15170jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15170  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 127  

          Santafé   de   Bogotá,   D.C,   veintiséis   de   julio   de  dos  mil.   

VISTOS  

          Estudia  la  Corte  el  aspecto  formal  de  la demanda de casación  presentada  por  el  defensor del procesado RODRIGO ALFONSO, en relación con la  sentencia  condenatoria  por los delitos de homicidio y porte ilegal de armas de  fuego  agravados,  proferida  por  el  Tribunal Superior de esta ciudad, el 8 de  junio  de  1998,  a  fin de determinar si cumple con los requisitos establecidos  por el artículo 225 del Código de Procedimiento Penal.   

HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  16  de  febrero  de  1996, aproximadamente a la 1:30 horas de la  madrugada,  a  la  altura  de la calle 120 con carrera 37 de esta ciudad, varios  sujetos   que  se  movilizaban  en  un  carro  Mazda  626,  de  placas  ARG-467,  atravesaron  el  vehículo al paso de un Montero Mitsubishi, distinguido con las  placas  QHW-190, conducido entonces por el joven GERMÁN CIFUENTES VIVAS, con el  ánimo  de  apoderarse  del  automotor de propiedad de éste, momento en el cual  propinaron  al  abordado un disparo a nivel de la región supraciliar derecha y,  en  vista  de  las  graves  lesiones cerebrales padecidas, la víctima falleció  horas  después  en  la  clínica  Shaio,  pero  los victimarios desistieron del  propósito inicial y huyeron del lugar.   

          Ocurre  que  el  vehículo en el cual se  transportaban   los  agresores  era  piloteado  por  RODRIGO  ALFONSO,  a  quien  acompañaban  los  sujetos CARLOS N., CARLOS ALBERTO ARIAS y JHON FRANCISCO CRUZ  ROMERO,  el  último  de  los  cuales  fue  el que descerrajó el disparo con un  revólver    calibre    38,    de    propiedad    del   conductor   Alfonso.   

          El  mismo  día  del  suceso, el fiscal 40 Delegado inició la labor  investigativa,  dentro  de  cuyo  desarrollo  fueron  vinculados  por  medio  de  indagatoria  CARLOS  ALBERTO  ARIAS  GIRALDO, JHON FRANCISCO CRUZ ROMERO, JESÚS  CERVANDO  GIRALDO  MUÑOZ  y  ALVARO  VEIRA  DÍAZ,  pero sólo los dos primeros  fueron  afectados  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva por el  delito  de homicidio agravado -6 de marzo de 1996-, decisión que posteriormente  fue  adicionada  con  el  injusto  porte  ilegal  de  armas  de fuego de defensa  personal  -20  de  marzo  de  1996-,  a tiempo que sobre los demás imputados el  funcionario  se  abstuvo de decretar medida alguna, mas igualmente se ordenó la  captura  de  RODRIGO  ALFONSO, persona comprometida en los hechos de acuerdo con  la versión que sobre ellos hizo el imputado CRUZ ROMERO.   

          Cerrada  parcialmente  la  investigación  respecto de CRUZ ROMERO y  ARIAS  GIRALDO  y  rota  la  unidad de proceso, amén de las infructuosas tareas  realizadas   en  procura  de  la  aprehensión  del  imputado  ALFONSO,  persona  declarada  ausente el 6 de mayo de 1996, los asegurados fueron acusados mediante  interlocutorio del 18 de junio de 1996.   

          En  manos  de  la  justicia  RODRIGO  ALFONSO,  ya en investigación  separada,  la  Fiscalía  le  recibió  indagatoria  y, por medio de resolución  fechada  el  25  de  septiembre  de  1996,  le impuso medida de aseguramiento de  detención  preventiva  por  los delitos de homicidio agravado y porte ilegal de  armas,  hechos punibles que después sirvieron de base a la acusación formulada  contra  el  mismo  por  el  fiscal  48 Delegado, fechada el 15 de enero de 1997,  posteriormente   confirmada  por  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  los  Tribunales  Superiores,  según  resolución   del  6  de  marzo  del mismo  año.   En  la  misma calificación, se precluyó la investigación a favor  de  los sindicados JESÚS CERVANDO GIRALDO MUÑOZ y ALVARO VEIRA DÍAZ (cuaderno  original 3, fs. 49 y cuaderno Fiscalía 2ª instancia, fs. 1).   

          Para  la  fase  del juzgamiento, inicialmente se hizo el reparto del  proceso  al  Juzgado 61 Penal del Circuito, despacho que se lo envió al Juzgado  55,  en vista de que allí estaba a punto de realizarse la audiencia pública de  los  individuos  primeramente  acusados,  pero  el  juez requerido se abstuvo de  avocar  el  conocimiento  y  se  lo  remitió  al  Juez  12  Penal del Circuito,  competente  para  resolver el conflicto de reparto, quien entonces se lo asignó  al primero.   

