14359(23-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 14359  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE  CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA  

Aprobado acta N° 55  

Bogotá,  D.  C., veintitrés (23) de mayo de  dos mil dos (2002).   

V I S T O S  

Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto  contra  la  sentencia anticipada proferida por el Tribunal Superior  de  Cundinamarca,  el  31  de  octubre  de  1997,  en  la que al confirmar en su  integridad  la  del  Juzgado  Penal  del Circuito de Zipaquirá, fechada el 5 de  agosto  del  mismo  año,  condenó  a  ALBERTO ROMERO  RODRIGUEZ  a  la pena principal de 53 meses y 11 días  de  prisión y a la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  pena  privativa de la libertad, como autor de los  delitos  de  hurto  calificado  y  agravado  y porte ilegal de armas de fuego de  defensa personal.   

H E C H O S  

El juzgador de segundo grado los sintetizó en  los siguientes términos:   

“El 8 de octubre de  1996,  a  las nueve de la mañana aproximadamente, se presentaron dos personas a  la  autopista norte con calle 134 de Bogotá, para solicitar servicio de acarreo  del  Municipio  de  Cogua al barrio San Cristóbal Norte de esta ciudad capital,  siendo  contratado  el  señor  Pedro  Enrique  Quimbay Martínez, conductor del  camión  Dodge  600,  color  azul,  placas  AIH 307, y al llegar al Municipio de  Cogua,  fue intimidado el conductor por las personas contratantes, amenazado con  arma  de  fuego,  golpeado  y  se  le  suministró sustancia tóxica, dejándolo  abandonado  cerca  de  la  represa  y  se  le despojó del automotor”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con base en el informe policial, la Fiscalía  Catorce  de  la Unidad de Reacción Inmediata de Valledupar (Cesar), lugar donde  fue  hallado  el  automotor,  mediante  resolución  del  11 de octubre de 1996,  declaró la apertura de la instrucción.   

Escuchados en indagatoria Álvaro Enrique Daza  Jiménez,  Gonzalo  Gómez  Bernal,  Armando  Enrique  Guerra,  Germán  Enrique  Fuentes   Fragoso  y  Alberto  Romero  Rodríguez  y  practicada  diligencia  de  inspección  judicial al automotor, se les resolvió la situación jurídica, el  18  de octubre de 1996, con medida de aseguramiento de detención preventiva por  los  delitos  de  hurto  calificado  y  agravado.  Al  segundo de los nombrados,  además,  se  le imputó el punible de porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal.   

Incorporadas  otras probanzas, superadas unas  contingencias  procesales  y tramitadas unas peticiones de sentencia anticipada,  la  Fiscalía 122 de la Unidad Cuarta de Automotores de Bogotá, que ya conocía  de  la actuación, clausuró, el 14 de marzo de 1997, la investigación y, el 25  de  abril  siguiente,  calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución de  acusación  en  contra  de  los  procesados  Alberto Romero Rodríguez y Álvaro  Enrique  Daza  Jiménez,  por los delitos de hurto calificado y agravado y porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de defensa personal, y precluyó la instrucción a  favor  de Germán Enrique Fuentes Fragoso, decisión que cobró ejecutoria el 23  de junio de dicho año.   

La  etapa  de juzgamiento le correspondió al  Juzgado   Penal  del  Circuito  de  Zipaquirá  que,  conforme  a  la  petición  presentada  por  el  acusado Alberto Romero Rodríguez, fechada el 8 de julio de  1997,  quien manifestó que se acogía a los beneficios de sentencia anticipada,  la  dictó  respecto  del  procesado  solicitante,  el  5  de  agosto  de  1997,  condenándolo  a  la  pena  principal  de 53 meses y 11 días de prisión y a la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo lapso  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  como  autor  de los delitos de hurto  calificado   y   agravado   y   porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.     

Impugnado  el  fallo  por el procesado, quien  estimó  que  se  le  había  vulnerado  la  defensa  técnica  y que el quantum  punitivo  fue  alto,  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca, el 31 de octubre  siguiente, lo confirmó en su integridad.   

Contra  el  fallo  de  segunda  instancia, la  Procuradora  Trece  en  lo  Judicial  Penal  de  Bogotá,  interpuso  el recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

La  citada funcionara, al amparo de la causal  tercera   de  casación,  prevista  en  el  “ordinal  tercero   del   artículo   220  C.P.P.”,  acusa  la  sentencia   de  haber  sido  dictada  en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  por  desconocimiento  de  las  garantías  procesales,  ya  que,  en  su criterio, la  situación  procesal  del  acusado  Romero  Rodríguez  se  hizo más gravosa al  momento  de la individualización de la pena, por cuanto el mismo era acreedor a  la  rebaja de la sexta parte de la pena, al tenor del artículo 3° de la Ley 81  de  1993,  vigente para la época en que se cometieron los hechos, y no tan solo  de  la  octava  parte, conforme a la Ley 365 de 1997, pues ésta “sólo  entró  en vigencia el 21 de abril de 1997, atendiéndonos al  criterio  de  la  PROMULGACIÓN  regulado en el artículo 52 CÓDIGO DE RÉGIMEN  POLÍTICO   Y   MUNICIPAL   a  que  remite  el  26  de  la  citada  Ley  365  de  1997”.   

