14969jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 14969  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 116  

          Santafé de Bogotá, D.C, diez de julio de dos mil.   

VISTOS  

          Revisa  la  Corte  el  aspecto  formal  de  la  demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado DAGOBERTO TORRES HURTADO contra la  sentencia  del  Tribunal  Nacional que, el 16 de marzo de 1998, lo condenó a la  pena  principal  de  veintidós  (22) años y seis (6) meses de prisión y multa  equivalente  a 1.200 salarios mínimos legales mensuales, como autor del injusto  de secuestro extorsivo agravado.   

ANTECEDENTES  

          El  menor  ABEL YESID THALJI RAVÉLO fue retenido contra su voluntad  el  20  de agosto de 1992, en las horas de la mañana, cuando se desplazaba a su  colegio,  por  parte de un sujeto que lo hizo abordar un vehículo renault 4 que  conducía  otro individuo, quienes entonces lo trasladaron a una casa situada en  el  sur  de  la  ciudad,  para  comenzar después las llamadas telefónicas a la  familia  que  contenían  exigencias por la suma de doscientos millones de pesos  (200.000.000.oo),  a  cambio  de  la  liberación.  Por información de los  familiares  de  la  víctima,  integrantes  de  la SIJIN de la Policía Nacional  procedieron   a   la   práctica   de   la  operación  “Cabina”,   la cual concluyó exitosamente el  26  del  mismo  mes  y  año, mediante el rescate del secuestrado en el inmueble  ubicado en la calle 46A N° 15 – 38 sur-este de esta capital.   

          En  vista  de  los  anteriores  hechos  fueron  capturados  WILFRIDO  CAMACHO  MANQUILLO,  OLIVER  TIRADO  BERMÚDEZ  y ROGER MANQUILLO, encargados de  realizar  las  llamadas telefónicas extorsivas, BERTULFO RUIZ CASTILLO y SIMÓN  BOLIVAR  GUEVARA,  quienes custodiaban al menor y en cuyo poder se encontró una  pistola calibre 7.65 sin salvoconducto.   

          Iniciada  la  investigación por el fiscal regional delegado ante la  SIJIN,  el  28  de  agosto  de 1992, los mentados ciudadanos, después de rendir  indagatorias,  fueron  afectados  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  (cuaderno  1,  fs. 15 y126).  En resolución del 9 de diciembre  de  1992,  se  ordenó  la captura y vinculación al proceso de DAGOBERTO TORRES  HURTADO,  BLANCA LILIA ALVAREZ CASTRO y LUIS CARLOS CARVAJAL CASTRO (cuaderno 2,  fs. 67).   

          Como   los  procesados  SIMÓN  BOLÍVAR  GUEVARA  y  BERTULFO  RUIZ  CASTILLO  se  acogieron  a  la terminación anticipada del proceso por audiencia  especial  (art.  37A  C.  P.  P.),  el  10 de mayo de 1994 se hizo la respectiva  diligencia  y,  al  día  siguiente,  se  ordenó  el  cierre  de investigación  respecto  de  los procesados WILFRIDO CAMACHO MANQUILLO, OLIVER TIRADO BERMÚDEZ  y  ROGER  MANQUILLO,  pues  en  relación con los dos (2) primeros se dispuso la  ruptura de la unidad de proceso (cuaderno 2, fs. 396 y 402).   

          Por  medio  de resolución fechada el 15 de junio de 1994, se acusó  a  los  procesados  Camacho Manquillo, Tirado Bermúdez  y   Manquillo,    como    coautores    del    delito   de   secuestro   extorsivo  agravado  y,  a  la  vez, se  ordenó  expedir copias del expediente para vincular por separado a Luis  Carlos Carvajal Castro, Dagoberto Torres Hurtado, Blanca Lilia  Alvarez  Castro, Nilson Silva Meneses y Lázaro Ruiz Castillo (idem, fs. 431).   

          DAGOBERTO TORRES HURTADO fue recibido en  indagatoria  el  29  de  septiembre de 1995 y, conforme con resolución del 2 de  octubre  del  mismo  año,  se  ordenó  su detención preventiva como autor del  delito de secuestro extorsivo (cuaderno 3, fs. 83 y 91).   

          De  acuerdo con resolución del 26 de febrero de 1996, se ordenó el  cierre   parcial  de  la  investigación  respecto  del  procesado  Torres  Hurtado y, por medio de providencia  fechada  el  13  de  mayo  del  mismo año, fue acusado como autor del delito de  secuestro    extorsivo   agravado   (idem, fs. 192 y 256).   

          Aunque  el  procesado  y  su  defensora  interpusieron el recurso de  apelación  en contra del calificatorio, la Unidad de Fiscalía ante el Tribunal  Nacional,  según  lo  determinó  en la resolución del 12 de julio de 1996, se  abstuvo  de  resolver  la  impugnación,  en  vista  de que se había sustentado  extemporáneamente (cuaderno 2ª instancia Fiscalía, fs. 4).   