          Adelantado  finalmente  el  juicio  en relación con RODRIGO ALFONSO  por  el  Juzgado  49 Penal del Circuito (así quedó convertido el 61 por razón  del  cambio  oficial  de nomenclatura), se definió en la sentencia condenatoria  fechada  el  6 de febrero de 1998, por medio de la cual el acusado fue condenado  a  la  pena  principal  de cuarenta y un (41) años y dos (2) meses de prisión,  como  coautor de los delitos antes mencionados, determinación confirmada por el  Tribunal  Superior  en  el  fallo  que  ahora  se impugna (cuaderno 3, fs. 237 y  cuaderno Tribunal, fs. 4).   

LA DEMANDA  

          El  único  cargo  del  libelo tiene asiento en la causal tercera de  casación,  por  una  supuesta nulidad derivada del desconocimiento de las bases  fundamentales  del  juzgamiento,  como  quiera  que  en  opinión del censor, el  Juzgado  55  Penal del Circuito era el encargado de adelantar la fase del juicio  del  proceso  seguido  en  contra de RODRIGO ALFONSO, pues una vez calificado el  sumario,   éste   debió   acumularse   a   las   diligencias   de   los  otros  procesados.   

          A  partir  de  tal planteamiento, recuerda lo ocurrido dentro de los  respectivos  trámites,  con  el fin de destacar que el juzgado referido ignoró  las  prescripciones  de  los  artículos  87  y  88  del C. P. P., así como las  atinentes  a  la  acumulación  y  competencia,  en  la medida en que si bien al  principio  existió  el  factor  determinante  del  rompimiento  de la unidad de  proceso,   previsto   en   el   numeral   2°   del  artículo  90  idem,   ya  ejecutoriada  la  resolución  acusatoria  contra  el  procesado  ALFONSO, aquél desapareció, razón por cual  procedía  la  acumulación  “máxime si se tiene en  cuenta  cómo  en  el  sub-examine  salta de bulto la existencia de la conexidad  material,  donde  la  única conducta procesal constitucional y legal de la Juez  55  era darle plena aplicación al art. 93 decretando la suspensión de la causa  que  adelantaba  contra  los  otros  coautores  -CRUZ y  ARIAS-  imprimiéndole  el  trámite  de  rigor, hasta  dejarlos     en     posibilidad     procesal     de    continuar    un    único  proceso…”.   

          Adiciona  que  también  constituyó  un desacierto de la juez 55 de  circuito  el  que  hubiera acudido a un presunto conflicto de reparto, cuando lo  que   en   verdad  se  discutía  era  la  competencia  sobre  dos  juzgamientos  simultáneos,  razón  por  la  cual,  al  haber  intervenido en dicho asunto el  Juzgado  12  Penal  del  Circuito, éste usurpó funciones al Tribunal Superior,  órgano encargado legalmente de dirimir la cuestión.   

          Por  lo  antes  dicho,  el  impugnante estima que se ha producido la  transgresión   del  debido  proceso  por  la  ausencia  del  juez  natural;  el  desconocimiento  de  las formas propias del juicio, fundado en la ruptura ilegal  de  la unidad de proceso, y la afectación del derecho a la defensa “por   cuanto   le   ha   impedido   conocer  toda  la  prueba  en  conjunto”,  aducida  en  el  otro  proceso,  con  el  agravante  de  que  pueden  producirse    sentencias    contradictorias    y    una    doble   condena   por  perjuicios.   

          Solicita   la  declaratoria  de  nulidad  y  la  reposición  de  la  actuación  a  partir del 21 de marzo de 1997, inclusive, para que el Juzgado 55  Penal  del  Circuito  avoque conocimiento y disponga la acumulación respectiva,  sin  perderse  de  vista  que  en  la causa seguida por el juzgado dimitente, al  momento  de  la  presentación  de  la  demanda de casación, estaba en curso la  audiencia  pública,  sólo  se  había hecho lectura de las piezas procesales y  pendía la evacuación de pruebas.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  claridad  y  precisión  en  la  fundamentación  de  la  causal  escogida,  como  elemento  por medio del cual los censores intentan mostrar a la  Corte  los  factores  determinantes  de  la ilegalidad del fallo atacado, es una  constante reclamada por la técnica de la casación.   

          Dicha  obligación  sustentatoria,  como  también se ha determinado  jurisprudencialmente,  no escapa de la esfera de la causal tercera (nulidad), la  cual  no  puede  diluirse en el mero comentario o en la sin razón de múltiples  hipótesis  sin  método  que  permita  establecer  la relación entre lo que se  predica  constitutivo  de  irregularidad  y  su  inmediata  consecuencia  en  la  afectación de garantías.   

          Por  lo  anterior,  la Corte ha señalado incansablemente cómo para  lograr  la construcción del juicio técnico requerido en casación, tratándose  de   nulidades, ha menester que el libelista, además de poner en evidencia  la   supuesta   anormalidad   en  el  iter  procesal,  debe  mostrar  el  camino  que conduce a la conclusión  irrefutable  de  que  el  vicio  afectó  el  cuadro  garantista  que protege al  ciudadano  de  eventuales abusos o desconoció gravemente la estructura procesal  vigente.   

