14330(21-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 14330  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 24  

Bogotá,  D.C.,  veintiuno (21) de febrero de  dos mil dos (2002).   

          Decide  la  Sala  el  recurso de casación interpuesto en defensa de  JAIME  LARA  ARJONA contra la  sentencia  de  fecha  octubre  16  de 1997, mediante la cual el extinto Tribunal  Nacional  confirmó  el  fallo  anticipado  proferido por un Juzgado Regional de  Bogotá  en  contra  del  citado  procesado,  en el que se le condenó a la pena  principal   de  sesenta  (60)  meses  de  prisión  como  autor  del  delito  de  enriquecimiento  ilícito de particulares, decisión modificada en el sentido de  rebajar  la  multa  impuesta  a  la  suma  de  doscientos  veinticuatro millones  seiscientos noventa mil ochenta y ocho pesos ($224.690.088).   

HECHOS  

         De  los fallos de instancia se sabe que  con  ocasión  de  las pesquisas adelantadas por los organismos de seguridad del  Estado  con  miras  a  capturar  a  quienes  eran  señalados  como  jefes de la  organización  delictiva  conocida  como  el  “Cartel  de  Cali”, el Comando  Especial  Conjunto  realizó  varios  allanamientos  en  curso  de los cuales se  incautaron  títulos valores, notas contables y otros documentos de los confesos  narcotraficantes  Miguel  Angel  y  Gilberto  Rodríguez  Orejuela  así como de  empresas  controladas por los mismos, a través de los cuales se estableció que  contribuyeron  con  elevadas sumas de dinero a la financiación de políticos de  renombre  nacional,  algunos  de  ellos elegidos para integrar las Corporaciones  públicas.   

          Este  fue  el  caso  de  JAIME  LARA ARJONA, pues en el proceso se  constató  que  en  cuentas  de familiares y amigos suyos se consignaron más de  trescientos  millones  de pesos, cuentas de las que eran titulares, entre otros,  Julio  Manuel  Garcés  Reyes,  Roberto  Troncoso  Posse,Janette  Emilse  Arjona  Forero,  Fernando Raúl Arjona Cañas, Carmelo Antonio Cogollo Hernández, Pedro  Ghisay  Chadid  y  Myriam Rojas, quienes a su vez giraban cheques a favor de las  personas  cuyos  nombres  eran  suministrados por LARA  ARJONA,  pero  después endosados y cobrados por este  último.   

         Las  autoridades también establecieron  que   el  sindicado  estuvo  hospedado  en  varias  oportunidades  en  el  Hotel  Intercontinental  de  la  ciudad  de  Cali  y  sus  gastos fueron cancelados por  Inversiones  Ara  Ltda.,  sociedad constituida por familiares de los mencionados  Rodríguez  Orejuela;  asimismo,  que recibió otras sumas de dinero en efectivo  que  no  lograron  ser rastreadas y gran cantidad de camisetas en las elecciones  del  Congreso  para el período de 1994 a 1998; y finalmente, que falsificó los  documentos  presentados  ante  el  Consejo Nacional Electoral para acreditar los  gastos  efectuados  durante  su  campaña  política  con  el  fin de obtener el  respectivo reembolso.   

ACTUACION PROCESAL  

          1.   La  Comisión  de  Fiscales  de la Dirección Regional de  Bogotá,  mediante  oficio  del 25 de abril de 1995, remitió a la Corte Suprema  de  Justicia  fotocopias  de  los documentos que hacían parte del proceso   por   entonces   tramitado  bajo  la  radicación  24249,  a  fin  de  que  esta  Corporación  determinara  si  existía  mérito  para  ordenar  la  apertura de  investigación  contra  JAIME LARA ARJONA, ex miembro del Congreso de la República.   

          El   Magistrado   sustanciador   dispuso  la  realización  de  una  indagación  previa,  y con fundamento en los resultados de la misma, la Sala en  auto  del  8  de  mayo  de  1996  decidió  remitir la actuación a la Fiscalía  General  de  la  Nación,  al advertir que no existía nexo de alguna naturaleza  entre  la  conducta investigada y la función de congresista otrora desempeñada  por el imputado (fs. 284 a 310, cd. 1).   

