15052jun

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15052  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 104  

          Santafé   de   Bogotá,   D.C,   diecinueve   de   junio   de   dos  mil.   

VISTOS  

          Procede  la  Sala a determinar si la demanda de casación presentada  por  el  defensor de la procesada DORA NATALIA HENAO CORTÉS contra la sentencia  mediante  la  cual  el  Tribunal Nacional la condenó por el delito de secuestro  extorsivo  agravado,  cumple  con  los  requisitos  formales  establecidos en el  artículo 225 del C.P.P.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Cuando  el 25 de noviembre de 1993 en la ciudad de Medellín Néstor  José  Avalos  Berrío atendía una invitación de Mauricio Palacios a compartir  unas  copas  junto  con  Juan  Diego García Ramírez, DORA NATALIA HENAO y otra  joven  cuya identidad no pudo establecerse, resultó privado de su libertad para  ser  llevado  en  las  afueras  del  municipio  de  Bello a la residencia de los  esposos  Martha  Ensueño  Gutiérrez  Vargas  y  Dumar de Jesús Correa Ocampo,  donde  fue  custodiado por Alirio Alberto Vargas y Edwin Alonso Vélez, mientras  a  través  de  Jhon Robert Posso por su libertad exigían la entrega de 756.000  dólares,  suma  que  según  los  plagiarios  debía restituir Bernardo Elhache  Macenedo  -cuñado de la víctima- por habérsela apropiado dentro de un negocio  relacionado con la exportación de 5 mil kilos de marihuana.   

          Puestos  en  marcha  los  operativos  policiales,  fue  rescatado el  secuestrado  casi  dos meses después, dándose lugar a la apertura formal de la  instrucción  a la cual fueron vinculados con injurada DORA NATALIA HENAO CORTES  y otros 13 imputados.   

          Al  calificar  el mérito de la investigación, en primera instancia  se  acusó a HENAO CORTES junto con la mayoría de los sindicados como coautores  de  hurto  calificado  y  agravado, secuestro extorsivo agravado, concierto para  secuestrar  y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de defensa personal; pero al  revisar  por apelación dicha resolución, la fiscalía ad-quem en proveído del  6  de  julio  de  1995  revocó  la  acusación por el punible de concierto para  secuestrar  y  confirmó las demás inculpaciones que el pliego de cargos hacía  a la ahora recurrente en casación.   

          Tramitada  la  fase  de  la  causa, un juzgado regional de Medellín  profirió   el   fallo   de   primer   grado   mediante  el  cual,  entre  otras  determinaciones,  decidió absolver a DORA NATALIA HENAO CORTES por el secuestro  extorsivo,  y respecto de los demás cargos dispuso la nulidad del proceso desde  su indagatoria.   

          Apelada  que  fuera  la  sentencia, el Tribunal Nacional por la suya  del  24 de abril de 1998 la revocó condenando a DORA NATALIA HENAO a la pena de  35  años  de  prisión  como  coautora  de  secuestro extorsivo agravado; dejó  también  sin efectos la absolución de Alirio Alberto Vargas y Mauricio Palacio  para  condenarlos  a  37 años de prisión como coautores del mismo punible y de  los  de  porte  ilegal  de  armas y hurto calificado y agravado; respecto de los  demás acusados, dejó en firme la condena de primera instancia.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          Sin   indicar   cuál   norma   sustancial  estima  violada  por  el  sentenciador,  anunciando  un solo cargo por la causal tercera del artículo 220  del  C.  de  P.  Penal, el censor demanda la nulidad de la actuación procesal a  partir  del  auto  de  traslado  para  alegatos  de  conclusión  en  la primera  instancia  del  proceso, “por razón de la comprobada  existencia  de  irregularidades sustanciales que afectan el debido proceso en su  etapa  de juzgamiento, las cuales entrañan flagrantes violaciones al Derecho de  Defensa y el Estado de Derecho mismo”.   