          Asumido  el  conocimiento  por un Juzgado Regional de la capital, el  despacho,  después  de intentar la práctica de algunas pruebas, dictó auto de  citación  para  sentencia,  el  día  26  de  mayo  de 1997, y correlativamente  dispuso  el  traslado  de  ocho (8) días para presentar alegatos de conclusión  (cuaderno 3, fs. 300, 309 y 336).   

          Recibidos  los alegatos de los sujetos procesales, el juzgado dictó  sentencia  el  8  de octubre de 1997, por medio de la cual condenó al procesado  DAGOBERTO  TORRES  HURTADO  a  la  pena  principal de doscientos cincuenta (250)  meses  de  prisión  y multa equivalente a un mil cien (1.100) salarios mínimos  legales  mensuales,  como  autor  del  delito  de  secuestro  extorsivo agravado  (idem,  fs.  369, 374, 393 y  416).   

          Como  ya  se  sabe,  el  fallo  de primer grado fue confirmado en su  sentido  condenatorio  por  el  Tribunal  Nacional,  conforme  con  la sentencia  reseñada  al  comienzo, merced al grado jurisdiccional de la consulta (cuaderno  Tribunal, fs. 16).   

LA DEMANDA  

          Un  cargo  por  la  causal  tercera  de casación formula el censor,  basado  en  la afirmación de “habérsele afectado la  defensa  técnica  del  vocado  a  juicio  y  condenado  señor DAGOBERTO TORRES  HURTADO,  desde  el  instante procesal que la Fiscalía Delegada ante los Jueces  Regionales,  tanto  de  primera  como  de  segunda  instancia, no resolvieran el  recurso  de  Apelación contra la resolución calendada  el   día   trece   (13)   de   mayo   de   mil   novecientos   noventa  y  seis  (1996)…”.   

          A  partir  de  tal reflexión, el censor estima violado el artículo  195  del  Código de Procedimiento Penal, en detrimento del procesado, ya que no  pudo  controvertir  las  sindicaciones que se le hicieron, sin que haya existido  la  falta  de  diligencia  atribuida  a  la  defensa,  en el sentido de no haber  contabilizado  correctamente  los  términos  legales, pues la profesional en su  momento  simplemente  ajustó  su  actuar  a  lo  manifestado  por la secretaria  común.   

          A  continuación  de  lo  antes  dicho,  el actor añade la falta de  asistencia  de  un letrado en favor del procesado, manifiesta en el hecho de que  a  él  no se le haya permitido presentar alegatos antes de la sentencia, no por  negligencia  propia  sino  porque, según lo entiende del legajo procesal, no se  le  notificó del término para ello, ya que el respectivo telegrama fue enviado  a otra ciudad (La Plata, Huila).   

          Aduce  la  violación  de  los  artículos  29,  31, 228 y 230 de la  Constitución,  215  del  C.P.P. y el 1° del Decreto Ley 99 de 1991, normas que  transcribe después.   

          Finaliza  su escrito con una solicitud de nulidad del trámite desde  el  momento  en  que  se  privó  al  procesado  del  derecho  a controvertir la  acusación,  a  fin de que la Fiscalía acuse en legal forma; o en su defecto, a  partir  del  fallo  que profiriera el Juez Regional de esta ciudad, toda vez que  no  se le permitió al acusado DAGOBERTO TORRES HURTADO, en cabeza de la defensa  convencional     que    él    representa,    presentar    los    alegatos    de  conclusión.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La   elaboración   de   una  demanda  en  forma,  ha  enseñado  la  Corporación,  no  es  tarea que escapa a las censuras promovidas con base en la  causal  tercera  de  casación, pues siendo la legalidad de la sentencia el tema  central  de  la  impugnación extraordinaria, ello significa que en ningún caso  el  censor  puede  sustraerse al cumplimiento de las exigencias plasmadas por el  legislador en el artículo 225 del C. P. P.   

          De  esta  manera,  tratándose  de  la mencionada causal, el censor,  además  de  exponer  los  motivos por los cuales considera que el proceso está  viciado   de  nulidad,  deberá  señalar  cómo  la  comprobada  existencia  de  aquéllos,  propició  la  expedición de una sentencia diferente de aquella que  se  hubiese  dictado  de  no  haberse  presentado la irregularidad; es decir, la  puesta  de  presente  de  la trascendencia de la incorrección procesal sobre el  fallo,  además  de  la  clara  manifestación  desde  qué  momento  habrá  de  invalidarse    la   actuación   a   fin   de   restaurar   la   legalidad   del  trámite.   

          Es  el  anterior  aspecto  lo que vislumbra la claridad y precisión  requeridas  por la ley y, por ende, el elemento habilitador del estudio de fondo  del  caso, sin que la Corte pueda colmar los vacíos dejados por el demandante a  este  respecto,  habida  cuenta  de  la  naturaleza  rogada  y  el  principio de  limitación que gobiernan la casación.   

