15519(04-02-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15519  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 18  

          Bogotá,   D.   C.,   cuatro   (4)  de  febrero  del  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia  del  24 de julio de  1998,  el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito de Barranquilla declaró al señor  José   Rodrigo   Valbuena   Giraldo   penalmente  responsable,  como  autor,  del  delito de homicidio. Le  impuso  la  sanción  principal  de  25  años  de  prisión,  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  10, la obligación de  indemnizar   los   daños   causados   y  le  negó  la  condena  de  ejecución  condicional.   

          El  fallo fue recurrido por el defensor y confirmado por el Tribunal  Superior  de  esa  ciudad  el 28 de septiembre siguiente. El apoderado interpuso  recurso    de    casación,    fue    concedido    y   presentada   la   demanda  correspondiente.   

          La  Sala, ahora, se pronuncia de fondo sobre dicha impugnación, una  vez   obtenido  el  concepto  del  Señor  Procurador  Tercero  Delegado  en  lo  Penal.   

HECHOS  

          El  6 de julio de 1997, a las 2:45 de la mañana, en la calle 39 con  39   de   Barranquilla,   miembros  de  la  Policía  Nacional  aprehendieron  a  José    Rodrigo    Valbuena    Giraldo,  quien,  luego  de  lesionar  con  un  cuchillo  a JOSÉ DE JESÚS  MONTERROSA  NÚÑEZ  y  arrojar el elemento, intentó huir. Como consecuencia de  la herida causada, MONTERROSA NÚÑEZ falleció.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Iniciada  la investigación, se escuchó en indagatoria al capturado  y se le resolvió su situación jurídica.   

          El  5  de septiembre de 1997 fue acusado como responsable del delito  de  homicidio.  Recurrida  la  decisión,  un  Fiscal  Delegado ante el Tribunal  Superior  de  Barranquilla  la  confirmó  el  22  de  octubre siguiente, con la  aclaración   de   que   el   cargo   se   imputaba   a   título   de  autoría  dolosa.   

          Proferidas  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias, la  defensa interpuso recurso de casación.   

LA DEMANDA  

          El defensor formuló dos cargos. Los desarrolló así:   

          Primero.   

          Causal tercera.   

          La  sentencia  se  dictó en un juicio viciado de nulidad por faltas  al  debido  proceso,  con menoscabo de la defensa técnica y material, porque en  la  instrucción  no  se  practicó  una  prueba  de alcoholemia, necesaria para  establecer  si  al  momento  del  hecho el sindicado se encontraba en embriaguez  aguda  para,  así,  concluir  si  se  trataba de un inimputable transitorio. Se  impone,  concluye,  anular  la sentencia, porque también se faltó al principio  de investigación integral.   

          Segundo, subsidiario.   

          Infracción    indirecta    de    la   ley   sustancial.   

          El  Tribunal violó el artículo 21 del Código Penal (de 1980), por  error  de  hecho  debido  a  falsos  juicios de identidad  porque  tergiversó  y  distorsionó  el  sentido  de  la  prueba  indiciaria  y  desconoció     las     reglas    de    la    sana  crítica,   “en  cuanto  hace  a  los  indicios  de  inocencia”.   El   fallador,   agrega,   dejó  de  valorar indicios de descargo.   

          Afirma  que  la  ausencia  del estudio sobre el alcohol en la sangre  del  sindicado,  no permitía capitalizarla en su contra para negar el estado de  embriaguez  bajo  cuyos  efectos  actuó,  pues  ese  aspecto lo demostraban los  testigos.  El  proceder judicial, así, “recorta el derecho de defensa”. Las  pruebas   indirectas  de  cargo  son  inconducentes,  porque  se  tuvieron  como  demostrados   hechos   indicadores  que  no  se  ajustan  a  las  reglas  de  la  experiencia, o que no existen.   

          Como  consecuencia,  solicita se case la sentencia según lo pedido,  o  de  manera  oficiosa,  si la Sala encuentra “una ostensible violación a un  derecho fundamental o por error en la técnica casacionista”.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

          Solicita no casar el fallo, porque:   

          1.  No se incurrió en nulidad, pues  el  dictamen que se impetró antes del cierre de la investigación, se practicó  en  el  juicio.  Por  otras evidencias, además, se estableció que el sindicado  ingirió   bebidas   embriagantes,  hecho  que  no  afectó  su  conocimiento  y  comprensión.  Para  establecer  la  inimputabilidad no se requiere resultado de  alcoholemia.   Finalmente,  el  funcionario  sí  fue  imparcial,  porque  quiso  verificar una cita del sindicado, pero el resultado le fue adverso.   

