13954may

2000

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso Nº 13954  

                            CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

                                             SALA DE CASACION PENAL   

                                     Magistrado Ponente:   

                                     Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                                     Aprobado Acta No.087   

          Santa  Fe  de  Bogotá,  D.C.,  veinticinco  (25) de mayo de dos mil  (2000)   

          Decide  la  Corte  la  casación interpuesta por el defensor de JUAN  CARLOS  OREJUELA  ORTIZ contra la sentencia de mayo 28 de 1997, mediante la cual  el  entonces Tribunal Nacional condenó a dicho procesado a 14 años de prisión  por  los  delitos  de  concierto para delinquir en los términos de la ley 30 de  1986 y enriquecimiento ilícito   

.  

ANTECEDENTES  

          1.-   Cumpliendo  una  solicitud  de  la  INTERPOL, la Policía  Metropolitana  de  Santiago de Cali desplegó labores de inteligencia con el fin  de  dar  con  el  paradero  del  ciudadano  peruano  Demetrio  Limonier  Chávez  Peñaherrera,  alias  ‘El  Vaticano’,  estableciéndose  que  éste  se  encontraba  en la casa número 75 del Conjunto  Residencial  “Los  Arrayanes”,  ubicado  en la calle 58 No. 3HN-119 de dicha  ciudad.   

          En  la  noche  del  13  de  enero  de  1994  la  Policía allanó el  mencionado  inmueble  y  capturó  a  Chávez  Peñaherrera, quien se hallaba en  compañía  del  ciudadano  colombiano  JUAN CARLOS OREJUELA ORTIZ, siendo éste  igualmente  aprehendido,  pues  portaba  en  un  maletín  60  mil  dólares  en  efectivo.   

          Orejuela  Ortiz,  al  parecer, apoyó un ofrecimiento que por varios  millones de dólares hizo “El Vaticano” a los policiales.   

          2.-   La  Fiscalía Regional de Cali abrió investigación (fl.  10  cdno. No. 1) e indagó a OREJUELA ORTIZ, quien dijo (fl. 14) que fue a dicha  residencia  para celebrar con Chávez Peñaherrera -a quien dijo no conocía- un  contrato  de compraventa de una casa, y para ello llevaba el dinero.  Sobre  su  situación  económica  informa  que  sus  negocios  le arrojan “ganancias  mínimas”  de  3  millones  de pesos, que su esposa Diva Nelly Hoyos Jaramillo  recibió  una herencia de aproximadamente 13 millones de pesos, que él en junio  de  1990  se  ganó  un premio mayor de la Lotería del Valle de $13’350.000, que tiene fincas en Palmira y  Jamundí,   la   primera   de   ellas   cafetera  y  la  segunda  para  arrendar  pesebreras.    Acerca   de   su   patrimonio   dice  que  en  bienes  tiene  aproximadamente  100 millones de pesos y en efectivo 48 millones de pesos.   En fin, sostiene que sus actividades son enteramente “limpias”.   

          Chávez fue deportado al Perú.   

          2.-   Se practicaron otras pruebas, entre ellas los testimonios  de  Miguel  Angel Blanco Niño y Carlos Alberto Hurtado, teniente y cabo primero  de  la  Policía que participaron en el allanamiento (fls. 118, 419), se ordenó  vincular  mediante  indagatoria  a  Chávez  Peñaherrera  (fl. 616) y un fiscal  Regional  viajó  al  Perú  con tal fin, pero Chávez se negó a responder y su  apoderado  se opuso a la diligencia con el argumento de que las leyes procesales  peruanas  no  consagraban  la  “delegación” de autoridades extranjeras para  dicho propósito (fl. 530 cdno. No. 2).   

          También  a  través  del  DAS se probó que OREJUELA ORTIZ viajó a  Lima  en  1990  y  1992  (fl.  473),  estableciéndose  así  mismo  que Chávez  Peñaherrera  “El Vaticano”, tiene conexiones con narcotraficantes del Valle  del Cauca.   

          3.-   Decidida  la  detención preventiva de OREJUELA ORTIZ, se  efectuaron  otras  pruebas,  entre  las cuales se encuentra un peritaje sobre la  situación  financiera  de  dicho  sindicado,  en  el cual se dice que realmente  éste  ganó  el  premio  de  lotería  referido,  que su esposa sí recibió la  herencia  y  que  en la cuenta corriente que aquél tiene en el Banco de Bogotá  aparecen  para  el  año de 1993 consignaciones de 15, 23, 100 y 200 millones de  pesos (fls. 18 y ss., cdno. No. 3; 167 y ss., cdno. No. 4).   

          4.-    Cerrada  la  investigación,  la  misma  fue  calificada  mediante  proveído  de  mayo  16  de  1995 (fl. 145-3), y el sindicado OREJUELA  ORTIZ  fue  acusado por los delitos de concierto para delinquir, enriquecimiento  ilícito  de  particulares y cohecho por dar u ofrecer (arts. 44 ley 30 de 1986,  10  dto.  1895 de 1989 -adoptado como legislación permanente por el art. 10 del  decreto  2266  de  1991-  y  143  del  C.P.),  decisión  que, apelada, recibió  confirmación  por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal Nacional, según  resolución de junio 2 de 1995 (fl. 216).   