          No  empece,  tales  guías  técnicas  fueron  desatendidas  por  el  demandante  al  elaborar  el libelo, en la medida en que si bien da a entender a  la  Corte  que  las  irregularidades  consistieron  en  no  haberse  desatado la  apelación  propuesta  por  la  defensora  que  lo  antecedió  en  contra de la  resolución  acusatoria  y,  además,  que no se le permitió presentar alegatos  previos  a  la  sentencia, tampoco existe compromiso alguno del actor en aras de  resaltar  de  qué  manera  lo  enunciado  por  él,  en efecto aconteció en el  trámite,  como  producto  de  la  violación  de los derechos a la defensa y al  debido  proceso  del  procesado, lo cual se tradujo en un fallo contrario al que  debía  proferirse,  de  no  haberse presentado el par de situaciones anormales.   

          Es  que,  en  tratándose de la inhibición de la Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal  para desatar el recurso de apelación propuesto en contra de  la  acusación,  el  impugnante  debió  atacar  los  argumentos expuestos en la  decisión  del  12  de  julio  de  1996,  con  el  fin  de mostrar que ellos son  completamente  arbitrarios  y,  por  ende,  vulneraron manifiestamente el debido  proceso.   No bastaba afirmar que la defensora de entonces se guió por las  constancias  secretariales,  con  el  fin  de  contabilizar  los términos, pues  también  existe  la  postura  de  que éstos son de imperativo legal y de orden  público  y,  como  tales,  no  pueden  modificarse  al  antojo  de un irregular  señalamiento  secretarial,  sino  que  los  sujetos  procesales titulares deben  computarlos  conforme  con la ley (así se sustentó por la Fiscalía de segunda  instancia).   La  razón o sinrazón de esta última argumentación (que la  Corte  no  puede  entrar  a  definir  anticipadamente),  debió ser objeto de la  fundamentación  clara y precisa del reparo que hacía el demandante, pues sólo  de  tal  manera  podría  aproximarse  a la prueba de la transgresión al debido  proceso.   

          Y  en cuanto a la segunda afirmación del defensor, en el sentido de  que  a  él  no  se  le  permitió presentar alegatos previos a la sentencia, la  confusión  del reparo es enorme, porque, si bien él reconoce que apenas llegó  al  proceso  como  defensor a partir del 3 de julio de 1997, no deja claro si su  antecesora  ya  habría cumplido esa parte del deber profesional, pues, conforme  con  el  artículo  142  del C. de P. P., que él mismo cita, el papel del nuevo  defensor  se asumiría a partir de la exhibición del respectivo poder (cuaderno  Tribunal, fs. 46 y 48; cuaderno original 3, fs. 380).   

          Y,  aunque  la  calificación inicial de la demanda no puede hacerse  con  remisiones  de  fondo  al  proceso,  la  verdad  es  que  para  su cometido  formalmente  se  exige  una  relación  procesal, requerimiento que a la hora de  evacuar  muestra cómo la defensora anterior al profesional que ahora impugna en  casación,  ya  había  presentado  el  respectivo alegato, hecho que enseña no  sólo  el  silencio  deliberado  o  descuidado  del demandante, sino también la  falta  de justificación del porqué habría de repetirse con él un trámite ya  agotado (cuaderno 3, fs. 374).   

          Por  si  fuera  poco, no advirtió el impugnante que, de acuerdo con  las  censuras  que  promovía,  era necesario separarlas adecuadamente en cargos  autónomos,  amén  de  que  ellas  en sus consecuencias resultan incompatibles,  pues  si   sobre la segunda solicita la invalidación del trámite desde un  momento  que  le  permita  presentar los alegatos pre-sentencia, ello supondría  que  le reconoce validez legal al desarrollo anterior de la actuación, segmento  dentro  del  cual,  no  obstante,  se encuentra la resolución de acusación por  cuya  nulidad  también  propugna,  basado  en  que  no se desató la apelación  propuesta contra ella.   

          Bastan   las  anteriores  consideraciones  para  determinar  que  la  demanda  contiene  exposiciones  antagónicas  y carece de fuerza para concretar  las  pretensiones  del  actor, lo que en términos de casación significa que no  se  cumplieron  las  exigencias  formales del artículo 225 del C. P. P., razón  por  la  cual  no queda alternativa diversa a inadmitirla de plano y declarar la  deserción del recurso interpuesto.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

          1.   RECHAZAR  IN  LIMINE  la  demanda  de  casación    presentada    en    favor    del    procesado    DAGOBERTO   TORRES  HURTADO.   

          2.   DECLARAR   DESIERTO   el  recurso  de  casación antes concedido por el Tribunal Nacional.   

          3.  DEVOLVER  el  expediente a su lugar de  origen.   

          Esta  decisión  no  admite recurso alguno, conforme lo disponen los  artículos 197 y 226 del C. de P. Penal.   

COMUNÍQUESE Y CÚMPLASE.  

   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                                                                JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO           

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS    E    MEJÍA    ESCOBAR           

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA    RUIZ  NUÑEZ   

Secretaria.    

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