14685(26-11-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 14685  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE:  

Dr. HERMAN GALAN CASTELLANOS  

APROBADO ACTA No. 169 (01-11-01)  

Bogotá,  D.C., veintiséis (26) de noviembre  de dos mil uno (2001).   

VISTOS  

El 11 de abril de 1997 un Juzgado Regional de  Cali   profirió  sentencia  condenatoria  en  calidad  de  determinador  contra  PHANOR  ARIZABALETA  ARZAYUS,  por  el  delito  de  secuestro  extorsivo  agravado  (art. 6 del decreto 2790 de  1990),  imponiéndole  28  años  de prisión y multa de 1.450 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  a  1992.  Al  dosificar  la pena se dijo que no se  partía  del  mínimo por concurrir “la circunstancia genérica establecida en  el  art.  66  del  C.P.”.  También  sentenció  como cómplices del delito de  secuestro   extorsivo,   sin   circunstancias   genéricas   o  específicas  de  agravación,  a  ORLANDO  CIFUENTES  ARZAYUS,  JUAN  CARLOS  BUENAVENTURA  HENAO  y   JOSE LAUREANO IBARGUEN DIAZ, sancionándolos con 12 años de prisión y  600  salarios  mínimos legales mensuales vigentes a la época en que ocurrieron  los  hechos.  Igualmente,  ordenó  la  interdicción  de  derechos  y funciones  públicas  por  diez  años,  los  conminó  al  pago  de  3.500 gramos oro o su  equivalente  en  moneda  nacional por perjuicios morales y materiales, y ordenó  la  cancelación de los siguientes títulos de propiedad: a) Escritura 1.563 del  11  de  junio  de  1992  de  la  Notaría  Séptima  de  Cali,  registrada  a la  matrícula   373-0001525 de Buga, b) Escritura 11.567 (Sic) del 11 de junio  de   1992   de  la  Notaría  Séptima  de  Cali,  registrada  a  la  matrícula  370-0144818,  c) Escrituras 1.564 y 1.565 del 11 de junio de 1992 de la Notaría  Séptima  de  Cali, registradas a las matrículas  370-0096068, 373-0039462  y  373  -0035264,  d)  Escritura  1.566  del  11 de junio de 1992 de la Notaría  Séptima  de Cali registrada a la matrícula 373-0034850, e) La cancelación del  traspaso  suscrito  por  HAROLD BARBOSA SOTO respecto del vehículo Toyota FJ62,  1988,  de  placas CAQ – 150  y la inscripción hecha a favor de HEBERTH SAAVEDRA RENDON.   

El  Tribunal   Nacional,  con  criterio  mayoritario,  desató  la apelación  y la consulta del fallo proferido por  el  a  quo,  mediante  sentencia  del 7 de octubre de 1997, en la que adecuó la  conducta  típica en el artículo 268 del C.P., precisando que “No se aprecian  circunstancias  genéricas  ni  específicas  de  agravación”.  La  agravante  deducida  en  primera  instancia  con base en el numeral sexto del artículo 270  del  C.P.  la revocó expresamente, así como la del artículo 66 del C.P., a la  que  no  acudió  en  el  proceso  de tasación de la pena. Procedió a fijar la  sanción  principal a PHANOR ARIZABALETA ARZAYUS en  9 años de prisión, y  a  ORLANDO  CIFUENTES  ARZAYUS,  JUAN  CARLOS BUENAVENTURA HENAO y JOSE LAUREANO  IBARGUEN  DIAZ  les  impuso 4 años de prisión. Revocó la multa y confirmó en  todo lo demás la decisión de primera instancia.   

En  el  salvamento de voto, un Magistrado del  Tribunal  Nacional  advierte que la conducta de los procesados no puede juzgarse  con  base  en el artículo 268 del C.P., sino en el artículo 6 del decreto 2790  de  1990, adoptado como legislación permanente por el decreto 2266 de 1991, por  ser  la  legislación  vigente al momento de la comisión del reato, debiéndose  eliminar la agravación específica de la pena.   

                     

Contra    la   sentencia   de  segunda  instancia,  el  Agente del Ministerio Público interpuso casación, la que ahora  procede a resolver la Sala.   

HECHOS  

CECILIA  INES  BARBOSA  SOTO,  residente  y  detenida  en  Canadá,  adeudaba  a  PHANOR ARIZABALETA  ARZAYUS la suma de $US. 200.000. Entre el 3 y el 10 de  junio   de   1992,  HAROLD  ALFONSO  BARBOSA  SOTO,  hermano  de  aquélla,  fue  secuestrado  por  orden  de  ARIZABALETA  ARZAYUS,  siendo liberado (a los siete  días)   cuando   traspasó  sus  bienes,  haciendo  lo  propio  su  esposa,  la  progenitora  y  un hermano, a personas desconocidas para ellos, actos que fueron  obligados a ejecutar para pagar la referida deuda.   