          2.   Asumido el conocimiento de las diligencias por la aludida  Comisión  de  Fiscales  y  abierto  el correspondiente instructivo, escuchó en  indagatoria  a  los  implicados  JULIO MANUEL GARCÉS  REYES,   ESTEBAN   LARA   CHARRYS,  JANETH  EMILSE  ARJONA  FORERO  y    JAIME   LARA   ARJONA,  a  quienes  les definió la situación jurídica en providencias  de  fechas  agosto  2  y  15  de  1996;  a  los  dos primeros, absteniéndose de  afectarlos  con  medida  de  aseguramiento,  en tanto que a los dos últimos les  impuso  la  detención  preventiva  por el delito de enriquecimiento ilícito de  particulares,  tipificado en el artículo 1º del Decreto 1895 de 1989 y erigido  en   legislación   permanente  por  el  artículo  10º  del  Decreto  2266  de  1991.    

         La  medida de aseguramiento impuesta al  sindicado  LARA  ARJONA fue  adicionada  en  resolución del 24 de octubre de 1996 para imputarle la autoría  del  punible  de falsedad en documento privado, decisión en la que se precluyó  la    investigación    a    favor    de   los   vinculados    JULIO    MANUEL    GARCÉS    REYES   y  ESTEBAN  LARA  CHARRYS (fs.  317 a 323, cd. 4).   

          La  Comisión  instructora  clausuró  la  etapa  investigativa  en  decisión  del  14  de  enero  de  1997,  pero  por  virtud  de  la impugnación  presentada   por  la  defensa  la  revocó  para  disponer  la  ampliación  del  testimonio  de  Miguel  Angel Rodríguez Orejuela y de la indagatoria, así como  la práctica de otras pruebas.   

          Retornada  entonces  la actuación a la fase sumarial, el sindicado  LARA  ARJONA  solicitó la  terminación  anticipada  del  proceso,  y en diligencia llevada a cabo el 27 de  febrero  de  1997, aceptó sin condicionamientos la responsabilidad penal en los  cargos  que  le  fueron  elevados como autor, en concurso de hechos punibles, de  los  delitos de enriquecimiento ilícito de particulares y falsedad en documento  privado,  el  primero  de ellos agravado por las circunstancias descritas en los  numerales  4º  y  11º del artículo 66 del Código Penal entonces vigente (fs.  338 a 346, cd. 5)   

          3.   El  30  de  mayo  de  1997 un Juzgado Regional de Bogotá  profirió  la  sentencia anticipada en la que condenó al procesado LARA   ARJONA,  en  consonancia  con  la  acusación  oral,  a  las  penas principales de sesenta (60) meses de prisión y  multa  de  trescientos  sesenta  y  siete  millones  treinta  y cinco mil ciento  treinta y un pesos ($367.035.131).   

         El Tribunal Nacional en decisión del 16  de  octubre siguiente confirmó el pronunciamiento del a quo al decidir sobre la  apelación  presentada  por  la  defensa,  con la modificación en el sentido de  reducir  la  sanción  pecuniaria  a la suma de doscientos veinticuatro millones  seiscientos noventa mil ochenta y ocho pesos ($224.690.088).   

         Inconforme  el  apoderado del sindicado  con  el fallo del ad quem, interpuso y sustentó en forma oportuna el recurso de  casación que ahora decide la Corte.   

          LA  DEMANDA   

          El  libelista  eleva  dos  reparos contra el fallo del Tribunal por  violación  directa  de  la ley sustancial, con apoyo en los cuales pretende que  la   Corte   case  el  fallo  impugnado  y  redosifique  la  pena  al  procesado  LARA  ARJONA, en el sentido  de  retirar  las circunstancias de agravación genéricas deducidas respecto del  delito  de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares,  para postular por esta  vía,  en  últimas,  la imposición de cuarenta y cuatro (44) meses de prisión  en lugar de la derivada por los juzgadores de instancia.   

          El  planteamiento  y  la  sustentación  de  los  reproches  es  el  siguiente.   

