12061nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 12061  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 201  

Bogotá,  D.C., veintinueve (29) de noviembre  del año dos mil (2.000).   

VISTOS  

                                   

Por  la vía de la sentencia anticipada, el 9  de  febrero  de  1995  un  Juzgado  Regional  de Bogotá condenó a JUAN  DAVID  ROSSI  RAMÍREZ  a  las penas  principales  de  12  años  de  prisión  y  multa  equivalente  a  100 salarios  mínimos,  y  a  la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  término de la sanción privativa de libertad, por violación de  los  artículos 33 -con la agravación prevista en el artículo 38-3- y 44 de la  Ley 30 de 1986.   

Apelada la decisión por la parte defensiva,  el  27 de julio del mismo año el Tribunal Nacional la confirmó, modificando la  cantidad de prisión, que redujo a 10 años y 8 meses.   

El defensor interpuso recurso de casación y  su  colega  suplente  presentó la demanda. La Sala, ahora, se ocupa de resolver  la impugnación extraordinaria.   

HECHOS  

                El  22 de enero de 1993,  JUAN  DAVID  ROSSI  RAMÍREZ,  asistido  de  un apoderado, se presentó ante el Director Regional de Fiscalías  de  Bogotá,  con  el fin de someterse a la justicia. Abierta la investigación,  en  la  indagatoria  informó que en asocio de CARLOS ALBERTO ARCILA, JUAN DIEGO  ARCILA  y  OSCAR  ISAZA  JÁUREGUI,  entre  quienes  se  distribuyeron los actos  ejecutivos,  durante  los  años  1982  y  1989 traficó cocaína en los Estados  Unidos  de  Norteamérica  en  cantidad  de  7.000  a 9.000 kilos, actividad que  consistió  principalmente en recibir desembarcos en Miami y luego proceder a la  distribución  en  diferentes lugares de ese país. De la misma manera, confesó  que en Colombia transportó a Maicao de 40 a 50 Kilos de cocaína.   

                               

ACTUACIÓN  PROCESAL   

                  El   2   de   febrero   de  1993,   le fue resuelta  la      situación      jurídica     con   detención preventiva por infracción a los artículos 33  y 38-3 de la ley 30 de 1986.   

              Previa ampliación de indagatoria  en  varias  oportunidades,  el   18  de  mayo de 1994 se realizó audiencia  especial,  acuerdo  que  el  Juzgado Regional improbó con auto del 12 de agosto  del  mismo  año.  Apelada  esta  decisión,  el  Tribunal  Nacional declaró la  nulidad  de  lo  actuado  a  partir  de tal diligencia y retornó el asunto a la  Fiscalía Regional.   

             El procesado solicitó entonces la  terminación  abreviada del proceso por el mecanismo del artículo 37 del C. de.  P.  P.  El  11  de  enero  de  1995 se realizó la diligencia de formulación de  cargos,  dentro  de  la  cual  el  procesado  aceptó la responsabilidad por los  delitos  que  fueron  objeto de la sentencia proferida por el juzgado regional y  ratificada luego por el Tribunal Nacional, en la forma ya indicada.   

LA  DEMANDA   

              Con base en la causal primera de  casación, la demandante propone los siguientes cargos:   

              1.  Interpretación errónea del  artículo  61  y  falta  de  aplicación  del  artículo  67  del Código Penal.  Explica:   

              1.1. Se interpretó erróneamente  el  artículo  61  del  Código Penal, pues a pesar de que la norma le brinda al  fallador  cierta  discrecionalidad,  también  es cierto que allí se establecen  unos  parámetros  que  sirven  para que no se generen aumentos desmesurados con  respecto  a  la  pena  del  delito  base,  por más que éste revista la máxima  gravedad.   

               Precisamente, el artículo 67 del  Código  Penal,  norma que se dejó de aplicar, delimita al juzgador la potestad  en  la  imposición  de  los  máximos  de pena, al establecer que sólo procede  cuando  concurren circunstancias de agravación. El Tribunal Nacional no tuvo en  cuenta   que   en   este   caso   con   respecto   del   procesado  ROSSI  RAMÍREZ se juntan circunstancias de  agravación   y  atenuación,  lo  que  aunado  a  las  características  de  su  personalidad  no  permitían  aplicar la sanción que se estableció en el fallo  impugnado.   

