15136jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15136  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 127  

          Santafé   de   Bogotá,   D.C,   veintiséis   de   julio   de  dos  mil.   

VISTOS  

          Apunta  la  Corte a decidir sobre el aspecto formal de la demanda de  casación   presentada  en  favor  del  procesado  GERMÁN  MAHECHA  RANGEL,  en  relación  con  el  fallo  del  Tribunal Superior de Medellín, fechado el 28 de  abril  de  1998, por medio del cual el acusado fue condenado a la pena principal  de  cuarenta  y  ocho  (48)  meses de prisión, como autor del delito de cohecho  propio.   

          Se  procede  de conformidad con los artículos 225 y 226 del Código  de Procedimiento Penal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         

El  joven  RAFAEL  DARÍO  CARDONA JARAMILLO,  después  de  que en varias ocasiones vio frustrada su aspiración de obtener la  visa  para  viajar  a  los  Estados  Unidos de América, decidió valerse de los  servicios  que  en  tal  sentido, ilegalmente, ofrecía la señora MARÍA ELVIRA  MORA  DE  RESTREPO, persona que lo contactó con LUIS FERNANDO BETANCUR MÚNERA,  quien  le suministró pasaporte, visa y registro civil falsos, documentos en los  cuales   figuraba  como  el  menor  “RAFAEL  GAVIRIA  RESTREPO”,  y  además  gestionó  todo  lo  necesario  para  que  el  14  de  septiembre de 1996, en el  aeropuerto  José  María  Córdova de Rionegro, el favorecido se los presentara  al  revisor  GERMÁN  MAHECHA  RANGEL,  quien  de  acuerdo  con el plan criminal  autorizaría al viajero el abordaje del respectivo vuelo.   

Sin   embargo,  merced  a  las  autorizadas  interceptaciones  telefónicas  del abonado correspondiente a la señora MORA DE  RESTREPO,  el  plan  estaba  al descubierto y entonces el impostor fue capturado  junto con los papeles espurios que portaba.   

          Una  fiscal  adscrita  a la Unidad Primera de Reacción Inmediata de  la  Fiscalía  General  con  sede  en  Medellín,  decretó  la  apertura  de la  instrucción,  el 16 de septiembre siguiente, en cuyo decurso se vincularon como  imputadas  las  personas  mencionadas y otras que aparecieron progresivamente, a  quienes  posteriormente  les fue impuesta detención preventiva por el delito de  falsedad  documental,  además del injusto de cohecho para MAHECHA RANGEL -24 de  septiembre y 4 de octubre de 1996-.   

          Cerrada  la  investigación  el  29  de  enero  de  1997,  salvo  en  relación  con  la  dama  LILIANA MARÍA VALENCIA RENDÓN, la Fiscal 35 Delegada  calificó  el  mérito  sumarial  en la resolución del 13 de marzo de 1997, por  medio  de  la  cual  presentó  acusación por un concurso de hechos punibles de  FALSEDAD  MATERIAL  DE PARTICULAR EN DOCUMENTO PÚBLICO, AGRAVADA POR EL USO (C.  P.,    arts.    220    y    222,    inciso    2°)   y   COHECHO   (idem,  arts.  141  ó  143),  pero  con la  aclaración  de  que  MAHECHA  RANGEL  lo  era  sólo  por el atentado contra la  administración  pública  y  CARDONA JARAMILLO apenas por el ilícito contra la  fe  pública,  mientras  que otros vinculados fueron favorecidos con preclusión  de  la  investigación.   Esta  decisión  fue  confirmada por la Unidad de  Fiscalía  ante  los  Tribunales  Superiores  de  Medellín  y Antioquia, según  resolución del 15 de mayo de 1997 (cuaderno 2, fs. 884 y 957).   