          Posteriormente,      tras      señalar      que     “sería  un  discurso  de  nunca  acabar,  el  señalamiento  de  las  irregularidades  procesales que se advierten a la simple vista del expediente de  que  se  trata”,  anuncia que concretará la censura a  las       “de       mayor       gravedad      y  trascendencia”.   

En  este  orden presenta como “la   más   grave  y  ostensible  violación  al  debido  proceso”  la no presentación de alegatos de conclusión previos  al  fallo  por  parte del fiscal regional llamado a sustentar la acusación ante  el  juez  competente,  para lo cual hace suya la exposición de un salvamento de  voto  suscrito por un Magistrado del Tribunal Nacional el 2 de julio de 1998, el  cual  transcrito  en  gran  parte,  destaca que la intervención de la Fiscalía  durante  la  etapa  del  juicio  en  los  procesos  adelantados  por la justicia  regional  constituye  piedra angular del procedimiento garantista establecido en  la  nueva  Constitución,  de tal forma que no existiendo audiencia “las  alegaciones previas al fallo es obligatoria”, pues  si  cuando  aquélla  fue  promulgada no existía la fiscalía  resulta  innegable  que  ahora  tiene  plena  vigencia el Decreto 390 de 1991 al  haber  sido  adoptado como legislación permanente por el Decreto 2271 del mismo  año,  de  donde  se  sigue  que  al  imperar  la  citación  para  sentencia de  conformidad  con lo previsto en el artículo 46 del Decreto 2790, ello significa  que  está  derogado  tácitamente  el  Decreto  099 de 1991 que preveía que el  único alegato obligatorio pre-sentencia era el del defensor.   

          Es  que  según  el  texto  del  salvamento  de voto no existe norma  especial  aplicable  a  las  causas  adelantadas  por  la  justicia regional que  exonere  a  la  fiscalía  de  presentar  los  alegatos previos al fallo, de tal  suerte  que de acuerdo con el artículo 100 del Decreto 2790 de 1990 ha lugar la  aplicación  de  los  artículos  128 y 452 del C.P.P., de ahí que deba el ente  acusador  presentar  alegatos  so  pena  de afectar la estructura acusatoria del  proceso concebida en la nueva Carta.   

          Luego  destaca  que  “la  más  grave  y  ostensible  violación  al  derecho  de  defensa  está dada por el hecho de que  habiéndose   solicitado   por  la  propia  procesada,  en  forma  oportuna,  en  ampliación  de  indagatoria llevada a cabo en la etapa del juicio, la práctica  de  una serie de importantísimas diligencias probatorias tendientes a ratificar  su inocencia.” (sic).   

          A  renglón  seguido  y  en  lo  que parece ser la concreción de la  censura   que   dejó   sin   sentido   en  el  párrafo  anterior,  afirma  que  “lo   sobresaliente   e   importante”  es  que  DORA  NATALIA HENAO CORTES “le  solicitó  al señor juez, que  a  las personas que iba a indagar con posterioridad, más concretamente a ALIRIO  ALBERTO  VARGAS  ALVAREZ,  JUAN  DIEGO GARCIA RAMIREZ, MAURICIO PAPACIOS, EDISON  RAMIREZ  FLOREZ  Y  JOSE  ALZAEL  VARGAS BECERRA, se le  (sic)  interrogara  por  sus  rasgos morfológicos, su  edad,  ubicación  de su residencia, estructura de la misma, color de la puerta,  etc.”   

          Estas   preguntas,   las   echa   de   menos  el  casacionista  para  “lograr  la  verdadera  identificación  de  la DORA  NATALIA,   que   estaba   privada   de   la  libertad,  con  la infinita seguridad, que al verdad (sic)  y describirla, por quienes de alguna  manera  la  inculpan,  el despacho hubiese llegado a la conclusión indefectible  que  mi  patrocinada  era  inocente  y  que por ende la verdadera responsable se  trataba   de   otra   mujer   diferente,  lo  más  probable,  también  llamada  NATALIA”.   