         

                    1.2.  Los  factores  que  determinaron  la  imposición  de  la pena fueron la gravedad del  hecho,  su  reiteración  y  las  modalidades  del  mismo, sin que hubieran sido  tenidas  en  cuenta  las  atenuantes de la buena conducta anterior al delito, la  presentación   voluntaria   ante   la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  el  resarcimiento    parcial    del    daño   y   la   ausencia   de   antecedentes  penales.   

               Ante  la decisión del Tribunal,  que  desconoció  la  legalidad  de la pena, pide a la Corte dictar un fallo que  considere    las    circunstancias    atenuantes    dejadas   de   estimar   por  aquél.   

              2. Errónea interpretación  de  los  artículos 37 y 299 del Código de Procedimiento Penal (modificados por  la  ley  81  de  1993),  pues  los  beneficios  consagrados  en  ellos no fueron  descontados  de la pena impuesta tal como lo prescriben tales disposiciones, con  lo  cual  se  ha  generado  menoscabo  al  principio  de  legalidad  de la pena.  Expresa:   

              2.1. El Tribunal Nacional hizo la  reducción  restando  una  tercera parte del total de la pena y con base en este  resultado  descontó  otra  tercera parte, procedimiento que no corresponde a lo  establecido   por   el   legislador  porque  en  ambos  casos  debió  hacer  la  rebaja   según la pena impuesta. De esta forma dio un errado alcance a las  normas  presuntamente  infringidas,  a  lo  que se suma que de manera caprichosa  incrementó la sanción en dos años y siete meses.   

                2.2. Cuando concurren las  diminuentes  de  punibilidad  de  los  artículos  37  y 299 del mismo estatuto,  teniendo  en  cuenta  que  la  ley  no  señala  el  orden  de  aplicación, por  favorabilidad  se  debe  deducir  primero  lo  correspondiente a la confesión y  luego  lo  relacionado  con la sentencia anticipada pues, entre otras cosas, esa  fue   la   secuencia  presentada  en  el  decurso  de  la  actuación  procesal.   

                Solicita casar  parcialmente  la  sentencia  para que se hagan los descuentos punitivos con base  en la pena impuesta.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

              El Procurador Tercero Delegado en  lo Penal rinde su concepto en los siguientes términos:   

                                             

              1. El primer cargo debe ser  desestimado  por  las  siguientes razones:               

               1.1.  Para  disminuir la pena de  prisión  a  diez años y ocho meses, el Tribunal partió de la pena más grave,  correspondiente  al  artículo  33 de la ley 30 de 1986, pero como concurría la  causal  de agravación del artículo 38 ibídem, que ordena aumentar al doble el  mínimo  de  la  sanción  legalmente fijada, quedó así establecido el límite  inferior en ocho años de prisión.   

              1.2. La aplicación del mínimo en  el  caso  concreto  se  desestimó  por la gravedad del delito, su permanencia y  modalidades,  por  lo  cual se acudió al máximo de la pena prevista en la ley,  con  base al artículo 61 del Código Penal. En este caso no se contemplaron los  efectos  que para la determinación del monto final de la sanción pudiera tener  el  artículo 67 ibídem, habida consideración de que el procesado se presentó  voluntariamente ante las autoridades.   

               1.3.  En la sentencia de primera  instancia  se  dijo que el artículo 67 del Código Penal no resultaba aplicable  por  las  especiales  circunstancias  de  agravación que rodearon las conductas  juzgadas,  de donde resulta que interpretó el contenido del citado artículo en  forma  diversa  a como lo hace el recurrente, valoración respecto de la cual el  Tribunal no hizo ninguna referencia o pronunciamiento.   

                                       

                 1.4.  El  fenómeno  en  estudio  corresponde a una hipótesis de quebranto directo de la ley sustancial,  no  por  la  vía  de la exclusión evidente del artículo 67 del Código Penal,  sino  por  interpretación  errónea de la norma, por cuanto que a la expresión  “sin  perjuicio  de lo dispuesto en el artículo 61”, se le dio un contenido  contrario  al  que  se  desprende  de  su  tenor literal.  La equivocación  recayó  en  los  criterios establecidos en el artículo 67 ídem y la relación  que  debía  hacerse  con  los  factores  determinantes de la individualización  judicial de la pena contenidos en el artículo 61 del Código.   

