14919jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 14919  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 125  

          Santafé   de   Bogotá,   D.C,   veinticuatro   de   julio  de  dos  mil.   

VISTOS  

          Resuelve  la  Corte  sobre  la admisibilidad formal de la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  DORIAN PEREA PALACIOS,  contra  la  sentencia  por  medio  de  la cual el Tribunal Superior del Distrito  Judicial   de  Quibdó  lo  condenó a la pena principal de cincuenta y dos  (52)   meses  de  prisión y multa de $ 577.777, además de la accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por lapso de dos (2) años,  nueve  (9)  meses  y dieciocho (18) días, como autor del delito de peculado por  apropiación.    

ANTECEDENTES  

          Por  autorización  del  Director  del  Programa  Plan  Nacional  de  Rehabilitación,  el 25 de junio de 1994, la Fiduciaria  del     Estado    S.A.    celebró    el    convenio  interadministrativo   PNR300-93   con   el   municipio   de   Istmina  (Chocó),  representado    por   su   alcalde   Gabriel   Urbano  Murillo,  a  fin de que la entidad territorial pudiera  darle  curso a dos proyectos:  la terminación, adecuación y remodelación  de  la escuela Andrés Bello y  la  implementación  del  taller  de  cerrajería  y metal-mecánica del colegio  Joaquín Urrutia.   

          Como  quiera que para la ejecución de ambos proyectos se acordó la  suma    de    doce    millones    quinientos    mil    pesos    ($12’500.000),  la Fiduciaria procedió a su  giro   por  medio  del  cheque  N°  03100386  del  Banco  Popular  –oficina   San   Martín  de  Bogotá-,  fechado  el  15  de julio de 1994, título que en el renglón correspondiente al  beneficiario  no  sólo  llevaba el nombre de éste (municipio de Istmina), sino  que  se le puso la nota:  “FAVOR ENTREGAR CHEQUE  AL  DELEGADO  DEL  PNR  DORIAN  P”, persona ésta que  acudió  a  la  entidad  bancaria  el  4  de  agosto del mismo año, recibió el  negociable  y,  en  vez  de  ponerlo  en  manos  del  alcalde  de  la población  beneficiada,  abrió  en  el  mismo  banco  la  cuenta  personal  de ahorros N°  380-30428-7- y dispuso de los dineros.   

          No  obstante, el día 2 de agosto de 1994, debido a que el encargado  del  archivo  de  la Fiduciaria dejó de legajar el documento relacionado con la  solicitud  que  diera  pie  a  la  emisión  del  título  atrás  referido,  el  coordinador  de la misma, bajo la consideración de que aún no se había girado  la  suma correspondiente, autorizó el giro de otro cheque, el N° 03100403, con  la  misma  anotación  de ser entregado al delegado DORIAN PEREA PALACIOS, quien  en  la misma fecha lo reclamó, mas en dicha ocasión sí lo puso a disposición  del  alcalde,  siendo  consignado el 30 de agosto de 1994 en el Banco de Bogotá  de Istmina.   

          Percatada   la   Fiduciaria   del  doble  giro,  puso  el  hecho  en  conocimiento  del  Gerente del Plan Nacional de Rehabilitación, el cual hizo lo  propio ante la autoridad judicial.   

          La  Fiscal  Décima  Seccional  de Quibdó, por medio de resolución  fechada  el 27 de noviembre de 1995, abrió la investigación y ordenó escuchar  en  indagatoria  al  señor DORIAN PEREA PALACIOS, quien después, el 17 de mayo  de  1996,  se vio afectado con medida de aseguramiento de detención preventiva,  por  el  injusto de peculado por apropiación (cuaderno original 1, fs. 18 y 78;  cuaderno 2, fs. 246).   

          Cerrada  la  investigación  el  30  de agosto de 1996, la Unidad de  Delitos  contra  la  Administración  Publica y la Justicia de Quibdó, mediante  proveído  fechado  el  30 de septiembre del mismo año, acusó al procesado por  el  delito  de  peculado por apropiación (art.  133 C. P.), abriendo paso a la etapa del juicio que adelantó  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito de la localidad, despacho que decretó la  nulidad  del  trámite  el  30  de  octubre  de  1997, con base en que se había  cometido  un  error  en la denominación jurídica del hecho -folio 234 cuaderno  N°  3-;  razón  por  la  que  el  fiscal  interpuso  apelación  y  logró  la  revocatoria  de  la  decisión  y el posterior proferimiento del fallo de primer  grado,  en  el  cual  se absolvió al acusado -13 de marzo de 1998- (cuaderno 2,  fs. 372; cuaderno 3, fs. 63, 274 y 286).   

La decisión de primera instancia fue cambiada  por  el  Tribunal, según sentencia del 10 de mayo de 1998, merced al recurso de  apelación  interpuesto  por  la  Fiscalía y el Ministerio Público, para en su  lugar  condenar  a  DORIAN PEREA PALACIOS por el delito que le fuera deducido en  la   resolución  de  acusación,  a  las  penas  principal  y  accesoria  antes  indicadas.   De  igual  manera, se ordenó compulsar copias a fin de que se  investigara   la   conducta   del  a  quo.     

