15195jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15195  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 127  

          Santafé   de   Bogotá,   D.   C.,  veintiséis  de  julio  de  dos  mil.   

VISTOS  

          El  Tribunal Superior de Santafé de Bogotá, por medio de sentencia  fechada  el  8 de julio de 1998, condenó al acusado MARIO CASTAÑO SALAZAR a la  pena  principal  de  cuarenta  (40)  meses de prisión, como autor del delito de  FALSEDAD  MATERIAL  DE PARTICULAR EN DOCUMENTO PÚBLICO, en concurso homogéneo,  de acuerdo con los artículos 220 y 26 del Código Penal.   

          Ha  impugnado  en casación el defensor del procesado, razón por la  cual la Corte procederá a calificar la demanda.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Por  recomendación  que  le  hizo  su amiga MARTHA BUSTAMANTE en la  ciudad  de  Manizales,  en  el mes de agosto del año de 1989, el señor GERARDO  PÉREZ  SOTO  contrató  los servicios del ciudadano MARIO CASTAÑO SALAZAR, con  el  fin de que le hiciera las gestiones de visa para viajar a los Estados Unidos  de  América,  efecto  para  el  cual se contactó con el gestor en la ciudad de  Santafé  de  Bogotá, quien le exigió seiscientos mil pesos ($ 600.000.oo) por  el  trámite,  cantidad  de  la cual aquél desembolsó la suma de cuatrocientos  mil  pesos  ($  400.000.oo).   A  los  veinte  (20)  días  siguientes,  el  encargado  de la gestión le entregó a su mandante una escritura pública y una  licencia  de  tránsito,  entre  otros  documentos,  para  que él personalmente  acudiera  a la embajada americana donde le entregarían la visa, pero como éste  sabía  que  no  era  propietario de bienes inmuebles ni de vehículos, apreció  que  los  papeles eran falsos, decidió entonces reclamarle la devolución de su  dinero y después lo denunció penalmente.   

          El  afectado  PÉREZ  SOTO  dio  a  conocer  los  hechos  el  17  de  septiembre  de  1990,  inicialmente  se  ocupó  de  ellos  el  Juzgado 29 Penal  Municipal  de esta ciudad, pero posteriormente se trasladaron las diligencias al  Fiscal  164  Delegado  ante  los  Jueces  Penales  del Circuito, funcionario que  recibió  la indagatoria y decretó la detención preventiva del sindicado, como  autor  de un concurso de delitos de falsedad material de particular en documento  público (fs. 75 y 95).   

          Se  dictó  resolución acusatoria en contra de CASTAÑO SALAZAR, el  15  de  abril  de  1996,  como  autor  de los hechos punibles antes mencionados,  conforme  con  los artículos 26 y 220 del Código Penal, decisión que alcanzó  ejecutoria  el  23  de  mayo del mismo, una vez declarado desierto el recurso de  apelación interpuesto (fs. 128 y 138).   

          Asumió  el  conocimiento  el  Juzgado  Séptimo  Penal de Circuito,  despacho  que  dictó  fallo  de  primera  instancia  el 16 de marzo de 1998, de  acuerdo  con el cual se condenó al acusado a la pena principal de cuarenta (40)  meses  de  prisión  y  a  la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas por igual período (fs. 243).   

          La  sentencia del Tribunal confirmó integralmente la emitida por el  juzgado.   

LA DEMANDA  

          El  actor  propone  cinco  (5) cargos en contra del fallo impugnado,  tres  (3) de ellos por la causal primera y los dos (2) restantes por la tercera,  así:   

          1.   Con  apoyo  en la causal primera de casación, prevista en  el  numeral  1°,  primera parte, del artículo 220 del Código de Procedimiento  Penal,   aduce   una   violación  directa  de  la  ley sustancial, por aplicación indebida del artículo 220  del  Código  Penal,  en  concordancia  con  los  artículos  26 y 5° del mismo  ordenamiento.   El  fundamento  de  la  impugnación radica en que nunca se  probó  hasta  el  grado de certeza el hecho punible de falsedad, pues bastó al  sentenciador  lo manifestado por el denunciante GERARDO PÉREZ SOTO y el testigo  HERNÁN  CAMPIÑO  ZAPATA,  sin que se haya preocupado por establecer por medios  probatorios  más  idóneos  (documentales  o  periciales)  que  en  realidad el  primero  no  fuera  el  propietario  de los bienes mencionados en los documentos  tachados.   

