15589(12-12-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15589  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

         

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro.  158  

         Bogotá, D.C., doce (12) de diciembre de  dos mil dos (2002).   

          Decide  la  Corte  sobre  la  demanda  de  casación  presentada en  defensa   de   GERMÁN   ALFREDO   MANCIPE   BARRERA  contra  la sentencia de fecha septiembre 1º de 1998,  por  medio  de  la  cual el Tribunal Superior de Bogotá revocó la de carácter  absolutorio  dictada a favor del procesado por el Juzgado 3º Penal del Circuito  de  Bogotá,  para  condenarlo  a  las  penas principales de cuatro (4) años de  prisión  y  multa  de  cincuenta  (50) salarios mínimos legales mensuales como  autor del delito concusión.   

HECHOS  

          La   investigación  se  inició  con  ocasión  de la denuncia formulada por Jaime Alberto Cerón Palomeque, apoderado  de  la  Empresa  de  Telecomunicaciones  de esta ciudad, en la que informó a la  Fiscalía  General  de  la Nación que GERMÁN ALFREDO  MANCIPE   BARRERA,   analista   de  la  Sección  de  prestaciones  sociales  y  de  nómina  de  la  mencionada entidad distrital, le  había  solicitado a Patricia Wilson Londoño, también empleada de la misma, la  suma  de  un  millón  de  pesos  a  cambio de agilizarle la liquidación de las  cesantías  parciales  solicitadas  para  abonar  a  la  obligación hipotecaria  adquirida  con  una  entidad  bancaria, exigencia que esta última sostuvo haber  aceptado.   

         De  acuerdo con el relato de la citada,  en  el  mes  de  febrero de 1996, dando cumplimiento a lo convenido, la empleada  doméstica  le entregó a MANCIPE BARRERA la  suma  de  seiscientos  cincuenta  mil  pesos,  y el 15 de marzo  siguiente  le  fue  cancelada  la  prestación  social  adeudada.   Relató  también  que  el  procesado  durante  los  días  posteriores se comunicó a su  residencia  para  reclamar  el  saldo  restante,  advirtiéndole  que  de no ser  sufragado  sería  incluida  en  el  reporte  de  los trabajadores que omitieron  justificar la inversión de las cesantías.   

  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.   La  Fiscalía  196 Delegada ante los Juzgados Penales del  Circuito   de   Bogotá   abrió  la  investigación,  admitió  la  demanda  de  constitución  de  parte  civil, escuchó en indagatoria al imputado   MANCIPE   BARRERA   y  resolvió  su  situación  jurídica  el  17  de  octubre  de 1996, afectándolo con detención  preventiva   sin   beneficio   de   excarcelación  como  autor  del  delito  de  concusión.   

          En  providencia  de noviembre 1º de 1996, el instructor mantuvo la  medida  de  aseguramiento  al  resolver el recurso de reposición y concedió la  alzada  interpuesta  por  la  defensa  con carácter subsidiario.  El 27 de  diciembre  de  1996,  la  Fiscalía  Delegada  ante los Tribunales Superiores de  Bogotá y Cundinamarca confirmó la decisión impugnada.   

          Cerrada  la investigación y agotado el traslado para presentar las  alegaciones  correspondientes,  el director del sumario dictó la resolución de  fecha  julio  22  de  1997, por medio de la cual elevó acusación en contra del  sindicado     MANCIPE     BARRERA     como  autor  del  delito concusión, definido para la época de los  sucesos  en  el  artículo  140 del anterior Código Penal, subrogado por la Ley  190  de  1995  (fs.  383  a  393,  cd. 1).    En  providencia  de septiembre 11 de 1997, la Unidad  de  Fiscalía  Delegada ante los Tribunales Superiores de Bogotá y Cundinamarca  confirmó  el  proveído  enjuiciatorio,  fecha  en  la que alcanzó entonces su  ejecutoria.   

          2.   El  Juzgado  3º Penal del Circuito de Bogotá inició la  etapa  del juicio y una vez celebrada la audiencia pública, en fallo de mayo 29  de   1998   absolvió   al  procesado  del  cargo  imputado  en  la  providencia  enjuiciatoria.    Inconforme   el  apoderado  de  la  parte  civil  con  el  pronunciamiento  conclusivo  de  primera  instancia,  interpuso  el  recurso  de  apelación  que  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  desató  en  sentencia  de  septiembre  1º  de  1998,  a  través  de  la  cual revocó en su integridad la  absolución   para   condenar  al  procesado  MANCIPE  BARRERA    a    las    penas   principales   atrás  precisadas.   LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de  la causal primera de casación, cuerpo segundo, del  artículo  220  del anterior Código de Procedimiento Penal, el defensor plantea  un  único  cargo  en  el  que  acusa  la sentencia de segundo grado de resultar  violatoria  en  forma indirecta de la ley sustancial por aplicación indebida de  los  artículos 36 y 140 del anterior Código Penal, modificado este último por  el  artículo  21  de  la  Ley  190 de 1995, como consecuencia de los errores de  hecho  por  los  falsos  juicios  de  existencia  e  identidad  cometidos  en la  apreciación de las pruebas.   

          Cita  como normas medio infringidas los artículos 185, inciso 1º,  246,  247  inciso  1º, 248, 254, 259, 274, 275, 278, 282, 291, 294, 300 a 303 y  445   del   Código  de  Procedimiento  Penal,  para  agrupar  seguidamente  los  desaciertos del ad quem de acuerdo con su específica naturaleza.   

    

1. Errores de hecho por falso juicio de identidad.     

         En este apartado del libelo el defensor  aduce  que  el fallador omitió la apreciación de algunos medios demostrativos,  dislate  por  virtud  del cual dio por demostradas situaciones que incidieron en  la decisión final.   

          1.1   Plantea   en   primer   término,   que   prescindió  de  la  certificación  y  del extracto del crédito hipotecario contraído por Patricia  Wilson  con  la  Corporación  Las  Villas,  donde  consta que el apartamento de  propiedad  de  aquella  se  encontraba  hipotecado, la obligación a su cargo en  mora   y que la entidad bancaria había iniciado un proceso ejecutivo en su  contra.    Recuerda  después  que la trabajadora Wilson Londoño para  justificar  la  solicitud  de  cesantías  parciales  anexó la constancia de la  Corporación  donde  se  indicaba  que  para tal época presentaba cuatro cuotas  adeudadas  por  un  valor  total  de  $1.981.261;  asimismo, que el 27 de agosto  canceló  $5.567.400  para  cubrir  el saldo vencido hasta febrero de 1996, así  como  las  cuotas correspondientes a los meses de marzo a agosto del mismo año,  razón  por  la  cual  fue  levantado  el  embargo  que pesaba sobre el inmueble  mediante  oficio  de octubre 15 de 1996, según consta además en el certificado  de tradición y libertad incorporado a las diligencias.   

          El  censor  pone  de presente seguidamente que con tales documentos  el  fallador  habría  concluido  que  la  urgencia  argüida por la trabajadora  Wilson  Londoño  para  solicitar  y  pagar  la agilización del trámite de sus  cesantías  carece  de  realidad,  pues  efectuó  el  pago  de  la  obligación  hipotecaria  casi  medio  año después de disponer del dinero que la empresa le  abonó  para  dicho  efecto,  más  aún,  luego  que  la  entidad empleadora le  entregara  los recursos correspondientes al plan de retiro al cual se acogió en  forma voluntaria.   

          Reseña   las   explicaciones  de  la  trabajadora   Wilson   Londoño   ante   la   Fiscalía  y  el  Departamento  de  Investigaciones  de la Empresa de Teléfonos de Bogotá, para colegir que faltó  a  la  verdad  en  varios  aspectos  de  su dicho, en concreto, al argumentar la  urgencia  en  el  pago  del  crédito  hipotecario,  pues en este evento habría  efectuado  el  abono  en el mes de marzo de 1996 luego de disponer del dinero de  las  cesantías  parciales;  asimismo, en el afirmado pago de la obligación con  el  producto  de tal prestación, toda vez que lo hizo tras recibir los recursos  del  plan de retiro voluntario, como también, cuando en la declaración rendida  el  21  de  agosto de 1996 sostuvo que para ese momento se había puesto al día  en  el  obligación,  porque  a  ello  procedió el 27 de los mismos mes y año,  conforme  lo  admitió  incluso en diligencia de septiembre 18 de tal anualidad,  esto  es,  al  día  siguiente  de la denuncia entablada por los hechos y cuando  había   transcurrido   medio   año   desde   el   trámite   de   la   aludida  prestación.   