          Primer cargo.   

          Al  amparo  del numeral 1º del artículo 220 del estatuto procesal  penal  (Decreto  2700  de  1991),  como  atrás se anticipó, el censor acusa la  sentencia  de  segundo  grado  de  la  infracción directa de la ley sustancial,  derivada  de la “errónea aplicación”  del  ordinal  4º del artículo 66 del Código Penal (Decreto 100  de  1980),  pues a través de una apreciación subjetiva le concedió un sentido  equivocado    a    la   expresión   “preparación  ponderada”;  por  lo tanto, concluye, se infringió  el  citado  precepto  por  aplicación  indebida  pues  se imputó tal causal de  agravación a un caso en el cual no procedía.   

          En  el  desarrollo  del  reparo  plantea  que el Tribunal dedujo la  preparación  ponderada  del  hecho  punible,  al  encontrar  que  el  inculpado  desplegó  todos  los medios a su alcance con miras a ocultar que había sido el  destinatario  real  de  las  sumas de dinero giradas para la financiación de su  campaña  política;  argumento  moralista,  no jurídico, que ninguna relación  tiene con el alcance lógico de la agravante.   

          Al  tenor  de  los  artículos  27  y 28 del Código Civil discurre  sobre  las interpretaciones gramatical y teleológica.  Aduce asimismo, que  en  materia  de  tipicidad  y  por  virtud  de  la  supremacía del principio de  legalidad  estricta  la  norma  incriminadora  no puede ser complementada por el  intérprete  “acudiendo  al  fin  por  encima de la  función   de   garantía   del  tenor  literal  del  tipo  penal”,   máxime   tratándose  de  los  supuestos  de  intensificación  punitiva  que  están  llamados  a  tornar más  gravosas las consecuencias  jurídicas del hecho.   

          Señala  luego  los  significados  gramaticales  de las expresiones  preparar   y   ponderar,   que   integradas   se   deben  entender  “como  la  meditada  atención,  consideración,  peso, extremada  prudencia  y  exagerado  cuidado  en  la  previsión, disposición para el logro  de”  algo,  de  manera que para la existencia de la  “preparación      ponderada      del     hecho  punible”  es  necesario  demostrar  que el autor en  forma   “suficientemente   anticipada,  calculada,  cuidadosa  y  extrema” dispuso su realización, como  lo    entienden    los    doctrinantes    invocados    en    sustento   de   tal  postulación.   

          Con   fundamento   en   las  anteriores  premisas  afirma  que  los  juzgadores  erraron al atribuirle al sindicado un plan de esas características,  cuando  los  sucesos  por los cuales se le juzgó fueron tan evidentes que a las  autoridades   les   resultó  fácil  develarlos;  en  consecuencia,  no  pueden  entenderse   abarcados   por  el  alcance  natural  y  obvio  de  la  expresión  preparación  ponderada,  ni  aún  por  vía  de  la denominada interpretación  extensiva o progresiva sobre la cual conceptúa otro autor.   

          Agrega   más  adelante  que  esta  equivocada  aplicación  de  la  circunstancia   de   agravación   “responde  a  un  prejuicio  tácito que el sentenciador da por supuesto pero que nunca ha quedado  demostrado   en   el  proceso”,  pues  imaginó  la  existencia  de  un  acuerdo  previo  entre  el  inculpado  y las personas que le  suministraron   los   dineros   para   su   proyecto   político,   “que   no   se   infiere  necesariamente  de ninguno de los elementos probatorios obrantes al  proceso”, perdiendo de vista que buena parte de los  dineros  fueron  recibidos con posterioridad a las elecciones donde el procesado  resultó   derrotado,   destinados   entonces   a   la   campaña   “presidencial  y  no a su enriquecimiento personal como lo afirma  el fallador de alzada”.   

