15535(11-05-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15535  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 68  

Bogotá D.C., once (11) de mayo de dos mil uno  (2001)   

          Decide  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el  defensor  de  los procesados Clara Inés Rubio  Cárdenas  y  Jorge  Enrique  Gálvis  Rodríguez contra la sentencia de fecha agosto  12  de 1998, mediante la cual el Tribunal Superior de Bogotá confirmó el fallo  condenatorio  proferido  por  el Juzgado 55 Penal del Circuito de esta ciudad en  el  que  se  les impuso, a la primera, las penas principales de cuatro (4) años  de  prisión  y  multa  en cuantía de cincuenta mil pesos ($50.000) como autora  del  delito  de  peculado  por  apropiación; al segundo, la de dos (2) años de  prisión  además  de  la pecuniaria de veinticinco mil  pesos ($25.000) en  calidad de cómplice del mismo hecho punible.   

HECHOS  

           En   la  investigación  disciplinaria  dispuesta  por la Dirección del Hospital Militar, adelantada por el My. Rodrigo  Betancourt  Guerrero  en  su  calidad  de  médico  instructor  del  servicio de  neurología,   se   estableció   la  irregularidad  cometida  por  Clara  Inés  Rubio  Cárdenas, funcionaria  adscrita  a  la  División  de  Personal  y  encargada de la elaboración de las  nóminas  del  aludido centro asistencial, quien incluía en ellas, mes a mes, a  personas   que   en   realidad   ningún  servicio  habían  prestado  en  dicha  entidad.   

           Denunciadas   tales  anomalías  a  la  autoridad  correspondiente,  en  el  respectivo proceso se estableció que desde  comienzos   de   1987   hasta   finales  de  1991,  la  mencionada  Rubio  Cárdenas  con  la  complicidad  de  Jorge    Enrique    Gálvis   Rodríguez  incluyó  en  la  nómina  de reemplazos temporales a personas por  completo  ajenas  al Hospital Militar; procedimiento a través del cual lograron  defraudar  el patrimonio del referido hospital en una cantidad total de cuarenta  y  un millones doscientos sesenta y nueve mil setecientos noventa y un pesos con  treinta   centavos  ($  41.269.791,30),  como  quedó  esclarecido  mediante  la  peritación correspondiente.   

          La  sindicada  Rubio Cárdenas hacía  figurar en la nómina a personas allegadas a la misma, y una  vez  obtenidos  los  cheques  con  los  cuales  era cancelado el servicio que no  había  sido  prestado,  los títulos valores eran consignados en varias cuentas  bancarias,  una de ellas, la de la Corporación Colpatria, Sucursal 20 de julio,  previamente   abierta   a   nombre  de  Jorge  Gálvis  Rodríguez  y de Nelson Javier Velandia Barrera, éste  último     esposo    de    la    susodicha    Rubio  Cárdenas.   

             

ACTUACION  PROCESAL   

                     

          1. El entonces Juzgado 22 de Instrucción  Criminal  de  Bogotá  abrió  la  correspondiente investigación, escuchó a la  mencionada  Rubio Cárdenas en  indagatoria  y  resolvió  su situación jurídica con detención preventiva por  el delito de peculado por apropiación.   

          La  dirección  del  sumario la asumió finalmente la Fiscalía, que  en   resolución   del  20  de  diciembre  de  1994,  modificó  tal  medida  de  aseguramiento  para  deducirle  a  la acriminada la de caución prendaria por el  delito de estafa en concurso homogéneo.   

          2.   En  el  curso  de  las diligencias y conforme a los cargos  surgidos,  el  instructor ordenó la vinculación de María Nohelia Cárdenas de  Rubio,  José  Antonio  Torres Mojica, Marlio Rivera Cubides, Jorge Eduardo Lema  Arcila,  Roque  A.  Bermúdez,  César  M.  Lasso  González, Esperanza Roldán,  Martha  Valle  de  Medina,  Myriam  Morales  de  Muñoz,  Jorge  Enrique  Galvis  Rodríguez  y Nelson Javier Velandia Barrera, así como de los generales Gabriel  Pontón   Laverde,   Jesús  María  Vergara  Aragón  y  José  Roger  Sánchez  González.   

          3.   Sin  embargo,  con  posterioridad  la  Fiscalía anuló la  vinculación  de  los  oficiales  Pontón  Laverde,  Vergara  Aragón y Sánchez  González  en  consideración  a  su  calidad de aforados; se abstuvo de imponer  medida  de aseguramiento a los sindicados Jorge Enrique Galvis Rodríguez, José  Antonio  Torres  Mojica,  Marlio  Rivera  Cubides,  Jorge  Eduardo  Lema Arcila,  Alfonso  Bermúdez  Avila y Myriam Morales de Muñoz; precluyó el instructivo a  favor  de Cesar Hugo Lasso González; y afectó a Nelson Javier Velandia Becerra  con  caución  prendaria  por  el  punible  de  estafa  en  concurso homogéneo;  después,  comprobado  el  fallecimiento  del  último  de los procesados atrás  relacionados,   respecto   del  mismo  declaró  la  extinción  de  la  acción  penal.   

          4.   Cerrada la investigación, en resolución fechada el 30 de  agosto  de  1995,  la Fiscalía calificó el mérito del sumario con resolución  de  acusación  así:   A la sindicada Clara Inés  Rubio  Cárdenas como autora del delito de peculado por  apropiación;   a  Jorge  Enrique  Gálvis  Rodríguez  le endilgó la complicidad en el mismo delito; y a los  imputados  Marlio  Rivera  Cubides  y  Myriam  Morales  de Muñoz les derivó el  peculado  culposo,  en  consecuencia, los afectó con medida de aseguramiento de  caución  prendaria  por  dicho  reato.                     

          Por  su  parte, José Antonio Torres Mojica, Alfonso Bermúdez Avila  y  Jorge   Eduardo  Lema  Arcila  fueron  favorecidos con preclusión de la  instrucción.   

Los  encausados  Morales  de  Muñoz y Rivera  Cubides  apelaron  el  pliego  de  cargos.   La Fiscalía Delegada ante los  Tribunales  Superiores  de  Bogotá y Cundinamarca en resolución del 13 de mayo  de  1993  revocó  el  acusatorio  emitido  en  su  contra  y los benefició con  preclusión de la investigación.   

5.  El Juzgado 55 Penal del Circuito de  Bogotá  asumió  la  etapa  de  la  causa respecto de los acusados Rubio     Cárdenas    y    Gálvis  Rodríguez, celebró la audiencia  pública,  y  en  sentencia  del  3  de  abril  de 1998,los condenó a las penas  principales reseñadas en el acápite inicial de esta providencia.   

