17686(09-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17686  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 73  

Bogotá,  D.  C.,  nueve (9) de julio de  dos mil dos (2002).   

V I S T O S  

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  la procesada MARÍA   MARGARITA   DE   LAS  MERCEDES  CADAVID  BRINGE.   

A N T E C E D E N T E S  

Los hechos fueron sintetizados por el juzgador  de primera instancia, así:   

“Se  extracta  de  autos  que el 9 de abril de 1998, en la carrera 7ª frente al número 126-58, el  vehículo  Renault  19  de  placas  BEU  996  conducido  por  la  señora María  Margarita  de  las  Mercedes  Cadavid  Bringe atropelló a José Lorenzo Sierra,  cuando  éste  se encontraba llevando la motocicleta Suzuki 185 de placas JAG 09  con    destino   a   la   estación   de   gasolina   Terpel,   causándole   su  muerte”.   

2.  El Juzgado Veintiséis Penal del Circuito  de  Bogotá,  mediante sentencia del 21 de septiembre de 1999, condenó a María  Margarita  de las Mercedes Cadavid Bringe a las penas principales de 36 meses de  prisión,  diez  mil  pesos  de  multa  y a la suspensión en el ejercicio de la  conducción  de vehículos automotores por el lapso de un año, y a la accesoria  de  rigor,  como  autora  del  delito  de  homicidio  culposo  agravado  por las  circunstancias  previstas  en  los  numerales  1°  y  2° del artículo 330 del  Código Penal, vigente para la época.   

2.  Inconforme  con la anterior decisión, el  defensor  interpuso  el  recurso  de  apelación, el cual al ser desatado por el  Tribunal  Superior de la misma ciudad, el 17 de mayo de 2000, lo confirmó en su  integridad.   

3. Ejecutoriada la sentencia, el citado sujeto  procesal  presentó,  dentro  del término legal, demanda de casación contra la  misma,   de   conformidad   con   la   ley   553   de   2000  que  a  la  sazón  regía.   

LA    DEMANDA    DE  CASACIÓN   

El defensor de la procesada, después de hacer  un  resumen de los hechos juzgados, presenta dos cargos contra la sentencia, con  fundamento en la causal primera. Sus argumentos se sintetizan así:   

Primer  cargo   

Acusa  al  Tribunal  de haber incurrido en un  error   de   hecho,   al   apreciar   la   prueba  testimonial,  “por   cuanto   alteró   su   sentido,  por  apreciación  errónea,  afirmándose  de  ella  la  evidencia del abandono sin justa causa del lugar del  hecho,  lo  que  constituyó circunstancia de agravación punitiva del artículo  330  del  C.  Penal,  la  equivocada  interpretación  del  artículo  61  y  el  impedimento  del  reconocimiento  de  la  circunstancia  de atenuación punitiva  descrita  en  el  numeral 1° del artículo 64 del mismo Estatuto represor; a su  vez  determinó  el  incremento  de  la  pena,  más  allá del mínimo probable  señalado  en  el artículo 329 del C. Penal”. Afirma  que  con dicho yerro se violaron las disposiciones citadas, pues “al  haber  aplicado  el numeral 2° del artículo 330 prescindió de  los  artículos  61,  64.1  y  65, e incrementó la pena considerablemente y sin  justificación”.   

Luego  de  resaltar  algunos  apartes  de las  declaraciones   de  Carlos  Andrés  Castro  Piñeros,  Camilo  Ernesto  García  Sánchez,  Mario  Alberto  Calderón  Velandia  y  Milfa  Aliria  Rengifo Ruíz,  asevera  que el Tribunal se equivocó en su apreciación, por no haber respetado  los  requisitos estatuidos en el artículo 294 del C. de P. Penal, por cuanto de  ellos  se  extrae  la  duda  “de  la  detención del  vehículo  por  inercia,  voluntad  propia  u  obstaculización de terceros, sin  embargo,  el  juzgado  de instancia con una interpretación prohijada a plenitud  por  el  Tribunal,  soslayó  el  análisis  de  la  prueba,  pretermitiendo  la  aplicación  del  principio  de  la sana crítica sobre supuestos fundamentales:  objetividad  y  crítica propiamente dicha, con base en las reglas de la lógica  y de la racionalidad común”.   

        

Segundo  cargo   

Acusa  al  tribunal  de  haber  incurrido  en  “error  de derecho respecto al dictamen pericial que  establecía    halitosis  alcohólica  – embriaguez de  primer  grado,  no obstante la insatisfacción de la ritualidad procedimental en  el  medio  probatorio”,  el  que  condujo  a  que se  violaran  indirectamente  los artículos 246, 249, 254, 264, 267, 270, 271 y 273  del  C.  de  P. Penal, por cuanto “la valoración que  el  Tribunal  hizo  de  la  prueba  no  corresponde  a  aquella dispuesta por la  norma”.   

En  el  aparte  que  denomina “Demostración  del  error  de derecho”,  luego  de  copiar fragmentos  del  citado  dictamen,  manifiesta  que  este tipo de probanza debe someterse al  imperativo  científico,  por  lo  que  un  médico  legista  no puede sustituir  “la  rigurosidad  de  la  prueba  por su percepción  personal                 ‘científica’”.   

Dice  que  la  citada  experticia  debe estar  sometida  a  patrones  internacionales  y con demostración científica, para lo  cual transcribe un segmento de un texto jurídico.   

