15151dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15151  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado ponente:   

                                     Dr. Carlos Eduardo Mejía Escobar   

                                     Aprobado Acta No.  211   

Bogotá D.C., diciembre dieciocho (18) de dos  mil (2000).   

Vistos:  

Examina  la  Sala si la demanda de casación  presentada  a  nombre  del procesado JUAN NEREO RODRIGUEZ CALDERON, reúne en su  aspecto  formal  los  requisitos  del artículo 225 del Código de Procedimiento  Penal.   

Hechos y actuación procesal:  

Hacia las 7:30 de la noche del 12 de febrero  de  1995, en el Barrio Brisas del Volador de Bogotá (calle 69 bis D con carrera  23),  el  señor  LUIS  ALBERTO  GUEVARA  fue lesionado con arma de fuego y como  consecuencia  de  ello falleció el 21 de ese mismo mes en la Clínica San Pedro  Claver.   

JUAN  NEREO RODRIGUEZ CALDERON fue vinculado  al  proceso  mediante  declaración  de  persona  ausente,  se  le  resolvió la  situación  jurídica  con  detención  preventiva  y  resultó acusado el 17 de  diciembre  de  1996,  por los cargos de homicidio y porte ilegal de armas.   Esta  decisión  quedó  en  firme  el  27  siguiente  y el Juzgado 38 Penal del  Circuito  de  Bogotá  dictó  sentencia  el 20 de octubre de 1997, determinando  condenar  al  sindicado por los cargos de la acusación a 302 meses de prisión.   

Apelada  la  decisión por el procesado y su  defensor  el  Tribunal  la  confirmó el 3 de abril de 1998, a través del fallo  recurrido en casación.   

La demanda:  

          Primer cargo.   

Señaló  el  censor  que el fallador violó  indirectamente   la   ley   sustancial,  al  incurrir  en  error  de  hecho  por  tergiversación  del  contenido  “fáctico de una prueba”.  Empieza por  señalar  que  en  la  introducción del fallo el Tribunal advirtió sobre la no  existencia   dentro   del  proceso  de  prueba  directa  indicativa  de  que  su  representado  fue  el autor del homicidio.  LUIS MARINA NEIRA SANABRIA, que  estaba  en  el  lugar  de los hechos, no percibió todo lo ocurrido y no aportó  información que contribuyera a la individualización del agresor.   

La  segunda instancia expresó, sin embargo,  que   se   contaba   con   prueba  indiciaria  suficiente  para  fundamentar  la  responsabilidad penal del sindicado.   

A  juicio  del  demandante  el Tribunal  tergiversó los siguientes medios de prueba:   

    

1. Informe   de   los  detectives  del  Das  obrante  a  folio  42  del  expediente.                    

En el mismo se indica que MARIA NELLY SUAREZ  SUAREZ,  excompañera del procesado, al ser entrevistada se refirió a los malos  tratos  que  éste  le  infligía cuando convivieron 5 años antes, e igualmente  que  llegaba  a  la  casa  con  un  amigo  a contar el dinero “producto de sus  fechorías”  y  que  había  estado privado de su libertad por porte ilegal de  armas.   

Agrega   el   casacionista   que   tales  atestaciones   de  la señora (de ser cierta su existencia) las tergiversó  el   fallador,   transformándolas   en  pruebas  de  orden  circunstancial  del  homicidio,  cuando  las  mismas  hacían  relación  a  hechos ocurridos en otro  espacio     y    tiempo.     “…No    es    de    recibo    –concluye—pretender  erigir  en  prueba plena los  dichos   de  una  mujer  que jamás fue conocida, que no manifestó nada en  forma  personal,  que se haya obligado a tales atestaciones, que digan lo que no  intentan decir”.   