          Como  el  Tribunal  hizo  uso  de  una  prueba  tan  simple  como la  testimonial,  en  lugar  de  acudir  a  la documental o pericial, en últimas se  condenó  al  procesado con base en una responsabilidad  objetiva,  figura  proscrita  en  el artículo 5° del  Código Penal.   

          2.   La  misma  causal se invoca para postular una violación    indirecta,    como   cargo  subsidiario,  por  error  de hecho como falso juicio de  existencia  y  la consecuente falta de aplicación del  artículo  445  del  Código  de  Procedimiento  Penal.  El falso juicio de  existencia  consiste  en  haber  tomado  los  testimonios señalados como prueba  suficiente  y necesaria para pregonar la demostración de la presunta falsedad y  la responsabilidad del acusado.   

          Con  fundamento  en  una  prueba  testimonial  que  ofrece  duda, el  sentenciador  declaró  que  ciertos  documentos eran falsos, motivo por el cual  erró  “sobre  la existencia de la certeza para condenar”.  Por qué no  pensar  que el quejoso fue quien le entregó los documentos al procesado?.   Pero  no,  los juzgadores le dieron más importancia a los testimonios que a las  explicaciones   del   acusado,   pues   éstas   no  las  apreciaron  en  debida  forma.   

          3.   La  tercera  censura,  propuesta  en subsidio, también se  orienta   por   la  causal  primera,  como  violación  indirecta  de la ley sustancial, traducida en un error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad,  que  dio  lugar  a  la falta de aplicación del artículo 445 del  Código  de  Procedimiento  Penal.   Remite  a  la  sustentación del cargo  anterior,   pero   agrega  que  el  juzgador  distorsionó  el  alcance  de  los  testimonios  de  PÉREZ y CAMPIÑO y les dio un contenido y una fuerza diferente  a la que en realidad poseen.   

          Explica  que  la  prueba testimonial se ha valorado equivocadamente,  en  vista  de  que  se  soslayaron  los  imperativos  legales  de investigación  integral,  imparcialidad  de  la  prueba y necesidad de la misma, por no haberse  allegado   otros   medios   probatorios   que  mostraran  cómo  los  documentos  cuestionados eran en realidad apócrifos.   

          Con base en la causal tercera, el censor aduce:   

          4.   La  sentencia  está  viciada  de  nulidad,  por  falta de  motivación  en  lo  atinente  a  la  tasación del pena, pues se desatendió lo  establecido  en los artículos 1°, 61, 64 y 67 del Código Penal.  Explica  que  en  la  medición  de  la pena no se consultaron los parámetros normativos  legales  para  fijarla, mucho menos se expusieron los argumentos necesarios para  realizar  el  incremento  punitivo  correspondiente al fenómeno del concurso de  hechos  punibles,  pues  se partió del mínimo previsto en el artículo 220 del  Código  Penal  (24  meses  de prisión) y, con el mismo argumento superficial y  sin  razón  de  la  primera instancia, se hizo un incremento de 16 meses por la  concurrencia delictiva.   

          5.   Por  último,  señala  el  actor, existen irregularidades  sustanciales  que  afectan  el  debido  proceso,  merced  a  la  vulneración de  principios  como  el  de  necesidad  de  la prueba, certeza, imparcialidad en la  búsqueda  de  la  prueba, investigación integral y objeto de la investigación  penal.   Aduce  que  los hechos se declararon cabalmente probados, única y  exclusivamente  con  base  en  lo  afirmado  por  los  testigos, sin atender los  descargos  del  procesado  CASTAÑO SALAZAR, quien explicó que jamás se había  comprometido  a  conseguir  una visa a PÉREZ SOTO ni tampoco le hizo entrega de  los documentos falsos.   

          No  bastaban  las declaraciones indicadas, porque el deber de buscar  imparcialmente  la  prueba e investigar tanto lo favorable como lo desfavorable,  obligaba  a  que  se  recaudara  la  prueba  pertinente  en  la  Notaría 2ª de  Manizales  y  la  Oficina  de  Tránsito de Envigado, pues sólo así se hubiera  comprobado  si la escritura pública y la licencia de tránsito en realidad eran  apócrifas.   

