15461nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15461  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 196  

          Bogotá, D. C., veintiuno de noviembre de dos mil.   

VISTOS  

          La  Corte  examinará la admisibilidad de la casación propuesta por  el  defensor  del  procesado  JOSÉ  LUIS  CANO  GARCÍA,  en  relación  con la  sentencia  anticipada  de  segundo  grado del 15 de septiembre de 1998, obra del  Tribunal  Superior  de  Medellín, por medio de la cual se condenó al acusado a  la  pena  principal de veintiséis (26) años y ocho (8) meses de prisión, como  autor  del  delito  de  homicidio agravado  cometido  en  la  persona  de  su  hermano  NÉSTOR DE JESÚS CANO  GARCÍA.   

          Se  procede  de conformidad con los artículos 220 y 225 del Código  de Procedimiento Penal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Entre  los  hermanos  JOSÉ  LUIS  y  NÉSTOR DE JESÚS CANO GARCÍA  existían  rencores  por intolerancias recíprocas en la convivencia doméstica,  razón  por  la cual frecuentemente discutían y se peleaban, sobre todo durante  sus  estados  de  intoxicación  producida  por  el  alcohol o las drogas.   Ocurrió  que, al despuntar la madrugada del día 7 de abril de 1998, el primero  acometió  a  golpes  de puñal al segundo, en momentos en que ambos se hallaban  al  interior  de  su  residencia,  situada  en  la carrera 72 N° 94-116 (barrio  Castilla)  de la ciudad de Medellín, acto en el cual le ocasionó una herida de  gravedad  en  la  región  pectoral  izquierda y como consecuencia de la cual se  produjo su muerte.   

          El  agresor  abandonó  la  casa y se situó en una esquina cercana,  lugar  en el cual fue sorprendido por la policía, cuando aún tenía consigo el  cuchillo tinto de sangre.   

          El  imputado  fue  oído  en indagatoria y, por medio de resolución  del  8  de  abril  de 1998, la Fiscalía ordenó su detención preventiva por el  delito de homicidio agravado (fs. 20).   

          El  8  de  julio  del  mismo  año, el fiscal realizó diligencia de  sentencia  anticipada, conforme con solicitud hecha por el procesado, acto en el  cual  éste  aceptó  los cargos formulados por el delito de homicidio agravado,  sin  atenuantes.   No  obstante,  concedido  el  uso  de  la  palabra  a la  representante  del  Ministerio  Público  y  al  defensor,  ambos  estuvieron de  acuerdo  en que debía reconocerse la rebaja de pena por estado de ira e intenso  dolor y por confesión del acusado (fs. 136).   

          El  Juzgado  Veinticuatro  Penal  del  Circuito  de Medellín dictó  fallo  anticipado  de  primer  grado  el  22  de julio de la misma anualidad, de  conformidad  con  los cargos formulados en la respectiva audiencia, decisión en  la  cual  expresamente motivó la negación de las reducciones de pena por ira y  confesión.   Se  impuso  entonces  la  pena  principal antes indicada (fs.  152).   

          En  atención  a la apelación propuesta por la defensa, el Tribunal  Superior confirmó integralmente la sentencia impugnada (fs. 184).   

LA DEMANDA  

          El  actor  propone  dos  (2)  cargos  principales  y  uno  por  vía  subsidiaria   en   contra  de  la  sentencia  atacada,  reparos  que  enuncia  y  desenvuelve del siguiente modo:   

          1.   El primero, presentado por la causal tercera de casación,  se  explica  por  una  supuesta  irregularidad  que  afectó  el debido proceso,  cometida  en la audiencia de sentencia anticipada, pues, pese a la existencia de  prueba  testimonial  orientada  a demostrar un estado de ira e intenso dolor, el  instructor  afirmó  que  no se había producido ningún cambio en la situación  jurídica    y    fáctica   perfilada   en   la   resolución   de   situación  jurídica.   