          En  lo  atinente a la trascendencia del yerro acusado, el libelista  indica  que radica no sólo en las incongruencias de la deponente de cargo, sino  en  “poner  de  relieve  que  sobre  este vital punto  descansa   toda   la   motivación   que   hubiera   podido   tener”  la  supuesta  afectada para pedir y cancelar una suma a cambio de  la  agilización  del  trámite  de  las  cesantías; y añade más adelante con  idéntica  orientación,  que  atenta  contra  el  sentido  común  “que  tuviera  que  someterse a solicitar y pagar cuantiosamente un  favor  de  esta  características,  si  se  comprueba  que  no  lo  usa  para la  transacción  que  expone  en su solicitud, ni lo hace tampoco para la época de  su presunta urgencia”.   

          El  Tribunal  dio  por demostrado además que la trabajadora Wilson  Londoño  accedió  a  la  propuesta  que le atribuye a Mancipe Barrera, ante el  riesgo  de  ver  dilatada  la  liquidación  de  las  cesantías, cuando resulta  evidente  que este detalle no le importaba porque ningún afán tenía en abonar  los  dineros  a  la  Corporación  Las  Villas.  En estas condiciones, arguye el  libelista,  el sentenciador no puede colegir que se sintiera presionada o urgida  ante  el embargo del apartamento; menos aún, que efectuara el abono al crédito  en  mora con las cesantías parciales, toda vez que se evidencia la realización  de dicho pago con los recursos del plan de retiro voluntario.   

          1.2   El  Tribunal  también  ignoró el testimonio de Gladys  Beatriz   Urrego   de   Franco,   quien   cuidó   al   procesado   MANCIPE  BARRERA durante la incapacidad  padecida  entre  el  8  de  febrero  y  el  6 de marzo de 1996, por causa de una  enfermedad  “que  le  dificultaba  en  grado extremo  movilizarse  y  debía  tener  inmovilizada  su  extremidad en alto”.   También  relató en la audiencia pública que acompañó  al  citado al Seguro Social el 4 de marzo de la anualidad referida, cuando se le  amplió  la  incapacidad  y  que  fue  ella  quien  llevó  tal  documento a las  dependencias de la Empresa de Teléfonos de Bogotá.   

         

         El yerro denunciado surge trascendente  porque  el  fallador  ad  quem  asumió  que  el  sindicado  por  cuenta  de  la  incapacidad  se  trasladó  en dos ocasiones al lugar de trabajo a presentar las  certificaciones  respectivas,  y  que  por  lo  menos  en  alguna  de  ellas  se  entrevistó    con    la    víctima    Wilson   Londoño   para   constreñirla  posteriormente.    

         2.   Errores  de  hecho por falso  juicio de identidad.   

         El   demandante  acusa  que  el  Tribunal  incurrió  “en  distorsión  en  su  contenido  material  y  violaciones a la  lógica  y  el  sentido  común  en  la  interpretación de algunas pruebas y el  consecuente  falseamiento de su expresión fáctica”,  con  tal  trascendencia  que  de  no  haberse  presentado  estos  desatinos  las  conclusiones   del   fallador   habrían  sido  totalmente  distintas.   El  error  recayó en las pruebas seguidamente relacionadas.   

         2.1   En  la apreciación de la indagatoria, su ampliación y  el  interrogatorio  rendido  en la audiencia pública, diligencias en las que el  procesado     MANCIPE     BARRERA    atestó   no   haber   tenido  participación  en  el  trámite  y  liquidación  de  las  cesantías  parciales  de  la  supuesta  afectada  Wilson  Londoño,  ni exigido una dádiva por esa solicitud radicada el 29 de febrero de  1996  y  a  la  que  accedió  la entidad el 1º de marzo siguiente, entre otras  razones,   por   encontrarse  incapacitado  y  en  consecuencia  ausente  de  la  empresa.    

         El  ad  quem consideró que no eran de  recibo  las  anteriores  justificaciones,  porque el acriminado en sus descargos  afirmó  que  concedida  la  incapacidad  y  extendida  la  misma por tres días  adicionales,  tuvo  que  ir al lugar de trabajo en dos ocasiones a presentar las  certificaciones  correspondientes,  para colegir entonces que en una de ellas se  entrevistó  con  la señora Wilson Londoño para acordar la agilización de sus  cesantías.   Transcribe a continuación fragmentos del dicho del sindicado  para  esclarecer  que  éste nunca aseguró tal cosa, pues relató que acudió a  la   empresa  el  7  de  marzo  cuando  su  escritorio  se  encontraba  sellado.   

         2.2.  El actor indica que la Jefe  de  prestaciones  sociales  y  nómina  de  la  Empresa de Teléfonos de Bogotá  acredita  un  informe  de  incapacidades  de  MANCIPE  BARRERA,  de  quien  señala  que permaneció en esa  situación  del  28 de febrero al 1º de marzo de  1996, inclusive, y del 4  al 6 de marzo del mismo año.   

         La   apreciación   de   tal   medio   demostrativo   traduce   un  contrasentido,  en  opinión  del  censor,  porque  el  Tribunal  admite  que el  acriminado  no laboró en las fechas precisadas y sin embargo le endilga que por  conocer   el  manejo  administrativo  de  la  entidad  liquidó  las  cesantías  parciales  de  la  empleada  Wilson  Londoño  precisamente  durante el lapso de  incapacidad, lo que constituye un error de lógica.   

         Por  otra  parte,  el  libelista  insiste  en  que el procesado no  acudió  a  la  empresa  a  llevar  las constancias de las incapacidades y, más  aún,   que   en  tal  evento  dicha  demostración  resultaría  en  todo  caso  intrascendente.  Lo anterior, porque la primera habría sido presentada el 28 de  febrero,  esto  es,  cuando la trabajadora Wilson Londoño no había formalizado  aún  la  solicitud de cesantías parciales, mientras que la segunda oportunidad  habría  sido  el  4  de  marzo,  fecha  para la cual ya había sido expedida la  resolución  que  ordenaba  el  pago de dicha prestación, datada el día 1º de  los  mismos  mes y año, elaborada por Carolina Orduz Iglesias, de manera que si  algún   error  se  consolidó  en  la  liquidación,  le  es  atribuible  a  la  mencionada,     no     al     imputado     MANCIPE  BARRERA.   

         Adicionalmente,  para el 4 de marzo la trabajadora Wilson Londoño  había  sido  citada  por  la tramitadora Orduz Iglesias para que compareciera a  notificarse   de   la  resolución  correspondiente,  requisito  necesario  para  efectuar  el  pago  de las cesantías parciales el día 15 siguiente.  Esta  situación  es  plenamente  concordante además con las exigencias de la empresa  para  este  tipo  de procedimiento, como lo pone de presente el censor a través  de la reproducción de un aparte de la solicitud respectiva.   

         Por  el desatino acusado, el Tribunal desconoció que el sindicado  fue  ajeno  a  la  expedición  de  dicho  acto  administrativo  y  al  trámite  precedente,  como  se confirma con la declaración de la supuesta afectada, pues  de  acuerdo con su dicho el sindicado MANCIPE BARRERA  tuvo  conocimiento  de  la  solicitud  de cesantías  parciales aproximadamente a los diez días de su radicación.   

         2.3   El  ad  quem  concluyó  que la solicitud de cesantías  parciales  fue  tramitada  y  liquidada  por  el  acriminado, no sólo porque la  trabajadora  Wlison  Londoño  adujo  que le solicitó la agilización del pago,  sino   también  porque  Carolina  Orduz  Iglesias  atestiguó  no  recordar  la  elaboración   de  la  resolución  respectiva  y  que  en  la  liquidación  de  cesantías    compartidas    o    con    embargos    le   ayudaba   MANCIPE   BARRERA   pues  carecía  de  experiencia en dichos asuntos.   

El Tribunal también destaca de la versión  rendida  por  la  citada  Orduz  Iglesias las referencias a la amistad existente  entre  el  acusado  y la trabajadora Wilson Londoño, al conocimiento que aquél  tenía  de  todos  los  procedimientos,  quien  incluso  en  el  año de 1995 le  liquidó  una  similar  petición  y que posiblemente aconteció lo mismo con la  radicada  el  29  de febrero de 1996, pues en varias oportunidades el acriminado  le  colaboró  con  la  liquidación  para  limitarse  la  testigo  a  firmar la  aprobación necesaria para el pago.   

         El  libelista  critica  las  conclusiones  del fallador, porque la  deponente  Cruz  Iglesias  no  le  endilgó  la  autoría de esa liquidación al  sindicado.   Por  otra  parte,  se  limitó a expresar su opinión sobre el  trato   entre   este   último   y  la  señora  Wilson  Londoño,  “enmarcándolo    dentro    de    ese    contexto    general    de  trabajo”,      pero      nunca      “afirmó  que  hubiera ocurrido…durante el trámite”    de    las    cesantías   parciales,   y   como   MANCIPE   BARRERA   liquidó  las  que  solicitó   aquella   en   abril  de  1995,  bien  pudo  referirse  “al   trato   que   en   esa   oportunidad   tuvieran”, a juicio del recurrente.   

