15720oct

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15720  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.   JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

Aprobado acta N° 186  

Bogotá  D.C., treinta y uno (31) de octubre  de dos mil (2000).   

          V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  MIGUEL ALFONSO CUBILLOS MAYORGA.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.-   El  2  de  junio  de 1996, en una  vivienda  del  Barrio San Pedro de Bogotá, se llevaba a cabo una reunión en la  que  se  presentó  un  altercado  entre  varios  sujetos,  dentro  los  que  se  encontraba      Miguel      Alfonso      Cubillos  Mayorga,  de una parte, y John Jairo Vargas Niño, de  la  otra,  lo que llevó a que éste huyera precipitadamente del lugar, habiendo  sido  alcanzado  a  la altura de la calle 81 bis, frente al número 18-45, lugar  en  el  que  luego  de  ser  golpeado,  repetidamente,  por  un  grupo  de cinco  individuos,  recibió tres puñaladas con arma cortopunzante, que le ocasionaron  la muerte.   

2.-     Capturado    Cubillos  Mayorga, el 14 de noviembre de  1996  se  inició  la  investigación,  la  que  concluyó  con  resolución  de  acusación  proferida  el  6  de  marzo  de  1997,  en  la  que  se  decretó el  rompimiento  de  la  unidad  procesal  con relación a los demás copartícipes,  entre  ellos,  David Orlando Hernández Herrera, a quien igualmente se sindicaba  de  coautor  de  los  hechos,  para  que  se prosiguiera la investigación en su  contra.   

Así  las  cosas,  el Juzgado 47° Penal del  Circuito  de  Bogotá,  mediante  sentencia  del 21 de julio de 1998, condenó a  Miguel    Alfonso    Cubillos   Mayorga  a la pena principal de 40 años de prisión y a las accesorias de  rigor, como autor del delito de homicidio agravado.   

Apelado el fallo por el defensor, el Tribunal  Superior  de  Bogotá, mediante sentencia del 9 de octubre de 1998, lo confirmó  en su integridad.   

Contra  esta sentencia su defensor interpuso  el recurso extraordinario de casación.   

         LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Formula   el  demandante  un  primer  cargo  al  amparo  de  la causal  tercera  del  220  del  C.  de  P.P.,  invocando  la  comisión  de  un vicio de  procedimiento   por   parte   del   instructor,   que   afectó  de  nulidad  la  actuación.   

Comienza  la argumentación manifestando que  “desde  las  diligencias  preliminares” se estableció con las declaraciones  de  la  madre  del  occiso,  Amparo  Vargas  Niño, y las de Gloria Inés López  Babativa  y   Sandra  Milena  Agudelo  Toro,  que quien dio muerte a Vargas  Niño,  “sin lugar a dudas”, fue el señor David Orlando Hernández Herrera,  por  lo que se ordenó su vinculación al proceso y se dispuso e insistió en su  captura.   

Luego  señala que no encuentra “la razón  de  ser”  del  rompimiento  de  la  unidad  procesal  y  que  no  se haya dado  cumplimiento  al  inciso  tercero  del  artículo  356  del  C.  de  P. P., pues  transcurrió   más   del   término   necesario   para  que  se  procediera  al  emplazamiento  del  sindicado  David  Orlando  Hernández Herrera, con lo que se  imposibilitó   que   fuera   sometido   a   juzgamiento  conjuntamente  con  su  defendido.   

Concluye:  

“La defensa considera que la situación  jurídico  procesal  de  DAVID  ORLANDO HERNÁNDEZ HERRERA, de quien no hay duda  fue  la  persona  que  apuñaleó  (sic) y dio muerte a JOHN JAIRO VARGAS NIÑO,  incide  protuberantemente en la suerte jurídico procesal de su defendido MIGUEL  ALFONSO  CUBILLOS  MAYORGA,  en  cuanto tiéndese a establecer en mejor forma la  conducta desplegada por este último la noche de los hechos.”.   

Por  este  motivo,  estima  que la garantía  constitucional  señalada  en  el  artículo  29  de la Carta Política resultó  quebrantada,  “en  lo  que  dice relación al debido proceso y al derecho a la  defensa”,  habiéndose  debido juzgar al “homicida” en el mismo proceso en  el que se condenó a Cubillos Mayorga.   

De  ahí que solicite, ante la presencia, en  su  criterio,  de la causal de nulidad alegada, casar la sentencia y decretar la  invalidación  del  proceso  para  que  se subsane la “anomalía de la ruptura  procesal”,  emplazándose  “en tiempo” a David Orlando Hernández Herrera,  “para  que sea juzgado en el mismo proceso en que se juzgó a mi procurado”,  debiéndose,  también,  ordenar  la  libertad  inmediata  e  incondicional  del  sentenciado.   

En  el  segundo  cargo  acude  el  demandante  a  la invocación de la  causal  primera  de  casación,  por ser la sentencia violatoria de una norma de  derecho  sustancial,  al  haberse  desconocido el principio de causalidad de que  trata el artículo 21 del C. Penal.   

Sostiene  el libelista que “en autos” se  estableció  que  la  muerte  de Vargas Niño no se produjo a consecuencia de la  acción  u  omisión  del  sentenciado,  sino  por  la  acción de David Orlando  Hernández  Herrera  quien  fue  la persona, según lo relatan los testigos, que  cuando  Vargas Niño cayó mareado a consecuencia del botellazo que le propinara  en  la cabeza Andrés “el Flaco”, lo tomó en el suelo, lo volteó y con una  navaja  “patecabra”   le  propinó  varias  puñaladas en el pecho, que  prácticamente le causaron la muerte.   

