12733may

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 12733  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                      Magistrado  ponente:   

                      Dr.  EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

                    Aprobado Acta  No. 87 (mayo 25/00)   

Santa Fe de Bogotá D.C., treinta (30) de mayo  de dos mil (2000).   

Decide  la Corte la casación interpuesta por  el  defensor  de  RODRIGO  VELANDIA  PARGA  contra  la sentencia de octubre 3 de  1.996,  por  medio  de  la  cual  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Cundinamarca  condenó a dicho procesado a 36 meses de prisión por el delito de  acceso carnal en persona puesta en incapacidad de resistir.   

ANTECEDENTES  

1.  –  Germán  Salinas  Duarte vivía en el  municipio  de Girardot (Cundinamarca) con Martha Cecilia Parra, con quien había  tenido  tres  hijas,  la mayor de las cuales es Jenny Alexandra, con 10 años de  edad.   En  septiembre  10  de  1.992  murió el mencionado y su compañera  siguió  en  su  desordenada  vida  de  licor  y  promiscuidad, se hizo amiga de  Rodrigo  Velandia  Parga  y  aproximadamente  en  el  mes de enero de 1.993, con  colaboración  de  su madre Martha, el nombrado individuo accedió carnalmente a  Jenny  Alexandra,  por  la  vagina  y  por  el ano, para lo cual dicha pareja la  amarró,   conducta  ésta  que,  en  idénticas  circunstancias,  se  denunció  cometida  con el menor (10 u 11 años de edad) Jhon David Duarte Marta, primo de  Jenny Alexandra y quien visitaba la casa donde ésta residía.   

2.  –  La  denuncia  por  esos  hechos  fue  formulada  en  diciembre  7  de  1.993 por una hermana del fallecido padre de la  citada  menor  (fl.1 cdno.1) y la Fiscalía 25 de Girardot abrió investigación  e  indagó a los imputados Velandia Parga y Martha Cecilia Parra (fls.33 y 104),  quienes se sostuvieron inocentes.   

–  Decidida  la detención preventiva de los  sindicados  (fls.57  y  117),  y practicadas otras pruebas, la investigación se  cerró  y  calificó con acusación de mayo 16 de 1.995 (fl.107 cdno.Nro.2), por  el  delito  previsto  en  el  artículo  300  del Código Penal agravado por las  circunstancias  1,2  y  5  del  artículo  306  ibídem. (acto sexual en persona  puesta  en  incapacidad  de  resistir)  Marta  Cecilia Parra fue enjuiciada como  cómplice  del  sindicado VELANDIA PARGA en los referidos delitos donde aparecen  como    víctimas    los    mencionados   menores   Jenny   Alexandra   y   Jhon  David.   

2.  –  El Juzgado 4º. Penal del Circuito de  Girardot  practicó algunas diligencias, celebró audiencia pública (fl.244) y,  dictó  sentencia de julio 30 de 1.996 (fl.267), por medio de la cual condenó a  los  acusados  a 40 meses y 33 meses y 10 días de prisión respectivamente, por  los   hechos   en   que   resultó   víctima  Jenny  Alexandra  Salinas  Parra,  absolviéndolos  con respecto al que se acusó, llevaron a cabo en el menor Jhon  David  Duarte Marta,  fallo que, apelado por el defensor de Velandia Parga,  fue  confirmado  por el Tribunal modificándolo para imponerles a los procesados  Velandia  y  Parra,  respectivamente  36  y  30  meses  de prisión y esta es la  sentencia que se recurre por la vía extraordinaria.   

Débese anotar que también se condenó a los  acusados  “a  la  pena  accesoria de suspensión de la patria potestad, que no  podrá  ejercer  sobre  sus  hijas  Jenny  Alexandra,  Natalia  Johana y Natalia  Salinas Parra, durante un período de 5 años” (fl.284-2).   

LA DEMANDA  

“Capítulo Primero”.  