LA DEMANDA  

           Con  base  en  la  causal  tercera  de  casación,   el  censor  solicita  la  nulidad  del  proceso,  a  partir  de  la  resolución  de  acusación, por supuesto error en la denominación jurídica de  la  infracción,  en el entendido de que hubo indebida aplicación del artículo  133    del    Código    Penal     y,  como consecuencia, la falta de aplicación del “artículo 350,  numeral 2º” del mismo estatuto.   

          De  acuerdo  con  su  opinión,  en  el  caso no existe peculado por  apropiación, por las siguientes razones:   

          a)  El  giro  de  los  $  12’500.000  surgió  del  contrato  celebrado  entre  la Fiduciaria del  Estado  y  el  alcalde  del municipio de Istmina, documento en el que no aparece  como  parte  DORIAN PEREA PALACIOS, tampoco como representante de ninguno de los  dos  vinculados,  menos  “fue autorizado o facultado  por   las   partes  para  administrar,  vigilar,  invertir,  etc.,  los  dineros  provenientes de la mencionada fiducia.”   

          Desde  dicha  perspectiva  aduce  que por el contenido del contrato,  entonces,  no  hay  relación  alguna con las funciones que como delegado debía  cumplir  el  señor PEREA PALACIOS, las cuales se circunscribían básicamente a  una  tarea  de  auditoría  frente  al manejo de los recursos que desde el nivel  nacional  eran trasladados al municipio, pero “jamás  aquéllas  de refieren a la posibilidad de detentar, administrar o custodiar los  recursos municipales”.   

          b)  Que  el delegado hubiera recibido el cheque, fue algo accidental  y  derivado  de  un  error  del  funcionario  de  la  fiduciaria, pero no por la  función,  ya  que  actuó  como  mero mensajero sin facultades de disposición,  administración  o  vigilancia, obligado sólo a entregar el título al alcalde.  No  obstante,  la  detentación  del  documento fue el hecho que le facilitó el  apoderamiento.   

          c)  Para que se tipifique el peculado por apropiación, se requiere,  además  de  otros  elementos,  que el sujeto tenga la potestad de administrar o  custodiar  dineros  que se le hayan confiado en razón de sus funciones, lo cual  no se da en el caso.   

          Después  de  recordar  un pasaje jurisprudencial sobre la necesaria  relación  que debe existir entre la función y la facultad de tener el bien del  cual  se  dispone  o  se  hace mal uso, como presupuesto para poder hablar de la  conducta  peculadora,  sostiene que en el asunto se tipificó el delito de hurto  agravado por la confianza, en razón de lo siguiente:   

          a)  Porque  si  bien  es  cierto que para la época de los hechos el  señor  PEREA  PALACIOS  ostentaba la calidad de servidor público y los dineros  pertenecían  al  Estado,  también  lo es que el apoderamiento se produjo no en  razón  de  sus  funciones,  sino  por  el  aprovechamiento  de su condición de  mensajero  particular  que  debía  posteriormente  entregar  los  recursos a su  legítimo beneficiario: el alcalde de Istmina.   

          b)  El  simple  apoderamiento del bien, así este tuviera naturaleza  oficial,  debe  entenderse  como  acto  constitutivo  de  hurto, amén de que el  agente  no  actuó contrariando sus deberes, pues no estaba ejerciendo funciones  propias  del  cargo,  por  consiguiente  no  tenía relación o vínculo con los  dineros apoderados.   

          En  un nuevo literal recuerda un segmento jurisprudencial atinente a  la  necesidad  del  desapego  del  funcionario  a  sus  deberes jurídicos, como  administrador  del  patrimonio  estatal,  para  que  se  tipifique  la  conducta  peculadora  y  con  esto  cierra  el  cargo  que  concluye  con  la ya reseñada  petición.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          A  pesar de reconocerse el acierto del censor en la selección de la  causal  tercera  de  casación,  como vía adecuada cuando el reproche se vierte  sobre   la   incorrecta   elección  del  nomen  iuris  de  la  infracción,  no  puede  decirse  lo mismo del  cumplimiento  de  las  exigencias  formales  requeridas  por  la  ley para hacer  posible  el  estudio  de  fondo  del asunto, razón por la cual desde ahora debe  decirse que la demanda habrá de rechazarse.   

          En  efecto, la jurisprudencia insistentemente ha dicho que cuando la  censura  se enruta por el mentado aspecto, es tarea insustituible del demandante  demostrar  cómo  se llegó al desacierto, si a través de la violación directa  de  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  de  un  precepto y falta de  aplicación  del  que  corresponde  al  caso,  o  por  medio de la errónea  apreciación  probatoria,  sin que resulte posible, por ilógico, que se mezclen  ambas  vías.   En  otras  palabras, el cargo debe conducirse por la causal  tercera,  en  razón  del  yerro  en  la denominación jurídica, pero habrá de  motivarse  conforme con las definiciones de la violación directa o indirecta de  la  ley  sustancial,  pues lo primero que ocurre es un error en el mérito de la  decisión  (ponderación  de  los hechos o aplicación del derecho).  Si de  tal  manera  no se hace la fundamentación, la censura se ofrece manifiestamente  incompleta.   

