15027jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso Nº 15027  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 116  

          Santafé de Bogotá, D.C, diez de julio de dos mil.   

VISTOS  

          De  conformidad  con  los  artículos  225  y  226  del  Código  de  Procedimiento  Penal, la Sala se pronuncia sobre el aspecto formal de la demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado RAFAEL ERNESTO CASALLAS  TEJEDOR  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de esta ciudad capital,  fechada  el  16  de diciembre de 1998, mediante la cual confirmó la condena que  en  primera  instancia  había  proferido  en  su contra el Juzgado 27 Penal del  Circuito,  imponiéndole  la  pena  principal de 25 años de prisión como autor  responsable   del   delito  de  homicidio  en  la  persona  de  Mauricio  Gómez  Arias.   

ANTECEDENTES  

          El  3  de  septiembre  de  1996 el Ministro del Interior de entonces  recibió  una  llamada  telefónica  en  la  que  se  le  alertó  sobre el paso  constante  y  sospechoso  de  dos  motocicletas  por su lugar de trabajo, una de  ellas  con  parrillero,  razón  por la cual dio traslado de la comunicación al  jefe  de  escoltas  Nepomuceno  Tacha  Olivera,  a  fin  de  que  verificara  el  hecho.   

          Iniciada  la respectiva tarea por éste en asocio de RAFAEL CASALLAS  TEJEDOR  y del conductor José Reinaldo Ovalle, observaron una motocicleta en la  que  se  transportaban  dos  personas,  vehículo  que  siguieron por la carrera  9ª   hasta  la avenida 19 de esta ciudad, lugar en donde después de haber  dado  la orden de “alto” y  cerrado  el  tránsito  a la moto, el escolta CASALLAS descerrajó un disparo en  la  frente  del motociclista Mauricio Gómez Arias, quien poco después de las 8  P.M.  falleció, no sin antes saberse que al momento del herimiento cumplía con  su actividad laboral como mensajero de la entidad Colpatria.   

          Por  estos  hechos, la Fiscalía 315 delegada de Santafé de Bogotá  el  4  de septiembre de 1996 decretó la apertura de la instrucción, escuchó a  los  tres escoltas detenidos y se abstuvo de imponerles medida alguna, decisión  que  varió  el 13 de septiembre para afectar con detención preventiva a RAFAEL  EDUARDO  CASALLAS  TEJEDOR por el injusto de homicidio, y por el mismo cargo fue  acusado  formalmente  por  el  Fiscal 4 de esta ciudad el 15 de enero de 1997, a  tiempo   que   sobre   los   otros  procesados  dispuso  la  preclusión  de  la  investigación.   

          El  juicio  lo  adelantó el Juzgado 27 Penal del Circuito, despacho  que  de  conformidad  con  el pliego de cargos fulminó la condena a 25 años de  prisión  el  5 de diciembre de 1997, decisión  confirmada por el Tribunal  el 16 de abril de 1998.   

LA DEMANDA  

          Por  medio  de la causal primera de casación, el censor formula dos  cargos contra la sentencia de segundo grado.   

          En   el   primero,   aduce  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial debido a un error de hecho por falso juicio de  existencia  por  omisión  de  la  prueba  de  balística,  en  la que según el  demandante,  el  forense  determinó  que el disparo letal contra la víctima se  hizo  a  larga distancia pues no se hallaron residuos de pólvora en el orificio  de entrada del proyectil.   

          No  obstante,  afirma,  tanto en el fallo de primera como de segunda  instancia,  haciéndose  caso  omiso de la mentada prueba, se derivó el dolo de  la  conducta  del  procesado, con la afirmación de que el disparo había sido a  tan  corta  distancia  que  para  el tribunal la intención era inequívoca y el  dolo incuestionable.   

          La  trascendencia  del error es innegable en la medida en que, de no  haber  incurrido  en él la judicatura, la decisión hubiera sido absolutoria en  razón  a que los demás argumentos expuestos por el fallador de primer grado en  procura  de  la demostración del dolo, como el de que si la conducta no hubiera  sido dolosa se habrían producido otros disparos, son pobres.   