          Del  juicio  conoció  el  Juzgado Veintiséis Penal del Circuito de  Medellín,  ciclo que concluyó con sentencia condenatoria de primer grado -8 de  febrero  de  1998-,  decisión que después fue confirmada por el Tribunal en el  reseñado  fallo,  con  modificaciones  atinentes  a la reducción de pena, pues  MARÍA  ELVIRA  MORA  DE  RESTREPO  y  LUIS  FERNANDO BETANCUR MÚNERA deberían  descontar  46  meses  de prisión, dado que en relación con ellos no concurría  la  agravante  del inciso 2° del artículo 222 del Código Penal; y en cuanto a  GERMÁN  MAHECHA  RANGEL,  se  fijó la sanción en 48 meses de prisión, debido  que  no  era  concurrente la agravante genérica del numeral 11 del artículo 66  del mismo estatuto.   

LA DEMANDA  

          La  censura  se  erige  sobre  la  causal  primera,  cuerpo segundo,  prevista  en el artículo 220-1 del Código de Procedimiento Penal, porque está  fundamentada   en  un  supuesto  error  de  hecho  proveniente  de  la  indebida  apreciación de la prueba.   

          Sostiene  el  censor,  después  de  enriquecer  el  libelo  con  la  doctrina  sobre el indicio, que es condición esencial de la prueba por indicios  que  el  hecho indicante esté plenamente acreditado, como lo exige el artículo  302  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  pero  en  el caso que nos ocupa el  fallador  construyó  la  prueba indiciaria a partir de hechos no demostrados en  el   proceso,   método   desviado   que   le   sirvió  para  concluir  en  una  responsabilidad  penal  del  procesado,  en  claro  detrimento de los postulados  universales de la presunción de inocencia y la duda.   

          Según  el  texto  de  la  sentencia, agrega el censor, Germán  Mahecha  Rangel  recibió  por su  labor  una suma de dinero que oscilaba entre quinientos y setecientos mil pesos,  lo  cual  indica  que  aquél  fue  cohechado  pero  no  se  sabe el monto de lo  entregado.   

          Igualmente,  el actor llama la atención sobre el tratamiento que se  le  dio  al  contraindicio  consistente  en que el procesado fue quien retuvo al  joven   Rafael  Darío  Cardona  Jaramillo,  pues el Tribunal aduce que si bien la prueba testimonial trasluce  que  aquél  no  sabía  del  operativo para capturarlo, en cambio sí existe la  prueba  indirecta  de las grabaciones, cuyo contenido se fuerza para extraer tal  conocimiento o conclusión.   

         

          Por  otra  parte,  el  juzgador  trastoca la naturaleza de la prueba  recaudada,  pues toma las grabaciones como prueba indiciaria, cuando en realidad  se  trata  de  prueba  documental,  mas  como  a  la misma no se le dio el legal  tratamiento  para  establecer  su  autenticidad  y  eficacia,  hábilmente se le  encuadra  como  un  indicio  para  prolongar  así  la vigencia de equivocadas y  manidas  posturas  doctrinarias y jurisprudenciales, según las cuales la prueba  que  no  satisface  plenamente  los  presupuestos  legales,  se le cataloga como  indiciaria  para  no  dejarla  sin  valor  acreditativo,  pero  de tal manera se  desconoce  que le indicio es un medio de prueba autónomo, que como tal tiene su  propia estructura naturalística y jurídica.   

          No  le  queda  duda  al  censor  que,  de conformidad con autorizada  doctrina  y  el  artículo  225  del  C.  de  P.  P.,  las  cintas que contienen  grabaciones   magnetofónicas   constituyen   documentos,  en  cuanto  contienen  expresiones  de  personas  conocidas y, en consecuencia, los juzgadores debieron  someterlas al legítimo contradictorio y no asimilarlas a indicio.   

          De  modo que, según lo estima el impugnante, la estructuración del  indicio  sobre bases inciertas; la desatención al contraindicio demostrado y la  confusión  de  la prueba documental con la indirecta, son verdaderos errores de  hecho.   Además,  el  yerro arrecia porque el Tribunal acepta dicha prueba  para  condenar  al procesado Mahecha Rangel,  cuando  ella a lo sumo tributa probabilidad y no certeza, actitud  que  viola los principios universales de presunción de inocencia e in  dubio  pro reo, que no solamente son de  carácter  sustancial  sino  derechos  del  procesado  de rango constitucional y  legal (Const. Pol., art. 29; C. de P. P., arts. 2°, 247 y 445).   

