15285ago

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15825  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 139.  

          Santafé   de   Bogotá,   D.   C.,  diecisiete  de  agosto  de  dos  mil.   

VISTOS  

          De  conformidad  con  los  artículos  225  y  226  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  la  Corte  proveerá  sobre los requisitos formales de la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado EUCLIDES RAFAEL  VALDEBLANQUEZ  ARREGOCES,  en  relación  con  la  sentencia  de  segundo  grado  proferida  por  el Tribunal Nacional, fechada el 14 de agosto de 1998, por medio  de  la  cual  se condenó finalmente al acusado a la pena principal de noventa y  seis  (96)  meses  de  prisión  y  multa  por valor de dos millones trescientos  setenta  y  ocho  mil  doscientos  setenta  pesos

($  2.378.270.oo),   como   autor   de  una  infracción  al  Estatuto  Nacional  de  Estupefacientes (Ley 30 de 1986, artículo 33).   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          De  acuerdo  con  lo  determinado en el fallo de instancia, la SIJIN                      de  la  Policía  Nacional  en  la  ciudad de Barranquilla sabía de  negociación  de  drogas ilícitas en la residencia situada en la carrera 61 N°  64-62,  perteneciente  a  la familia VALDEBLANQUEZ ARREGOCES, motivo por el cual  dispuso  una  operación  con dos de sus agentes encubiertos, el sargento ARTURO  GARCÍA  y el gendarme GABRIEL RAMOS JIMÉNEZ, quienes simularon ser compradores  del  material  y,  el  12  de junio de 1995, por medio de un informante hicieron  saber  a  los  expendedores  que estaban interesados en comprar cocaína, motivo  por  el  cual  los  individuos  EUCLIDES  RAFAEL  VALDEBLANQUEZ ARREGOCES, PEDRO  ANTONIO   VALDEBLANQUEZ  MEJÍA  y  SIGIFREDO  DE  JESÚS  GALEANO  AGUDELO,  se  mostraron  prestos  a  conseguir quince (15) kilogramos de la sustancia ilícita  requerida,  pero  la  transacción, programada para los 8 de la mañana del día  siguiente,  se  frustró porque el proveedor OLIMPO NAYIB OCHOA no los atendió,  en  vista  de  la  presencia  de  los  dos  extraños;  sin  embargo de lo cual,  aquéllos  se  comunicaron  con  otros  proveedores, quienes les manifestaron la  disponibilidad  inmediata de una cantidad aproximada de 10 kilos del alcaloide y  el deseo de hacer personalmente la negociación.   

          Así  entonces,  cuarenta  y  cinco  (45)  minutos  después  de  la  conversación   telefónica,   aparecieron   en   la   residencia  indicada  los  expendedores  FABIÁN  DACCARET  YIDI,  GEOVANY  ORLANDO ROSSI MARTÍNEZ y PEDRO  ANTONIO  ZULUAGA  SERNA,  este  último  con  un  maletín en el cual portaba la  droga,  la  pesaron,  confirmaron  la calidad y cerraron la operación.  En  este  momento,  el  suboficial GARCÍA se retiró con el fingido ánimo de traer  el  dinero  para  cubrir  el  precio,  pero  regresó  con sus compañeros de la  policía  que  esperaban  en  los  alrededores para capturar en flagrancia a las  personas  antes  señaladas,  además  decomisaron  el estupefaciente, cuyo peso  neto  fue  de 9.853 gramos, dos (2) vehículos, una pistola Browing calibre 7.65  con  proveedor  y  nueve  (9)  cartuchos,  dos (2) teléfonos celulares, dos (2)  “bíper” y una pesa de reloj, entre otros enseres.   

          Posteriormente,   se   dio  captura  a  los  sujetos  CARLOS  MANUEL  VALDEBLANQUEZ  BUITRAGO, ALBERT JHON VALDEBLANQUEZ JIMÉNEZ, LEÓN MARIO ALVAREZ  OROZCO,   ELÍAS   EDUARDO   ABOMOHORT   SALCEDO  y  VÍCTOR  GREGORIO  DACCARET  DAEZ.   

          Iniciada  la  investigación por un fiscal regional de Barranquilla,  le  recibió  indagatoria  a  las  once (11) personas capturadas y, por medio de  resolución  fechada  el 23 de junio de 1995, dispuso la medida de aseguramiento  de  detención  preventiva en contra de EUCLIDES RAFAEL VALDEBLANQUEZ ARREGOCES,  FABIÁN  DACCARET  YIDI,  PEDRO  ANTONIO  ZULUAGA  SERNA,  GEOVANY ORLANDO ROSSI  MARTÍNEZ,  PEDRO  ANTONIO  VALDEBLANQUEZ  MEJÍA  y SIGIFREDO DE JESÚS GALEANO  AGUDELO.   En  relación  con los demás imputados, el fiscal se abstuvo de  adoptar  igual  determinación  (cuaderno original 1, fs. 6, 58, 64, 68, 74, 78,  81, 87, 90, 94, 98, 103 y 173).   