           Bajo   el   epígrafe   “Es  un  error  de  aplicación”, el  libelista  advierte  que  el  Tribunal  aplicó la agravante a unos presupuestos  fácticos  que  no  corresponden  a su sentido natural, esto es, a las maniobras  que  simplemente  constituyeron  el  modo  de  ejecución de la conducta, o a lo  sumo,  la  utilización  de  artificios  o  engaños  a los cuales se contrae la  circunstancia  prevista  en  el  numeral  6º del mismo artículo 66 del Código  Penal,  pasando  por  alto  además,  la  inexistencia  en  el proceso de prueba  demostrativa      de      la      realización      de     unas     “gestiones” del sindicado preparadas  con anticipación.   

          En  el  acápite  conclusivo del reparo el demandante indica que el  desatino  del ad quem configuró un error sustancial al comportar la agravación  de  la  pena, pues debido a su concurrencia prescindió del mínimo señalado en  la   disposición   infringida.     Arguye  que  al  fundamentarse  la  agravante  en  el  genérico  uso  de cuentas de terceros y la supuesta aparente  pulcritud  pública  se  convierte “un aspecto de la  realización  de  la  acción  misma  en un presupuesto de ella, toda vez que la  preparación  ponderada del hecho responde a un momento anterior a la ejecución  de  la  acción  y  no  a  su  ejecución  misma”; y  concluye,  por  lo  esbozado, que en la aplicación de la norma citada se violó  flagrantemente la ley sustancial.   

          Segundo cargo.   

          También  por  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, el  demandante       acusa       la       “errónea  aplicación”   de   la   agravante  genérica  del  artículo 66-11º del Código Penal (Decreto 100 de 1980).   

         

          En  la  sustentación  del  reparo indica que el fallador de primer  grado  derivó  esta  circunstancia de la calidad de miembro de una corporación  pública  no  ostentada por el acusado para la fecha de los hechos, mientras que  el  Tribunal  estimó  de  manera  equivocada  que  la sola calidad de político  aspirante   a  la  misma  era  suficiente  para  configurar  dicho  supuesto  de  intensificación   punitiva,   argumentando   concretamente,  el  engaño  a  la  comunidad   “sin   hacer   una   real  y  adecuada  fundamentación   basada   en   los   hechos  del  caso  concreto”  y  no  obstante  admitir  de  otra  parte,  que ninguna relación  existía   entre   el   delito   imputado   y   la   condición   pública   del  procesado.   

          Acepta  que  la  postulación a un cargo de elección popular puede  derivarle  al  agente  una  cualificación  especial  si  se  acompaña de otros  razonamientos   que  la  sustenten,  pero  en  el  caso  de  autos  “con  total  ausencia de motivación”  encontró  asidero  en una decisión puramente subjetiva del fallador carente de  “respaldo  alguno  en lo que está demostrado en el  proceso”.    Se  desnaturalizó  entonces  el  sentido  y  alcance  de  la agravante en comento, para convertirla en una simple  condición  objetiva  de  punibilidad, esto es, se aplicó un puro derecho penal  de  autor  en  detrimento de los postulados del derecho penal de acto, propio de  un estado social y democrático de derecho.   

          Alude  a  la  moral  social  como  bien  jurídico  tutelado con el  enriquecimiento  ilícito  de  particulares.   Afirma  que  al  encontrarse  prohibido  el aumento patrimonial a sabiendas de la procedencia delictiva de los  dineros,  corresponde demostrar de manera concreta y específica el deterioro de  la  moral  social, pero además que resulta mayor cuando la actividad se realiza  por  una  persona  de  determinada condición o calidad; sin embargo, en el caso  examinado  el  Tribunal  cimentó  la  agravante  en  un  presunto  engaño a la  comunidad  que  de ninguna manera es atentatorio de dicho interés jurídico, es  decir,  en  un  juicio subjetivo y personal, confundiendo de paso, con vicios de  estructura   lógica   en   la   argumentación,  la  moral  social  con  la  fe  pública.   

          Finalmente,  al  precisar  la  trascendencia  del yerro denunciado,  plantea   aquí  también  que  la  indebida  aplicación  de  la  circunstancia  agravante  repercutió  en el monto de la pena, pues determinó a los juzgadores  a prescindir del límite mínimo señalado para la misma.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          Consideración preliminar.   