          En  tal  deficiencia  incurre  el casacionista en este caso, pues si  bien  apunta  que  la  equivocación  consistió  en la indebida aplicación del  artículo  133  del  Código  Penal,  en perjuicio de la activación de la norma  correspondiente  al  hurto  agravado  por  la  confianza (arts. 349 y 351-2 y no  350-2),  que  en su opinión  era  la  que  tipificaba la conducta del sujeto activo,  después  se  confunde  entre la impugnación por vía  directa o la indirecta.   

          En  efecto,  aún  si  se  acepta  que el reparo está fundado en la  violación  directa  de  la ley sustancial, no obstante manifestar el censor que  acepta  los hechos de acuerdo con la observación que de ellos hizo el juzgador,  al  punto  que  los transcribe in extenso, termina  oponiéndose a los mismos, como quiera que en ocasiones los  toma  parcialmente  a su favor -que el procesado era servidor público o que los  bienes  eran  del  Estado-, mientras desecha otros -que el procesado actuó como  delegado  en  cumplimiento  de  sus  funciones  y que su nombre aparecía en los  títulos  como  autorizado  para recibirlos-, postura del todo aislada del cargo  que  propone,  el cual siempre reclama la total aceptación de los hechos vistos  por  el  juzgador,  ya  que  el  debate  bajo  dicha  orientación  es  de pleno  derecho.   

          Además,  aunque  la  vocación  declarada  del  actor no fue por la  apreciación  errónea de las pruebas, producto de la anterior desatención, cae  en  la  no  afortunada  postura  de analizar a su manera los medios probatorios,  como  cuando  anota  que  en  el contenido del contrato, el procesado no aparece  como  parte,  ni  relacionado  en  manera alguna con los suscriptores del mismo,  razones  por  la  cuales  deja  de  mostrar  a la Corte lo esencial de cargo, es  decir,  cómo mientras los hechos probados por la judicatura van diluyendo uno a  uno  los  elementos  del  tipo penal mal aplicado, simultáneamente van fluyendo  los del precepto que se reputa no aplicado.   

          Se  concreta  el  vacío  de la demanda en que no hay punto de apoyo  para  que  la  Sala  pueda  entender  cómo  lo  cometido  fue  un hurto y no un  peculado.   

          Por  otra  parte,  si  con  largueza  se  admitiera el propósito de  atacar  por vía indirecta y, por ende, la objeción a las pruebas, no bastaría  mirar  las  inferencias  que  ellas  tributan con un sentido diferente, sino que  sería  menester  señalar  los  trascendentales  errores de hecho o de derechos  cometidos en su estimación.   

          De  esta forma, no cabe la menor duda sobre la ineptitud del libelo,  además  de  la  imposibilidad  de  la  Corte para conocer en qué consistió el  error,  situación que pone en evidencia la falta de claridad y precisión en la  formulación  del  cargo, para en su lugar disponer el censor equivocadamente la  presentación  de un alegato inane, por ende desconocedor de la naturaleza de la  casación,  que,  como  se  ha  dicho repetidamente, no es una tercera instancia  concebida  para  atacar  las características de acierto y legalidad con las que  ingresan  los  fallos,  a menos que la presunción sea rota, previa elaboración  de  un  texto  que corresponda a los lineamientos de formalidad impuestos por el  legislador en el artículo 225 del C.P.P.   

          Colofón  de  lo  precedente expuesto, será que la demanda puesta a  consideración  de  la  Corte  no  es  nada  diferente  a  un  ataque informal e  injustificado  por  sus  motivos  en contra del fallo del Tribunal, y, por ende,  ineficaz  para los fines precisos de la casación, cuyo objeto es el del estudio  de la legalidad de las sentencias.   

          Habrá  de  inadmitirse  de  plano  y  declararse  la deserción del  recurso oportunamente interpuesto.   

          En   tal   virtud,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

          1.   RECHAZAR  IN  LIMINE  la  demanda  de  casación    presentada   por   el   defensor   del   procesado   DORIAN   PEREA  PALACIOS.   

          2.   DECLARAR   DESIERTO   el  recurso  de  casación   concedido   por   el   Tribunal   de  Quibdó  dentro  del  presente  asunto.   

          3.  DEVOLVER  el  expediente a su lugar de  origen.   

          Esta   decisión   no   admite  recurso  alguno,  conforme  con  los  artículos 197 y 226 del C.P.P.   

Comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                                                                JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO           

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS    E    MEJÍA    ESCOBAR           

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA    RUIZ  NUÑEZ   

Secretaria.    

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