Después  de citar y comentar el artículo 29  de  la  Constitución  Política  y  de referirse al principio de favorabilidad,  dice:   

“En consecuencia,  al  detectar  del  análisis  verificado, infringida las NORMAS CONSTITUCIONALES  previstas  por  el  CONSTITUYENTE  en  los  ARTÍCULOS  29  y 228, así como las  consagradas  por  el  LEGISLADOR  en  los  ARTÍCULOS: 9°, 10° Y 304-2 C.P.P.,  solicito  respetuosamente  a la HONORABLE CORPORACIÓN, por la CAUSAL DE NULIDAD  INVOCADA,  SE  CASE  LA  SENTENCIA  RECURRIDA  para  que  en  aplicación de los  PRINCIPIO  DE  FAVORABILIDAD EN MATERIA PROCESAL PENAL DE EFECTOS SUSTANCIALES Y  DEBIDO  PROCESO,  SE  TASE  LA  SANCIÓN  CONFORME  AL  PRECEPTO CONTENIDO en el  último  inciso del art. 3° de la LEY 81 de 1993, rebajando en consecuencia UNA  SEXTA PARTE DE LA PENA IMPUESTA”.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR  

TERCERO DELEGADO EN LO PENAL  

Luego  de  aseverar  que  el  principio  de  favorabilidad  se encuentra reglado en los artículos 29 de la Carta Política y  10°  del  C.  de  P.  Penal  de  1991,  manifiesta  que las normas de contenido  sustancial  que  favorezcan  al  procesado deben aplicarse de manera preferente,  así se encuentren en el texto procedimental.   

Con    fundamento    en   una   decisión  jurisprudencial de esta Corporación, asevera:   

“Dentro   del  tránsito  de  leyes,  en algunos eventos, como ocurre con las normas implicadas  en   el  análisis  de  este  caso  concreto,  una  ley  posterior  modifica  la  proporción  en  la  que el juez debe disminuir la pena como consecuencia de una  conducta  procesal  del  implicado,  que no tiene relación con su actitud en el  momento  de  la  realización del hecho punible, es decir, cambia el monto de la  rebaja   de   pena   que   se  debe  reconocer  a  quien  asume  un  determinado  comportamiento en el curso del proceso.   

“Estos  eventos,  que  de  ordinario  se  ven como concesiones graciosas del legislador, no son en  todos  los  casos  la concesión de una gracia, sino el reconocimiento de que la  conducta   procesal   observada   por   el  autor  de  un  delito  entraña  una  manifestación  de  condiciones favorables al proceso de reinserción social que  se busca con la sanción penal.   

“Por   esta  fundamentación  de  política  criminal, el juez debe otorgar la rebaja de pena  que  corresponda  aplicar  en el momento de la realización del hecho punible, o  en  todo  caso  la  más  benigna,  mas  no la vigente en la época en la que se  desarrolle  el  comportamiento  procesal  prescrito en ella, porque lo que se ha  pretendido  con  la  disposición  es abonar al autor o partícipe del hecho una  parte  de  la  pena  como  factor  estimulante  al  proceso de resocialización,  examinado  bajo  la óptica de la especial forma de delincuencia que la comporta  y  en  relación  con un determinado autor de un hecho punible, y no premiar una  decisión   personal   del   implicado”.    

Después de transcribir el artículo 26 de la  Ley  365  de 1997, que señala que sólo quienes al entrar en vigencia la misma,  hubiesen  solicitado  a  las autoridades judiciales el reconocimiento de algunos  de  los  beneficios  permanecerían  sometidos a la normatividad que los regía,  afirma  que  el  juzgador  entendió que la citada norma se refería tanto a los  beneficios  por  colaboración  eficaz  como  a  la  institución  jurídica  de  sentencia  anticipada,  “figura que si bien apareció  en   el   ordenamiento  jurídico  colombiano  de  manera  simultánea  con  los  beneficios  por  colaboración  eficaz  con  la  justicia,  obedece  a criterios  políticos   criminales   diversos   y  busca  propósitos  diversos”.   