          5.-   Un  Juzgado  Regional  de  Cali practicó varias pruebas,  citó  para  sentencia  (fl.  394  cdno.  No. 4), el defensor alegó y se dictó  sentencia  de  octubre 31 de 1996, por medio de la cual se condenó al acusado a  14  años  de prisión por los referidos delitos de concierto y enriquecimiento,  absolviéndoselo  por  el  delito  de  cohecho,  fallo  que, apelado por aquél,  recibió   entera   confirmación   mediante  el  que  es  ahora  objeto  de  la  impugnación extraordinaria (fl. 2 cdno. Trib.).   

LA DEMANDA  

         

          Causal Tercera   

          Primer cargo:   

          Al  amparo del artículo 220-3 del Código de Procedimiento Penal el  casacionista   afirma   que  existe  nulidad  por  violación  al  principio  de  “investigación  integral”,  irregularidad  de carácter sustancial prevista  en el artículo 304-2 de dicho Código.   

          Transcribe  parte  de  lo  que estima “el argumento central” que  tuvo  el fallador para condenar a JUAN CARLOS OREJUELA ORTIZ (fls. 55 y 56 cdno.  Trib.),  y  le antepone a dicha consideración las siguientes “irregularidades  sustanciales”:   

          -El  mencionado  procesado  en  diligencia de indagatoria “explica  cuáles  son  sus  actividades comerciales, cómo y con quién adquirió la suma  de  dinero  incautada”,  explicación  apoyada  por la testigo Divanelly Hoyos  Jaramillo,  versiones  ambas  que  “no  fueron  investigadas  en  el curso del  proceso.   NO  SE INVESTIGO SI REALMENTE EXISTE UNA SOCIEDAD CONYUGAL ENTRE  EL  PROCESADO  Y  LA  SEÑORA  HOYOS  JARAMILLO,  SI EN VERDAD ESTA TRABAJA COMO  BACTERIOLOGA,  SI  ES  VERDAD  QUE RECIBIO UNA HERENCIA, SI ES VERDAD QUE DICHOS  DINEROS  QUE  ASCIENDEN  A  VEINTE  MILLONES  DE  PESOS  HACEN  PARTE DEL DINERO  INCAUTADO” (fl. 57).   

          -”De  la misma forma, se violó el Artículo 26 del Código Penal,  porque  no  existen  condiciones  constitucionales  ni  legales para proferir un  fallo   condenatorio,   en   un  presunto  concurso  de  tipos  penales”  (fl.  58).   

          Estima  que si se hubiera averiguado la veracidad de tales dichos la  sentencia  hubiera  sido  absolutoria  y  “no se hubiera incurrido en el falso  juicio  de existencia al afirmar el Tribunal Nacional que el dinero era producto  de actividades delictivas” (fl. 59).   

          Pide  entonces  casar  el  fallo  y decretar la nulidad a partir del  cierre del sumario.   

          Segundo cargo:   

          Nuevamente,  con  apoyo  en  la  normatividad  citada en el anterior  cargo,  aduce  el  censor  un  atentado contra la investigación integral.   Vuelve  a  citar  un  aparte de la sentencia impugnada, sobre la “ilicitud del  patrimonio  económico”  obtenido por el acusado, y pregunta a folio 61:   “?Dónde  está  la  prueba legal, regular y oportunamente allegada al proceso  (art.  246  C.P.P.) para que se afirme tamaña imputación, base de una condena?  “.   

          Dice  que  si  la  Fiscalía  hubiera corroborado la afirmación del  procesado,  de  que  el  16  de  junio  de  1996  se ganó el premio mayor de la  Lotería     del     Valle     ($13’280.000.oo),  “no  habría  cometido  el  monumental  error”  de  condenar  a  OREJUELA  ORTIZ  por el delito de enriquecimiento ilícito, y anota  que  además  el  sentenciador  desconoció  “todos los ingresos” que obtuvo  aquél y precisados en peritaje contable número 057.   

          Como  prosperidad  de  este  cargo hace idéntica petición a la que  concluye  el  anterior reparo y cita como violados los artículos 250 y 29 de la  Carta  Política,  333,  1o.,  246, 247, 264, 266, 267, 268, 269, 270, 271 y 273  del  Código  de  Procedimiento Penal, 44 de la ley 30 de 1986 y 1o. del decreto  1895  de  1989,  adoptado  como  legislación permanente por el artículo 10 del  decreto 2266 de 1991.   

          “Segunda causal”   

         

          Encabeza esta censura así:   

          “VIOLACION   INDIRECTA   DE   LA  LEY  SUSTANCIAL.   POR  LA EXISTENCIA DE PLURALES ERRORES DE HECHO ORIGINADOS EN  VARIOS FALSOS JUICIOS DE EXISTENCIA.   

          “La   suposición  de  pruebas,  falso  juicio  de  identidad  al  tergiversarse  el  contenido  material  de  dos  pruebas testimoniales, también  plurales  errores de derecho por la presencia de falsa legalidad de convicción,  en la valoración de indicios.   

         “Dentro  de  esta  causal  Honorables  Magistrados,  y  como  son  múltiples  los  errores  cometidos  por el sentenciador de instancia me permito  atacar  la totalidad de la prueba.  En efecto, la sentencia impugnada tiene  como  fundamento  probatorio unas pruebas que han sido supuestas, otras han sido  tergiversadas  o  en  otras  se realizó falso juicio de convicción.  Como  este  ataque  me  lo  permite  la  misma  causal,  a  ello me remito” (fls. 62 infra. y 63).   

