14585(18-10-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     N°  14585   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

Aprobado    Acta  No.159   

          Bogotá,  D.C.,  dieciocho  (18)  de  octubre de dos mil uno (2001).   

VISTOS  

          Se  ocupa la Sala del fondo del recurso de casación interpuesto por  la  defensora  del  ciudadano  Carlos Alberto Guzmán,  a  quien  se  ha  condenado  por los delitos de acceso  carnal abusivo con menor de catorce años y corrupción agravados.   

HECHOS  

          Sucedieron  en  Bogotá,  en  los  primeros  meses  de  1996,  en un  establecimiento  comercial  localizado  en la calle 12 No. 6-45 y en el inmueble  de  la  calle  101  No.  53-98, donde el señor Carlos  Alberto  Guzmán  aprovechando  los momentos en que se  encontraba  a solas con la niña Andrea del Pilar Urrego Briceño, de 8 años de  edad,  sobrina  de  su  esposa  e  hija  de  la señora que les colabora con los  trabajos  domésticos,  la  sometió  en varias oportunidades a diferentes actos  sexuales.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Con  fundamento  en la denuncia formulada por la madre de la menor y  el  dictamen  de  medicina  legal,  la  Fiscalía  44  de la Unidad de Reacción  Inmediata  de  Bogotá con sede en Engativá ordenó la apertura de instrucción  el   9   de  mayo  de  1996  y  vinculó  mediante  indagatoria  a  Carlos  Alberto  Guzmán. Al resolverle la  situación  jurídica,  la  Fiscalía  226  de  la  Unidad  de Delitos contra la  Libertad y el Pudor Sexuales lo afectó con detención preventiva.   

          Cerrada  la  investigación  el  26  de julio de 1996, el instructor  calificó  el  mérito  del  sumario  el  4  de  septiembre  siguiente. Acusó a  Carlos  A.  Guzmán  por los  delitos  de acceso carnal abusivo con menor de 14 años y corrupción, agravados  (artículos  303,  305  y 306, numerales 2º. y 5º. del Código Penal de 1980),  en  concurso  homogéneo y sucesivo. Recurrida la decisión por la defensora del  procesado,  la  Unidad  de  Fiscalías  Delegada  ante  el  Tribunal Superior la  confirmó integralmente el 23 de octubre de 1996.   

          La  etapa  del juicio correspondió al Juzgado 16 Penal del Circuito  de  Bogotá, donde, tras el rito correspondiente, se produjo la sentencia del 16  de  septiembre de 1997, que absolvió a Carlos Alberto  Guzmán   de   todos   los   cargos   que  le  fueran  imputados.   

         Apelado  el  fallo  por  el apoderado de la parte civil, el Tribunal  Superior  de Bogotá lo revocó totalmente y en su lugar condenó al incriminado  a  48  meses  de  prisión,  interdicción del ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un  término  igual  al de la pena privativa de la libertad y al  pago  a  favor  de Andrea del Pilar Urrego Briceño de 50 millones de pesos y el  equivalente  en moneda nacional a mil gramos oro, por concepto de los perjuicios  materiales  y  morales,  como  autor  de  los  delitos  conexos de acceso carnal  abusivo con menor de catorce años y corrupción agravados.   

          La  sentencia de segunda instancia fue demandada en casación por la  apoderada     del    ciudadano    Carlos    Alberto  Guzmán.  La  Corte se ocupa, entonces, de resolver el  fondo del asunto.   

LA  DEMANDA   

          Dos  cargos  presentó  la  defensora  con  apoyo en la causal 1ª.,  cuerpo    segundo,   prevista   en   el   artículo   220-1   del   Código   de  Procedimiento  Penal anterior. Los enunció así:   

          Primer cargo.   

         El  Tribunal  Superior de Bogotá incurrió en un “falso juicio de  interpretación”  de los elementos probatorios recaudados – experticio médico  legal,  concepto  médico  del  cirujano  proctólogo, testimonios de la esposa,  hijos   y   familiares   del   procesado,  cheque  y  fotografías  – pues los analizó en forma individual  y  no  en  conjunto,  dándoles la certeza y convicción que no corresponde a la  realidad  procesal,  sin  advertir  las dudas que emergen de su estudio global y  que  conducen  al  reconocimiento  del  in  dubio pro  reo.                

          Concretando  las críticas a la valoración probatoria realizada por  el juez colegiado, expuso:   

          a)  El fallador de segunda instancia cambió el sentido del dictamen  médico,  pues  con  base  en él concluyó que la única causa de la hipotonía  anal  detectada  a  la  impúber  era  la  actividad  sexual  a  que había sido  sometida,  sin  advertir  que  en  el  experticio  nunca se aseguró que aquella  hubiera  sido  sujeto  pasivo  de la pederastia y que de acuerdo con el concepto  del  médico  proctólogo  existen  otros  factores  que  pueden  generar  dicha  patología.  Afirma  que  la  aplicación  incorrecta  de  la  lógica y la sana  crítica  en  la  valoración  de  dichos elementos de prueba condujo a un falso  juicio  de  convicción  y  al  desconocimiento  del principio de presunción de  inocencia,     al     trasladar     la    carga    de    la    prueba    a    la  defensa.       

         b)  Distorsionó la prueba testimonial y las fotografías tomadas al  centro  comercial,  confiriéndoles  un  sentido  o  alcance  distinto al que su  contenido  material  encierra,  pues le otorgó plena credibilidad a la versión  de  la  niña  Andrea  del Pilar Urrego Briceño, sin analizar de acuerdo con la  lógica  y  la sana crítica la precocidad de la niña en asuntos sexuales y las  molestias  que  padecía  en sus esfínteres anal y vaginal, aspectos estos que,  según  la  defensora, podrían ser demostrativos de su mendacidad, dado que tal  patología  podría  ser la causa de la hipotonía anal de la menor, y le restó  mérito  a  las declaraciones de Bernardina Urrego Barrientos y Digber Alexander  Guzmán  Castro  por el solo hecho de ser la esposa e hijo del procesado. Indica  que  de estos testimonios y las fotografías mencionadas se derivan muchas dudas  acerca  de  la  responsabilidad del incriminado, pues de tales medios se infiere  que  éste  nunca  estuvo solo con la niña y no era posible que hubiera abusado  de  ella  en  el  establecimiento  comercial,  por ser este un lugar público de  fácil  acceso,  cuyos  interiores  son  amplia  y  plenamente visibles desde la  calle.   

         

          c)  El  fallo  de  condena restó capacidad probatoria al cheque No.  8392885  del  Banco  de  Bogotá,  pues estimó erradamente que un título valor  entregado  en  garantía  pudiera  servir  como medio de pago para evitar que el  abuso sexual de la menor fuera denunciado a las autoridades.   

          Segundo cargo.   

         Bajo  el  título  de  “Cómo  debió  proferirse  la sentencia de  segunda  instancia”,  la casacionista acusa nuevamente al Tribunal de no haber  valorado  los  medios  de  prueba  en conjunto y de acuerdo con las reglas de la  sana  crítica.  Estima  que de no haberse incurrido en dicho yerro la sentencia  habría  sido  de  carácter absolutorio, toda vez que de la prueba testimonial,  pericial  y  documental  allegadas  al  proceso  emergen  muchas  acerca  de  la  responsabilidad  de  su representado. Agrega que la aplicación del principio de  favorabilidad  en  la  interpretación  de  cada  uno de los elementos de prueba  habría   conducido   al   reconocimiento   del   principio  constitucional  del  in      dubio      pro      reo,     fortalecido  por  la  ausencia  de  certeza  del  acervo probatorio.   

          Señala   como   normas   infringidas,   de  manera  indirecta,  los  artículos  2º., 303, 305 y 306 del Código Penal de 1980; 81, de la ley 190 de  1995,   y,  en forma directa, los artículos 2º., 247, 248, 254, 273, 274,  294 y 445 del Código de Procedimiento Penal de 1991.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

         El  Procurador  3º.  Delegado  en  lo  Penal  opinó que los cargos  formulados    por    el    casacionista    debían   ser   desestima­dos  y  por  ello solicitó no casar la  sentencia impugnada. Expresó:   

          En relación con el primer cargo.   

         El  reproche  carece  de  claridad,  precisión  y demostración. La  censora  no  supo determinar la naturaleza del error, pues indistintamente habla  de  interpretación  errónea  de  la  prueba, de falso juicio de identidad y de  desconocimiento  del  estado  de  duda  que surge del estudio en conjunto de los  elementos  de  persuasión.  Y  aunque  pareciera  que la razón que alega   consiste  en  señalar  que  no se apreciaron las pruebas en el marco de la sana  crítica,  no indicó concretamente cuáles de las reglas que la informan fueron  vulneradas.   

          Luego  de  referirse a la forma insular como la censora analizó los  dictámenes   médicos,  la  versión  de  la  menor,  los  testimonios  de  los  familiares  del  procesado, las fotografías y el cheque entregado a la madre de  la  víctima, sostiene que la defensora no demostró en qué consistió el error  fáctico  denunciado en relación con cada uno de estos medios de prueba. Agrega  que  en  la  forma  como  está  planteada  la  censura,  ésta  no surge por la  distorsión  de  la  prueba  o  porque se haya omitido valorarla a la luz de las  reglas  de  la  sana  crítica,  sino respecto de la opinión que le mereció al  fallador,  opuesta  a  los  criterios  de la impugnante, con lo cual no sólo se  aparta  del  enunciado  inicial,  sino  que  incursiona  en  campos extraños al  recurso de casación.   

          En   relación  con  el  segundo  cargo.   

          Más   que   un   segundo  reproche,  se  trata  en  verdad  de  una  prolongación  del  primero  con  una  sustentación  propia  de  un  alegato de  instancia,  pues  no  hay  formulación  de  errores  en  la  sentencia sino una  reiteración  de  los  argumentos  del  cargo anterior, insistiéndose en que no  existe  certeza  sobre  la  responsabilidad  del procesado y que por lo tanto se  imponía el reconocimiento de la duda a su favor.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Primer   cargo.  Se  desestima,  por  las  siguientes razones:   

          1.   Afirma   la  defensora  que  el  ad-  quem fundamentó la sentencia sobre un “falso juicio  de   interpretación”   del   experticio  médico  forense,  el  concepto  del  proctólogo,  la  versión  de  la  menor  Andrea del Pilar Urrego Briceño, los  testimonios  de  Bernardina Urrego Barrientos y Digber Alexander Guzmán Castro,  así  como de las fotografías tomadas en el centro comercial de la calle 12 No.  6-45  y  del  cheque  por valor de 15 millones entregado a la madre de la niña,  porque  no  los  analizó  en  conjunto  y  de acuerdo con las reglas de la sana  crítica,  y  les  dio  además  un  alcance  que no corresponde a su contenido.   

          2.  Son  evidentes  las  falencias  técnicas  de  la  censura  así  propuesta,  pues hace coexistir en el marco del mismo cargo errores de hecho por  falso  juicio  de  identidad   y  falso  raciocinio,  lo cual constituye un  contrasentido.   

           Es  cierto  que  estos  dos  tipos  de  equívoco  están  referidos  a  los  medios  de  prueba, pero cada uno de ellos  obedece  a  diversa  naturaleza  y  acontece en momentos lógicamente distintos.  Mientras  el  primero  (falso  juicio  de  identidad)  es de carácter objetivo,  contemplativo,  versa  sobre la realidad material de la prueba y surge cuando al  apreciarla  se  falsea su expresión literal poniéndola a decir lo que su texto  no  reza,  el  segundo  (falso  raciocinio)  es  de carácter valorativo y   ocurre  cuando  el  juzgador  no obstante apreciar el medio de persuasión en su  exacta  dimensión  objetiva,  al  analizarlo  se  aparta manifiestamente de los  postulados de la sana crítica.   

          3.  Además de ser contradictorio el postulado del cargo, observa la  Sala  que  el  defensor  no desplegó ningún esfuerzo argumentativo tendiente a  demostrar   la   real  existencia  de  uno  u  otro  tipo  de  yerro,  pues  sus  planteamientos  no  superaron  el escenario de la simple discusión acerca de la  credibilidad  que  el Tribunal le otorgó a los elementos probatorios referidos.  Como  si  se  tratara  de  un  escrito  de  instancia,  se limitó a contraponer  sus  conclusiones personales a las del fallador.   

          No  expresó  de  manera  clara y precisa, mediante las indicaciones  correspondientes,   en   qué   forma   fueron   tergiversados,   cercenados   o  adicionados   cada  uno  de  tales medios haciéndoles producir efectos que  objetivamente  no  se  establecen  de  ellos  y,  lo  más  importante, cuál la  repercusión  definitiva  de  su  adulteración  en la decisión adoptada por la  justicia.   

          Tampoco   indicó   cuál   o  cuáles  principios  lógicos,  leyes  científicas  o  reglas  de  la  experiencia  fueron  mal  interpretadas  por el  Tribunal  en  la  estimación  de  las  pruebas referidas y, por supuesto, al no  hacerlo,  mal podía arribar a la consecuencia elemental de la demostración del  yerro,   es decir, a comprobar cuál o cuáles reglas de la experiencia, la  lógica,   el   sentido   común   y   la   ciencia  han  debido  ser   las  utilizadas.   

          4.  En  efecto,  sugiere que el Tribunal distorsionó el dictamen de  medicina  legal,  porque éste “en su contenido jamás afirma que la menor fue  sujeto  pasivo  de  la  pederastia”.   En  lugar  de  demostrar  la  real  ocurrencia  de  este  yerro por adulteración material de la prueba, haciendo la  comparación  correspondiente entre lo que ésta realmente dice y lo que afirmó  de  ella  el fallador, asegura en el párrafo siguiente de su exposición que se  trató  fue  de  un  error de valoración “por la aplicación incorrecta de la  sana  crítica  y de la lógica”, sin precisar ni comprobar en ningún momento  en qué consistió dicha vulneración.   

          Acusó  al  Tribunal  por  haber  analizado  el  dictamen médico de  manera  insular,  sin  advertir  que fue precisamente el estudio en conjunto que  realizó  el  ad- quem de los  testimonios  de  la  menor  y su madre, así como de los dictámenes de medicina  legal  y  psiquiatría   forense, y del concepto del proctólogo, lo que lo  llevó  a  otorgarle  credibilidad  a las imputaciones que la niña formulara en  contra  del procesado, pues tal estudio le permitió concluir que la anormalidad  encontrada  en  el esfínter anal de la menor  era compatible con los actos  sexuales  denunciados  por  ésta,  y  que si bien era cierto que dicha dolencia  podía  obedecer  a  muchas  otras  causas  diferentes,  también era verdad que  ninguno  de  los  médicos  forenses  que la examinaron advirtió en ella signos  patológicos  físicos  que permitiera inferir una etiología distinta del abuso  de  que  fuera víctima, el cual no sólo le dejó la dolencia física referida,  sino  también  la  perturbación psíquica observada por el psiquiatra forense.  Agréguese,  además,   que  el  hecho  de  que la anatomía de la niña no  presentara  lesiones mayores puede explicarse, como se indica en el concepto del  proctólogo  y  en  el  estudio  sobre  pederastia pasiva a que hizo alusión la  defensora,  por la forma como el incriminado realizó el ilícito, que no fue de  una  manera violenta o forzada, sino con la anuencia de la menor, obtenida   a punta de obsequios y amenazas.   

          Asegura   que  el  juez  colegiado  distorsionó  el  contenido  del  testimonio  de  la niña Andrea del Pilar, porque le dio credibilidad absoluta a  algunos   aspectos  de  su  versión  y  le  restó  mérito  probatorio  a  las  declaraciones  de Bernardina Urrego Barrientos y Digber Alexander Guzmán Castro  (esposa  e  hijo  del  procesado),  así  como  a  las fotografías tomadas a la  joyería  donde ocurrieron los hechos. Considera que de acuerdo con estos medios  de  prueba  su  representado  no  podía  haber  realizado la conducta que se le  atribuye,  porque nunca estuvo solo con la menor y se lo impedían, además, las  condiciones  de  visibilidad  hacia  el  interior del establecimiento comercial.  Ningún  error  demuestra  en la apreciación de estos medios de prueba. Omitió  establecer  con  referencia  al  texto de dichas declaraciones o al contenido de  las  fotografías  cuáles fueron los aspectos distorsionados o tergiversados, y  a  cambio  de tan imprescindible requerimiento para la prosperidad de la censura  se  dedicó  a  tildar de “parcializada” la valoración probatoria realizada  por el Tribunal.   

          Y   aunque  también  afirmó  que  la  versión  de  la  niña  fue  distorsionada  porque el fallador no tuvo en cuenta el conocimiento avanzado que  ésta  mostró  en  asuntos  de  sexualidad  humana  ni  la  afección  por ella  manifestada  en relación con el escozor que decía sentir en su esfínter anal,  tal  enunciado  aparece contradictorio y carente de fundamentación. Lo primero,  porque  al  tiempo  que afirma que la precocidad de la niña en asuntos sexuales  no  fue  analizada  por  el  ad-  quem,  también  le  reprocha  por  haber  valorado  dicha circunstancia en  contra  del  procesado. Lo segundo, porque si bien es cierto que en la sentencia  no  se  hizo  mención  a  la dolencia referida, no indicó la defensora en qué  forma  esta  omisión  podía  alterar  el sentido del testimonio de la menor ni  demostró  la  trascendencia  que  este  hecho    pudiera  tener en la  decisión final adoptada por la justicia.   

          Tampoco  logró  demostrar  yerro alguno en el análisis que se hizo  en  la sentencia en relación con el cheque que le fuera entregado a la madre de  la  menor. Se limitó a señalar que dicho instrumento fue girado en garantía y  que  por  lo  tanto no podía servir como medio de pago. Ninguna referencia hizo  respecto  a  las  circunstancias  aludidas  por  el  fallador y en virtud de las  cuales construyó el indicio de mala justificación.   

          Segundo     cargo.     También    debe  desestimarse, porque:   

          Como  lo  señaló  el  Procurador Delegado, las consideraciones que  expone  la  defensora  como  fundamento  de  este  segundo cargo constituyen una  repetición  de  la  censura  anterior. Nuevamente se refiere a la forma como el  ad- quem analizó los medios  de  prueba  a  que  hizo  alusión  en  el  primer  cargo,  reiterando de manera  genérica  que  no  se observaron las reglas de la sana crítica, para concluir,  como  ya  lo  había  hecho  en  el planteamiento inicial, que se vulneraron los  principios  de  favorabilidad  y  de  presunción de inocencia, porque no se dio  aplicación al in dubio pro reo.    

         Olvidó  que  cuando  se  plantea  violación  indirecta  de  la ley  sustancial   por  falta  de  aplicación  del  artículo  7º.  del  Código  de  Procedimiento   Penal   (artículo   445  del  Código  de  Procedimiento  Penal  anterior),  que  consagra  el  principio  in dubio pro  reo,  la  censura  debe  orientarse  a  demostrar  la  existencia  de errores en la apreciación probatoria y su incidencia en la parte  dispositiva  del fallo. Si no se ha hecho tal comprobación, el reproche resulta  totalmente   huérfano   de   fundamentación,  pues  éste  no  puede  apoyarse  únicamente  en  los  criterios  personales  que el censor pueda tener sobre los  elementos de prueba.   

         Este   tipo  de  argumentación  es  extraño  a  los  fines  de  la  casación,  que  no se estableció para dirimir criterios divergentes, sino para  corregir  verdaderos  errores  trascendentes  que lleven a variar el sentido del  fallo,  que  viene  precedido de la doble presunción de acierto y legalidad. No  basta,  por lo tanto, enunciar supuestos yerros en la apreciación de los medios  de   prueba   efectuada   por   el  fallador,  sino  que  es  imprescindible  su  demostración, si se quiere dejar sin soporte la sentencia.   

               En mérito de lo expuesto  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         NO   CASAR   la  sentencia recurrida.   

         Cópiese,  cúmplase y  devuélvase al Tribunal de origen.   

CARLOS  EDUARDO MEJÍA  ESCOBAR   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                 

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS              CARLOS  AUGUSTO   GÁLVEZ   ARGOTE                         

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                           EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO               

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN         NILSON  E.  PINILLA  PINILLA                              

TERESA    RUIZ  NUÑEZ   

Secretaria     

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