         El  censor  insiste  aquí  una  vez  más  en  la incapacidad del  sindicado  para  la  fecha  del respectivo trámite, que en su opinión descarta  cualquier  ingerencia suya en el mismo.  Agrega ante las ambiguas alusiones  de  la  declarante  Orduz Iglesias a la liquidación de las cesantías parciales  de  la  trabajadora Wilson Londoño, que resulta entendible que no quiera asumir  la  responsabilidad ante el error cometido, pues se le computó un pago mayor al  que  tenía  derecho,  que  es  más  probable  que  lo  hubiese  cometido ella,  precisamente   por   la   admitida   incompetencia  en  el  desempeño  de  esas  funciones.   

         Por    lo   anterior,   concluye   el   demandante,   “se  está  alargando  el  ad  quem  en  la  interpretación de la  prueba,  por  el  esfuerzo en darle la medida para adaptarla a la deposición de  Patricia Wilson”.   

         2.4   El  Tribunal desconoció las reglas de la sana crítica  al    determinar   la   credibilidad   del   testimonio   de   Patricia   Wilson  Londoño.    En  la  sustentación  del  ataque  el  censor transcribe  algunos  fragmentos  de  su dicho para evidenciar de este modo las discordancias  que  advierte  en  sus apariciones en autos, como también la falta de veracidad  cuando  afirmó  haber  contactado al procesado para obtener la agilización del  trámite  de  su  solicitud  de  cesantías  parciales, pues el 29 de febrero de  1996,  fecha  de  la  liquidación, fue enterada por Carolina Orduz Iglesias que  debía  comparecer  al día siguiente a notificarse para habilitar el pago el 15  de  marzo  del  mismo año.   Así las cosas, atenta contra la lógica  que  acudiera  al  sindicado  cuando  sabía a ciencia cierta que la prestación  reclamada le sería cancelada.   

         Más  adelante  reitera  el  falseamiento  del primer intervalo de  incapacidad  del  acriminado,  y vuelve nuevamente sobre la fecha en que se hizo  el  abono  a la obligación hipotecaria en mora de la peticionaria, “lo  que  convierte  en  una  quimera  su pretendida urgencia para  solicitar un favor de agilización”.   

         Tratándose  de  la entrega del dinero al acusado, el casacionista  resalta  que  la  deponente Wilson Londoño en la primera intervención en autos  aseguró  que a nadie le constaba el cumplimiento de la ilícita exigencia, pero  en  la  segunda  declaración  “trae a colación a su  doméstica  María  Ercilia Lemos Velasco”.  Por  lo  anterior,  el Tribunal incurre “en error de hecho  por  falso  juicio de identidad…por omisión parcial en la valoración de este  aspecto”,  que  desvirtúa  la versión de aquella y  pone en entre dicho la versión de su empleada.   

         2.5.   El  Tribunal infringió las reglas de la sana crítica  al  apreciar  las  declaraciones  de  María  Ercilia Lemos Velasco.  En el  desarrollo  del  reparo  el impugnante afirma que tal medio demostrativo resulta  “indigno  de  crédito y de aceptación”  por  las  comentadas  incoherencias  de  su  empleadora sobre la  ausencia  de  testigos  de  la entrega del dinero al procesado, máxime ante las  contradicciones  graves  que encuentra en sus versiones, específicamente, en lo  relacionado  con  las  circunstancias  en las cuales le fue entregado el sobre a  MANCIPE  BARRERA  con la  suma  exigida y a la mediación para ello de uno de los celadores, discordancias  que   el  censor  se  esfuerza  por  demostrar  a  través  del  correspondiente  cotejo.   

         Al  tenerse  como  probado  entonces  que  por orden de la señora  Wilson  Londoño  su  empleada  entregó  el  dinero a través de un portero del  edificio,  añade  en  este  punto,  el  Tribunal  cometió un error de lógica,  atesta  el  casacionista,  pues  resulta  absurdo  que  se  procediera  de dicho  modo.   

         3.           Errores de hecho sobre la prueba indiciaria.   

         El  libelista  considera  que  el Tribunal construyó los indicios  sobre   suposiciones   tomándolos   como  hechos  indicadores,  de  manera  que  resultaron   “falsamente  interpretados” los puntualizados a continuación.   

         3.1  Indicio de mentira o falsa justificación.   

         El  ad  quem  colige  que  el  sindicado  falta a la verdad cuando  afirma  no  haber  recibido  dinero a cambio de agilizar el trámite de las  cesantías,  así  como  al  negar  la  visita  al apartamento de la trabajadora  Wilson  Londoño  y  la  amistad  con  ella, aspecto este último desmentido por  Carolina  Orduz  Iglesias;  sin  embargo,  en  tales  conclusiones  parte de los  testimonios  objetados  de  la  citada  y  su  empleada  Lemos  Velasco, en cuya  crítica persiste el demandante.   

         3.2  Indicio de presencia.   

         Lo  sustenta  el  juzgador  en  la  declaración de Carolina Orduz  Iglesias  quien  vio  al  acusado conversar con la señora Wilson Londoño en la  empresa;  pero  además,  en  que  ésta  y su empleada doméstica atestiguan la  presencia  del acriminado en el apartamento de la primera.  No obstante, se  distorsionó  el  sentido  de  la versión de la testigo Orduz Iglesias, pues no  sitúa  tales  conversaciones en la época para la cual fue elevada la solicitud  parcial    de    las    cesantías.     Más    aún,   como   MANCIPE  BARRERA  liquidó las pedidas  por  su acusadora Wilson Londoño en abril de 1995, el impugnante plantea que la  deponente pudo aludir al trato de esa oportunidad.   

         Resalta  por  otra parte que como consecuencia del falseamiento en  la   incapacidad  del  acriminado,  el  fallador  insiste  en  la  presencia  de  MANCIPE  BARRERA  en  la  empresa  a  pesar  de  haberse  acreditado  que no laboró para esos días, pero  además  que  cualquier  encuentro de aquél con la peticionaria Wilson Londoño  luego  de  su  reintegro  el  7 de marzo para obtener agilidad en el pago de las  cesantías   resultaba   inane,   toda   vez   que  para  tal  fecha  ya  estaba  programado.   

         2.3  Indicio de la oportunidad para delinquir.   

         Lo  edificó  el juzgador en el conocimiento que tenía el acusado  de  las  funciones inherentes a su cargo, empero sin advertir las circunstancias  en  las  cuales  se  encontraba  para tal época, esto es, incapacitado y por lo  tanto ajeno a cualquier asunto de trabajo.   

         Nueva situación probatoria.   

         Bajo   el   anterior   epígrafe  el  censor  concluye  que  está  demostrado  en  autos  que  Patricia  Wilson  Londoño  radicó  la solicitud de  cesantías  el  29  de  febrero de 1996, prestación liquidada en la misma fecha  por  Carolina Cruz Iglesias, quien le avisó que debía comparecer a notificarse  y  elaboró  la  resolución respectiva el 1º de marzo siguiente, procedimiento  efectuado   dentro   de   los   parámetros   estatuidos   por   la  empresa  de  teléfonos.    Entre   tanto,  con  anterioridad  el  acusado  MANCIPE  BARRERA fue incapacitado desde  el  28 de febrero hasta el 6 de marzo de 1996 inclusive, de manera que cuando se  reintegró  el  día  7  de  los  mismos  mes y año su escritorio se encontraba  sellado.   

         Posteriormente,  cuando  la  empleada Wilson Londoño se encuentra  próxima  al  plan de retiro voluntario, se detecta el mayor valor cancelado por  el  auxilio de cesantías y ante las presiones del Jefe de Prestaciones sociales  de  la  Empresa  de  Teléfonos  de  Bogotá, rinde la declaración en la que le  atribuye    a    MANCIPE    BARRERA   la  exigencia  que  originó  la presente investigación.  No  obstante   lo  anterior,  esto  es,  de  resultar  involucrada  en  esos  graves  acontecimientos,  la  conciliación se concreta y recibe una elevada suma por su  desvinculación   de  la  entidad,  dineros  con  los  que  cancela  las  cuotas  pendientes  de  la  obligación  hipotecaria  adquirida  con la Corporación Las  Villas.   