          2.   De  manera  confusa  el  censor  mezcló  el  falso  juicio  de  identidad   con   el   de   existencia.  No  indicó  cuál fue el medio de convicción sobre el que cayó  el  error  y mencionó “indicios de inocencia”, de los que no especificó el  hecho  indicador,  el  indicado,  ni  la regla de la lógica, la ciencia o de la  experiencia  aplicable.  Por  otra  parte, las sentencias no valoraron elementos  indirectos  sino  la declaración de un testigo presencial, con la cual también  dieron  por  demostrada la embriaguez, sin que de ahí surja “la inocencia”,  como   tampoco   la   inimputabilidad,   que   se   descartó   con  un  estudio  médico.   

CONSIDERACIONES  

          La  sentencia  no  se  casará por cuanto el demandante incurrió en  faltas técnicas, y porque carece de razón.   

          Sobre las primeras, dígase:   

         

          1.   Solicitó   anular  el  fallo,  sin  explicar  las  razones  por  las  cuales  ese acto restablecería las garantías  vulneradas.   

          2.   Del   desarrollo   del   cargo  con  fundamento  en  la  nulidad,  además, se infiere que la hipotética afectación  habría  ocurrido  en  la  fase  de  instrucción por ausencia de una prueba. No  obstante,    no    indicó    un    momento    procesal    oportuno    para   su  práctica.   

          3.     Respecto    del    reproche  subsidiario, impetró se casara  la  decisión.  Mas  no determinó qué tipo de resolución debía ser proferida  en su reemplazo.   

          4. Olvidó que la casación es un recurso  rogado.  En  virtud  de  ello,  como principio, la Corte se limita a revisar las  pretensiones  de  la  demanda.  Por tanto, no es correcto solicitar –como lo hace el actor-  que “se  case  de  manera  oficiosa  la  sentencia”,  si  se  encuentra  “error en la  técnica  casacionista”. La Sala no puede dar gusto al censor pues su tarea en  casación   no   consiste  en  suplir,  enmendar  o  complementar  escritos  que  supuestamente  sustentan  el  recurso y que son elaborados por profesionales del  derecho.   

          5.      En      la      censura  subsidiaria anunció falso   juicio   de  identidad.  Pero  no  desarrolló  lo  enunciado. No precisó los medios probatorios que fueron objeto  de  valoración  errada, ni estableció cuáles sectores o apartes de los mismos  fueron   tergiversados   o  distorsionados,  por  ejemplo  por  adición  o  por  supresión.  Y,  a  pesar  de  que  aludió a equivocada “valoración” de la  prueba,  no  fijó  las  reglas  lógicas,  las máximas de la experiencia o los  aportes  científicos  que,  como  componentes de la sana crítica, habían sido  desconocidos  por el juzgador. Tampoco las reglas, las máximas o los aportes de  la ciencia que debían ser utilizados en el caso concreto.   

          6. Dijo que las “pruebas indiciarias”  habían  sido  erróneamente  valoradas. Pero no concretó, frente a cada una de  ellas,  si  los  equívocos  habían recaído sobre los medios constitutivos del  hecho   indicador,   sobre  la  inferencia  lógica,  o  sobre  la  apreciación  individual o conjunta de las mismas.   

          7.  Dentro del mismo reproche, cuestionó  al  Tribunal  porque  “dejó  de considerar los indicios de descargos”. Este  reparo,  sin  embargo,  debió  ser formulado separadamente y bajo la égida del  falso  juicio de existencia,  bien     diverso     del     falso    juicio    de  identidad. En forma simultánea no es posible predicar  de  la  misma  prueba  esas  dos formas de error, pues el primero implica que el  juzgador  no  haya  atendido  el medio, o lo haya inventado, mientras el segundo  significa  que  el  funcionario  sí  lo  ha  contemplado y apreciado pero lo ha  tergiversado o desdibujado.   

          Sobre    lo    segundo,    carencia         de         razón,  obsérvese:   

          1.  El impugnante apoya la infracción al  debido  proceso  en que no se practicó una prueba de alcholemia, a pesar de que  la solicitó. Pero, mírese:   

          1.1.  Tal  como  se  percibe  en  el expediente, el defensor hizo la  petición,  aunque  realmente  reclamó un dictamen psicológico. Pero presentó  la  solicitud  con  posterioridad  al  cierre  de  la  instrucción.  Es  claro,  entonces,  que,  por  ello,  la  defensa  no  sufrió deterioro durante la etapa  investigativa.   

         

          1.2.   La  fiscalía,  es  cierto,  no  repuso  la  clausura  de  la  instrucción.  Pero,  en  estricto  sentido, no negó la práctica de la prueba.  Simplemente  contestó  que se podía llevar a cabo durante el juzgamiento, como  en  efecto  sucedió,  pues  en  esta etapa se ordenó y realizó la diligencia.  Así  el  asunto,  carecería  de todo sentido anular un proceso y retrotraer la  actuación  para  practicar  una  prueba  ya  practicada,  pues que la garantía  presuntamente infringida ya habría sido restablecida.   