Al amparo del artículo 220-2 del Código de  Procedimiento  Penal,  cuerpo  2º.,  aduce  la  violación  indirecta de la ley  “proveniente  de  error  de  hecho  en la estimación de las pruebas” (fl.51  cdno.  Tribunal),  y  anota  que  como  pruebas de cargo solamente existen en el  proceso  la  declaración de la menor Yenny Alejandra Salinas Parra y la pericia  médica,  las cuales apenas constituye “un indicio de responsabilidad”, y en  seguida  hace  algunas consideraciones sobre tal testimonio, que no merece plena  credibilidad  ya  que  ofrece discrepancia en cuanto a la fecha de ejecución de  la  conducta  y en cuanto al número e identidad de las personas que a la sazón  la acompañaban y añade:   

“No  hay  materia  digna  de estudio en la  exposición  de  la  ofendida  y  si  a ello se agrega la desfloración antigua,  desgraciadamente   la   Justicia   no   tiene  herramientas  para  dictar  fallo  condenatorio,  ni  a  través de UN SOLO testigo, ni a través de los varios que  forman  el  tinglado  de  la farsa, tiznados de oprobio y de respecto (sic) a la  dignidad  de  la  persona  humana,  que también tiene y sigue teniendo la mujer  MARTHA  CECILIA,  madre  de  la  niña  que  es  el  personaje  central  de este  proceso.” (fls.56 infra. y 57).   

Anota  que la referida declaración de cargo  “está   plagada   de  contradicciones”  (fl.57),  cita  como  violados  los  artículos  247,  248  y  303  del  Código  de Procedimiento Penal y estima que  “estos  quebrantamientos  de la ley en forma directa, refluyeron en las normas  sustantivas  numeradas  304  y  306  del  Código  Penal” (fl.58) y agrega que  también es manifiesta “la tardanza en formular la denuncia”.   

Capítulo Segundo.  

Dice que “si arrojara confusión lo dicho y  se  desechara  el cargo, me permito proponer este otro” (fl.59): la violación  directa  del  artículo  25  del  Código  Penal  sobre  la  comunicabilidad  de  circunstancias  y  que el sentenciador interpretó mal, pues debe entenderse que  “lo   que  la  ley  predica  es  que  tales  circunstancias  se  conozcan  con  posterioridad al crimen” (id.).   

Capítulo Tercero.  

“Si  también  cae  en  el abismo el cargo  anterior   propongo  este  otro  y  último”  (fl.60):  “causal  primera  de  casación  inciso segundo”, pues siendo la pena impuesta 36 meses de prisión,  ha  debido  otorgarse  la  condena  de  ejecución condicional, “por cuanto la  convicción  íntima  del  juzgador  no  puede  avasallar  el  caudal probatorio  legalmente  incorporado  al  proceso y que desmiente la creencia del juzgador al  ver   en   mi   cliente   un   individuo   que  no  merece  la  aplicación  del  beneficio.”(fl.cit.). y precisa:   

“Se  presenta  error de hecho evidente por  equivocación   por   interpretación   errónea   de   la  norma  agravante  de  punibilidad”,  la  cual, haciendo las operaciones correctas, debe quedar en 32  meses  de  prisión,  y  recuerda  las  condiciones  personales  y  sociales del  procesado,  las  cuales  estima  que ameritan el sustituto penal en cuestión, y  reitera  que el error es de hecho, “por cuanto se pasó por alto el estudio de  pruebas  que  hacían ver el reverso de una personalidad aviesa, tal como quedó  presentada  por  el  H.  Tribunal para impedir que el individuo RODRIGO VELANDIA  PARGA entre a gozar de una libertad restringida” (fl.65).   

Termina  el  censor  sin  hacer petición de  ninguna clase.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

Primer Cargo.  

Advierte   que  dadas  “las  ostensibles  falencias  de técnica” la censura no puede prosperar, pues en primer término  no  indica  el  sentido  de  la  violación;  en  segundo  lugar controvierte el  testimonio   de  la  menor  Yenny  Alexandra  Salinas  con  meras  apreciaciones  personales,  “sin lograr infirmar la presunción de acierto y legalidad de las  sentencia”   (fl.11   cdno.   Corte),   sin   lograr   demostrar   que  “las  contradicciones   eran   de   tal   magnitud   que   se   tornaban  excluyentes,  irreconciliables y por ende inaceptables” (fl.12).   

Añade  que  también  sus  afirmaciones con  respecto   a  la  prueba  de  indicios  se  queda  sin  desarrollar,  “pobreza  argumentativa” que lleva al fracaso del cargo.   