ACTUACION PROCESAL  

1.  La  Fiscalía  Regional  de  Cali  abrió  investigación   penal   con   resolución  del  22  de  abril  de  1993.  A  la  investigación  fueron  vinculados  mediante el procedimiento de declaración de  personas      ausentes      PHANOR     ARIZABALETA  ARZAYUS,  como  determinador  del  ilícito,  y  como  cómplices,  ORLANDO CIFUENTES ARZAYUS y JUAN CARLOS BUENAVENTURA HENAO. En esta  última  condición  se oyó en indagatoria a JOSE LAUREANO IBARGUEN DIAZ, todos  ellos  partícipes  en  el despojo extorsivo de los bienes de la familia BARBOSA  SOTO,  en  las  circunstancias relatadas en el capítulo anterior.  A ellos  se  les impuso medida de aseguramiento de detención preventiva con resoluciones  del 12 de diciembre de 1994 y el 25 de mayo de 1995.   

Cerrada la investigación, el 5 de octubre de  1995  una  Fiscalía Regional de Cali profirió resolución de acusación por el  delito  de secuestro extorsivo contra los procesados citados, en las condiciones  señaladas  en  el  párrafo anterior, adecuando la conducta en el artículo 268  del  C.P. pero con los efectos punitivos de que trata el artículo 6 del decreto  2790  de  1990.  Dispuso  precluir la investigación en contra de RICARDO RAFAEL  GENECO   PLA   por  muerte  del  procesado.  A  PHANOR  ARIZABALETA  le  formuló cargos por haber obrado como  autor  intelectual.  La  complicidad  de los demás se atribuyó, por ejecutar a  sabiendas  del  ilícito,  la siguiente actuación: a) ORLANDO CIFUENTES ARZAYUS  cumplió  la  misión  de  efectuar  el  avalúo  de  los  bines  del inventario  suministrado  por  el  secuestrado  a fin de constatar si con ello se cubría la  obligación  que  se estaba cobrando, y b) JUAN CARLOS BUENAVENTURA HENAO y JOSE  LAURENAO  IBARGUEN  DIAZ  por  haber  recibido  a  su  nombre  bienes que fueron  transferidos para la liberación de BARBOSA SOTO.   

El  19  de  enero de 1996 la Fiscalía Delega  ante  el Tribunal Nacional confirmó la resolución que calificó el mérito del  sumario  en primera instancia (fl. 478 a 492 del C.O.3), modificando únicamente  la  tipicidad  de  la  conducta  reprochada  a  PHANOR  ARIZABALETA,  en  el  sentido de agravarla conforme al  numeral 6 del artículo 270 del C.P.   

El  expediente  fue  enviado  a  los Juzgados  Regionales  de Cali. Asignado el proceso y agotado el procedimiento de la causa,  se  citó  para  fallo  conforme  al artículo 1 de la ley 99 de 1991, el que se  dictó  condenando  en  los  términos  referidos,  decisión  que  el  Tribunal  Nacional confirmó, con las modificaciones ya dichas.   

El  Procurador  Judicial  ante  el  Tribunal  Nacional  interpuso  recurso  de  casación, el cual la Sala procede a resolver.   

LA  DEMANDA   

Primer   cargo.   

Con  base  en  la causal primera de casación  acusa  la  sentencia  de  violar  directamente  la  ley sustancial, por falta de  aplicación   del   artículo   6  del  decreto  2790  de  1990,  adoptado  como  legislación  permanente  por el artículo 11 del decreto 2266 de 1991, omisión  que  llevó  a  aplicar  indebidamente  el  artículo  268  del  C.P., error que  incidió  en  la  determinación  de  la  punibilidad  aplicada  en la sentencia  recurrida a los procesados.   

Los  hechos materia de juzgamiento ocurrieron  en  el  lapso  comprendido  entre  el 3 y el 10 de junio de 1992, época para la  cual  estaba  vigente  el decreto 2790 de 1990, por lo que el régimen jurídico  establecido  con  el Estatuto para la Defensa de la Justicia es el aplicable por  tipicidad y punibilidad a la conducta investigada.   

Segundo   cargo.   

El   fallo   del   tribunal  es  violatorio  indirectamente   de  la  ley  sustancial, proveniente de error de hecho por  falso  juicio de identidad, al apreciar erróneamente la denuncia, de la cual se  deriva  una  circunstancia  de  agravación  de  la  pena, dado que la sentencia  eliminó  la  circunstancia  de intensificación punitiva prevista en el numeral  sexto del artículo 270 del C.P., norma que resultó inaplicada.   

                                    

El juez colegiado incurrió en tergiversación  de  la prueba pues desde el primer momento de la retención de HAROLD BARBOSA se  evidencia  que  estuvo  sometido  a  amenazas  de  muerte  contra su vida, hecho  relatado  en  el  escrito  de  denuncia.  A los folios 63 y 64 se destaca prueba  respecto  a que la víctima recibió llamadas con el mismo propósito: lograr la  cancelación de la deuda.   