          Si  la  base probatoria de la atenuante era clara para el Ministerio  Público  y  la  defensa,  el  ente  acusador debió realizar un juicio sobre su  procedencia,  dado  que  otra  hubiera  sido  la  estrategia defensiva si aquél  exterioriza  la  denegación de la circunstancia de aminoración punitiva.   Por  otra parte, el reconocimiento de la integridad del cargo imputado por parte  del  sindicado,  no  significaba  una  renuncia  a  circunstancias favorables de  comprobada existencia en el mundo real.   

          Tal  irregularidad, concluye, afectó sustancialmente las garantías  del  procesado, pues de haberse reconocido la atenuante, la pena se disminuye en  los  términos  del  artículo  60  del  Código  Penal.   Por  tal razón,  solicita  que  se  decrete  la  nulidad  a  partir  del  audiencia  de sentencia  anticipada de julio 8 de 1998.   

          2.   En  el  segundo  cargo  se escoge la causal primera, en la  modalidad  de  violación  directa  de  la  ley sustancial, dado que el fallador  interpretó  erróneamente  el artículo 299 del Código de Procedimiento Penal,  razón por la cual negó la rebaja de pena prevista en dicha norma.   

          El  sentenciador  no  tuvo  en  cuenta  el  aspecto  subjetivo de la  flagrancia  en este caso, pues el procesado, aunque contó con la oportunidad de  huir,  prefirió  radicarse  en  una  esquina  cercana de su residencia donde lo  apresó  la policía.  Así lo atestiguan la señora CLARA PATRICIA CAMPO y  el   agente  GUSTAVO  DE  JESÚS  JARAMILLO  BUITRAGO,  pruebas  que  no  fueron  apreciadas en su oportunidad procesal.   

          Pide  que  se  case  la  sentencia  y, en lugar, que se reconozca la  confesión deprecada.   

          3.   Subsidiariamente,  el  censor  acude  a  la  misma  causal  primera  de  casación,  ahora  por  la modalidad de la violación indirecta, en  vista  de  que  se  omitió  la  apreciación  del  dictamen  médico  legal que  determinaba  342 miligramos de alcohol en el torrente sanguíneo de la víctima,  lo   cual   impediría   señalar   que   el   único   agresor   haya  sido  el  procesado.   

          La  mencionada omisión obstaculizó la aplicación del artículo 60  del  Código  Penal  a favor del acusado, en razón de que se desconoció que la  agresión  fue  mutua  y  violenta  por  parte del occiso, hasta el punto de que  desencadenó una reacción violenta del acusado CANO GARCÍA.   

          Pide    casar    el    fallo    para    reconocer    la    atenuante  aludida.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.   Respecto de la primera censura, si el propósito radica en  el  reconocimiento  de  la atenuante por ira o intenso dolor, no sería menester  acudir  a la causal de nulidad, pues, como el mismo actor lo exteriorizó con la  cita  de  la sentencia de junio 10 de 1998 (M. P. Jorge  E.  Córdoba Poveda), el principio de intangibilidad de  la  acusación no es oponible a los casos en que el juzgador reconoce atenuantes  de   responsabilidad,   siempre   que   se  mantenga  la  identidad  de  género  delictivo.   De  esta  manera,  bastaría  decirle  a la Corte que hubo una  transgresión  directa  o indirecta de la ley sustancial, según el caso, con el  fin  de  que ella provea al reconocimiento de la diminuente del artículo 60 del  Código  Penal  mediante  el  respectivo  fallo de reemplazo, por más que en la  resolución  acusatoria  o  su  equivalente  la Fiscalía haya omitido cualquier  pronunciamiento sobre el tema.   

          Sin  embargo,  como  en  este cargo el censor no acudió a la causal  primera,  no  puede  la  Corte  adivinar si al final la vulneración de la norma  sustancial  citada  se aduce como procudida de manera inmediata, en qué sentido  ocurrió,   o  si  fue  como  consecuencia  de  yerros  en  la  apreciación  de  pruebas.   