          La  petición no fue acogida, se lamenta el censor, como tampoco fue  atendido  el  llamado  de Jhon Robert Posso quien allegó al proceso un memorial  “donde  informa  la inocencia de mi patrocinada y el  querer  revelar  toda  la  verdad”.  Y  concluye  el  libelista     que    “tales    pruebas”  no fueron decretadas por el juez “en  razón   a   que   al  estudio  del  proceso  pudo  formarse  el  convencimiento  –plasmado  en la sentencia  de  primera  instancia-  de  que  la  procesada  DORA  NATALIA  HENAO CORTES era  inocente,  o por lo menos, no concurría en su contra la prueba de certeza legal  necesaria  y  suficiente  para  declarar  su  culpabilidad;  lastimosamente  ese  criterio     no    fue    acogido    –sin  ofrecer  razones  fácticas ni jurídicas en sentido contrario,  por  el  fallador  de  segunda instancia que revocó la absolución y de ahí la  procedencia  de la nulidad que se reclama ahora por vía de casación, a efectos  de  hacer  posible  revivir las instancias ordinarias del proceso en aras de una  (sic) examen más juicioso de  la conducta imputada a la procesada HENAO CORTES.”   

          Finalmente,   el   censor   remata   su   alegación  afirmando  que  “con  ese  actuar  se  conculcó  el  principio  de  investigación integral e imparcial”.   

                           

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Como  repetidamente  lo ha dicho la jurisprudencia de esta Sala, por  el  carácter  rogado  y  dispositivo  de  la casación, ninguna de sus causales  escapa  al  rigor  de las exigencias técnicas previstas en el artículo 225 del  C.  de  P. Penal para una demanda en forma; por ello, si la aducida para quebrar  el  fallo  de  segunda  instancia  es  la tercera, compete al actor señalar las  normas  que han sido transgredidas  en el fallo cuya ilegalidad se denuncia  y  especificar la clase de nulidad que se invoca con la indicación clara de sus  fundamentos.  Es  también su deber precisar la irregularidad de que se duele la  actuación,  con  la  indicación  de la forma como afecta las garantías de los  sujetos  procesales  o desconoce las bases fundamentales de la instrucción y el  juzgamiento.   

          El  demandante debe, así mismo, señalar desde qué momento se debe  invalidar  el  trámite,  con  la  explicación de los motivos por los cuales la  nulidad  como  último remedio debe declararse desde esa etapa del proceso, y si  se  plantean  varios  cargos de ese mismo jaez, es preciso indicar a la Corte un  orden  de  prioridad  en  la  consideración  de  los  motivos  que  enervan  el  procedimiento,  proponiéndose  siempre  en  primer lugar aquél que tenga mayor  alcance  en  la  invalidación,  esto  es,  el  vicio  que  hace  retrotraer  la  actuación a un punto de menor maduración en el proceso.   

          Si  el  motivo  de  nulidad  formulado  es  la  violación al debido  proceso,  habrá  de  considerarse  que  no  cualquier irritualidad conduce a la  invalidación   del  trámite,  por  lo  que  resulta  imperativo  demostrar  la  existencia  de  una  irregularidad  verdaderamente  sustancial,  esto  es, de la  especie  que  afecta  rotundamente  el recto desarrollo del proceso desquiciando  las  bases  mismas  de  la  instrucción  o  del  juzgamiento  o conculcando las  garantías debidas a los sujetos procesales.   

          Si  el vicio alegado es la violación al derecho de defensa, deberá  precisarse  en  cuál de sus modalidades ésta se ha resentido, si la material o  la  técnica,  indicando siempre la actividad o la oportunidad de defensa que se  ha  visto  entrabada  o  ha  sufrido  menoscabo,  con  el  señalamiento  de  su  desfavorable trascendencia en la parte resolutiva del fallo.   

          Estas  previsiones  no se hallan debidamente cumplidas en la demanda  que ahora se revisa en su aspecto formal, por lo siguiente:   

          1.-  Lo primero que se echa de menos es la indicación de la norma o  normas  por  cuya  conculcación o quebranto en el fallo impugnado, es necesario  declarar su nulidad.   