         Señala  el  actor  de  igual  modo,  que  denunciados  los hechos  penalmente,  sobrevienen  las contradictorias declaraciones de la señora Wilson  Londoño  y  las insistentes alegaciones de inocencia del sindicado, de quien no  puede  sostenerse que elaboró la liquidación y puso a firmar a Carolina Orduz,  máxime  que  las  declaraciones  sobre  la  entrega del dinero han sido puestas  seriamente en entre dicho.   

         Lo   que   se   observa  entonces,  aduce  el  impugnante,  es  la  persecución  de  la que fue víctima el procesado por los altos funcionarios de  la  Empresa de Teléfonos de Bogotá; como también una duda insalvable frente a  la  cual no se puede deducir con certeza el delito ni la responsabilidad, que no  puede ser dilucidada.   

         Con  los  anteriores  fundamentos  solicita a la Corte que case el  fallo  impugnado  y  absuelva  al  procesado  MANCIPE  BARRERA.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

         El  Procurador  Tercero  Delegado advierte que en un solo cargo el  censor  acusa  la violación indirecta de la ley sustancial por errores de hecho  originados  en falsos juicios de existencia y de identidad en la apreciación de  algunas pruebas.   

         Tratándose   de   los   primeros,   acusa   que   se  ignoró  la  certificación  y  el  extracto  del  crédito  hipotecario  de  Patricia Wilson  Londoño  con  la Corporación Las Villas; sin embargo, si bien es cierto que en  la  sentencia impugnada en manera alguna se contempló el contenido de la prueba  aludida,  tal  omisión resulta intrascendente “en la  medida  en  que  su  base  fundamental  no  sería  desvirtuada si fuese posible  establecer  que  la  señora  Wilson  no  tenía la urgencia declarada, ni logra  demostrar   que   la   exigencia   indebida   que   le   hizo  Mancipe  no  tuvo  ocurrencia”.    

         Por lo anterior, el Delegado considera  que  la  censura  se  desvía  a  aspectos  sin  incidencia  para  acreditar  la  participación  del sindicado en el delito investigado, porque en todo caso, los  testimonios  y  documentos  aportados  al  proceso  revelan  que la solicitud de  cesantías  parciales  fue  presentada en la fecha indicada, y si la trabajadora  Wilson  Londoño empleó los dineros para propósitos distintos a los señalados  en   su  petición,  tal  circunstancia  en  nada  modifica  el  núcleo  de  la  imputación    erigida   en   contra   de   MANCIPE  BARRERA.   

         Ahora  bien, a pesar que con la prueba omitida se demuestra que la  deponente   Wilson  Londoño  incurrió  en  inconsistencias  en  las  versiones  rendidas  en  autos,  en  nada se afecta tampoco la demostración de la conducta  delictiva,  pues  la  citada  para  esa  época  enfrentaba  múltiples procesos  ejecutivos  que  delatan  una difícil situación económica. Adicionalmente, el  libelista  comete la impropiedad de abandonar el falso juicio de existencia para  realizar  un  enfrentamiento  de su criterio personal acerca de la ocurrencia de  los  hechos,  con  la  aspiración  de  hacerlo  prevalecer  al  expuesto por el  Tribunal en el fallo atacado.   

         El  cargo  atina  en cambio, en el otro elemento probatorio que el  demandante  acusa  omitido,  esto  es, el testimonio de Gladys Beatriz Urrego de  Franco,  quien  en  la  audiencia  pública atestiguó que el 4 de marzo de 1996  entregó  en  las  dependencias  de  la  Empresa  de  Teléfonos  de  Bogotá el  certificado  de  prórroga de la incapacidad médica, pues al ignorar este medio  demostrativo,  el  Tribunal  dio  por  demostrado  que  el  inculpado le hizo la  indebida  exigencia  económica  a Patricia Wilson Londoño durante el tiempo de  ausencia  laboral,  concretamente,   cuando acudió a presentar el referido  documento.   En otros términos, concibió la realización de un suceso que  únicamente  se  encuentra  en  la imaginación de los funcionarios judiciales y  que apuntalan con la distorsión de otro elemento de prueba.   

         En  efecto,  el  fallador ad quem sostuvo que el procesado aceptó  en  sus  descargos  haberse  trasladado  en  dos  oportunidades  a la Empresa de  Teléfonos  de  Bogotá  a  llevar  las  incapacidades,  afirmación carente por  completo  de  respaldo  probatorio,  conforme  se  establece  a  través  de  la  revisión  de  sus intervenciones en autos.  Por el contrario, el sindicado  MANCIPE BARRERA de manera  enfática   sostuvo   que  no  concurrió  a  la  entidad  dentro  del  período  mencionado.   

         En  síntesis, en opinión de la Procuraduría le asiste razón al  libelista  cuando  concluye  que  la omisión del testimonio de Gladys Urrego de  Franco  y  la  distorsión  del  contenido  de  las  afirmaciones  del procesado  llevaron  al  Tribunal a suponer hechos carentes de verificación en autos, como  la  presencia  del  incriminado en el lugar de trabajo durante el período de la  incapacidad    y   que   la   exigencia   ilícita   la   efectuó   por   tales  días.    Estas  dos  inferencias  del  ad  quem, agrega el Ministerio  Público,  no  tienen  apoyo  en  elemento  de  persuasión  alguno y obedecen a  simples  conjeturas.   Tampoco  podría  decirse  que  son  producto  de la  construcción  lógica  de  un  indicio,  habida  cuenta  de la ausencia de base  probatoria  que  no  permite conocer siquiera cuál sería el medio que contiene  el  hecho  indicador.   Así  las  cosas,  resulta  forzoso concluir que el  recurrente  logró demostrar errores de hecho por falsos juicios de existencia y  un  falso juicio de identidad, que se concretaron en la violación del artículo  445  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  por  exclusión  evidente,  con la  consecuente   aplicación   indebida   del  artículo  140  del  Código  Penal,  modificado por el 21 de la Ley 190 de 1995.   

         En  cuanto a las restantes alteraciones que el recurrente señala,  indica  que  a  través de ellas se dedica a combatir el valor de que a cada uno  de  los  respectivos  medios  probatorios  le  asignó  el  Tribunal,  ejercicio  “que escapa del rigor técnico de la causal invocada  que  exige  la  demostración de errores de tal magnitud que tornen en ilegal el  fallo demandado”.   

         En   efecto,  tratándose  de  la  constancia  de  la  incapacidad  médidca,  el  recurrente  no  acusa  la tergiversación de su contenido, que no  ocurrió  además  en la medida que el Tribunal admitió que el procesado estuvo  enfermo  durante  el  tiempo  señalado  en  ella.   En  lo  atinente a los  testimonios  de  Carolina  Orduz  Iglesias,  Patricia  Wilson  Londoño y María  Ercilia  Lemos  Velasco,  es  notorio que el censor de manera extensa critica el  grado  de  credibilidad que les fue conferido; y finalmente, igual ocurre con el  reproche  elevado  a  los indicios, pues no identifica sobre qué elemento de su  estructura  recae el yerro y en tales condiciones mal puede establecerse si hubo  alteración  de la prueba del hecho indicador o el desconocimiento de las reglas  de  la  sana  crítica  en la elaboración del raciocinio lógico o al fijar las  respectivas  conclusiones,  inconsistencia  que  no dan al traste con la censura  porque  pueden  entenderse como un argumento adicional encaminado a presentar la  realidad probatoria modificada por el fallo.   

         Apunta  finalmente,  que  el  estado  de  duda  tiene origen en la  deficiente  investigación,  que  no  se  orientó  a establecer si MANCIPE  BARRERA se hizo presente en la  compañía  telefónica  dentro  del  período  de  la  incapacidad, y si en ese  momento  tuvo  algún  contacto  con  la  víctima  Wilson  Londoño  o  con  la  documentación   presentada   para   respaldar   la   solicitud   de  cesantías  parciales.   

         Por  lo  anterior,  la  Procuraduría  sugiere  casar la sentencia  impugnada y proferir la sustitutiva de carácter absolutorio.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

         La  Corte  debe  examinar en forma conjunta los desaciertos que el  demandante  le  atribuye  a  la  sentencia  impugnada,  no  sólo  por  haberlos  compendiado  en  el  único  cargo  planteado  en esta sede con el propósito de  desquiciarla,  sino  también  porque a través de tales reparos alude a errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad y de  existencia, que asegura  fueron  cometidos  en  la  apreciación de las pruebas incorporadas al proceso y  que  de  acuerdo  con  el  pretendido  desarrollo  argumentativo  de la censura,  tendrían entonces una mutua relación y complemento.   