Impugnado  el  fallo  por  la  defensa,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  lo  confirmó en decisión del 12 de agosto del  mismo  año  con  la  modificación  en  el  sentido de cuantificar el perjuicio  ocasionado  en  ciento  setenta y cuatro millones setenta y seis mil trescientos  noventa  y  seis  pesos  con setenta y dos centavos ($174.076.386,72); fallo que  fue objeto del recurso extraordinario que ahora resuelve la Corte.   

LAS  DEMANDAS   

          El  defensor común de los procesados Rubio  Cárdenas    y    Gálvis  Rodríguez   presenta  sendas  demandas  de  casación  respecto  de  los mismos, en las que eleva tres cargos con miras a desquiciar la  legalidad  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  impugnada.   Las  dos  primeras  censuras  son  idénticas  en  ambos libelos, tanto en su enunciación  como  en  el desarrollo argumentativo correspondiente; y en el restante reproche  se  observa  similar  coincidencia,  pues  difiere tan sólo al aclararse, en un  acápite    especial,    que    la    situación   predicada   de   Clara  Inés  Rubio  Cárdenas  como autora  del  hecho  punible  es  extensiva  al  imputado  Jorge  Enrique  Gálvis  Rodríguez,  a  quien  se le derivó  responsabilidad  en  calidad de cómplice de la infracción.  Por la razón  indicada resulta permitida su reseña conjunta.   

Causal      tercera:      cargo  principal.   

           Al  tenor  de  la  causal  tercera  de  casación  prevista  en el artículo 220-3º del Código de Procedimiento Penal,  el  demandante  eleva  un  primer cargo contra la sentencia de segundo grado, al  considerar  que  fue proferida en un juicio viciado de nulidad por la violación  del  debido  proceso. Cita como normas infringidas los artículos 29 de la Carta  Política,  1º  del  Código  Penal y 1º del Código de Procedimiento Penal, e  invoca  seguidamente  la  causal  de  invalidación  contemplada en el artículo  304-2º del último estatuto referido.     

En  la identificación y sustentación de la  irregularidad  de  la  cual  deriva el reproche formulado en tales términos, el  casacionista  transcribe  los  apartes del fallo de segunda instancia en los que  asegura  se  admitió  la  errónea  e incompleta calificación jurídica que se  hizo  en  la  resolución  acusatoria del comportamiento juzgado, concretamente,  cuando  se  derivó  en  ella  un  solo  cargo  por  el  delito  de peculado por  apropiación  no  empece  atisbar  el  Tribunal  su  configuración  en concurso  homogéneo  de  conformidad  con  el  artículo  26  del C.P.; pero también, al  criticar  que  se  marginaran de tal providencia otros hechos punibles que el ad  quem aseguró cometidos en el iter criminis.   

Plantea que en esta comprensión el Tribunal  debió  anular  el  proceso,  sin que le resultara viable eludir tal obligación  arguyendo  la  necesidad  de  preservar  la congruencia entre la acusación y el  fallo,   máxime  cuando  pregonó  en  forma  simultánea  que  dicha  armonía  únicamente  emergía  posible  si el acusatorio involucraba la precisión sobre  los  hechos  investigados  y  sus  circunstancias  comisivas,  que por lo atrás  destacado, estaba echando de menos en el presente asunto.   

          Finalmente,  el  censor trae a colación la providencia de esta Sala  proferida  el  22  de mayo de 1997 con ponencia del M. Dr. Carlos Eduardo Mejía  Escobar,  para  sostener  que ante la constatación de una falla de tal gravedad  el  ad  quem  ha  debido  proceder  a su saneamiento mediante la declaratoria de  nulidad.   

         

          Con apoyo en estas premisas solicita que  se  case  la  sentencia  recurrida y se ordene el envío de las diligencias a la  Fiscalía  competente  para la correcta calificación del mérito probatorio del  sumario.   

          Causal segunda:  cargo subsidiario.   

          Con  carácter  subsidiario  y  al  amparo  de  la causal segunda de  casación  del  precitado artículo 220 del C. de P.P., el demandante afirma que  la    sentencia    recurrida    no    guarda    consonancia   con   los   cargos  formulados.   

          En  el desarrollo del reproche el actor destaca que la acusación se  elevó  por  el  delito de peculado por apropiación, que el juzgador de segunda  instancia  tergiversó  de  dos  maneras:   de  una  parte,  al  afirmar la  imputación    por    “un    sólo    y    único  delito”,    de    la    otra,    al   “atribuirle     el     haber    desechado    el    concurso    de  delitos”.    Transcribe   en  este  punto  las  motivaciones del fallo que permiten tal conclusión.   

          Sin   embargo,   en  la  resolución  de  acusación  a  juicio  del  impugnante      no      existe     “una     sola  línea”  encaminada  a  descartar  “el  concurso, tanto de peculados por apropiación como de éstos  con  las  237  falsedades”; más aún, opina que tal  precisión  resultaba  innecesaria en el pliego de cargos pues desde la denuncia  y  en  el curso del proceso quedaron esclarecidas las numerosas apropiaciones en  detrimento  del patrimonio económico del centro asistencial afectado, así como  las  plurales  falsedades  que se configuraron al incluirse a personas ajenas al  Hospital  Militar  Central  en por lo menos 32 nóminas. En fin, sostiene que en  las  diligencias  se  probó  que la defraudación cercana a los cuarenta y ocho  millones  de  pesos fue el producto de esas 237 inclusiones referidas, de manera  que  el  concurso  sucesivo  y  homogéneo fluye evidente, a tal extremo, que no  puede  ser  desconocido,  como  se  hizo  en  la  sentencia  impugnada,  bajo la  afirmación  de  haber  pretendido  sus  autores  el  apoderamiento  de un monto  ilimitado de dinero, inalcanzable en una sola oportunidad.   

          Cita  como  infringido el artículo 29 de la Constitución Política  en  cuanto  consagra  la  garantía  del  debido  proceso,  desarrollada  en los  artículos  1º  del  Código  Penal y 1º del Código de Procedimiento Penal, y  que  atesta  resultó quebrantada por cuanto el fallador ad quem condenó por un  delito diferente de aquél por el cual se formuló la acusación.   

          Así  las cosas, solicita a la Corte que case la sentencia atacada y  en  su  lugar  profiera  el  fallo de sustitución correspondiente, de carácter  condenatorio  y  en  el  que se derive el delito de peculado por apropiación en  concurso  homogéneo  y sucesivo, sin perder de vista además, que sus cuantías  individuales no superan los quinientos mil pesos.   