          La  Procuradora  Cuarta  Delegada  advierte  de  antemano  que  los  reparos  de  la  demanda  se  encaminan  a demostrar el supuesto desatino de los  juzgadores   al   deducir  las  circunstancias  genéricas  de  intensificación  punitiva  en contra del procesado, no la tasación misma de la pena; pretensión  frente  a la cual carece de interés jurídico, pues en los cargos puntualizados  en  la  audiencia de sentencia anticipada, respecto al delito de enriquecimiento  ilícito,  se  concretaron  las  agravantes  de  los  numerales  4º  y 11º del  artículo  66  del  Código  Penal, de manera que los ataques envuelven entonces  una  implícita  e  inaceptable retractación, como lo ha precisado esta Sala en  las  decisiones que reseña.  Así las cosas, concluye, deviene evidente la  ausencia de presupuestos para la decisión de fondo.    

         No  obstante  lo  anterior, la Delegada  pasa  a  examinar  cada  una  de  las  propuestas  del  actor en los términos a  continuación reseñados.   

          Al primer cargo.   

          Este   reproche   adolece   de   deficiencias  técnicas,  pues  el  demandante  adujo en primer término la errónea aplicación, pero más adelante  acusa  la  aplicación  indebida  de la norma sustancial de indicada infracción  directa,  esto  es,  del numeral 4º del artículo 66 del Código Penal (Decreto  100  de 1980).  En síntesis, denotó una inapropiada mixtura en el sentido  de la violación alegada y en su argumentación.   

          Por  otra  parte, el demandante tampoco desarrolla adecuadamente la  causal  postulada,  porque  incursiona  en  aspectos  ajenos a la misma al hacer  expresa  referencia a la prueba, no sólo para destacar su ausencia en relación  con  un  aspecto  considerado  en  el  fallo,  sino  también  cuando critica la  inferencia  que  a  partir de los supuestos probatorios verificó el Tribunal en  la  deducción de la circunstancia de agravación punitiva; lo anterior además,  con  la  aspiración  de obtener prevalencia para su particular interpretación,  tanto  de  los  hechos  como  del  precepto que consagra dicho  supuesto de  incidencia en la regulación de la pena.   

          En  todo  caso,  señala la Procuradora, la utilización de cuentas  corrientes  ajenas  para  poner en circulación los dineros que dieron origen al  enriquecimiento   ilícito   comportan   maniobras   subrepticias  que  permiten  calificar el actuar como ponderamente preparado.   

          En  este  orden  de ideas, por las falencias en la técnica y en el  contenido, la censura no tiene vocación de prosperidad.   

          Segundo cargo.   

          La  errada  concepción  del demandante sobre la violación directa  de  la  ley  sustancial  lo  condujo  a  la  presentación del reproche en forma  ininteligible  y  contradictoria,  donde  difícilmente  puede  discernirse  con  entera claridad el sentido de la propuesta   

          Adicionalmente,  encuentra inaudito que a pesar de las afirmaciones  del  procesado  sobre  el  desempeño  político anterior se pretenda desconocer  ahora  su  posición  distinguida  en  la  sociedad,  máxime que algunos de los  cheques  recibidos  de  empresas de fachada del Cartel de Cali lo fueron durante  el tiempo que fungió como Representante a la Cámara.   

          En  fin,  el  actor  acude  a  meras  apreciaciones  personales que  enfrenta  de  manera  recortada y por fuera de toda consideración lógica a las  del  Tribunal,  que  por  su  presentación antitécnica no logran desvirtuar la  doble  presunción  de  acierto y legalidad que ampara el fallo recurrido.   En consecuencia, opina, el cargo no puede prosperar.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.   Tratándose  aquí de actuación concluida por la vía de  la   sentencia   anticipada,   como   quiera   que   el  sindicado  LARA  ARJONA  en  la  etapa  instructiva  aceptó  sin  ambages  los  cargos  que  con  dicho  fin le elevó la Fiscalía,  corresponde   determinar  de  antemano  si  en  la  impugnación  extraordinaria  presentada  en  defensa  del  mismo  se  configura  el  interés  jurídico para  recurrir,  máxime  que tal exigencia de procedibilidad fue controvertida por el  Ministerio  Público  en  su concepto, atendida la naturaleza y contenido de los  reparos  elevados en la demanda al pronunciamiento de segundo grado del Tribunal  Nacional.   