    

1. Informe del CTI de la Fiscalía General de la Nación.     

En  el mismo la agente que lo rindió afirma  bajo  juramento  que se entrevistó con JOSE VICENTE PINILLA, CAPITOLINO GUEVARA  y  MARIA  SUSANA  AROCA,  quienes  le  comentaron que RODRIGUEZ CALDERON era una  persona   problemática   y   peligrosa.   En  cierta  oportunidad  –según  la  señora  AROCA—el    mencionado    intentó   abusar  sexualmente  de  ella  y a su esposo en varias ocasiones le disparó, por lo que  debieron abandonar el barrio por un tiempo.   

De  tales relatos el Tribunal derivó que el  procesado  era  sin  lugar  a  duda  el responsable de la muerte de LUIS ALBERTO  GUEVARA.   En  ello  consistió  la  tergiversación  de las pruebas,   forzadas  “a  que  predicasen  cosas  que  en su estructura jamás siquiera lo  insinuaban.   

    

1. Comunicación     del     Asesor    Jurídico    de    la    Cárcel  Modelo.     

En la misma se informa que RODRIGUEZ CALDERON  fue  procesado  por hurto en el Juzgado 11 Penal Municipal.  Se trata, dice  la   defensa,   de  una  prueba  de  los  antecedentes  o  sindicaciones  de  su  representado.   

“Se censura, que el sentenciador, tome los  hechos  contados  y  los obligue a convertirse en fuentes generantes de indicios  de  responsabilidad  en contra de mi defendido…”, anota el demandante.   Transcribe  a  renglón  seguido  un aparte del fallo según el cual “también  emerge  de  autos  y  …  fue  bien  estimado  por el juez de la causa…” el  indicio de presencia.   

Al  final  del cargo la defensa relaciona el  contenido  de  los  informes,  incluyendo  como  último  punto  que la víctima  “había  informado  que  RODRIGUEZ  CALDERON  era  quien  lo había herido”.   

Finaliza  afirmando  que  ninguna  de  las  conductas  que  se  le  atribuyen a su representado en dichos informes tiene que  ver  con  el  homicidio.   Entonces  lo  que  hizo  el  Tribunal  fue tomar  “…unos  hechos  contados  por personas que no se conocen, no se identifican,  que  jamás  comparecieron  no  obstante las reiteradas citaciones, se encadenan  estos  hechos  circunstanciales,  se  aglutinan  y se hace uso de una falsa  filosofía:    la    adición    de    indicios    contingentes    forman    uno  necesario…”.   

Pide  el  libelista,  en conclusión, que se  case la sentencia recurrida y se absuelva al acusado.   

          Cargo 2º. (Subsidiario).   

En  este plantea la defensa, con sustento en  la  causal  3ª  de  casación,  que  se  le violó al procesado el derecho a la  defensa.   Fue  vinculado  a  través  de declaración de persona ausente y  durante  toda  la  investigación  “solamente  se  le  nombra  un  defensor de  oficio”  que  no  se  posesionó  del  cargo, ante lo cual la Fiscalía debió  designarle  otro  que  jamás  materializó  la  defensa.  No se notificó de la  resolución  que  clausuró  el  sumario  y en tales condiciones se calificó la  instrucción.  Así las cosas, el demandante le pide a la Corte “…corroborar  en  el plenario la existencia de la causal de nulidad y comprobar que la censura  es lógica…”.   

Consideraciones de la Sala:  

La improcedencia de la demanda es manifiesta,  por lo que será inadmitida.  A continuación las razones.   

          Sobre el primer cargo.   

Deja  claro  el  demandante que la sentencia  condenatoria  se  fundamentó en prueba indiciaria, a cuya lógica para atacarla  en casación se ha referido en muchas oportunidades la Corte.   

“El      indicio      –se  dijo  en  la  sentencia  de octubre  20/99  expedida  en  el  proceso  radicado  bajo  el  número 11.113—  es  un medio de prueba que permite el  conocimiento  indirecto  de  la realidad.  Supone la existencia de un hecho  indicador  que debe encontrarse demostrado a través de cualquiera de los medios  probatorios  autorizados  por  el  Código  de  Procedimiento Penal, del cual es  derivable  la  existencia  de  otro  hecho  mediante  un  proceso  de inferencia  lógica.   