EXAMEN FORMAL  

          Son  bastante  evidentes  los yerros de lógica y técnica cometidos  en  la  elaboración  de  la  demanda,  hasta  el  punto  que sólo confusión e  indefiniciones  se  advierten  en  su  texto,  lo  cual  subvierte los elementos  básicos  e  imprescindibles  para abrir el debate en casación, conforme con el  artículo 225 del Código de Procedimiento Penal.  Se verá:   

          1.    El   cargo   principal,   basado   en   la   violación  directa  de  la ley sustancial  (arts.  5,  26  y  220  C.  P.),  supone  que  el  actor  sólo va a discutir la  relevancia  jurídica  de  los  hechos,  pues  se  conforma con la prueba de los  mismos.   Sin  embargo,  apenas  encara  el  fundamento  de  la censura, el  demandante  se  compromete  con juicios probatorios, tales como que “… nunca  se  probó fehacientemente o con la certeza necesaria” la realidad del delito;  o  que  “… sólo con lo manifestado por el denunciante Gerardo PÉREZ SOTO y  el  testigo  José  Hernán  CAMPIÑO  ZAPATA,  es  que  se entendió probada la  existencia  del  injusto  plural  contra  la  fe  pública  y  nunca se procuró  establecer,      a      través      de      otros      debidos     –o  más  adecuados- medios probatorios  (v.  gr.,  documentales  y  periciales), que en realidad PÉREZ SOTO no fuera el  dueño     de     los     bienes    –inmueble  y  mueble-  mencionados  y,  por  supuesto,  que  él,  en  momento,  manera  y  forma  ninguna  los  suscribió (escritura pública 1317 de  agosto  31/89  de  la Notaría 2ª de Manizales) o los solicitó (la licencia de  tránsito,  previa  presentación  de  los  documentos  que,  suscritos  por  el  propietario  del  bien,  han  debido  cursarse  ante  la  oficina  de  tránsito  respectiva   –Envigado,  Ant.)   –fs.  34  y  35,  cuaderno Tribunal-.   

          Si  el  actor  toma  deliberadamente  la dirección de la violación  directa,  vía  que  se  circunscribe  a  una  apuesta  sobre  la  calificación  jurídica  de  los  hechos,  cuya  existencia  y  prueba  se comparte, no pueden  admitirse    desvíos    tan    ostensibles    como    los    que    revela   el  postulante.   

          2.   El impugnante plantea, en segundo lugar, un error de hecho  por    falso   juicio   de   existencia,  dizque  por  cuanto  el  Tribunal  ha  asumido los testimonios de  GERARDO  PÉREZ  SOTO  y  JOSÉ  HERNÁN  CAMPIÑO ZAPATA como prueba evidente e  incuestionable,  con  la  fuerza suficiente y necesaria para llegar a la certeza  del hecho punible y la responsabilidad del acusado.   

          El     error    de    hecho,    a    diferencia    del    error   de  derecho,  tiene  relación  sólo  con  un  juicio  de  aprehensión  de  la  estructura  óntica  o  materialidad  de  la  prueba,  sin  adentrarse  en las reglas jurídicas de formación o valoración de la misma, de  tal  manera  que  aquél  adquiere  el perfil del falso  juicio   de  existencia,  cuando  el  fallador  ignora  completamente  una  prueba  que  existe en el proceso o supone otra que no se ha  producido.   En  este  caso, paradójicamente, el censor no se duele de que  se  haya  desconocido  una  prueba testimonial o de otra índole existente en el  proceso,  sino,  por  el contrario, lamenta que se le haya otorgado a la primera  un  valor  irrebatible, lo cual no es ni mucho menos un error de hecho por falso  juicio de existencia.   

          3.   La  tercera  objeción  se refiere a un error de hecho por  falso juicio de identidad y,  en  honor  a la brevedad, se remite a la sustentación del cargo anterior.   Es  cierto  que el mencionado yerro consiste en una distorsión del contenido de  las  pruebas,  materialmente  consideradas, como se aproxima el demandante, pero  no basta decirlo sin demostración alguna.   

