14784nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     Nº  14784   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

APROBADO ACTA No. 196  

Bogotá, D.C., veintiuno (21) de noviembre del  año dos mil (2.000).   

VISTOS  

          Procede  la  Sala a resolver sobre la admisibilidad de la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  de  JAIRO  PUENTES  CUESTO  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Santafé de Bogotá el 30 de  octubre  de  1997,  mediante  la  cual condenó a éste y a SEGUNDO ALIRIO ROJAS  SUAREZ,  PABLO  EDGAR  BRAHAM  MENDIVELSO,  LUIS  HERNAN  MEJIA RODRIGUEZ y JOSE  ARMANDO  QUIROGA  OTALORA,  como  coautores  del  delito  de  hurto calificado y  agravado,  en  el  grado  de tentativa, a la pena de 20 meses de prisión y a la  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo lapso.   

                               

                 HECHOS   Y   ACTUACION   PROCESAL   

          Mauricio  Reyes  Alvarez  y Juan Pablo Jiménez Pinzón asistían en  la  noche  del  23  de  junio  de  1995  a  una  fiesta  que  se realizaba en un  apartamento  ubicado en el segundo piso de la calle 100 No. 7-45 de esta ciudad.  Desde  allí,  los  invitados  a  la  fiesta  observaron  que varios individuos,  quienes  se  movilizaban  en un taxi, pretendían apoderarse de los automóviles  que  aquellos dejaron estacionados sobre la vía pública; salieron a la calle y  ante  sus  voces  de  auxilio  fueron  ayudados  por empleados de una empresa de  seguridad  que  ocasionalmente  pasaban  por  allí,  quienes  retuvieron  a los  asaltantes   –precisamente  las  personas  que  fueron  condenadas  en  este  proceso- y los dejaron luego a  disposición de la policía que acudió al sitio.   

          El  24  de  junio  de 1995 la Fiscalía 278 Seccional, adscrita a la  Unidad  de Reacción Inmediata, dictó resolución de apertura de instrucción y  remitió  la  actuación  a  la unidad especializada en automotores, cuyo fiscal  131  seccional  escuchó  a  los  retenidos en indagatoria los días 28 y 29 del  mismo  mes  y  les  resolvió  situación  jurídica  el  siguiente  7 de julio,  decretando  en  contra de todos medida de aseguramiento de detención preventiva  con beneficio de excarcelación.    

          Clausurada  la  investigación,  el  2  de  febrero de 1996 la misma  Fiscalía  131  Seccional profirió resolución de acusación en contra de todos  los  sindicados por el delito de hurto calificado y agravado, en la modalidad de  tentativa.   

          Le  correspondió  adelantar  el  juicio  al  Juzgado  17  Penal del  Circuito  de  esta capital, el cual, luego de celebrada la audiencia pública el  23  de  mayo  de  1997, condenó a los procesados mediante sentencia de junio 12  del  mismo  año a la pena de 10 meses de prisión e interdicción en derechos y  funciones públicas por el mismo lapso.   

          Apelada  la  sentencia  por  el  fiscal  y uno de los defensores, el  Tribunal  Superior de Santafé de Bogotá D.C. la confirmó con la modificación  en   cuanto  a  las  penas  principal  y  accesoria,  las  cuales  fijó  en  20  meses.   

                               

          LA DEMANDA   

          Dice  el  demandante  que  su  censura  se sustenta en la causal que  denomina  “violación  directa  de la norma sustancial proveniente de error en  la apreciación de la prueba”.   

Fundamenta el cargo así:  

          En  los  hechos  de  la  sentencia  de  segunda instancia existe una  errónea  apreciación  sobre las circunstancias en que se produjo la captura de  los  procesados,  porque  los  empleados  de la empresa de seguridad llegaron al  lugar  de  los hechos antes o después de ocurridos, pero no en el momento justo  en  que  se  cometía  el delito, de lo cual se deriva una duda razonable porque  los  encartados  no fueron capturados en flagrancia, lo que le resta legitimidad  a las demás pruebas.   

          El  testimonio  de  Silvia  Margarita Barreto Varela, según el cual  dos  individuos  se  encontraban en el carro de uno de sus amigos y otros dos en  el  otro,  es  desvirtuado por los vigilantes que realizaron la captura, quienes  informan  que  todas  las  personas  fueron  aprehendidas  dentro  del  taxi que  conducía   una   de  ellas.  En  consecuencia,  no  realizaron  actos  idóneos  orientados  a la comisión y consumación del ilícito y, por tanto, la conducta  no  corresponde  a la de hurto calificado en la modalidad de tentativa porque no  se  reúnen  las exigencias de los numerales 1 y 4 del artículo 350 del Código  Penal.   

          Las  explicaciones  de  los procesados deben ser aceptadas porque no  están  en  contraposición  con ninguna otra prueba, y todas demuestran que son  ajenos  a  los  hechos. Al efecto, critica el informe policivo y la declaración  de  uno de los ofendidos, para retornar de nuevo a la tesis de la ausencia de la  flagrancia,  la que refuerza ahora con la valoración del testimonio del portero  del   edificio  donde  se  realizaba  la  fiesta.  Agrega  que  como  no  fueron  aprehendidos  dentro  de  los  vehículos  no se puede afirmar que hubiesen sido  sorprendidos  en el momento de cometer el ilícito; y como no se les decomisaron  los  destornilladores y el cortafrío que se dice portaban sino que estos fueron  entregados  a la policía por la ciudadanía, tampoco puede sostenerse que en su  poder  se encontraron objetos ni instrumentos de los que se deduzca que momentos  antes habían cometido un delito.   

          En  conclusión,  “el  fallador incurrió en violación directa de  la  norma  por aplicación en cuanto tergiversó y distorsionó el sentido de la  prueba  testimonial  recaudada, al valorar erróneamente su expresión fáctica,  haciendo  producir a la prueba allegada efectos probatorios que no se derivan de  su  contenido”.  Repite  el  cuestionamiento de la prueba y finaliza que “lo  anteriormente  expuesto  conlleva  a  la  violación por parte del fallador a lo  preceptuado por el art. 254 del C.P.P.”.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  SALA           

          1.  La  Corte rechazará la demanda y declarará desierto el recurso  de  casación  interpuesto,  por  no  reunir  los  requisitos establecidos en el  artículo  225  del Código de Procedimiento Penal, especialmente en cuanto hace  relación  a   “la  enunciación de la causal y la formulación del cargo  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas”.   

          2.   Resulta   contradictorio   que   se   invoque  como  causal  la  “violación  directa  de  la  norma  sustancial  proveniente  de  error  en la  apreciación  de la prueba”, pues cuando se alega violación directa el censor  no  puede  cuestionar  los  hechos ni la valoración probatoria contenidos en el  fallo  que  ataca;  en  cambio,  cuando  se  reprocha  el  yerro  derivado de la  apreciación  de  la  prueba,  debe  aducirse  la violación indirecta de la ley  sustancial.   

          3.  Este  inadmisible  error  de  técnica  sería  de  suyo  razón  suficiente  para  rechazar  in  límine  la  demanda,  como  que  en  virtud del  principio  de  limitación  le  está  vedado  a  la Corte escoger la causal, el  motivo,   el   sentido   del   ataque   y   los  argumentos  que  servirían  de  fundamento.   

            

4.  No  obstante, si de la sustentación del  cargo  pudiera  deducirse  que  es  a  la  causal  primera,  cuerpo segundo, del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  a  la que se refiere el  demandante,  el  libelo tampoco cumple con los requisitos previstos en el citado  artículo  225  del  estatuto  procesal,  pues  en  este  caso  el censor debía  establecer  con  exactitud  la  forma  de  error  que  invoca, esto es, “si la  violación  de la norma sustancial proviene de error de hecho o de derecho en la  apreciación  de  determinada  prueba”  y,  tratándose  del  primero,  si  el  fallador  incurrió  en él por falta de apreciación de la prueba (falso juicio  de  existencia),  o  porque  tergiversó, distorsionó o desfiguró el hecho que  revela  la prueba (falso juicio de identidad); o porque realizó una valoración  equivocada  de  los  hechos  (falso  raciocinio).  Cuando  se  aduce el error de  derecho,  el demandante debe precisar: a) si existió falso juicio de legalidad,  es  decir,  que  el  fallador  le  dio  a  la prueba un mérito diferente al que  expresamente  le  asigna la ley o que se otorgó sin que reuniera los requisitos  exigidos  por  la  norma;  o,  b)  si se presenta el falso juicio de convicción  porque  el  juez  se  equivocó  respecto  de  las  normas  que regulan el valor  probatorio de la prueba.   

          5.  Ninguna  de  estas  exigencias  cumplió el demandante, quien ni  siquiera  señala con precisión cuál es la norma sustancial que reputa violada  por  la  sentencia,  pues una vez dice que no se reúnen los requisitos que para  calificar  el  hurto  regulan  los numerales 1 y 4 del artículo 350 del Código  Penal,  en  otro párrafo le reprocha el desconocimiento de los artículos 301 a  303  del  Código  de  Procedimiento  Penal y finalmente sostiene que se produjo  “la  violación  por  parte  del fallador a lo preceptuado por el art. 204 del  C.P.P.”.   

          6.   Tan   evidentes  errores  de  técnica  reflejan  sin  duda  el  desconocimiento  del  censor  acerca  de  la  naturaleza  y alcances del recurso  extraordinario,  que  confunde  con una tercera instancia a juzgar por la manera  como  aborda la crítica de la prueba, pues en lugar de demostrar los errores en  que  incurre  el  tribunal  y  la  forma  como  debían  corregirse, se limita a  presentar  su  particular valoración probatoria y la mayor o menor credibilidad  que,  según  sus  apreciaciones, merecen los testigos y los propios procesados,  con  lo  que  no  logra, desde luego, desvirtuar las presunciones de legalidad y  acierto  de que goza el fallo recurrido.            

7.  En  consecuencia,  de conformidad con lo  dispuesto  por  el  artículo  226  del  C.P.P,  se  debe  rechazar la demanda y  declarar desierta la impugnación interpuesta.   

                En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

          RESUELVE   

                      Rechazar in  límine  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de JAIRO PUENTES  CUESTO.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso extraordinario de  casación interpuesto.   

                Contra esta providencia no  procede recurso alguno.   

          Cópiese     y  cúmplase   

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                   JORGE  ENRIQUE  CORDOBA  POVEDA                     

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                                           JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                                                                 CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR                        

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                              NILSON   PINILLA  PINILLA                                                          

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

   

    

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