15079(12-09-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15079  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente  

Dr.  JORGE CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 108  

Bogotá,   D.   C.,   doce  (12)  de  septiembre de dos mil dos (2002).   

         

V   I   S   T   O  S   

Resuelve  la  Sala  el recurso de casación  discrecional  interpuesto  por  el  defensor  de JULIO  HERNÁN  ZAPATA  contra  la  sentencia  anticipada de  segunda  instancia  proferida  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de  Duitama  (Boyacá),  el  13 de enero de 1998, por medio de la cual al confirmar,  con  una  modificación,  la  del  Juzgado  Primero  Penal Municipal de la misma  ciudad,  fechada  el  7  de noviembre de 1997, condenó al citado procesado a la  pena  principal  de  21 meses 10 días de prisión, a la accesoria de rigor y al  pago  de  los  perjuicios, como autor del delito de hurto calificado y agravado.   

         H E C H O S   

Fueron sintetizados así por el juzgador de  primer grado:   

         “Sucedieron  el  6  de  julio de 1997,  cuando  transitando  por  el  lado  de  Las  Américas (Duitama) el señor FELIX  ARMANDO  GÓMEZ  NIÑO,  le  salieron dos sujetos, entre ellos, al que denuncia,  JULIO  HERNÁN  ZAPATA, y entre ambos lo llevaron por los lados de la ciudadela,  donde  lo  amenazaron  que  si  no les entregaba la plata lo mataban, y fue así  como  lo  despojaron  de  la  suma  de OCHOCIENTOS MIL PESOS. Después de que lo  dejaron,  logró  llegar  al  barrio  Cargua,  donde un tío, quien solicitó la  colaboración  ciudadana  con  el  fin  de  localizar  a  los autores del hecho;  estando  la  víctima carpando un carro, vio pasar a uno de los agresores, quien  venía  con  una  mujer,  logrando aprehenderlo hasta que llegó la policía. En  ese  momento,  JULIO HERNÁN ZAPATA sacó la suma de DOSCIENTOS TREINTA Y CUATRO  MIL  PESOS  y ofreció otros elementos en pago del dinero hurtado o que esperara  a  que  llegara  su compañera para entregarle el resto del dinero que estaba en  su casa”.   

         ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con base en la denuncia presentada por Felix  Armando  Gómez  Niño  y  en el informe policial, la Fiscalía 35 Delegada ante  los  Juzgados  Penales Municipales de Duitama, el 8 de agosto de 1997, profirió  resolución de apertura de instrucción.   

Ampliada   la   denuncia  y  recibido  un  testimonio,  fue escuchado en indagatoria Julio Hernán Zapata, resolviéndosele  la  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva,  por  el  delito  de  “hurto  calificado”,  según  lo estatuían los artículos 351 y 372. 1 del Decreto  100 de 1980.   

Allegadas  dos  declaraciones y ampliada la  indagatoria,  en razón a que el procesado solicitó la sentencia anticipada, se  llevó  a  cabo  la  diligencia  de  formulación de cargos, el 28 de octubre de  1997, en la que se le imputó el siguiente delito:   

“ACUSARLO COMO  AUTOR  A  TÍTULO DE DOLO DEL DELITO DE HURTO (350.1 C. P.) DEL QUE FUE VÍCTIMA  EL  SEÑOR  FELIX  ARMADO  GÓMEZ  NIÑO,  CONFORME  A  LA  DESCRIPCIÓN TÍPICA  CONSAGRADA  EN  EL  LIBRO SEGUNDO, TÍTULO XIV, CAPÍTULO I, Y CON CIRCUNSTANCIA  DE  AGRAVACIÓN  PUNITIVA,  SEGÚN  LO  ESTABLECIDO  EN  EL  ARTÍCULO 372-1 DEL  CÓDIGO  PENAL  COLOMBIANO,  NO  SE  EVIDENCIA  EN  EL  ACTUAL  MOMENTO PROCESAL  CIRCUNSTANCIAS           DE           ATENUACIÓN           PUNITIVA”.   

Aceptado el cargo, el diligenciamiento pasó  al  Juzgado  Primero  Penal  Municipal que dicto sentencia anticipada de primera  instancia,  el 7 de noviembre de 1997, en la que condenó al procesado a la pena  principal  de  2  años  de  prisión,  a la accesoria de rigor y al pago de los  perjuicios,  como autor del delito atribuido en la diligencia de formulación de  cargos.   

