14692(22-11-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 14692  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 180  

          Bogotá,  D.  C.,  veintidós  (22)  de  noviembre  de  dos  mil uno  (2001)         

          Decide  la  Corte  la casación interpuesta en defensa del procesado  WALTER  ARTURO OSORIO QUICENO  contra  la  sentencia  de  fecha  marzo  2 de 1998, mediante la cual el Tribunal  Superior  de  Medellín  confirmó  la  de  primera  instancia  proferida por el  Juzgado  21  Penal  del  Circuito  de  esa  misma ciudad, que condenó al citado  procesado  a  la pena principal de treinta y siete  (37) años de prisión,  como  autor  de  los  delitos  de  homicidio  en  concurso  homogéneo, lesiones  personales y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS  

De la sentencia impugnada se sabe que para el  año  de  1994,  la empresa Postobón instaló una caseta en inmediaciones de la  vivienda  de  José  Horacio  Correa Múnera, ubicada en el barrio Caicedo de la  ciudad  de  Medellín,  cuya  administración  fue  asumida por el citado, donde  expendía víveres y artículos de variada índole.   

En el mes de noviembre de ese mismo año, los  integrantes  de las bandas “Los Pocholos o los Calvos” y “Los Galvis o los  Quelos”  se  trabaron  en  una violenta riña en el pequeño negocio de Correa  Múnera,  en  la  que si bien nadie resultó lesionado, ocasionaron destrozos en  el   referido   establecimiento,  que  determinaron  a  su   propietario  a  solicitar   la  indemnización  respectiva  a  los  miembros  del  primer  grupo  referido.   

El  reclamo  fue  respondido con amenazas de  muerte,  situación  que obligó a Correa Múnera en el mes de febrero de 1995 a  acudir  a  las  autoridades;  sin  embargo, esta actitud exacerbó aún más los  ánimos  de  los pandilleros, quienes arreciaron la intimidación comandados por  Gabriel  Jaime  Perdomo  Guisao,  alias  “El  Duque”,  a  tal  punto, que el  afectado   pretendió   retirar   la   denuncia   con   miras  a  evitar  alguna  tragedia.   

          Sin  embargo, los temores del comerciante no fueron en vano, pues en  la  mañana  del  2  de  agosto  de  1995,  cuando  se encontraba en el local en  compañía  de  su  esposa  Dioselina  Holguín, de Luis Genaro Hoyos y Bertulfo  Ayala,  en  el lugar irrumpieron varios sujetos que repetidamente dispararon sus  armas  de  fuego hiriendo mortalmente a este último y a Correa Múnera, quienes  fallecieron  poco  después  en  el  trayecto a distintos centros asistenciales.             

          En  el  incidente  la cónyuge de Correa  Múnera también resultó con lesiones de alguna consideración.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  La Fiscalía Seccional de Medellín  abrió  la  investigación  y  con  fundamento  en  los  cargos  que  les fueron  elevados,    escuchó    en    indagatoria    a    los   hermanos   WALTER     ARTURO     y    JULIAN  OSORIO QUICENO, a quienes resolvió  su  situación  jurídica  el 7 de febrero de 1996 con detención preventiva por  el  doble  homicidio, en concurso con los delitos de lesiones personales y porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

          Ante  la  imposibilidad  de  obtener  la  comparecencia del también  imputado  GERMÁN  ERNESTO LONDOÑO BEDOYA,  no  obstante  la  orden  de  captura  impartida  en su contra, el  instructor  ordenó  su  emplazamiento,  de  manera  que  una  vez efectuado, lo  declaró  persona  ausente,  le  designó  defensor  de  oficio  y  después, en  providencia  del  24 de mayo de 1996, profirió en su contra idéntica medida de  aseguramiento por los mismos delitos.   

3.  Cerrada la investigación y surtido  el  traslado  de  rigor,  el  19  de  octubre de 1996, la Fiscalía calificó el  mérito  probatorio  de  las  diligencias  con resolución acusatoria contra los  sindicados   GERMÁN  ERNESTO  LONDOÑO  BEDOYA,  WALTER  ARTURO y JULIAN OSORIO  QUICENO,    como  coautores  de los delitos de homicidio en concurso homogéneo,  lesiones  personales  y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego de defensa personal,  confirmada  el  25  de  noviembre  siguiente  por  la homóloga Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Medellín  al  desatar  la apelación interpuesta por la  defensa (fs. 284 y s.s., 333 y s.s., cdno. 1)   

4.  Celebrada la audiencia pública, el  30  de  septiembre  de 1997 el Juzgado 21 Penal del Circuito de Medellín dictó  la  sentencia  mediante  la  cual, en consonancia con la resolución acusatoria,  condenó    al   procesado   WALTER   ARTURO   OSORIO  QUICENO  a  la  pena principal atrás señalada.   Los   procesados   JULIAN  OSORIO  QUICENO     y    GERMÁN    ERNESTO    LONDOÑO  BEDOYA    fueron    absueltos    de    los    cargos  imputados.   

El  Tribunal Superior de Medellín a través  del  fallo  objeto  de  la  impugnación  ordinaria,  de  fecha marzo 2 de 1998,  confirmó  integralmente  la decisión del a quo al pronunciarse sobre la alzada  presentada por el defensor del condenado.   

LA  DEMANDA   

Con  fundamento  en  el  numeral  3º  del  artículo  220 del Código de Procedimiento Penal entonces vigente (Decreto 2700  de  1991),  la  apoderada  del sindicado OSORIO QUICENO  acusa  la  sentencia  de  segundo  grado de haber sido  proferida  en  un  juicio  viciado  de  nulidad  por  violación  del derecho de  defensa.   

En la sustentación del reparo, a través de  un  lacónico  escrito,  la  demandante  afirma  el  carácter  normativo de los  principios  rectores  consagrados  en  los  estatutos  penal  y de procedimiento  penal;  alude  a  los  fines  del  Estado  al  tenor  del  artículo  2º  de la  Constitución  Política y menciona la consagración, con carácter fundamental,  de los derechos al debido proceso y a la defensa.   

Seguidamente  reseña el artículo 247 de la  codificación  procedimental  penal  (Decreto 2700 de 1991), en cuanto prescribe  los  requisitos probatorios del fallo de condena, que deben haberse producido en  el  respectivo  trámite  de  conformidad  con  los postulados del artículo 246  ibídem.   

Invoca  después  la  causal  de nulidad del  artículo  304-3º  ejusdem,  que  asevera  configurada  en  el  caso  de  autos  “cuando  le  fueron  denegadas  pruebas,  para  el  agotamiento  de  la  investigación,  cuando  se  desconoció  el  principio  de  averiguar    tanto    lo    favorable    como   lo   desfavorable”.    Nada   más   argumentó   con   miras  a  desarrollar  el  reproche.   

La  demandante aclara por último, que quien  le  precedió en la defensa alegó durante el proceso tal motivo de nulidad, sin  embargo  no  fue  dispuesta  por  los  juzgadores;  asimismo, que al deprecar la  absolución  de OSORIO QUICENO  por  insuficiencia  de la prueba, el fallador bien pudo acceder a dicho pedido o  declarar de oficio la invalidación de lo actuado.   

Por lo anterior solicita a la Corte que case  el  fallo  impugnado  y  en su lugar ordene “en qué  estado   queda   el   proceso,   disponiendo   su   remisión   al   funcionario  competente”      para     que     proceda     de  conformidad.   

CONCEPTO    DE   LA  PROCURADURIA   

          La  Procuradora Primera Delegada echa de  menos  las  exigencias  técnicas requeridas en la demanda de casación, pues la  actora  alude a unas pruebas de prescindida práctica pero no indica a cuales se  refiere,  sin  que le resulte viable a la Corporación entrar a escudriñar qué  elementos  de  juicio  omitidos son los que consideró indispensables y por ende  generadores  del vicio sustancial al no ser aportados.  Tampoco precisó la  trascendencia  de la supuesta irregularidad denunciada; en fin, encuentra que el  libelo carece por completo de fundamentación.   

         

          Acota   finalmente,   que  si  a  la  demandante  le  preocupaba  la  insuficiencia  probatoria,  como  parece  inferirse de la mención del artículo  247  del  estatuto  procesal  penal,  debió  alegar un error in iudicando en la  búsqueda  del  quebrantamiento  del  fallo  con  la consecuente absolución del  sindicado.   

          Por    lo    anterior,    solicita    no    casar    la    sentencia  impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

          Repetidamente  ha sostenido la Sala, en criterio traído a colación  en  el  presente  asunto,  que  si  bien  el planteamiento de la nulidad permite  alguna  amplitud,  no  resulta viable que el demandante pretenda su declaratoria  en  casación  sin  ningún  rigor técnico.  Por el contrario, también en  tales  eventos  la presentación y el desarrollo del ataque están sujetos a los  requerimientos  de  forma  y  contenido  que le son inherentes, de manera que el  censor  tiene  el  deber  de señalar la clase de nulidad invocada, que al tenor  del  artículo  304  del  derogado  estatuto  procesal  penal,  bajo  el cual se  adelantó  el  presente  trámite y que corresponde en esencia a las previsiones  del  artículo  306  de la codificación actualmente imperante, puede obedecer a  la  falta  de  competencia, a la violación del debido proceso como consecuencia  de   irregularidades   sustanciales,   o   por   el  menoscabo  del  derecho  de  defensa.   

En   relación   con  cada  una  de  tales  hipótesis,  al  actor  le  corresponde esbozar además en forma clara y precisa  sus  fundamentos,  citar  las  normas  que  estima  infringidas  y, desde luego,  acreditar  la  trascendencia del error in procedendo argüido, esto es, señalar  de  qué  manera  la irregularidad acusada afectó el trámite finalizado con la  sentencia   de   segundo  grado  impugnada,  para  concluir  con  un  pedido  de  invalidación  en  el  cual se deslinde el trámite afectado y la autoridad a la  cual deben remitirse las diligencias para su reposición.   

2.  En el caso de autos la apoderada del  sindicado  soslayó por completo estos infranqueables derroteros, al limitarse a  plantear  el  reproche  de  nulidad  argumentando  el  menoscabo  del derecho de  defensa,  pero  sin concretar ninguna irregularidad vinculada al quebrantamiento  de  dicha  garantía,  pues  a  renglón  seguido adujo un reparo genérico a la  validez  del trámite, frente al cual ningún desarrollo argumentativo consignó  con miras a demostrar su realidad e incidencia.   

En efecto, acusó simple y llanamente, que al  sindicado  OSORIO  QUICENO le  fueron     “denegadas     pruebas”  con  desconocimiento del principio de investigación integral, sin  embargo,  sustrajo el reparo de toda demostración por cuanto no indicó cuáles  fueron  los  elementos  de  juicio  pretendidos  por aquél o su defensor, en el  sumario  o  en  la  causa, que a pesar de su conducencia, pertinencia y utilidad  fueron  excluidos  de  su  aporte  al  proceso, privándole de la oportunidad de  demostrar  algún  aspecto  que habría determinado un sentido diferente para el  fallo  recurrido,  favorable  además para el implicado por excluir o atenuar su  responsabilidad.   

En fin, la demandante no intentó siquiera la  constatación  objetiva  de  la irregularidad acusada, se conformó con alegarla  en  forma abstracta perdiendo de vista que en la sede extraordinaria, por virtud  del  principio  de limitación, la competencia de la Corte está determinada por  lo  alegado  y  razonado  por  el  libelista,  sin que baste un enunciado de tal  naturaleza  para  impeler  a la Sala a la revisión de la legalidad del trámite  desde la perspectiva de la garantía que se asegura conculcada.   

          No  extraña  por ello que la solicitud de la censora adolezca de la  misma   vaguedad,  pues  en  este  punto  únicamente  reiteró  la  pretensión  invalidatoria,  dejando a la discrecionalidad de la Corte el señalamiento de la  actuación  viciada  y  el  funcionario al cual debía remitirse las diligencias  para la reposición del trámite.   

          3.    Además   de  las  impropiedades  atrás  comentadas,  la  Sala    advierte   que  la  demandante  con  violación  del  principio  de  autonomía,  bajo  el  ámbito de la nulidad sugirió con idéntico laconismo la  incursión  en  desaciertos  propios  de  una  causal  diferente  de  casación.   

          Ciertamente,  sin  subsidiariedad  y  con  desvío  al ámbito de la  causal  primera,  cuerpo  segundo, la libelista invocó los artículos 246 y 247  del  Decreto  2700 de 1991, recordando “las premisas  en   materia   probatoria   para  dictar  sentencia  condenatoria”  y  la  necesidad  de  sustentar  toda providencia en los medios de  persuasión  legal,  regular  y  oportunamente  allegados  a  la investigación;  aludió  asimismo,  al  pedido de absolución elevado durante las instancias por  la  insuficiencia  de  la  prueba,  al que bien pudieron acceder los falladores,  según  afirma,  exteriorizando  con  tal  planteamiento  su  conformidad con la  validez  de  lo  actuado para radicar entonces la discrepancia con el sentido de  la decisión atacada.   

          En  síntesis,  por  antitécnico  y  carente  de fundamentación el  cargo   no   prospera.    En   consecuencia,   el  fallo  recurrido  no  se  casará.   

Resta agregar que la aplicación retroactiva  favorable  de  las  disposiciones  contenidas  en  el  actual estatuto punitivo,  frente  a  las  normas preexistentes a los hechos investigados y con sujeción a  las  cuales  se  emitió la condena, si hubiere lugar a ella, le compete al Juez  de   Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de  conformidad  con  las  previsiones del artículo 79-7º del estatuto procesal penal.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          NO       CASAR       la      sentencia  impugnada.   

          Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

          Cópiese,   comuníquese,   devuélvase  al  Tribunal  de  origen  y  cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  ARBOLEDA RIPOLL               JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS                                 A.                                GÁLVEZ  ARGOTE               

JORGE   A.   GÓMEZ   GALLEGO                              EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN                              NILSON  PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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