          Aún  en  la  fase  de  la  instrucción, el procesado PEDRO ANTONIO  VALDEBLANQUEZ  MEJÍA  se  acogió  la  sentencia  anticipada  (Cuaderno  2, fs.  179).   

          Por  medio  de  resolución  fechada  el  22  de  marzo  de 1996, el  funcionario  judicial  acusó  a  los  procesados  EUCLIDES RAFAEL VALDEBLANQUEZ  ARREGOCES,  SIGIFREDO  DE  JESÚS  GALEANO AGUDELO, PEDRO ANTONIO ZULUAGA SERNA,  GEOVANY   ORLANDO  ROSSI  MARTÍNEZ,  FABIÁN  DACCARET  YIDI,  VICTOR  GREGORIO  DACCARET  DAEZ  y ELÍAS EDUARDO ABOMOHORT SALCEDO, como coautores del delito de  conservar  cocaína,  agravado,  de  acuerdo con los artículos 33, inciso 1° y  38,  numeral 3° de la ley 30 de 1986.  En la misma decisión, se precluyó  la  investigación  respecto  de  CARLOS  MANUEL VALDEBLANQUEZ BUITRAGO, ALBERTO  JHON  VALDEBLANQUEZ  JIMÉNEZ  y  LEÓN  MARIO  ALVAREZ  OROZCO (cuaderno 2, fs.  279).   

          La  resolución acusatoria fue confirmada por la Unidad de Fiscalía  ante  el  Tribunal  Nacional, por medio de providencia fechada el 15 de abril de  1997,  con  la  adición  de  que los acusados debían responder también por la  conducta  de  ofrecer  con fines de venta (cuaderno 2ª instancia Fiscalía, fs.  48).   

          Asumido  el  conocimiento  para el juicio por un Juzgado Regional de  Barranquilla  (c.  3, fs. 82), se sometieron al trámite de sentencia anticipada  los  acusados  FABIÁN DACCARET YIDI (c. 3, fs. 92 y 212), PEDRO ANTONIO ZULUAGA  SERNA  (c.  4,  fs.  398  y 431), SIGIFREDO DE JESÚS GALEANO AGUDELO (c. 4, fs.  401) y GEOVANY ORLANDO ROSSI MARTÍNEZ (c. 4, 481-497).   

          El  juez  regional dictó sentencia de primer grado el 20 de mayo de  1998,  por  medio  de  la cual condenó al acusado EUCLIDES RAFAEL VALDEBLANQUEZ  ARREGOCES  a  la pena principal de ciento veinte (120) meses de prisión y multa  en  cuantía de

$ 3.330.138 pesos, como autor de los  delitos   de   conservar   estupefacientes  con  fines  de  venta,  agravado,  y  destinación  ilícita de inmueble para la venta de drogas (arts. 33, 34 y 38-3,  ley  30/86).   A ELÍAS EDUARDO ABOMOHORT y VÍCTOR GREGORIO DACCARET DAEZ,  se  les  impuso la sanción principal de noventa y seis (96) meses de prisión y  multa  por  valor  de  $  2.378.270.oo  pesos,  como  coautores  del  injusto de  conservar      cocaína      con     fines     de     expendio     (idem,  arts. 33 y 38-3).  También se  dispuso  la  medida accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  y el decomiso de algunos bienes (c. 5, fs. 702).   

          En  virtud  del  recurso  de  apelación  y el grado de consulta, el  Tribunal  Nacional profirió fallo de segunda instancia el 14 de agosto de 1998,  por  medio  del  cual  redujo  la  pena de VALDEBLANQUEZ ARREGOCES a 96 meses de  prisión  y  multa por valor de

$ 2.378.270.oo, dado  que  se  le  absolvió  por  el  cargo de destinación ilícita de inmueble a la  venta  de  estupefacientes, como que sólo quedaba vigente el delito consistente  en  conservar  cocaína  y  ofrecerla  con  fines  de  venta.  La sentencia  también  revocó  la condena impuesta a los procesados ELÍAS EDUARDO ABOMOHORT  SALCEDO  y  VÍCTOR  GREGORIO  DACCARET  DAEZ, a quienes absolvió de los cargos  imputados en la acusación (cuaderno Tribunal, fs 10).   