Agrega:  

“  Si  analizamos  detenidamente,  se  reconoce  como  prueba  válida  y de demostración plena la  simple  percepción del legista de turno el día de los hechos, contrariando las  exigencias  legales…  Justamente el artículo 264 del C. de P. P. determina la  procedencia  de  la  prueba  pericial,  al efecto, para un conocimiento especial  científico,  huelga  decirlo,  per  se,  el médico es hombre de ciencia por el  dictamen que profiera, no por su estatus.   

“La   prueba  empírica,   requiere  valoración  científica,  verbigracia  el  análisis  de  laboratorio,  la  muestra de sangre, el viraje de indicador de aliento, etc.. La  complementación  del  dictamen  en  el juicio, trató de darle legitimidad a la  percepción  del  médico  forense,  sin  permitir  su  contradicción, violando  indirectamente  los  artículos  270  y  273  del  C.  de  P.  Penal”.   

Después  de  reiterar  lo  precedentemente  expuesto,  solicita  a la Corte casar parcialmente la sentencia, dictando la que  en derecho corresponda.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  demanda de casación que a nombre de la  procesada  presentó  su defensor, no reúne los requisitos formales que para su  admisión  estatuía  el numeral 3° del artículo 225 del Decreto 2700 de 1991,  subrogado por el 8° de la Ley 553 de 2000, vigente para la época.   

Entre  sus desatinos, que impiden un estudio  de fondo, se destacan los siguientes:   

1.    No   identifica  a  los  sujetos  procesales,  ni  la  sentencia  impugnada  ni hace la síntesis de la actuación  procesal.   

2.   En  lo  que  respecta  a la primera  censura,  no  dice  cuál  fue  la naturaleza del falso juicio que determinó el  error  de  hecho que denuncia, si de existencia o identidad, o si se debió a un  falso raciocinio.   

En el desarrollo del reproche mezcla el error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad con el de hecho por falso raciocinio,  sin  percatarse  que  el primero es de carácter objetivo, contemplativo y tiene  lugar  cuando  al  fijar  el  contenido  material  de  la  prueba  se  falsea su  expresión  literal,  poniéndola  a decir lo que no reza. En cambio, el segundo  es  de  naturaleza  apreciatoria  y  ocurre cuando al estudiar el mérito de una  prueba  sujeta  a  la  persuasión  racional, se desconocen ostensiblemente  los postulados de la sana crítica.   

De  todos  modos, no demuestra ninguna de los  dos,  como  quiera  que,  en cuanto al primero, si bien transcribe fragmentos de  los  testimonios que dice fueron tergiversados, no evidencia que haya sido así,  reduciendo  el  discurso a oponerse a las conclusiones probatorias del Tribunal,  desconociendo  que las de éste prevalecen, por llegar  la sentencia a esta  sede  amparada  por  la  doble  presunción de acierto y legalidad. En cuanto al  segundo,  tampoco dice cuáles fueron las leyes de la ciencia, los principios de  la  lógica  o las reglas de la experiencia común groseramente quebrantados, de  qué   manera   lo   fueron   y   su  incidencia  en  la  parte  conclusiva  del  fallo.   

3.   En  cuanto  al  denunciado error de  derecho, incurre en los siguientes desatinos:   

3.1.   No  señala  cuáles  fueron  las  normas  sustanciales infringidas, ni su sentido, esto es, falta de aplicación o  aplicación   indebida,   ya   que   todas   las  que  cita  son  de  naturaleza  procesal.   

3.2.  No  dice  cuál fue el falso juicio que  determinó   el   error   de   derecho  que  denuncia,  si  de  legalidad  o  de  convicción.   

3.3. Si se entiende que quiso aludir al falso  juicio  de  legalidad,  se  halla  que no lo demuestra, ya que no indica cuáles  eran  las  normas  que  condicionaban  la  validez  de la experticia médica que  fueron  quebrantadas, limitando el discurso a reclamar por la índole del examen  practicado   a   la   procesada,   en   tanto   considera   que  ha  debido  ser  otro.   

3.4.  Si  se considera que quiso referirse al  error   de   derecho   por  falso  juicio  de  convicción,  cuando  afirma  que  “la valoración que el Tribunal hizo de la prueba no  corresponde  a  aquella  dispuesta  por la norma”, se  encuentra  que  tampoco  lo  desarrolla,  pues no muestra que la prueba pericial  esté  sometida en cuanto a su valoración al método de la tarifa legal, que es  el único evento en que se puede incurrir es esa clase de vicio.   

3.5. Viola el principio de autonomía, cuando  sostiene  que  no  se  permitió  contradecir  la prueba, reproche que ha debido  formular  de  manera  separada  y por la causal tercera, por quebrantamiento del  derecho de defensa.   

Frente  a  los  anotados  yerros  de la demanda, se impone su inadmisión, de acuerdo con lo que disponía  el  artículo 226 del Decreto 2700 de 1991, subrogado por el artículo 9° de la  Ley 553 de 2000, aplicable a este caso.    

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de    casación    presentada    a   nombre   de   la   condenada   MARÍA   MARGARITA   DE   LAS  MERCEDES  CADAVID  BRINGE.    En    consecuencia,    se    declara    desierto   el   recurso  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso,  conforme  a lo que disponían los artículos 226, subrogado por el 9°  de  la  Ley  553  de  2000,  y  197  del  C. de P. Penal. (Decreto 2700 de 1991,  aplicable a este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                            CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR         NILSON    PINILLA  PINILLA                     

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

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