16286nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16286  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.   JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

Aprobado acta N° 201  

Bogotá  D.C., veintinueve (29) de noviembre  de dos mil (2000).   

          V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  JOSÉ SALCEDO RINCÓN.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.-  Los  hechos  que  motivaron el presente  proceso,  fueron  resumidos  en  el  fallo  de segunda instancia de la siguiente  manera:   

“Consta   en  los  autos  que  el  día  veinticinco  (25)  de  enero  del  año retro-proximo (1998), en las horas de la  noche,   el   hoy   occiso  JOSÉ  MARÍA  GONZÁLEZ  TAPIAS  intentó  penetrar  clandestinamente  a  las instalaciones de la salsamentaria ubicada en la carrera  7-A  N°  19  – 90 de propiedad del señor JESÚS EMILIO GIRALDO QUINTERO, alias  el  “zuzo”,  siendo  observado por los celadores que custodiaban el negocio,  de  nombres  JOSÉ SALCEDO RINCÓN y PEDRO HERNÁN GIRALDO GARCÍA, quienes  de  inmediato  iniciaron  la  persecución  de aquél a bordo de una motocicleta  Honda  125L de placas IAL-23, que era conducida por el segundo de los nombrados.  En  desarrollo de la persecución, al lograr darle alcance a GONZALEZ TAPIAS, el  incriminado  SALCEDO  RINCÓN  accionó el arma de fuego, un revólver 38 largo,  marca  Llama,  modelo  Cassidy,  causándole  varias heridas que determinaron su  fallecimiento  en  un  centro  asistencial de esta ciudad, según lo consigna el  dictamen  de necropsia de Medicina Legal. Se estableció que el arma de fuego es  de  propiedad  del dueño de la salsamentaria, quien la había destinado para la  custodia y vigilancia de su establecimiento comercial.”.   

2.-   El Juzgado 3° Penal del Circuito  de  Valledupar,  mediante  sentencia  del  15  de  enero  de  1999,  condenó  a  Salcedo  Rincón a la pena  principal  de  27 años y 10 meses de prisión y a las accesorias de rigor, como  coautor  de  los  delitos  de homicidio simple y porte ilegal de armas de fuego.   

3.-  Apelado  el  fallo  por el defensor del  acusado,  el Tribunal Superior de Valledupar, mediante sentencia del 18 de marzo  siguiente, lo confirmó en su integridad.   

Contra  esta sentencia su defensor interpuso  el recurso extraordinario de casación.   

4.-  En su momento, el señor Procurador  176  Judicial  Penal,  presenta reparo a la demanda de casación, señalando que  no  hace  falta un profundo estudio “filosófico o filológico” para colegir  que  no cumple con los presupuestos exigidos en la ley, pues no se identifica la  “forma  de  violación” de la ley sustancial ni se logra determinar el error  en  que  se  incurrió  supuestamente en el fallo, lo que deja el libelo como un  simple alegato de instancia.   

         LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Al  amparo  del  cuerpo segundo de la causal  primera  de  que  trata  el artículo 220 del C. de P.P., el defensor formula un  único  cargo contra la sentencia de segunda instancia, “por error consistente  en  falso  juicio  de existencia de la prueba”, que fundamenta de la siguiente  manera:   

Sostiene que el sentenciador incurrió en un  defecto  de  “omisión  de  apreciación” de la diligencia de indagatoria de  Salcedo  Rincón,  la  que  “al  no ser desmentida por ningún medio de prueba  directo-testimonio”,   daba   “plena   credibilidad”   acerca  de  que  la  “persecución”  se  justificó  por  el  hecho  de  tratar  de  defender  el  patrimonio  encomendado por su empleador, pues consideró que el ladrón llevaba  consigo  un bien mueble sustraído en el establecimiento, lo que “por ERROR”  condujo  a que disparara su arma “al aire”, con tan mala suerte que impactó  al  intruso,  lo  que  sumado  al  hecho de creer que sería despedido si dejaba  fugarlo,  determinan  la necesidad de que se reconozca el exceso en la legítima  defensa y por ende una sentencia distinta de la proferida.   