Este  hecho,  asevera,  se  realizó  con la  contribución  de  Andrés,  quien  con  el  botellazo  colocó a la víctima en  condiciones  de  indefensión,  sin  que  se hubiera hecho el menor esfuerzo por  identificarlo y vincularlo al proceso.   

Dice que no fueron las amenazas provenientes  de  Cubillos Mayorga, de ser  ciertas,  las que le ocasionaron la muerte a la víctima, ni los comentarios que  pudo  haber  hecho como “vámonos, dejemos que se muera esa gonorrea”, ni el  que  le  hubiere  propinado  al  hoy  occiso  alguna patada o trompada, sino las  mortales     puñaladas     provenientes    de    David    Orlando    Hernández  Herrera.   

Por ello, concluye, se ha mal interpretado la  norma  sustancial,  a saber, el artículo 323 del C. P., en la medida que no hay  “adecuación  típica  entre la conducta desarrollada” por el procesado y el  “enunciado   penal   normativo”,   es   decir,   insiste,  si  se  habla  de  “patadas”,   “trompadas”   o   “amenazas”,   estas  tienen  que  ser  establecidas  probatoriamente, de manera que determinen la intención del sujeto  activo,  esto es, que se quiso matar, pues no es lo mismo ser homicida que estar  en  el  escenario  del  crimen  o haber dado  unas trompadas o puntapiés o  haber  discutido  con  quien  después  resultó  muerto. “En este caso no hay  indicación  concreta  de  que  Cubillos Mayorga haya intervenido en producir la  muerte  de  Vargas  Niño. Se sabe con certeza que quien lo mató con una navaja  ‘patecabra’   fue   David   Orlando  Hernández  Herrera”.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia recurrida y absolver al procesado.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  presentada  por el defensor del  sentenciado,  no  reúne los requisitos de claridad y precisión que estatuye el  numeral  3°  del  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento Penal para su  admisión.   

En efecto, entre los desatinos en que incurre  y que impiden un estudio de fondo, se destacan los siguientes:   

    

1. En lo atinente al primer cargo, que  postula  por  la causal tercera, confunde la garantía del debido proceso con la  de  la  defensa, sin percatarse que han sido claramente diferenciadas por la ley  y  la  jurisprudencia,  pues en el primer caso se está en presencia de un vicio  de  estructura  y  en  el  segundo  de garantía, sin desconocer que hay eventos  excepcionales   en   que   con   la   irregularidad   se   quebrantan   los  dos  derechos.     

    

1. Así  mismo,  no  muestra  de qué  manera  la  ruptura  de  la  unidad procesal socavó la estructura del proceso o  afectó  las garantías del procesado, limitando la argumentación a afirmar que  Cubillos    Mayorga    y    Hernández   Herrera   han   debido   ser   juzgados  conjuntamente.     

Es  preciso  reiterar  que aunque los cargos  aducidos  con  base  en  la  causal  tercera  permiten  alguna  amplitud para su  proposición  y  desarrollo,  el  escrito  en  que  se  postulen  no es de libre  formulación  sino  que,  como  en  las  demás  causales,  deben cumplirse unos  insoslayables   requisitos,   cuya  inobservancia  impide  la  admisión  de  la  demanda.   

    

1. En  lo  que  respecta  al  segundo  reproche,  que  formula  por  la  causal  primera,  no  dice si opta por la vía  directa  o  la  indirecta  y  aunque  del desarrollo de la censura se deduce que  escogió  la  segunda,  no expresa cuál es la naturaleza del yerro cometido, si  de  hecho  o  de  derecho,  ni  el falso juicio que lo determinó, reduciendo la  disertación  a  aseverar  que  en  el  expediente  aparece  que el autor de las  puñaladas  que  causaron  la muerte de Jairo Vargas fue Orlando Hernández y no  Cubillos,  quien  apenas se limitó a propinarle algún puntapié o trompada y a  proferir  algunas  expresiones  contra  aquél,   que  no fueron las que le  produjeron la muerte.     

    

1. En  la  parte  final de la censura  abandona  el  cuerpo  segundo de la causal primera, cuando dice que se violó el  artículo  323 del C. P., por errónea interpretación, sentido que es propio de  la vía directa.     

    

1. Finalmente, y violando el principio  de  autonomía  de  las causales, se aparta de la primera, cuando reclama por no  haberse    adelantado   las   diligencias   pertinentes   para   identificar   o  individualizar  a  Andrés, alias “el Flaco”, censura que ha debido postular  de  manera  separada  y por la causal tercera, por quebrantamiento del principio  de investigación integral.     

Frente a los anotados yerros de la demanda y  dado  que a la Corte no le es permitido, en virtud del principio de limitación,  corregirlos,  se impone su rechazo, de acuerdo con lo dispuesto por el artículo  226 del Código de Procedimiento Penal.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

        R E S U E L V E   

RECHAZAR     IN    LIMINE   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Miguel   Alfonso   Cubillos  Mayorga.  En  consecuencia, se declara desierto el recurso extraordinario de  casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso   (art.   197   del   C.   de   P.P.).   Devuélvase   al   Tribunal  de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE                            JORGE    ANIBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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