16494(17-05-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16494  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 071  

         Bogotá,  D.C., diecisiete (17) de mayo  de dos mil uno (2001).   

          Se  pronuncia la Sala sobre la solicitud elevada por el defensor de  la   procesada  ALBA  ROCIO  TORRES  CANO,  para  que  con  fundamento  en  el  artículo  13 del Código de  Procedimiento  Penal se proceda a corregir el auto de fecha noviembre 17 de 1999  por  medio  del  cual se declaró desierto el recurso de casación interpuesto a  favor de la citada.   

ANTECEDENTES  

          1.   Los  sucesos materia de la causa fueron reseñados por el  Tribunal Superior de Medellín en los siguientes términos:   

“Juan Carlos Acuña Alvarez, exvigilante al  servicio  de  la firma Sepecol Ltada. y Alba Rocío Torres Cano, arrendataria de  una  panadería  conocida  con la razón social de “La Golosina”, situada en  el  sector  de Moravia o “Cuatro Bocas” de esta capital, venían sosteniendo  relaciones  de concubinato desde hacía dos años para la fecha de ocurrencia de  los  hechos  que  originaron  este proceso.  Por cuestión de mutuos celos,  las   discordias,   los   malos  tratos  y  las  amenazas  de  separación  eran  frecuentes.   

“El  día  veintiuno  de  octubre  de mil  novecientos  noventa  y  siete,  a  eso  de las once u once y media de la noche,  cuando  ya los demás integrantes del grupo familiar que compartían la vivienda  (Berta  Rosa  Cano  y Javier Castaño Torres, madre e hijo de Alba Lucía, en su  orden),  se  habían acostado, entre la pareja se suscitó una fuerte discusión  en  medio  de  la  cual,  en  circunstancias  sólo  conocidas por ella, la dama  accionó  en  contra  de su amante un arma de fuego (revólver), de propiedad de  éste,  ocasionándole  dos graves heridas, una en mesogastrio zona paramedial y  otra  en  tercer espacio intercostal izquierdo que le produjeron la muerte en el  acto,  pues recogido de allí por la propia implicada, su hijo y algunos vecinos  fue   trasladado   a   la   Policlínica   Municipal,   a   la  cual  llegó  ya  fallecido”.   

          2.   A  la investigación que adelantó la Fiscalía Seccional  de  Medellín  fue  vinculado  inicialmente  el capturado Jairo de Jesús Torres  Cano,  pero  después, en resolución del 5 de marzo de 1998 y con fundamento en  las  pruebas  practicadas  se  ordenó la retención de la imputada ALBA  ROCIO  TORRES  CANO, de manera que  una  vez  aprehendida  y  escuchada  en indagatoria se le afectó con detención  preventiva  por  los  delitos  de  homicidio,  porte ilegal de armas de fuego de  defensa personal  y hurto calificado.   

         Clausurado  el  sumario  el  instructor  calificó  su  mérito  en  providencia del 9 de junio de 1998, en la que elevó  acusación  contra  la  referida sindicada como autora del homicidio imputado en  la  medida  de  aseguramiento,  agravado por la causal 7ª del artículo 324 del  Código  Penal,  en concurso con los delitos de porte ilegal de armas de defensa  personal  y  hurto simple agravado; sin embargo, en decisión del día 23 de los  mismos  mes  y  año  se  declaró  la nulidad de lo actuado respecto del delito  contra  el  patrimonio  económico,  de  manera  que la actuación prosiguió en  relación con los restantes cargos.    

         El  acriminado  Torres Cano, en cambio,  fue    favorecido    en    el    calificatorio    con    preclusión    de    la  investigación.   

         3.   Celebrada  la audiencia pública, el Juzgado 19 Penal del  Circuito   de  Medellín,  en  congruencia  con  la  resolución  enjuiciatoria,  profirió  el fallo de fecha 16 de abril de 1999 en el que condenó a la acusada  TORRES  CANO  a  la  pena  principal  de  cuarenta  (40)  años  de  prisión  por  el  delito de homicidio  agravado,  en  tanto  que  la absolvió por el porte ilegal de armas de fuego de  defensa personal.   

         Apelada  tal decisión por la defensa y  la  Procuraduría, el Tribunal Superior de Medellín la confirmó el 23 de junio  de   1999  con  la  modificación  de  imputarle  a  la  procesada  TORRES  CANO  el  ilícito  de homicidio  simple,  no  el agravado deducido en la resolución acusatoria, a quien le fijó  además  la  pena  definitiva de veinticinco (25) años de prisión, en lugar de  la dosificada por el juzgador a quo.   