Por  no estar de acuerdo con la agravación  punitiva  que contemplaba el numeral 1° del artículo 372 del  Decreto 100  de  1980  y  que  fuera  imputada  a  su  defendido,  y por habérsele negado el  subrogado  de  la condena de ejecución condicional, el defensor apeló el fallo  de  primer  grado.  El juzgado Primero Penal del Circuito de Duitama, al desatar  la  impugnación,  el 13 de enero de 1998, lo modificó en el sentido de imponer  al  sentenciado  la  pena principal de 21 meses  y 10 días de prisión. En  lo demás, lo confirmó.   

Inconforme  con  la  anterior decisión, el  defensor  interpuso  el recurso extraordinario de casación discrecional, el que  fue  concedido  el  17  de  junio  de 1998, habiéndose presentado la pertinente  demanda.   

LA   DEMANDA   DE  CASACION   

Sostiene  el  defensor  que  la  sentencia  impugnada  violó  el  debido  proceso,  al  tenor  de  los  artículos 29 de la  Constitución  Política,  1°y  37.3  del  C.  de  P.  Penal,  toda  vez que al  individualizarse  la  pena  se  tuvieron  en cuenta agravantes genéricos que no  fueron   objeto   de   aceptación  por  su  defendido,  como  es  el  caso  del  “grave  daño  causado  a  la  víctima,  pues  él  aceptó     ese    agravante    en    razón    de    la    cuantía”.    

Agrega:  

“No es justo ni  legal  que alguien que decide confesar y someterse a la justicia, colaborando de  esta  manera  con  el Estado, se encuentre con la sorpresa que ha sido condenado  por  una agravante que no aceptó; si él, mi defendido, decidió jugarle limpio  a la justicia, lo lógico es que ésta haga lo propio.   

“Señores  H.  Magistrados  de  la  Sala de Casación Penal, respetuoso de los principios de la  economía  y  celeridad procesal, en aras de complementar los argumentos de esta  demanda  y  para  no  incurrir  en  repeticiones  innecesarias  me  remito en lo  argumentado  en  el  recurso  de  apelación  interpuesto contra la sentencia de  primera  instancia,  así  mismo  a  lo  sostenido al momento de interponer este  recurso  extraordinario,  esas  piezas procesales obran en el expediente materia  de esta demanda de casación”.   

Finalmente,  manifiesta  que  adjunta  a la  demanda un fallo de tutela presentado por razón de este asunto.   

En  consecuencia, solicita a la Corte casar  la  sentencia  impugnada  y,  por  ende, “reducir el  monto   de   la   pena   impuesta   en   las   proporciones  legales”.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR  TERCERO   

DELEGADO   EN   LO  PENAL   

Luego  de  precisar  que  el  libelista  no  invocó  ninguna  causal  de casación como soporte de su inconformidad, asevera  que  “el error que menciona el censor como objeto de  la  censura,  nació  en la resolución que resolvió la situación jurídica de  esa  parte.  Allí,  la  Fiscalía  lo  afectó  con medida de detención por el  delito  de hurto calificado, respecto del cual dedujo e imputó la circunstancia  de  agravación  punitiva  prevista  en  el  artículo  372, numeral 1°, del C.  Penal,  porque la suma de dinero hurtada fue de ochocientos mil pesos, es decir,  excedió  la  cifra  de cien mil pesos”, no obstante  que  los  hechos  ocurrieron  seis  meses  después  que la Corte Constitucional  hubiese  declarado  la  exequibilidad  condicional  de  dicha  normativa,  en el  sentido   de   que   “la  expresión  ‘cien     mil     pesos’  en términos de valor constante del  año  de  1981,  cuando  entró  en  vigencia  el  Decreto 100 de 1980, que para  entonces  era equivalente a 18.83 salarios mínimos legales vigentes”.   

En  esas  condiciones,  advierte  que  la  imputación  de  dicha  causal  específica  de agravación no era predicable en  este  asunto,  tal  como  lo  prevé  la  Constitución Política, sin que pueda  aducirse  que  el  cargo  fue  aceptado  por  el procesado, pues “la  condición  establecida  en  el  pronunciamiento  de  la  Corte  Constitucional  citado  no  admite  aplicación  relativa.  Fuera del ámbito de  conformidad  con la Carta de esa manera declarado, la norma en cuestión resulta  inconstitucional.  Por  ese  motivo, aunque mediara una aparente aceptación del  sindicado,  en  este  caso  tal  disposición  no  podía  llamarse a regular el  juzgamiento”.   