         1.    Partiendo  de  la  anterior  premisa,  sea  lo  primero  indicar,  como lo advierte además el representante del Ministerio Público, que  el  Tribunal  en  el  fallo  recurrido  no  se  refirió  de  ningún  modo a la  certificación  ni  al extracto del crédito hipotecario contraído por Patricia  Wilson  Londoño con la Corporación Las Villas. En el primer documento referido  consta  entonces  que  para  la  fecha  de  presentación  de  la  solicitud  de  cesantías  parciales  la  citada  registraba cuatro cuotas vencidas; mientras a  partir  del  segundo  se  establece  que  para  la  fecha  en  la cual le fueron  cancelados  los  dineros  por  dicho  concepto  no  realizó  abono alguno a esa  obligación  en  mora, que aparece registrado por la suma de $5.567.400 el 27 de  agosto  de  1996,  esto es, para la época en que la deudora obtuvo los recursos  provenientes  de  la  indemnización  por  el retiro voluntario de la Empresa de  Teléfonos de Bogotá.   

         Sin  embargo, como lo advierte también la Delegada, esta omisión  probatoria  carece  de  trascendencia,  primordialmente, porque no tiene entidad  para  desvirtuar  la  exigencia  económica  que  la trabajadora Wilson Londoño  afirmó  le  hizo el sindicado a cambio de agilizarle el respectivo trámite, ni  el   motivo   que   aquella   adujo   para  acceder  a  la  ilícita  propuesta,  concretamente,  la  necesidad de obtener dinero con prontitud porque existía un  embargo  sobre su apartamento; como tampoco, completamente por lo menos, como se  expondrá  más  adelante,  la  realidad  del  abono  que aquella sostiene haber  efectuado con los recursos obtenidos.   

         En  efecto,  con  apoyo  en  la  prueba  documental  y testimonial  incorporada  a los autos se discierne que la aludida solicitud de retiro parcial  de  las  cesantías  se  presentó el 29 de febrero de 1996 y que en verdad para  ese  momento  el  inmueble del cual era copropietaria la señora Wilson Londoño  tenía  pendiente  el  embargo decretado en el proceso ejecutivo interpuesto por  la  Corporación  Las  Villas, medida cautelar que de acuerdo con el certificado  de  tradición  y  libertad  había sido registrada desde el 19 de enero de 1995  (f.  40, c.1).  Así  las  cosas,  con  independencia de la fecha de realización efectiva del abono a  la  obligación  hipotecaria,  que  es  lo  discutido  en  el  libelo, mal puede  desconocerse  el  apremio  que tenía la mencionada trabajadora por proveerse de  recursos  para  saldar  las  deudas  pendientes,  no circunscritas además a las  surgidas de dicho crédito.   

         Ciertamente,  en  este  punto  tampoco  escapa  a  la  atención  de  la  Sala  la difícil situación económica que la  deponente  Wilson  Londoño  atravesaba  para  esa  época, toda vez que antes y  después  de  la  solicitud  y pago de las cesantías parciales, varios Juzgados  del  Distrito Capital habían comunicado a la entidad donde trabajaba el embargo  de  su  salario,  ordenado  en  los  procesos  ejecutivos seguidos en su contra.  Constan   entonces   en   autos,   con   tal  orientación,  las  comunicaciones  provenientes  de  los  Juzgados   1º, 10º, 27 y 36 Civiles Municipales de  Bogotá   (fs.   143   a   148,  c.  1).   

         Por  otra  parte,  nada  insólito resulta que a pesar del apremio  argüido  por la declarante Patricia Wilson Londoño como motivo para ceder a la  exigencia  que  le  atribuye  al  acriminado  MANCIPE  BARRERA,  hubiese  realizado  sin  embargo  el abono  correspondiente  a  la  obligación hipotecaria vencida varios meses después de  recibido  el  dinero  de  las  cesantías.  Lo anterior, desde luego, si se  entiende  que  ello  ocurrió  como  lo  atesta  el  recurrente, pues esta misma  situación  se  registró  con las cesantías parciales liquidadas también a la  mencionada  en resolución de agosto 30 de 1995, que junto con otras sumas sólo  imputó  al saldo pendiente del crédito el 27 de octubre siguiente, no obstante  que  para  la  fecha  de  dicha  solicitud respectiva tenía tres cuotas en mora  (fs.    133,    137    y   138,   c.1).   

         Abundando  en  consideraciones,  como  lo  destaca la Delegada, la  utilización  de  las  cesantías para propósitos distintos a los señalados en  la  petición  elevada  a  la empresa al reclamar la cancelación parcial de esa  prestación  social, de admitirse por cierta, desde ninguna óptica diluiría la  conducta  punible  investigada, consistente, insiste la Sala, en exigirle dinero  a  la  susodicha  Wilson  Londoño  a  cambio  de  agilizarle el correspondiente  pago.   

         Tampoco  encuentra  la Sala, como afirma el impugnante y admite la  Procuraduría   prohijando  los  razonamiento  de  aquél,  que  los  documentos  ignorados  pongan  de  presente  la inconsistencia de dos de las versiones de la  testigo  Wilson  Londoño, al menos no con la contundencia que se les atribuye y  en  cuanto  afirmó  que  con el dinero de las cesantías parciales canceladas a  mediados  de  marzo  de 1996 sufragó la deuda pendiente con la Corporación Las  Villas.  Efectivamente,  en  la  exposición  rendida  el  21  de  agosto  en la  actuación  disciplinaria  adelantada  por  la Empresa de Teléfonos de Bogotá,  interrogada  sobre  la  razón que la determinó a solicitar la colaboración de  MANCIPE  BARRERA  para el  trámite de las cesantías respondió:   

“Que estaba necesitada tenía un embargo en  el  apartamento,  creo  que  aparece en el certificado de libertad el embargo el  cual se recogió y se puso al día”.   

         Posteriormente,  en  la deposición rendida en estas diligencias y  que  se  asegura  resulta  en  disonancia  con  la  aludida  en  precedencia,  a  diferencia  de lo atestado por el demandante, la testigo en modo alguno admitió  una  situación  diversa  a  la  originalmente relatada.  Por el contrario,  aclaró  que  con  los dineros obtenidos de la solicitud de cesantías parciales  elevada  a  finales de febrero de 1996 canceló en el  Juzgado 30 Civil del  Circuito  de  Bogotá  la  obligación  que en ese momento se ejecutaba en dicho  despacho,  situación que explicaría la  falta de registro de tal abono en  el  extracto  del  crédito  expedido  por  la  entidad crediticia.  En sus  propios términos señaló entonces:   

“…Yo  necesitaba  el  dinero.   Yo  tenía  un  embargo  en  el  apartamento,  era  un  remanente.   Eso  ya lo  pagué.   Las  Villas  me  tenía embargado el apartamento de la carrera 22  No.  141-31,  apartamento  405.   Yo  tengo  mis  certificado  (sic)  acá, donde dice el embargo que  tengo.   Ya  lo  cancelé.  Acabo de arreglar lo que me quedaba.   Con  las  cesantías  pague  las cuotas atrasadas.  Con Las Villas estoy al  día  y  ya  el  apartamento  está  en  proceso  de desembargo.  Porque yo  presenté  todos  mis  documentos de lo que cancelé en el Juzgado Treinta Civil  del  Circuito,  que  es  donde  Las  Villas  me  tiene embargado…” (f. 26, cd.1).   

         2.    Situación   similar   se   configura  tratándose  del  testimonio  rendido  en  la  audiencia  pública  por  Gladys  Beatriz Urrego de  Franco,  suegra  del  acriminado,  al  que  tampoco  se  hizo mención expresa o  implícita  en  la  sentencia  atacada,  de  manera  que  respecto  de tal medio  demostrativo  se  acreditó  el  error  de  hecho por falso juicio de existencia  acusado  en  la  demanda,  en  la  modalidad  de  preterición de prueba, que se  estructura,  conforme  es  sabido,  cuando  el  juzgador  ignora  un elemento de  persuasión que obra materialmente en el proceso.   

         Afirma   el   impugnante  además,  que  la  mencionada  deponente  atestiguó  haber  cuidado  al acusado durante la incapacidad que padeció entre  el  8  de febrero y el 6 de marzo de 1996, determinada por una enfermedad que le  dificultaba  en  grado  extremo  la movilización; asimismo, que acompañó a su  yerno  MANCIPE BARRERA al  Seguro  Social  el  4  de  marzo  de  la  anualidad  referida,  cuando obtuvo la  prórroga  de la incapacidad y que fue ella quien presentó la certificación de  esta  última  en las dependencias de la Empresa de Teléfonos de Bogotá, donde  laboraba aquél.   

         Este  desatino  lo  relaciona  el  demandante  íntimamente con el  acusado  respecto  de  las  intervenciones  del  sindicado  en autos, por cuanto  plantea  con  tal  orientación  entonces, que el fallador ad quem falseó en su  expresión  fáctica  las  manifestaciones de MANCIPE  BARRERA  en  un  aspecto  que hallaba corroboración  precisamente   a  través  de  la  deposición  de  la mencionada Urrego de  Franco.   El  juzgador  le atribuyó al acusado en concreto, haber admitido  en  los descargos que a pesar de la incapacidad padecida acudió a la empresa en  dos  oportunidades a llevar las constancias médicas correspondientes, cuando el  indagado nunca aseguró tal cosa.   

         El  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad puede darse  cuando  el  sentenciador  adiciona, cercena o altera el contenido material de la  prueba,  haciéndole  decir  lo  que  en  realidad no predica, dislate en el que  incurrió  sin  duda  el Tribunal al apreciar las versiones del sindicado en ese  puntual   suceso   sobre   el   cual   enfatiza   el  libelista  al  esbozar  el  reparo.   

             Ciertamente,      MANCIPE   BARRERA   contrario   a  lo  razonado  por  el  Tribunal  con evidente distorsión de su dicho, en ninguna de  las  apariciones  en  autos,  como  tampoco  en  la exposición trasladada de la  investigación  disciplinaria  cursada  en  la Empresa de Teléfonos de Bogotá,  rindió  las  explicaciones  que se le endilgan en la providencia atacada en los  siguientes términos:   

“…sobre el particular conviene recordar  que  éste  en  sus  descargos afirmó que como la incapacidad se la extendieron  inicialmente    por    tres   días   y   luego   la   ampliaron,   tuvo   que  ir  en  dos  ocasiones  a  la  E.T.B.  a  llevar  esas  incapacidades…”  (f.  13,     c.     Tribunal.     Negrillas    fuera    de    texto).   

         Tratándose  de  dicha  ausencia  laboral,  a  la  que  aludió el  imputado  a  partir  de  la  ampliación  de indagatoria llevada a cabo el 26 de  febrero  de  1997  exclusivamente,  con  apoyo en los documentos aportados en el  curso   de   esa   diligencia,   se   limitó   a   sostener   que  “se  tramitó  una  incapacidad  mía  desde el 28 de febrero de  1996  (miércoles)  hasta  el  6  de  marzo  de 1996.  Esta incapacidad fue  partida  en razón a que el día 2 y 3 de marzo fue un fin de semana y el día 4  en  medio  de  mi incapacidad por enfermedad de gota como consta en la copia del  certificado  de  incapacidad, fui nuevamente al Seguro y me dieron una prórroga  por  tres  días,  que  cubrían  (sic)  del  día 4 al día 6…” (f. 291, c. 1).    

         Por  otra parte, nada indicó el encausado en esa actuación sobre  la  forma  como  fueron presentadas en la compañía telefónica las constancias  médicas  de  la  incapacidad,  pero  excluyendo  en forma tajante una presencia  ocasional  en el lugar de trabajo en ese lapso, precisó de todas maneras que no  estuvo  “presente en la empresa desde el día 28 de  febrero  de  1996  hasta  el  día 6 de marzo del mismo año, en razón a que no  podía  caminar por la enfermedad por la cual me incapacitaron…” (f. 292, c. 1).   

         Así  las  cosas,  se evidencia la falta de identidad entre lo que  tal  medio  demostrativo  objetivamente  revela y lo que el Tribunal reseñó de  él.   Por  lo  tanto,  al  igual  que  respecto de la deponencia de Gladys  Beatriz   Urrego  de  Franco,  fuerza  colegir  que  el  censor  acertó  en  la  comprobación  de  los  yerros probatorios endilgados al sentenciador de segundo  grado;   sin   embargo,   no  acontece  lo  mismo  en  la  demostración  de  su  trascendencia   en   las   conclusiones   del   fallo  censurado,  como  pasa  a  considerarse.   

         En  cumplimiento  de  dicho cometido la Sala advierte de antemano,  que  en  manera  alguna  resulta  afortunado  aquí  el  concepto del Procurador  Delegado  cuando  avalando  los  razonamientos  del  casacionista  colige que la  omisión  del  testimonio  de  la susodicha Urrego de Franco y la distorsión de  las   afirmaciones  del  procesado  MANCIPE  BARRERA  llevaron  al  Tribunal  a suponer hechos carentes de  verificación  en autos, concretamente, la presencia del incriminado en el lugar  de  trabajo durante el período de la incapacidad y que la exigencia ilícita la  realizó en una de esas ocasiones.   

         En  efecto,  es  cierto  que  las conclusiones reseñadas aparecen  soportadas  en  la  sentencia  recurrida sobre las tergiversadas manifestaciones  del  acusado;  sin embargo, censor y Ministerio Público pierden de vista que lo  fueron  tan  sólo  en parte, pues para el juzgador ad quem el pilar fundamental  de  la  condena  se  obtuvo  de las coincidentes versiones rendidas por Patricia  Wilson  Londoño y su empleada María Ercilia Lemos Velasco, en relación con la  cuales   afirmó  que  “demuestran con firmeza  que  MANCIPE  BARRERA  si recibió la suma de seiscientos cincuenta mil pesos ($  650.000)  de  la  primera  en  mención,  como  parte de pago por su reprochable  proceder.  Esto  es  a  pesar  de  que afirme en sus  descargos  que  no  laboró  en  la  Empresa  de Teléfonos de Bogotá del 28 de  febrero  al  7  de  marzo  de  1996, fechas dentro de las cuales Patricia Wilson  radicó  su  solicitud  de  cesantías  parciales  para  liberación de gravamen  hipotecario”   (fs.  12,  13,  c.  Tribunal.   Destaca la Corte).   

         Reiterando  más  adelante  la  realidad  de la ilícita exigencia  dineraria  y  la  responsabilidad del acriminado en su realización, que estimó  acreditada  básicamente  con apoyo en la prueba testimonial aludida, insiste la  Corte,  el  Tribunal le restó cualquier incidencia a la incapacidad dictaminada  al  imputado  para  la  época  de  los  sucesos,  a  la  vez  que le asignó al  distorsionado  dicho  del acusado el carácter de argumento complementario de la  certeza  derivada  de  esos otros elementos de juicio, cuando a renglón seguido  añadió:   

“…puesto que con esto se infiere sólo  que  no laboró en la entidad para esas fechas, más no que no fue a la empresa,  se  entrevistó  con su compañera de trabajo y le exigió la suma indicada para  el  fin propuesto, ya que sobre el particular conviene recordar que éste en sus  descargos  afirmó  que  como  la incapacidad se la extendieron inicialmente por  tres  días  y  luego  la  ampliaron,  tuvo que ir en dos ocasiones a la E.T.B a  llevar  esas  incapacidades, luego, fue una de esas idas a su oficina que habló  con  la  señora  Wilson  y acordó sacarle sus cesantías en menor tiempo…”  (f. 13, c. Tribunal).   

         

         Excluyendo   también   la   trascendencia   de  los  dislates  de  apreciación  probatoria  demostrados por el recurrente frente a la declaración  de  justicia  vertida  en  el  fallo  impugnado,  se  tiene que el ad quem en el  análisis  integral  de  la  prueba  incorporada a los autos, tratándose de los  testimonios  de  Patricia  Wilson  Londoño  y María Ercilia Lemos Velasco, que  calificó  como  “dignos de crédito”,    afirmó    que    encontraron    respaldo   en   “la     declaración    de    la    señora    CAROLINA    ORDUZ  IGLESIAS…”    (f.    14,   c.   1).   De igual modo, que “sumado a  las  declaraciones  de  los  testigos  de  cargo, surgen en contra del procesado  varios  indicios  que  comprometen  aún  más  su  responsabilidad con el reato  endilgado…”    (f.   15,   c.   1).   

         En  este  orden  de ideas, no le bastaba entonces al impugnante en  el  presente  asunto  con  cuestionar  una  parte  del acervo probatorio dejando  incólume  la  restante;  menos  aún,  cuando  los  medios demostrativos que se  mantienen,   de   acuerdo   con  las  motivaciones  de  la  sentencia,  resultan  suficientes  para  cimentar la condena, porque en este evento la censura refulge  incompleta  al  no  derruir  los elementos con significación para determinar el  sentido de la decisión protestada.   