Inconforme el apoderado del sentenciado con  la  determinación  del  ad  quem  interpuso  en  forma  oportuna  el recurso de  casación,  y  luego de ser concedido allegó la demanda correspondiente; libelo  que  la  Corte  encontró  extemporáneo  con  fundamento en la constancia de la  Secretaría  del  Tribunal  Superior de Medellín que registró su presentación  el  22  de  septiembre  de 1999, cuando el término para dicho efecto vencía el  día   20   anterior,   en   consecuencia,  declaró  desierta  la  impugnación  extraordinaria  en  auto  del  17 de noviembre del mismo año (fl. 4 cdno. de la  Corte).   

4.  Devuelto el expediente a la oficina  de   origen,  el  defensor  de  la  procesada  TORRES  CANO  aportó  un  escrito  en  el que aseguró haber  presentado  la  demanda  en  término,  allegó  las pruebas que sustentaban tal  aserto  y  solicitó  a  la  Corte  la  corrección del auto reseñado.  En  sustento   de   dicha  pretensión  invocó  las  facultades  conferidas  a  los  funcionarios  judiciales  en  el artículo 13 del Código de Procedimiento Penal  para  enmendar  los  actos  irregulares,  así  como  la prevalencia del derecho  sustancial    al    tenor    del    artículo    228    de    la   Constitución  Política.   

          Con  miras  a corroborar tales afirmaciones mediante auto del 28 de  enero  de  2000  se  solicitó  el  expediente  al Tribunal de origen, y una vez  obtenido,  no  sin  contratiempos ante el extravío inicial de dicha providencia  así  como  del  memorial que con sus anexos aportó inicialmente el defensor de  la  acriminada  TORRES CANO,  la Sala se pronuncia entonces sobre el pedido de la defensa.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

La presentación de la demanda  

          1.   Sea  lo  primero reiterar, que esta Corporación declaró  desierto  el  recurso extraordinario impetrado en este asunto, con fundamento en  la  constancia  de  la  Secretaría  de  la  Sala Penal del Tribunal Superior de  Medellín,  en  la  que  su  titular  certificó que la demanda de casación fue  presentada   personalmente   por   el  defensor  de  la  procesada  TORRES       CANO      “el  veintidós  de  septiembre  de  mil  novecientos  noventa  y  nueve…siendo  las  17:35 horas” (fl. 661vto), esto  es,  en  forma extemporánea, pues de conformidad con la fecha de ejecutoria del  auto  que  concedió la impugnación el término legal para dicho efecto vencía  el  día  20  anterior;  sin  embargo,  la  veracidad  de  este  informe aparece  fehacientemente  desvirtuada  a  través  de  los  documentos  incorporados  con  posterioridad al expediente.   

          Así,  el  defensor  de la sentenciada allegó su copia personal de  la  demanda,  donde aparece de manera perceptible y clara el sello de recepción  de  la  misma en la Secretaría del respectivo Tribunal, impreso mecánicamente,  por  ende,  sin  duda  sobre  la  autenticidad  de  su  contenido,  en el que se  registró  el  recibo  del  libelo el día 20 de septiembre de 1999 (fl. 49 vto.  cdno.   Corte);  sin que sobre advertir que igual fecha se observa, pero en  forma   manuscrita  y  con  firma  de  uno  de  los  empleados  de  la  referida  dependencia,  en el acta mediante el cual el profesional de derecho devolvió el  expediente  que  le  había  sido  facilitado para la elaboración de la demanda  (fl. 50 cdno. Corte).   

          Pero  si a pesar de la univocidad y contundencia de estos elementos  de  juicio persistiera alguna incertidumbre sobre la presentación del libelo en  tiempo  y  el  20  de septiembre de 1999, esto es, dentro del término legal, se  disipa  del  todo  al  constarse que al día siguiente, esto es, con fecha 21 de  septiembre,  la misma Secretaria del Tribunal dejó constancia en el sentido que  “presentada  la  demanda  de  casación,  se  corre  traslado  por  quince  (15)  días  comunes a los demás sujetos procesales para  alegar  de  conformidad  con  el  artículo  224  del  Código  de Procedimiento  Penal…”   y   con  vencimiento  el  “11  de  octubre  a  las  6:00  pm.  de mil novecientos noventa y  nueve” (fl. 662).   