La  defensa  no  controvirtió  la  agravante  enrostrada  en  la  resolución de acusación, habiendo tenido la oportunidad de  hacerlo.  En  consecuencia  el  demandante “no comparte la apreciación que el  juzgador   de  segunda  instancia  hizo  respecto  de  las  amenazas”,  porque  consideró  las  que  se  hicieron  únicamente  en  el  mes  de  marzo de 1993,  “desestimando  que la conducta delictiva investigada se extendió en el tiempo  y  al  momento  de  efectuarse  las  citadas  comunicaciones  aún  no se había  agotado”.  Resulta  un  error  no  considerar  que el ofendido fue obligado al  esgrimirse  un  arma  de  fuego  sobre  su  cabeza,  hecho  ocurrido  durante el  secuestro,  lo  que  aunado  a  las  amenazas posteriores “constituyen un solo  propósito criminal”.   

                     

Petición  

Solicita  a  la Corte casar la sentencia para  que  se  declare la responsabilidad de los procesados por el delito de secuestro  extorsivo  agravado, tasándose la pena privativa de la libertad y pecuniaria de  conformidad  a  la  consagrada  en  el  artículo  6  del decreto 2790 de 1990 y  teniendo  en  cuenta  la circunstancia de agravación punitiva del numeral sexto  del  artículo  270  del C.P. para el determinador y los cómplices vinculados a  este proceso.   

NO RECURRENTES  

El     apoderado     de    PHANOR  ARIZABALETA  ARZAYUS,  vencido  el  término  de  traslado  a  los  no recurrentes (fl 138, 150 a 187 del C. Trib.),  presentó  alegaciones  oponiéndose  a las pretensiones esbozadas por el Agente  del Ministerio Público en la demanda de casación.   

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO  PUBLICO   

Al primer cargo.  

Para  la  Delegada  todas  las modalidades de  secuestro  realizadas  para  los  efectos  del  artículo  268  del  C.P. fueron  modificadas  por el artículo 6 del decreto 2790 de 1990, eliminando la dualidad  normativa   que   “era  válida  respecto  del  decreto  180  de  1988”.  En  consecuencia  como  la conducta sub judice  ocurrió  entre el 3 y el 10 de junio de 1992, debe aplicarse como  normativa   sancionadora   la   contenida   en   el   artículo  6  ibídem,  sugiriendo  a  la Sala casar la  sentencia  y  dosificar la punibilidad entre veinte y veinticinco años, y multa  de  un  mil  a dos mil salarios mínimos legales mensuales, conforme al grado de  autoría  y  complicidad  que  le  corresponde  a  cada  uno  de los procesados.   

Segundo Cargo.  

El reparo adolece de fallas de técnica. Así  por  ejemplo  omitió   “singularizar  los textos concretos” que fueron  “objeto  de  tergiversación”  y  el  falso  juicio  de  identidad señalado  termina  en una discrepancia con el mérito otorgado a los elementos de donde en  sentir del censor se deriva la circunstancia intensificadora.   

De   otra   parte   como  las  razones  del  ad  quem fueron dos para no  agravar  la  pena,  cada  reproche debió hacerse de manera separada debido a su  diferente  origen, a saber: a)  Haber  prescindido  de medios probatorios por razones equivocadas de protección  del  derecho  de  defensa,  lo  que  ha  debido  invocarse  como falso juicio de  existencia  por omisión, y b)  En  cuando  a  las  amenazas,  porque  tomó  solamente  parte  de  la  conducta  desestimando  las  que  se realizaron en el inicio, cuando el reato se extendía  en  el  tiempo,  constituye  argumento  que  refleja un eventual falso juicio de  existencia  por  omisión.  El  cargo  también  implica  una observación sobre  valoraciones,  dado  que el juzgador estimó que las amenazas eran posteriores a  la  retención  de  la  víctima  y correspondían a otro tipo diferente de  acción.   

              

Se solicita desestimar el cargo.  

Las alegaciones de la parte no recurrente, por  haberlas presentado extemporáneamente no se tendrán en cuenta.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

                                   

La  Sala  examinará primero los cargos de la  demanda  a  la  luz  de  la  legislación  vigente  a  la  época del hecho y en  capítulo   aparte   hará   el   análisis   correspondiente  al  tránsito  de  legislación,   principio   de   favorabilidad   y  dosificación  de  la  pena.   

I. Primer cargo.  

1.  El casacionista sostiene que la sentencia  proferida  por  el  Tribunal Nacional aplicó indebidamente el artículo 268 del  C.P.  e  inaplicó  el  artículo  6  del  decreto  2790 de 1990, incurriendo en  violación directa de la ley sustancial.   

2.  El  Juzgado  Regional en la sentencia que  finiquitó  la  primera  instancia  condenó  a  los  procesados, invocando como  fundamento  jurídico:  “en  el  presente evento se  ejecutó  el  comportamiento  delictual  descrito como Secuestro Extorsivo en el  art.  268  del C.P. (…), con la pena establecida en el art. 6 del Decreto 2790  de  1990  adoptado  como legislación permanente por el art. 11 del Decreto 2266  de  1991, el cual se encontraba vigente para la época de los hechos materia del  proceso”.   

