo se tiene en cuenta la  sanción  fijada  en la respectiva dispo­sición        penal”        (G.J.,       T.CLV       –2ª   parte-,   No.   2398   Bis,  p.  456).   

          Segundo y tercer cargos.   

          Dada  la  identidad  de causales, argumentación y conse­cuencias  en  cuanto  tiene que ver con  los     cargos    segundo    y    ter­cero  de  la  demanda,  la  Sala  estima  procedente hacer el examen  conjunto de ellos.   

          La  acusación  plantea,  en síntesis, que el Tribunal incurrió en  un  error  de  hecho  que condujo a la violación indirecta de la ley sustancial  por  inobservancia  de las reglas de la sana crítica en la valoración integral  de  la  prueba,  porque  de  un  texto  en  el  que  reconocía  la  buena fe de  VARGAS   JIMÉNEZ   en  la  adquisición  del  inmueble  dedujo  la  connivencia delictiva con CERQUERA y su  participación    en    la    falsedad   de   la   escritura   pública   5.677,  conclu­sión  de la que se  desprende  que el procesado era consciente de que utilizaba un medio fraudulento  para  inducir  en  error  al  Juez  10º  Civil  del Circuito y derivar provecho  ilícito.   

          Un  razonamiento como el que hace el demandante supone, bien lo dice  el  señor  Procurador  Delegado,  que  previamente  se  haya  cuestionado “la  adecuación  típica  del comportamiento que se calificó como falsedad material  de  particular  en  documento público, agravada por el uso, pues solamente así  habría   podido   demostrar  la  falta  de  ese  conocimiento”,  lo  cual  no  hizo.   

          Además,  si  lo  que pretendía sostener el casacionista era que el  Tribunal  había  aceptado  como  probado  que  VARGAS  JIMÉNEZ  actuó  de  buena fe, ha debido sustentar el  cargo  en  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  porque  el fallador  seleccionó inadecuadamente la norma que debía aplicar al caso.   

          Claro  que  la  realidad  muestra  que  el  censor,  en su afán por  descubrir  alguna  inconsistencia  en  la  sentencia  de segunda ins­tancia  que  le  permitiera  atacarla,  pretende    apoyar    toda    la   cen­sura   en   una   afirmación   insular,   más   introductoria  que  conclu­yente   como  que  después  de  planteada  el  Ad quem demuestra que los hechos ocurrieron de otra  manera,    como    pasa    a    exami­narse.   

          En   el  último  párrafo  de  la  página  43  de  la  providencia  cues­tionada,  comprendido  dentro  del  tema de la falsedad que el Tribunal aborda desde la página 40 y el  primero  en  el  que  se  menciona  a  VARGAS JIMÉNEZ  y la negociación del lote, se lee:   

“RAFAEL  CERQUERA  con  poder  en  mano se  contacta  con  ADOLFO VARGAS JIMÉNEZ, le propone la venta de la úl­tima   parte   del   predio  de  mayor  extensión  denominado  “El  Porvenir”,  con  cabida  de  10.967,50  metros,  ubicado  en  Bosa,  éste  lo  ve, llegan a un acuerdo, elevan el ne­gocio  a escritura pública 5677 del 30  de  agosto  de  1985,  corrida  en  la  Notaría 27 del Círculo de Bogotá, con  precio  de  $ 2’403.000 que  el    vendedor    dice    haber   reci­bido  a  satisfacción,  se enunciaron los linderos, que CERQUERA ni  su  poderdante  han  hecho antes enajena­ciones    del    terreno,    que   está   libre   de   gravámenes,  hipo­tecas,   o  asuntos  civiles, y para ser entregado en 15 días”.   