Consigna  que  el  sentenciador  dejó  de  construir  “contraindicios”  que  se evidenciaban en el proceso, como que la  actividad   del   procesado   (“celador”)  le  imponía  obrar  con  “sumo  cuidado”,  que  actuó  “con nervios” y que creyó que el “ladrón” se  había  apoderado  de  un  bien  mueble,  lo  que  se  encuentra  demostrado con  testimonios que obran dentro del proceso.   

Aclara que el exceso en la legítima defensa  lo  fue  pero frente al patrimonio económico que se le había encargado vigilar  y  custodiar,  mas  no  de  la  vida, pues indudablemente la del procesado nunca  estuvo en peligro.   

Agrega  que  si  se  le  hubiere  dado plena  credibilidad  a  la  indagatoria  y  construido  los contraindicios la sentencia  hubiese sido distinta.   

Concluye aseverando que existiendo “duda”  en   el   presente   diligenciamiento,  se  ha  debido  reconocer  a  favor  del  procesado.   

Como normas sustanciales transgredidas, cita  los  artículos  29,  30, 246, 247, 249, 254, 294, 300, 301 y 303 del Código de  Procedimiento Penal.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia recurrida y dictar la que corresponda.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  presentada  por el defensor del  sentenciado,  no  reúne los requisitos de claridad y precisión que estatuye el  numeral  3°  del  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento Penal para su  admisión.   

En  efecto,  debe  recordarse  que  la   demanda  de casación no es un alegato de instancia, en la que de manera libre y  caprichosa  se  pueden  hacer toda clase de cuestionamientos a una sentencia que  por  ser  la  culminación  de  todo  un  proceso,  viene  amparada por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  sino  que debe ser un escrito lógico y  sistemático  que  busca  restaurar  la  legalidad  del  fallo, por lo cual debe  denunciar  los  errores  cometidos  en  la  sentencia,  al tenor de las causales  expresa  y  taxativamente  señalados  en  la  ley, demostrarlos y evidenciar su  trascendencia.   

Estos  requisitos no fueron cumplidos por el  libelista  quien  aunque  opta  por  acusar  la  violación  indirecta de la ley  sustancial,  no  indica  cuál  fue  la  norma de esa índole quebrantada, ni su  sentido,  esto es, falta de aplicación o aplicación indebida, requisito que no  se    suple    con    el   señalamiento   de   normas   que   no   tienen   esa  naturaleza.   

Así mismo, aunque denuncia que se incurrió  en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, se desvía, hacia el de  derecho  por  falso juicio de convicción, al atacar la credibilidad negada a la  indagatoria  del  procesado,  desconociendo  que  cuando  se  trata de medios de  prueba  no  sometidos  en  cuanto a su valoración al método de la tarifa legal  sino  de la persuasión  racional, la simple discrepancia entre el fallador  y  el  censor  en  cuanto  a  su  mérito,  no  configura desatino demandable en  casación,  a menos que se quebranten los postulados de la sana crítica, evento  en  el  cual  el  ataque  se deberá orientar por la vía del error de hecho por  falso raciocinio.   

En cuanto a la acusación que hace de haberse  omitido  por  el  sentenciador  la  consideración  de varios testimonios que le  hubieran   permitido   construir   contraindicios  a  favor  del  procesado,  la  deja   en  el  enunciado,  sin  ningún desarrollo argumental, pues no dice  cuáles  fueron  las  declaraciones  omitidas, ni cuál su contenido, ni de qué  manera  permitían elaborar esos contraindicios, ni cuál su incidencia frente a  la parte conclusiva del fallo.   

Frente a los anotados desatinos de la demanda  y  dado  que  a  la  Corte  no  le  es  permitido,  en  virtud  del principio de  limitación,  corregirlos, se impone su rechazo, de acuerdo con lo dispuesto por  el artículo 226 del Código de Procedimiento Penal.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

RECHAZAR IN LIMINE  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  JOSÉ  SALCEDO  RINCÓN. En consecuencia,  se     declara    desierto    el    recurso    extraordinario    de    casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso (art. 197 del C. de P.P.).   

Devuélvase al Tribunal de origen.  

Comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA  RIPOLL                                            JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE                             JORGE    ANIBAL    GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                          CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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