Segundo Cargo.  

Dice   que   predicar  comunicabilidad  de  circunstancias   a   quien  no  las  hubiere  conocido  al  momento  del  hecho,  implicaría  juzgar  con  responsabilidad  objetiva (fl.14), por lo cual resulta  “un  planteamiento  sin  antecedentes  en  la  dogmática”  el  que  hace el  casacionista  en  el  sentido de que dicho conocimiento ha de ser posterior a la  delincuencia,  razón por la cual el artículo 25 del Código Penal resulta bien  interpretado y el reparo no prospera.   

Tercer Cargo.  

Habla   de   los  requisitos  objetivos  y  subjetivos  del artículo 68 del Código Penal y anota que la motivación que al  respecto  hizo  el Tribunal “se quedó corta” (fl.17 supra.), no obstante lo  cual,  aunque los testigos Martha Ligia Gutiérrez y Oscar León Falcón Garzón  afirmen  que  el  procesado  es  persona  de bien, “ello en absoluto, no logra  infirmar  lo  sentenciado  en  sentido  de  no conceder la condena de ejecución  condicional  a  un hombre que con la ayuda de otra, consumara un ilícito de tan  honda  reprochabilidad,  como  lo fue el acto sexual en una menor de diez años,  persona  puesta en incapacidad de resistir. Luego el cargo no debe prosperar ”  (fl.cit).   

Pide entonces no casar el fallo.  

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Para  seguir  la  forma que desde siempre se  observa   y,   en   verdad,  facilitar  la  compresión  de  las  demandas,  los  casacionistas  deberían invariablemente titular como “cargo” cada reproche,  pues  si  bien  el  artículo  225  del  Código de Procedimiento Penal habla de  “capítulos”,   es   para   indicar  que  cada  “cargo”  ha  de  hacerse  separadamente.   

Primer Cargo.  

El  casacionista  en  este  caso  ha  debido  precisar  que  la norma sustancial violada era, en el primer cargo, el artículo  300  del  Código  Penal  (tipificador  del  delito  por  el  cual fue condenado  Velandia  Parga)  y que el sentido de la violación era su aplicación indebida,  y  no señalar como dichas normas sustanciales los artículos 247, 248 y 303 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  las cuales se refieren al mérito probatorio  para  condenar  y  a la apreciación de los indicios y son, por tanto, el camino  por  el  cual  se  arriba  a  la  violación  de  las  sí  sustanciales  normas  mencionadas.   

Aquí el censor no dice cuál clase de error  de  hecho  le enrostra al Tribunal, pero de las consideraciones que hace y sobre  todo  de la “sana crítica” que arguye, se infiere (el casacionista no puede  poner  a  la  Corte  a  “inferir”,  sino  que  debe ser claro y preciso) que  plantea  un  falso  juicio  de raciocionio,  el  cual,  tratándose  de  testimonios,  la jurisprudencia tiene  dicho  que  el censor debe demostrar que el sentenciador rompió la lógica o la  persuasión  racional  y  “valoró”  el  testimonio  con  su mero capricho e  irracionalidad,  lo  que  aquí  evidentemente  no  se  da  con  respecto  a  la  declaración   de  Jenny  Alexandra  Salinas  Parra,  la  cual  controvierte  el  demandante   desde  su  punto  personal y de conveniencia como defensor del  procesado  Velandia Parga, a quien sea lo que fuere, la citada menor es clara en  insistir    que   el   sindicado   la   accedió   carnalmente   con   violencia  (fl.12.).   

Debe  recordarse  al  actor  que  ya  sólo  excepcionalmente  es aducible el falso juicio de convicción, yerro de derecho a  través  del  cual  se  pretende  combatir  la  “credibilidad”  otorgada  al  testigo,  pues  hoy  día  no  rige  la  tarifa legal sino el sistema de la sana  crítica  o  persuasión  racional (arts.254 y 294 C.P.P.), también se equivoca  al  considerar  como  indicio  una  prueba  “directa”,  como  es la referida  declaración de Jenny Alexandra.   