          En la temática atrás propuesta, sea lo  primero  advertir,  que  frente  a  los  fallos  proferidos en desarrollo de las  formas  de  terminación  anticipada  del proceso otrora previstas en el Decreto  2700  de 1991, modificado por la Ley 81 de 1993, al igual que acontece frente al  instituto  contemplado  en  el artículo 40 de la Ley 600 de 2000 actualmente en  vigencia,  la  legitimidad  para  atacarlos  a través de la alzada se encuentra  restringida  para  el procesado o su defensor, a quienes les está vedado apelar  aquellos  aspectos  que  integran la aceptación de la responsabilidad penal que  abre  compuerta  a  la  conclusión  del trámite sin agotar la totalidad de sus  fases;  reserva  que encuentra sustento en la imposibilidad de retractarse de lo  admitido  en  virtud  de  los  principios  de eventualidad o preclusión y de la  seguridad jurídica.   

          En  efecto, al tenor del numeral 4º del artículo 37B del estatuto  procesal  penal,  subrogado  por  la  Ley  365  de  1997,  bajo  cuya existencia  jurídica    se    adelantó    la    presente    actuación    –   coincidente  en  esencia  con el inciso 10º del artículo 40 de la  Ley   600  de  2000  -,   mediante  el  cual  se  desarrollaba  normativamente  la  aludida  comprensión  de tales institutos, el  interés   jurídico  para  apelar  la  sentencia  anticipada,  tratándose  del  sindicado  o  su  defensor,  se  circunscribía  a  los tópicos establecidos en  dichos  preceptos,  esto  es,  a la dosificación de la pena, al subrogado de la  condena  de  ejecución  condicional y a la extinción del dominio sobre bienes,  dentro  de  los  cuales  cabía  predicar también la temática de la condena al  pago  de  perjuicios  con  ocasión  de  la  declaratoria de inexequibilidad del  numeral  5º  ibídem,  subrogado por el artículo 12 de la Ley 365 de 1997, que  sustraía  la definición de la responsabilidad civil en los fallos de carácter  anticipado  (sentencia C-277 de junio 3 de 1998, M.P.  Dr. Vladimiro Naranjo Mesa).   

            Ahora   bien,   estas   restricciones  establecidas  en forma explícita para la alzada se pregonan también en sede de  casación,  como  ha  precisado  de  antaño  la  Sala y recuerda la Procuradora  Delegada,  pues  un  criterio distinto “conllevaría  al  desconocimiento de las finalidades del proceso especial -fundadas en razones  de  una  política criminal enderezada a brindar el doble beneficio de disminuir  costos  con  la administración de una justicia pronta y eficaz, que comporte al  tiempo  un  resultado  punitivo  menos  gravoso  para  el procesado- mediante la  introducción   a   destiempo   de   la   posibilidad   de  arrepentirse  de  la  manifestación  de conformidad con los cargos y la prueba de ellos, expresada en  la  diligencia previa a la sentencia (autos de julio 3  de  1997  y  marzo 4 de 2000, M.P. Dr. Arboleda Ripoll, entre otros).   

2.   Trasladados estos conceptos al caso  examinado,  en  lo  que  respecta  a  las  censuras,  la  Corte encuentra que se  fundamentan  en  la  violación  directa  de  la ley sustancial, según aduce el  actor,   por  “errónea  aplicación”  y “aplicación indebida”  de  los  numerales  4º  y 11º del artículo 66 del Código Penal  (Decreto  100 de 1980), circunstancias genéricas de agravación punitiva que la  Fiscalía  dedujo  expresamente  respecto  del  enriquecimiento  ilícito  en la  diligencia  de  formulación  de  cargos, a las cuales se extendió la admisión  que  el  sindicado LARA ARJONA  hizo   en   forma   libre   y  consciente  de  su  responsabilidad  penal.    