Acota:  

“En virtud de la  facultad  que  los jueces de la instancia conservaban para examinar la legalidad  de  la  formulación  de  los  cargos  (artículo  37,  inciso 3°, del C. de P.  Penal),  bien  podían,  el  de  primera,  dejar  de aplicar la agravante por el  motivo  antes señalado, y el de segunda removerla, sin contravenir el derrotero  jurisprudencial  que  sobre  el particular ha trazado la Corte (sentencia del 26  de  noviembre  de  1998, M. P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll), pues en tal suceso  no   se  compromete  ‘la  estructura  básica  de  la  acusación’,     y     se     logra    restablecer    el    orden    jurídico  conculcado.   

“Pero  el ad  quem  no  solo omitió dar una respuesta clara al concreto motivo de apelación,  recurso  mediante  el  cual el defensor puso de presente la inconstitucionalidad  de  la  norma  para el caso concreto, sino que justificó el incremento punitivo  previsto  en  el  precepto  por una razón que hasta ese instante no había sido  considerada:  el  haberse  causado  grave  perjuicio  a  la  víctima (art. 372,  numeral      1°,      segundo     evento,     del     C.     Penal)”.              

Por  tal  motivo, dice que al deducírsele  nueva  causal  de agravación, el fallo no está de acuerdo con  los hechos  y  circunstancias  aceptadas  por  el  procesado, por lo que se incurrió en una  irregularidad que atenta contra el debido proceso.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar  parcialmente  la  sentencia, a fin de que se restablezca la garantía del debido  proceso,  fijando para el efecto la pena correspondiente, sin tener en cuenta la  causal   de   agravación   contemplada   en   el   artículo   372.  1  del  C.  Penal.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Es  evidente  que el casacionista no tiene  interés  jurídico  para  recurrir  la  sentencia  anticipada  que se profirió  en   contra  del  procesado,  por el delito de hurto calificado y agravado,  por  la  circunstancia  del  artículo   372.1  del  Decreto  100  de 1980,  entonces vigente.   

En efecto, en escrito carente de claridad y  precisión,  en  el que ni siquiera menciona la causal de casación en que funda  el  reproche,  reclama  por  la  falta  de  consonancia   entre  el acta de  formulación  de  cargos  y la sentencia anticipada, lo que, como lo ha dicho la  Sala1,  no  es sino un simple pretexto para  retractarse del cargo  libremente  aceptado,  con  respecto  a  la  agravante  del  artículo 372.1 del  Decreto 100 de  1980, entonces vigente.   

También  ha dicho esta Colegiatura que en  este  especial y abreviado procedimiento, el procesado acepta su responsabilidad  respecto  de los cargos que se le formulan, es decir, consiente el perjuicio que  le  causa  la  resolución  desfavorable,  en  lo  atinente a la declaración de  responsabilidad,  siendo  tal  admisión  irretractable.  Por lo mismo, renuncia  al   interés  para impugnar la sentencia con fundamento en la negación de  esa  responsabilidad,  no  teniéndola,  por  lo  tanto,  sino en  aquellos  eventos  que  impliquen  su  reconocimiento,  los  que,  en   ese entonces,  estaban  expresamente  previstos en el numeral 4° del artículo 37B del Decreto  2700  de  19912,  modificado  por  el  5°  de la ley 81 de 1993, referentes a la  dosificación  punitiva,  el  subrogado de la condena de ejecución condicional,  la  condena  al  pago  de  los  perjuicios y la extinción del dominio sobre los  bienes,  sin  que ninguna de estas hipótesis se presente en el caso sub judice,  pues,    como   se  dijo,  lo  que  pretende   es  retractarse  de  la  aceptación  que  hizo  de  que  la conducta se realizó en la circunstancia del  artículo 372.1 del  Decreto 100 de 1980.   

Así  las  cosas,  ante la falta de interés  para recurrir, se desestimará la censura.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

Desestimar la demanda.  

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA  RIPOLL                            JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                           CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ GALLEGO             EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS EDUARDO MEJÍA  ESCOBAR                       NILSON PINILLA  PINILLA                         

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria     

1  Ver,  entre  otras casación 10144, octubre 8/01. M.  P.  Dr.  Fernando  E.  Arboleda  Ripoll, 10362, enero 31/02, M. P. Dr. Carlos A.  Gálvez    Argote   y   12099   julio   11/02,   M.   P.   Dr.   Herman   Galán  Castellanos.   

2  Hoy artículo 40 de la ley 600 de 2000.     

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