          La  desatención  de dicho esquema básico bloquea la posibilidad de  que  el  juez  de  casación pueda realizar el estudio de fondo de lo planteado,  pues  el  principio  de  limitación  derivado  de  la  naturaleza  rogada de la  impugnación  lleva  a  que  el  interesado  no  la  confunda con una oposición  cualquiera  y menos para que propicie debates en punto de aspectos desligados de  la  caracterización  de  las  nulidades  como  remedio  extremo, en procura del  restablecimiento de las garantías desconocidas al sujeto procesal.   

          Pues  bien,  dos  son las fuentes desde donde el demandante promueve  la  tesis  de  la nulidad, pero en ninguna de ellas fundamenta la importancia de  destacar   cómo   en  efecto  se  produjeron  transgresiones  sobre  garantías  fundamentales.   

          Cuando  refiere que el proceso seguido en contra del acusado RODRIGO  ALFONSO  debió  acumularse  al que corría en disfavor de los demás individuos  involucrados  en  los  delitos  de  homicidio y porte ilegal de armas, apenas se  congracia  con decir que si bien en principio existió la razón que determinaba  la  ruptura  de  la  unidad  de  proceso, ésta desapareció al ejecutoriarse la  resolución  acusatoria  proferida  en  contra  de  su  poderdante, pero ningún  esfuerzo  hace  para  resaltar  cómo  en  el hipotético caso de que ello fuera  cierto,   la  continuidad  de  la  separación  procesal  terminó  por  afectar  sensiblemente  garantías  constitucionales  como  la  defensa,  al  extremo  de  evidenciar un desequilibrio con el ejercicio del poder punitivo.   

          Se  ha  dicho con énfasis que la sentencia de grado está ungida de  la  presunción  de  acierto  y  legalidad,  con más veras en casos como el que  propone  por  el  actor,  pues,  de  acuerdo  con  el  artículo 88 del C. de P.  P.,  “La  ruptura  de  la  unidad procesal no genera  nulidad      siempre      que      no      se     afecten     las     garantías  constitucionales”.   De modo que, como esfuerzo  adicional  del  demandante, la claridad y precisión del cargo exige no sólo el  enunciado  de  las  garantías  cercenadas  sino  también  la  indicación  del  desvertebramiento  en  el  proceso o las dificultades manifiestas de defensa que  produjo dicho rompimiento.   

          No  empece que el censor estima transgredidos el debido proceso y el  derecho  a  la  defensa, omite referencia alguna en beneficio del sustento de la  tesis  propuesta,  lo  que  a la postre significa que deja el cargo huérfano de  demostración,    pues    la   simplista   afirmación   de   que   “le  ha impedido conocer toda la prueba en conjunto”,    como    presupuesto   de   la   supuesta   violación   de   la  defensa,  no  es más que un  comentario  ayuno de argumentación alguna, pues ni siquiera enseña cuál es la  individualidad  de  la  prueba  cuyo conocimiento era necesario para la eficacia  del mencionado derecho.   

          Por  otra  parte,  frente  a su inquietud de que en el proceso se le  dio  el  tratamiento  de  “conflicto de reparto” a lo que verdaderamente era  una  “colisión  de  competencias”, tampoco ha demostrado el censor cómo el  Juez  49 Penal del Circuito de Santafé de Bogotá, funcionario que adelantó el  juicio,  era  completamente  extraño  al  mismo o lo asumió arbitrariamente, a  sabiendas  de  que él tiene la misma categoría y competencia del Juez 55 Penal  del Circuito de la misma ciudad.   

          De  igual  manera,  la posibilidad de fallos contradictorios y doble  condena  en  perjuicios  frente  a una misma situación de hecho, no sólo es un  argumento  de consecuencias basado en la amplitud de la previsibilidad, sino que  carece  de  la  calidad  de  sustento  de  una  afrenta  al  debido proceso o la  garantía   de   defensa,  pues,  como  se  dijo,  es  necesario  desvirtuar  la  presunción de legalidad de la ruptura de la unidad de proceso.   

          Por  último,  cualquier agravio relacionado con eventuales desfases  en  la imposición de penas en cada uno de los procesos separados, no sólo debe  sustentarse  de cara a la individualización que en tal sentido se haga en ambas  actuaciones,  sino  también  frente a la figura de la acumulación jurídica de  penas  (art.  505  C. P. P.), aspectos que olvidó el censor y por ello el cargo  también le quedó deficiente.   

         

          Si  se  recapitula, no hay en la demanda la formalidad exigida en el  artículo  225  del  C.P.P,  motivo  por  el  cual  lo  procedente es el rechazo  in  limine y la declaratoria  de deserción del recurso.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

          1.      RECHAZAR     IN   LIMINE  la  demanda  de  casación  presentada  en  favor  del  procesado  RODRIGO  ALFONSO.   

          2. Declarar desierto el recurso interpuesto.   

          3.  En contra de este auto no procede recurso alguno, de conformidad  con los artículos 197 y 226 del C.P.P.   

Cópiese, comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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