          En  efecto,  el  actor  no  demuestra  qué  pasajes,  expresiones o  palabras  se  han  agregado o suprimido a la descripción fáctica que contienen  los  testimonios  de  GERARDO PÉREZ SOTO y JOSÉ HERNÁN CAMPIÑO ZAPATA.   Se  remite a la fundamentación del cargo precedente, pero tampoco enseña cuál  fue  el  examen concreto que la judicatura hizo de tales testimonios, con el fin  de  comparar  y  acercarse de pronto a la consolidación de una vía de hecho en  la  valoración de las pruebas, aspecto que de alguna manera podría presentarse  (si  se  da  la  razón  suficiente)  como  un  error de hecho como falso raciocinio.   

          En  el  sustento  de  la  censura  se  dice,  adicionalmente, que el  fallador  ha  obviado  imperativos  legales  como  la  investigación integral o  imparcialidad  en  la  búsqueda  de la prueba y necesidad de la prueba, pero de  tal  manera  se  desvía confusamente a otras causales y sentidos de violación,  porque,   si   se   llegare  a  comprobar  la  violación  al  primer  principio  (investigación  integral),  el  proceso  quedaría  afectado de nulidad (causal  3ª),  pues  el  otro  (necesidad  de  los medios probatorios) tiene que ver con  supuestos  errores  de  derechos  por  falso juicio de  legalidad.   

          4.   A  partir  de  la  causal  tercera de casación, el censor  estima  que  el  juicio está viciado de nulidad, porque se han transgredido los  parámetros  de  la  legalidad  en  la  tasación de la pena, en vista de que se  partió  del  mínimo de sanción previsto en el artículo 220 del Código Penal  (24  meses)  y,  con motivación precaria, se hizo un incremento de 16 meses por  el concurso de hecho punibles.   

          No  existe  demostración  alguna sobre una supuesta violación a la  legalidad  de  la  pena,  lo  cual  apenas  se  insinúa sin precisión, pues lo  paradójico  es  que  el  mismo  demandante  expone  que el fallador partió del  mínimo  de  sanción contemplada en la disposición respectiva (art. 220 C. P.)  y  le  hizo  un  aumento  de  16  meses, operación que no desborda los límites  legales.   

          A  la  vista  de  que  la  sentencia partió del mínimo legal y, en  razón  de  un  delito concurrente de la misma especie, apenas le incrementó 16  meses  de  prisión,  tampoco  se  ha  probado  cuál  sería la fundamentación  adicional  que  se  requiere  para  justificar el aumento punitivo (aparte de la  concurrencia  delictual),  máxime  que  solamente  se  manipularon los mínimos  legales.    No  ha  dicho  el  impugnante  porqué  se  transgredieron  los  artículos  61, 64 y 67 del Código Penal, a sabiendas de que el sentenciador no  hace  intensificación  punitiva  distinta al concurso delictual, aspecto que ni  siquiera él discute en este apartado de la demanda.   

          5.    En  la  última  censura,  el  memorialista  alude  a  la  violación  del principio de investigación integral, entre otros, quizá porque  no  se  recopilaron otras pruebas documentales o periciales que indicaran que en  realidad  la  escritura  y  la  licencia de conducción eran documentos espurios  (art.  249 C. P. P.).   Sin embargo, no se ha indicado suficientemente  la  trascendencia  de  la  falta de tales medios probatorios, porque el actor no  revela  de  qué  manera la prueba testimonial no podría probar por sí sola lo  pretendido.   En  esa  materia, el actor reconoce que el juzgador le dio un  valor  incuestionable a los testimonios, mas no trae a colación lo dicho en los  fallos,  como  para  que en una consideración adicional de su parte evidenciara  lo absurdo de esa valoración probatoria.   

          En  el  desarrollo  de  este  cargo,  el  demandante  insiste  en la  violación  del  principio  de  necesidad  de la prueba, pero tampoco explica de  qué  manera  se  ha  transgredido  el axioma y el objeto sobre el cual recae la  afrenta,  si  los  testimonios cuestionados o la prueba que echa de menos.   Por  otra  parte,  como ya se advirtió, las irregularidades en la formación de  la  prueba  habrán  de  alegarse  por  la  causal  primera  de  casación, como  error    de    derecho    por    falso   juicio   de  legalidad.   

          Carece  el  libelo de la claridad y precisión básicas y, por ello,  habrá de inadmitirse.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          Inadmitir  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del  procesado MARIO CASTAÑO SALAZAR.   

          En relación con esta decisión no proceden recursos.   

          Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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