          2.-   Sin  ningún  orden  de  prioridades,  indiscriminadamente  se  demanda  la  invalidación de parte del proceso por dos de los motivos posibles:  violación  al  debido  proceso y al derecho de defensa, indicando tan sólo que  la  nulidad  deber  surtir efectos “a partir del auto  de  traslado  para  alegatos  de conclusión en la primera instancia del proceso  inclusive”,  con lo que el actor estaría admitiendo  que  la  instrucción  y  subsiguiente  fase de calificación del proceso están  exentas de vicios y deben permanecer incólumes.   

No  obstante,  cuando la demanda denuncia la  violación   al   derecho   de   defensa,   contradictoriamente   se  remonta  a  irregularidades  que  por  haberse dado presuntamente en la fase de allegamiento  de  pruebas,  deberían  remediarse  retrotrayendo  el  rito  al  mismo  estadio  procesal  donde  se  produjo  el  vicio, lo cual, en el supuesto de prosperar la  segunda  censura,  no  podría hacerse porque lo que reclama el censor es que se  invalide  la  actuación  únicamente a partir de la fase culminante del juicio,  esto es, cuando ya todo término probatorio ha precluído.   

Lo  anterior  significa que, contrariando la  lógica  y  por  ende el axial de la casación, el demandante invoca dos motivos  de  nulidad  diferentes,  que  igualmente  afectarían  dos etapas distintas del  proceso;  pero  paradójicamente  sólo  reclama  que se repare uno de ellos, de  aposta  el  de menor alcance, siendo para la Corte imposible corregir la demanda  o  ir  más allá de lo que ella plantea, en virtud del principio de limitación  que rige el extraordinario recurso.   

          3.-  En  punto  al  primer  reproche,  esto es el relacionado con la  violación  al  debido  proceso,  en  contravía de los postulados de claridad y  precisión  que  para  una  demanda en forma prevé el ordinal 3° del artículo  225  del  C.  de  P.  Penal, el censor no atina a explicar, y menos a demostrar,  cómo  y  por  qué la no presentación de alegatos de conclusión por parte del  fiscal  desconoció las bases de la instrucción o del juzgamiento en el proceso  que    culminó    con    la    sentencia    de   condena   ahora   atacada   en  casación.   

          Es  así  como  el  único esfuerzo argumentativo del libelista para  cumplir  con  lo  que  denomina  “demostración  del  cargo”,  consiste  en la transcripción in  extenso del supuesto salvamento de voto  de  un  magistrado  del  extinto  Tribunal  Nacional  -de contera plasmado en un  asunto  posterior  al  que  aquí  se  controvierte-,  que en opinión de aquél  corresponde  “a  la verdadera filosofía del sistema  penal actual”.    

          Empero,  del  pensamiento  disidente  prohijado por el censor apenas  sí   emerge   una   opinión   conclusiva   de  que  el  susodicho  alegato  es  imprescindible  a  fuerza de “ser el estanco procesal  equivalente  a  la  audiencia  pública”,  deducción  ayuna  de  los  argumentos  jurídicos  y  del soporte legal para indicarle a la  Corte  que ello es cierto, es decir, que la audiencia pública del procedimiento  ordinario   corresponde   al  iter  procesal  a  la  sazón  señalado  para  el  juzgamiento  de  los  delitos  sometidos  al conocimiento de la llamada justicia  regional.   