          Primer cargo:   

          Con  respaldo  en  el  artículo  220-1 del Código de Procedimiento  Penal  el actor aduce “un error de hecho por falso juicio de existencia.   El  fallador  supone  una  prueba  que  no  existe dentro del proceso y con ella  condena”.   Al  respecto  transcribe  parte  de  la  sentencia recurrida,  donde,  dándole  credibilidad  al  cabo  primero  Carlos  Alberto  Hurtado y al  teniente  Miguel  Angel  Blanco  Niño,  se  afirma  “que  los 60.000 dólares  incautados  el  día del operativo estaban destinados a financiar una operación  relacionada  con  el  comercio de estupefacientes que realizaría Chavez, según  se   pudo   establecer   por   estudios   de   inteligencia  realizados”  (fl.  64).   

          Objeta  que  al  momento  de  su  captura el aquí procesado portaba  dicho  dinero  para  comprar  un  inmueble,  pero que el sentenciador supuso que  estaba  dicho dinero destinado “para una negociación de narcotráfico” (fl.  65),  afirmación  que,  reitera,  no tiene apoyo en prueba alguna obrante en el  expediente, y agrega:   

          “El   Tribunal   Nacional,   Sala  de  Decisión,  falló  en  la  valoración,  que  lo  llevó  a  suponer  pruebas  que  no  existen  dentro del  proceso.   No  tuvo  en  cuenta  los  criterios especiales, que contiene el  Artículo  254  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   Este  mandato  es  categórico   al  exigirle  al  funcionario  judicial  que  las  pruebas  serán  “apreciadas   en   su   conjunto,  de  acuerdo  con  las  reglas  de  la  sana  crítica”.   Sin  embargo  antes  de  ello, debe realizar una valoración  insular  de  cada  prueba,  como  es  lógico  exponiendo”…razonadamente  el  mérito  que  le  asigne  a cada prueba’” (fl. 65 infra.).   

          Pide  entonces  que  se  case el fallo y se absuelva al procesado de  los delitos materia de condena.   

          Segundo cargo:   

          “ERROR  IUDICANDO  (sic), DE HECHO, FALSO JUICIO DE IDENTIDAD, POR  LA  TERGIVERSACION  DEL  CONTENIDO MATERIAL DE UNA PRUEBA”, escribe el actor a  folio  66.   Nuevamente  transcribe  apartes  del fallo atacado, que tratan  sobre  la  prueba  indiciaria para establecer que el procesado se concertó para  realizar  “actividades  tendientes  a la comercialización de la droga” (fl.  67)  y que con ese destino tenía OREJUELA ORTIZ el referido dinero, quejándose  el  casacionista de que:  “sorprendente resulta que el Honorable Tribunal  Nacional,  haya  pasado  por alto las declaraciones del T.E. Miguel Angel Blanco  Niño,  del  día 14 de abril de 1994 donde expresa que “desconoce actividades  ilícitas  de  narcotráfico  por  parte de Juan Carlos Orejuela Ortiz”.   “Desconoce   si   Demetrio   Limonier  Chávez,  se  dedicara  en  Colombia  a  actividades del narcotráfico”.   

          Precisa  que se “tergiversó el contenido material de esta prueba,  tomando  solo lo que consideró le sirve de fundamento para condenar, dejando de  lado  aquellas  partes  de  la  declaración  que  no le sirven en este deseo de  condenar”  (fl. 68), cita el artículo 294 del Código de Procedimiento Penal,  y  retomando  la  declaración  del  teniente  Miguel  Angel Blanco anota que el  sentenciador  “le  hace decir una versión que no dice el testigo” (fl. 68),  y concluye a folio 69:   

          “En  la irregular investigación que adelantó la Fiscalía no le  aparece  cargo  alguno  a  mi  representado,  entonces  con  base  en  la  misma  declaración    del    Teniente    tergiversándola    en    su    esencia,   lo  condena”.   

          Pide  entonces  que se case el fallo y se absuelva al acusado y cita  como  normas  violadas  los  artículos  247, inc. 1o., 254 y 294 del Código de  Procedimiento   Penal;   44   de   la   ley   30   de  1986  y  26  del  Código  Penal.   

          Tercer cargo:   

          “Error  de  derecho  por  falso juicio de legalidad al valorar las  pruebas”  (fl.  70),  y  de  nuevo  el  censor  transcribe párrafos del fallo  impugnado  concernientes  a  que  “el  encuentro  de  Orejuela Ortiz y Chávez  Peñaherrera  no  obedecía a los propósitos aludidos por el implicado”, sino  a  efectivizar  actividades  de  narcotráfico, como declaró el teniente Miguel  Angel  Blanco,  y  a  que  el  aquí procesado era ”el hombre de confianza del  Vaticano”, es decir de Chávez Peñaherrera.   

          Sostiene  que  no  hay  prueba  de  que  a Orejuela Ortiz se le haya  encontrado  estupefaciente ni de que forme parte de una organización encaminada  al comercio del mismo, y agrega:   

          “Se  ha  querido  construir  un indicio en contra del Señor Juan  Carlos  Orejuela  Ortiz  partiendo  de  un  proceso  de  razonamiento ilógico y  falso:   Las  personas  procesadas  en  el  Perú, es en el Perú, Demetrio  Limonier  Chavez  Peñaherrera  ha  delinquido  en  su país, obsérvese que fue  deportado inmediatamente, o esa deportación fue ilegal.   

         “La  construcción  del  indicio esta disciplinado por el código  del  procedimiento  penal, de tal manera que allí se fijan los hitos de los que  debe  partir  el  funcionario  judicial  y se determinan los procedimientos para  arribar al hecho indicado” (fl. 72).   