         Pasan  por  alto  entonces  el  demandante  y el representante del  Ministerio  Público,  que  en  el  ataque  en sede de casación a través de la  violación   indirecta   de   la  ley  sustancial  por  errores  de  estimación  probatoria,  como  fue  planteado  en  el  caso  examinado, al recurrente le era  imprescindible  enjuiciar con éxito todos los medios demostrativos que soportan  la  providencia  disentida,  acreditando  los errores incurridos al apreciarlos;  exigencia  que  el  propio  Delegado  de  la  Procuraduría  echa  de  menos  al  conceptuar  sobre  el  libelo  que  centra la actual atención de la Corte, pues  admite  que  los  demás  reparos  de  la  demanda,  erigidos  en  contra de los  restantes  elementos  de  juicio  que  sustentan  la  condena,  como  en  verdad  acontece,  traducen  tan  sólo  la  inconformidad  del  actor  con  el  mérito  conferido  a  los  mismos  en  el fallo impugnado, esbozada a través de un vano  enfrentamiento de criterios.   

         3.   En  efecto, tratándose del informe de las incapacidades  del   sindicado   GERMAN  ALFREDO  MANCIPE  BARRERA  para   la   época   de   los   sucesos,  expedido por el Jefe de prestaciones  sociales  y  de  nómina de la Empresa de Teléfonos de Bogotá, el libelista no  plantea  algún  desatino de apreciación probatoria cometido por el juzgador ad  quem,  sino  que  a  partir  de  tal  documento  insiste  en  la inocencia de su  representado,  tesis  para la cual reclama prevalencia frente a las conclusiones  que   en   sentido  opuesto  contiene  el  pronunciamiento  objeto  del  recurso  extraordinario.   Más  aún,  por  la  vía  de  un mero debate probatorio  inherente  a las instancias, el casacionista se aparta de las consideraciones de  la  providencia  censurada, a la que le imputa incoherencias sólo existentes en  su personal e interesada comprensión.   

         Ciertamente,  el casacionista no tiene  en  cuenta  que  el  Tribunal con estricta fidelidad al contenido del informe en  mención  admitió  que  el  acriminado  estuvo  incapacitado  durante el tiempo  certificado  en  dicho  documento, diluyéndose por consiguiente el falso juicio  de  identidad  acusado,  que como se indicó en precedente acápite, comporta la  tergiversación,  el  cercenamiento  o  la adición del contenido material de la  prueba,  que  respecto  del  referido  elemento,  como quedó acotado, en manera  alguna se produjo.   

          Además   del    anterior,   la  fundamentación  de  este  ataque la desarrolla a través de la discrepancia con  la  conclusión  del ad quem, cuando con apoyo en la prueba testimonial acopiada  afirmó  en el fallo que esa situación de enfermedad demuestra que “no  laboró  en la entidad para esas fechas, más no que no fue  a  la  empresa, se entrevistó con su compañera de trabajo y le exigió la suma  indicada  para  el  fin propuesto”, discurrir en el  que  el  libelista  persiste  en  esbozar un personal e interesado análisis del  medio   demostrativo  que  asegura  indebidamente  apreciado  y  de  los  demás  elementos  de  persuasión  incorporados a los autos, para plantear de este modo  una   diferencia  valorativa que surge ajena a la sustentación del recurso  interpuesto,  en la que una vez más reclama preeminencia para las explicaciones  de su asistido.   

         4.   El  demandante  acusa por otra parte, el falso juicio de  identidad  en  la  apreciación  del  testimonio  de Carolina Cruz Iglesias; sin  embargo,  con  insalvable impropiedad nada hizo por demostrar que el Tribunal en  la  contemplación  material  de  este  medio de prueba tergiversó, adicionó o  cercenó  su  sentido  objetivo,  lo que únicamente era posible confrontando el  acta  que  recoge  la versión de la citada con el contenido que le fue asignado  en la decisión atacada.   

         De  ahí  que  se  dedique a presentar las conclusiones que estima  susceptibles  de  extraer  de  dicha  prueba,  a  su juicio ninguna de ellas con  entidad  para  confirmar que el procesado cometió el delito imputado, acudiendo  a  argumentaciones mediante las cuales critica al Tribunal por asignarle mérito  a  la  referida  versión,  bajo el argumento de que la deponente Orduz Iglesias  atestiguó  sobre  hechos  que  corroboraban  las  acusaciones contenidas en las  declaraciones   “dignas   de  crédito”  obtenidas  de  Patricia  Wilson  Londoño y María Ercilia Lemos  Velasco.   

         En  esta  inapropiada  sustentación  del  ataque, el casacionista  enfatiza  en  que  la  exponente  Orduz Iglesias no le atribuyó al sindicado la  elaboración  de  la liquidación de cesantías parciales de la susodicha Wilson  Londoño,  pasando por alto que el fallador ad quem nunca afirmó tal cosa, pues  en  la  sentencia  censurada  simplemente  se argumentó que la circunstancia de  estar  suscrito  tal  documento  por  aquella  no  excluía la intervención del  acriminado  en  dicho  asunto, pues “…en el año de  1995  fue  quien  liquidó unas cesantías a Wilson Londoño y posiblemente hizo  lo  mismo con las que esta radicó el 29 de febrero de 1996, porque como ella no  sabía  como  se  liquidaban  las  cesantías  compartidas y con embargos de los  trabajadores  ‘…Eso  lo  hacía  el  señor  GERMAN MANCIPE’ y por ello que en  varias  oportunidades  éste  le  colaboraba  liquidando y ella sólo firmaba la  aprobación   de   la   liquidación   para   el   ingreso   a   la  nómina  de  pago…”    (f.   15,   c.   Tribunal).   

         También  en  una  vana  oposición a las conclusiones probatorias  del  fallo,  el  impugnante  admite  que  Carolina Orduz Iglesias en su versión  aludió  a  la  amistad  existente  entre los protagonistas del suceso, esto es,  entre  el  inculpado  MANCIPE  BARRERA  y  su  acusadora  Wilson  Londoño; sin embargo, plantea que estas  alusiones  no  desvirtúan  el dicho del procesado, como sostuvo el sentenciador  ad  quem,  por  cuanto  nunca  indicó  tal  deponente que dicho trato ocurriera  durante  el  trámite  de  las cesantías parciales de aquella, anteponiendo sus  hipótesis  valorativas  a  las  del fallador, sin reparar en que el criterio de  este  último prevalece por estar precedida la sentencia de la doble presunción  de acierto y legalidad.   

         En  los  apartes  finales  del  reparo  el  demandante  insiste en  enfrentar  su  valoración  a  la  del  juzgador  ad  quem  e  indica  con  esta  orientación  ajena  al  ámbito  de la impugnación extraordinaria, que resulta  más  probable  que la equivocada liquidación de las cesantías parciales de la  trabajadora  Wilson  Londoño,  por  cuya  agilización  atestiguó esta última  haber    cancelado    una    suma    de   dinero   al   sindicado   MANCIPE  BARRERA, la hubiese realizado,  no  su  asistido,  sino la declarante Orduz Iglesias, precisamente, por su falta  de destreza en tales asuntos.   

         5.  Similares  deficiencias detecta la  Sala  en  los  yerros que el actor le atribuye al Tribunal en la apreciación de  los  testimonios  de  cargo  rendidos por Patricia Wilson Londoño y su empleada  doméstica María Ercilia Lemos Velasco.   

         Efectivamente,  bajo  la nomenclatura del error de hecho por falso  juicio  de  identidad  el  libelista  acusa,  no la distorsión de la expresión  fáctica  de  esos  medios  demostrativos,  sino  el  desconocimiento de la sana  crítica,  desviando  el  reparo con evidencia hacia el falso raciocinio, que en  todo  caso,  deja  sumido  en  el  simple  enunciado porque no intenta acreditar  siquiera  que  el  juzgador  de  segundo grado en su análisis se apartó de las  leyes  de  la  ciencia,  de  los  principios de la lógica o de las reglas de la  experiencia,   como   en   rigor   se   imponía   ante  el  reparo  en  esencia  formulado.   

         Adicionalmente,  el  defensor  en  el  transcurso de la repetitiva  sustentación  del  reproche, simplemente muestra la inconformidad que le asiste  con   la   credibilidad   que   el   fallador  le  asignó  a  tales  versiones,  primordialmente,  porque  tal  análisis no guarda coincidencia con el postulado  de  su  parte,  que  califica  de  lógico  y  adecuado;  pero  además, por las  discordancias  que  advierte  en  las varias apariciones de la mencionada Wilson  Londoño  en  autos,  específicamente sobre el motivo por el cual accedió a la  ilícita  exigencia  del  acusado  o  respecto de la fecha en la que realizó el  abono   a   la   obligación  hipotecaría  en  mora,  como  también  ante  las  contradicciones  que  predica  entre  el recuento de aquella y el vertido por su  empleada  Lemos  Velasco respecto de las circunstancias de la entrega del dinero  al sindicado.   