Así   pues,  concluye  el  censor,  si  el  ad quem sólo hizo referencia  a  la  corta  distancia del disparo, todo lleva a la conclusión de que en favor  del   justiciable   ha   debido   aplicarse   el   principio   del  in   dubio  pro  reo   ante  la  duda  insalvable   sobre   las   verdaderas   circunstancias  en  que  se  produjo  el  disparo.     

          En  el  segundo  cargo  plantea  un  falso  juicio  de  identidad  sobre  la  base  de  que  el  contenido  material  de las  indagatorias  rendidas  por  los  escoltas  resultó  tergiversada  pues  de sus  versiones   se  desprende  que  aceptaron  la  existencia  de  una  persecución  emprendida  en  contra  del  occiso,  hecho también admitido por el Fiscal pero  negado  por  el  Juez  “simple y llanamente porque el  conductor    y    el    parrillero    de    la    moto    ignoraban    que   los  perseguían”.   

          Sin  embargo, agrega el demandante, toda la realidad fáctica indica  que  hubo  persecución  ya  que  si  la  labor  se  hubiese  reducido a un mero  seguimiento,  no se hubiera cerrado la moto con el auto para luego de dar la voz  de  “alto”  proceder a la  requisa   de   los  sujetos  y  de  las  tulas  que  portaban;  además  resulta  significativo  la  distancia  que  existe  entre el Ministerio del Interior y el  lugar donde fue alcanzada la moto y se precipitaron los hechos.   

          Con   esta   apreciación,   el  censor  opina  que  hubo  un  error  trascendente  pues  el juez de primera instancia, al desconocer la persecución,  dedujo  una  circunstancia  exógena  confirmatoria del dolo, lo que de no haber  ocurrido  hubiera  autorizado  la  aplicación  del  in  dubio  pro  reo  ante  la  duda  insalvable  sobre las  verdaderas circunstancias en que se produjo el disparo.   

          Tras  estimar que con motivo de los errores planteados se violan los  artículos  445,  246,  247,  249,  254,  333 y 294 del Código de Procedimiento  Penal,  y el 5, 35 y 36 del Código Penal, solicita la casación de la sentencia  para  que  en  su  lugar  sea  proferido  un  fallo  absolutorio  con base en el  artículo 445 del primero de los estatutos mencionados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          En   reiteradas  oportunidades  esta  Sala  ha  enseñado  cómo  la  casación,  a  diferencia  de  ser  un nuevo espacio procesal de aprovechamiento  para  que los censores combatan la apreciación que de los hechos investigados y  de  las  pruebas  se hizo en las instancias, es un juicio contra la sentencia de  segunda  instancia  que  exige a los demandantes el sometimiento al rigor propio  de  la técnica de este extraordinario medio de impugnación en el cual a fuerza  de  la demostración de los errores verdaderamente trascendentes de que se duele  el fallo atacado, se verifica su legalidad.   

          A  este  propósito los libelos  deben cumplir, sin excepción,  los  requisitos  establecidos  en  el artículo 225 del Código de Procedimiento  Penal,  única  fuente  de  viabilidad  para que el Juez de casación conozca de  fondo el asunto.   

          Empero,  en  la demanda puesta ahora a consideración de la Corte no  se  tienen en cuenta estas previsiones, pues en los dos cargos que por supuestos  errores  de  hecho  promueve  el  censor  solicita  el proferimiento de un fallo  sustitutivo   de   carácter   absolutorio   con  base  en  la  aplicación  del  in  dubio  pro reo, omitiendo  explicar  la  forma  como  el  sentenciador dejó de aplicar esta norma de claro  contenido  sustancial  por  efecto  y  consecuencia  de los supuestos yerros que  tampoco la demanda se ocupa de demostrar.   

          Es  que  si  se  para  mientes  en  la  consideración  con  que  el  demandante  presenta  el  primer  cargo,  en  el  sentido  de  que  la prueba de  balística  fue  ignorada, siendo ésta la que demuestra que el disparo letal se  produjo  a  larga  distancia  contradiciendo  lo  sostenido  al  efecto  por  la  judicatura,  es  lo  cierto  que  la  aserción  se  encuentra  aislada siquiera  hipotéticamente  de un argumento adicional tendiente a hacer ver cómo de haber  sido  estimado  por  el  juzgador  el  hecho  de  que el disparo se hizo a larga  distancia,  inevitablemente  tal  consideración  lo hubiera puesto en estado de  duda en punto a la intención homicida del sentenciado.   