“Como  prueba  que es, cuando se alegan en  casación  defectos  en  su  apreciación como fundamento de la violación de la  ley  sustancial,  la  vía  de  ataque  debe ser la indirecta y en tal medida es  obligación  del  recurrente  señalar el tipo de error en el cual se incurrió,  su  modalidad  y  si  el  mismo se predica del hecho indicador, de la inferencia  lógica  o  de  la  manera  como los indicios se articulan entre si, es decir su  convergencia,  concordancia  y  fuerza de convicción por su análisis conjunto.   

“Si  la equivocación se predica del hecho  indicador  y  se toma en consideración  que debe estar demostrado con otro  medio  de prueba, los errores susceptibles de plantearse son tanto de hecho como  de derecho.    

“De   hecho,  porque  la  prueba  de  la  circunstancia  conocida  pudo  haberse supuesto; o porque pudo haberse dejado de  apreciar  otro  medio  demostrativo que la neutralizaba o disolvía; o porque se  tergiversó  su  contenido  material  haciéndola  decir  algo  que no decía; o  porque  el  proceso  de valoración que condujo a la afirmación de la premisa a  partir  de la cual se hará luego la inferencia, se apartó de los principios de  la sana crítica.   

“De derecho, porque el juzgador pudo haber  admitido   y   valorado   como   prueba  fundante  del  hecho  indicador  alguna  irregularmente  aportada  al  proceso  y  por  lo tanto inválida.  Como en  ningún  caso  la  prueba  indiciaria  está dentro del proceso penal sometida a  tarifa  legal,  es  obvio  que  frente  a  ella la modalidad de error de derecho  conocida  como  falso juicio de convicción no es susceptible de ser propuesta a  través del recurso extraordinario de casación.   

“Ahora bien, cuando el error se predica de  la  inferencia  lógica,  ello  supone  –como       condición       lógica       del      cargo—aceptar  la  validez  de  la prueba del  hecho  indicador,  ya que si ésta es discutida sería un contrasentido plantear  al   tiempo  algún  defecto  del  juicio  valorativo  en  el  marco  del  mismo  ataque.   Existe  la  posibilidad, no obstante, de refutar el indicio tanto  en  la  prueba  del  hecho indicador como en la inferencia lógica, sólo que en  cargos distintos y de manera subsidiaria.   

“La  inferencia  lógica,  entonces,  es  atacable  en  casación.   Pero en atención a que la misma es el resultado  de  un proceso intelectual valorativo, la única vía posible para hacerlo es el  error  de  hecho  por  transgresión  ostensible  de  los  principios de la sana  crítica.   La  hipótesis  supone,  por lo tanto, la aceptación del hecho  indicador  y  la demostración de que el juzgador realizó un juicio de valor en  contravía  de  las  leyes  de la ciencia, los principios de la lógica o de las  reglas  de  la  experiencia.   Así  las  cosas,  para  que  el cargo quede  correctamente  formulado  es imprescindible concretar el error y demostrar cómo  ha  sido  transgredida  o  desconocida  una  ley científica, un principio de la  lógica  (que  no  niegue ni desconozca la unidad del ser) o una regla constante  de  la  experiencia  común  o aceptada y practicada en medios especializados en  una  determinada  materia.   Se  precisa,  además  y  ello  es  obvio,  la  fundamentación correspondiente a la trascendencia del error.   

“La  Sala  ha  sido  reiterativa  en  lo  precedente  y  también ha señalado que cuando de atacar dicho medio probatorio  en  casación  se trata, no puede desconocerse  que por su naturaleza misma  su  valoración  es  de  conjunto,  siendo  el  vínculo  que  surge  entre  los  diferentes  indicios  (su  concordancia  y  convergencia)  el  que  hace  que la  conclusión   crezca   desde   la  probabilidad  hasta  constituir  certeza.  En  consecuencia,  aunque el ataque a los hechos indicadores debe ser independiente,  ello  no  significa  en manera alguna que el conjunto indiciario, cuya fuerza de  convicción  depende  de  que  se  le  estime  globalmente,  pueda  dejar de ser  enfrentado por el demandante”.   

Ninguno de tales principios fue observado por  el  casacionista.   No  determinó  si  el  objeto  del ataque era el hecho  indicador  o  el  proceso  inferencial  y mucho menos enfrentó la lógica total  sobre   la  cual  fue  construida  la  sentencia,  que  obviamente  tenía  como  obligación desvirtuar.   

Los  errores  de  hecho  por falso juicio de  identidad  propuestos,  que según el demandante recayeron en los informes de la  Policía  Judicial,  no  son  tales.   Ese  tipo de equivocación supone la  tergiversación  del  contenido  material  del  medio  de prueba, esto es que el  juzgador  le  haga  decir  lo  que  no  dice.   Lo que hace el censor no es  demostrar  que  la  objetividad  de  las pruebas que sirvieron de fundamento del  hecho  indicador hayan sido distorsionadas por el Tribunal, sino que de ellas no  era  inferible  que su representado haya sido el autor del homicidio por el cual  fue condenado.   

El cargo en tales condiciones debió haberlo  dirigido  en  contra de la inferencia lógica aduciendo error de hecho por falso  raciocinio,      lo      cual      le      imponía       –como      se      dijo—  la  aceptación del hecho indicador y  la  demostración  de  que el juzgador realizó un juicio de valor en contravía  de  las  leyes  de  la  ciencia, los principios de la lógica o las reglas de la  experiencia.   No  lo  hizo,  sin embargo.  De una parte, puso en duda  las  informaciones  plasmadas  en  los  informes y, de otra, ya sobre la base de  aceptar  dichos contenidos, simplemente planteó su desacuerdo con la inferencia  realizada  por  el Tribunal, sin probar la transgresión de ningún principio de  la sana crítica.   

El   cargo   en   tales   condiciones   es  inexaminable.   Su  real  dimensión es la de oponerse a la conclusión del  juzgador,   sin  aducir  como  fundamento  de  la  oposición  la  demostración  necesaria  del carácter irracional  del juicio valorativo.  Si a esto  se  suma  que en la propia demanda se hace referencia a que otras circunstancias  se  conjugaron  en  el proceso de construcción de certeza del juzgador sobre la  responsabilidad  penal  del acusado (como la presencia de éste en el lugar y la  información  suministrada  por  la  víctima momentos antes de morir) y que las  mismas  no  le  merecieron  al  casacionista ninguna consideración orientada al  desquiciamiento  de  la estructura del fallo, resulta clara la improcedencia del  ataque.   

         Sobre el segundo cargo.   

Su falta de fundamentación es manifiesta y  ello  lo  hace  improcedente.  Le bastó al censor afirmar que se violó el  derecho  de  defensa  de  su representado durante el sumario en consideración a  que  el  primer  defensor  de  oficio  designado no se posesionó del cargo y el  segundo  no  ejerció  el  derecho.  Nada más.  Si se tiene en cuenta  que  la sola inactividad del defensor no traduce necesariamente la violación de  la  garantía  señalada,  debía  el casacionista demostrar qué actividades en  concreto  hubiera podido desarrollar el profesional que le hubieran representado  al sindicado unas condiciones procesales más favorables.   

Esa  carga de fundamentación la incumplió  el  defensor  y  la  Corte no puede entrar a reemplazarlo, como parece que es su  deseo  al  solicitarle  a  la  Corporación  “corroborar  en  el  plenario  la  existencia   de   la   causal   de   nulidad  y  comprobar  que  la  censura  es  lógica”.   

Por  lo  expuesto,  de  conformidad  con el  artículo  226 del Código de Procedimiento Penal, la Sala de Casación Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

Resuelve:  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre del procesado JUAN NEREO RODRIGUEZ  CALDERON.   

Como  consecuencia,  se declara desierto el  recurso    y    se   dispone   devolver   las   diligencias   al   Tribunal   de  origen.   

Cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                               JORGE   E.  CORDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                                         JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                 CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON                        NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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