          Por  lo  anterior,  el  impugnante  solicita  a la Corte que case la  sentencia y profiera la sustitutiva de absolución al procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Extensa  ha sido la jurisprudencia de la Corte, por medio de la cual  se   ha   hecho  pedagogía  sobre  la  forma  como  debe  dirigirse  el  ataque  extraordinario  a  la prueba indiciaria, como requisito insustituible en procura  de  la  claridad  y  precisión  demandada  para esta clase de escritos, pues el  censor  habrá  de  mostrar cuál es el elemento del indicio que se ataca: si es  el  hecho indicador -el cual se revela a través de las pruebas-, puede acudirse  a  las  modalidades  que  corresponden frente a la unidad de información que lo  demuestra,  esto  es, falso juicio de existencia por omisión o por suposición,  falso  juicio  de  identidad, o falso juicio de legalidad, o falso raciocinio; a  tiempo  que si la objeción se dirige frontalmente contra la inferencia lógica,  debe  poner en claro la existencia del error de hecho por falso raciocinio, pues  a  no  dudarlo, como se trata de una operación intelectual de índole inductiva  y  probabilista,  debería  mostrar la tergiversación palmaria de las reglas de  la lógica o de la experiencia común o científica.   

          No  empece  lo  dicho,  tales  pautas  fueron dejadas de lado por el  censor,  en  la  medida en que si comienza por advertir la supuesta presencia de  un  error  de hecho en la sentencia, derivado de la indebida apreciación de las  pruebas,  no  tarda  mucho en cubrir el desarrollo del cargo en un simple ataque  opositor  a  las  resultas del fallo, sin brindar a la Corte el señalamiento ni  la argumentación del error aducido.   

          El   desfase  emerge  de  cada  una  de  las  razones  con  las  que  equivocadamente  cree  haber  cumplido  con  la  carga  lógica y técnica de la  impugnación,  pues,  verbigracia, afirma el actor que el Tribunal no determinó  el  monto  exacto  de lo recibido por el procesado como acicate de corrupción o  cohecho,  pero no hace mención alguna sobre  la prueba que contiene aquél  dato   cuantitativamente   incierto,  ni  argumenta  cómo  de  ser  real  dicha  incertidumbre  para  el fallador, ello lo hubiera imposibilitado en sana lógica  para  construir  un indicio por la falta de un conocimiento preciso acerca de la  cifra  dineraria.   En  efecto,  si  el  cohecho  es  una conducta ilícita  referida  a  valores  (dinero, otra utilidad o promesa remuneratoria), según el  artículo  141 del Código Penal, la inquietud sería hasta qué punto se afecta  la  tipicidad  o  la  prueba  del  hecho indicador si no hay precisión sobre la  cantidad  recibida,  pero  sí  seguridad  sobre  la  mediación  del  estímulo  económico o utilitario.   

          Ahora  bien,  dentro  del mismo tema del  monto  de  lo  recibido,  si la inconformidad radicaba en la inferencia lógica,  resulta  más  exigente  la demostración del absurdo de la operación inductiva  hecha por el Tribunal.   

          Otro  tanto  ocurre cuando se refiere al que llama contraindicio por  la  actitud  de  retención  del  impostor que desplegó el procesado, ya que ni  siquiera  se toma el trabajo de mencionar la probanza que lo acredita y explicar  cuál  la  manera  como,  según  lo  dice, fue dejado de valorar.  En todo  caso,  también se echa de menos una demostración clara de que, si dicho motivo  infirmante  hubiera  sido  puesto  bajo  la  óptica  de  análisis, entonces la  consecuencia   sería   el   derrumbe   de  las  conclusiones  del  ad  quem,  pues  para  ello se requiere un  examen integral de las pruebas asumidas en la instancia.   

          No  es  mejor  la  postura  asumida frente a la grabación, sobre la  cual  funda  el  error  en  la  supuesta  falta  cometida  por  el  ad  quem  al  considerarlo  indicio  y  no  prueba  documental,  pues  ni siquiera se informa a la Corte del contenido de la  cinta   y   las   expresiones  de  la  misma  que,  por  ejemplo,  pudieron  ser  tergiversadas en perjuicio de la suerte procesal del acusado.   