Aparte de lo anterior el censor no cumple con  la  obligación  de  atacar  toda la prueba de cargo, que en el presente caso se  completó  con  la  declaración  del  también menor Jhon David Duarte, como se  dijo  desde  la  acusación  y  fue reiterado en el fallo, prueba ésta también  “directa”  y  que  no  encaja,  pues, en el ataque a “la prueba indiciaria  “fundamento de este cargo.   

Por  todas  estas  falencias  el  cargo  no  prospera.   

Segundo Cargo.  

Este  segundo  cargo aparece  formulado  como  apreciación  errónea – violación directa – del artículo 25 del Código  Penal.   

Al   referirse  al  parentesco  hija-madre  procesada,  dijo el Tribunal: “parentesco deducible a ambos  acusados con  base   en   el   artículo   25   de  Código  Penal  sobre  comunicabilidad  de  circunstancias,  ya  que  el  vínculo  de  sangre  era  plenamente conocido por  RODRIGO  para  el  momento en que perpetró el ilícito  y, la edad menor a  10 años de la víctima”.   

El  casacionista  plantea  que la expresión  “las  hubiere  conocido”,  que  utiliza  dicha  norma  para  referirse a las  circunstancias  que  agravan  la  punibilidad  del  hecho,  indica  que “tales  circunstancias  se  conozcan  con posterioridad al crimen, si se tiene en cuenta  que  el ‘hubiere’  trae a la mente una acción futura”  (fl.59),  tesis evidentemente ilógica y absurda, pues basado en un conocimiento  futuro,  esto  es,  posterior  a  la  comisión  del hecho punible, es imposible  jurídicamente  aducir  la  errónea  interpretación  de dicho artículo 25, el  cual,  se  reitera,  no  podría  lógicamente,  si  no  fuera  contrariando  el  artículo  2º  del Código Penal, (naturaleza del hecho punible) tipificar como  punible  una  situación  que  ocurra  después de que la misma esté consumada,  salvo  en casos en que la misma ley lo contemple, como ocurre en las “lesiones  seguidas  de  parto  prematuro o aborto” (art.338 C.P.), en el que se sanciona  ese  hecho  futuro  previsible para el sujeto activo al momento de lesionar a la  mujer  embarazada.  Este  argumento, derivado de ese tiempo verbal, entonces, no  tiene  aquí  asidero alguno y se exhibe como una mera e irrazonada apreciación  del actor.   

El   fundamento  de  este  cargo,  pues  obliga a su rechazo.   

Tercer Cargo.  

Aquí  el  casacionista  hace  una  indebida  mezcla  de  motivos  de  casación,  como  es la interpretación errónea de las  agravantes       que       se       dedujeron      (violación      directa)  y  la falta de consideración de  las     pruebas     atinentes    a    la    “personalidad”    del    acusado  (violación  indirecta: error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia),  aparte  de que el sentido de la  violación  a  plantear era la no aplicación del artículo 68 del Código Penal  sobre la condena de ejecución condicional.   

No obstante, débese anotar que así obren en  el  expediente  testimonios  sobre el buen comportamiento del procesado Velandia  Parga,  su  sola consideración no conducía a conceder la condena de ejecución  condicional  (art.68 C.P.), pues los datos que reveló el procesado en   este   concreto   delito   objeto  de  condena,    llevaron   al   sentenciador   a  negar   dicho  sustituto  penal.   

En  efecto, después de recordar el Tribunal  que  el acusado se relacionó sexualmente con la mujer de su ex patrón, una vez  fallecido   

violentamente  éste  y  de  cuya  menor hija  abusó sexualmente, precisó:   

“Estos  elementos  de  juicio, lo señalan  como  persona  poco  adaptada  al  orden  social  en  que  se  desenvuelve  y la  conclusión    lógica    y   razonable   es   que   requiere   de   tratamiento  penitenciario”.  (fl.36  cdno. Tribunal), y agregó que “no puede dejarse de  lado  el  análisis y evaluación de las repercusiones de orden psíquico que el  acto     sexual     no     consentido     tuvo     que     producir     en    la  ofendida.”(fl.37).   

Siendo, pues nítida la improsperidad de este  cargo,  deviene  el  de  la  demanda  toda  y  la sentencia que se combate no se  casará.   