          Cita  el  artículo 300 del Código de Procedimiento Penal, dice que  el  sentenciador  “construyó  equivocadamente el indicio” y que “el hecho  indicador no está demostrado en el proceso” (fl. 73).   

          Cita  como disposiciones violadas los artículos con que concluye el  anterior   cargo   y  añade  los  números  300,  302  y  303  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

          Cuarto cargo:   

          “Falso  juicio  de  legalidad  al  valorar  la  prueba”  (fl. 74  infra.).   Cita  un  aparte  de  la  sentencia  impugnada  acerca  de  que,  aprehendido  el  procesado  OREJUELA  ORTIZ,  “no  argumentó nada, obviamente  porque  la  coartada no estaba preparada”, como también atinente a que el DAS  informó  viajes  de  dicho  implicado  al  Perú,  “centro de operaciones del  ‘Vaticano’”  (fl.  76),  lo  que  prueba  que  pertenecía a la organización criminal de este último individuo.   

          Afirma  que  no  se  ha  desvirtuado la veracidad de la explicación  dada  por  el  acusado  Orejuela  Ortiz,  como tampoco que éste haya viajado al  Perú  “para  actividades  delictivas”  (fl.  77), por lo que estima que por  este  último  aspecto  “se  construye  erradamente  un indicio”, y añade a  folio 78:   

          “No  está demostrado dentro del proceso que Juan Carlos Orejuela  Ortiz,  se  reuniera  con  narcotraficantes  en  el Perú, ni que en el inmueble  donde se le capturó se negociara con drogas”.   

         

          “En  el  proceso  de inferencia lógico-racional, el sentenciador  se  equivocó  y  apartándose  del  sentido  y  espíritu  legal,  llegó a una  conclusión  que riñe con los principios de la sana crítica, de la experiencia  de   la   misma   lógica,   generando   un  error  de  legalidad” (fl. 79).   

         

          Vuelve  a  citar  las disposiciones con que terminan los precedentes  reproches,  pide  que  se  case  el fallo en los términos indicados al concluir  cada uno de los cargos.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

          De la nulidad   

          Primer cargo:   

          El  señor  Procurador  Tercero  Delegado  en  lo  Penal  se refiere  primero  a  los  límites que tiene la “investigación integral” y observa a  folio 13 de su concepto:   

          “Entendido  así  el  principio  de  investigación  integral, se  puede  concluir  que  no  todas las aseveraciones del imputado y de los testigos  deben  ser  corroboradas  por  otras  pruebas.  En algunas ocasiones, tales  afirmaciones  pueden  ser  consideradas  como prueba suficiente del hecho que en  ellas   consta,   sin  otra  comprobación;  en  otros  casos,  será  necesario  confrontar  otros  medios  de  prueba,  a  fin  de verificar la veracidad de las  aseveraciones  del  inculpado  o del testigo.  En cada caso, corresponde al  funcionario    judicial   hacer   un   juicio   sobre   la   necesidad   de   la  prueba”.   

         

          Opina  que  aquí se investigó lo aducido por el procesado Orejuela  Ortiz   con  respecto  a  “las  fuentes  lícitas  del  dinero  que  le  fuera  incautado” y añade:   

          “En  el  expediente se encuentran incorporadas la declaración de  la  esposa  del  acusado,  el  testimonio  de  su  madre, las certificaciones de  personas  que  dijeron  ser  arrendatarios  de  las  pesebreras de propiedad del  procesado  y la certificación de la Beneficencia del Valle del Cauca, según la  cual   Orejuela   Ortiz  fue  favorecido  con  un  premio  de  la  lotería  del  Valle.   Todas  ellas,  evidentemente,  estaban  dirigidas  a comprobar las  aseveraciones  del  implicado  relativas  al  origen  lícito  de  los  dólares  incautados   y,   por   lo   tanto,  en  lugar  de  infringir  el  principio  de  investigación  integral,  lo desarrollan”  (fl.  14).   

          Anota  que  esas  pruebas  fueron  confrontadas  “con  los  demás  elementos  de  convicción  que se aportaron al expediente”, no resultando, en  juicio  del  fallador,  convincente la referida explicación del acusado, siendo  entonces  “el problema de valoración probatoria, no de quebranto al principio  de   investigación   integral”,   a   más  de  que  ”los  multimillonarios  movimientos”  que  se  constataron  en sus cuentas corrientes no se compadecen  con  lo  que  OREJUELA ORTIZ dijo haber recibido por arriendo de las pesebreras,  por el premio de la Lotería ni por la herencia de su esposa.   

          Que no prospera el cargo, concluye.   

          Segundo cargo:   

          Dice  que  se  falta  aquí  a  la  técnica  casacional,  ya que no  obstante   aducirse  nulidad  por  violación  al  principio  de  investigación  integral,  el  actor  hace  “reparos a la valoración probatoria” y también  afirma  que  se desconoció la certificación de la Beneficencia del Valle sobre  “la  ganancia  ocasional  de  su  defendido”, planteamientos que lo desvían  hacia   otra   causal   de   casación   y   hace   que   este   cargo   tampoco  prospere.   

          CAUSAL PRIMERA   

          Primer cargo:   

          Dice  que  en  manera alguna se supuso que en la residencia allanada  se  estaba  llevando  a  cabo  una  operación  relacionada  con  el comercio de  estupefacientes,   pues  en  tal  sentido  obran  las  declaraciones  “de  los  oficiales  Carlos  Alberto  Hurtado y Miguel Angel Blanco”, máxime que “uno  de   los   capturados   confesó   ante   la  justicia  peruana  sus  múltiples  negociaciones   con   pasta   de   cocaína  y  de  armas  con  narcotraficantes  colombianos”     (fl.     19),     a     todo     lo     cual     ‘se  sumó  el  desvanecimiento  de  la  coartada expuesta por el procesado”.   

          Concluye entonces que el cargo no prospera.   

          Segundo cargo:   

          Con   respecto   a   la   alegada  tergiversación  material  de  la  declaración  rendida  por  el  oficial  Miguel  Angel Blanco, quien recuerda el  censor  dijo “desconocer las actividades ilícitas de narcotráfico realizadas  por  Juan  Carlos  Orejuela Ortiz”, hacer ver la Delegada que a éste no se le  condenó  por  haber  hecho  tales operaciones ilícitas sino por concierto para  delinquir,  el  cual  “no  implica necesariamente que deba existir un medio de  convicción  tendiente  a  demostrar  que el procesado ya ha realizado actos que  comporten  el  tráfico  de  la  sustancia,  porque  el  concierto para traficar  estupefacientes  y  el tráfico de ellos, son dos figuras delictivas distintas y  autónomas” (fl. 21 infra.), y concluye a folio 22:   

          “Como  se  ve,  es  cierto que el testigo Blanco Niño manifestó  desconocer  sobre  actividades  de  narcotráfico  por  parte de Orejuela Ortiz,  expresión  de la prueba que no fue tergiversada por las instancias, por lo cual  el   error   de   hecho   que   en   este   sentido   se   le  imputa  no  tiene  existencia”.   

          Tampoco prospera este reproche.   

          Tercer cargo:   

          Habla  de  la  manera  de  atacar  en casación la valoración de la  prueba   indiciaria,   dependiendo   si  se  censura  la  prueba  en  sí  o  la  “inferencia   lógica”,  mas  aquí  “el  recurrente,  por  el  contrario,  indistintamente  manifiesta para fundamentar el cargo, que el hecho indicador no  existió    y   además   que   “el   proceso   de  razonamiento  es ilógico y  falso”,  con  lo cual se entiende que está atacando  la  inferencia  lógica”  (fl.  24), aparte de que la afirmación de que “el  hecho   indicador  no  se  encuentra  probado  por  ninguno  de  los  medios  de  convicción  allegados”,  no  es dable hacerla dentro del error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad,  sino  por error de existencia por falso juicio de  existencia,  además   que  el delito de concierto imputado no requiere que  al  acusado se le haya sorprendido en posesión de estupefacientes, “menos aun  en  el  caso  que  se  estudia,  donde  existe prueba de que la organización de  Demetrio  Limonier Chávez Peñaherrera trajo a nuestro país varios cargamentos  de   pasta   base  de  cocaína  y  que  Orejuela  Ortiz  hizo  parte  de  dicha  organización” (fl. 25).   

          No tiene éxito el cargo.   

          Cuarto cargo:   

          Anota  que  aquí  vuelve  a  mostrar  el  casacionista  la falta de  técnica  para  atacar  la prueba indiciaria, recuerda en qué consiste el falso  juicio de legalidad y concreta:   

          “Debe  advertirse  que  la prueba indiciaria que ataca la censura  está  relacionada  exclusivamente  con  el  delito de concierto para delinquir,  porque  las  varias  salidas  del  Orejuela  Ortiz  de  nuestro  país  hacia la  República   del   Perú,   en   oportunidades   en   las   cuales  “El  Vaticano” también se encontraba  allá,  se  tuvo como uno de los hechos indicadores de que las dos personas eran  conocidas   y   estaban   concertados   (sic)   para  el  tráfico  ilícito  de  estupefacientes.   

         “Para  nada incidió esta prueba en la condena que se le impuso a  Orejuela  Ortiz  por  el delito de enriquecimiento ilícito, el cual encontraron  las  instancias  probados  (sic)  a  través  de  las millonarias operaciones de  dinero  que  le  consignaron  en  sus  cuentas  corrientes,  además  del dinero  incautado, cuya adquisición no justificó adecuadamente.   

          “Se  equivoca  por  tanto  el libelista al anunciar (porque no lo  demuestra)  que  el  error imputado al tribunal tuvo trascendencia en la condena  por  el  delito de enriquecimiento ilícito, cuando nada tuvo que ver el indicio  mencionado para deducir la responsabilidad penal en esta conducta.   

         “Pero  tampoco  puede  decirse  que  el  indicio  mencionado tuvo  trascendencia  en  la condena por el concierto para delinquir, pues el criticado  por  el  recurrente  se  trata  apenas de un indicio leve y no necesario, que se  aunó  a  otro  cúmulo  de  pruebas,  las  cuales, analizadas en su conjunto le  dieron  la  convicción  al  fallador  de la participación de Orejuela Ortiz en  este  hecho punible.  Tales son por ejemplo:  las declaraciones de los  oficiales   de   la   Policía   Nacional,  las  contradicciones  del  procesado  acerca  de  su conocimiento con Chávez Peñaherrera, el  desvanecimiento  de la coartada del procesado para justificar su presencia en el  lugar,   la   presencia  de  la  gran  cantidad  de  dólares  en  su  maletín,  etc.   

         “Como  se  ve,  no logra el recurrente demostrar la trascendencia  que  tuvo el error imputado, en la sentencia objeto de impugnación.  Luego  en  el  hipotético  caso  de  encontrase  probado  el  error que le atribuye la  censura,  al  construir  el  indicio de los cuatro viajes al Perú por parte del  procesado,  de  todas  maneras  Orejuela  Ortiz  resultaría  condenado  por los  delitos  de  concierto  para  delinquir  tipificado  en  la  ley  30  de 1.986 y  enriquecimiento  ilícito  de  particulares.  No es por tanto procedente el  pedido  que  hace  el  censor  a  la  Corte  sobre una sentencia absolutoria con  fundamento en este cargo” (fls.26 y 27).   

          Ante  la  improsperidad  de este último cargo, la Delegada solicita  no casar el fallo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          NULIDAD   

          Como,  en  esencia,  los  dos cargos que al amparo de esta causal se  hacen  corresponden  a atentados contra el principio de investigación integral,  es  necesario  hacer  ver  que,  empero, el hoy casacionista se desempeñó como  defensor  del  procesado  OREJUELA  ORTIZ  desde  ciertamente  el comienzo de la  investigación  (fl.  501  cdno.  No.  1),  y  que  aparece  de  modo permanente  solicitando  pruebas  de  toda  índole, impugnando decisiones de la Fiscalía y  del  Juzgado, solicitando libertad de su defendido, rebaja de caución, etc.; es  decir  cumpliendo  por este aspecto de modo acucioso el referido mandato, por lo  que  resulta  curioso,  por  decirlo así, que precisamente sea él quien alegue  que  no  se  practicaron las pruebas encaminadas a favorecer al procesado y que,  por   el   contrario,   únicamente  se  investigó  lo  desfavorable  a  éste,  planteamiento  que  precisamente  traduce  la violación al mencionado principio  (art.333 C.P.P.).   

          Primer cargo   

          No  es  cierto  que  no se hayan “investigado” las versiones del  procesado  y  de  su  esposa  Divanelly  Hoyos  Jaramillo  sobre las actividades  económicas  de  aquél  y sobre “cómo y con qué adquirió la suma de dinero  incautado”  (sic),  pues, contrario a esa afirmación, obran en el proceso las  certificaciones  sobre  los  arriendos  de las pesebreras del acusado (fls. 81 y  ss.  cdno.  No.  1),  la  declaración  de la madre de Orejuela Ortiz sobre esas  actividades   (fl.  143),  la  constancia  de  la   Beneficencia  -Lotería-  del  Valle del Cauca acerca del premio de algo más de  13  millones  de  pesos  que  obtuvo  Orejuela  Ortiz  (fl. 150), y también las  pruebas  encaminadas  a  establecer la herencia que recibió la esposa de aquél  (fls. 216 y ss. cdno. No. 2).   

          El   disenso   del   casacionista   estriba  realmente  en   las   consideraciones   que  hizo  el  sentenciador  con  relación  a  que,  no obstante esos ingresos demostrados del  acusado,  éstos  en  momento  alguno  desvirtuaban  que  los  60  mil  dólares  encontrados  a  Orejuela  Ortiz  estaban  destinados  a financiar operaciones de  narcotráfico   con  su  “socio”  ‘Él  Vaticano’  (Demetrio  Limonier  Chávez  Peñaherrera),  a  más de que el Tribunal tuvo en  cuenta  al  respecto las millonarias consignaciones que efectuó el procesado en  su  cuenta  corriente  del  Banco de Bogotá de Cali (fls. 451 cdno. No. 4, 17 y  ss. cdno. Trib.).   

          Con   el  anterior  disenso  el  actor  se  desvía  a  la  causal  2a.  de  casación, violación  indirecta  de la ley sustancial (art. 220-1 C.P.P.), dejando apenas enunciada la  nulidad  propuesta  (nral.  3  id.),  aparte  de  que  al  final  de  este cargo  expresamente  confirma  tal  desvío  al  plantear  un  error de hecho por falso  juicio  de  existencia:   “No  se hubiera incurrido en el falso juicio de  existencia  al  afirmar  el  Tribunal  Nacional  que  el  dinero era producto de  actividades delictivas” (fl. 59 cdno. Trib.).   

          Esas    falencias    obviamente    que    tornan   inestudiable   el  reproche.   

          Cargo segundo   

          Aquí  igualmente  el  censor se queja de que no hubo investigación  integral   con   relación   a   determinar  “el  incremento  injustificado”  patrimonial  de  OREJUELA  ORTIZ,  y  afirma  en  esa dirección que el peritaje  practicado  ha debido establecer “cuál era el incremento injustificado” del  acusado    (fl.    61),    reparo    que   deja   sin  sustentación  y  que,  de  suyo,  es erróneo, ya que  dicho  peritaje se limitó a precisar los datos objetivos sobre los ingresos del  acusado,  las consignaciones que hizo, etc., estando por fuera de su competencia  (por  ser  netamente  una  valoración  jurídica,  vedada al perito) establecer  “el  incremento  injustificado”  que echa de menos el casacionista y que, en  cambio, sí dedujo el sentenciador.   

          También  por  semejantes -e incluso más palpables- falencias, este  cargo deviene inabordable y desde luego que destinado al fracaso.   

          Que  el  actor  se equivoca y mezcla estos dos cargos de nulidad con  la  violación indirecta antes referida, lo comprueban las “normas violadas”  que  cita  al  finalizar  los mismos: Código de Procedimiento Penal, artículos  246,  247 y concordantes, como así mismo las “normas sustanciales” es decir  las   que   tipifican   los   delitos   por   los   cuales   fue   condenado  el  implicado.   

          CAUSAL SEGUNDA   

          Al   amparo   del  artículo  220-1,  cuerpo  2o.,  del  Código  de  Procedimiento Penal, el demandante hace los siguientes cargos:   

          Primer cargo:   

          “Sin  ninguna prueba -precisa-, afirmó el juzgador estar ante una  negociación  de  narcotráfico,  suponiendo  una  prueba  que  no existe real y  legalmente  dentro  del proceso”, añade que la Fiscalía no practicó ninguna  prueba  que  condujera  a  afirmar  con certeza tal cosa, y que “las pruebas o  estudios  de  inteligencia”  llevados a cabo por la DIJIN de Cali, se quedaron  sin  respaldo,  anotando  a renglón seguido que el sentenciador “falló en la  valoración  que  lo  llevó  a  suponer  pruebas  que  no  existen  dentro  del  proceso.   “No  tuvo  en cuenta los criterios especiales, que contiene el  Artículo  254  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   Este  mandato  es  categórico   al  exigirle  al  funcionario  judicial  que  las  pruebas  serán  “apreciadas   en   su   conjunto,  de  acuerdo  con  las  reglas  de  la  sana  critica”.   Sin  embargo  antes  de  ello,  debe realizar una valoración  insular  de  cada  prueba,  como  es  lógico  exponiendo”…razonadamente  el  mérito que le asigne a cada prueba” (fl. 65).   

          Un  cargo  elaborado  de  tal modo se torna  inexaminable  por  parte  de la Corte, pues el mismo se  encabeza  con la aseveración de que se tuvo en cuenta una prueba inexistente en  el  proceso  y  concerniente  a que los 60 mil dólares encontrados al procesado  OREJUELA  ORTIZ estaba destinada a operaciones de narcotráfico (falso juicio de  existencia  que  no  expresa  así  el  actor),  pero  luego  se aduce que no se  practicaron   pruebas  encaminadas  a  demostrar  tal  hipótesis  delincuencial  (causal  3a.  de  casación:   nulidad, art. 220-3 C.P.P.), y finalmente se  finaliza  dicho  mismo  reproche  con  el  aserto  de  que  la “suposición de  pruebas”  (no  dice además cuáles), condujo al fallador a valorar las mismas  con  violación  al  artículo  354  del  Código  de  Procedimiento Penal (sana  crítica,  etc.),  lo  cual tendría que ser aducible como un error de hecho por  falso juicio de identidad.   

          Tres  motivos  de casación, pues, deja ver el censor en este cargo,  el cual, por tanto, no prospera.   

          Segundo   cargo:                

          Se  reprocha  aquí  la  tergiversación “material” (fl. 66) del  testimonio  rendido por el teniente de la Policía MIGUEL ANGEL BLANCO NIÑO, al  no  tener  en  cuenta  la  parte  del  mismo  en  el sentido de que “desconoce  actividades  ilícitas  de narcotráfico por parte de Juan Carlos Orejuela Ortiz  y  desconoce que Demetrio Limonier Chávez se dedicara en Colombia a actividades  de   narcotráfico”   (fl.   67).    Afirma  en  seguida  que,  así,  se  “desconoce  el  contenido  de  los  artículos  294” (sic., fl. 68), y luego  anota  que  “el  sentenciador de instancia tergiversa el contenido material de  esta  declaración  porque  le hace decir una versión que no dice el testigo”  (fl. 68).   

          Aquí  nuevamente, pues, con respecto a una  misma  prueba (el testimonio del referido oficial de la  Policía)  el  casacionista  arguye tres motivos de casación diversos:  a)  Tener  en cuenta solamente una parte de la misma, b) Error en su apreciación, y  c)Tergiversación material al hacerle decir lo que no dice.   

          Por  semejantes falencias a las deducidas en el cargo anterior, este  segundo   reparo   deviene   inexaminable,   pues  su  imprecisión    e    incertidumbre    en   la   formulación   del   mismo   son  palpables.   

          Tercer cargo:   

          Bajo  el  enunciado  de  un  error  de  derecho  por falso juicio de  legalidad  el  censor  afirma  que  no  está  probado  el “hecho indicador”  consistente  en  que  a  “Juan  Carlos  Orejuela  Ortiz  se le haya encontrado  siquiera  un  gramo  de droga” (fl. 72 supra.) ni que el mismo “haya formado  parte  de  alguna  organización con propósitos delictivos”, criticando luego  la  manera  que  tuvo  el  fallador “para construir el indicio” y citando el  artículo 300 del Código de Procedimiento Penal.   

          Pues  bien:  el error de derecho por falso juicio de legalidad,  como  ha repetido la jurisprudencia desde antiguo, ocurre cuando el sentenciador  valora  y  le  otorga  incidencia,  frente  a  la  parte  resolutiva  del  fallo  impugnado,  a  una  o más pruebas que se practicaron sin el cumplimiento de los  requisitos legales y esenciales para su validez.   