          Causal primera:  tercer cargo.   

También   con   carácter  subsidiario  y  fundamento  en  el  artículo  220,  numeral  1º,  cuerpo  2º  del  Código de  Procedimiento  Penal,  el  recurrente  alega  la  violación indirecta de la ley  sustancial  por  el  error de hecho consistido en la distorsión de “varios  medios  probatorios al atribuírseles efectos contrarios  y   aún   contradictorios   con   el  que  realmente  tienen  a  favor  de  los  procesados”;   desacierto   que   condujo   a   la  transgresión  del  in  dubio  pro reo contemplado en el artículo 445 del C. de  P.P.,   así   como  al  desconocimiento  de  la  causal  de  exclusión  de  la  culpabilidad   “reglada  en  el  numeral  3º  del  artículo  40  en  concordancia  con  el numeral 2º del artículo 29, ambos del  sustantivo penal”.   

En  el  posterior  desarrollo argumentativo,  tratándose     de     la     sentenciada     Rubio  Cárdenas,  reseña  la versión rendida en el sentido  de   haber   actuado  por  instrucciones  y  bajo  las  órdenes  del  grupo  de  inteligencia  del Ejército Nacional que operaba dentro de las instalaciones del  Hospital  Militar  Central,  cuyos  miembros  la abordaron a principios de 1987,  según  afirma,  para  exigirle  colaboración en las investigaciones realizadas  con  miras  a  identificar a los autores de las continuas pérdidas de reactivos  en  el  Laboratorio, de víveres y papelería en los Almacenes, así como de los  costosos  equipos  de  dicho  centro  asistencial; cooperación que se concretó  mediante  la  inclusión  en nómina de personas ajenas al Hospital para obtener  de este modo un dinero que finalmente les entregaba a aquellos.   

En cuanto a Gálvis  Rodríguez  el  censor pone de presente, de una parte,  que  se  limitó  a  facilitar  su  cuenta  para  el  cambio  de los cheques sin  apropiarse  de  suma alguna, conducta que por sí sola no permite endilgarle con  certeza  la  complicidad;  de  otra,  que  su  suerte está vinculada a la de la  autora  del  ilícito,  de  ahí  la  obligada  reiteración  de  los argumentos  esbozados en la demanda presentada a favor de la citada.   

          Encuentra   en   este  orden  de  ideas,  que  la  circunstancia  de  inculpabilidad   invocada   por   la  sindicada  Rubio  Cárdenas   constituye  un  hito  fundamental  en  el  presente  proceso;  sin  embargo, el ad quem asumió su valoración “sin  realizar  una  crítica  razonada  a  toda  la evidencia de  favor”,  tampoco  señaló  qué elementos de juicio  demuestran  la  falsedad de los indicios o el carácter aparente de la relación  causal    entre    el    hecho    indicador    y    el   indicado   – no diverso de la existencia del grupo  de  inteligencia  -, ni el motivo por el cual desestimó el conjunto de indicios  que  a pesar de resultar contingentes son múltiples y apuntan unívocamente con  alto  grado  de  probabilidad  a  acreditar  la  justificación alegada, que fue  descartada    en    la    sentencia   recurrida   sin   argumentos   en   verdad  plausibles.   

          El  demandante  reseña a continuación los indicios a partir de los  cuales  infiere la existencia real del grupo de inteligencia bajo cuyas órdenes  actuó  la  acriminada  Rubio  Cárdenas  así:   

          –  La  existencia  de controles en el Hospital Militar Central entre  1987  y  1991  que  sí  fueron  ejercidos;  hecho  cabalmente  probado  en  las  diligencias con las declaraciones que relaciona.   

          –   El   asesinato   del   esposo   de   la   acusada   Rubio  Cárdenas,  ocurrido el 19 de marzo  de  1995,  en  lo  que  constituyó  una amenaza cumplida de los integrantes del  referido grupo.   

          –   A   la   sindicada   Rubio  Cárdenas  le  fue  recibido  un  reembolso  por  la  suma  de  $  1.386.250  pesos  con extraña prescindencia de los requisitos establecidos para  dicho  efecto;  omisión  imputable  al  Tesorero, a la Auditoría interna, a la  Revisoría  externa  a  cargo  de  la  Contraloría  General  de  la República,  incluso,    a    la    propia    Oficina    Jurídica   del   Hospital   Militar  Central.   

          –   La  sistemática  pretermisión  del  conducto  regular  con  la  anuencia  y  en  muchos  casos  por  iniciativa  de los propios superiores de la  acusada   Rubio  Cárdenas,  conforme   también  quedó  comprobado  a  través  de  la  prueba  testimonial  acopiada.   

          –  La  falta  de  controles  en la revisión de los borradores de la  nómina,  en  esta misma y en la emisión de los cheque, así como en la entrega  de tales documentos sin la correspondiente firma de recibido.   

          –   El  tiempo  durante  el cual se alteraron las nóminas y se  retiraron  los  cheques sin que nadie advirtiera las irregularidades no obstante  que  nadie  conocía a los beneficiarios de los pagos, efectuados además por un  valor   superior  al  que  ordinariamente  se  cancelaba  por  concepto  de  los  reemplazos.   

          –  La  circunstancia que la encausada Rubio  Cárdenas    nunca   ocultó   tales   maniobras   y,   

          –   finalmente,   la   manera   ingenua   como  fue  descubierta  la  defraudación,  pues  fue  establecida  por un particular a través de la simple  revisión  de  las  nóminas  en  las  que  figuraban  personas con nombres casi  idénticos  y  de  documentos de identidad muy similares; además, sin que nadie  avalara con su firma el recibido del cheque respectivo.   

          Asegura  e insiste después en que el ad quem omitió las exigencias  impuestas  por  la sana crítica, pues tomó tales indicios haciéndolos apuntar  en  un  sentido  diametralmente opuesto, esto es, sin indicar cuál era la regla  de  experiencia  permisiva de arribar a la conclusión asentada.   Con  tal   desvarío,   en   su  opinión,  el  fallador  de  segundo  grado  afirmó  concretamente lo siguiente:   

          –   La  omisión  de los controles sobre las nóminas en manera  alguna  pone  de manifiesto la existencia del supuesto grupo de inteligencia que  determinó  la  conducta delictiva de la sindicada, sino que revela de trasfondo  una  verdadera  empresa  criminal  para la ejecución de un plan ideado en forma  previa  con intervención de varios sujetos, así como el proceder negligente de  quienes  sin  participación  en el delito incumplieron el compromiso asumido en  la adecuada administración de la entidad hospitalaria.   