Así  las  cosas,  anticipa la Sala, resulta  evidente  que bajo el pretexto de cuestionar la dosificación punitiva efectuada  por  los  juzgadores  de instancia, en los reparos elevados al fallo del ad quem  subyace  en  realidad  el  inaceptable  retractamiento sobre dichos supuestos de  intensificación  de  la  pena,  endilgados en la acusación tanto fáctica como  jurídicamente,    y    que    el    procesado   LARA  ARJONA  admitió habían rodeado entonces la comisión  del referido hecho punible.   

          Ciertamente,  como  ha  precisado  la  Corporación  con ponencia de  quien           cumple         aquí         idéntico   cometido,   la sentencia anticipada exige   

como presupuesto indefectible que el sindicado  acepte  en  forma  libre, consciente e incondicional los cargos imputados por la  Fiscalía,  bien  en  la  acusación  oral  verificada  con este específico fin  cuando  se  solicita  la  terminación  del  proceso  por  esta vía en la etapa  instructiva,  ora  en  la  resolución acusatoria cuando dicha manifestación de  conformidad  del  procesado  se  produce  en el fase de la causa; actitud sumisa  extendida  a  todos  los  ámbitos del pliego de cargos formal u oral, según el  caso,  tanto  así  que  el  artículo  37  del Decreto 2700 de 1991, en mandato  igualmente  contenido  en  el  artículo  40  de  la  Ley  600 de 2000 de actual  vigencia,  disponía  la  remisión  del  expediente al Juez competente, una vez  aceptados  los  cargos,  para que dictara “sentencia  conforme    a    los    hechos    y   circunstancias  aceptadas…”  (negrillas     fuera     de     texto).   

          En  este  orden  de ideas, como de dicha  postura  del  inculpado  se  deriva  un benévolo tratamiento punitivo, le está  vedado  a  él  y  a su defensor impugnar el fallo en cualquiera de los aspectos  que  integran  su  conformidad con el cargo o los cargos formulados, comprensiva  de  las  circunstancias  genéricas  de  agravación deducidas en la acusación,  pues  de lo contrario se abriría una indebida compuerta al retractamiento de lo  aceptado  con  desmedro de la seguridad jurídica y del principio de preclusión  de  los actos procesales, que fue precisamente  lo pretendido  en este  asunto   a   través  de  la  demanda  presentada  en  defensa  del  incriminado  LARA  ARJONA, que se orientó  a  controvertir las causales previstas en los numerales 4º y 11º del artículo  66  del  Código  Penal (Decreto 100 de 1980), no obstante que los hechos de los  cuales  se  dedujeron,  así como su imputación jurídica, fue aceptada libre y  conscientemente    para    acceder    a    la    terminación   anticipada   del  proceso.   

          En  conclusión, como resulta evidente que el libelista desbordó el  interés  jurídico  para  recurrir en casación, se impone la desestimación de  la  demanda,  pues  echado  de  menos este requisito de procedibilidad en manera  alguna resulta viable una decisión de fondo.   

          3.    No   sobra  añadir,  finalmente,  que  desaparecido  el  Tribunal  Nacional  por  el  vencimiento  del  término  establecido  en  la Ley  Estatutaria  de  Administración  de  Justicia  para  el  funcionamiento  de  la  justicia  regional, así como declarada la inexequibilidad de la Ley 504 de 1999  en  cuanto creaba una Corporación que asumía la competencia de aquél, resulta  forzoso  colegir  que  el  expediente  debe  remitirse  al funcionario que funge  actualmente  como de primera instancia, a través del Tribunal que por el factor  territorial  relevó  en  su  ámbito  funcional  al  que  profirió el fallo de  segundo    grado,   para   el   presente   caso,   el   Tribunal   Superior   de  Bogotá.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

          En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          DESESTIMAR  la  demanda   de   casación   presentada  en  defensa  del  procesado  JAIME LARA ARJONA.   

          Cópiese,  comuníquese, devuélvase al Tribunal Superior de Bogotá  y cúmplase,   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS               CARLOS    A.    GÁLVEZ   ARGOTE           

JORGE  A.   GÓMEZ  GALLEGO                              ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS       E.        MEJÍA  ESCOBAR                                  NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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