         En   estas   objeciones   el   censor  pierde  de  vista  que  las  incoherencia  entre  las  varias  versiones rendidas por un determinado testigo,  máxime  tratándose  de  aspectos  de  mero  detalle,  no  son suficientes para  restarle  todo  mérito,  como  parece  entenderlo,  porque en dichos eventos el  sentenciador  goza de la facultad para determinar, al tamiz de la sana crítica,  si  son  verosímiles  en  parte,  o  que  todas son increíbles, o que alguna o  algunas  de  ellas  tienen  aptitud  para  revelar  la  verdad  de  lo sucedido,  criterios   dentro   de   los  cuales  fueron  valoradas  las  declaraciones  en  comento.   

         Ciertamente,  las  invocadas  imprecisiones  no fueron ajenas a la  ponderación  del  Tribunal.   Por  el  contrario,  a  pesar  de admitirlas  concluyó  que  las  declaraciones de las dos citadas de todas maneras guardaban  correspondencia   en   lo   sustancial   de  la  incriminación  erigida  contra  MANCIPE  BARRERA, de ahí  el    carácter    fundamental    que    les    atribuyó   para   edificar   la  certeza.  Sobre este  punto el ad quem precisó:   

“…Si  en  los  testimonios  de  PATRICIA  WILSON  y  ERCILIA  LEMOS  existen  algunas  imprecisiones en cuanto al lugar de  entrega  de  los  dineros  pedidos por el procesado, lo cierto es que la dos, se  repite,  coinciden  en  lo  esencial  de  la  denuncia,  en  que MANCIPE BARRERA  independientemente  de  que haya recibido el dinero en la portería del edificio  o  en  el  apartamento de la señora WILSON LONDOÑO, sí recibió las sumas que  exigió  a ésta…” (f. 41, c. Tribunal).   

         Más   adelante,   en   aparte   conclusivo   y  respecto  de  las  declaraciones aludidas el Tribunal expresó:   

“Además   que   sus  dichos  aparte  de  fundamentales  en  la  declaración  de  responsabilidad  del  acusado,  por  su  veracidad   conforme  a  los  parámetros  del  artículo  294  del  Código  de  Procedimiento  Penal  soportan  la  dura  crítica  probatoria,  más  cuando al  efectuarse  un  estudio  sobre su calidad, no emergen factores importantes o que  trasciendan  para  debilitarlos,  por  el  contrario tan sólo narran lo que sus  sentidos  percibieron, en otras palabras, fueron lo más espontáneos posibles y  pormenorizados,  y por esto que la Sala no vea motivo alguno que los afecte, por  lo  que  la  apreciación  personal  de  los  mismos planteada por la defensa se  convierte    en    inadmisible…”    (f. 41, c. Tribunal).   

         Finalmente,  no  es  cierto que la deponente Wilson Londoño en la  declaración  rendida  en  la  investigación  disciplinaria  adelantada  por la  Empresa  de  Teléfonos  de  Bogotá hubiese afirmado que a nadie le constaba el  cumplimiento  de  la  ilícita  propuesta del acriminado, para traer a colación  después,  tardía  y  amañadamente  en  la  versión  procesal,  a su empleada  doméstica,  como lo asegura el demandante para deducir de ello la existencia un  “error  de hecho por falso juicio de identidad…por  omisión    parcial    en    la   valoración   de   este   aspecto”.   

         En  efecto,  en  esa  declaración  primigenia la exponente Wilson  Londoño,   ante  el  escueto  interrogatorio  al  cual  fue  sometida,  al  ser  interrogada  sobre  las  circunstancias en las cuales canceló los dineros de la  ilícita  exigencia,  no  obstante la lacónica respuesta brindada indicó desde  entonces  que  para  dicho  efecto  se  valió  de  su  empleada.  Refirió  concretamente:   

“…En  mi  casa la empleada fue la que se  los  entregó,  él  fue  a  mi apartamento” (f. 5,  c.1).   

         En  la  versión  procesal  y como consecuencia del más detallado  cuestionario,   sobre   ese   mismo  tópico  señaló  en  plena  armonía  las  condiciones  en  las cuales fue entregado el dinero, detallando e insistiendo en  la  intervención  que  en ello tuvo la empleada Lemos Velasco, sin que la Corte  advierta  la  contradicción que acusa el libelista, que en el evento de haberse  estructurado,  no  comportaría  de  todas  maneras  la argüida distorsión del  contenido  material  de  la  prueba,  sino  la  prescindencia  de un aspecto que  incidiría    en    la    determinación    de    la   credibilidad   de   dicho  testimonio.   

         6.   Ahora  bien,  el ataque a la prueba indirecta no concita  todas  las  objeciones que plantea el Delegado de la Procuraduría, toda vez que  en  el  enunciado  del  reparo  el demandante indicó que el yerro recayó en la  prueba     del    hecho    indicador    en    cuanto    resultó    “falsamente”  interpretada,  es decir,  deslindó  la  fase  en  la  construcción  del  indicio donde se cometieron los  dislates  denunciados; sin embargo, también es cierto que finalmente y frente a  cada  una  de  las inferencias que el Tribunal edificó como argumento adicional  para  soportar  la condena, se conformó con descalificar el mérito que les fue  conferido en el pronunciamiento atacado.   

         Así,  tratándose  del  indicio de mentira o mala justificación,  el  recurrente  no  acredita yerro alguno, simplemente objeta su construcción a  partir  de  los  testimonios  de Patricia Wilson Londoño y María Ercilia Lemos  Velasco,  a  su  juicio  carente  de  credibilidad  por las incoherencias de sus  dichos.   

         Alude   después   “al   indicio   de  presencia”,   pero  los  hechos  que  el censor  compendia  como considerados por el ad quem para deducir tal prueba, los invocó  el  juzgador básicamente para afianzar la infirmación que encontraron en autos  las    explicaciones    del    acriminado   MANCIPE  BARRERA,   específicamente,   cuando   argumentó  “no   ser  amigo  de  Patricia  Wilson”,  y  sin  que  le hubiese atribuido al testimonio de la deponente  Orduz  Iglesias  el sentido predicado en la demanda para aseverar la distorsión  de su deponencia.   

         En  efecto,  el  Tribunal  no reseñó que la declarante de marras  hubiese  observado  al  procesado  y  a su acusadora conversar para la fecha del  trámite  de  las  cesantías  parciales  de ésta, que es lo cuestionado por el  recurrente.    Por   el   contrario,   tan  sólo  argumentó  que  aquella  “desmintió  el hecho” de  no  ser  el  acriminado  “amigo  de PATRICIA WILSON,  cuando  afirmó que los veía hablando constantemente en la empresa” (f. 15, c. Tribunal).   

         Finalmente,   tratándose  del  indicio  de  la  oportunidad  para  delinquir,  el  censor  reclama  la  mengua  de su mérito probatorio, no por la  incursión  de  dislate alguno en la apreciación de las pruebas que soportan el  hecho   indicador,   sino   porque  el  juzgador  lo  dedujo  sin  advertir  las  circunstancias  en  las  cuales  el  acusado se encontraba para la época de los  sucesos.   

         7.   Resta  insistir  en  que  la  censura   se   muestra   incompleta  y  deficiente,  porque  bajo  el  epígrafe  “nueva     situación     probatoria”,   el   demandante   no   intenta  el  análisis  de  los  medios  demostrativos  incorporados  a los autos incluyendo una adecuada apreciación de  los  que  asegura  estimados  con  desatino,  como  le resultaba ineludible para  acreditar  que  de no mediar tales yerros la sentencia censurada habría sido de  diversa  naturaleza y favorable para la situación jurídica del procesado, sino  que  insiste  en  descalificar  la  condena  a través de la formulación de sus  personales  e  interesadas  hipótesis  valorativas  a  través  de  las  cuales  sugiere,  de  una  parte,  que  la declarante Wilson Londoño le elevó la falaz  incriminación  ante  las  presiones  del  Jefe  de  Prestaciones sociales de la  Empresa   de   Teléfonos  de  Bogotá  haciendo  eco  de  paso  a  una  injusta  persecución  laboral,  o  bien para eludir su propia responsabilidad en el pago  de  un  mayor  valor  por  concepto  de cesantías, así como de otra parte y de  manera  escueta,  la  existencia  de una insalvable duda frente a la cual, en su  opinión,  no  puede  deducirse  con certeza el delito ni la responsabilidad del  sindicado.   

         Por  todo lo anterior, el cargo no prospera.  En consecuencia  la sentencia censurada no se casará.   

         Contra  esta  providencia  no  procede  ningún recurso y adquiere  ejecutoria  en  la  fecha  de  su  suscripción,  al tenor del artículo 187 del  Código de Procedimiento Penal.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         NO     CASAR      el     fallo  impugnado.   

         Cópiese,  comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Permiso  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                            JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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