3. El Tribunal Nacional, como juez de segundo  grado,   bajo   el   argumento  que  la  adecuación  típica  dependía  de  la  “finalidad  de  la  acción realizada en cada caso particular”, señaló que  los  hechos  juzgados  corresponden al artículo 268 del C.P., por cuanto que el  fin  no  fue  otro  que  “constreñirlo a pagar una  obligación   de doscientos mil dólares” que la  hermana  de  la  víctima  había recibido en 1991 y que no pagó a PHANOR   ARIZABALETA.  En  este  caso  los  móviles  no  corresponden  a los del decreto 2790 de 1990, sino a la naturaleza  originaria  del código penal. El Salvamento de voto no se hizo esperar y uno de  los  integrantes  de  la Sala de Decisión prodigó el criterio del a  quo, apartándose de la aplicación de  las  circunstancias  intensificadoras  en  razón  a  que  no  fueron  objeto de  sustentación en la providencia que calificó el sumario.   

4.  Una  precisión acerca de los fundamentos  fácticos  demostrados  permite  mayor claridad en cuanto al orden jurídico que  debe aplicarse en el asunto sometido a examen de la Corporación.   

Refiere  el  proceso  que HAROLD BARBOSA SOTO  acordó  con  una  persona que dijo ser abogado una reunión para tratar asuntos  relacionados  con  la  deuda  de  su  hermana  INES.  El  3 de junio de 1992 fue  recogido  en  el Hotel Intercontinental de la ciudad de Cali en un Toyota verde.  El  vehículo  extrañamente fue conducido hacia Yumbo, donde cinco personas los  esperaban  en  un  Renault  12  azul,  quienes ordenaron ser seguidos. Unos diez  kilómetros  adelante, una de las personas que viajaba en la parte de atrás del  jeep  colocó  un  revólver  en  la  cabeza de aquél diciéndole “que era un  secuestro  ordenado por el patrón”, para recuperar el dinero que le debía la  hermana.  El 10 de junio fue liberada la víctima, luego de traspasar los bienes  de   la   manera  como  se  informó  en  los  antecedentes  fácticos  de  esta  providencia.   

         

5.  Las formas de  secuestro  previstas  en  los  artículos  268,  269  del Código Penal y 22 del  decreto  180 de 1988, y los conflictos surgidos con base en estas disposiciones,  fueron  superados  con  el  artículo  6º.  del  decreto 2790 de 1990, dado que  siempre  que  la acción se hubiere ejecutado a partir del 16 de enero de 1991 y  antes  del  20  de  enero  de  1993, y si lo perseguido eran los propósitos del  artículo  268  del C.P., la norma aplicable es la del artículo 6º. del citado  decreto  2790,  acogido  como  legislación  permanente  por el artículo 11 del  decreto 2266 de 1991.   

Como los hechos aquí investigados acaecieron  entre  el 3 y el 10 de junio de 1992 (vigencia del decreto), y el fin fue exigir  por  la  libertad  de  HAROLD  ALFONSO  BARBOSA  SOTO  el pago de una deuda (que  constituye  el  provecho  o cualquier utilidad a que se refiere el artículo 268  del  C.P.),  es  indiscutible que la legislación aplicable al caso sub  judice corresponde a la del artículo  6º. del decreto 2790 de 1990.   

Sobre  este  tema, en múltiples ocasiones la  Sala,  con  razones  idénticas  a las examinadas en esta oportunidad, de manera  unánime  ha sostenido, que la sanción aplicable no es la del artículo 268 del  C.P.,  sino  la  del   2790  de  1990,  porque  además de cumplirse con la  descripción  típica  se  dan  dos  exigencias  especiales  más: la acción se  desarrolló  en vigencia del citado decreto y los fines son los señalados en el  artículo         268        ibídem.        1   

La  Corporación,   ha hecho precisiones  que  por  venir  al asunto analizado, se procede a invocar como sustento de esta  decisión,         a         saber:         2   

         

“Es  necesario  advertir  previamente  que,  en  relación  con el delito de secuestro extorsivo  examinado  en  este  proceso,  la  norma  aplicable  es la del artículo 6° del  Decreto  2790  de 1990, acogido como legislación permanente por el artículo 11  del  Decreto  2266  de  1991,  dado  que los hechos acaecieron el 19 de enero de  1993,  y  no  es  pertinente  la  Ley 40 del mismo año, que sustituyó aquellas  disposiciones,  pues  ella  apenas empezó a regir al día siguiente.  Así  entonces,  el precepto procedente dice que el delito de secuestro se sancionará  con  prisión  de  veinte  (20) a veinticinco (25) años y multa de un mil a dos  mil    salarios   mínimos   legales   mensuales,   entre   otras   alternativas  comportamentales,  cuando  “persiga  los  objetivos  enunciados    en    el    artículo    268    del    Código   Penal”.   Y  los objetivos que trae esta disposición, según los  cuales  el  secuestro  de  una  persona  se  califica como extorsivo, son los de  “exigir  por  su libertad un provecho o cualquier utilidad, o para que se haga  u    omita    algo,    o    con    fines    publicitarios    o    de   carácter  político”.   

“Cuando  las normas contienen expresiones  afines  tales  como  “perseguir  objetivos”,  o  “con  el propósito”, o  “para”,  o  “con  fines”,  que corresponden a  predicados de verbos  rectores   y   denotan   sólo  finalidad  y  no  necesariamente  otra  conducta  concreta  o realizada, con  razón   dice   la  dogmática  jurídico-penal  que  tales  manifestaciones  se  identifican   como   elementos  subjetivos  del  tipo  de  secuestro  extorsivo,  distintos  del  dolo,  que  como tales no exigen su cristalización para que sea  completa  la  tipicidad del delito.  Desde luego que la adecuación típica  del  hecho  punible de secuestro extorsivo sí exige un comportamiento externo y  central  de “arrebatar”, “sustraer”, “retener” u “ocultar” a una  persona,  pero  no  es  necesario  que  se  haya  concretado,  verbigracia,  una  exigencia  económica, pues basta que el sujeto haya privado de la libertad a la  víctima asistido de dicho propósito”.   

            

                               

6.   Habiendo   admitido   el  Tribunal  la  comprobación  de los hechos denunciados por HAROLD BARBOSA de la manera como ha  quedado  expuesta,  debió  adecuar la conducta de los procesados, en calidad de  determinador      para      PHANOR     ARIZABALETA  ARZAYUS   y  de  cómplices  para  ORLANDO  CIFUENTES  ARZAYUS,  JUAN  CARLOS  BUENAVENTURA HENAO y JOSE IBARGUEN DIAZ, en el artículo  6º.  del decreto 2770 de 1990, aplicando la pena como allí se establece, error  que la Sala corregirá casando la sentencia con dicho propósito.   

En consecuencia, al dosificar la pena, tendrá  en  cuenta  el  nuevo  código  penal  (Ley  599  de 2000) sólo en cuanto pueda  resultarle favorable al procesado.   

II.    Segundo  cargo.   

                                     

Violación   indirecta.   Falso   juicio   de  identidad.   

1.  La  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por error de hecho en la apreciación probatoria, derivada del falso  juicio  de  identidad,  se  presenta  cuando  al  apreciar el contenido fáctico  objetivo  de  la  evidencia,  el  fallador  lo  tergiversa,  cercena o adiciona,  poniéndolo  a  producir  efectos  que  no  se  desprenden  de  su  texto. En su  demostración  se  exige que la demanda exprese qué dice el medio, qué dijeron  los  juzgadores,  en  qué  consistió  el  desacierto y cómo repercutió en la  parte  resolutiva del fallo.   

                                             

2. En la situación sometida a estudio de la  Sala  únicamente se reprochó el fallo del Tribunal con base en un falso juicio  de  identidad  respecto de una prueba, la denuncia presentada por HAROLD ALFONSO  BARBOSA  SOTO. En estas condiciones se procede a establecer si el ataque se hizo  adecuadamente,  conforme  a  la técnica que para ese modo de violación reclama  el   legislador   y   las   pautas   que   la  jurisprudencia  ha  señalado  al  respecto.   

3.  En el numeral 5.3 de los considerandos de  la  sentencia del Tribunal Nacional realizó un resumen literal, abarcando todos  los  aspectos  indicados  en  la  denuncia presentada por HAROLD ALFONSO BARBOSA  SOTO.  En  el  acápite 5.3.1. se admitió la retención de aquél durante siete  días,  la  lesión  patrimonial  ilícita, sin hacerse ninguna referencia a las  circunstancias  relacionadas  con  las  amenazas  contra la vida del denunciante  para  obtenerse  “lo  exigido”,  ocurridas  desde  el  momento  en  que  fue  encañonado  con  un revólver cuando viajaban en el jeep Toyota, instante en el  que  se  le  confirmó  la  situación  en  que  se encontraba, los motivos y el  propósito  que buscaba ‘el  patrón’.  En  el numeral  5.7.   el  ad  quem  sostuvo que debía eliminarse la agravante específica  del  numeral  sexto del artículo 270 del C.P., aduciendo como razones: a) No se  imputó  en  la  indagatoria,  solamente se hizo en la calificación del sumario  por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal,  al  resolver  el  recurso  de  apelación,   por   lo   que   el  procesado  no  pudo  ejercer  el  derecho  de  contradicción,  b)  La  amenaza “mencionada en el fallo de condena se produjo  en  el mes de marzo de 1993”, lo que daría lugar a “un conato de extorsión  o      de      constreñimiento”,      perseguible      en      investigación  diferente”.   

4.  En  la labor cumplida por el actor no se identificó suficientemente  en  el  campo probatorio el error atribuido al fallo de segunda instancia,   no  abarcó  la  totalidad de las pruebas, predicó el falso juicio de identidad  con  respecto  a  la  denuncia,  cuando en el desarrollo acepta que el yerro del  Tribunal  se  generó  al  argumentar  que  no  fue  imputada la agravante en la  indagatoria  y  la amenaza se presentó después de haber cesado el secuestro de  BARBOSA SOTO.   

5.  Las  conclusiones  de la providencia de  segundo  grado,  según  el  demandante, obedecen a una “tergiversación de la  prueba”,  sin  embargo,  al  ocuparse  de  su  demostración  señala: “este  libelista  no comparte la apreciación que el juzgador de segunda instancia hizo  respecto  a  las  amenazas”.  Aquél corresponde al falso juicio de identidad,  vinculado  con el tenor literal de la prueba como se dijo antes, en tanto que el  segundo  argumento,  parte del supuesto de que el juzgador respetó el contenido  material  de  la evidencia, dándose el desconocimiento de la ley sustancial por  un  error  en  las reglas de la sana crítica, relacionadas con postulados de la  ciencia,  máximas  provenientes  de  la experiencia o principios de la lógica.   

                                    

Según  se  acaba  de establecer  el  error  de  identidad  por  tergiversación  es sustancialmente  distinto  al  que proviene del desconocimiento de las reglas de la sana crítica  en  la valoración de su mérito persuasivo, lo cual significa que su alegación  no  podía  ser  invocada  simultáneamente,  como  en  este  caso lo asumió el  censor,  así  el  reparo  se  hiciese  bajo  la  concepción  de  que tal yerro  correspondía  al  falso  juicio de identidad (hoy falso raciocinio), por cuanto  el desarrollo y la demostración de aquellos son diversos.    

         

El cargo no prospera.  

III.    Principio  de  favorabilidad  (artículo 169 de la ley 599 de 2000).   

El  artículo  6º.  del  D.  2720  de 1990  dispuso  una  pena privativa de la libertad de 20 a 25 años de prisión y multa  de  un  mil  a  dos  mil  salarios  mínimos.  Los  juzgadores  de  instancia se  abstuvieron  de  aplicar  el  artículo  1º.  de la ley 40 de 1993 por ser más  gravoso,  optando  por la ley del hecho vigente al momento de la comisión de la  conducta punible.   

El  artículo  169  del  nuevo código  penal  establece  para  el secuestro extorsivo una pena privativa de la libertad  de  18  a  28  años  de prisión y una multa de 2.000 a 4.000 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes.  Es  decir,  que  no obstante ser el máximo de la  prisión   y  la  multa  superior,  en  relación con la disposición penal  aplicada  en  la primera instancia, el mínimo es inferior y, dados los factores  a  considerar en la tasación de la pena, la aplicación del artículo 169 de la  actual  legislación   resulta  más  benigna  para los incriminados, si se  tiene  en  cuenta que la pena privativa de la libertad para este reato, es ahora  inferior a la señalada en el decreto 2790 de 1990.   

En la aplicación de la ley debe preferirse  la  ley  favorable  a  la restrictiva o desfavorable, en cuanto toca con la pena  principal como con las accesorias.   

En consecuencia, no es posible confirmar sin  modificaciones  la  sentencia de primera instancia, como resultaría factible al  casar  el  fallo  de segunda instancia, por cuanto que, al no prosperar el cargo  segundo   de   la   demanda,   esa  decisión  del  a  quo resultaría mas gravosa en relación con la nueva  legislación.   

V. Pena a imponer a  PHANOR ARIZABALETA  ARZAYUS.   

La   pena   que   corresponde   imponer  a  Phanor     Arizabaleta    Arzayus   se  fijará,  como  ya se dijo, con  base en el artículo 169  del  C.P.  vigente  (Ley 599/00). Como quiera que el segundo cargo de la demanda  no   prosperó,  no  es  posible  atribuirle  la  circunstancia  específica  de  agravación  establecida  en el numeral 6º. del artículo 270 del C.P. de 1980,  hoy  artículo  170. Ahora bien, si el Tribunal al dosificar la pena estimó que  no   concurrían   circunstancias   genéricas   de   agravación  dado  que  la  orientación   del   fallo  del  ad  quem  en  éste  último  sentido  no  fue  impugnada  en  casación, se  mantiene  incólume  y  así  la  Sala  debe  partir del supuesto admitido en la  segunda  instancia,  esto  es,  que con el comportamiento delictivo atribuido al  procesado  no  concurren  circunstancias  agravantes  genéricas ni especificas.  Tampoco  se reconocieron atenuantes.   

Dados los anteriores presupuestos es evidente  entonces  que no se precisa aplicar las reglas señaladas para dosificar la pena  conforme  a los nuevos parámetros de la ley penal, indicando un marco punitivo,  la  fijación  de  cuartos punitivos y el ámbito de movilidad del sentenciador,  pues  le  resulta  más  benigno  al  procesado  que  se  acuda  a los criterios  señalados  por  la  ley penal vigente para la fecha de los hechos (art. 61 C.P.  anterior).   

Los  factores  admitidos  por el  ad  quem  y que aún tienen vigencia en  este  momento  para  la  tasación de la pena de PHANOR  ARIZABALETA  corresponden  a los siguientes criterios:  a)  La  gravedad  de la conducta en tanto que afectó por tiempo considerable la  libertad  de  locomoción  de  la  víctima.  b)  La  modalidad  de  la acción,  engañosa  y  ladina para convocar al secuestrado a una falsa reunión, logrando  así  que  saliera  del Hotel “Intercontinental” en donde se encontraba para  conducirlo  luego  mediante intimidación y violencia al lugar de su retención,  de  donde  sólo  fue  liberado  cuando  se efectuó el  traspaso de bienes  exigido  para  el pago de una deuda, para lo cual se valió de la participación  criminal  de  cómplices  y testaferros. De esta manera se afectó el patrimonio  de  varias  personas, con notoria entidad del daño material y moral ocasionado,  no  sólo   a la víctima del secuestro sino también a sus familiares más  cercanos  que  tuvieron  que  disponer  de  su patrimonio (apartamentos, casas y  vehículos)  para  obtener  la  liberación  de  aquél.  Todo  ello  revela  la  preparación  ponderada  del  hecho  y  la  naturaleza del dolo que precedió la  conducta.    

Incuestionablemente,  por las circunstancias  anotadas,  resulta  necesaria  la  imposición  de  una pena proporcional con la  ofensividad  de  la  conducta  juzgada.  La  sociedad  colombiana ha contemplado  consternada  en  los  últimos  años  cómo  a  la administración de justicia,  propia  de  un estado de derecho, se le ha pretendido reemplazar por la de orden  privado,  sin otras razones que la del más fuerte, que exhibe un poder derivado  de  la  ilegitimidad propia de las actividades ilícitas. La justicia civilizada  se  cumple dentro de los extremos que reconocen en el trabajo una manera lícita  de  adquirir  bienes  en  beneficio  de  cierta calidad de vida, en oposición a  quienes  pretenden obtener los beneficios por medios diferentes, contrarios a la  ley   y  al  derecho.  Para  unos,  el  orden  jurídico  les  ofrece  su  total  protección,  para los otros la necesaria imposición de una sanción que cumpla  a  cabalidad  sus  funciones  de  retribución  justa y de prevención general y  especial.  La  pena lenitiva ante la entidad del daño causado, es tan nociva en  una  comunidad  organizada  en  el  derecho,  como la que excede los límites de  su  necesidad.   

Los aspectos acabados de reseñar justifican  que  la pena que debe ser impuesta a PHANOR ARIZABALETA  ARZAYUS  sea  de  veinte  (20)   años y seis (6)  meses de prisión.   

Además,  ha  de  ser  condenado a pagar una  multa  que  por  las razones de favorabilidad  señaladas por la Corte para  el    reciente    cambio    de    legislación    3,  debe  ser  de 1.450 salarios  mínimos  legales  mensuales,  es  decir,  la  misma  que  le fue impuesta en la  primera  instancia  al  tenor  de  código  penal  anterior, que en este preciso  aspecto  le  resulta  más benigna si se tiene en cuenta que la nueva ley impone  para  el  secuestro  extorsivo  multa  de   2.000 a 4.000 salarios mínimos  legales mensuales vigentes.   

Debe purgar, igualmente, como pena accesoria  la  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por un término de diez  años.   

VI.  Pena  imponible  a  ORLANDO  CIFUENTES  ARZAYUS,   JUAN  CARLOS  BUENAVENTURA  HENAO  y  JOSE  LAUREANO  IBARGUEN  DIAZ.   

Como  no  se  imputaron  agravantes  ni  se  reconocieron  atenuantes,  en  la  dosificación de la pena para los partícipes  influyen  los  factores  señalados  para  PHANOR  ARIZABALETA, a excepción del  grado  de  participación  que  en las instancias se les reconoció a título de  cómplices,  amén  que  el  beneficio  ilícito  obtenido  por  éstos resultó  ínfimo   en   comparación   con  el  logrado  por  el   determinador  del  hecho.    

Los aspectos acabados de reseñar justifican  que  la  pena  que  debe  ser  impuesta a ORLANDO CIFUENTES ARZAYUS, JUAN CARLOS  BUENAVENTURA  HENAO  y  JOSE  LAUREANO  IBARGUEN  DIAZ sea de diez (10) años de  prisión.  Además  de  una  multa,  que por las razones a que se viene haciendo  referencia  debe  ser  de  600 salarios mínimos legales mensuales. Deben purgar  igualmente  como  pena  accesoria  la  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por un término de diez años.   

                                  

Otras determinaciones.  

                                  

1.  Por  encontrar  la  Sala  que  el  fallo  adoptado  en  primera  instancia  el 11 de abril de 1997 por el Juez Regional de  Cali  se  ajusta  en  su  integridad  a  lo que en derecho debe proferirse en el  caso   sub judice,   se  mantendrá  sin  modificación lo ordenado en los numerales tercero, cuarto,  quinto  y  sexto de la parte resolutiva,  aclarándose el sexto de la parte  resolutiva,  en  el  sentido  que  la  escritura  citada  con  el  número 11567  corresponde  realmente  al  número  1567, considerando que la diferencia de los  guarismos  obedece  sólo  un  error  de  trascripción y, además,  que la  matrícula  inmobiliaria donde se registró la escritura 1566 del 11 de junio de  1992   de   la  Notaría  Séptima  de  Cali  corresponde  al  373  –  0044261,  según cita que se hace en  instrumento público en mención.   

2.  La  Sala  con  providencia  del  1  de  septiembre  de  1998  otorgó  la  libertad provisional a JOSE LAUREANO IBARGUEN  DIAZ   con   base   en   lo   dispuesto   en   el   artículo  415  –   2  del  Código  de  Procedimiento  Derogado.  Se  tuvo  en  cuenta  que  hasta ese momento regía la pena de cuatro  años  de  prisión  impuesta  por el Tribunal.  Como a la fecha del citado  auto  de  la Corte el procesado acumulaba un total de pena purgada de 48 meses y  17  días  (39 meses y 16 días en detención física y   9 meses y un  día  por  redención  de pena por trabajo),  se otorgó la excarcelación,  la  que  se  hizo  efectiva  a  partir  del 4 de septiembre de 1998. Las razones  jurídicas  que  permitieron disponer la libertad del señor IBARGUEN DIAZ en la  decisión  referida desaparecen con lo dispuesto en esta sentencia, sin que como  consecuencia  del  fallo  de  la  Sala  sobrevenga  para  el procesado motivo de  libertad,  por  lo  que  debe  disponerse  la  captura  para  que  sea  puesto a  disposición  del  que  dictó  la  sentencia  en  primera instancia, o haga sus  veces,   o   del   juez  de  ejecución  de  penas,  según  sea  el  caso.   

ORLANDO  CIFUENTES  ARZAYUS  solicitó  la  libertad  por  pena  cumplida,  petición  de  la  que  se  corrió traslado por  competencia  al  juez de primera instancia, según se dispuso en providencia del  pasado  agosto  31  de  2000,  sin  que  se  le  haya  comunicado a esta Sala la  decisión adoptada.   

El  alegato presentado en el término de los  no    recurrentes    no   es   tenido   en   cuenta,   dado   que   se   allegó  extemporáneamente.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  –  SALA DE CASACION PENAL-,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la Ley,   

RESUELVE:   

Primero.  CASAR  PARCIALMENTE  la sentencia recurrida.   

Segundo. Condenar a  PHANOR  ARIZABALETA ARZAYUS a  la  pena  principal  de  veinte (20) años y seis (6) meses de prisión y a  pagar  una multa de 1.450 salarios mínimos legales mensuales, como determinador  responsable  del  delito  de secuestro extorsivo, por las razones consignadas en  la parte motiva de esta providencia.   

Tercero. Condenar a  ORLANDO  CIFUENTES  ARZAYUS,  JUAN  CARLOS  BUENAVENTURA  HENAO  y JOSE LAUREANO  IBARGUEN  DIAZ a la pena principal de diez (10) años de prisión y una multa de  600   salarios  mínimos  legales  mensuales,  como  cómplices  del  delito  de  secuestro  extorsivo,  con  fundamento  en  lo  considerado en esta providencia.   

4.  Se  mantienen  sin  modificación  los  numerales  tercero,  cuarto,  quinto  y  sexto  de  la  parte  resolutiva  de la  sentencia  condenatoria proferida el 11 de abril de 1997 por el Juzgado Regional  de  Cali  en  contra  de  PHANOR ARIZABALETA ARZAYUS, ORLANDO CIFUENTES ARZAYUS,  JUAN   CARLOS   BUENAVENTURA  HENAO  y  JOSE  LAUREANO  IBARGUEN  DIAZ,  con  la  aclaración  al  numeral  sexto de la parte resolutiva, según lo expuesto en la  parte motiva de esta providencia.   

                                  

5.  Disponer  la  captura  de  JOSE LAUREANO  IBARGUEN  DIAZ  por  las  razones expuestas en la motivación de esta decisión.   

En firme esta decisión regrese la actuación  al funcionario competente.   

Cópiese,   notifíquese   y   cúmplase.   

         

CARLOS E. MEJIA ESCOBAR  

Salvamento parcial de voto  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                                       JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                                CARLOS    A.    GALVEZ  ARGOTE                                            

JORGE         A.         GOMEZ  GALLEGO                                           EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON                          NILSON E. PINILLA PINILLA   

Salvamento parcial de voto  

         

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1 Bajo  estas  condiciones  y  en  el  sentido  indicado  se  ha  decidido  mediante las  providencias  proferidas en  los  procesos: 13566, 12 de noviembre/99,  M.P.  Dr.  Jorge  E.  Córdoba  Poveda;  13555, diciembre 3/99 y 12495 de agosto  11/99, M. P. Dr. Alvaro Orlando Pérez Pinzón.   

2 M.P.  Dr. Jorge Aníbal Gómez Gallego,  11 de agosto de 1999.   

3  C.S.J.   Unica   Instancia   No.   16.837.   M-P.   Dr.   Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego.     

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