No  debe  la  Sala  terminar  sin  llamar la  atención  a  la  fiscala  acusadora  y  al setenciador por haber tipificado los  referidos  hechos  de que fue víctima la menor JENNY ALEXANDRA SALINAS PARRA en  el  artículo  300  del  Código  Penal,  el cual describe el “acto sexual con  persona  puesta  en  incapacidad  de  resistir”,  pues  resulta nítido que al  acceder  carnalmente  a dicha niña, amarrándola de pies y manos, el tipo penal  en  que  se  alojaría  tal  conducta  sería el de “acceso carnal violento”  tipificado  en  el  artículo  298  del  citado  Código,  pues un acceso carnal  llevado  a  cabo  en  esas  condiciones  indudablemente  que  sería “mediante  violencia”,  mas  no  teniendo  a  la  referida  menor  en un estado previo de  “incapacidad   para   resistir”   o  “en  estado  de  inconsciencia  o  en  condiciones  de  inferioridad  síquicas  que le impidan comprender la relación  sexual  o  dar su consentimiento” (art.300 cit.), hipótesis que, en el fondo,  se  refieren  a  alteraciones  endógenas de la víctima, bien provocadas por el  imputado, u originadas en sí mismas.   

Pero  tal  error de adecuación no comporta  una  errónea  calificación  que  obligue a decretar la nulidad por atentado al  debido  proceso  (art.304-2  C.P.P.), ya            que   el   anotado  desplazamiento  de  tipificación  se  dio dentro del mismo Título 11 del Libro Segundo del Código  Penal,  además  de  que  una  corrección  en  el sentido indicado comportaría  atentar  contra  el  principio de no agravar la situación del procesado cuando,  como  en  este caso, el único recurrente es el defensor del mismo (arts.31 C.N.  y concordantes del C.P.P.).   

También merece el fallador otra llamada de  atención  por  la manera como dosificó la pena, ya que al artículo en el cual  tipificó   los   comportamientos   de  los  acusados  le  encontró  agravantes  específicas  (arts.300  y  306)  y fue en sí mismo particularmente grave, como  quedó  visto  a  lo  largo  de  este proveído, impidiéndole ello partir de 26  meses  (fl.34  cdno. Trib.), apenas 2 meses más del mínimo de 2 años previsto  en  el  referido  artículo  300  (arts.61  y  67 C.P.). Además debe tenerse en  cuenta  que  la  concurrencia de dichas agravantes autorizaba a aumentar la pena  de  una  tercera  parte  a  la  mitad.  Contrastando  con  la generosidad que el  sentenciador  tuvo  al  respecto,  emerge  evidente que la pena a ambos acusados  debió ser bastante mayor.   

Finalmente,  como la aquí procesada Martha  Cecilia  Parra  es así mismo madre de la menor víctima, oficiosamente se dará  cumplimiento  al  articulo  306 A del Código Penal (ad.art.14 Ley 360 de 1997),  que  dice:  “En  todos los casos en que la víctima  sea  un  menor  de  edad,  que carezca de representante legal o que teniéndolo,  incumpliere   sus  obligaciones  o  careciere  de  las  condiciones  económicas  necesarias  o  de  las  calidades  morales o mentales, para asegurar la correcta  formación  del  menor  de edad, el funcionario que conozca de la investigación  dará  aviso al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, para que el defensor  de  familia competente, adopte las medidas de protección que el caso amerite, e  intervenga  y  promueva  las  acciones judiciales necesarias, en representación  del menor y la Familia   

Para  este  efecto, el Estado destinará los  recursos  suficientes  para  que  el ICBF cumpla con lo dispuesto en el presente  artículo.”.   

Se    dará,    pues,   el   aviso  correspondiente.   

En mérito de lo expuesto, La Corte Suprema  de  Justicia  Sala  de  Casación  Penal, de acuerdo con el Ministerio Público,  Administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley.   

RESUELVE  

         1.-  NO  CASAR  la sentencia impugnada. En  firme devuélvase al Tribunal de origen.   

         2.-  Por Secretaría de la Sala dése el aviso referido al finalizar  la parte motiva de este proveído.   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ  ARGOTE                             JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS   E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON            NILSON E.  PINILLA PINILLA   

No hay firma  

TERESA RUIZ NÜÑEZ  

Secretaria  

    

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