          1.3.  La prueba pericial solicitada tendría por finalidad exclusiva  detectar  la  presencia  de alcohol en la sangre, elemento que, como se sabe por  experiencia,  con  el  paso  del  tiempo y las funciones normales del cuerpo, es  eliminado.  Así,  si  el  hecho  ocurrió  el  6  de  julio de 1997, cuando fue  calificado  el  sumario,  el  5  de septiembre de 1997, seguramente ya no había  rastros  de la ingestión etílica. Y menos ahora. Resultaría inocuo, entonces,  anular  para  disponer  luego de tanto tiempo una prueba en búsqueda de huellas  que ya no pueden existir.   

          1.4.  El  impugnante,  además,  parte de premisas erradas. Dice que  ante  la  ausencia  de  esa prueba se descartó el estado de embriaguez. Esto no  concuerda  con  la  verdad  procesal.   En  efecto, la sentencia de primera  instancia  –que confirmada  estructura  unidad  inescindible  con  la  de  segunda-,  confirió  eficacia al  testimonio  de  MARITZA  ISABEL  VILLARRREAL OJEDA, quien afirmó haber visto al  sindicado  “con  otros  compañeros ingiriendo licor”. Lo propio hizo con el  relato  de  ELÍAS MOISÉS GÓMEZ HERRERA, quien observó que el sindicado y sus  amigos     estaban     “bastante     embriagados     continuando    ingiriendo  ron”.   

          1.5.  Aquello que la defensa pretendía probar con el medio que echa  de  menos  –la ebriedad del  acusado-  fue  demostrado  por los jueces con otras evidencias. En consecuencia,  la  hipotética  omisión  resultaría  intrascendente, pues la conclusión a la  que  se  quería  llegar  con  ella fue lograda, y en el sentido esperado por el  defensor.   

          1.6.  Pero sucede otra cosa: en forma errada, el demandante cree que  el  estado  de beodez aguda, por sí sólo, genera inimputabilidad, aseveración  que  no  sería  cierta.  Y,  a  más  de  ello, los fallos demostraron, con los  testimonios  de  las  personas  que  presenciaron  los  hechos,  con el concepto  científico  solicitado  por  la  defensa  y  con la postura procesal del señor  José    Rodrigo    Valbuena    Giraldo,  que  éste,  para  el  momento de ejecutar el delito, a pesar del  licor  que  había  consumido,  tenía capacidad de conocimiento, comprensión y  autodeterminación y que, por tanto, no era inimputable.   

          2.  El  reproche consistente en que no se  adelantó  una  investigación integral no fue desarrollado con el señalamiento  preciso  de  las  pruebas no practicadas y con la comprobación de la incidencia  de  lo  omitido  en  la  suerte  del  sindicado.  De  otra  parte, como anota el  Ministerio  Público, la realización de la pericia requerida por el apoderado y  la  recepción  del  testimonio  de ELÍAS MOISÉS GÓMEZ HERRERA, demuestran lo  contrario,  pues  esas  pruebas  fueron  evacuadas  con  el  claro propósito de  acceder   a  los  propósitos  defensivos  y  de  corroborar  los  descargos  de  Valbuena              Giraldo.   

         Y  esta  afirmación  no  se  desvirtúa por la circunstancia de que  aquellos  sirvieron  de  soporte  a  los cargos, como que la conclusión médica  descartó  la  inimputabilidad  y la declaración dio cuenta de las mentiras del  procesado,  quien  dijo  que  estaba alojado en un hotel inexistente, además de  que   el  testigo  escuchó  que  los  transeúntes  señalaban  a  José  Rodrigo  Valbuena  Giraldo como el  agresor.    

         3.  En el cargo  subsidiario,   el   actor,   de  manera  incoherente,  cuestionó  la  construcción de los indicios. Mas no especificó cuáles fueron  los   mal   elaborados.   Fuera   de   ello,  las  sentencias  fundamentaron  la  responsabilidad en:   

         a)    La    captura    en   flagrancia   del   señor   Valbuena   Giraldo   cuando,   instantes  posteriores al delito, llevaba el arma en su poder.   

         b)  La declaración de MARITZA ISABEL VILLARREAL OJEDA, quien lo vio  cuando cometía el hecho.   

         c)  Y  en  la de ELÍAS MOISÉS GÓMEZ HERRERA quien, previo al acto  delictivo,  se  percató de la presencia del detenido dedicado a consumir licor,  y  a  quien,  luego  del  suceso,  los  testigos lo señalaban como el autor del  homicidio.   

         El  reproche, entonces, carece de asidero, por cuanto los juzgadores  no hicieron ninguna referencia a la prueba indirecta.   

         Resultado  de  todo  lo anterior, por las dos razones señaladas, la  Sala no casará la sentencia.   

         Y   por   lo   dicho,  la  eventual  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  originado  en la existencia de un nuevo régimen penal, compete a  los Señores Jueces de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad.   

         Con  base  en  lo  expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         No casar la sentencia impugnada.   

         Devuélvase y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                         FERNANDO   E.   ARBOLEDA   RIPOLL                            

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS   A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                                                                                                    Permiso   

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO        ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO           

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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