          Pero   no   queda  allí  la  discusión  en  torno  a  la  supuesta  desnaturalización  de  las  grabaciones como prueba documental y su conversión  en  prueba  indiciaria,  pues,  a  pesar  de  que  reitera  con énfasis que tal  mutación  constituye  un  error  de hecho,  en  el  curso de las motivaciones no tiene empacho para mezclarle  indebidamente   a   la   objeción   ingredientes  propios  de  un  error   de   derecho   por   falso  juicio de legalidad, cuando se queja  de  que  los  juzgadores  no  le  hayan  dado  el tratamiento debido a tal medio  probatorio,  con  el fin de establecer su autenticidad y garantizar el legítimo  contradictorio.   Esto  último, decididamente, tiene que ver con supuestos  errores en la formación o validez de la prueba o en su eficacia.   

          Y   si   se  diera  pábulo  al  error  de  derecho   esbozado   de   manera   tan  descuidada  y  contradictoria,  también  faltaría la demostración sobre el vacío probatorio  que  dejó  la  sentencia  en materia de autenticidad y eficacia del documento o  grabación.   

          Así  pues,  ante  semejante  precariedad  en  la  presentación del  reparo,  la  Corte  no  puede  ingresar  en el estudio de la protesta del censor  contra  algunas  jurisprudencias  y  doctrinas  que,  a  pesar  de  reconocer la  ilegalidad  en  ciertas  pruebas,  con  eufemismos  y  disimuladamente  les  han  otorgado  valor  a  través  de  una  mágica  reducción  de  lo  ilegítimo al  indicio.   Sin  embargo,  como  el  tema  tendría  que  ver  con el debido  proceso,  es  necesario  señalar  que  los  indicios tienen una fuente en otros  medios  probatorios  (testimonios,  documentos, pericias, etc.), porque el hecho  indicador  siempre  habrá  de aparecer probado (C. P. P., art. 302), razón por  la  cual  el  demandante  en  este  caso  tendría  que  haber demostrado que el  Tribunal,   en   lugar   de   afirmar  que  las  grabaciones  eran  prueba    del    hecho    indicador   del  conocimiento  del  procesado sobre el operativo policial, redujo arbitrariamente  las  primeras  a  un  indicio,  no  obstante  haber  reconocido  inicialmente la  ilegalidad de las cintas magnetofónicas.   

          Todo  hace  pensar,  más  bien, que el censor busca es que la Corte  reexamine  el  material  probatorio  al  que  parcialmente  hace  alusión, pues  mírese  cómo tampoco muestra en renglón alguno cuáles fueron la totalidad de  los  medios  de  convicción sobre los que el dispensador de justicia inició la  tarea  constructiva del medio probatorio inferencial.  Esta situación pone  a  flote  el  desconocimiento  de la naturaleza rogada del recurso, la misma que  obstaculiza  a  la  Corte la posibilidad de hacer a nombre del recurrente lo que  éste dejó de realizar.   

          Así  las  cosas,  el  escalafón  correspondiente  a la lógica del  Tribunal,  amparado  por un contexto de presunción de acierto y legalidad de su  fallo,  no  ha  sido  tocado  por  formas  básicas en la censura orientada a su  rompimiento,  razón  por  la cual, habrá de repetirse, el libelo no cumple con  el mínimo de pautas que habiliten un estudio de fondo del caso.   

          A  manera  de  conclusión, de conformidad con el reglado 226 del C.  P.   P.,   se   inadmitirá   la   demanda   y   se   declarará   desierto   el  recurso.   

          En  mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

          RECHAZAR      IN     LIMINE   la  demanda  presentada  en  favor  del  procesado  GERMÁN MAHECHA RANGEL, contra la sentencia del Tribunal Superior del  Distrito   Judicial   de   Medellín   que   lo   condenó   por  el  delito  de  cohecho.   

          En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  de  casación  interpuesto.   

          Esta  decisión  no  admite  recurso  alguno,  de  acuerdo  con  los  artículos 197 y 226 del C. P. P.   

Cópiese, comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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