          Y  a  renglón  seguido  expresa  que  CERQUERA  utilizó  el  poder  apócrifo  para  otorgar  esta escritura e incurrió en nueva falsedad “en que  participó  ADOLFO  VARGAS  JIMÉNEZ  al comprar la parte del terreno de otro de  mayor  extensión,  por  una suma irrisoria, y el que no podía adquirir, ya que  todo  estaba  enajenado”,  de manera que la venta se utilizó “como pretexto  para  apoderarse  del  terreno”,  comportamiento  que  le  atribuye  a los dos  procesa­dos.     A  continuación  dice  por  qué  no  es  creíble lo manifestado por VARGAS  JIMÉNEZ  y  sostiene  que  él  y  CERQUERA   “actuaron  en  connivencia,  uno  como  vendedor  y  el  otro  como  comprador”  (hoja  44)  y,  después  de  señalar  las contradicciones en que  incurren  en sus indagatorias, concluye que “estas actitudes demuestran que la  escritura  5677  corrida  en 1985, en la Notaría 27 del Círculo de Bogotá, es  apócrifa  y que participaron los dos procesados RAFAEL CERQUERA y ADOLFO VARGAS  JIMÉNEZ…”    (hoja    48),    cu­yas   explicaciones   no   se   pueden   aceptar   pues,   dada   la  experien­cia de éste en la  construcción  y  en  la finca raíz, resulta increíble que “no constatara la  extensión  del  lote,  los  linderos, estudiara el certificado de libertad para  verificar   que  nada  había  que  com­prar,   ni  se  preocupara  por  establecer  la  condición  de  las  perso­nas que residían en  el  lote,  por  lo  que  se  puede  decir  que todo fue un montaje para elevar a  escritura pública la venta que le hacía CERQUERA” (hoja 48).   

          La  lectura integral de la providencia, por lo menos de las páginas  40   a   51   en  las  que  se  examina  la  falsedad  de  la  escri­tura  5677,  permite  concluir,  sin el  menor   espacio  para  la  duda,  que  el  párrafo  del  folio  43  transcrito,  cuidadosamente  sacado  del contexto por el demandante, lo que en verdad expresa  es  el as­pecto formal de la  negociación     tal    como    fue    relatado    por    los    pro­cesados   y  no  una  conclusión  del  Tribunal,  lo  cual  deja  sin  piso  toda la argumentación del demandante que,  entonces,   se  con­vierte  ella   ciertamente  en  un  alegato  de  instancia  en  el  que  pre­tende    oponer   su   particular   y  fragmentaria   valoración  de  la  prueba  a  la  realizada  por  el  Ad  quem,  específicamente  en tres aspectos que, bien leída la sentencia, no se refieren  todos   direc­tamente  al  comportamiento    de    VARGAS   JIMÉNEZ    sino    a    los    an­tecedentes  que  le  llevan a colegir que la mencionada escritura es  falsa en su integridad, inferencia que no rechaza el demandante.   

          De  esta  manera,  el  censor eludió cuestionar la apreciación del  Tribunal  sobre  los  concretos  medios  de  convicción en los que sustentó la  responsabilidad  del  imputado  y tampoco señaló los errores que en el proceso  de  valoración  le podrían ser atribui­bles,  de  modo  que no desvirtuó la doble presunción de acierto y  legalidad con que arribó a esta sede la sentencia recurrida.   

          Si  la  base  de  la acusación formulada en estos dos cargos fue el  supuesto  desconocimiento  del  procesado  del  carácter  fraudulento del medio  utilizado        para        hacerse        entregar        judicial­mente  el  inmueble  y derivar provecho  patrimonial,    la    sola    circuns­tancia  de  que  la  prueba valorada por el juzgador para deducir la  connivencia  con  CERQUERA  MUÑOZ,  a  la  que  ya  se  ha hecho an­tes   referencia   -y   que   no   fue  problematizada   por   el  actor-,  per­manezca  incólume,  conduce  las  pretensiones  del  proponente  al  fracaso    irremediable.               

          Por lo dicho, los cargos serán desestimados.   

                En mérito de lo expuesto,  la  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia  en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

No casar la sentencia recurrida.  

Cópiese, cúmplase y devuélvase al Tribunal  de origen.   

         CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

No hay firma  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                              JORGE     A.    GÓMEZ  GALLEGO   

ÉDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                          ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                                                                    

NILSON   E.  PINILLA  PINILLA                            MAURO   SOLARTE   PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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