En  esas  condiciones,  advierte  que el  citado  precepto  sea  aplicable “a la rebaja de pena  por  sentencia  anticipada,  en  tanto  que  ésta no es uno de los ‘beneficios  por  colaboración  con  la  justicia’,   sino   una  disposición  que  ordena  reducir  la pena a quien hace un reconocimiento de su  propia   culpabilidad”,   razón  por  la  cual  el  reconocimiento  de  dicha  rebaja  debe  preferirse de acuerdo con los preceptos  generales   que   regulan   el   principio   de  favorabilidad,  “según   los   cuales,  entre  dos  normas  procesales  con  efectos  sustanciales  en  conflicto por su vigencia sucesiva, debe preferirse a aquélla  que  comporte  mayores  beneficios al acusado”, en el  caso  la  que  regulaba  la  Ley 81 de 1993 y no la contemplada en la Ley 365 de  1997, por resultar más benigna.   

Agrega:  

“De otra parte, es  necesario  resaltar  que aún interpretando el parágrafo del artículo 26 de la  Ley  365 de 1997 como dirigido a todas las instituciones jurídicas a las que se  refirió  la  Ley  81  de  1993 y a impedir la favorabilidad de las normas, este  precepto   tampoco   podría   ser   aplicado   al  caso  concreto,  porque  una  interpretación  en  este  sentido  resulta  odiosa por lo que reporta perjuicio  punitivo   al   acusado”.   

Dice que la multicitada Ley 365 de 1997 entró  en  vigencia  el  21  de  febrero  de ese año, es decir, en fecha anterior a la  petición  del  procesado  de  acogerse  a la sentencia anticipada, pero que por  virtud  del  principio  de  favorabilidad,  debe  hacérsele  el  descuento  que  establecía la Ley 81 de 1993.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y, en consecuencia, declarar la nulidad parcial del fallo,  dictando  aquél  en  el que se reconozca la disminución punitiva consagrada en  la Ley 81 de 1993.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

El  único cargo formulado por la Procuradora  Trece en lo Judicial Penal será desestimado por falta de interés.   

En  efecto,  como  lo  ha sostenido de manera  reiterada  la  jurisprudencia  de  la Sala, para la procedencia de los recursos,  tanto  de  los ordinarios como del extraordinario de casación, es necesario que  el  impugnante  tenga   interés,  para  lo cual se requiere que además de  haber  sufrido  agravio  o perjuicio con la decisión, haya apelado la sentencia  de  primera  instancia,  ya  que  una  actitud pasiva refleja conformidad con la  misma;  o,  en su defecto, que el fallo de segunda instancia haya desmejorado su  situación,  en  virtud de la apelación interpuesta por otro sujeto procesal; o  que   el   superior   haya   examinado  la  providencia  con  motivo  del  grado  jurisdiccional  de la consulta, pues mientras no se produzca el fallo de segunda  instancia,  no  puede  saberse  el sentido definitivo del mismo, como quiera que  aquél  puede  decidir  sin  limitación  alguna sobre la providencia o la parte  pertinente de ella; o que la casación verse sobre nulidades.   

Ninguna de estas hipótesis se da en el evento  que  ocupa  la atención de la Sala, pues no se le desmejoró su situación como  sujeto  procesal, ni la providencia era consultable, ni impugnó la sentencia de  primera  instancia,  y  si  bien  postula  el  cargo  con  fundamento  en que la  sentencia  se  dictó  en  un  juicio  viciado de nulidad, se trata de un simple  pretexto  para  intentar  acceder  a  la  casación, pues el reparo se ha debido  postular  por  la  causal primera, por la vía directa, por falta de aplicación  del  artículo  3° de la Ley 81 de 1993 y aplicación indebida del 11 de la Ley  365  de  1997, en lo que atañe a la disminución punitiva a que tenía derecho,  según  la  actora,  el  procesado Romero Rodríguez, por haberse acogido, en la  etapa  del  juicio,  al  instituto de sentencia anticipada, pues no hay la menor  duda    que    lo   que   denuncia   es   un   error   de   juicio   y   no   de  procedimiento.   

Así  mismo,  como  lo  ha  dicho la Sala, su  condición  de  “sujeto  procesal imparcial” que se le reconoce no cambia su  propia  naturaleza  de  sujeto  procesal  y, por lo tanto, obligado a asumir sus  funciones  en  pie  de  igualdad  con  los  demás,  sin  otras  limitaciones  o  privilegios   que   aquéllos   que   expresamente  le  otorga  el  ordenamiento  jurídico.   

Por otra parte, al ser el interés condición  de  procedibilidad,  la  Sala  no  puede estudiar si es viable o no la casación  oficiosa.   

El cargo se desestima.  

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

Desestimar    la    demanda.   

Contra    esta    decisión    no    procede    ningún  recurso.   

Cópiese, comuníquese  y devuélvase al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA  RIPOLL                            JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA   

Aclaración de voto  

HERMAN   GALAN   CASTELLANOS                        CARLOS  AUGUSTO  GÁLVEZ ARGOTE                                

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO                                     

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                                          NILSON E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

          Secretaria   

    

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