         Así las cosas, se evidencia al máximo  la  equivocación  cometida  en  la  constancia  secretarial  inicial  de  dicha  Corporación  cuando  certificó  una  fecha distinta y posterior respecto de la  presentación  de  la  demanda; informe errado que fue el atendido por esta Sala  para  decretar  la  deserción del recurso extraordinario mediante proveído del  17  de  noviembre  de  1999,  que  por  lo  anotado  en precedencia, deberá ser  reconsiderado.   

         En   efecto,   la   Corte  en  manera  alguna  puede  mantener  la  determinación  reseñada,  al menos no sin menoscabo del derecho fundamental de  la  sentenciada  de  acceder  a  la  administración  de justicia plasmado en el  artículo  228  de  la  Carta  Política,  cuando  a través de los elementos de  juicio  enunciados  surge  derruido  en  este  estadio  de  las  diligencias  el  fundamento  de  hecho  que le brindó sustento; de ahí, entonces, que encuentre  en  el  principio  rector de la corrección de los actos irregulares recogido en  el  artículo  13  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  al  igual  que en el  postulado  superior  de la prevalencia del derecho sustancial sobre lo puramente  formal, el asidero jurídico para acceder a lo demandado.   

          En  este  orden  de  ideas,  la  Sala  revocará  el  citado  proveído de fecha 17 de noviembre de 1999 y, por razones  de  economía  procesal  examinará  en esta misma determinación los requisitos  formales  de  la demanda de casación presentada por el defensor de la procesada  TORRES CANO con el fin de  determinar su admisibilidad.   

2.  De igual modo,  para  que  se averigüe disciplinariamente la falta de veracidad en la comentada  constancia  de  la  Secretaría  de  la Sala Penal del Tribunal de Medellín, se  expedirán  las  copias  pertinentes del expediente con destino a la Presidencia  de  la  misma;  lo anterior, en observancia de las previsiones contenidas en los  artículos 115 y 61 de la Ley 270 de 1996 y 200 de 1995.   

         3.   También  para  los efectos disciplinarios a que hubiere  lugar  y  con  destino  al  reparto  de  esta  Sala,  se  expedirán  las copias  pertinentes  para  investigar  la  pérdida  del  auto de enero 28 de 2000 y del  memorial  que  con  sus anexos presentó originalmente el representante judicial  de la condenada.   

La  demanda   

         Con  apoyo en la causal primera de casación del artículo 220 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  cuerpo  segundo,  esto  es,  por  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, el demandante anuncia un solo cargo contra la  sentencia  proferida  por el Tribunal; censura que hizo consistir en el error de  hecho  incurrido  por falso juicio de identidad “al  presentarse    una   omisión   parcial   del   contenido   material  de  algunas  pruebas”,  que a su juicio condujo a la aplicación indebida del artículo  64-3º  del  Código Penal y a la “consecuentemente  falta      de      aplicación      del     artículo     60”     ibídem.   

          1.   En  la  sustentación  del  reproche  indica  que el Tribunal desestimó la existencia de una conducta grave  e  injusta  de  la  víctima  generadora de la reacción airada de la procesada,  porque   cercenó   algunos   fragmentos   importantes   de  la  ampliación  de  indagatoria,  concretamente, aquellos en los que se dio cuenta del maltrato y de  los   agravios  que  el  occiso  le  infligió  a  la  sentenciada  TORRES   CANO  en  la  noche  de  los  hechos.   

         Con  miras  a sustentar el ataque formulado en estos términos, el  demandante  reproduce  los  apartes  de  la versión rendida por la acriminada y  que,   en   su  opinión,  permiten  comprender  la  reacción  de  aquella;  en  particular,  el  relato  alusivo  a la violencia física desplegada en su contra  por  el  fallecido  Acuña  Alvarez  poco antes de los hechos,  señales de  agresión  que  fueron  constatadas,  según  afirma,  por  el  deponente Javier  Castaño  Alvarez,  “cuyo testimonio, pese a haber  sido  evaluado  por  el  sentenciador, también fue cercenado en ese aspecto que  venimos comentando”.   

         2.   Advierte  por  otra  parte,  que el Tribunal no obstante  aceptar  que  en  las  relaciones  de  pareja  entre  Juan  Carlos y Alba Rocío  existía  un  grave  problema  de  celotipia,  tampoco  infirió  que  la citada  enfermedad    estuviera    presente   cuando   tuvo   ocurrencia   el   luctuoso  acontecimiento,  perdiendo  de  vista  que  esa conducta en extremo celosa de la  acusada,   aunada   a   la   actitud   provocadora  del  agraviado  “jugó      importantísimo      papel      en      el     fatal  desenlace”.   