          –   Más  aún,  el  Tribunal  consolidó  la  certeza sobre la  inexistencia  del  aludido  grupo  en  la  circunstancia  de  no haber puesto su  miembros  al  descubierto  las irregularidades en un tiempo razonable, perdiendo  de  vista,  a  juicio del censor, que resultaba bastante probable la perversión  de   su  misión  primigenia  para  dedicarse  a  delinquir  en  detrimento  del  patrimonio  del  Hospital  Militar  Central,  máxime  al estar prevalidos de la  credibilidad de la cual gozan.   

          –  En  el  fallo  impugnado  se  coligió  también que las amenazas  relatadas  eran  posibles  pero  por  otras causas y con fines diferentes.   Además,  la procesada en la retractación de su versión inicial aseguró estar  en  capacidad  para  revelar  algunos  detalles,  pero  no  para  suministrar la  identidad  de  los  comprometidos  en  las  irregularidades  por  razón  de  la  intimidación de la cual era víctima.   

          En  este orden de ideas, el demandante hace consistir la distorsión  probatoria  denunciada “en haberle dado el carácter  de   absoluta   a   la   hipótesis  general  de  la  cual  parte”,  y que al no ser relativizada le impidió admitir la circunstancia  de  inculpabilidad  alegada;  o  en el peor de los casos, una situación de duda  que  determinaba  la  aplicación del artículo 445 del Código de Procedimiento  Penal, de obligada resolución a favor de los procesados.   

         

          Por  todo  lo  anterior,  el  impugnante  solicita  que  se  case  la  sentencia  impugnada, y que en su lugar se emita un  fallo  absolutorio  en  el  cual  se  reconozca  a  los  sindicados Rubio     Cárdenas    y    Gálvis  Rodríguez la causal de exclusión  de  la  culpabilidad  reglada  en  el  numeral  3º del artículo 40 del Código  Penal.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

          1.  El interés jurídico en los dos  primeros cargos.   

El Procurador Segundo Delegado plantea que en  los   dos   primeros   cargos  el  demandante  pretende  la  alteración  de  la  calificación  jurídica  del  comportamiento  imputado,  concretamente,  que se  endilgue  a  los encausados el peculado en concurso sucesivo y homogéneo, no en  conducta unitaria conforme se consideró en el fallo de condena.   

          En  estas  alegaciones  encuentra  que el casacionista perjudica los  intereses  de  sus  asistidos,  pues  así no resulte deducible la agravante del  inciso  2º,  del  texto  original  del  artículo  133  del  Código  Penal, la  situación  de  aquellos  se  agrava  significativamente  porque de aceptarse la  tesis  del actor serían responsables de 32 apropiaciones, cada una por un monto  inferior  a  los  quinientos mil pesos pero con una sanción máxima de 20 años  de  prisión  al  tenor  del  artículo 26 ibídem, de posible imposición en el  caso  examinado  por  cuanto  el  artículo  61  ejusdem  consagra como criterio  dosimétrico  el  número  de  infracciones,  tratándose del concurso de hechos  punibles.   

          Así  las  cosas, de acuerdo además con el entendimiento de la Sala  que  rememora  al  efecto,  considera  ausente en esos dos reproches el interés  jurídico para recurrir.   

          En  todo  caso,  el Ministerio Público emitió concepto sobre tales  ataques en los términos a continuación reseñados.   

          2.  Al cargo de nulidad.   

          La  Delegada  recuerda  que  en  materia de nulidades y al tenor del  artículo  308-2º  del  C. de P.P., al casacionista le corresponde demostrar la  trascendencia  de  la  irregularidad denunciada, deber que en el presente asunto  se abstuvo de satisfacer.   

          En  efecto,  encuentra constatado objetivamente y del contexto de la  sentencia,   como  arguye  el  recurrente,  que  el  fallador  discrepó  de  la  calificación  del  mérito del sumario en el entendido de configurarse aquí el  peculado  en  concurso  homogéneo, sin embargo, la alegación del censor quedó  en  la  simple  invocación  de  ese  supuesto desatino, pues no acreditó cómo  obró  en  detrimento  de las garantías de los sujetos procesales o en el plano  de  las  bases fundamentales de la instrucción o del juicio; discernimiento que  tampoco   vislumbra   la   Procuraduría   del  contenido  y  desarrollo  de  la  pretensión.   

          En  primer  lugar,  porque  la  nulidad para que se califique por el  concurso  de  hechos  punibles les deriva a los sindicados un perjuicio mayor, y  bajo  este  supuesto,  mal  puede  atestarse  la  afectación  de sus garantías  fundamentales.   De  otra  parte,  por cuanto así se trate de una conducta  única  de  peculado  agravada  por la cuantía o del concurso homogéneo de ese  hecho  punible  el  trámite es idéntico, es decir, no se afecta en modo alguno  la estructura del proceso.   

          De  lo anterior deduce, entonces, que los cargos elevados en las dos  demandas por la vía de la causal tercera no deben prosperar.   

          3.         Respecto        al        segundo       cargo:   incongruencia.   

          Aceptando  en  gracia de discusión que en la providencia acusatoria  se  imputó  a  los acriminados un concurso homogéneo, no la conducta única de  peculado  por  razón  de  la  cual se emitió el fallo de condena recurrido, el  Procurador  Delegado  estima  que  la  variación  denunciada en tales términos  constituye  una  viable  degradación  de  la responsabilidad penal, conforme lo  tiene  discernido de antaño la jurisprudencia de esta Sala (sentencia del 20 de  marzo de 1997, M.P. Dr. Ricardo Calvete Rangel).   

          De  igual modo, que en la situación inversa tampoco tendría razón  la  causal  invocada,  puesto  que  no  trasluciría  el  sorprendimiento  de la  defensa,  desde  luego y de acuerdo con el parecer de esta Corporación, siempre  que  en el pliego de cargos hubiese quedado señalado con absoluta precisión la  naturaleza  plural  y homogénea de los hechos  imputados (Sentencia del 29  de julio de 1998, M.P. Dr. Carlos Eduardo Mejía Escobar).   

          Abundando  en  consideraciones,  el Ministerio Público recuerda que  el  reproche  formulado  al  amparo  de  la  causal  segunda  es  ajeno  a  toda  disertación  probatoria  o  fáctica,  pues  se  trata de confrontar los cargos  contenidos  en la acusación y el fallo para evidenciar de este modo su falta de  correspondencia;  sin embargo, esa no es la situación que atisba en el presente  caso.   