          4.-  Sobre  la  censura  por  violación  al derecho de defensa, que  supuestamente  anida  en  la actuación porque se desestimó la petición que en  ampliación  de  injurada  hizo la justiciable para que algunos otros procesados  fueran  interrogados  sobre  las  características  físicas  de DORA NATALIA, y  también  porque  se desatendió la solicitud que por escrito elevó Jhon Rovert  Posso  para  que  se  escuchara  su  versión  de los hechos con la cual habría  quedado  en  claro  la  aducida ajenidad de la inculpada en los hechos juzgados;  hay  que  decir  que constituye un simple planteamiento huérfano de razones que  le  permitan  a  la  Corte conocer por qué no fueron evacuadas tales probanzas,  aviso  de  insoslayable  compromiso  para  el casacionista atendido el carácter  rogado  de  este  extraordinario medio de impugnación, toda vez que a partir de  dicha  información  se  habría  podido saber qué fue lo realmente ocurrido al  interior  del  trámite  respecto de dichas diligencias, esto es, si la omisión  fue  por simple desidia del instructor, por una permanente e indebida postura de  rechazo  del  funcionario  frente  a  un  derecho  del sujeto procesal, o por el  contrario,   porque   el   fiscal   estimó  superfluas  o  improcedentes  tales  constataciones.   

          Por  lo demás, también se echa de menos la incidencia trascendente  de  las supuestas omisiones en el fallo, de cara tanto al conjunto de la defensa  material  como  de  la  técnica, supuesto que ningún otro reproche o reparo se  hace  en  punto  al  estorbo  o  entrabamiento  de  la  actividad  defensiva  en  cualquiera de sus manifestaciones.   

5.-  Del  mismo  modo, tampoco el impugnante  concreta  en  hechos  u  omisiones  lo  que al desgaire denomina “conculcación      al     principio  de  investigación  integral  e imparcial, que alude a la  instrucción  con igual celo de lo favorable como de lo desfavorable, lo cual no  se  cumplió”,  falencia en la sustentación de este  peregrino  reproche  que  lo  deja en el vacío, y por consiguiente, sin la más  remota  posibilidad  de  verificación  a  la  luz de la actuación procesal que  sellada  con  una  sentencia  de  segundo  grado goza de la doble presunción de  acierto  y  legalidad,  destronable por la vía escogida por el censor solamente  con  la  demostración  de  irregularidades  sustanciales  en  el  trámite  que  hubieran  puesto  en  vilo  las  garantías  debidas  a los sujetos procesales o  comprometido  seriamente  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción  o del  juzgamiento.   

          En   este   orden  de  ideas,  como  epítome  de  lo  anterior,  la  perturbación  de derechos fundamentales que predica la demanda no trasciende el  simple  enunciado  y sólo alcanza para comprender el confesado deseo del censor  -por  supuesto  no  viable  en casación- de “revivir  las   instancias   ordinarias   del   proceso   en   aras  de  una  (sic)  examen más juicioso de la conducta  imputada  a  la  procesada HENAO CORTES”, pretensión  tanto  más  ajena  al extraordinario medio de impugnación cuanto que el libelo  que  cuestiona  la  legalidad  del  fallo por vicios in  procedendo deja a la Corte sin posibilidad de saber en  qué  consistieron  las  supuestas  irregularidades,  cuál su razón fundante y  cuál  su  trascendencia  en la decisión impugnada, interrogantes que no pueden  superarse   sin  quebrantar  el  principio  de  limitación que gobierna la  casación  en  todas sus causales, lo que inexorablemente lleva a la conclusión  de  que  el escrito que de tales falencias se duele deviene inepto para suscitar  el  estudio  de fondo de la situación, motivo más que suficiente para disponer  su   rechazo   de   plano   y   la   deserción   del   recurso  que  pretendió  sustentar.   

          En   tal   virtud,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          1.   RECHAZAR  IN  LIMINE  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  la  procesada  DORA  NATALIA HENAO  CORTES.   

          2.     DECLARAR    DESIERTO  el recurso de casación concedido por el  Tribunal Nacional en este asunto.   

          3.  DEVOLVER  el  expediente a su lugar de  origen.   

          Por  disposición de los artículos 197 y 226 del C.P.P. contra este  pronunciamiento no cabe ningún recurso.   

Comuníquese y cúmplase  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA     POVEDA                      

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

         

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                              CARLOS     E    MEJÍA  ESCOBAR           

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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