          Así,  diferente  a lo que ha debido hacer el censor al respecto, lo  que  se  observa  es  su  afán  por  criticar  el  análisis que de las pruebas  hicieron  las  instancias,  calificando  de pobre la argumentación del fallo de  primer  grado  cuando afirma que de no haber existido dolo se hubieran producido  otros disparos.   

          En  este orden, fácil se descubre la deficiencia del actor no sólo  para  demostrar  el  error  de  hecho  endilgado  al juzgador sino también para  establecer  su  necesaria  incidencia  en el fallo atacado, haciéndole ver a la  Corte  cómo  de no haber sido por el supuesto yerro la perplejidad por la falta  de  conocimiento  cierto  acerca  del dolo se habría apoderado del sentenciador  impidiéndole  proferir  una condena; sin que pueda la Corte colmar el vacío de  la  demanda  por   prohibírselo  el  principio  de limitación que rige la  casación.   

          Tratándose  de  la segunda censura referida al error de hecho en la  forma  de  falso  juicio de identidad, sin dificultad alguna se advierte que las  razones  que  entrega  el  recurrente  al  respecto  se  diluyen  en  una  nueva  oposición  a  la  manera  como las instancias llegaron al establecimiento de la  responsabilidad  penal del procesado, pues cuando afirma que las versiones dadas  por   los   escoltas   fueron  distorsionadas  en  el  tópico  de  que  habían  desarrollado  una  labor  de  persecución en contra de la víctima, ello hacía  suponer  que  el  Tribunal  contrariando  sus contenidos había entendido que en  ellas  los  indagados  habían manifestado que tal maniobra no se cumplió, pero  no,  lo  que  aparece  es la arremetida del censor dirigida a que el juzgador ha  debido dar por probada la ocurrencia de tal hecho.   

          Este  trastocamiento, que paradójicamente no se da en el fallo sino  en  la  argumentación  de quien lo censura, desnaturaliza el cargo inicialmente  propuesto  por  su  traslado  inmediato  a  la órbita de la apreciación de las  pruebas,  tarea  que  es  relativamente  libre   para el funcionario, en la  medida  en que su único reproche en casación puede surgir cuando se acomete de  espaldas  a  la  racionalidad,  esto  es,  sin  sujeción  a  la  lógica, a los  postulados de la ciencia o a las reglas que impone la experiencia.   

          Por  si  fuera  poco, como clara demostración de la manera informal  como  el  demandante  confeccionó  el  libelo, se puede ver que introduce en la  censura  la  violación  del  artículo  333 del Código de Procedimiento Penal,  reproche  que  como  bien se sabe está inscrito en los ataques que en casación  deben  adelantarse  por  la  causal  tercera,  vía  esta jamás planteada en la  demanda   cuyo   estudio   preliminar   ahora   ocupa   la   atención   de   la  Sala.   

          En  este orden de ideas, la presunción de acierto y legalidad   de  la  sentencia  censurada  no  encuentra tropiezo con la antitécnica demanda  presentada,  lo  cual  significa  que  no  hay  tema  de  casación  debidamente  propuesto,  imposibilitándose un estudio de fondo del caso, dado que brilla por  su  ausencia  el  planteamiento de cargos guiados con claridad y precisión, con  la  debida  demostración  y  el señalamiento de su irrefutable injerencia para  romper la decisión atacada.    

          Como  obvia  conclusión,  se impone el rechazo de la demanda con la  consecuente declaración de deserción del recurso.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          RECHAZAR  IN  LIMINE   la  demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado RAFAEL ERNESTO CASALLAS  TEJEDOR  contra  la  sentencia proferida por el Tribunal Superior de Santafé de  Bogotá el 16 de abril de 1998.   

          De   acuerdo   con   los   artículos  197  y  226  del  Código  de  Procedimiento Penal, esta decisión es inimpugnable.   

          Cópiese,    comuníquese    y   devuélvase   a   la   oficina   de  origen.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                                                                  JORGE   ANÍBAL  GÓMEZ     GALLEGO                       

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS    E    MEJÍA    ESCOBAR           

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *