12219abr

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 12219  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

DR. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No.058  

         

                   Santa  Fe  de Bogotá, D.C., once (11) de abril de dos mil (2000).   

          Decide  la  Corte  la  casación  interpuesta  por  la  defensora de  BEATRIZ  HELENA  PINEDA  GONZALEZ  contra  la  sentencia  de  marzo  14 de 1996,  mediante  la  cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali condenó a  dicha  procesada  a  25  años  de  prisión por el delito de homicidio en Henry  Muñoz García.   

ANTECEDENTES  

          1.-  El  sábado  12 de noviembre Beatriz Helena Pineda González se  divertía  en  el sector de “Juanchito”, Valle del Cauca y aproximadamente a  las  4  de  la  madrugada  arribó  al  “Grill Agapito”, donde ingirió más  licor.    Al  salir  y  coger  su  motocicleta  que  había  dejado  en  el  parqueadero,  tumbó  y  ocasionó  unos  leves daños a otro similar vehículo,  cuyo  dueño  salió  y protestó.  Beatriz Helena, embriagada, se negaba a  pagarle  y emprendió a puntapiés contra parte de las demás motocicletas allí  parqueadas;   entonces   apareció   Henry   Muñoz   García,  el  ‘barman’ y empleado de confianza, le llamó la  atención  y  acudió  a  la policía, accediendo luego dicha dama a cancelar lo  respectivo  y  a  abandonar  el  lugar.   Al rededor de las 6 de la mañana  regresó  armada  y  de  “parrillera”  en  la referida motocicleta, la cuál  conducía  su  amigo Heberth Payán Valencia: cruzó algunas palabras con Muñoz  García  y  lo  mató  con  3  disparos  de  su  revolver,  huyendo  en la misma  motocicleta.   

          Al poco tiempo ambos fueron capturados.   

          2.-  Practicadas  algunas pruebas, la Fiscalía 130 del municipio de  Candelaria  abrió  investigación  (fl.19)   y  en  su indagatoria Beatriz  Helena  dijo  que luego del incidente con la motocicletas escuchó unos disparos  y  le  dijo  a  Payán  Valencia  que  “arrancara por que me van a matar”, y  añade   que   fueron   perseguidos   por   los  taxistas  que  les  disparaban.  Substancialmente  en  los  mismos  términos  se  expresó  el  imputado  Payán  Valencia  (fl.25).   

– En la denuncia que por esos hechos formuló  el  hijo  de  la  víctima  (Henry Muñoz Orjuela) y en acta de levantamiento se  señala  a  la  sindicada  Pineda González como la autora de los disparos, así  como   también   en   la   mayoría   de   testimonios   recogidos   (fls.35  y  ss.).   

–  En ampliación de injurada (fl.158) Payán  Valencia  dijo  que  inmediatamente  luego  de  escuchar  los  tres  disparos su  pasajera  en  la  motocicleta, Beatriz Helena Pineda González, le dijo “ya le  dí”.   

          3.-  Cerrada  la  investigación  (fl.195) la misma se calificó con  resolución  de  marzo  9 de 1.995 (fl.239), mediante la cual los dos sindicados  recibieron  acusación:  Beatriz  Helena,  por homicidio simple: Payán Valencia  por encubrimiento en la modalidad de favorecimiento (art.176 C.P.).   

          4.-  El  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de Palmira practicó  algunas  pruebas,  celebró  audiencia  pública  (fl.359) y, en armonía con la  acusación,  dictó  sentencia de diciembre 7 de 1.995 (fl.397), por medio de la  cual  condenó a los procesados Pineda González y Payán Valencia a 25 años de  prisión y 6 meses de arresto, respectivamente.   

          La  defensora  de la procesada apeló dicho fallo y el Tribunal, por  medio  del  suyo  que  se recurre en casación, lo confirmó enteramente (fl.532  cdno. Tribunal).   

LA DEMANDA  

          Con  apoyo  en  la  causal  3ª.  De  casación (art. 220 C.P.P.) se  formulan dos cargos:   

          Primer cargo.   

          Dice que existe nulidad por que se dejó de investigar:   

         

1.-  “El  funcionario omitió investigar la  identidad  de los captores de HUBERTH PAYAN VALENCIA identidad que los policías  debieron  conocer,  por  tratarse  de  una captura ciudadana, captores entre los  cuales  debió  encontrarse  el  agresor  que  disparó  contra  la encartada en  momentos  que  se  despedía  del señor HENRY MUÑOZ GARCÍA y que continuó el  ataque  durante  la  persecución,  hasta  la  captura  de  HUBERTH   PAYAN  VALENCIA”.   

“El  funcionario  hizo  caso  omiso de las  acusaciones  de HUBERTH PAYAN VALENCIA contra los policías que conocieron   del  caso, dio plena credibilidad a los informes policiales, sin advertir que el  mismo  HUBERTH  PAYAN VALENCIA en diligencia de indagatoria, desmiente versiones  del agente HEBERTH AUGUSTO NIETO” (fl.586).   

2.-  No se precisó la identidad del taxista  que  condujo  a Henry Muñoz García a la clínica de los Seguros Sociales “en  compañía  de  EDGAR  PEÑA  HERNANDEZ,  taxista que debió comparecer para que  ratificara  las declaraciones hechas por EDGAR PEÑA HERNANDEZ ante la Fiscalía  130  Seccional  de  Candelaria  el  16 de noviembre de 1.994, acerca de la forma  como  la  encartada  se  deshizo  de la presunta arma homicida, hechos que no le  constaban  a  PEÑA  HERNANDEZ  en  la  declaración  que hiciera el día de los  hechos ante la Fiscalía 82 Permanente de Cali”. (fl. 587).   

3.-  No se amplió la denuncia formulada por  el  hijo  de  la  víctima,  no  obstante  éste haber dicho que “advierte que  dentro  de  los  taxistas  que presentan servicio en Agapito hay cuatro taxistas  testigos   de   los   hechos,   cuyo   nombre  suministrará  en  ampliación”  (id).   

4.-  “No  advirtió  el funcionario que la  encartada  no  tenía  motivos para atacar a la señor HENRY MUÑOZ GARCIA”, y  que,  en  cambio,  “de  parte  de  un taxista” sí los había, pues momentos  antes  la procesada en el parqueadero le propinó patadas a su vehículo (fl.588  supra).   

Anota  que  la “no investigación integral  hizo  prosperar la versión que se tejió en contra de la encartada y obligó al  señor  HUBERTH  PAYAN  VALENCIA  a  mentir  para  salvarse” y, así, éste en  ampliación  de  indagatoria  afirmó  que  la  procesada  fue  la autora de los  disparos  homicidas,  pero  en  la  audiencia  pública  dijo  que  “para  defenderse él, debía acusar a la encartada”.   

Dice  que las declaraciones rendidas por los  policiales    y    por   las   personas   que   laboran   en   el   ‘Grill        Agapito’  están  encaminadas “a encubrir al  verdadero responsable”   

Segundo cargo.  

Considera  que  existe  nulidad  por  la  no  práctica  “de inspección judicial en el lugar y con los protagonistas de los  hechos   –   reconstrucción”  (fl.589),  y  añade  que  “con  la  obligada  participación  de  los  testigos  EDGAR  PEÑA  HERNANDEZ  y  FRANCISCO  JAVIER  SAAVEDRA  se  hubiera  establecido  el sitio donde se encontraban parqueados los  taxistas  a  que  se  refieren  en  sus  declaraciones, en el día y hora de los  hechos” (fl.590).   

Añade que también dicha diligencia habría  mostrado  que  el  único parqueadero que allí existe es el del referido Grill,  “No  mas  que  la  franja  larga  y  angosta del pavimento que hay frente a la  fachada   de   la   puerta   principal”   y  añade  que  “con  la  obligada  participación  de  HUBERTH  PAYAN  VALENCIA  y  de  la  encartada,  se  hubiera  establecido  el  lugar  desde  el cual le disparaban, cuando ésta se encontraba  aún  conversando  con  el  señor Henry Muñoz García” y también se habría  despejado  “la  duda  que  plantea  el fallador de primera instancia, quien no  acierta  a  establecer  si  los disparos fueron hechos a corta, mediana, o larga  instancia”.   

Concluye  que  por  este  atentado al debido  proceso  se  impone   casar  la  sentencia y “consecuencialmente proferir  fallo de anulación” (fl.591).   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

Primer cargo.  

Luego de hacer algunas consideraciones acerca  del  principio  de  “investigación  integral”, el señor Procurador Tercero  Delegado  en  lo  Penal  anota que precisamente el casacionista no cumple con la  exigencia  de  demostrar  que   “las circunstancias que carecen de prueba  eran  fundamentales  para  establecer  la  verdad de lo ocurrido” (fl.22 cdno.  Corte)  y,  en  cambio,  se  dedica  a  descalificar,  “sin  razón alguna, la  valoración   que   el   sentenciador   hizo  de  las  pruebas  aportadas  a  la  investigación”,  cosa  no permitida cuando se aduce en casación la causal de  nulidad,  aparte  de  que   “porque  no  le  sirve  a sus propósitos, la  demandante  se  abstiene  deliberadamente de anunciar las distintas acciones que  se  cumplieron  en  la  Fiscalía  y  en el Juzgado, orientadas a satisfacer las  pretensiones  de  la  procesada  y  establecer  la  totalidad  de los hechos que  interesaron  a  la  investigación,  muestra  evidente  de  que los funcionarios  dieron   cabal   aplicación   al   principio   de  investigación  integral”.  (fl.23).   

Hace una reseña de cómo se cumplió en este  proceso  dicho  principio  y  anota  que  “así  se  revela que se concedieron  oportunidades  temporales  y  probatorias  para  la defensa de los procesados”  (fl..24), razón por la cual el cargo debe ser desestimado.   

Segundo cargo.  

Estima  que  la censora no demuestra de qué  manera  la diligencia de inspección judicial (decretada pero no llevada a cabo)  incidía  sustancialmente  en  la  decisión tomada en el fallo atacado, máxime  que  con  posterioridad  a la orden de evacuar tal prueba se practicaron pruebas  “que  mostraron  su inutilidad” (fl.25), tal como lo refrendaron Fiscalía y  Juzgado en decisiones de 21 de febrero y 27 de Julio, de 1.995.   

Considera entonces que ante la innecesariedad  de  dicha  prueba (testimonios y necropsia establecieron lo que através de ella  se  pretendía),  “este  cargo  no  tiene  vocación  de éxito”, por lo que  sugiere no casar la sentencia (fl.28).   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Primer cargo.  

Sea lo primero observar que como este primer  reparo  de  nulidad  es  por  atentado  contra  la “investigación integral”  prevista  en  el artículo 333 del Código de Procedimiento Penal (concretamente  por  no  haberse  practicado  unas  pruebas), resulta del todo impertinentes las  consideraciones  que  la  censora  realiza con relación a la “credibilidad”  que  el  sentenciador  le otorgó a los testimonios de cargo, pues estos ataques  son  propios de la causal primera de casación -cuerpo 2º. – y no de la tercera  que  invocó  como  única  la  demandante  (art.220  C.P.P.),  por lo cual cabe  sostener   que  se  sustentó  parte  del  libelo  con  argumentos   extraños   al  motivo  de  casación  propuesto.      

En   segundo   lugar,   el   supuesto   fáctico   sobre  el  cual  se  pretende    erigir    la   “falta   de   investigación”   no  existe, ya que las varias peticiones de  pruebas  que  hicieron  dos  de  los  defensores  que  tuvo  la procesada fueron  resueltas   afirmativamente  y,  así,  la  mayoría  de  las  personas  citadas  rindieron   declaración  (fls.  50,  70,  80,  108,  110,  119  y  ss.,  313  y  ss.).   

Además, la casacionista no prueba por parte  alguna  la  INCIDENCIA  de  las  pruebas  que  echa de menos y, en cambio, en el  proceso  existen  los  testimonios de Arley Ledesma Borrero, Juan Carlos Gaviria  Trujillo,  Edgar  Peña  Hernández, Luis Fernando Fernández y Francisco Javier  Saavedra  (fls.  39,  41,  43,  45, 46, 61 y 63), los cuales precisan que vieron  cuando  la  procesada  Beatriz  Helena  Pineda González disparó a Henry Muñoz  García,  sin  que  sobre  anotar que las citadas personas se desempeñaban como  meseros  y  vigilantes  en  el  “Grill  Agapito” y en el parqueadero de este  establecimiento.   

Además,  en  armonía  con  ese  grupo  de  testigos  obra la ampliación de indagatoria del cosindicado Payán Valencia, en  el  sentido de que apenas sonaron los tres disparos la procesada y pasajera suya  dijo “le dí” (fl.158).   

Más  todavía:  desde  que  el  cadaver  se  levantó  y  también  en la denuncia formulada por el hijo de la víctima (fls.  35  y  38)  se  señaló  a  la  nombrada  mujer  como la autora de los disparos  homicidas.   

Esa  contundencia  probatoria  avala  más  la  inanidad  de  las  pruebas que según la censora se  dejaron de practicar .   

Esas  las  razones para que la improsperidad  del cargo emerja manifiesta.   

Segundo cargo.  

La  acuciosidad  del  Fiscal  y  del Juez se  extendió  también  a  la  práctica  de  la inspección judicial cuya ausencia  sirve de sustento a este segundo reproche. En efecto:   

Dicha  inspección  se ordenó oficiosamente  con  presencia  de  “todos”  los  testigos  (incluso con los aducidos por el  defensor  de  la  acusada,  (fl.121).),  pero  el nuevo apoderado en una primera  oportunidad  se excusó de asistir a la misma (fl.143). Fijada nueva fecha (fls.  144  y  167),  los  auxiliares  de la justicia que debían colaborar también se  excusaron,   por  lo  cual  cerrada  la  investigación  el  defensor  solicitó  reposición,  a  lo  que  no  accedió  la  Fiscalía,  observando que ya no era  necesaria  tal  prueba,  pues  con  las  ampliaciones  de  testimonios  y  de la  indagatoria  de  Payán  Valencia no había duda de que la acusada era la autora  de   los  disparos  (fl.223),  replicando  que  se  manifestaba  por  parte  del  peticionario     únicamente     el     propósito     de    “dilatar”    la  instrucción.   

En semejantes términos respondió el Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Palmira con ocasión del traslado previsto en el  artículo  446  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  ya que “en el proceso  militan  otros  elementos  probatorios  útiles  para establecer la verdad de lo  acontecido  en  la mañana de los sucesos” (fl.319 infra), aunque sí accedió  a  las  pruebas  solicitadas  con  respecto a los interrogantes planteados “al  perito  en balística “, los cuales se perseguían despejar con la inspección  judicial referida.   

Como  en  el anterior cargo, debe decir esta  Sala  que  la demandante no muestra siquiera la trascendencia de dicha prueba, y  que  ciertamente  Fiscal  y  Juez  tuvieron  razón  al concluir la innecesariedad de la misma.   

En los anteriores términos de improsperidad  total resulta obvia la no casación del fallo impugnado.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de Justicia, de acuerdo con el Tribunal  Superior  de  Cali  y administrando justicia en el nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

NO   CASAR,  la  sentencia  recurrida.  En firme esta providencia, devuélvase el expediente  al Tribunal de origen.   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE  E.  CORDOBA  POVEDA                            

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                             JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                            CARLOS    E.   MEJIA  ESCOBAR   

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON             NILSON   E.  PINILLA PINILLA      

No hay firma  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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