         3.   De  los  razonamientos  anteriores  el censor deriva dos  consecuencias:    

         3.1   Primero,  que  el  fallador  incurrió  en  el error denunciado al dejar aplicar la atenuante del art. 60 del  C.P.  con la consecuente aplicación indebida del artículo 64-3º ibídem, pues  determinado  por ese yerro en la apreciación de la prueba, simplemente admitió  que  la procesada obró en un estado de emoción excusable, ubicado apenas en el  primero  de  los  seis  peldaños  que  disciernen los sicólogos para medir los  grados  de la ira; rangos sobre los cuales conceptúa con apego a la doctrina en  la  materia,  para  colegir  que  los actos de su asistida fueron impulsados por  fuerzas surgidas inopinadamente de su interior.   

         3.2   Señala por otra parte, que  el  Tribunal  “omitió  apreciar la confesión que  libre   y   voluntariamente  hizo  la  sindicada”,  respaldada  además  en el testimonio de su hijo Javier Castaño Torres; de ahí  que  las  conclusiones  que el ad quem extrajo de las pruebas resulte deformada,  al  no  tener  en  cuenta  que  aquella  obró  en estado de ira causada por una  provocación ajena grave e injusta proveniente de la víctima.   

         Agrega  por  último, que la confesión al tenor del artículo 298  del  C.  de P.P. debe apreciarse de acuerdo con las reglas de la sana crítica y  los criterios para la valoración del testimonio.    

         4.  En  punto  de la trascendencia del  yerro  denunciado,  el  demandante  afirma tan sólo y de manera escueta que por  razón  de él se le negó a la procesada el estado de ira e intenso dolor en el  que  actuó,  que  habría  sido reconocido si la confesión de Alba Rocío y la  declaración  de  Javier  Castaño hubiesen sido apreciadas en su integridad, en  especial,   en   lo   atinente   a   la   agresión   previa   proveniente   del  occiso.   

         A  partir  de  tales consideraciones solicita de la Corte que case  parcialmente  el  fallo  impugnado  y  reconozca  la  atenuante  prevista  en el  artículo  60  del Código Penal con las consecuencias que de ello se derivan en  el monto de la pena.   

        Consideraciones de la Sala sobre la demanda.   

         1.  La casación no constituye una  tercera  instancia  en  la  que  pueda pretenderse la continuidad de los debates  probatorios  planteados en el curso del proceso, por el contrario, como se trata  de  un  juicio técnico – jurídico orientado a la invalidación de la sentencia  proferida  en  segunda instancia, amparada por la doble presunción de acierto y  legalidad,  la  demanda  respectiva  para  que  resulte  viable  admitirla  debe  satisfacer  las exigencias de forma y contenido contempladas en el artículo 225  del  estatuto  procesal  penal,  echadas de menos en el libelo presentado por el  defensor  de  la  sindicada  TORRES CANO,  tratándose  del  deber  que  le  asistía  de indicar en forma  clara,  precisa,  coherente y lógica los fundamentos que le brindan sustento al  reproche elevado al fallo recurrido, como pasa a discernirse.   

        2.    En  efecto,  el  demandante  denunció el error de  hecho  por  falso  juicio de identidad incurrido por el juzgador ad quem, según  afirma,    al    valorar    la   confesión   de   la   encausada   TORRES  CANO así como el testimonio de  Javier  Castaño  Alvarez,  en  concreto,  reprochó  el  cercenamiento  de  sus  exposiciones,  y  en  ese orden de ideas, le resultaba imprescindible confrontar  lo  que  objetivamente  demostraban  tales  pruebas  con  el  contenido  que les  atribuyeron  los  fallos  de instancia, para acreditar por esta vía la falta de  coincidencia  reprochada  o,  en otros términos, su ponderación recortada para  hacerles  derivar un efecto probatorio que en realidad no concitan; sin embargo,  tal requerimiento en manera alguna fue cumplido por el impugnante.   

        Así,  tratándose de la declaración del citado Castaño Alvarez,  el  apoderado adujo tan sólo y en forma escueta, que el sentenciador no tuvo en  cuenta  el  aval  que  le brindó al recuento de la sindicada sobre la agresión  física  de  la  que  había  sido víctima por parte de su compañero, pero sin  examinar  el contenido material que a ese medio de persuasión se le asignó por  los  falladores,  esto es, dejando el ataque en el simple enunciado y carente de  todo desarrollo argumentativo.   