               1.5.  El  recurso extraordinario  requiere  de  una demanda que cumpla ciertas exigencias técnicas, de manera que  cuando  son  omitidas,  la  ley impide el estudio de fondo del asunto, pues  la  Corte  no  puede  considerar  sino  las  causales  de casación expresamente  alegadas,  salvo  que  se  trate  de  una  causal  de  ineficacia  de  los actos  procesales,  porque  en este último caso, la nulidad restaría legitimidad a la  sentencia objeto del recurso.   

               1.6.  La demanda no respetó los  límites  legales  que se imponen al recurso extraordinario, específicamente el  sentido  de esta vía de impugnación, yerro que le impidió al censor demostrar  falla  alguna,  por  lo  que  la  solución debe ser la anunciada en el párrafo  anterior.   

              2. El segundo cargo debe prosperar  y  por tanto procede la casación parcial de la sentencia, con el fin de que sea  redosificada la pena. Arguye:   

             2.1. De acuerdo con los artículos  37  y  299  del estatuto procesal, la rebaja de pena debe hacerse respecto de la  pena  imponible  y  cuando,  como  en  este caso, concurren dos factores para la  disminución  de  la  sanción,  se acumulan, criterio contenido en el artículo  37B  del  Código  de Procedimiento Penal (adicionado por el art. 5 de la ley 81  de 1993).   

                 2.2.  El  primer  paso  en  la  determinación  de  la pena es su individualización de acuerdo con los factores  previstos  en  los  artículos  61  y  67  del Código Penal y sus concordantes,  según  el  caso.  A partir de allí operan las rebajas por conductas procesales  reguladas  a  través  de una proporción fija de la pena, independientemente de  que    concurran   dos   o   más   beneficios,   porque   sus   cuantías   son  acumulables.   En estas condiciones se tiene que en la sentencia anticipada  (artículo  37,  modificado  por el artículo 3º. de la Ley 81 de 1993) y en la  confesión  (artículo  299  del Decreto 2700 de 1991) -que no había sido   modificado  para  cuando  la hubo en el asunto de autos-, la deducción punitiva  se  debe hacer una vez determinada la pena imponible, que en este caso fue de 24  años,  de  donde  resulta  que  siendo la disminución de la 1/3 parte en ambos  casos, aquella equivale a 16 años.   

              2.3. Como señala el actor,  el   Tribunal   interpretó  erróneamente  el  artículo  299  del  Código  de  Procedimiento  Penal  pues  la  reducción  aplicada no corresponde a la tercera  parte  de  la  pena, sino a una proporción menor, violación que no se extiende  al  artículo 37 ibídem, pues la dosificación frente a él no fue errónea. En  estas condiciones se debe ajustar el fallo impugnado.   

                                        

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

                                     

La sentencia materia del recurso no puede ser  casada, por estas razones:   

Primer        cargo.   

1.  La  justicia sí se ocupó e interpretó  los  artículos  61  y  67  del  Código Penal. A título de ejemplo, el Juzgado  Regional  –cuya decisión  se  encuentra  incluida  dentro  de  la  tomada  por  el  Tribunal  en los temas  recogidos  por  éste  y  que  no implican contradicción o revocación- dijo lo  siguiente sobre el punto:   

          “Para  efectos  de  la  dosificación  punitiva  de la sanción a  imponer,  han  de  atenderse,  como  reguladores, los artículo 61, y 67 del CP.  Entiende  el  despacho,  que  no  se  ofrece  dispendioso,  el imponer las penas  máximas  o  mínimas  previstas  en  las  infracciones,  pues  de  sus factores  determinantes  se  encarga  el  artículo  67  del CP., cuando disponen que solo  operan    ante   la   concurrencia   exclusiva,   de  circunstancias  de  agravación  o de atenuación, siempre que tales límites no  sea   posible   desatenderlos  en  atención  a  la  responsabilidad,  grado  de  culpabilidad, modalidad del hecho, etc., artículo 61 del CP”.   

         “La  controversia  se  suscita  sí,  cuando  no se dan llanamente  tales  antecedentes  determinantes  de los límites de la pena, sino frente a la  concurrencia  simultánea  de  circunstancias agravantes y atenuantes; evento en  el  que  entiende  el  Juzgado,  cobran  especial  importancia, como factores de  tabulación  la gravedad y modalidad del hecho, la personalidad del infractor, y  el grado de culpabilidad” (Fls. 161/2, C. 2).   

         Con más especificidad, agregó:   

         “Consecuente  con los anteriores razonamientos, cabe resaltar, que  a  favor   del  sindicado  confeso,  JUAN DAVID ROSSI RAMÍREZ, concurre la  circunstancia  genérica de agravación prevista en el numeral 8º del artículo  64  del  CPP.,  en cuanto las constancias procesales indican que el procesado se  presentó   voluntariamente   a   las   autoridades,  -Fiscalía   Regional-,   informando  su  autoría  y  reconociendo  su  responsabilidad  en  las  infracciones  por  las  que  hoy  se  procede”.   

          “Se  descarta  la  concurrencia  de  la circunstancia genérica de  atenuación  prevista  en el numeral 1º. de la misma normatividad, pues resulta  absurdo  reconocer  “buena  conducta  anterior”  en  quien  como  el  procesado  ha  tenido  un  pasado pródigo en infracciones a la  ley…ante  la  concurrencia  simultánea  de  circunstancias  de  atenuación  y  de  agravación, debemos en  primer  término  evaluar  los  alcances positivos y negativos que cada una haya  generado,  para concluir por esa vía la trascendencia  que  en  el  campo  punitivo  generen,  pues  es  apenas  obvio que para que las  causales    previstas    en    el    artículo    64   del   CP.,   conlleven  una  significativa  atenuación  de la pena, no deben ser  opacadas   en   sus   efectos,   por  causales  de  agravación  específicas  o  genéricas…” (Fls. 162/3, C. 2).   

          Y  de  allí  en  adelante,  sobre la base de tales presupuestos, se  introdujo  en  la  tasación  de  la  pena,  ciertamente  con  errores que luego  rectificó el Ad-quem.   

          Del  texto transcrito se deduce con facilidad que el juez de primera  instancia  sí  interpretó  correctamente el artículo 61 porque, como lo dijo,  para  fijar  la  pena  importa  tener  en  cuenta  los factores enunciados en el  artículo  61  del  Código  Penal, entre ellos las circunstancias genéricas de  atenuación  y  de  agravación.  Así mismo, se pronunció sobre el alcance del  artículo  67  del  mismo  estatuto,  de  donde  se  desprende,  en contra de la  casacionista,  que  sí aplicó tal disposición. Y lo hizo inclusive resaltando  con  negrillas  aquello  que  estimaba  de  mayor  trascendencia,  justamente lo  relacionado con tales factores de dosificación.   

          El Tribunal también fue explícito. Así habló:   

          “Sin  embargo  de  lo  anterior,  dada  la  gravedad del hecho, su  permanencia  en el tiempo, las modalidades del mismo, de acuerdo al artículo 61  del  C.  P., la pena debe ser la máxima o sea la de 12 años de prisión, tanto  para   el   concierto  para  delinquir  de  carácter  especial,  como  para  el  narcotráfico…Queda  claro  y  en  ello  se  comparten los razonamientos de la  primera  instancia,  que un hecho de semejante envergadura tiene que sancionarse  drásticamente” (Fls. 16/, C. T).   

          Es  indiscutible,  entonces,  que la justicia interpretó de acuerdo  con  su  criterio,  y  acudiendo  a  la discrecionalidad legalmente prevista, el  artículo  61  del  Código Penal, como también que sí aplicó el artículo 67  ibídem.  Basta  leer  fusionadamente  las  dos  sentencias  para  llegar  a tal  conclusión,   incluido  aquello  tácitamente  dicho  en  la  parte  final  del  artículo  67,  en  torno  a  la  potestad  judicial,  que  encuentra  fronteras  precisamente  en  el  artículo 61 del Código Penal, norma que, si es utilizada  razonadamente,  permite al juez imponer el máximo punitivo aún en presencia de  causales   de   atenuación,   si   a   ello   lo   conduce   el   artículo  61  mencionado.   

2.  La impugnante señala que el Tribunal no  tuvo   en   cuenta   a   favor  de  JUAN  DAVID  ROSSI  RAMÍREZ    las  circunstancias  de  atenuación  relativas   a   “la  buena  conducta  anterior  al  delito,  la  presentación  voluntaria  ante  la  Fiscalía  General de la Nación, el resarcimiento parcial  del  daño y la ausencia de antecedentes penales”. Esta crítica resulta ajena  a  la  realidad  procesal, pues una simple lectura de la sentencia proferida por  el   juez   regional   permite  observar  que  allí  se  precisó  como  única  circunstancia  de  atenuación  punitiva  la  prevista  en  el  numeral 8º. del  artículo  64  del  Código  Penal,  con  base  en  que  el  joven  ROSSI   RAMÍREZ   se  había  presentado  voluntariamente  a la autoridad después de cometido el hecho (Fls. 162/3, C.2),  conclusión  que  el  Tribunal Nacional no alteró en ningún sentido y que, por  tanto, compartió.   

3.  La  demandante  dijo  que  imputaba a la  sentencia  violación  directa  de  los artículo 61 y 67 del Código Penal, del  primero   por   interpretación   errónea   y   del   segundo   por   falta  de  aplicación.   

Como se sabe por razones lógicas de técnica  casacional,  frente  a  la  causal señalada le corresponde al actor aceptar los  hechos  y  la  estimación  probatoria  realizadas  por  el  juez  y  centrar su  inconformidad   en   la   demostración  estrictamente  jurídica  de  falta  de  aplicación,   aplicación   indebida  o  interpretación  errónea  de  la  ley  sustancial,  siempre,  se  repite,  sobre  la  base  del  respeto total hacia la  percepción  fáctica y los raciocinios probatorios plasmados por el juzgador en  su decisión.    

No  obstante,  la  casacionista  invadió el  terreno   de  la  prueba  pues  siendo  claro  lo  asumido  por  el  juez  sobre  circunstancias  de atenuación y de agravación, y admitido ello por el Tribunal  –aceptación   de   la  genérica  consistente  en  la  presentación  voluntaria  y rechazo de la buena  conducta  anterior,  todo  ello  con  fundamento  en  su  análisis probatorio-,  insistió  en  la  concurrencia  de  otras  causales de atenuación, como las ya  indicadas  -buena  conducta,  ausencia de antecedentes y reparación del daño-.  Así escribió:   

“Al  dosificar  la  pena que corresponde a  ROSSI    RAMÍREZ,    consideró    –el    Tribunal-    que   ‘dada  la  gravedad  del  hecho,  su  permanencia  en  el tiempo, las  modalidades  del  mismo,  de  acuerdo con el artículo 61 del C.P., la pena debe  ser   la  máxima’,  pero  interpretó   erróneamente  la  norma  al  considerar  que  ella  le  permitía  sancionar  sólo  por  las modalidades y gravedad del hecho, sin tener en cuenta  que  a  favor  de  JUAN  DAVID  ROSSI  RAMÍREZ  acuden  atenuantes,   que   se  observan  claramente  en  el  protocolo  penal,  tales como, buena conducta anterior  al  delito, la presentación voluntaria ante la Fiscalía General de la Nación,  resarcimiento  parcial  del  daño  y la ausencia de antecedentes penales…(Fl.  76, C. 2).   

“…  Por  lo  anterior, acude este togado  ante  la  Honorable  Sala  Penal  de  Casación  para  que  se dosifique la pena  integrando  las  atenuantes  que  a  favor  asisten  al justiciable, mediante la correcta interpretación del  artículo  61  y  dando  paso jurídico al Art. 67 del C. P., para encontrar una  pena  base  justa  acorde con los preceptos de la última norma” (Fl. 77, C.2)  (Destaca la Sala).   

Es claro, así, que si la demandante pide que  sea  reducida  la  pena  porque  existen motivos que obrando en el expediente no  fueron  atendidos  por  los  jueces  y  porque  tales  circunstancias  deben ser  integradas  a  la  decisión,  apunta  no  a  la  violación  directa  sino a la  indirecta,     con    lo    cual    –reitérase-  incurre en grave falta a la técnica de casación, pues  que  plantea  una forma de infracción –directa-         y        desarrolla        otra        –indirecta-.   

La  imputación  a  la  sentencia,  pues, no  encuentra eco.   

Segundo       Cargo.   

1.   El  Tribunal,  corrigiendo  al  juez,  dosificó  inicialmente la pena para la infracción al artículo 33 de la ley 30  de  1986,  agravada  con  base  en  el artículo 38 ibídem, para concluir en 12  años.  A  ello le aumentó otros 12 por el concurso, para un total de 24 años.  Y luego dijo:   

“En  cuanto a las rebajas, cuando se tiene  derecho  a  dos  de  ellas,  aunque  se  reconoce  que  han  venido dándose dos  posiciones  diferentes,  si  no jurisprudencialmente al menos en interpretación  de  los  señores  defensores, la Sala comparte la forma como el a-quo las hizo,  es  decir, en forma residual. Restando primero una tercera parte del total de la  pena y de lo que queda se resta otra tercera”.   

“En  resumen, la pena quedará así: de 24  años  se  rebaja  una  tercera  parte,  ocho, para un sub-total de 16 años. De  estos  se  rebaja  otra  tercera  o  sea cinco años cuatro meses, para un total  definitivo  de  diez  años  y  ocho  meses  de  prisión.  En tal sentido será  modificada la sentencia apelada” (Fl. 18, C.T).   

          Dicho  de  otra  manera,  el  Tribunal individualizó la sanción, a  ello  descontó  la  tercera  parte  por  confesión y, luego, a lo restante, le  redujo  la  tercera  parte  en  razón de la sentencia anticipada, procedimiento  apegado  a  las normas correspondientes y a la jurisprudencia de la Sala, que en  forma  reiterada ha indicado que, precisamente, esos son los pasos que deben ser  seguidos  cuando  se  presentan  fenómenos  como  el  aquí  dilucidado.  Basta  recordar,  por  ejemplo, las decisiones del 31 de julio de 1996 (M. P. Dr. Jorge  E.  Córdoba  Poveda)  y  del 30 de marzo del año 2000 (M. P. Dr. Jorge Aníbal  Gómez  Gallego,  que  incorpora  las casaciones del 20 de abril de 1999, Ms.Ps.  Dres.  Ricardo  Calvete Rangel y Fernando Arboleda Ripoll y del 7 de octubre del  mismo año, M. P. Dr. Carlos Eduardo Mejía Escobar).   

               El  cargo,  por  lo  tanto,  no  prospera.   

              Casación  oficiosa.   

                 Cuando la pena  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas se impone como accesoria a  la  de  prisión,  su  tiempo de duración debe ser igual a ésta, sin que pueda  exceder  de  diez   (10)  años,  según  lo  establecen  los artículos 44  (modificado  por  el  artículo  28 de la Ley 40 de 1993), 3º. de la Ley 365 de  1997 y 52 del Código Penal.   

                            JUAN  DAVID ROSSI RAMÍREZ fue condenado en  primera  instancia  a la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad, o sea doce  años.  El  Tribunal confirmó la sentencia, con la modificación consistente en  reducir   la  pena  de  prisión  a  diez  años  y  ocho  meses,  pero  ningún  pronunciamiento hizo sobre el término de la pena accesoria.   

               Con el fin de salvaguardar  el  principio  de  legalidad de las penas consagrado el artículo 29 de la Carta  Política,  la  Corte hará uso de la facultad otorgada por el artículo 228 del  estatuto procesal, para corregir oficiosamente este desacierto.   

             En mérito de lo expuesto, la Sala  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

               1.  Desestimar  la  demanda  de  casación  presentada  por la defensora del señor JUAN  DAVID ROSSI RAMÍREZ.   

               2. Casar parcialmente y de manera  oficiosa  la  sentencia  impugnada, para fijar en diez  (10) años, la pena  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas. En lo demás el  fallo conserva su validez.   

               Cópiese, notifíquese, cúmplese  y devuélvase al Tribunal de Origen.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL          JORGE ENRIQUE  CÓRDOBA    POVEDA                         

CARLOS   A.   GÁLVEZ   ARGOTE                  JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUÉS                    CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR                     

ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN                    NILSON   PINILLA   PINILLA                                      

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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