          Ciertamente,  el  actor  acepta  que  la  resolución  acusatoria no  ofrece  claridad  al  respecto, pero que la precisión echada de menos resultaba  innecesaria  pues  desde los albores de la investigación se tuvo por demostrada  la  confluencia  de  múltiples  conductas autónomas de peculado; demostración  incompatible   con  la  causal  alegada,  donde  poco  importan  los  referentes  procesales  y  probatorios,  como quiera que lo trascendente es el contenido del  pliego de cargos.   

          En  todo caso, contrario a lo alegado, en el texto de la resolución  de   acusación   de   primer  grado  –  por  cuanto la de segunda instancia omitió toda consideración al  respecto  en  virtud  de  la  competencia limitada de la Fiscalía ad quem -, en  ninguna  forma se insinúa la imputación del concurso homogéneo; por lo tanto,  el  actor  en  opinión  de  la  Delegada  termina  por deformar su contenido so  pretexto de sacar avante su propuesta.   

          4.  Tercer cargo:  violación indirecta.   

          En  este  reproche, en opinión de la Procuraduría, el casacionista  se  dedica  a la extensa presentación de los medios de convicción y a señalar  la  forma cómo en su criterio debieron ser apreciados, distanciándose por ende  de  lo  que  en esencia consiste el error de hecho por falso juicio de identidad  alegado.   La  Delegada indica que esta modalidad de desatino se configura,  entonces,  cuando  el  fallador  de  alguna  manera  distorsiona o tergiversa el  contenido  material  de  los  elementos de persuasión, como también, cuando se  vulneran  las  reglas de la sana crítica, a saber:  la lógica, la ciencia  o  la  experiencia,  evento en el cual si bien no se atenta contra la integridad  física  de  la  prueba,  si  se  altera  en  últimas  su  verdadera dimensión  probatoria,  que  es  otro  de  los  tópicos  a los cuales alude el demandante.   

          Sin  embargo,  ninguna  de  tales  aristas es desarrollada de manera  cabal  por  el  actor,  según  afirma;  más  aún,  destaca  que incurre en la  impropiedad  de  proponerlas  al  mismo tiempo perdiendo de vista que si bien se  encuadran  dentro  del  mismo  tipo de error, involucran juicios antagónicos de  demostración  bien  diversa.   Por  otra  parte,   encuentra  que las  alegaciones  del  demandante  traducen  el  propósito  de  revivir  un  nuevo e  inoportuno  debate  probatorio  en  esta  sede,  pues  lejos  de  acreditar  los  desaciertos  imputados  en  la  estimación  de  la  prueba, presenta su visión  personal  e  interesada  sobre  la  misma, desde luego, de una manera totalmente  opuesta  a  como  fue  valorada  por  el  Tribunal  en  el fallo impugnado y sin  acreditar  la  invocada  transgresión  de  los parámetros que asegura rigen el  análisis  de  los  medios  de  convicción  de  acuerdo  con  el  sistema de la  persuasión  racional  acogido  en  el  estatuto  procesal  penal actualmente en  vigencia.   

          En  fin,  en opinión del Ministerio Público el recurrente pretende  imponer  su  criterio  bajo el escueto argumento de que la valoración favorable  que  postula  de  los indicios es la que resulta en verdad procedente, ya que el  ad   quem   no  mencionó  regla  de  experiencia  alguna  al  configurar  tales  inferencias  y  ello  se traduce, por lo menos, en duda probatoria; aseveración  que  el  actor  formula  en  las  demandas sin tener en cuenta que los fallos de  instancia  contienen  ponderados  juicios  para cuya destrucción no bastaba con  argüir esas simples valoraciones genéricas.   

          Ante  dichas  falencias,  la  Delegada  concluye que este otro cargo  tampoco puede prosperar.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Primer      cargo:       causal  tercera.   

          1.   La Sala iniciará la respuesta  de   los   cargos  formulados,  como  resulta  lógico  dentro  de  la  técnica  casacional,  regida  entre  otros  principios  por  el  de  prioridad,  por  los  reproches  formulados  en  los  libelos  con  asidero  en  la causal tercera del  artículo  220  del  C. de P. P., a través de los cuales se solicita retrotraer  el  trámite  a  la  fase  de  calificación  del  mérito  del  sumario, con la  consecuente  pretensión  de  que  se imparta por la Fiscalía en la reposición  del  trámite  la  que  resulte  correcta frente a los hechos demostrados en las  presentes diligencias.   

           2.   Discernido  lo  anterior,  la  Corporación  afirma  que le asiste razón al Ministerio Público cuando echa de  menos  la  legitimidad del demandante en la postulación de tal censura, máxime  en  la  comprensión  que  el  interés jurídico se erige en una exigencia a la  cual  no  escapa  la  casación,  concebida  en  la  normatividad  como un medio  extraordinario   de   impugnación  de  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia.    

           A  partir  de  tal  premisa  se  tiene,  entonces,  que  en  la  actuación   penal, en principio, todos los sujetos  procesales  tienen  el  derecho  de impugnar las providencias, sin embargo, como  los  recursos ordinarios y extraordinarios constituyen un mecanismo para obtener  la  enmienda  de  los  errores  de  procedimiento,  de  lógica  jurídica  o de  apreciación  probatoria en los que incurre el juzgador y que perjudican a una o  varias  de  las  partes,  de  una  determinada  providencia sólo puede recurrir  quienes derivan de ella un concreto agravio.   

          Ahora bien, por el motivo atrás indicado  los  recursos  deben  orientarse  obviamente  a  la  reparación  del  perjuicio  irrogado  con  la  decisión  atacada,  o  en  otros  términos,  a  procurar un  beneficio  para  la  parte  en cuyo favor se proponen, y en este orden de ideas,  resulta   evidente   la   ausencia   de  esa  comentada  legitimidad  cuando  la  postulación  que  se  formula  a  través de ellos propende de manera expresa o  tácita  por  tornar  más gravosa la situación del sujeto procesal recurrente,  que  es  la  hipótesis  configurada en el caso examinado frente al primer cargo  elevado  en  las  dos  demandas  presentadas  por  el  defensor  común  de  los  procesados.   

          Así,  el apoderado arguye en este inicial ataque que el juzgador ad  quem  admitió  el error en la adecuación típica pregonada por la Fiscalía en  la  resolución  acusatoria y, sin embargo, con transgresión del debido proceso  se  abstuvo  de  corregir  el  desatino  detectado  so  pretexto de preservar la  consonancia  entre  el  pliego  de  cargos y el fallo; alegación a partir de la  cual  aspira  a  la  declaratoria  de nulidad en la sede extraordinaria desde la  providencia  que  calificó  el  mérito del sumario, para que en la reposición  del  trámite invalidado se profiera una que abarque la totalidad de los delitos  que  el Tribunal estimó configurados en el presente proceso, concretamente, las  falsedades  documentales  consumadas  como  medio  comisivo  de la defraudación  patrimonial,  así  como  el  peculado por apropiación, no en unidad de acción  con  pluralidad  de  actos  ejecutivos  conforme  fue  declarado en el fallo del  Tribunal, sino en concurso sucesivo y homogéneo.   

          En  fin,  el demandante contrariando el papel de la defensa propugna  por   agravar   la  situación  jurídica  de  los  procesados  que  representa,  despropósito  que  incluso  se  atisba  en  el  caso examinado así se entienda  referida  tal  pretensión  del  censor  exclusivamente  a los delitos contra la  administración  pública,  por cuanto el Tribunal en el fallo impugnado ordenó  la  expedición  de  copias  para  la  investigación separada de las falsedades  informadas en estas diligencias.   

          En   efecto,   a   pesar   que  en  tal  comprensión  tendría  que  prescindirse  de la circunstancia agravante contemplada en el texto original del  inciso  2º,  artículo  133  del  Código  Penal, vigente para la época de los  sucesos,  pues  de afirmarse el peculado en concurso homogéneo las cuantías de  las   plurales   apropiaciones   de   los  bienes  del  Estado,  individualmente  consideradas,  en  manera  alguna superan el límite de los quinientos mil pesos  que  establecía  dicho precepto para la procedencia de la aludida hipótesis de  intensificación   punitiva,   también   en  dicho  evento  fluye  evidente  el  desmejoramiento de la situación jurídica de los acriminados.   

          En  primer  término,  por  la  incidencia que el concurso de hechos  punibles  tendría  al  fijar  la sanción al tenor del artículo 61 del Código  Penal,  desde  ninguna óptica intrascendente en este asunto pues plurificada la  conducta  objeto  de la causa en treinta y dos apropiaciones ilícitas de bienes  del  Estado,  la  autora  de las mismas y su cómplice quedarían expuestos a un  monto   de   pena   mayor   al   que   les   fue   impuesto  en  los  fallos  de  instancia.   

          De  otra  parte,  porque  en  tal  evento  el  límite máximo de la  sanción  privativa  de  la  libertad,  que  tratándose  del  delito  único de  peculado  y  con  antelación  a  la modificación introducida por la Ley 190 de  1995  estaba  radicado  en quince (15) años de prisión, quedaría cifrado para  el  concurso  de  hechos  punibles  por el cual propugna el impugnante en veinte  (20)  años  de  prisión, que corresponden a los diez (10) años previstos como  máximo  para  el  peculado  con  prescindencia de la agravante por razón de la  cuantía,  incrementado  en  otro  tanto  de conformidad con el artículo 26 del  Código Penal.   

          3.   Pero  además  de  lo  anterior, se tiene que el cargo fue  formulado  en  la  demanda  desnaturalizando  el  contenido del fallo de segundo  grado,  en  el que si bien se criticó la resolución de acusación, respecto de  la  cual  se  afirmó  incluso  que  lejos  estaba  de  constituir  “un  modelo  de  obedecimiento a las pautas legales sustantivas y  procesales”, no es menos cierto que en manera alguna  se  predicaron  de ella deficiencias vinculadas a un infranqueable menoscabo del  debido  proceso  o  del  derecho  de defensa; en otros términos, el juzgador ad  quem  no  afirmó  la  existencia  de  una irregularidad sustancial derivada del  contenido  deficiente  del  pliego de cargos, insinuando de ese modo una nulidad  que  se  abstuvo  en  todo  caso  de decretar, conforme adujo el recurrente para  postular el reproche.   

          Adversamente,  el  Tribunal  advirtió  la  configuración  de otros  delitos  en  la  actividad  delictiva  investigada  en  autos,  esto  es, de las  falsedades  documentales  consumadas  para  incluir en las nóminas del Hospital  Militar   Central   a   personas  ajenas  a  dicha  entidad,  relacionadas  como  profesionales   de  la  medicina  sin  serlo  y  con  números  de  cédulas  de  ciudadanía   supuestos,   empero   restándole   cualquier   influjo   a  dicha  deficiencia,  ordenó  tan  sólo  la  expedición  de  copias  con destino a la  Fiscalía  para  la  investigación correspondiente de tales ilícitos (fls. 25,  26 y 34 cdno. Tribunal).   

          De     igual     modo,    indicó    no    compartir    “enteramente”    la   calificación  unitaria  que  hizo  la  Fiscalía  del peculado por apropiación, pero también  aquí  sin asignarle a este disentimiento la contundencia de un insalvable error  en  la  adecuación  típica  generador  de  nulidad  por  violación del debido  proceso,  tanto  así  que  no  avanzó  sobre  los  motivos  que la suscitaban,  simplemente  pregonó  la  necesidad  de  restablecer  la  congruencia  entre la  acusación  y  el  fallo,  que  el  a  quo había quebrantado al deducirle a los  procesados  el  peculado por apropiación en concurso homogéneo, pues advirtió  que  en la resolución acusatoria se “individualizó  ..un    único    cargo”   tratándose   de   dicho  ilícito.   

          3.   Por  último,  si  se  entiende que el actor acusó por la  vía  de  la  nulidad  el  error  en la denominación jurídica, que asegura fue  asentido  por  el  juzgador  ad  quem pero que se marginó de decretar, también  desde esta perspectiva el ataque estaría condenado al fracaso.   

          Ciertamente,  el  demandante  perdió de  vista  que para un completo y suficiente planteamiento  de  una  censura  de dicho talante le correspondía identificar la irregularidad  invocada,  las  normas  infringidas,  la clase de nulidad configurada, consignar  los  fundamentos del ataque y acreditar la trascendencia del desatino denunciado  en  el  fallo  recurrido,  teniendo  presente  además,  que  en  la  equivocada  calificación  jurídica de la conducta ilícita puede incurrirse por errores de  lógica  jurídica  en  la  aplicación  del  derecho  al  caso  concreto o como  consecuencia  de  los  desaciertos  en el análisis probatorio, por ende, que la  demostración  y  la  sustentación  de  un  reproche  de esta naturaleza debía  desenvolverse  con  sujeción  a  la  técnica que gobierna la casual primera de  casación,  requisitos  a  cuya observancia se sustrajo abiertamente el actor al  pretender  la  fundamentación  del cargo con la recortada transcripción de las  críticas  que  el  Tribunal  hizo  a la calificación jurídica contenida en la  resolución acusatoria.   

Por lo argumentado, entonces, no prospera el  cargo   de   nulidad   en   el   cual   se  coincide  en  las  dos  demandas  de  casación.   

Segundo      cargo:      causal  segunda.   

1.    En   el   segundo  reproche  el  casacionista  acusa  en  ambas  demandas  que  la  sentencia impugnada no guarda  consonancia  con  la resolución acusatoria; censura en relación con la cual se  observa  ausente  también  el interés jurídico para recurrir, como destaca el  Ministerio   Público,   por  cuanto  se  pretende  de  la  Corte  un  fallo  de  sustitución  con franco detrimento de la situación jurídica de los procesados  Rubio    Cárdenas    y  Gálvis  Rodríguez, esto es,  mediante  el  cual  se  predique  de ellos la responsabilidad penal a título de  autora  y  cómplice,  respectivamente,  de  un  concurso de hechos punibles, en  lugar  de  la  condena  que  les fue impuesta en segunda instancia por el delito  único de peculado por apropiación.   

                    

          2.   El  ataque  carece  además  de  la  claridad y precisión  requeridas  con apego a la técnica que gobierna el recurso extraordinario, pues  en  algunos  apartes  del  libelo  se insinúa que en el pliego de cargos se les  imputó  a  los  acriminados  un  concurso “tanto de  peculados  por apropiación como de éstos con las 237 falsedades”  cometidas  con  la  pretensión  de  justificar  contablemente  el  desfalco  patrimonial  de la entidad hospitalaria oficial, sugiriéndose que las  sentencias  de  instancia  debieron  comprender  la  totalidad de esos ilícitos  informados  en  autos, en tanto que en otros se alega derivada exclusivamente la  pluralidad  de las apropiaciones de bienes del Estado, por la que en últimas se  solicita el fallo de sustitución en esta sede.   

          Ahora  bien,  a esta impropiedad llegó el demandante al desarrollar  el  cargo  a  partir de sus apreciaciones personales sobre la forma cómo debió  calificarse  el  mérito probatorio del sumario y con absoluto marginamiento del  contenido  de  la  resolución acusatoria, que le resultaba necesario confrontar  con  la  sentencia  impugnada para poner en evidencia de este modo el afirmado e  indebido  desbordamiento  en ésta última de la acusación, bien en cuanto a la  imputación  fáctica,  ora  en lo atinente a la calificación jurídica; cotejo  que  de  haber  realizado  le habría permitido colegir que en manera alguna fue  quebrantada la identidad entre esas dos piezas procesales.   

          Efectivamente,  de la simple lectura de la providencia acusatoria se  discierne,  tanto  en  su  motivación  con la parte resolutiva que concretó el  parecer  de  la  Fiscalía  en  torno al mérito probatorio del sumario, que fue  derivado  con  carácter  insular el ilícito contra la administración pública  por   el   cual   se   emitió   en  últimas  la  sentencia  de  segundo  grado  recurrida.   La  instructora  lo  precisó  así  bajo  el capítulo de los  “fundamentos      de     derecho”,  cuando  señaló de manera expresa e inequívoca que “El  delito  a  tratar  en  este proveído es el del peculado por  apropiación”;  adecuación  típica reiterada en el  curso  de  las  subsiguientes motivaciones, no sólo al aludir a la apropiación  “de   cuarenta   y   ocho   millones   de   pesos  aproximadamente”,  sino  también,  al  concluir  la  procedencia   de   “calificar  el  mérito  de  la  investigación  con  resolución  de acusación…la primera de las citadas como  autora  material  del  hecho  punible,  o  sea,  la  señora  Clara  Inés Rubio  Cárdenas  y  el señor Jorge Enrique Gálvis Rodríguez en calidad de cómplice  de   la  misma,  por  el  delito  de  peculado  por  apropiación”  (fls.  284  a  302),  imputación  que  fue finalmente retomada en  idénticos  términos  en  el  acápite resolutivo del pliego de cargos y por la  cual    se   emitió   el   fallo   de   segunda   instancia   con   irrebatible  consonancia.   

          Así  las  cosas, por los motivos esbozados, este otro cargo elevado  en los dos libelos tampoco está llamado a prosperar.   

          Tercer cargo:  causal primera.   

          Las  deficiencias  técnicas que se advierten en este reproche final  que  el  demandante hace consistir en los dos libelos en la violación indirecta  de  la  ley  sustancial  por  el  error  de  hecho  consistido en la distorsión  “de  varios  medios  probatorios  al atribuírseles  efectos  contrarios  y  aún contradictorios con el que realmente tienen a favor  de  los  procesados”,   anticipa  la  Sala,  se  confabulan contra toda posibilidad de éxito en esta censura.   

           1.   Destaca  la  Corte  con  tal  orientación  argumentativa,  en  primer  término,  que  el  casacionista en la  presentación   del   ataque  omitió  señalar  el  sentido  de  la  violación  denunciada,  más  aún,  conjugó  en ella alegaciones que fluyen con evidencia  jurídicamente   incompatibles.   En  efecto,  el  demandante  vinculó  el  desacierto  acusado  en  la  apreciación  de las pruebas a la transgresión del  postulado  del  in  dubio pro reo contemplado en el artículo 445 del Código de  Procedimiento  Penal,  insinuando  entonces  la  precariedad de los elementos de  persuasión  recaudados para sustentar el fallo de condena, pero adujo también,  en  forma  simultánea,  que el yerro invocado desembocó en el desconocimiento,  tanto  de  la  causal  de  inculpabilidad  de  que trata el artículo 40-3º del  Código  Penal, como de la hipótesis de justificación prevista en el artículo  29-2º ibídem.   

          En síntesis, dentro del mismo cargo, con  detrimento  de  la  claridad  exigida en la propuesta y ostensible quebranto del  principio  de  no  contradicción,  el  actor alegó la insuficiencia probatoria  sobre  la  responsabilidad penal de sus asistidos, que éstos obraron conforme a  derecho  al  estar  amparados  en  el  cumplimiento  de  una  orden legítima de  autoridad  competente,  pero  también,  que  su  comportamiento  fue  típico y  antijurídico  pero  determinado por el influjo de una circunstancia inculpante,  esto  es,  presentó  postulaciones  excluyentes sin que la Corte pueda subsanar  tal  desatino optando por uno de estos enfoques con exclusión de los restantes,  pues  a  ello  se  opone  el  principio  de limitación que rige la impugnación  extraordinaria.   

          La  impropiedad  así detectada no se diluye porque el actor hubiese  enfocado  el  desarrollo  argumentativo subsiguiente, con las deficiencias a las  que  hará  posterior  mención  la  Sala,  a  la pretendida demostración de la  veracidad   del   dicho   de   la   sindicada   Rubio  Cárdenas   sobre   la   existencia   del   grupo  de  inteligencia  del  Ejército  que  la  determinó  a  realizar  la defraudación  patrimonial  en  perjuicio de la entidad hospitalaria oficial, pues de esa misma  circunstancia  deriva,  en  todo  caso e indistintamente, una situación de duda  que  impele  a  la  aplicación  del postulado del in dubio pro reo al tenor del  artículo  445  del C. de P.P, así como el obligado reconocimiento de la causal  de    inculpabilidad    prevista    en   el   artículo   40-3º   del   Código  Penal.   

          La  otra  inconsistencia,  ampliamente comentada por la Delegada, se  concreta  en  la  invocación  indiscriminada  de  las distintas modalidades del  error  de  hecho en la formalización del ataque, no por su nomenclatura pues en  aparte  alguno de los libelos se individualizan de esa manera, sino a través de  la  referencia efectuada en la pretendida sustentación del cargo al ámbito que  les  es propio a cada una de ellas, que entremezcla y acusa respecto de la misma  prueba     indiciaria     incurriendo     por     ende     en    contradicciones  insalvables.   

         

          Así,  al  enunciar  el  reproche  le imputó al juzgador ad quem la  distorsión  de la prueba derivando de ella un efecto contrario al que realmente  tiene  a  favor  de  los  procesados,  esto es, enmarcó el yerro argüido en la  hipótesis  del  error  de hecho por falso juicio de identidad, que se configura  cuando  se  tergiversa,  adiciona  o  cercena  el contenido material de la misma  poniéndola a expresar algo que en verdad no contiene.   

          Sin  embargo,  este sendero trazado desde la formulación del ataque  no  se  concilia  con el desarrollo posterior que le brindó el recurrente, pues  luego  de  reseñar  la  versión de la procesada Rubio  Cárdenas, para la cual pregona credibilidad en cuanto  a  la  justificación  dada  al comportamiento delictivo por el cual se procede,  que  atesta  extendida  al cómplice Gálvis Rodríguez  en  virtud del carácter accesorio de dicha figura, el  demandante  acusa  sin distingo alguno, de un extremo, el análisis de la prueba  indiciaria  con omisión de las reglas de la sana crítica, en lo que constituye  una  expresión  bien  diferente  del  error de hecho, concretamente, el llamado  falso  raciocinio;  del  otro, la prescindida ponderación de la misma no empece  su   pluralidad,   contingencia  y  demostrar  de  manera  unívoca  la  alegada  conformación  del  grupo  de inteligencia bajo cuyas órdenes obró la acusada,  en  nítida  alusión  al  falso  juicio  de  existencia por ignorar el fallador  dichas pruebas a pesar de obrar materialmente en el proceso.   

          Por  otra  parte,  si  bien  en  los  acápites  siguientes el actor  pretendió  perfilar  el  reproche  hacia el falso raciocinio, pues insistió en  atribuirle  al  sentenciador  de  segundo  grado  la  ausencia  de  una crítica  razonada  de  las  evidencias  aportadas  o el desapego de las reglas de la sana  crítica,  tampoco frente a este alcance finalmente asignado al acusado desatino  del  ad  quem satisfizo el requisito de demostrar la existencia del yerro, menos  aún,  cuál  fue   su influjo en las conclusiones del fallo impugnado, por  cuanto  concentró  sus  esfuerzos argumentativos en la simple inconformidad con  el análisis probatorio efectuado en él.   

          En  este  desviado cometido reseñó entonces los hechos acreditados  en  el  proceso  a  partir  de  los  cuales  infiere  la  realidad  del grupo de  inteligencia  del  Ejército  Nacional  bajo  cuyas  órdenes  asegura  obró la  acriminada     Rubio    de    Cárdenas,  que  confronta  seguidamente  desde  esa  personal  e  interesada  perspectiva  a  la  deducción  que  en  sentido contrario arribó el Tribunal a  partir  de  la  ponderación  esas  circunstancias,  para  endilgarle  de manera  escueta  y  sin asidero alguno la omisión “de todas  las  exigencias  que  las  reglas  de  la  sana  crítica imponen”,  pues  no  indicó  cuál  fue la ley científica, el principio de  lógica  o  la  regla de experiencia que resultó transgredida en la estimación  probatoria  del  juzgador  ad  quem,  y  que  de  no  haberse presentado habría  determinado   una   decisión   sustancialmente   distinta  y  favorable  a  sus  asistidos.   

          Más  aún,  la  censura  se  concretó  en una crítica genérica y  abstracta  de  las  razones  por  las  cuales el Tribunal desestimó la versión  exculpante  de la procesada Rubio Cárdenas,  en  la que tampoco se tuvo presente que ante el ataque emprendido  contra  la  apreciación  de  la  prueba  indiciaria,  al actor le correspondía  precisar  si  la  equivocación  se cometió respecto de los hechos indicadores,  tratándose  de  la  inferencia  lógica,  o  en su valoración conjunta con los  restantes  elementos  de  juicio,  punto  en el cual sin una referencia exacta y  completa  al  contenido  del  fallo  simplemente  echa  de  menos el específico  señalamiento   de  la  regla  de  experiencia  que  permitía  las  deducciones  cuestionadas.   

          En  síntesis,  el  impugnante  perdió  de  vista en este discurrir  argumentativo  que  el  recurso  de  casación  constituye  un  juicio  técnico  jurídico  contra la sentencia de segunda instancia, atacable exclusivamente por  los  motivos y con sujeción a la técnica que les es propia y, por ende, que en  la  sede  extraordinaria  no  resulta viable la controversia aquí pretendida en  torno  al  análisis expuesto por el juzgador, amparado por la doble presunción  de  acierto y legalidad, para reclamar de la Corte que le conceda prevalencia al  postulado  por  el demandante, del que sólo se asegura en últimas y en esencia  que  resulta  más  acorde  con  los  parámetros  del  sistema  de  persuasión  imperante.   

          Por  lo  anotado este cargo tampoco sale  avante, en consecuencia, el fallo impugnado no se casará.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia  Sala  de  Casación  Penal, administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley.   

RESUELVE  

NO   CASAR   la  sentencia impugnada.   

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO    ARBOLEDA   RIPOLL             JORGE  E.  CORDOBA POVEDA   

HERMAN   GALAN   CASTELLANOS               CARLOS  A.  GALVEZ ARGOTE   

JORGE    A.   GOMEZ   GALLEGO          EDGAR LOMBANA  TRUJILLO   

ALVARO    O.   PEREZ   PINZON                    NILSON   PINILLA   PINILLA           

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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