          Nada  de  tal  hipótesis  aparece en este tercer cargo, el cual, en  cambio,   pretende   sustentarse  en  la  crítica  a  la  “construcción  del  indicio”  hecha  por el Tribunal, y que conformaría, contrariamente, un error  de  hecho  por  falso juicio de identidad, como también desde hace mucho tiempo  sostiene  la  jurisprudencia  de  esta  Sala.  Por ejemplo, en sentencia de  casación  de  agosto  31  de 1994 (rad. No. 8.856) se precisó con ponencia del  Honorable Magistrado doctor Guillermo Duque Ruiz:   

          “Cuando  de  prueba  indiciaria  se  trata,  como sustancialmente  ocurre  en  el presente caso, se puede impugnar la fuente del indicio (la prueba  misma  en sí) o la inferencia lógica que a partir de la misma hace el juzgador  en  busca  del  hecho  desconocido  o indicado.  Si se acoge lo primero, el  casacionista  debe  acudir  a  los  errores  de  derecho o de hecho y endilgarle  alguno  de  éstos  al sentenciador en su tarea de apreciación o valoración de  esos  medios  probatorios;  si a lo segundo, el censor debe =como tiene dicho la  jurisprudencia=  demostrar que la “inferencia lógica” hecha por el fallador  =realmente  constitutiva del indicio= no merece tal calificativo, vale decir que  esa deducción o inferencia fue irracional o caprichosa”.   

          Aquí  se  ve  nítido  que, contrariando  dichas premisas orientadoras,  el  censor  no  precisa  cuál  fue  el  “hecho  indicador” que estima “no  probado”,  ni  tampoco  y obviamente alude a la clase de error que le enrostra  al   fallador,  no  bastando,  entonces,  “y  por  ello  resultan  enteramente  inidóneas,  las  meras apreciaciones que sobre dicho aspecto probatorio haga el  censor,  como  queriendo  hacer  prevalecer  su  personal  modo  de ver sobre el  panorama  procesal  que  muestra  en  la sentencia el funcionario judicial, cuyo  criterio,  es bien sabido, corre protegido por la doble presunción de legalidad  y  acierto  y  que  sólo  puede  ser derrumbado si se demuestra que se erige en  yerros  ostensibles  sobre  la  misma  ley  o  en  torno  a las pruebas”, como  concluyó esta Sala en la citada ocasión.   

          Este cargo, pues, tampoco prospera.   

          Cuarto cargo:   

          “Falso  juicio  de  legalidad  al  valorar  la prueba”, anota el  casacionista  a  folio  74, citando en seguida lo que dijo el fallador acerca de  la  declaración  rendida  por  el  cabo  primero  de la Policía CARLOS ALBERTO  HURTADO, precisando a folio 76:   

          “Lo  que  en  semántica  del fallador de Instancia denomina como  que  “no  es  fruto  de  conjeturas  ni  abstracciones  mentales”,  se  esta  refiriendo  a  un  medio  de  prueba  en  contra  de  Juan Carlos Orejuela Ortiz  consistente  en  un  indicio  no  necesario  para la demostración del delito de  Concierto para Delinquir”.   

          Hace  el  demandante a continuación unas apreciaciones sobre lo que  dijeron  dicho testigo y el procesado, considerando con relación a este último  que  no  está  probado  que  su explicación “sea una coartada” (fl. 77), y  afirmando  que  tampoco  está  demostrado  que  los viajes que aquél hizo a la  ciudad  de  Lima  “Sea  para actividades delictivas”, y que “De acuerdo al  argumento  del  Tribunal  Nacional  toda  persona que viaje a un país, donde se  trafica  con  droga, por este solo hecho esta indiciado de ser integrante de una  organización  dedicada a actividades delincuenciales?  Curiosa teoría que  desconoce las bases de un Estado de Derecho”.   

          Luego  estima  que  el  Tribunal “desconoce totalmente la realidad  probatoria  consignada  en  el  proceso”  (fl.  77)  y  que “no mencionó la  experiencia  como  uno  de  los  elementos del indicio” (fl. 78), precisando a  folio   79:    “En   el   proceso   de  inferencia  lógico-racional,  el  sentenciador  se  equivocó y apartándose del sentido y espíritu legal, llegó  a  una  conclusión  que  riñe  con  los  principios de la sana crítica, de la  experiencia     de     la    misma    lógica,    generando    un    error    de  legalidad”.   

          Esa  nueva  mezcla  de motivos de casación  (ataques  sobre el hecho indicador y sobre la inferencia lógica), y el concluir  que  el atentado a “la inferencia lógico-racional”, conforma un “error de  legalidad”,    resulta    francamente    inaceptable,    según   las   pautas  jurisprudenciales   consignadas   en  el  cargo  anterior  y  que,  por         ser        predicables   sustancialmente   de  éste,  conducen inexorablemente a su rechazo.   

          Así,   pues,  la  demanda  toda  no  prospera  y  el  fallo  no  se  casará.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación   Penal,   de   acuerdo  con  el  concepto  del  Ministerio  Público,  administrando  justicia  en  nombre de la República de Colombia y por autoridad  de la ley,   

         

RESUELVE  

          NO CASAR el fallo impugnado.   

         

          Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO    ARBOLEDA   RIPOLL             JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                  JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                          CARLOS      E.       MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO   ORLANDO  PEREZ  PINZON                                              NILSON  E. PINILLA  PINILLA   

No hay firma  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

   

CASACION No. 13.954  

NO CASA  

A  DESPACHO:   FEBRERO  10  DEL  2000   

PROYECTO:  MAYO 16 DEL 2000  

PRESCRIBE:  JUNIO 2 DEL 2000  

DR. GUILLERMO CRUZ CRUZ    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *