14567(09-08-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14567  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 115  

          Bogotá,   D.   C.,   nueve  (9)  de  agosto  de  dos  mil  uno  (2001).   

VISTOS  

          Se  ocupa la Sala del fondo del recurso de casación interpuesto por  el  defensor  del  ciudadano Oscar Adolfo Guzmán Leal,  a  quien  se ha condenado por los delitos de homicidio  agravado y hurto calificado y agravado.   

HECHOS  

          Sucedieron  en  el  municipio  de  Soacha,  el  7  de abril de 1995,  aproximadamente  a  la  1:30  de  la  madrugada,  cuando  Jairo  Alberto Bonilla  Baquero,  Edwin  Guzmán  Ortegón y Alex Ferney Pérez Villamil se dirigían en  compañía  de  Ferney  López  López y Oscar Adolfo Guzmán Leal al barrio San  Mateo.   A  la  altura  del  sitio  “Terreros”,  en  un paraje oscuro y  despoblado,   Ferney   López   se   abalanzó   sobre  Jairo  Alberto  Bonilla,  intimidándolo  con  un arma cortopunzante y obligándolo a que le entregara sus  prendas  de  vestir  (chaqueta,  camisa,  pantalón,  zapatillas), al tiempo que  Oscar  Adolfo  Guzmán  instaba  amenazante  a   Guzmán  Ortegón y Pérez  Villamil  para  que se alejaran de dicho lugar. Horas más tarde una patrulla de  la  policía  encontró  a  Bonilla  Baquero,  quien  yacía gravemente herido y  semidesnudo  a  la vera de la autopista sur, en el barrio Rincón de Santafé, y  lo  condujo  inmediatamente  al hospital de la ciudad de Soacha, donde falleció  al  poco  tiempo   a  consecuencia  de  las  múltiples lesiones recibidas.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

         El  7  de abril de 1995, la Fiscalía 41 Seccional de Soacha ordenó  la  apertura  de  instrucción  y  vinculó mediante indagatoria a Ferney López  López  y  Oscar  Adolfo  Guzmán  Leal.  Al  resolverles la situación jurídica, la Fiscalía 38 de la misma  Unidad los afectó con detención preventiva.   

          Cerrada  la  investigación  el  4  de  mayo  de 1995, el instructor  calificó  el  mérito  del  sumario  el  15 de junio siguiente. Acusó a Ferney  López  y  a  Guzmán Leal por  los  delitos  de homicidio agravado y hurto calificado agravado a que aluden los  artículos  323  y  324, numerales 2º., 6º. y 7º.; 349, 350, numerales 1º. y  2º.,  351,  numerales  9º.  y 10º., del Código Penal. Recurrida la decisión  por    la   defensa   de   Guzmán   Leal,  la  Unidad  de  Fiscalías  Delegada ante el Tribunal Superior la  confirmó  el  9  de  agosto  de  1995,  modificándola  en el sentido de que la  resolución  acusatoria  no comprendía la agravante prevista en el numeral 2º.  del  artículo  324 del Código Penal para el delito de homicidio, ni tampoco la  calificante  consagrada  en  el numeral 1º. del artículo 350 ibidem  para  el punible de hurto.   

          La  etapa  del  juicio  correspondió  al  Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Soacha,  donde,  tras  el  rito  correspondiente,  se  produjo  la  sentencia  del  22  de  septiembre  de  1997, que condenó a los procesados a 44  años  de  prisión  e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el  término  de  8  años,  como  coautores  de los delitos de homicidio agravado y  hurto  calificado  agravado.  También  los  condenó  a  pagar a María Eugenia  Baquero  Villalobos  y  a  Brayan  Estip  Bonilla Gacha el equivalente en moneda  nacional  de  1.400  y  1.200  gramos  oro,  respectivamente,  por  concepto  de  indemnización de perjuicios.   

          Apelado  el  fallo  por  Ferney López y el defensor de Oscar   A.   Guzmán   Leal,  el  Tribunal  Superior de Cundinamarca lo confirmó el 2 de febrero de 1998.   

          La  sentencia de segunda instancia fue demandada en casación por el  apoderado   del   ciudadano  Guzmán  Leal.   La   Corte   se  ocupa,  entonces,  de  resolver  el  fondo  del  asunto.   

LA  DEMANDA   

         Primer cargo.   

          Con  apoyo  en  la  causal  1ª.,  cuerpo  segundo,  prevista  en el  artículo  220-1  del  Código  de Procedimiento  Penal anterior, el censor  acusó  la  sentencia  del Tribunal de violación indirecta de la ley sustancial  por    haber    incurrido    en   error   de   hecho   por   falso   juicio   de  identidad.   

          Como   demostración  del  reproche  señaló  que  el  Ad-  quem  al  valorar los testimonios de  Jorge  Enrique  Serrato  Benito,  Ana Consuelo Gacha Velásquez, María Fernanda  Bonilla   Baquero,   Edwin  Guzmán  Ortegón  y  Alex  Ferney  Pérez  Villamil  “efectuó  una torcida y deficiente apreciación de los mismos, incurriendo en  un   falso   juicio   de   identidad,  al  desconocer  las  reglas  de  la  sana  crítica”.   

         

          Concretando  las críticas a la valoración probatoria realizada por  el juez colegiado, expuso:   

          Se  equivocó  en  la  apreciación del testimonio de Serrato Benito  porque   lo   tomó   como   fundamento   de  la  vinculación  de  Guzmán  Leal,  cuando  aquel  en  ningún  momento lo incriminó en los hechos objeto de investigación.   

          En  forma  errada  le  dio  credibilidad  a  los  testimonios de Ana  Consuelo  Gacha  Velásquez y María Fernanda Bonilla B., pues no tuvo en cuenta  los  lazos  afectivos  que  éstas  tenían  con  Jairo  Alberto  Bonilla, ni su  condición  de  testigos  de  oídas,  ni  las  mentiras  en  que incurrieron al  aseverar   que   habían   alcanzado   a   hablar   con   aquel   antes   de  su  fallecimiento.   

          Le  dio pleno valor a las declaraciones de Guzmán Ortegón y Pérez  Villamil,  sin  advertir la falta de claridad y seguridad en sus narraciones, su  calidad  de  partícipes  en  la infracción y las múltiples circunstancias que  ponen en tela de juicio su veracidad.   

          Señaló  como  norma violada el artículo 247 del Estatuto Procesal  Penal.   

          Segundo cargo.   

          La  sentencia  no está en consonancia con los cargos elevados en la  resolución acusatoria.   

          Para  demostrar  la censura dijo que en la resolución de acusación  del  15  de junio de 1995 la Fiscalía 38 Seccional de Soacha le formuló pliego  de  cargos a Guzmán Leal como  coautor  del  concurso  de  delitos de homicidio y hurto, de conformidad con las  disposiciones  contenidas  en  el  Código  Penal,  libro  2º.,  título  XIII,  capítulo  I,  y  título  XIV,  capítulo  I. Y en la sentencia impugnada se le  condenó   como  coautor  de  los delitos de homicidio agravado (artículos  323  y  324  numerales  6  y  7 del Código Penal) y hurto calificado y agravado  (artículos  349, 350-2 y 351, numerales 9 y 10 ibidem). Estimó que el Tribunal  había  desbordado  el  marco  de  la acusación porque dedujo circunstancias de  agravación  para  los  delitos  de  hurto  y  homicidio,  rompiendo la unidad y  coherencia   que   deben   existir   entre   la   resolución  acusatoria  y  el  fallo.   

          Solicitó  a  la  Corte casar la sentencia y en su lugar proferir la  que deba reemplazarla.   

          CONCEPTO DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

         El  señor  Procurador  Tercero  Delegado en lo Penal consideró que  los   reproches   formulados   por   el   defensor   debían  ser  desestimados.  Expresó:   

          1.  El  demandante  se limitó a enunciar y transcribir la norma que  considera  violada,  pero  no demostró cuáles las razones en que fundamenta su  aserto.   De  manera  genérica,  con  expresiones  vagas  y  abstractas  y  sin  suministrar  explicación  ni  verificación  alguna,  afirmó  que  el Tribunal  desconoció  los  postulados  de  la  lógica, la experiencia y la ciencia en el  proceso de valoración racional de la prueba.   

         

          El  yerro  imputado  no  tiene otro asidero que el simple desacuerdo  personal   sobre   la  estimación  del  material  probatorio,  lo  cual  no  es  susceptible  de  ser alegado en sede de casación. Indica que es el censor quien  verdaderamente  tergiversa  el  contenido  fáctico  de las pruebas mencionadas,  pues  no  es  cierto  que la víctima hubiera dejado de referirse a Oscar  Adolfo  Guzmán Leal como una de las  personas  que  le  propinaron  las  heridas  de  muerte,  según  lo  afirma  el  demandante.  No  hizo  alusión a él con nombre propio, pero sí lo identificó  por   sus  características  cuando  habló  con  el  agente  Jorge  E.  Serrato  Benito.   

         2.  La incongruencia invocada por el censor carece de sustento en la  realidad  procesal  pues  al  integrar  las  resoluciones  de  1º. y 2º. grado  proferidas  por  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  se  evidencia  que  la  acusación    contra    los    procesados    Ferney    López   y   Guzmán   Leal  fue  por  los  delitos  de  homicidio  agravado  (con  sevicia  y  colocando  a  la  víctima  en  estado de  indefensión)  y  hurto  calificado  (  por  la  indefensión  de la víctima) y  agravado  (por  la  comisión  realizada de noche y por dos personas previamente  acordadas).   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Primer     cargo.     Se     desestima,  porque:   

          1.  Sostiene  el  censor  que  el  Tribunal incurrió en errores por  falso  juicio  de  identidad  porque al valorar los testimonios de Jorge Enrique  Serrato  Benito, Ana Consuelo Gacha Velásquez, María Fernanda Bonilla Baquero,  Edwin  Guzmán  Ortegón y Alex Ferney Pérez Villamil desconoció las reglas de  la  sana crítica. Hace coexistir, en consecuencia, en el marco del mismo cargo,  los  errores  de  hecho por falso juicio de identidad y por falso raciocinio, lo  cual constituye un contrasentido.   

         2.  En efecto, es cierto  que estos  dos  tipos  de equívocos están referidos a los medios de prueba, pero cada uno  de  ellos  obedece  a  diversa  naturaleza  y  acontece en momentos lógicamente  distintos.  Mientras  que el primero (falso juicio de identidad) es de carácter  objetivo,  contemplativo,  versa sobre la realidad material de la prueba y surge  cuando  al apreciarla se falsea su expresión literal poniéndola a decir lo que  su  texto  no  reza, el segundo es de carácter valorativo y  ocurre cuando  el  juzgador  no  obstante  apreciar  el  medio  de  persuasión  en  su  exacta  dimensión  objetiva,  al analizarlo se aparta manifiestamente de los postulados  de la sana crítica.   

          3.  Pero  con  independencia  de ser contradictorio el enunciado del  cargo,   observa   la  Sala  que  el  defensor  no  desplegó  ningún  esfuerzo  argumentativo  tendiente  a  demostrar  la real existencia de uno u otro tipo de  yerro,   pues  no  superó  el  escenario  de  la  simple  discusión  sobre  la  credibilidad  otorgada  a  la  prueba  testimonial  invocada;  simplemente opuso  sus   conclusiones  personales  a  las  de  los falladores, al estilo de un  escrito de instancia.   

         No  expresó  de  manera  clara y precisa, mediante las indicaciones  correspondientes,  qué  es lo que en concreto dicen las declaraciones aludidas,  qué  afirmaron  de  ellas  los  falladores, en qué forma fueron tergiversados,  cercenados  o  adicionados   cada uno de tales medios haciéndoles producir  efectos  que  objetivamente  no  se  establecen  de ellos y, lo más importante,  cuál  la  repercusión  definitiva de su adulteración en la decisión adoptada  por la justicia.   

          Tampoco   indicó   cuál   o  cuáles  principios  lógicos,  leyes  científicas  o  reglas  de  la  experiencia  fueron  mal  interpretadas  por el  Tribunal  en  la  estimación de la prueba testimonial referida y, por supuesto,  al   no   hacerlo,  mal  podía  arribar  a  la  consecuencia  elemental  de  la  demostración  del  yerro,  es decir, a comprobar cuál o cuáles reglas de  la  experiencia, la lógica, el sentido común y la ciencia han debido ser   las utilizadas.   

          4.  De  otra  parte,  como la misma ley lo dice (artículo 207-1 del  Código  de  Procedimiento  Penal),  la infracción debe estar referida a “norma  sustancial”,  característica  que  no  acompaña  al artículo 247 del Estatuto  Procesal  anterior. Se equivoca entonces el memorialista cuando se refiere a tal  disposición  como  presuntamente  violada  pues  las reglas procedimentales, en  general,  no  son  “sustanciales”,  y  por  lo  tanto  no  son  pasibles  de  la  transgresión mencionada.   

         5.  A  más de lo anterior,  no realizó el censor, como era su  deber,  un análisis de la totalidad de la prueba que sirve de soporte al fallo.  No   hizo   ninguna  mención  a  la  ampliación  de  indagatoria  rendida  por  Guzmán   Leal,  ni  a  las  declaraciones  de  su  madre Eloisa Leal Padilla y de su hermano Giovany Guzmán  Leal.  Olvidó  que  cuando  el  punto  de  apoyo de la demanda es la violación  indirecta  de  la  ley  sustantiva, le corresponde derruir todas las pruebas que  constituyen  el  soporte  del  fallo,  al punto que si no lo hace y una de ellas  goza  de  suficiencia  para  mantenerlo  enhiesto,  su  esfuerzo  conduce  a  la  frustración.   

          Precisamente  con  base en estos elementos los falladores eliminaron  cualquier   duda  en  relación  con  la  responsabilidad  de  Ferney  López  y  Guzmán  Leal   en  los  hechos   objeto  de  investigación,  pues  debe  resaltarse  que  este  último  corroboró  las versiones de los testigos presenciales Pérez Villamil y Guzmán  Ortegón, cuando expresó:   

         “…  llegamos  al  billar  y  los muchachos que estaban allí nos  ofrecieron  cerveza  los  muchachos  eran  Edwin,  Alex  Pérez y el occiso, nos  ofrecieron  la  cerveza y ellos siguieron jugando billar (…) era como entre la  una  o  una  y  media de la mañana estaban cerrando el billar, entonces salimos  todos  …  entonces  fue  cuando  Ferney  dijo que si íbamos a dar una vuelta,  …cogimos  por  el  León  XIII,  llegamos hasta el Rincón de Santafé … nos  metimos  por  una   carretera  destapada  y  habíamos caminado unos cien o  ciento  veinte  metros … cuando Ferney cogió al occiso a Jairo, lo cogió por  el  cuello  con una navaja en la mano y le dijo que se quitara el chaquetón que  cargaba  y  entonces  el  finado  dijo que no, que cómo así, entonces yo le al  otro  Ferney  Pérez  y  a  Edwin  que se fueran, entonces Ferney López siguió  insistiéndole  al  occiso  que  se quitara la chaqueta, entonces el occiso dijo  que no y Ferney lo puñalió una o dos veces …”.   

               Segundo     cargo.    Independientemente  del  interés  que pudiera asistir al impugnante  en  casación  –del  cual  carecería  si  se mirara la inconsonancia como algo nuevo, totalmente desligado  de  los  sustentos  de  la  apelación  del  fallo  de  1ª. instancia, pero que  poseería  si  con la alternativa la incongruencia se mirara desde el ángulo de  la nulidad-, tampoco puede prosperar, porque:   

          1.  Como  lo  señala  el  Procurador  Delegado, no es cierto que la  sentencia  no  esté  en consonancia con los cargos formulados en la resolución  de  acusación.  Basta  leer desprevenidamente las resoluciones de acusación de  primera    y   segunda   instancias   y   los   fallos   para   confirmar   este  aserto.   

   

          En  efecto,  la  Fiscalía  38  Seccional  de Soacha al calificar la  conducta imputada a los procesados, expuso:   

“De  acuerdo  a  las  diferentes  piezas  procesales  que  conforman  el informativo, nos encontramos frente a la presunta  comisión  de  un  concurso  delictual de homicidio previsto en el artículo 323  del  C.  Penal,  agravado  por  las circunstancias contempladas en los numerales  2º,  6º y 7º del artículo 324 ibidem, modificados por los artículos 29 y 30  de  la ley 40 de 1993; y, hurto calificado agravado que consagran los artículos  349,  350  numerales  1º  y  2º,  así  como  351 del mismo estatuto represor,  numerales 9º y 10º…”.   

         Esta  decisión  fue  confirmada  por la Fiscalía Delegada ante los  Tribunales  Superiores  de  Bogotá  y  Cundinamarca,  que la modificó “en el  sentido  de  que  no comprende el agravante previsto en el artículo 324 numeral  2º  del  C.  P.,  ni tampoco la calificante del punible de hurto prevista en el  artículo 350 numeral 1º de la misma obra”.    

        2.  Significa lo anterior que al integrar las resoluciones de 1º. y  2º.  grados  proferidas  por la Fiscalía General de la Nación refulge nítido  que   la   acusación   contra  los  procesados  Ferney  López  y  Oscar  Adolfo  Guzmán  Leal  fue  por los  delitos  de  homicidio agravado (con sevicia y colocando a la víctima en estado  de  indefensión)  y  hurto  calificado  (por  la indefensión de la víctima) y  agravado  (por  haberse  realizado  de  noche  y  por  dos  personas previamente  acordadas),  de  que tratan los artículos 323 y 324 numerales 6º. y 7º., 349,  350,  numeral  2º.,  y  351  numerales  9º.  y  10º. del Código Penal. Estas  imputaciones    corresponden    integralmente    a   las   deducidas   por   los  falladores.   

         3.  Es  cierto  que  en el numeral 2º. de la parte resolutiva de la  providencia  calificatoria  dictada por la Fiscalía de primera instancia se les  atribuyó  a los procesados la coautoría de los delitos de “homicidio y hurto  (…)  contemplados en el Código Penal, Libro 2º, Título XIII, Capítulo I, y  Libro  2º,  Título  XIV,  Capítulo  I”.  Pero  ello  no  significa, como lo  pretende  el  actor,  que el instructor les hubiera imputado la comisión de los  delitos  de  “homicidio  y  hurto simples”, pues en el mismo numeral se hace  claridad  que  tales  conductas  delictivas  tuvieron ocurrencia  “en las  circunstancias  que se plasmaron en este proveído”, las cuales se subsumen en  las  previstas  en  los  artículos  324,  numerales 6 y 7, 350 numeral 1, y 351  numerales,  9  y  10  del  Código  Penal, tal como se indica con claridad en la  parte  motiva  de  dicha  decisión,  en  concordancia  con  lo  resuelto por la  Fiscalía de segunda instancia.      

         

        Olvidó  el  defensor  que  las dos partes (motiva y resolutiva) que  conforman  la resolución acusatoria,  constituyen una unidad inescindible;  la  primera  ofrece  los  elementos  fundamentadores  e  interpretativos  de  la  segunda,  pues  es  en ella donde radican las premisas históricas  para la  formulación lógica del pliego de cargos.   

        Suficiente  lo  dicho  para  reiterar  que  esta imputación tampoco  puede prosperar.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         No casar la sentencia impugnada.   

         Cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen   

CARLOS E. MEJIA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL             JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN           GALAN  CASTELLANOS              CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                       

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO         EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO               

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN            NILSON   E.   PINILLA  PINILLA                              

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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