        Tratándose   de   la   confesión  de  la  acriminada  TORRES  CANO,  si bien el demandante  transcribió  algunos  apartes  de  la ampliación de su indagatoria, no lo hizo  para  acreditar  el endilgado cercenamiento objetivo de su contenido, acusación  que  además se diluye al observar que en la sentencia del ad quem se reseñaron  los  apartes  de esa versión que el libelista asegura fueron prescindidos, sino  para  erigir  a partir de una particular y personal valoración de dicha prueba,  a  la  manera de un alegato de instancia, la tesis del homicidio determinado por  una  ira  que  encontró su causa en la conducta grave e injusta de la víctima,  contrapuesta  a  la  desestimación  que  hicieron  los  sentenciadores de dicha  atenuante.   

        3.   Más  aún,  en  lo  que  respecta a la confesión de la  sindicada,   el  casacionista  en  manifiesto  quebranto  del  principio  de  no  contradicción   que   impera  en  el  recurso  extraordinario,  dejó  entrever  reproches  manifiestamente  excluyentes  que obviamente desdibujan la claridad y  precisión  exigida como requisito para la admisión de la demanda, al perder de  vista  que por elementales razones de lógica, sobre un mismo elemento de prueba  y  dentro  del mismo cargo no es posible plantear diversas expresiones del error  de hecho.           

         Así, luego de acusar el cercenamiento  del  contenido  material  de  la  confesión  obtenida  de  la  sindicada  en la  ampliación  de  indagatoria,  el defensor alegó que tal elemento de juicio fue  omitido   por  el  Tribunal  en  el  análisis  de  los  medios  de  convicción  incorporados  al  proceso, es decir, desvió la censura hacia el falso juicio de  existencia  por  preterición de prueba y, a renglón seguido, acrecentando aún  más  la  falta  de  nitidez en el reproche formulado, el demandante insinuó el  desconocimiento  de  las reglas de la sana critica que regulan la estimación de  esa  categoría  de  pruebas  y  que  corresponde a un error de hecho de diversa  naturaleza;  pero  en  últimas,  sin  concretar  aquí  tampoco  y  desde  esas  múltiples    perspectivas    algún    desacierto   examinable   en   la   sede  extraordinaria.   

        4.   A  los  desaciertos técnicos comentados se une, por una  parte,  el  alegato  simultáneo  del  desconocimiento  de  la prueba indiciaria  surgida  de  la celotipia que embargaba a la procesada; reproche que el defensor  también  dejó  en  el  mero  enunciado y sin precisión sobre su trascendencia  frente  a  las  conclusiones del fallo, como quiera que simplemente le atribuyó  un    “importantísimo   papel   en   el   fatal  desenlace”;   por   la   otra,   la  proposición  incompleta  del  reproche, pues se fundó en los supuestos yerros probatorios en  la  valoración  de  las  pruebas  comentadas,  pero  sin  alusión alguna a los  restantes  medios  de  persuasión  con sustento en los cuales los falladores de  instancia  desestimaron  la  circunstancia atenuante de pretendido reclamo en la  sede extraordinaria.   

         5.   En síntesis, de la revisión previa de la demanda surge  evidente  la  inobservancia  de  los requisitos contemplados en el artículo 225  del  estatuto  penal  adjetivo  en lo que respecta a la fundamentación lógica,  coherente  y  no  contradictoria  del  cargo  o  de  los  cargos denunciados, en  consecuencia,  la  Sala  la  rechazará  y  declarará  desierto  el  recurso en  estricto  cumplimiento  de las previsiones originales del artículo 226 ibídem,  no  sin  advertir  ante  la  decisión  anunciada  en  estos  términos,  que de  conformidad  con  el  artículo 18 transitorio de la Ley 553 de 2000 el presente  asunto  no  se  rige por sus disposiciones, pues la impugnación fue interpuesta  con antelación a su vigencia.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         1.   REVOCAR el auto de noviembre  17  de  1999  mediante  el  cual  se  declaró  desierto el recurso de casación  interpuesto    por   el   defensor   público   de   la   acusada   ALBA  ROCIO  TORRES  CANO.   

            2.     RECHAZAR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado de la  procesada  TORRES CANO, en  consecuencia, declarar desierto el recurso interpuesto.   

         3.   Por  la  Secretaría de esta  Sala  expídanse  las  copias  a  que  se hizo referencia en la parte motiva del  presente auto.   

Contra este auto no procede ningún recurso  en  virtud  de  lo  dispuesto  en los artículos 197 y 226 del estatuto procesal  penal.   

         Cópiese,  notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE            JORGE   A.  GOMEZ  GALLEGO   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO             ALVARO O. PEREZ PINZON   

NILSON    PINILLA   PINILLA                                HERMAN      GALAN  CASTELLANOS   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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