LA DEMANDA  

          El   actor  propone  dos  (2)  cargos  en  contra  de  la  sentencia  impugnada,  el  primero  por  la vía de la nulidad y el segundo como violación  indirecta  de  la  ley sustancial, debido a un supuesto error de hecho por falso  juicio  de  identidad  (C.  P. P., art. 220, numerales 3° y 1°).  Dispone  las censuras del siguiente modo:   

          1.   La  primera  se  descompone  en  dos  hipotéticos errores  in procedendo:   

          1.1   Uno  de  ellos lo sustenta en que el decomiso de la droga  (9.853  gramos  de cocaína), se produce en la casa de la familia VALDEBLANQUEZ,  no  porque  allí  se  conservara  el  alucinógeno,  sino  en razón de que los  policiales  encubiertos  ordenan  llevar  la  mercancía hasta dicha residencia,  momento  en  el  cual  se  incautan  de ella y, después de capturar a once (11)  personas,  proceden a dar aviso al Ministerio Público para que acuda a la misma  y   ello   es   lo   que   se   ha   denominado   diligencia   de   allanamiento en el proceso.   

          Así  entonces,  estima el impugnante, el allanamiento que dio lugar  a  la  captura  de  su  defendido  fue  realizado sin el lleno de los requisitos  legales,  como  quiera  que  no hubo orden de autoridad judicial competente y se  hizo  sin la presencia del Ministerio Público, pues a éste se le llamó cuando  ya  se había producido la incautación de la droga, la captura de los imputados  y  el  registro  del  inmueble.   Concluye  que la denominada diligencia de  allanamiento  está afectada de nulidad, no sólo porque viola el debido proceso  sino  también porque compromete garantías fundamentales como la prevista en el  artículo 28 de la Constitución Política.   

          1.2      El     otro    error    in  procedendo  tiene  que  ver  con  una  omisión  de la  providencia  calificatoria de segunda instancia, fechada el 15 de abril de 1997,  pues,  a  pesar  de  que oportunamente solicitó a la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Nacional  una nulidad por violación al debido proceso y al derecho de  defensa, tal instancia guardó silencio sobre la petición.   

          Explica  que  una  vez  se percató de que los policías practicaron  “una  diligencia  plagada  de  nulidad,  a  donde  ellos  mismos  llevaron  el  alucinógeno  para  decir  más  tarde haber sido encontrado en esa vivienda sin  serlo,  y  de  vincular  personas que no tenían en absoluto nada que ver con lo  ocurrido”,  solicitó  la  nulidad,  conforme  con los numerales 1° y 2° del  artículo  304  del  Código  de  Procedimiento Penal, pero el fiscal de segunda  instancia no resolvió la pedido.   

          2.   La  segunda  censura,  expuesta  por  la vía de la causal  primera  de  casación,  se  rotula como error de hecho  por  falso  juicio  de identidad, cometido en razón de  que  el  fiscal delegado ante el Tribunal Nacional tenía la necesidad imperiosa  de  resolver  sobre  lo  pedido,  dado  que  estaba dentro de su competencia, no  obstante lo cual ni lo hizo ni se refirió al caso.   

          Para  demostrar  el  cargo, el censor aduce que el fiscal de segunda  instancia,  no  contento  con  la  imputación  del hecho punible previsto en el  artículo  33  de  Estatuto  de  Estupefacientes, adicionó la acusación con la  conducta  ilícita señalada en el artículo 34 del mismo ordenamiento, en vista  de  que  el  procesado  VALDEBLANQUEZ  ARREGOCES  destinó  el  inmueble para la  transacción  del  estupefaciente.   De  esta  manera,  el  funcionario  de  segundo  grado hizo más gravosa la situación jurídica del acusado y dio lugar  a  la  ruptura  de la unidad procesal, actitud con la cual incurre nuevamente en  nulidad  “por  cuanto  afectó  una  garantía constitucional consagrada en el  artículo  29  de la Carta Magna y el inciso 2° del artículo 88 del código de  procedimiento penal” (fs. 72).   

         

EVALUACIÓN FORMAL DE LA DEMANDA  

          I.   En  la  primera  objeción, postulada por el sendero de la  causal  3ª  de  casación,  el  censor pregona la ilegalidad o la nulidad de la  denominada   diligencia   de  allanamiento,  por  medio de la cual la policía hizo el decomiso de la cocaína  y   capturó   a   algunos   de  los  supuestos  responsables  del  tráfico  de  estupefacientes,   entre   ellos  el  condenado  EUCLIDES  RAFAEL  VALDEBLANQUEZ  ARREGOCES.   

          Pues   bien,  el  allanamiento  se  define  sólo  como  un  medio o autorización coercitiva para  llevar  a  cabo  el  registro  de  un  domicilio  y eventualmente capturar a una  persona  u  obtener  información  traducida  en el decomiso de elementos.   Así  pues,  como  el  allanamiento  es  la  fuente de la prueba, bien porque el  ataque  se dirija a ésta como resultado o a aquél como medio, la vía correcta  para  impugnar  la  sentencia  sería  la  prevista  en  la  causal  primera  de  casación,  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial, como error   de   derecho   por  falso  juicio  de  legalidad.   

          En  efecto,  de  acuerdo  con  el  artículo  29 de la Constitución  Política,  es  “nula  de  pleno derecho”  la  prueba  obtenida con violación del debido proceso, lo cual  significa  que cuando un medio probatorio está afectado en la regularidad de su  formación,   o   desconoce   las   garantías  fundamentales  que  lo  limitan,  sencillamente   dicho   elemento  de  convicción  en  concreto  se  tiene  como  jurídicamente   inexistente.    La   consecuencia   obvia   de  tan  claro  tratamiento  constitucional  de  la  prueba inválida, sería la de que ésta no  puede  servir  de  fundamento  a  la decisión judicial de fondo que se avecina,  pero  en manera alguna la anomalía probatoria afectaría de nulidad el resto de  la  actuación  procesal.   Es  decir,  si  la  diligencia  de allanamiento  tachada  por  el  censor  de  ilegal, se considera como el medio para obtener la  prueba  fundamental de cargo, y además no existía otra que sustentara en igual  medida  un  fallo condenatorio, el camino correcto era hacer ver el falso juicio  de   legalidad  y  pedir,  en  consecuencia,  la  conversión  a  una  sentencia  absolutoria,  pero  en  manera  alguna  procurar  una  inexistente  nulidad  del  proceso.   

          Equivocó     el     demandante     la     causal    de    casación  escogida.   

          II.    En   la   segunda  parte  de  los  errores  in  procedendo, el impugnante se refiere a  otra  nulidad  cifrada en que el calificador de segunda instancia, a pesar de su  oportuna  petición  de  invalidez por violación al debido proceso y el derecho  de   defensa,  guardó  silencio  en  la  providencia  y  no  dio  respuesta  al  petitum.  No explica el  censor  el  sentido  y  la  trascendencia  de  la mentada omisión, así como su  eventual  compromiso  en la continuidad de la supuesta irregularidad, a pesar de  que  contaba  con  una preciosa oportunidad para hacerla valer en la iniciación  del juicio (C. P. P., art. 446).   

          III.   El  segundo  cargo  se  ha  denominado como error   de   hecho   por   falso   juicio  de  identidad,  pero,  aparte  de  que  son completamente extraños los supuestos  ofrecidos  para  satisfacer  el  señalamiento  de  ese  decantado sentido de la  violación  indirecta  de la ley sustancial,  el verdadero soporte fáctico  del  yerro  tampoco  se  comprende,  porque  el  actor  primero alude a la misma  omisión  de  respuesta  por parte del fiscal de segunda instancia (sin acudir a  subsidiariedad),  pero  después  da a entender que el agravio se produjo por el  agregado   de   otra  imputación  delictiva  en  la  calificación  de  segundo  grado.   

          Así  entonces,  establecido  que  el falso  juicio  de  identidad  corresponde a un error de hecho  cometido  por  la  tergiversación material de la prueba, en la medida en que el  juzgador  le  hace  agregados  o  supresiones  al  contenido  de la misma, no se  entendería  cómo  la  ausencia  de respuesta a una petición específica de la  defensa   podría   llegar   a   constituir   el  supuesto  de  dicha  clase  de  yerro.   

          Por  otra  parte,  los  agregados  arbitrarios  que  caracterizan el  falso juicio de identidad, se  repite,  tienen  como  escenario  el  contenido  material  de las pruebas, no el  ámbito de las providencias judiciales.   

          Por  último, con mayor desacierto e imprecisión en el discurso, el  demandante   dice   que   la   calificación   de  segunda  instancia,  dada  la  intensificación  de los cargos delictivos señalados en la acusación de primer  grado,  sería un “acto anulable”, argumento que sorpresivamente desvía sin  explicación  la  censura  desde  la causal primera a la tercera.  De igual  manera,  el  actor  se  refiere  a  una  ruptura de la unidad proceso, originada  supuestamente  en  la  misma conducta del fiscal, pero no demuestra cómo es que  tal fenómeno se produjo en el iter procesal.   

          Son  patéticas  las  confusiones en la presentación de la demanda,  hasta  el  punto  que  no  es posible establecer si realmente hubo errores en la  concepción  de  la sentencia atacada, ni tampoco determinar el verdadero camino  escogido por el actor para aspirar a su remoción.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          Inadmitir  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del  procesado EUCLIDES RAFAEL VALDEBLANQUEZ ARREGOCES.   

          En    relación   con   esta   providencia,   no   procede   recurso  alguno.   

          Cópiese, comuníquese y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                  JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                  CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         NILSON PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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