          Adicionalmente,  como se trata de una sentencia dictada dentro de un  procedimiento  especial  y  abreviado,  cuyas  oportunidades de impugnación son  limitadas  conforme con el artículo 37 B del Código de Procedimiento Penal, el  demandante  no  ha  demostrado  (como era su deber) que la carga acusatoria (que  incumbe  al  fiscal)  involucraba  expresamente  la  atenuante punitiva y que, a  pesar  de  ello,  los  juzgadores  la desconocieron, caso en el cual, se repite,  tampoco  sería  procedente  acudir  al  motivo  de  la  nulidad  sino  a  la de  violación de la ley sustancial por vía directa o indirecta.   

          2.   En  el  segundo  cargo,  el  impugnante opta por la causal  primera  de casación, hace énfasis en que se trata de una violación directa y  alude   a  una  interpretación  errónea  del  artículo  299  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

          Pues  bien,  la  jurisprudencia ha sido pródiga en decisiones sobre  la  distinción  entre  violación  directa  y  violación  indirecta  de la ley  sustancial,  según  las  cuales el acogimiento de la primera modalidad comporta  para  el  actor  una  aceptación  de  los  hechos  y las pruebas, pues, de otra  manera,  se  transgrediría  la  regla lógica de la no contradicción.  No  obstante,  en  este  caso  el  actor  enuncia  una  violación  directa,  pero a  continuación  lamenta  que  no  se  hayan  estimado  en su oportunidad los  testimonios  de la señora CLARA PATRICIA CAMPO y del policía GUSTAVO DE JESÚS  JARAMILLO  BUITRAGO,  de  acuerdo  con  los cuales el agresor permaneció en una  esquina cercana a su residencia y por ello se facilitó la captura.   

          Por  otra parte, al censor le parece que la permanencia del imputado  alrededor  del  lugar  de  los  hechos  facilitó  la aprehensión y también la  investigación  del  hecho punible, pero no ha demostrado cómo se desvirtúa la  flagrancia  configurada en los fallos a partir de datos como la observación del  crimen  por  sus  familiares  y  la  incautación  del  arma ensangrentada en su  poder.   

          No  sobra  advertir  que  si  lo  reclamado  es la aplicación de la  reducción  punitiva  prevista  en  el  artículo 299, entonces el sentido de la  violación  no  podría  ser  la  interpretación  errónea  sino  la  falta  de  aplicación de dicho precepto.   

          3.   La  tercera censura apunta al supuesto desconocimiento del  dictamen  pericial  sobre  el  grado de alcoholemia de la víctima, a partir del  cual  infiere  el demandante que el atacado también agredió al procesado, pues  hubo  ofensas  recíprocas,  lo cual permitiría la aplicación del artículo 60  del Código Penal.   

          De  acuerdo  con  la  norma  citada, procede la atenuante de pena en  tanto  el  acusado  actúe  en  estado  de  ira  o intenso dolor, provocados por  comportamiento   ajeno   grave  e  injusto.   Al  demandante  le  incumbía  demostrar  en  este  caso  (y  no lo hizo) que el procesado cometió el hecho en  medio  de  una  tormenta  anímica;  que  ésta  fue  producida por una conducta  ofensiva  y  precedente  del  occiso;  y,  además, que dicho comportamiento del  agredido  fue  grave  e injusto.  De igual manera, cómo saber que el hecho  de  establecer  el  grado  de  alcohol  en  sangre de la víctima, en razón del  dictamen  omitido,  era dato suficiente para determinar todos los componentes de  la aminorante que se acaban de citar.   

          La  demanda unas veces contiene equívocos sobre la causal escogida,  otras  en  su  modalidad,  pero también carece de demostración clara y precisa  del cargo.  En razón se ello se inadmitirá.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          No admitir la demanda de casación examinada.   

          Cópiese, comuníquese y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                  JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                  CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         NILSON PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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